Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, tampoco la idea del Fictober!
.
Octubre SasuIno
Día 11
Preticor
(El olor de la lluvia)
oOo
Hinata miró al cielo y suspiró. Las nubes grises y la humedad en el ambiente anunciaban una inminente tormenta, pero no intentó regresar a casa. La lluvia no era algo que le molestaba.
Después, sus ojos claros volvieron a posarse en la acera de enfrente, en la casa más grande de la calle, donde podía escucharse música saliendo por la ventana. Hinata no conocía la melodía, pero amaba la música, sobre todo la que Sasuke tocaba en su piano. Esa era una de las cosas que más extrañaba de él.
Ellos habían sido muy felices en ese mismo lugar, él tocando el piano, y ella escuchándolo. Lo había amado como a nadie, y hubiera deseado pasar el resto de sus vidas juntos, pero él ya tenía a otra persona.
Hinata cerró los ojos cuando la música se detuvo, y por la ventana vio a esa chica rubia recargándose en la espalda de su exnovio. Sasuke frunció el ceño, pero no la apartó; tocó un par de notas más hasta que ella se sentó sobre sus piernas y empezó a tocar ella otra melodía igual de hermosa. Ella nunca lo había hecho; su padre nunca le había permitido aprender, decía que eso la distraía de sus obligaciones. Tal vez por eso Sasuke la había olvidado tan rápido. Tal vez, si se hubiera esforzado en aprender, aún seguirían juntos, pues ella lo amaba, y lo amaría por siempre.
La lluvia entonces rompió el cielo, y Sasuke e Ino, su nueva novia, se levantaron del piano para cerrar las ventanas. Hinata observó el movimiento en la planta baja, y después volvió a mirar el cielo. La lluvia siempre la ponía triste, pero amaba el aroma a petricor que traía con ella. Era una lástima que nunca se lo hubiera dicho a Sasuke, pensó, así él siempre podría pensar en ella cuando sintiera el olor de la lluvia. ¿Lo haría? ¿Pensaría en ella?
A través de la ventana, lo vio acurrucarse frente a la televisión con su nueva novia, recargando la cabeza sobre sus piernas mientras ella entrelazaba los dedos en su cabello. Deseó entonces haberlo hecho ella, y miró sus dedos, como intentando imaginar lo que se sentiría hacerlo. La lluvia entonces aumentó en intensidad, haciendo que los pensamientos tristes regresaran.
Entonces recordó que estaba lloviendo el día que murió en aquel accidente, tirada en mitad de la carretera, oliendo ese mismo olor a petricor hasta que ya no pudo volver a sentir nada más.
