Hola chicas, estoy de regreso. Ha pasado un tiempo desde que actualicé esta historia.
Quiero agradecer a mi Beta por ayudarme.
Adriana Molina se cuando te gusta esta historia, gracias por leerla y hablar conmigo y ayudarme.
Trying To Catch a Star
Capítulo 8:
Flecha y sangre parte 2:
¿Porqué me recuerdas tanto a mi querido hermano?
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Edward tomó su mano entre las suyas, con suavidad la acarició, mientras observaba a Isabella dormir de manera tranquila, sin dolor.
Una mano, tocó su hombro levemente, al mismo tiempo que dijo:
—Ella estará bien, Edward.
La voz de Elizabeth, no lograba calmar la culpa y furia que sentía por dentro, al ver a Isabella inmóvil y herida.
—Le dije a nuestro padre, que te ausentarías del bufete, durante un tiempo y dijo que no había problema.
—Gracias—dijo él automáticamente.
La puerta de la habitación se abrió, y unos pasos se escucharon al acercarse.
Unos ojos tan azules, como el océano, vieron el cuerpo inmóvil de la persona a quien tanto amaba, yacía acostada como la bella durmiente del cuento, pero en esta ocasión, no despertaría solo por darle un beso, pensó Mark, mientras se acercaba con cada paso que daba.
No había sonido que lo distrajera del hermoso rostro de su Isabella, desde el momento que la conoció, por primera vez, quedó impresionado por la actitud sonriente y fuerte de ella, eran contadas las ocasiones en las cuales la había observado con una actitud deprimente o totalmente decaída, Isabella usualmente intentaba no caer en esos sentimientos para evitar que los malos recuerdos opacaran su sonrisa.
Mark, pasó al lado Elizabeth que lo observó con tristeza e hizo el intento de tocar su brazo, pero al mismo tiempo reprimió el impulso, y alejo su mano de él.
El manager de Isabella, tocó levemente su mejilla de un color blanco como la nieve, y sintió la calidez de ella en sus dedos.
—¿Ha averiguado quién ha sido el responsable? —Mark preguntó con calma.
Edward omitió el sentimiento que le provocó la pregunta del recién llegado, y con sarcasmo respondió:
—Lo mismo pregunto, ¿Has encontrado al culpable de la última vez?
—¿Qué estás insinuando? —inquirió el manager molesto.
—Toma mis palabras como desees, no me importa—dijo Edward más tranquilo, y agregó—, pero no me estorbes en este momento.
—¡Terminen esta tonta discusión ambos! —Elizabeth exclamó en medio de ellos—Isabella necesita descansar y lo mejor es dejarla en paz.
—Marchense ustedes, yo no me pienso mover de aquí.
La profundidad en la voz de Edward hacía notar la tristeza que lo embargaba en ese momento.
—Mark, por favor—rogó Elizabeth, tocando el brazo de su amigo tratando de llamar su atención.
Este último la miró, y luego alejó sus ojos de ella para llevar sus pasos hacia la salida de la habitación que Bella estaba ocupando en la mansión de campo de la familia Cullen.
La hermana de Edward lo siguió en silencio, y al salir, cerró la puerta con sumo cuidado para luego seguir el camino de Mark por el pasillo.
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Edward se levantó del piso frío de mármol en donde se encontraba arrodillado desde hace rato, y se volvió hacia la puerta de la habitación, mirando con el ceño fruncido a la persona que osaba entrar en ese momento.
—Tienes que beber y comer algo—dijo el ama de llaves al cerrar la puerta y caminar hacia él.
Las manos de la bondadosa anciana, cargaba una bandeja de plata con dos vasos y dos jarras de porcelana fina.
Colocó las cosas en la mesa de dos personas, que había dentro de la habitación, y sirvió un vaso de agua para luego dárselo a Edward, este acercó una de las sillas y se sentó junto a Isabella.
Él bebió el contenido en tres tragos y se arrepintió de no sentir el sabor fuerte del licor en su garganta.
—Traeré algo de comer—dijo Agatha acercándose a él.
—No quiero, mejor después.
La negativa de su joven amo le pareció entendible, pero a la vez preocupante. Para Agatha era la segunda vez que veía a Edward de esa manera; La primera vez, fue cuando llegó a la familia Cullen, solo era un joven de unos doce años que no recordaba nada de su pasado, un chico que se reprimía al no saber de donde provenía o si tenía familia, sus heridas exteriores no eran tan dolorosas como las interiores que había sufrido.
—Esta bien, te traeré la cena cuando esté lista.
—Gracias—dijo él, llevando una de sus manos a su frente y dejando que su cabeza reposara en ella.
—No te culpes por lo que ha pasado, tú no fuiste la persona que lo hizo.
—Pero fui yo quien le permitió ir allí, y no hice nada para prevenirlo.
—No podrías haber adivinado que todo acabaría de esta manera, no seas tan duro contigo mismo—respondió ella con suavidad.
—Agatha—exclamó con curiosidad.
—Dime, Edward.
—¿Quién es el dueño que colinda con nuestra propiedad?
El ama de llaves frunció el ceño y se alejó un poco para servir jugo en uno de los vasos que había traído.
—Es la familia...—dijo un poco pensativa, pero luego de su breve interrupción, continúo—de Chagny, ellos son los vecinos de la familia Cullen.
—Chagny...—Edward mencionó sorprendido, porque ese apellido hizo que su mente trajera el recuerdo del hombre que había estado con Bella esa noche en el restaurante.
—Erik de Chagny—las palabras salieron de su boca y el ama de llaves se sorprendió un poco.
—No había escuchado ese nombre desde hace muchos años.
—¿Lo conoces? —preguntó Edward mirando a Agatha.
—Si, hace muchos años, solía hablar con el mayordomo de esa familia, y al principio, yo creía que el conde de Chagny solo tenía un hijo, al que todo mundo conoce cómo Raoul. Pero el mayordomo, por ser muy allegado a la familia me confío que no era así, en realidad, el conde tenía dos hijos; Erik era el hijo menor, y casi nunca aparecía en público, era tan extraño verlo, que por unos años creí que solo era la historia de un niño imaginario o como decirlo de otra manera...—dijo ella pensativa.
—El cuento de un fantasma—dijo Edward finalizando su frase.
—Sí, como la leyenda del fantasma de la ópera, algunas personas dicen que es verdad, pero hasta que no lo ves, no sabes si es real—afirmó Agatha.
—Como creer en algo que nunca has logrado ver. Es ahí donde se encuentra el dilema.
—¿Pero... qué tiene que ver el joven Erik en todo esto? —la pregunta de Agatha estaba llena de curiosidad al no saber qué relación podría estar cruzando en la cabeza de su joven amo, en este momento.
—Sé que suena algo descabellado, pero nadie me quita la idea que alguien de ese lugar se atrevió a dañar a Isabella.
—Esa es una acusación muy peligrosa joven Edward, no le recomendaría que la dijera en voz alta, es mejor que calle sus pensamientos por ahora.
—¿¡Porque!? —exclamó el joven molestó.
—La ira no es buena consejera Edward, y no quiero que te metas en problemas con la familia de Chagny, son personas muy queridas y apreciadas en Francia y europa, poseen un título y riqueza, en pocas palabras son poderosos.
—¿Y estás insinuando que nuestra familia no lo es?
—No lo he dicho como una ofensa, sino para que lo tomes en cuenta y no actúes de manera precipitada, sabes muy bien que las cosas que se hacen de esa manera, jamás resultan.
—Está bien—dijo derrotado —prometo que pensaré las cosas cuando tenga la mente más fría y tranquila.
—Eso espero, jamás dudes de las palabras de una anciana.
La mano que se apoyó sobre el hombre de él, la sintió reconfortante y a la vez, le dio el ánimo que necesitaba en ese momento tan difícil y tan cruel.
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Dos meses después.
—¡Auch!—Bella se quejó al momento de extender el brazo y levantarlo suavemente hacia arriba.
—No lo estoy haciendo tan difícil para ti, solo lo estoy elevando suavemente—reclamó Edward detrás de ella.
—Pero duele—se volvió a quejar ella mientras hacía un puchero.
—Te comportas como una niña.
—Lo soy Edward, y que no te quede duda de ello.
La mano de Edward que ayudaba a elevar la de ella, para hacer los ejercicios que el doctor le había recetado, se detuvo, y le dio la vuelta a Isabella para ver su rostro.
—¿Aún eres una niña? ¿Estás de broma? —preguntó sorprendido y dudoso al mismo tiempo.
—¿Acaso te estás burlando de mí? —inquirió Bella ofendida.
—No es eso, solo que es extraño la manera en como te expresaste al decir que aún eres una niña.
—Si dije que lo soy, es porque realmente es cierto, no es para que dudes de mi palabra.
—¿Tienes como demostrarlo?
La pregunta sonrojo automáticamente las mejillas de Isabella, dejándola muda sin saber cómo responder. Sin aceptar que no había tenido a nadie más en su vida para poder experimentar el amor en algún momento.
—¿Porque haces preguntas tan estúpidas? —ella intentó soltar su brazo, pero Edward lo evitó y al contrario de lograr alejarse, hizo que se acercara a él aún más.
—¿Te sientes avergonzada? —preguntó el joven cobrizo acercando su rostro hacia ella.
—¿Qué...haces? —cuestionó nerviosa.
—Solo me estoy acercando, ¿Es eso algo tan malo para ti?
—Edward no…—suplicó, pero al mismo tiempo no supo porque realmente estaba rogando.
Tener el rostro de la persona que había conocido hace tres meses, un chico de su misma edad que solía recordarle a su hermano, tan cerca que podía sentir su aliento fresco sobre su piel, la hizo crear una condición en su interior que había afectado hasta su corazón, porque jamás había sentido el latir de su pecho tan rápidamente por alguien que no fuera su hermano, Elliot.
La mano que Bella tenía libre, la llevó hasta su pecho y agarrando su blusa en un puño, intentó que los nervios que sentía se opacaran un poco y le permitieran respirar con normalidad.
El rostro de Edward se encontraba a unos pocos centímetros de ella, ¿Tenía planeado besarla? Se preguntó, pero al no ver que terminara de acortar la distancia, la hizo sentir que solo se estaba burlando otra vez de ella.
Recobrando su sentido común, y alejando los nervios de su mente y su cuerpo, se permitió reaccionar atrevidamente como antes, jamás lo había hecho con un chico.
—Si vas a besarme solo hazlo, sino, aléjate.
Él sonrió—Creí que estabas lo suficientemente nerviosa para hablar.
Al escucharlo Bella pudo confirmar que Edward solo estaba riéndose de sus reacciones, molesta puso su mano libre sobre el pecho de él y empujándolo con fuerza intentó alejarlo.
—Solo déjame en paz.
La fuerza que estaba empleando no funcionó como ella quería, ya que Edward no se movió ni un centímetro. Al contrario, con la mano que él tenía libre apartó la de Bella que lo empujaba y deslizandola por su cintura, logró capturarla para luego, presionarla sobre su cuerpo.
—¡Edward sueltame, esto no es gracioso!
—No—respondió.
—¿Cómo que no? —objetó al mismo tiempo que intentó quitar la mano que rodeaba su cintura.
Bella apartó por un momento su rostro de él, pero cuando lo llevó nuevamente para enfrentarlo, supo que había cometido un terrible error, porque si anteriormente creyó que él se estaba burlando de ella, ahora confirmaba totalmente que se había equivocado, al sentir los suaves labios de Edward sobre los suyos.
Ella aún los tenía cerrados, pero él supo atraerla al insistir y darle besos pequeños que humedecieron sus labios, y sin darse cuenta, fue abriendo poco a poco su boca para darle paso a él de invadir su interior y explorar por primera vez.
¿Qué estás haciendo Isabella? Repitió una y otra vez su conciencia.
Edward mordió suavemente su labio inferior distrayendola de sus pensamientos y acaparando su atención en los besos que él le daba.
¡Esto está mal! Gritó como último recurso su interior, pero al parecer ya era lo suficientemente tarde para detenerlo.
No sabía cuántos segundos habían pasado o si ya se habían convertido en minutos, solo era consciente de que su cuerpo se aferraba a Edward sin querer.
Ambos se separaron por aire, pero cuando sus miradas se cruzaron no lo pensaron dos veces y unieron sus labios nuevamente, al sentir que la sensación era demasiado excitante para simplemente alejarse y olvidarlo.
Todo pensamiento cuerdo se fue de la mente de Bella, en ese preciso instante solo se encontraba invadiendo el aroma y la fuerza de Edward que empleaba al acercarla y presionarla hacia él.
El carraspeo repentino que se escuchó detrás de ellos, fue lo bastante fuerte para que ambos se dieran cuenta que habían sido encontrados en un momento realmente incómodo.
Cómo si la magia en la que habían sido absorbidos segundos antes, se explotara repentinamente; Edward soltó a Bella de la cintura mirándola sorprendido.
Ella sintió un calor por todo su cuerpo y sospechó que en ese momento sus mejillas debían encontrarse rojas, tan coloradas como un tomate.
—Creo que he llegado en un mal momento.
La voz que Bella escuchó de la persona que los había encontrado en el balcón de la mansión Cullen, pudo reconocerla al instante, haciendo que el momento fuera mucho más bochornoso de lo que hubiera imaginado.
—¡Erik!—pronunció con asombro al moverse aún lado de Edward para poder ver a su viejo amigo frente a ellos.
Edward sintió que todo el calor que también lo había invadido hace unos minutos, se esfumó de la misma manera en cómo había aparecido al escuchar el nombre de la persona que no le agradaba.
Soltando a Bella, ella caminó hacia Erik, él no quería girarse para ver a ese chico, pero al no tener otra alternativa, lo hizo, y cuando vio como ella rodeaba sus brazos en el cuello de Chagny, sus manos no pudieron evitar formarse en un puño a cada lado.
Erik, rodeó a Bella con sus brazos mientras dirigía su mirada al chico de ojos celeste que se encontraba frente a ellos. Las manos que había formado en un puño a cada lado de su cuerpo, le dio a entender que no le gustaba la escena que veía en ese momento, algo que lo hizo sentir un poco mejor después de verlos a ellos dos besarse. Una sonrisa se creó en sus labios y vio como Edward Cullen lo fulminaba con la mirada.
Era su turno de sentir como se partía el corazón por un instante.
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Mirándola desde la distancia, Edward llevó la taza de té a sus labios para tomar un trago del sabor dulce y amargo del líquido ambarino.
—Si lo sigues viendo de esa manera, lo terminarás apuñalando mentalmente, joven amo.
—¿Soy tan obvio Agatha? —preguntó con sarcasmo.
—No—respondió el ama de llaves con ironía.
—Simplemente él no me agrada, hay algo que no me convence en ese tipo.
—Hasta el momento he podido notar que es un chico amable, aunque algo pomposo. Se nota que quiere mucho a la señorita Bella, tanto que, me atrevería admitir que parece estar enamorado de ella.
—Bah, entonces que sean muy felices—Edward exclamó levantándose del sofá en el cual se encontraba.
—Te has comportado como un niño, muy inusual en ti, joven amo.
Él volvió su mirada a la ama de llaves y frunciendo el ceño, dijo:
—Toma Agatha—tendió la taza de té en las manos de ella y agregó—llevala a la cocina.
Agatha borró la sonrisa que se había creado al ver a su joven amo, y tomando la taza se retiró, dejando a Edward parado en el mismo lugar, mientras observaba como Bella sonreía felizmente a su invitado.
Dándole una última mirada a las sonrisas despreocupadas de ella, Edward siguió su camino hacia las escaleras y subió, sintiendo una opresión en su pecho que no se sentía tan fuerte, pero aún así, dolía, y no sabía exactamente el porqué...
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Los suaves dedos de Erik se deslizaron por la mejilla de Isabella sorprendiéndola en el transcurso.
—Eres tan hermosa—mencionó él admirando sus rasgos—odio el hecho de saber que alguien pudo lastimarte de esa manera. Es simplemente insoportable.
El roce suave de los dedos de su amigo en su mejilla, provocó que se pusiera completamente nerviosa.
—No tienes de qué preocuparte, ya pasó, ahora estoy bien—dijo ella poniendo su mano sobre la de él.
—Eres tan frágil Bella y a la vez tan delicada.
—Erik, no soy una muñeca que se romperá fácilmente, estoy bien.
—Cualquier cosa que necesites o si tienes miedo, no dudes en llamarme, y correré hacia ti lo más rápido posible.
—Eso no es necesario, Edward está al pendiente de mí, así que, no estoy en peligro.
La expresión amable y dulce de Erik, desapareció por unos breves segundos, que fueron lo suficientemente fugaces para ser imperceptible a la mirada de Bella.
—No me convence que él te mantenga protegida o sino, jamás hubieras tenido esta herida que posees ahora, si ese chico te hubiera protegido como debía.
—No culpes a Edward, él ha hecho todo lo posible por cuidarme—ella lo reprendió con un poco de dureza.
—Está bien, está bien, no deseo que te enojes conmigo, ni por él y ni por nadie.
Erik llevó una de sus manos a la cabeza de Isabella y la atrajo hacia él para rodearla con sus brazos.
Esa manera de ser tan sobreprotector con ella, era algo que Bella conocía muy bien, Erik siempre había tenido cierta rivalidad con Elliot por ella. Siempre habían tenido roces desde la primera vez que se conocieron.
Era algo que le hacía extrañar volver a esa época que para ella era totalmente su felicidad.
Pero solo quedaba en un anhelo vago y sin sentido, porque no había nadie que pudiera regresar a su amado hermano.
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Los movimientos en la cama hicieron que finalmente ella se despertara de su intranquilo e inestable sueño, la oscuridad que la recibió la hizo sentir nerviosa y con miedo.
Las pequeñas manos de Bella tocaron su rostro y sintió la humedad de sus mejillas.
—¿Por qué estoy llorando? —se preguntó.
Se limpió las lágrimas con molestia, pero aún así, siguieron cayendo inevitablemente.
Enojada consigo misma se levantó de la cama y caminó a ciegas por su habitación hasta llegar a la puerta, la tenue luz del pasillo la hizo andar sin saber realmente a dónde se dirigía.
Todo lo que había pasado ese mismo día, se venía repentinamente a su mente, golpeaba sus pensamientos y hacían que sus lágrimas no pararán de brotar de sus ojos.
Por un instante se detuvo en medio del pasillo, al escuchar el sonido de las notas de un piano. Bella sintió cómo todo su cuerpo empezaba a temblar al escuchar esas notas tan conocidas para ella.
—Elliot...—pronunciaron sus labios, pero su mente trajo la imagen de Edward y el beso que le había dado esa misma mañana.
Llevó sus dedos a sus labios y los tocó levemente para sentir la calidez que él había dejado en ellos.
—¿Por qué? —se preguntó con inquietud.
La música que se había detenido por un breve instante, volvió a sonar tan cálida y dulce para su mente y su corazón, haciendo que esté se relajara con solo escucharla.
Bella avanzó con sus pasos apresuradamente para saber de dónde provenía ese mágico y hermoso sonido.
Corrió por el pasillo y bajó las escaleras que la llevaban al primer nivel, buscó con desesperación a la persona que estaba interpretando la canción y que temía tanto perder, se detuvo, al llegar a las puertas del salón principal.
Abrió suavemente la puerta y entró lentamente, todo aliento que había contenido por los nervios, salió en ese momento al quedar totalmente sorprendida, fue igual que la primera noche que conoció a Edward, en esta ocasión, volvió a verlo debajo de la tenue luz de la luna que brillaba intensamente bajo el cielo estrellado de París, los ventanales de todo el salón daban un ambiente mágico y atrayente para cualquiera que pudiera verlo, como ella lo estaba haciendo en ese momento.
Bella se acercó poco a poco a la persona que tocaba el piano tan idéntico a su querido hermano, la similitud que Edward desbordaba con Elliot la estaba volviendo irracional, porque cuánto más acortaba la distancia, más creía que era su hermano quién estaba allí en ese momento.
Bella llevó sus manos a su pecho y arrugó la tela de su pijama sintiendo que su corazón podría salirse en cualquier instante.
—Elliot—llamó tontamente.
Sus ojos se vieron empañados por la humedad de las lágrimas que amenazaban con caer nuevamente por sus mejillas. Ella se frotó sus párpados intentando borrar esa imagen del presente, pero cada nota que era tocada por Edward, no podía evitar pensar en su hermano.
Cuando los ojos de él la observaron acercarse, sus dedos se detuvieron y se dio cuenta que ella también lo hizo, inconscientemente Edward volvió a tocar y los pasos de ella siguieron, al verla de cerca, se dio cuenta de las lágrimas que caían por sus mejillas.
La agonía que veía en su rostro le hizo sentir una punzada de dolor en su corazón. Verla triste y desconsolada, lo estaba partiendo en mil pedazos.
¿Por qué me siento así? Se cuestionó.
No deberías de importarme, siguió diciendo su mente, no deberías hacerme sentir así, pero, lo haces.
No…
—Bella—pronunciaron sus labios automáticamente.
Cuando ella estuvo lo suficientemente cerca, sus dedos dejaron de tocar para levantarse rápidamente de su asiento y tomar a Bella en sus brazos, quien se desplomó como una pluma que cae sin ser consciente de ello.
Con sus fuertes brazos la sostuvo, y ambos cayeron al piso de mármol, ella elevó su rostro a él, y Edward se sintió caer en la profundidad de esos hermosos ojos verdes tan fascinantes y a la vez intrigantes de Bella.
¿Qué sucede conmigo ahora? Se dijo, sin saber porque la observaba a ella de esa manera. Es como si algo dentro de él, le impidiera poder quitar su mirada de Isabella. Y lo hacía querer consolarla para evitar que sus mejillas se siguieran humedeciendo aún más por sus sollozos.
—Bella...—él repitió su nombre y sus palabras se vieron interrumpidas por los pequeños y suaves labios de ella.
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¿Qué les ha parecido el capítulo de hoy?
Mmm, ¿porque sera que Bella ve tanto a Edward cómo su difunto hermano?
En el nuevo capítulo de You're so Cold he dejado un adelanto del Oneshot que en octubre anuncié en Élite Fanficion y en mi grupos de Cielo Nocturno.
Titulado: La marquesa que domina al tirano.
Nos leemos pronto en Tocado por un ángel. (TPUA)
