Disclaimer: ¡Hola a todas! Sé que desaparecí por muchos meses en la escritura de este fic. He estado en procesos emocionales muy difíciles y que consumían mucho de mi tiempo, honestamente no había tenido ganas de escribir y no quería traerles un capítulo mediocre. Espero lo disfruten mucho, intentaré subir contenido pronto, tengo más tiempo, mejor estabilidad emocional y muchas ganas de seguirles compartiendo esta historia.
Gracias por su apoyo, sus reviews y follows. Les mando muchos abrazos y nos vemos más pronto de lo que creen.
Los personajes que ya conocen son de JK Rowling, los demás son de mi autoría.
Capítulo 19
Draco se levantó con un punzante dolor de cabeza, de esos en los que la mínima luz te lastima. Se quedó tumbado en su cama con los ojos cerrados intentando asimilar todo lo que había pasado en las horas anteriores, no se sentía listo para enfrentar el mundo exterior ese día. Era uno de esos días en donde levantarse de la cama no era una opción si quiera a considerarse. Escuchó algunos ruidos que provenían de la sala y los dejó estar, sólo quería dormir todo el día, quería dormir y nunca despertarse. En algún momento dentro de todo lo que su familia tuvo que pasar después de la guerra, se había convencido a sí mismo que cualquier castigo que pudieran darle no era lo suficientemente malo si podía asegurar su bienestar y el de su madre; pero ahora que Narcissa estaba pasando por un mal momento y él ni siquiera podía estar allí, sentía que no valía la pena intentarlo más ¿para qué molestarse?
—No creo que quiera ir a ningún lado después de anoche—interrumpió Theo antes de que Nate tocara la puerta. Encendió un cigarrillo y le tendió un vaso de café. Había salido por algo de desayunar para todos, él podría irse a dormir después de asegurarse que Draco estaba bien, pero sus amigos tenían que enfrentar todo un día en la universidad y se imaginaba que eso sería difícil con el estómago vacío.
—¿Vamos a despertarlo? —preguntó Nate buscando entre las bolsas de papel que había traído Theo, no se había dado cuenta del hambre que tenía hasta que olio el pan recién horneado.
Draco escuchó a sus amigos discutir sobre la idea de despertarlo a través de la puerta, apretó los ojos con fuerza y se colocó poca bajo en un intento de que su almohada absorbiera la incomoda luz que entraba a su cuarto a través de las ventanas. Se sentía avergonzado, no recordaba la última vez que se había permitido ser vulnerable frente a otras personas, mucho menos llorar tan desconsoladamente como lo hizo ayer. No quería ver la cara de preocupación de sus amigos, no quería enfrentarse a su entendimiento y su condescendencia. No tenía nada que ver con ellos, de hecho, muy internamente, estaba agradecido que se quedaran toda la noche y que lo contuvieran después de la visita a su madre, pero se sentía culpable, los Malfoy no eran vulnerables, él había roto esa regla con total deliberación. Se armó de valor, se levantó de su cama con un pequeño mareo y decidió que saldría de su cuarto antes de que sus amigos entraran. Pensó que era mucho más vergonzoso que tuvieran que arrastrarlo de la cama y prefería mil veces fingir por las siguientes horas que el colapso de su vida no era realmente grave y sólo momentáneo.
—¿Pueden callarse? —interrumpió Draco arrastrando las palabras.
—Vaya, buenos días, bella durmiente—contestó Theo extendiéndole un vaso de café. Draco lo negó con la mano, no estaba seguro de poder retener algo en su estómago en ese momento, la única razón por la que había salido era para echarlos de su departamento y poder regresar a su cama a dormir y evaluar cuáles eran sus opciones ahora que Narcissa estaba enferma.
—¿Por qué siguen aquí? —les preguntó tallándose los ojos. La luz era mucho más intensa en la sala y estaba lastimándole los ojos.
—Quisimos asegurarnos de que estuvieras bien—contestó Nate.
—Bueno, ya vieron que estoy bien, entonces pueden irse.
—Un gracias por quedarse y traerme el desayuno sería mucho más apropiado en este momento—exclamó Theo burlonamente. Draco tenía esa cara en su rostro, esa cara de no querer condescendencia. El rubio esbozo una sonrisa muy pequeña y rodó los ojos.
—En lo que tú decides si quieres comer o regodearte en tu miseria iré a arreglarme un poco al baño, tenemos clase en media hora y yo no tengo intenciones de acabarme mis faltas antes de los exámenes finales—intervino Nate antes de entrar al baño.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Nott.
—Alguien me está taladrando el cráneo sin piedad—contestó sentándose en la única silla de la estancia. Theo sacó su varita y con un pequeño movimiento salió una luz de color menta, Draco sintió que el dolor poco a poco se le iba esfumando y la iluminación de la habitación ya no era tan incómoda.
—Gracias.
Theo asintió con amabilidad y volvió a ofrecerle el vaso de café. Draco lo tomó a regañadientes y le dio un pequeño sorbo. No tenía apetito y quería que sus amigos se fueran lo antes posible, pero no podía negar que estaba disfrutando el liquido caliente caer por su garganta, por alguna razón se sentía reconfortado.
—¿Mejor? —preguntó sonriendo triunfante. Draco asintió, rodó los ojos y acercó su mano a la bolsa de papel de donde prevenía el olor a pan recién horneado.
—¿Irás a la universidad?
—No tengo ánimo de ver a nadie en este momento.
—Estás viéndome y viste a Nate hace unos minutos—bromeó Theo.
—Con ustedes no tengo opción, nunca se van.
—Recuérdame no venir a tu rescate la próxima vez que tengas un colapso mental—contestó sarcásticamente.
—No tuve un colapso mental, fue un mal día.
—Que te llevo a un colapso mental.
—Cierra la boca—siseó Draco con un tono que era muy difícil de diferenciarse entre la burla o la sentencia. Theo entendió la indirecta y guardó silencio un momento.
—¿Por qué todo está tan limpio? — preguntó Draco intentando cambiar el tema para romper la incomodidad que se había formado en el aire.
—Theo y yo limpiamos durante tu siesta—le contestó Nate saliendo del baño. Los tres amigos sonrieron ante el comentario. —Tienes que ir a cambiarte— agregó Nate dándole una mordida a un pequeño panqué.
—No pienso ir a la escuela el día de hoy—contestó Draco con total seriedad.
—Creo que te haría bien despejarte un rato de todo lo que está pasando justo ahora—comentó Nate. Theo lo volteó a ver con sorpresa, no había muchas personas en el mundo que se atreverían a darle recomendaciones a Draco Malfoy sobre su vida y mucho menos sobre cómo llevar sus emociones. Theo consideró tres opciones: Nate tenía agallas, no conocía a Malfoy del todo o simplemente era tonto.
—No tengo ganas—dijo Malfoy dándole un sorbo a su café. Sin una pizca de ira, enojo o cualquier otro sentimiento despreciativo hacia Nate. Theo lo miró sorprendido, realmente estaba afectado por todo lo que estaba sucediendo y no tenía ganas de pelear con alguien o sería que…—Creo que necesito dormir—agregó el rubio. Nott se quedó boquiabierto ante la respuesta. Entonces todo tuvo sentido, Nate era lo suficientemente estimado por Draco para permitirle hacer ese tipo de comentarios y verlo en sus momentos de mayor necesidad. Hasta ahora sólo había dos personas en el mundo que lo habían visto en ese estado, él y Narcissa. Sonrió por un momento, Nate ahora estaba en la lista y era nada más y nada menos que un muggle, algo le había pasado a Draco, no era el mismo de hace unos meses y Theo se sentía orgulloso.
Draco volteó a ver a Theo por un instante y pudo darse cuenta de su sorpresa ante haber dejado que Nate lo tratara de esa manera, sabía que su amigo estaba orgulloso de él, pero no se dirían nada, con saberlo en voz baja era más que suficiente.
…
—No puedo creer lo mucho que comí esta noche—exclamó Hermione dejándose caer en el sillón. Agradecía el momento en el que había decidido usar vestido, un pantalón hubiera reventado hace mucho tiempo.
—Ni siquiera yo sabía que podías comer tanto—contestó Harry sentándose a un lado de ella. La castaña le dio un pequeño golpe en el hombro y ambos comenzaron a reír.
—No creo poder moverme nunca de nuevo.
—No me sorprendería—bromeó. Se acercó a darle un beso en la mejilla.
—Creo que la última vez que comí así fue en algún banquete Hogwarts. Recuerdo no haber comido en todo el día para tener especio en la cena, fue todo un reto—le contó sonriendo nostálgica. Hace mucho no hablaba de Hogwarts o de algo que tuvieran que ver con su vida en el mundo mágico; había muchas cosas que todavía le dolían, pero atesoraba esos pequeños momentos en los primeros años antes del regreso de Voldemort.
—Nada se va a comparar a la vez que intenté vencer a Ron comiendo alitas en el festín de Halloween. Creo que pasé más de una semana con repercusiones de esa competencia—contestó mientras comenzaba a reírse.
—No puedo creer que pensaras que podías vencer a Ronald en algo como eso, quiero decir se comió…
—¡Cuarenta alitas sin tomar agua! —exclamaron los dos al unísono, no era la primera vez que recordaban ese evento que puso a Harry a vomitar durante toda la noche gracias a toda la grasa que había ingerido ese día. Se miraron con cierta nostalgia mientras inundaban la estancia de carcajadas, era la primera vez que hablaban de eso sin Ron presente para burlarse de Harry una vez más.
—Recuerdo que cuando Ron contó esa historia en Navidad, la dijo con tanta pasión que hizo que el señor Weasley sacara jugo de calabaza por la nariz—agregó la castaña.
—Fue el mismo año donde robamos cerveza de mantequilla y nos reunimos con Luna para ver el amanecer ¿no?
—Sí, el último año nuevo que pasamos todos juntos antes de la guerra.
—Es raro— comentó Harry con los ojos perdidos en el librero de enfrente.
—¿Qué es raro?
—Hablar de ellos en tiempo pasado y que realmente lo sea—agregó cabizbajo.
Si había algo que era un tabú en casa de los amigos era hablar del pasado. No es cómo que estuviera prohibido, pero siempre les dejaba un mal sabor de boca y una sensación de vacío en el pecho que significaba diferente para cada uno. Decir en voz alta todo lo que alguna vez fue y nunca más volvería suceder seguía siendo difícil para la pareja de magos. Se acostumbraron, se acostumbraron a su nueva vida, sus nuevos amigos y a vivir lejos de todos; pero ellos sabían que las heridas del corazón que se cierran por costumbre nunca están del todo cicatrizadas.
—Algo que nunca entendí es porqué dejaste de hablar con Luna— agregó Harry sacando a Hermione de sus pensamientos. Él sabía que era más que obvio porque su relación con Ginny había terminado tan fracturada como para no volver a hablarse, pero nunca le quedó claro porque había pasado lo mismo con Luna.
—Era la mejor amiga de Ginny—contestó Hermione sin pensarlo mucho. Harry levantó una ceja, no sabía a que se refería con exactitud. —No quería ponerla entre la espada y la pared así que pensé que era una buena idea también alejarme de ella.
—¿Y no te sientes sola? Sé lo mucho que ellas significaban para ti. Hermione lanzó un suspiro muy fuerte mientas pensaba que contestar.
—Al principio, bueno, hay días donde las extraño más que otros. La verdad es que me gustaría poder contarles todo lo que estoy aprendiendo y todas las aventuras nuevas que me pasan todos los días, pero honestamente no me las imagino presentes en esta etapa de mi vida. Creo que hasta cierto punto he disfrutado salir de mi zona de confort y darme la oportunidad de conocer otras personas, por ejemplo, Alana, esa chica es increíble y creo que no me hubiera acercado a ella si Luna y Ginny siguieran en mi vida— explicó con toda la honestidad de la que fue capaz.
—No estaríamos en esta etapa de la vida si todo hubiera salido de acuerdo al plan. — agregó Harry con uno de esos tonos burlones que esconden algo más.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Lo que tu quieras.
—Yo sé por qué terminé con Ronald, pero nunca entendí porque terminaste con Ginny—exclamó la castaña cambiándose de posición en el sofá.
—Pensé que ella te había contado con lujo de detalle—apuntó Harry extrañado.
—No, nosotras nos distanciamos desde que terminé con Ronald. Cuando pasó todo el desastre de la boda ya no estábamos unidas.
—Hace mucho no pensaba en eso—exclamó Harry al aire. —No te ofendas, pero no quiero hablar de eso justo ahora—agregó.
—¿No estás listo? —preguntó Hermione con sus mejillas rojas.
—No es eso
—No hice las cosas bien, Herms y no quiero contarte todo lo que sucedió porque sé que va a cambiar la perspectiva que tienes sobre mí—continúo después de una pausa—te contaré cuando crea que es pertinente ¿está bien?
Hermione movió la cabeza un poco incómoda, no le gustaba la idea de no tener toda la información respecto a su rompimiento con Ginny; su cerebro lo detectaba como una señal de alerta, pero decidió no decir nada y abrazar a Harry. Él le regresó el abrazo con una sonrisa y le dio un pequeño beso en la mejilla, la castaña lo correspondió y en un instante giro su cabeza para darle un beso en los labios.
Se besaron por unos minutos con esa dulzura y lentitud que tienen las primeras veces. Harry la tomó por el cuello para acercarla más mientras ella pasaba las manos alrededor de su cuello. La intensidad del beso comenzó a aumentar poco a poco con cierta torpeza, pero seguían firmes, convencidos, con hambre de conocer los límites del otro. Hermione se recostó sobre el sillón con Harry apoyando su cuerpo lentamente sobre ella, se miraron por un momento y siguieron con el beso.
La castaña poco a poco comenzó a levantar la camisa de Harry para recorrer con sus manos toda su espalda. Él brincó al primer contacto, pero poco a poco fue acostumbrándose, era una sensación diferente, manos nuevas y sin experiencia en su contacto. Con una lentitud nunca antes usada, Harry comenzó a acercar sus manos al cuerpo de la castaña mientras dirigía sus besos hacía su cuello lidiando con el cabello enmarañado de Hermione. Ella soltó un pequeño gemido y levanto la cabeza para que él pudiera tener un mejor acceso a su cuello. Acto seguido, la castaña se enderezó para sentarse encima del regazo de Harry y poder besarlo desde otro ángulo, más profundamente, más enserio, con más ganas. Este movimiento lo tomó desprevenido y gracias a eso sus frentes se golpearon con tanta fuerza que Hermione cayó al suelo soltando un pequeño quejido que podía de dolor como de humillación. Harry en seguida la ayudó a levantarse, compartieron una mirada y soltaron una carcajada.
—¿Estás bien? —preguntó Harry limpiándose las lágrimas que brotaron en sus ojos.
—Creo que arruiné el momento—contestó con las mejillas encendidas de la vergüenza.
—Sólo es una pequeña pausa—le susurró al oído mientras retomaba los besos en el cuello. —Aunque esta vez yo iré arriba para evitar accidentes—agregó con una sonrisa coqueta. Hermione le dio un pequeño golpe en el hombro y entre risas comenzó a besarlo una vez más. Ella sabía que esa noche era la noche.
…
—No puedo creer que esa sea una herida de sexo, pensé que eras la reina de lo vainilla—exclamó Alama con una calada a su cigarrillo.
—Baja la voz, estamos en la escuela por amor a Merlín—contestó Hermione apenada. No podía creer que estaba contándole a alguien sobre anoche. Normalmente ella era muy reservada respecto a su vida sexual, pero tenía que hablar con alguien sobre eso, con urgencia.
—¿Amor a quién? —preguntó confundida.
—Nada, nada, sólo deja de decir que es una herida sexual—cuchicheó Hermione por lo bajo. Esperaba que con el tono de voz que estaba utilizando su amiga se diera cuenta que era un asunto privado porque parecía que no lo había entendido la primera vez.
—Bueno, dejando de lado tus heridas sexuales ¿qué pasó? ¿fue bueno? ¿mágico? ¿Todo tu mundo dio un salto de alegría?
—Digamos que…—comenzó la castaña encogiéndose los hombros.
—Oh no ¿Estuvo tan mal? — espetó Alana sorprendida.
—No, no, bueno, no estuvo mal, o sea fue…diferente—confesó Hermione balbuceante.
—Amiga, si el diferente no viene seguido de algún comentario positivo simplemente no fue bueno—argumentó Alana moviendo la cabeza.
—No es que no fuera bueno, sólo que no hubo…
—¿Un orgasmo? —interrumpió su amiga.
—¿Puedes dejarme hablar? —estalló Hermione fastidiada. Estaba lo suficientemente apenada como para sobrellevar el tono juzgón de que su amiga estaba empleando.
—Disculpa, entonces dime qué pasó.
—Todo iba muy bien, después intenté ser sensual y sentarme sobre él, fue cuando nos dimos un cabezazo y bueno, fue lo suficientemente vergonzoso, pero la manera en la que lo resolvió fue sumamente excitante, digo, wow—contó Hermione. Ella jamás había explorado esa faceta de Harry y ese momento la dejó sorprendida.
—¿Entonces? —preguntó Alana.
—Lo retomamos donde lo dejamos y bueno, tú sabes, una cosa llevo a la otra y sucedió—contó la castaña con cierta vergüenza. La única vez que había hablado sobre sexo fue en una pijamada con Ginny y Luna después de varias cervezas de mantequilla. Jamás lo había hecho a plena luz del día.
—¿Yyyy?
—Las cosas simplemente no fluyeron entre los dos, terminamos y fue demasiado incómodo. Fui a dormir a mi cama.
—Ouch ¿no te gustó en lo absoluto? — continúo su amiga con el ceño fruncido.
—No es que no me gustara, sólo se sintió extraño. Hubo un momento en el que entendí que era Harry con el que estaba pasando todo eso y la simple idea me incomodo, ya no pude pensar o disfrutar ninguna otra cosa—explicó Hermione encendiendo otro cigarrillo.
—¿Se sintió incorrecto?
—Sólo me sentí incómoda.
—Amiga, lo siento mucho, sé que estabas esperando que realmente funcionara con él—exclamó Alana pasando su mano por el cabello de la castaña.
—¿Sabes que es raro? Ni siquiera había pensado que intentarlo con Harry iba a involucrar tener que acostarme con él—confesó Hermione desconcertada.
—Has tenido relaciones antes ¿no? — preguntó confundida.
—Sí, bueno, estuve comprometida en algún momento entonces sí.
—¿Estuviste qué? —interrumpió sorprendida.
—Oh, creo que omití esa parte de la historia—dijo Hermione avergonzada. Ella y su gran bocota.
—Lo hiciste. ¡Por dios, ibas a casarte! —gritó Alana. La castaña la mandó a callar de inmediato, no era algo que quisiera que saliera a la luz, tener un compromiso fallido a tan corta edad no era una des las cosas de las que se sintiera orgullosa.
—La única cosa que has hecho bien, no casarte con esa comadreja—interrumpió una voz con cierto tono de superioridad plenamente conocido.
—Estamos teniendo una conversación privada, Malfoy—le espetó la castaña molesta.
—La estás teniendo en un lugar público—contestó sarcásticamente. Hermione rodó los ojos y le dio un vistazo rápido al rubio. Se veía diferente, no vestía como siempre, llevaba solo unos jeans y una playera blanca con una chamarra de cuero café. Tenía unas ojeras gigantescas y los ojos hinchados, parecía que no había dormido en toda la noche.
— Vaya, luces terrible— criticó Hermione.
—¿Y qué me dices del cuerno morado que tienes en la cabeza, Granger? —bromeó Draco intentando desviar la atención de la evidente decadencia de su apariencia.
—¿Por qué se odian? ¿Acaso se gustan o algo así? —preguntó Alana antes de que la castaña pudiera contestarle algo. Los dos se miraron con incomodidad y negaron con la cabeza con expresiones de asco.
—Por dios, no— espetó Hermione con el mejor tono de desagrado del que fue capaz.
—No, en lo absoluto— contestó Draco después de ella. Aunque la imagen de sus piernas a la luz de la luna esa noche hace varios meses en su casa seguía con él. Aparecía de vez en cuando al pensar en ella. No se sentía orgulloso, pero no era algo que pudiera controlar.
—Sólo decía— exclamó Alana intentando cortar la tensión que se había formado entre ellos. —Llegaremos tarde a clase—agregó jalando a Hermione de la muñeca para salir de ahí. Draco las miró irse y encendió un cigarrillo.
—Pensé que no ibas a venir hoy—comentó Nate tocándole el hombro al rubio para llamar su atención.
—Necesitaba salir de mi departamento, todo se estaba volviendo muy deprimente—contestó.
—Me alegra que lo hayas hecho—agregó Nate. No le costaba mucho darse cuenta de que Draco no tenía muchas ganas de hablar en ese momento.
…
El profesor Evanson entró al salón poco después de los amigos. Dejó su portafolio y se sentó sobre el escritorio como era su costumbre. Hermione guardó sus cigarrillos en la mochila y sacó rápidamente su cuaderno, esta clase era una de sus favoritas aunque tuviera que compartirla con el rubio. Jamás se lo había dicho a nadie, pero más de una vez había considerado sus participaciones como adecuadas e incluso constructivas para la clase, él no le agradaba, pero no podía negar que tenerlo ahí hacia la clase mucho más interesante.
—Hoy tengo un anuncio importante—exclamó el profesor Evanson rompiendo el silencio que había envuelto el salón. —Cómo estamos a la mitad del semestre y me encanta que aprendan cosas con sus propias manos, tendremos una actividad diferente para completar la calificación—agregó.
Malfoy rodó los ojos, no necesitaba más preocupaciones en su vida en este momento como para tener que hacer algo más de lo que ya tenía para finalizar el semestre. Debía admitir que estar en una universidad muggle estaba siendo mucho más retador para él que sus estudios en Hogwarts. Aquí el no entendía el contexto de muchas cosas y jamás había crecido con muggles, por lo que cualquier referencia que todos tuvieran entendida con sólo mencionarla a él le tomaba un poco más de tiempo procesarla. Tenía que estudiar más duro, repasar más horas y zambullirse con mucha mayor frecuencia en el estudio. Era muy listo, pero no bastaba con eso ya que siempre tendría cierta desventaja frente a los muggles por no haber nacido entre ellos. La idea de que haber sido criado como un mago representara una desventaja en este lugar le revolvía el estómago del enojo cuando se detenía a pensarlo.
—Los dividiré en parejas y el trabajo consiste en elaborar un taller para acercas a las personas al arte. Ustedes pueden decidir a quiénes, cuántas personas y la manera en la que lo hacen, la única población que está prohibida es estudiantes universitarios que también estén en el rubro— explicó el profesor rebuscando en su portafolio por la lista de asistencia.
—¿Podemos elegir a nuestra pareja? —preguntó Alana alzando la mano mientras miraba a Hermione.
—No, en esta ocasión yo las asignaré—contestó el profesor mirando la lista. —Bueno, comencemos, la primera pareja es Hermione Granger y Draco Malfoy.
La castaña sintió como si hubiera recibido una cubetada de agua fría. No escuchó mucho de lo que pasó en toda la clase después de la noticia, ella estaba intentando procesar lo que acababa de oír. Volteó a ver a Malfoy para ver su reacción, pero el parecía demasiado absorto en sus pensamientos mientras garabateaba algo en su libreta, probablemente si ni quería había escuchado que les tocaría trabajar juntos por el resto del semestre. Cuando terminó la clase, Hermione estaba decidida a persuadir al profesor Evanson para cambiar de compañero, pero en cuanto la vio caminar al escritorio exclamó en voz alta:
—No hay cambios en las parejas que acabo de asignarles.
Hermione salió del salón hecha una furia directo al balcón para encender un cigarrillo para calmar sus nervios. Una cosa era verle en algunas clases y reuniones escolares con más personas alrededor de ellos, pero tener que trabajar uno a uno en un proyecto tan grande e importante para su calificación iba más allá de lo que la castaña quería tolerar. Sin mencionar lo incómodo que sería tener que decirle a Harry que Draco Malfoy se haría una compañía habitual entre ellos. Llegó al balcón, encendió su cigarrillo y trató de tranquilizarse.
—Oye, Granger— escuchó que mascullaron a su espalda, tomó un poco de aire y se dio la media vuelta.
—Malfoy—siseó. Todavía no había hecho las paces con la idea de trabajar con Malfoy como para verlo justo en ese momento.
—Con que trabajaremos juntos— exclamó Malfoy con una sonrisa burlona.
—No tengo intenciones de trabajar ser tu equipo, puede que ya no te odie, pero eso no quiere decir que esté dispuesta a pasar más tiempo contigo del estrictamente necesario.
—Realmente no quieres trabajar conmigo ¿verdad?
—No, no quiero —espetó Hermione de mal humor.
—Qué mala suerte, porque vengo de decirle al profesor Evanson lo emocionado que estoy de trabajar contigo—contestó Malfoy con un tono burlón en su voz.
—¿Hiciste qué? —preguntó sorprendida.
—Exacto, no iba a perderme la oportunidad de hacerte la vida miserable desde cerca—dijo Draco apagando su cigarrillo con la suela de su zapato. —Buena suerte, Granger—agregó antes de darse media vuelta. Hermione masculló para sí todas las maldiciones que conocía antes de encender otro cigarrillo. Esto iba a ser difícil por donde sea que lo viera.
