Este Fic es una adaptación del libro "AMA" de Keyla Leiz la cual les comparto sin fines de lucro,

sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes a Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Advertencia: En este fic algunos capítulos contienen material BDSM, si no te gustan estos temas, sigue de

largo y disfruta de algunas de mis otras historias.

Capítulo 9

El mayor de los castigos, la tristeza más profunda es aquella en la que

tu mirada se niega a posarse en mí.

Kaien vio llegar a su compañero. Hacía varias horas que lo había

perdido de vista después de que volviera de hablar con los que habían

acabado el turno de vigilancia de Daniel. Y a su vuelta, ya no estaba.

— ¿Dónde has estado? —le preguntó cuando Ichigo se sentó.

Todos en la comisaría habían estado ocupados pero, aun así, la ausencia

de Ichigo se había hecho evidente ya que su mesa era una de las que más

visitaban para dejar información sobre diferentes casos.

— Tenía que ocuparme de un asunto.

— ¿Ese asunto tiene una melena negra? —Ichigo no pudo evitar sonreír

recordándola—. Espero que no hayas hecho nada malo...

— No,tranquilo —le aseguró él—. He aclarado las cosas... Y de camino

aquí he estado pensando... —Ichigo miró a Kaien—. ¿Y si nos infiltramos?

— ¿Cómo?

— Aizen entra en ese club, ¿no? Bueno, nosotros podemos hacer lo

mismo. Sería fácil tenderle una trampa y ver si podemos tirar de la manta

hasta que nos diga algo que lo incrimine.

— Estás loco... ¿quieres infiltrarte en un club de BDSM?

— Piénsalo. Si estamos dentro, será más fácil tener acceso a él. Y si

consiguiéramos entrar, podríamos llegar más lejos.

Kaien se quedó callado. Ichigo llevaba razón en ese plan, aunque dudaba

que fuera a ser tan fácil como pensaba en ese momento. Había muchos cabos

sueltos. Y estaba el hecho de que ellos no eran el objetivo de Aizen.

— Dudo mucho que a Aizen le interesen los hombres —soltó desbaratando los

planes de Ichigo.

— ¿Y quién te dice que vamos a ser hombres? Hablo de infiltrarnos en el

club online. Si utilizamos un nick de mujer y nos presentamos como tales,

quizá podría querer "jugar".

— ¿Y qué hay de la cámara? Según nos dijo la señorita Kuchiki, allí no

van a hablar precisamente, lo que implica que deba haber una cámara.

— Podemos pedir ayuda a una compañera —respondió solucionando el

problema rápidamente.

Los dos policías se miraron. Lo que estaba sugiriendo Ichigo era

arriesgado. Ya habían intentado, en otra ocasión, infiltrarse entre la gente

de Aizen y al final su compañero había acabado perdiendo la vida al ser

descubierto. Lo que ahora proponía no difería demasiado, salvo en el caso de

que iban a abordarlo desde el tema sexual.

— ¿Qué opinas? —insistió Ichigo.

— Puede ser una opción. Pero el capitán...

Ambos giraron sus cabezas hacia la oficina del capitán Urahara. Tenían que

presentarle una propuesta bien atada para conseguir su objetivo. Y eso no iba

a ser fácil ya que jamás enviaba a mujeres a infiltrarse. Menos aún, lo

consideraría ante un caso de prostitución. Era poner la miel delante del oso. Y

ese oso era de los más fieros a los que se podían enfrentar.

— Tenemos que hacer algo para conseguir meter entre rejas a Aizen —

masculló Ichigo. Desde que había accedido a ese caso se había convertido en

algo personal.

Odiaba que los hombres abusaran de las mujeres, en cualquier

modalidad. Por eso quería acabar con el problema de raíz, sin dejar cabos

sueltos. Kaien lo había puesto en antecedentes, sabía ya tanto como él del

caso y todos los intentos de arrestarle que habían hecho, junto con todas las

artimañas que él había interpuesto para evitar el final que la policía quería.

En ese momento, les ganaba por goleada. Pero Ichigo se había propuesto acabar

con toda su organización. De una forma, o de otra.

— Lo sé, Ichigo.

— Entonces hablemos con Urahara. A ver qué opina —se apresuró Ichigo.

La adrenalina que bombeaba su cuerpo en ese momento hizo que caminara

hacia el despacho de su capitán. Estaba convencido de que era una buena idea

y que la vería con los mismos ojos aquel a quien se la explicara.

— Capitán... —llamó tocando en la puerta antes de atreverse a entrar.

— ¿Qué pasa ahora? —preguntó Urahara al ver que había sido Ichigo quien

lo llamara.

— Se nos ha ocurrido algo para atrapar a Aizen —le dijo y vio cómo se

iluminaba el rostro de su superior.

Poco a poco, tanto Ichigo como Kaien le relataron al capitán todo lo que

habían considerado. El plan, aún en sus inicios, fue tomando forma en el

despacho hasta que todos los cabos fueron quedando atados.

Sin embargo, una vez los dos policías se callaron y, sonrientes, esperaban

la aprobación de Urahara, un estruendo hizo que se les borrara la felicidad

de inmediato.

— ¿¡SERAN IMBÉCILES!? —gruñó Urahara fuera de sí—. ¡Hemos perdido ya a dos

de los nuestros por culpa de Aizen y queréis infiltrar a una mujer! ¿¡Se os

ha ido la cabeza!?

— Capitán, no le pasaría nada. Ella solo estaría por internet...

— ¿Y te crees que un tío como ese va contando sus intimidades a

desconocidos de internet? —preguntó evidenciando algo tan obvio que no lo

habían considerado—. Ese hombre evitará a toda costa hablar de su trabajo, o

se inventará una vida nueva. ¡Jamás hablará de sus chanchullos e

ilegalidades! Gilipollas...

— Capitán, sería un riesgo a correr —insistió Ichigo—. Ya sé que será

imposible que desvele datos incriminatorios por internet. Pero si se conecta

con él y luego se hacen encuentros en físico, es posible que, en algún

momento, se tenga acceso a la casa. Y allí podría buscarse información. O

incluso pruebas de los crímenes.

Urahara se presionó el puente de la nariz. Esos dos le estaban dando dolor

de cabeza desde que había tenido que salvarles el culo para que Rukia no los

denunciara. Y en ese momento se estaba replanteando lo que había hecho por

ellos.

— Vamos a ver... Me estáis diciendo que queréis infiltrar a una mujer en

casa de ese hombre... ¿¡CUANDO SE DEDICA A LA PROSTITUCIÓN!?

¿¡Pero en qué estáis pensando!? Si la pilla rebuscando en su casa, la matará.

Eso en el mejor de los casos. Y si descubre su tapadera... Sin mencionar, por

supuesto, que estamos hablando de un club sexual, ¿vais a pedirle a una de

vuestras compañeras que folle con un delincuente o que se deje hacer

cualquier cosa? Rotundamente, no.

— Capitán... —volvió a hablar Kaien.

— ¡He dicho que no! —gritó dando un golpe sobre la mesa—. No voy a

poner a ningún hombre, o mujer, en peligro para atrapar a ese desgraciado.

Buscad otra manera. Y ahora, largaos.

Kaien e Ichigo se miraron y salieron del despacho desilusionados.

Sabían que su capitán llevaba razón en los argumentos que les había dado.

Pero se suponía que tenían grandes mujeres policías que podían hacer el

trabajo.

— Creo que hoy el capitán se va a acordar de nosotros... —comentó

Kaien pasándose la mano por la cabeza antes de sentarse en su escritorio.

— Y que lo digas... Lo tenemos tan cerca... —Ichigo estaba cabreado.

Molesto. Irritado.

Desde el momento en que Urahara había hablado de que esa mujer tendría

que someterse a lo que Aizen quisiera, su cuerpo había reaccionado de una

manera muy violenta. Su mente había imaginado a cierta mujer teniendo que

soportar las caricias, los besos, el tacto, aliento y sabor de un asesino.

Y habíaquerido salir del despacho, presentarse en la casa de Aizen, y acabar

con el problema.

— ¿Ichigo? Oye, ¿te pasa algo?

Kaien miró a Ichigo. Estaba completamente tenso y no parecía haberle

escuchado nada de lo que le había estado diciendo. Se levantó y le tocó el

hombro para que reaccionara. Cuando volvió su rostro hacia él se asustó por

la mirada llena de ira.

— ¿Estás bien? —Ichigo asintió—. Tranquilo, seguro que hay otra forma

de pillarlo. Llevamos años en la comisaría intentándolo. No es cuestión de

que llegues ahora y nos dejes como la suela del zapato a los demás —bromeó

Kaien para intentar relajarlo.

— Sí, claro —rió Ichigo. Tenía que sacarse de la cabeza esos pensamientos que

tenía.

Ichigo empujó con la pierna la puerta de su piso para que se cerrara tras

él. Había tenido una tarde de papeleo registrando todos los movimientos de

Aizen para intentar descubrir algún cabo suelto. Pero cuando se trataba de él,

no había ninguno.

En un intento por despejarse, había abierto la carpeta de otro caso y había

empezado a trabajar en él. Se sentía frustrado. Parecían estar ante un callejón

sin salida y ya no sabía qué más hacer para conseguir tirar de la manta y

desmontar esa red que había creado Aizen.

Al menos con el otro caso la resolución parecía ir más rápida. Un

pequeño aliciente para seguir quebrándose la cabeza en la solución del que

más le importaba.

Observó el contestador que parpadeaba con un mensaje del buzón y pulsóla tecla

para escucharlo mientras se acomodaba en su casa, lo que significaba

despojarse de la ropa hasta quedarse en bóxer, andar descalzo hasta la cocina

para coger una cerveza de la nevera y seguir hacia el baño para abrir el grifo

del agua caliente y que caldeara la habitación para tomar una ducha.

Sonrió varias veces al oír las voces de sus sobrinos. Su hermana le había

llamado de nuevo y había querido que sus sobrinos le enviaran mensajes.

Sabía que lo había hecho para animarle, y la verdad es que se lo agradecía.

Desde que había conocido su nuevo destino, la pena de tener que irse

lejos de la que consideraba su familia lo había mantenido un poco nostálgico.

Por eso le encantaba escuchar una y otra vez esas llamadas. Eran una forma de

sentir su hogar más cerca.

Se deshizo de la ropa interior y entró a la ducha en el momento en que su

hermana se despedía en la grabación. Dejó que el agua le cayera por todo el

cuerpo y pensó en cómo esta iba acariciándole hasta los rincones más íntimos.

De alguna manera, ese agua se llevaba de su cuerpo todos los quebraderos de

cabeza que tenía.

Apoyó una mano sobre la pared de azulejos y agachó la cabeza para que

el agua cayera, a modo de cascada, por toda ella. Quería que le taponara los

oídos para solo sentir su corazón latiendo con fuerza, abstraerse del mundo y

de toda la corrupción que había en él.

Ser policía era un trabajo muy duro porque se veía la peor cara del ser

humano. Y aunque había grandes alicientes para seguir, cuando se topaba con

casos imposibles, el peso del cansancio hacía mella en su cuerpo.

Suspiró levantando el rostro para que el agua borrara el cansancio de su

frente, las arrugas de frustración, el ceño fruncido por la rabia y la sonrisa

triste fruto de la impotencia para librar al mundo de los que no debían haber

nacido. Cogió el bote de champú y echó una buena cantidad para lavarse el pelo.

Frotó con fuerza, como si quisiera llevarse el sentimiento de perdedor que

tenía en esos momentos, y siguió haciendo lo mismo en su cuerpo musculado.

Había pasado por el gimnasio de la comisaría antes de volver a casa y se

había ensañado con el saco de boxeo. Pero todos los puñetazos que le había dado

no parecían haber sido suficientes para destensar su cuerpo y hacerle

olvidar lo que había acudido a su mente después de hablar con su capitán.

Se sentía extraño. Jamás le había pasado algo así con una mujer, jamás

había permitido que nadie se metiera en su cabeza como ella. Para él no

existían las relaciones duraderas, solo las de una noche porque quería evitar

que nadie sufriera si, una noche, quien volviera a casa no fuera él sino algún

compañero de trabajo con las noticias más agoreras. No, él no iba a hacer

pasar a nadie por algo así. Lo tenía decidido.

Veinte minutos bajo el caño de agua hizo que, al final, Ichigo obtuviera el

resultado que esperaba y salió de la ducha como un hombre nuevo.

Desnudo, se paseó por la casa intentando poner algo de orden, aunque no

era de los que sabía hacerlo. Tendría que convencer a su hermana de que fuera

por allí unos días para organizarle todo, aunque también le caería una bronca,

y varias collejas, por pensar algo así. De hecho, todavía no entendía cómo

Karin no lo había llamado aún para sonsacarle por qué se reía de ella.

Notaba por ese vínculo que tenían que se estaba cabreando y sabía que él era

el causante de ello.

Cogió unos pantalones cortos de una de las cajas de ropa y se los puso,

sin más, para sentarse en el sofá y encender la televisión. Empezó a cambiar

de canal buscando algo que lo entretuviera pero no era fácil conseguirlo.

Cansado de estar dándole una y otra vez a la tecla, y de haber hecho ya tres

vueltas por los canales, dejó el mando a un lado mientras la tele echaba lo que

le daba la gana.

En cambio, él se centró en el ordenador. Lo abrió y encendió. Quería

echarle un vistazo a Facebook por si su hermana había colgado alguna

fotografía nueva, o por si había novedades en su correo electrónico. Pero ni

uno ni otro le ayudaron pues, en las redes, solo tenía solicitudes de amistad

de mujeres con las que había pasado una buena noche (y que quería que se

quedara así), y el correó solo disponía de mensajes que consideraba spam sin

ni siquiera abrirlos.

Empezó entonces a navegar por internet. Como ya hiciera tiempo atrás,

tecleó las siglas que lo habían atormentado en una época de su vida. Y volvió

a buscar información. Pero conforme más leía, más furioso se ponía. Al cabo de

unos minutos dejó el ordenador en la mesa y se levantó con rapidez. Tenía que

hacer algo... lo que fuera.

Entonces se le ocurrió.

Corrió hasta la entrada de su casa y se puso a buscar los pantalones que

se había quitado al llegar. Tenía que encontrar su móvil y llamar cuanto

antes...

— Tío, ¿ahora qué quieres? —le recibió una voz que no parecía muy feliz

de tener que cogerle la llamada.

— ¿Tienes un ordenador a mano? —preguntó Ichigo.

— ¿Para qué? Ya te hice el favor ayer, estamos en paz.

— Necesito que me metas en el club —le dijo antes de que este fuera a

colgarle.

— ¿Tú estás loco?

— ¿Sinceramente? No lo sé. Pero necesito estar dentro. Así que haz lo que

sea para crearme un usuario y que pueda entrar. Y uno con nombre femenino.

— ¿Con nombre de mujer? ¿Qué vas a hacer, tío?

— Eso no es asunto tuyo. Hazlo o cierto hombre va a saber que has entrado

en su ordenador sin permiso.

— No te atreverías... —murmuró el otro—. ¡Joder, que me has hecho

entrar en el ordenador del peor de la ciudad!

Ichigo sonrió. Sabía que la curiosidad de Yukio, junto con el reto de

saltarse las protecciones más complicadas, harían que lo ayudara a descifrar

el problema que tenían con Daniel. Pero ahora que sabía de quién hablaban, lo

tenía cogido por los huevos para que siguiera trabajando para él. Al menos

hasta que atraparan a Greenblacht y lo metieran en la cárcel.

— Eres un jodido hijo de puta... —lo bautizó Yukio—. ¿Qué nombre quieres?

Lo escuchó teclear y supo que había vencido. No era para menos, sabía

qué tornillos debía apretar en cada caso y tener un par de ellos de reserva por

si los necesitaba.

— No sé... uno que sea sugerente y llame la atención —comentó Ichigo.

— ¿Dulce poli? —se burló Yukio.

— Muy gracioso.

— ¿Qué quieres? Va que ni pintado. Es sugerente y la atención la llamas

seguro. —Yukio se echó a reír.

— Pon "Piruleta".

— ¿Piruleta?

Ni siguiera Ichigo sabía por qué había elegido ese nombre. Pero algo

había hecho que pensara en ese dulce redondo que podía volver locos a

muchos, y no precisamente por el caramelo en sí, sino por lo que los hombres

se imaginaban al pensar en una mujer con una piruleta.

— Vale, ya lo tengo. Te envío a tu móvil la contraseña. Y no me llames más.

— Eso dependerá de lo que tarde en solucionar el caso. Y de lo que te necesite

—le dijo él—. No te pierdas —agregó.

— Como si fuera posible. Me dejaste bien claro lo que me pasaría si alguna vez

no te respondía el puñetero móvil.

Ichigo rió. Había sido la primera vez que lo conociera y, gracias a él,

había resuelto un caso complicado junto con Kaien. Por eso quería tenerlo

cerca, aunque jamás le había dicho a nadie quién era su fuente.

— Y sabes que cumpliré —comentó colgando la llamada sin despedirse.

Con el móvil en la mano, que vibró y sonó en cuestión de segundos, se

dirigió hasta el sofá. Colocó el ordenador a su altura y entró en el enlace que

Yukio le había enviado para introducir el nombre y contraseña. Pronto la web

dejó paso a una sala de chat.

En la esquina derecha se listaban los nombres de todos los que, en ese

momento, estaban online, incluido el que él había escogido para infiltrarse.

Empezó a bajar con la rueda del ratón hasta localizar el nombre que buscaba

pero no tuvo suerte.

Sin embargo, sí se fijó en el chat central, donde parecía que todos podían

escribir. Algo llamó su atención.

Bohemio dice: ¿Piruleta? ¿Quién eres tú?

brisa dice: ¿Alguien se ha cambiado de nombre?

Darkside dice: Hola, Piruleta, ¿eres nueva?

Ichigo leyó varias veces esos mensajes mientras la conversación

continuaba. De vez en cuando preguntaban por esa persona que se hacía llamar

Piruleta y que no decía nada.

Piruleta dice: Hola... sí, soy nueva. Un placer conoceros a todos.

Bohemio dice: ¿Eres Ama o sumisa?

Piruleta dice: sumisa.

De pronto una ventanita en la esquina inferior izquierda saltó y leyó el

mensaje: "Acaba de iniciar sesión zalamero".

Ya lo tenía ahí. Ahora podía empezar a tenderle la trampa, si es que de

alguna forma podía hacerlo. A pesar de que no sabía bien cómo funcionaba el

chat. La pantalla se volvió un misterio pues no daba con la forma de abrirle un

privado. Quiso preguntar en el chat global cuando se fijó en lo que habían

escrito los demás:

Darkside dice: ¿Eres sumisa y escribes tu nick con mayúsculas? ¿Quién

demonios eres tú?

natamiel dice: ¿Se ha colado alguien?

Abigail dice: ¡Que alguien avise al administrador para que verifique a

esa persona!

Piruleta dice: Perdón, es que no lo sabía...

Quiso excusarse. ¿Acaso también había normas en los clubs online de

BDSM para comunicarse?

Piruleta dice: ¿Cómo se abre un chat privado?

De inmediato, una ventana al lado del chat global comenzó a iluminarse.

Clicó en ella y el chat desapareció dejando una sola frase:

Lex Luthor dice: Soy el administrador del club. ¿Quién eres tú? ¿Cómo

has entrado?

Ichigo leyó varias veces lo que le había puesto y sopesó las opciones que

tenía. Podía decirle la verdad y que, así, lo ayudaran; o bien podía seguir el

juego. Al fin y al cabo, no sabía si Aizen tenía mucha amistad con los que

había en esa página.

Piruleta dice: Hola. Me pasaron el enlace del club junto con un nombre

y usuario y decidí entrar.

¿Me puedes decir cómo se abre un privado?

Lex Luthor dice: ¿Quién te pasó el enlace? Este club es privado y

ningún miembro puede pasar el enlace. Además, solo yo tengo permisos para

crear usuarios. ¿Quién cojones eres tú y cómo has entrado en mi página?

Chasqueó la lengua. La cosa no iba nada bien. Y tenía a Aizen ahí... si

pudiera hablar con él...

Señaló el nombre con el ratón y pulsó varias veces, como si el ratón se

convirtiera en el gatillo de una pistola y así saciara las ganas de eliminarlo.

Sin embargo, con ello lo que obtuvo fue que otra pantalla se abriera, un chat

directo entre ellos dos.

— ¡Por fin! —exclamó contento porque había descubierto lo que buscaba.

Piruleta dice: Hola, Zalamero.

zalamero dice: Hola, ¿quién eres?

Piruleta dice: Soy una chica que busca zalamería...

Intentó pensar como una chica que quería seducir a un hombre.

Piruleta dice: ¿te interesaría? Podemos hablar un rato y ver qué tal

dice: Eres nueva, ¿verdad? Cuéntame sobre ti.

Ichigo sonrió. ¿Quería saber? Iba a ponerle las cosas más tentadoras.

Pensó en el tipo de mujeres que solían secuestrar y comenzó a escribir.

Piruleta dice: Pues soy una mujer de veinticinco años, soltera, muy

femenina. Tengo el pelo castaño claro largo, hasta media cintura, y unos

ojos azules preciosos. Y tengo unas tetas... que a más de una les gustaría

lucirlas como yo.

zalamero dice: Vaya, parece que me ha tocado hoy una diosa. ¿Y qué

quieres de mí?

Piruleta dice: Busco alguien con quien conectar y tu nick me ha

llamado la atención. Por eso he decidido no hablar con nadie más.

zalamero dice: Ya lo veo. Porque parece que no estás leyendo el chat

global.

Ichigo frunció el ceño. Se fijó en que la pestaña del chat global, al igual

que el privado con Lex Luthor, tenían el color del parpadeo.

Abrió primero el privado y leyó:

Lex Luthor dice: ¿Oye? ¿Vas a responderme?

Vale, ya veo. Así que alguien ha hackeado la página. Te vas a enterar,

hija de puta. No vas a volver a entrar en este club.

Desaparece, escoria.

Pasó entonces al chat global:

Bohemio dice: ¿Que no sabías que tenías que usar un nick en

minúsculas para identificarte como sumisa? Eso lo sabe cualquier persona

que entra al club.

Darkside dice: Ya he avisado a Lex. Dice que está hablando con ella.

Que no ha invitado a nadie a unirse.

natamiel dice: ¿Entonces quién es?

brisa dice: ¿Se nos ha colado uno? ¡Lex, dijiste que el club era seguro!Mierda, echadla de una vez.

zalamero dice: ¿Qué está pasando?

natamiel dice: Hola, zalamero. Pues al parecer tenemos un okupa, ja, ja, ja.

zalamero dice: Me acaba de abrir privado. Se me está insinuando.

Bohemio dice: ¿A ti? Joder, esa tipa no sabe ni a quién entrarle.

brisa dice: Ja, ja, ja, está tan desesperada que le da igual a quién

escriba. ¿No preguntaba antes cómo abrir privados? Fijo que va a

escribiros a todos para ver quién se la folla esta noche.

Lex Luthor dice: ¿Alguno de vosotros la conoce?

brisa dice: No.

zalamero dice: no.

natamiel dice: no.

Bohemio dice: Lex, si tú no le has dado acceso, sácala cuanto antes. Y

revisa la web.

Lex Luthor dice: Eso mismo estoy haciendo, dadme unos segundos más.

El aviso de una nueva entrada hizo que Ichigo contuviera el aliento y se le

paralizara el corazón cuando leyó el nombre: White Moon.

Ella estaba allí. Había entrado y, sin quererlo, su corazón había pasado

de saltarse un latido, a correr desbocado al darse cuenta de quién era.

Sin embargo, esa felicidad le duró poco pues, a los pocos segundos, la

pantalla del chat se desconectó y la página web desapareció dando como

resultado un error 404.

— ¿¡Qué demonios!? —gritó frustrado.

Intentó actualizar el navegador pero, todos los intentos que hacía, le

llevaban al mismo camino, esa página 404.

— ¿Ahora qué?

— Algo pasa con la web —le dijo a Yukio.

— ¿Qué pasa?

— No puedo entrar. No hay forma...

Esperó en silencio, a pesar de que le costaba, mientras Yukio se ocupaba

de solucionar el problema. Pero cuando este empezó a ponerse igual que él,

supo que no iba a volver.

— Tío, quien esté metido en esa web es bueno de cojones. Han cambiado

los protocolos en cuestión de minutos y han bloqueado cualquier acceso que

no sea de las IP registradas.

— En otras palabras, la han blindado —comentó Ichigo.

— Nunca mejor dicho. No lo había visto antes.

— ¿Puedes saltártelo?

— No... Cada vez que intento acceder me rebota... Maldito genio cabrón...

Ichigo colgó escuchando cómo Yukio blasfemaba. Sabía que se tiraría

toda la noche intentando romper esa seguridad y, si lo conseguía, él sería

el primero en saberlo.

Pero se subía por las paredes en ese momento. Rukia estaba en ese club, y

él no estaba allí para protegerla.