Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX todavía no me pertenece. Si fuera así, nunca habría dejado que 4kids la tocara en primer lugar.


19. Memorias perdidas

Asuka no reaccionaba. Tenía los ojos abiertos, pero no había brillo en ellos. Parecían dos cristales vacíos, sin vida. Judai concentró el poder de la Oscuridad en su mano derecha y la puso en su frente, como si tratara de comprobar si tenía fiebre. Su ceño se frunció mientras su puño izquierdo se apretaba.

—¿Está bien? —preguntó el profesor Chronos en un hilillo de voz.

Judai negó con la cabeza.

—Su alma… no está.

Eso se sintió como un puñetazo para todos.

—¿Cómo…? —comenzó a preguntar Daichi—. ¿Está… muerta?

—Un cuerpo puede sobrevivir por algún tiempo sin alma —aclaró Judai—. No tener alma es como estar en una especie de coma o estado catatónico. El asunto es que, como pasa con las personas que están en un estado de coma, el cuerpo comenzara a deteriorarse con el tiempo. Y no sólo eso, si el alma permanece separada de su cuerpo demasiado tiempo su, conexión puede romperse definitivamente y ella nunca despertara.

No fue necesario aclarar que pasaría si llegaba a ese punto.

Jun soltó una maldición por lo bajo.

—Esa criatura formada por sombras —dijo—, si la vencemos, ¿podremos recuperar su alma?

—Debería ser posible. Esa cosa lo dijo: vendrá tras de mí. Recuperaré su alma.


Llevaron a Asuka a la enfermería, donde rápidamente fue conectada a un monitor de signos vitales. El resto de los guardianes intentó permanecer montando guardia fuera de la enfermería, hasta que la profesora Ayukawa usó su autoridad como profesora para enviarlos a sus habitaciones. No serviría de nada que estuvieran por allí cuando obviamente necesitaban descansar un poco si pretendían estar listos para cuando aquel ser de oscuridad atacara de nuevo esa noche.

Chronos, por otro lado, se negó a abandonar la enfermería.

—Más de mis alumnos siguen cayendo sin que pueda hacer nada —dijo—. ¿Cómo puedo descansar en estos momentos?

—No me gusta esto más que a ti, Chronos, pero lo mejor que puedes hacer es descansar un poco. Si no quieres ir a descansar a tu dormitorio, por lo menos deberías pensar en tomar una siesta aquí.

La profesora tampoco es que estuviera mejor. Compartía el sentimiento con el sub-director, en realidad, todos sus compañeros lo compartían. Prácticamente no había una reunión de personal, desde que todo ese asunto de los asesinos comenzó, en la que alguien no cuestionara a Samejima por haber enviado a sus alumnos, casi todos de primer año, a enfrentar a oponentes que claramente atacaban a matar.

Ayukawa se dirigió a su oficina, cerró la puerta y se recargó en ella dejando escapar el aire en un suspiro agotado.

—¿Cuántos más? —preguntó al aire.

Estaba tan harta como Chronos de ver caer a sus estudiantes sin poder hacer nada. Por lo menos hasta ahora nadie había muerto. Aun así, Sho y Jun estuvieron realmente cerca. Y ahora Asuka estaba en la cama, físicamente bien, pero despojada de su alma por una fuerza que no llegaba a comprender del todo.

Apretó los puños de nuevo. Miró el reloj notando que ya eran las siete de la mañana. Samejima ya debería de estar en su oficina. Ese hombre era un adicto al trabajo.

Entró a sus habitaciones privadas, las cuales estaban unidas a la enfermería y no en los dormitorios como el resto de sus compañeros, cuestión de practicidad por si había una emergencia. Se dio una ducha rápida y luego salió con rumbo a la dirección. Esta vez Samejima la escucharía.

Samejima estaba allí, justo como esperaba.

—Vas a detener esto —le dijo en cuanto la secretaria de dio el pase a la oficina.

—Emi, ya discutimos esto…

—¡No! Tres más de nuestros estudiantes están en mi enfermería al borde del colapso por la pérdida de su Energía de Duelo. La señorita Tenjouin perdió su alma. Detendrás esto antes de que uno de nuestros estudiantes muera.

Samejima suspiró.

—Quisiera poder hacerlo. Escogí a los duelistas con más poder en la Isla, ya que serían los únicos que podrían cargar ese peso.

—Son niños…

—Lo sé.

Emi apretó los puños.

—Debe haber otra forma.

—No la hay. —No fue Samejima. Emi se giró para ver a otra persona sentada en uno de los sillones.

La persona allí la veía con un rostro impasible en sus facciones jóvenes, casi adolescentes, a pesar de que no debía ser tres o cuatro años menor que ella. Vestía una larga gabardina blanca y tenía los brazos cruzados sobre el pecho. Todo en su presencia emanaba poder.

—Señor Kaiba —lo reconoció de inmediato.

Seto Kaiba se puso de pie y caminó hasta el centro de la habitación. La profesora no pudo evitar retroceder un poco. La mera presencia de este hombre era intimidante, y no sólo porque gran parte de su salario saliera de su cartera, sino más bien porque Seto Kaiba era la representación absoluta de la Energía de Duelo encarnada en forma humana.

—¿Qué propone entonces, señorita Ayukawa? ¿Cómo piensa proteger las llaves y a la escuela, al resto de los estudiantes, si no es enfrentando la amenaza con los mejores duelistas disponibles?

—Son niños… —dijo en voz baja. Tener los ojos de acero de Seto Kaiba era suficiente para suprimir casi todo su valor.

—Yo tenía su misma edad la primera vez que me enfrente a un Juego de lo Oscuro, así que, ¿cuál es el punto?

Emi no supo que decir. Las experiencias que ella tenía con el lado más sobrenatural del duelo eran pequeñas en comparación con las que un hombre como Seto Kaiba debió enfrentar a lo largo de su vida. Y considerando que no tenía ni treinta años eso ya era demasiado. Aun así, como profesional médica y como profesora había hecho el juramento de proteger a sus estudiantes.

—Es desafortunado que haya pasado por eso en su juventud, señor Kaiba; pero, habiendo adultos competentes que puedan ocuparse de estos asesinos, no veo porque enviar a los niños al frente de batalla.

Kaiba esbozó una pequeña sonrisa.

—Admiro su coraje para proteger a sus estudiantes, pero volvemos a lo mismo: son nuestra mejor opción. Además, da por hecho demasiadas cosas. La lucha contra estas fuerzas se lleva a cabo en diferentes frentes. No asuma que los adultos competentes estamos esperando con los brazos cruzados.

Seto Kaiba dio media vuelta y caminó hacia la puerta de la habitación.

—Esperare el informe sobre el estado de los estudiantes afectados, por ahora debo asistir a una reunión importante. El doctor Fudo debería estar aquí al mediodía para verificar que los niveles de Energía de Duelo en la isla sigan en un nivel aceptable para que la escuela pueda seguir operando.

Emi suspiró. Sabía las razones para construir las Academias en lugares tan remotos del planeta: tantos duelistas, incluso si sólo eran niños, sosteniendo duelos todos los días usando la Visión Solida significaba que la Energía de Duelo se acumulaba en grandes cantidades. No era una coincidencia que la Corporación Kaiba mantuviera también un laboratorio funcionando en la isla en paralelo a la Academia.

El director se apresuró a responder:

—Por supuesto, señor Kaiba.

—Y, señorita Ayukawa, continúe con su buen trabajo —agregó Kaiba—. Tengo suficiente experiencia en esto para saber que sólo es el comienzo.


Ryo estaba de pie en el faro contemplando el océano. Se suponía que debía estar en clases, pero sabía que no estaría bien allí. Tampoco quería estar más tiempo en la enfermería. No era que no quisiera estar con Asuka, sino que estaba harto de ver a las personas que amaba sufrir en ese lugar.

Frunció el ceño cuando vio un pequeño barco acercándose a la isla. A todas luces era una embarcación pesquera. Lo cual era extraño. Los pescadores de la zona rara vez se acercaban a la isla. En primer lugar, porque no estaba dentro de la zona que tenían autorizada para realizar su trabajo. Y en segundo lugar porque la isla donde se ubicaba la Academia no gozaba de buena reputación en las leyendas locales.

El barco finalmente llegó al muelle, pero no parecía que fuera a quedarse mucho tiempo. Un par de hombres fornidos y quemados por el sol bajaron una pequeña escalera, de la cual posteriormente descendió un joven de larga cabellera castaña.

—¿Fubuki? —preguntó Ryo.

Su amigo le dedicó una débil sonrisa.

—Ella está mal, ¿verdad? —preguntó.

Ryo no sabía que responder. Fubuki se tambaleó un poco. Estaba temblando como si tuviera frío. También tenía la piel pálida y grandes ojeras bajo los ojos.

—¿Cómo…? —comenzó a preguntar Ryo, sólo para detenerse cuando Fubuki negó con la cabeza.

El barco pesquero comenzaba a alejarse de la isla.

—Cuando has estado en el abismo, el abismo deja una marca en ti —dijo Fubuki.

Ryo apretó los puños. Fubuki todavía no estaba bien. Lo sabía, los últimos meses Asuka le había dicho como sus padres le aseguraban que las cosas iban bien para no preocuparla, pero siempre había una sombra en sus palabras, como si ellos mismos sólo dijeran esas cosas para convencerse a sí mismos que todo había terminado y de que Fubuki estaba bien.

—Pude sentirla —siguió Fubuki—. Ella está atrapada allí, en el mismo lugar donde yo…

Ryo se adelantó y sostuvo a Fubuki antes de que cayera.

—¿Por qué viniste? —preguntó Ryo.

—¿Qué se supone que hiciera? ¡Asuka está allí! ¿No bajarías al mismo infierno si esto le pasara a Sho?

Ryo no podía negar eso. Si hubiera podido habría tomado el lugar de Sho cuando Camula…

—Escapaste.

Fubuki asintió.

—Yo, sentí que algo andaba mal. Quise llegar antes, pero me costó mucho escapar de casa y llegar al muelle. Mucho más conseguir convencer a un barco de que me trajera.

Se detuvo un momento para respirar, como si la simple acción de hablar fuera demasiado esfuerzo para él.

—Tenía que venir. No puedo dejarla allí… En ese lugar… Entre más estás allí, más te pierdes a ti mismo. Todavía lucho para recordar detalles. Estar en casa me ayudó un poco. —Soltó una risa hueca que le heló la sangre a Ryo—. ¿Sabes? Deberíamos conseguir una cámara, no perder ningún detalle. Son anclas a los recuerdos. Sin las fotografías, sin los vídeos caseros, creo que jamás habría recuperado todas las memorias que el Vacío me arrebató.

Fubuki pareció recuperarse lo suficiente para permanecer de pie por su cuenta.

—Tengo que verla.

Ryo asintió. Ayudó a Fubuki a poyarse en él para llevarlo a la enfermería.


La profesora Ayukawa no estaba feliz.

—Esto fue realmente imprudente —dijo con voz severa.

Fubuki simplemente le sonrió, al parecer intentando salirse con la suya como tantas veces en el pasado. Esto sólo hizo que la profesora se sintiera mal. No quedaba nada de esa sonrisa que había encandilado a cada chica en la Academia, ahora era sólo el fantasma de una sonrisa que una vez fue brillante y maravillosa.

—Tenía que verla —dijo finalmente Fubuki.

Estaba sentado junto a la cama de Asuka, sosteniendo su mano. Estaba cálida, lo que significaba que todavía quedaba algo de ella allí, en ese cascarón aparentemente vacío.

—El ser que hizo esto, ¿cómo era?

Ryo, de pie junto a la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho, no pudo evitar estremecerse levemente al recordar. Esa cosa… no podía ser humana.

—Sombras —respondió Ryo—. Es lo único que se me ocurre. Un ser de aspecto humanoide formado por sombras.

Fubuki cerró los ojos.

—No pensé que ellos fueran tan estúpidos —golpeó su pierna con su puyo izquierdo.

—¿Ellos? ¿Quiénes son ellos? —preguntó la profesora.

—Los que mueven los hilos de los asesinos —respondió Fubuki, sólo para terminar llevándose la mano a la cabeza en un gesto de dolor—. No puedo hablar sobre ellos. Hay… un contrato. Hasta que el último asesino se revele no puedo decir nada. Las sombras que me dominaban, las mismas sombras que enviaron a esa cosa a hacer esto a Asuka, sólo me liberaron los suficiente para forzarme a firmarlo.

Ryo se adelantó y lo tomó por los hombros obligándolo a verlo.

—¿Quiénes son ellos? —preguntó.

—Yo… No puedo…

—¡Fubuki! —gritó Ryo con la ira apenas contenida—. ¡Ellos le hicieron esto a tú hermana! ¡Casi mataron a Sho!

El rostro de Fubuki se distorsionó en una mueca de dolor.

—¡Joven Marufuji! —gritó la profesora Ayukawa mientras se apresuraba a apartar a Ryo de Fubuki.

Ryo se apartó de su amigo, con los puños apretados y una expresión de frustración en el rostro. Hasta ahora no había enfrentado algo que no pudiera vencer, fuera un duelo, un examen o incluso los problemas personales de cualquier adolescente. Cierto, había cometido muchos errores, como intentar alejar de Sho de los duelos por considerarlo débil, en vez de ayudarlo a ser más fuerte por otros métodos. Absurdamente no se dio cuenta que los métodos mediante los cuales él se volvió el duelista que era no servían con un alma más dulce y amigable como lo era su hermano, y a causa de eso no fomentó el talento que ahora veía siempre estuvo allí. Pero, jamás había estado en una situación en la que no pudiera resolver las cosas. Y ahora todo estaba fuera de control, y las personas que amaba estaban siendo lastimadas porque él no tenía el suficiente poder para detener a los responsables.

—Necesita descansar, joven Fubuki —dijo la profesora—. No debió venir a la isla por su cuenta.

—Asuka está allí —dijo Fubuki—. No puedo descansar. Cada minuto que ella está allí se consume más.

La profesora ayudó a Fubuki a recostarse en otra de las camas.

—Lo sé, pero si no se ayuda a sí mismo no podrá ayudarla a ella.

Fubuki cerró los ojos.

—No lo entiende. Ese lugar… ese Vacío… El infierno sería mejor.

Ryo se sentó en la misma silla que Fubuki usó antes, con sus ojos oscuros fijos en su amigo.

—¿Qué es esa cosa? —preguntó—. La cosa que luchó contra Asuka. Dime, ¿qué es?

Fubuki miró a Ryo, pero era como si realmente no estuviera allí.

—Es otro agente —dijo finalmente—. Cuando… Cuando una persona se acerca demasiado al abismo, puede terminar engullida por este. Un Vacío en donde nada importa. Todos tus recuerdos, todo lo que eres, es absorbido por ese lugar. Y la cosa que habita allí, es capaz de usar lo que queda de ti para engullir a otros. Es… como un parasito. Estás allí, y a la vez no. Se alimenta de tus recuerdos, de todo lo que eres.

Ryo no entendía. ¿Fubuki estaba divagando? ¿A qué se refería con Agente? ¿Qué era la cosa que habitaba allí? ¿Dónde era allí?

—Ese día, en el dormitorio abandonado, Fujiwara contactó con… esa cosa.

Ryo sintió que algo lo golpeaba. ¿Fujiwara? Sabía que era el apellido de uno de los estudiantes desaparecidos, pero sus recuerdos sobre él eran vagos. Sentía que lo había conocido, sin embargo, por más que intentaba no era capaz de recordar cómo o cuando.

—¿Qué era esa cosa? —se atrevió a preguntar.

—Yo… no estoy seguro. Esa cosa emergió del portal y consumió a Fujiwara. Traté de detenerlo, pero… —Fubiki volvió a hacer un rictus de dolor mientras se llevaba las manos a la cabeza—. Los recuerdos están desapareciendo. Si lo olvidamos, si olvidamos que Fujiwara existió, entonces se perderá para siempre.

Ryo vio como la profesora se acercaba a Fubuki con lo que parecía ser un sedante.

—Esto lo ayudara a descansar —dijo.

—Por favor, profesora, espere un poco —pidió Ryo.

—El joven Fubuki no está bien…

—Ryo —habló Fubuki—, voy a intentar sacar a Asuka de allí. Si yo no lo logro, prométeme que la rescataras.

—¿Fubuki?

Ryo vio con horror como Fubuki levantaba su mano derecha. Allí, emanando oscuridad, una oscuridad muy diferente a la que había visto usar a Judai, había una máscara. Era la misma máscara que Fubuki usara varios meses atrás cuando los atacó como uno de los asesinos.

La profesora Ayukawa trató de alcanzar a Fubuki, sólo para ser arrojada por una fuerza que la hizo caer hacia atrás.

—Por favor, promételo —insistió Fubuki sin apartar sus ojos de Ryo.

Ryo abrió la boca, sólo para descubrir que las palabras no salían.

—Sé que lo harás.

Fubuki se puso la máscara. La oscuridad lo envolvió y comenzó a gritar como si lo estuvieran torturando. Luego, ante las miradas sorprendidas de Ryo y la profesora Ayukawa, desapareció tragado por la oscuridad.


Judai sintió como cada vello en su piel se erizaba cuando estalló la oscuridad. No era una como la suya, se sentía mal, podrida incluso. Y era algo que ya había sentido antes, cuando enfrentó al primer Asesino, y más tarde cuando vio a esa cosa que atacó a Asuka.

Se puso de pie y se apresuró directo a la salida, sin detenerse a escuchar al profesor Satou cundo, muy molestó, le ordenó que regresara a su asiento.

Corrió por los pasillos a toda velocidad, deseando tener suficiente fuerza para viajar a través de las sombras como Haou hizo en sus días como Heraldo. Podía sentir las presencias de Jun, Sho, Hayato y Misawa correr detrás de él.

Finalmente llegó a la enfermería, abrió la puerta de golpe y miró al interior. La oscuridad se había ido, pero quedaba un rastro que impregnaba todo el sitio, como una mancha en la misma realidad.

Asuka seguía en la cama, con los ojos cerrados y la respiración tranquila, casi como si estuviera dormida y fuera a despertar en cualquier momento.

Ryo también estaba allí, de pie, con la mirada fija en una de las camas, la cual tenía pinta de haber sido usada recientemente. La profesora Ayukawa se giró para verlo cuando entró. Su rostro era la máscara perfecta del miedo.

—Joven Crawford —dijo en un susurro mientras suspiraba aliviada, casi como si hubiera temido encontrar al mismo demonio en vez de a él.

—¿Qué sucedió? —preguntó.

La profesora giró la mirada hacia la cama vacía, pero no parecía ser capaz de encontrar las palabras.

—¿Hermano? —preguntó Sho entrando a la enfermería un minuto después que Judai. Jun, Hayato y Misawa entraron justo detrás de él.

Ryo no respondió. Se irguió perfectamente y luego caminó en dirección a la puerta sin detenerse a ver a nadie.

—¿Profesora? —preguntó Jun esta vez.

—Yo… no estoy segura de que sucedio —dijo finalmente. Luego procedió a contarles lo que sucedió desde que Ryo entró llevando a un todavía convaleciente Fubuki.


Fubuki, usando la máscara de Darkness, se detuvo frente a la enorme arena de duelo hecha de roca.

Frente a él, la criatura formada por sombras esbozó una sonrisa cruel.

—Pretendes matar veneno con veneno —dijo—. Dime, niño, ¿cuánto tiempo crees que podrás usar el poder de nuestro Maestro sin ser consumido de nuevo por él?

Fubuki apretó los puños.

—Lo suficiente.

—Todo o nada, supongo —se burló el ser—. Es perfecto para mí. Me estaba impacientando. Tener que esperar hasta la noche para aplastar al mocoso de Pegasus es realmente aburrido.

Fubuki se acercó a la arena, subió a la plataforma y colocó su mazo sobre el tablero. El otro ser hizo lo propio en la otra plataforma.

—Tal vez esta vez el Maestro me permita quedarme con tu alma.

—Sabes que el Vacío no comparte las almas que roba —gruñó Fubuki.

El ser de sombras simplemente se rio más fuerte.

—Puede ser, pero mientras tenga suficiente tiempo para ver la cara desesperada de Pegasus y, por qué no, también la de ese mocoso petulante de Yugi Muto, entonces estaré satisfecho.

—Eres un ser formado de rencor puro —dijo Fubuki—. Mi familia y amigos evitaron que me consumiera, a ti sólo te sostiene el odio y la venganza.

Las sombras se retiraron, dejando ver a un hombre alto y fornido. Su rostro tenía una mueca burlona, la cual, combinada con sus labios rojos y la sombra de sus ojos, le hacía ver como un payaso siniestro.

—Sí, exactamente, sólo las emociones más fuertes pueden sobrevivir al Vacío —aceptó el hombre—. Mi odio me ha mantenido. La venganza me ha dado forma. Estás a punto de aprender lo que es el dolor.

Fubuki sacó su mano inicial.

—¡Duelo! —gritaron ambos.