Las Chicas Superpoderosas no me pertencen, son propiedad del señor McCracken. Yo tomo prestados a los personajes porque es gratis.
Este drabble forma parte de la actividad del Fictober.
Día 11: amputado
Buttercup se detuvo un momento para recuperar el aliento, había hecho todo el recorrido a pie, desde su hogar en la cima de la montaña, hasta la pequeña clínica. Le ardían los pulmones y en cualquier momento se le doblarían las rodillas. Era cuestión de tiempo.
Pero antes tenía que verlo. Asegurarse de que los rumores eran sólo eso, rumores.
Porque no había forma de que ellos tuvieran razón, ¿verdad?
Él no habría entrado al bosque, no cuando todos sabían de la bestia. No cuando ella misma le advirtió de los peligros al viajar durante una noche de luna llena.
Atravesó la puerta, empujando con toda la fuerza que le quedaba, conteniendo la respiración. Una de las enfermeras se detuvo al verla, sobresaltada y… aterrada. Apretó los labios en una dura línea, tornándolos blancos por la fuerza.
—Uhm… ¿señora Him? —preguntó. Su voz temblaba al hablar.
—Está él… él está… —Buttercup luchó por recuperar el aliento. Sosteniéndose a la enfermera para no caer—. ¿Cómo está mi esposo?
La enfermera suspiró.
Era bonita para su edad, Butter notaba las canas que empezaban a mostrarse, casi invisibles junto a su cabello rubio, siempre sujeto con un moño. Sostuvo las manos de la pelinegra, preparándose para las malas noticias.
Ya lo sabía.
No había forma de evitarlo mucho tiempo.
Especialmente cuando acaban de consumar su matrimonio.
—Logramos rescatarlo a tiempo… pero su pierna sufrió muchos daños —Butter apretó los ojos, no queriendo escuchar—… la infección podría prolongarse… —se encorvó, en un inútil intento de contener las lágrimas—… creen que será necesario retirar la extremidad…
Y al final se rindió.
Cayó sobre sus rodillas y lloró.
Porque sabía que el ciclo empezaba otra vez.
