Mi versión sobre la épica escena en la que Azize se entera de la verdad y luego de matar a Stavros, finalmente confronta a Cevdet...
Capítulo 19 La verdad
Azize sintió que su corazón se perdía un par de latidos. Había pasado por tanto en esas últimas horas que ni siquiera estaba segura de haber escuchado bien… quizás eran sus ganas de que todo lo que había escuchado de labios de su Cevdet fuera cierto…
Claro, él estaba convencido de que la había perdido, y su dolor, mezclado con su ira, podrían hacerlo decir cualquier cosa, incluso que se vengaría de sus propios compañeros griegos por haberla matado…
Sintió sus músculos atrofiados de tanto mantenerse en esa posición, escondida, agazapada, tratando de ser invisible para sus posibles captores… todo alrededor era olor a sangre y muerte de gente de todas las edades, inocentes buscando escapar de la guerra…
Justo cuando se planteaba, con lágrimas en los ojos, si debía presentarse frente a Cevdet y decirle que se había salvado, vio a alguien acercarse a él por la espalda… vestía de civil, por lo tanto, ella al principio no lo reconoció.
Su corazón se congeló al verlo apuntar un arma a la cabeza de Cevdet… se puso a temblar, oyó que hablaban, pero no escuchó lo que decían, y cuando el hombre comenzó a amenazarlo, lo reconoció. Era el coronel Stravros. Ese hombre que a ella siempre le había resultado repugnante…
Azize miró hacia delante y frente a ella, tirado entre los cuerpos de dos personas, había un rifle. Supo que tendría que hacer algo en caso de que ese hombre intentara matar a su marido… no lo dudó…
No se planteó si sería un dilema ético matarlo como cuando Tevfik le pidió que asesinara a ese hombre, ese traidor al ejército turco… y no pudo hacerlo...
Sus manos temblaron un poco cuando fue acercándose. No quería distraerlos y que Stavros girara y le disparara sin miramientos. Quizá así morirían ambos…
-… todo el tiempo supe que eras un traidor… este es el día, General Cevdet…- dijo Stavros.
-No te creerán, será tu palabra contra la mía, y sabes como resulta siempre…- le dijo tratando de ganar tiempo Cevdet.
-¿Crees que te entregaré? No pasaré por eso, te enviaré al otro mundo y me haré cargo de las consecuencias, te puedo asegurar que lo vale…
-Stavros…- intentó Cevdet y Azize lo escuchó al soldado.
-Di tus últimas palabras…- le dijo apuntándolo directamente a la cabeza y allí fue que ella supo que no podría impedir que ese hombre matara a su marido si no le disparaba…
Levantó el rifle y recordó brevemente como tenía que hacer para apuntarlo. El sonido del seguro del arma de Stavros la puso en alerta y disparó, aún sabiendo que si se equivocaba tendría en sus manos la sangre de su marido…
Stavros cayó como una bolsa de arena al lado de Cevdet y él giró sin comprender hasta que sus ojos se encontraron con los de ella.
Abrió la boca sorprendido, admirado y ella dejó caer el rifle a un costado, sintiéndose sucia, pero sabiendo que no había tenido otra opción…
Toda la vida criticando a quienes mataban sin sentido y hoy había tomado una vida en sus manos, la primera, en nombre de su marido, del padre de sus hijos, de Cevdet…
Sintió que se desmayaría, pero avanzó, y vio que él también avanzaba hacia ella. ¿Acaso les tomaría otra eternidad encontrarse, a mitad de camino?
Lo vio llorar en silencio, la emoción de saberla viva era tan intensa como la sorpresa…
Llegó hasta él y se fundieron en un abrazo tan emocionado que ella creyó que no podría dejar de llorar nunca más…
Sintió su nariz en su cuello, explorándola como siempre, era su Cevdet… era su héroe, el hombre de su vida… pero lo más importante, estaba vivo y no era un traidor, como le había hecho creer…
No supieron como ocurrió, pero ambos terminaron abrazados en el suelo, llorando, acariciándose como si hiciera siglos que no lo hacían…
Él fue quien recuperó la cordura antes y acarició su cara, intentando calmarla, intentando que pudiera explicarle algo de lo que había ocurrido…
-Creí que eras una de los que yacen aquí, muertos, carbonizados por los griegos…
-Me salvé, todavía no sé como… tuve un segundo de sangre fría y me agaché entre los arbustos cuando escuché que los soldados griegos habían tomado el lugar…
-No puedo creerlo… es un milagro… un milagro del que estaré eternamente agradecido…
-Cevdet… no quiero pedirte explicaciones, pero las necesito… no… no entiendo nada… o, mejor dicho, tengo miedo de estar entendiendo mal…
-Mi vida… mi Azize… tus sospechas, todo este tiempo, eran ciertas… estoy en una misión secreta… no soy un traidor, al menos no a mi ejército… el ejército otomano…
-¿Es cierto? - Azize no podía creerlo.
-Así es… siempre lo supiste… confiaste en mí…- dijo y acarició su cara, para luego besar sus labios con ternura, apenas rozándolos.
-¿Por qué no me lo contaste? ¿por qué me ocultaste la verdad, Cevdet? - estaba destruida físicamente, pero necesitaba saber- durante tanto tiempo… dime… ¿no creíste en mí? - preguntó con tristeza y él bajó la vista, buscando las palabras- ¿por qué, Cevdet? - insistió.
-Por nuestra patria, Azize, por la promesa que le hice a Esref Pasha… por ti… ¿cómo podría haberte dicho? - dijo y ella cerró los ojos con resignación.
Ella intentó decir algo pero estaba tan cansada que la voz ya no le salía…
-Ven…- le dijo y volvió a apretarla entre sus brazos. Se puso de pie con algo de trabajo, sabía que no podrían quedarse mucho tiempo ahí…
-Cevdet…- murmuró ella y él tocó sus labios con suavidad, quería perderse en ellos, besarla para siempre y curarse… sintió como que un beso de esos labios sería como esos baños que tanto echaba de menos, esos baños en los que ella le demostraba su amor en su estado más puro, porque lo curaban, lo protegían, lo recibían de vuelta en casa…
Azize se perdió en sus ojos y supo lo que él necesitaba. Su cuerpo no podía más, pero su necesidad de él, de mitigar la pena de tanto tiempo separados, engañados, ganó la batalla…
Lo buscó con sus labios. Primero fue con ternura, lo sintió temblar, y la necesidad fue ganando terreno…
Cevdet la escuchó suspirar. ¿acaso no podían detener el tiempo y quedarse así para siempre, uno en brazos del otro?
Ella necesitó recuperar el aire unos minutos después y se separó de él. Esbozó una pequeña sonrisa y Cevdet sintió que tocaba el cielo con las manos…
-Mi vida… tienes que irte de aquí… tú no sabes nada… no has visto nada… prométemelo...
-Cevdet...- intentó ella.
-Azize, por favor... júrame que no viste nada, que no dirás nada...- dijo y cuando ella finalmente asintió, la empujó hacia donde estaba el caballo- por favor, debes irte ya...
-Pero Cevdet… ven conmigo…
Cevdet se perdió en sus ojos y supo que tenía que complacerla, ya la había dejado miles de veces de lado, en pos de salvar su patria, y sabía que ella se merecía cualquier esfuerzo…
Miró el caballo, aquel en el que había llegado hasta allí y se subió, luego la hizo subir a ella de costado, para que estuviese más cómoda y la abrazó con ternura…
-Te llevaré a casa… pero me bajaré del caballo no bien estemos cerca de Esmirna… y nos encontraremos luego en un lugar secreto… allí podremos hablar… estar tranquilos…
-¿Dónde?
-Debes ir al puerto y buscar un barco… el Albatros…
-Albatros…- repitió Azize y cerró los ojos. Todo le daba vueltas…
Cevdet besó su frente e hizo galopar al caballo para llegar lo antes posible…
Cada tanto, mientras volvían, Cevdet se perdía en sus rasgos. Esa mujer era tan fuerte, él la admiraba con toda el alma y aspiraba a que algún día, pudieran volver a ser felices como lo habían sido antes de la guerra…
Bueno, espero que les haya gustado! Nos vemos en el próximo capítulo. Gracias por seguir esta historia!
