— ¿Podrías decirme por qué estamos asistiendo a la escuela Grace Field en vez del instituto de tu tío, Lambda? — Norman soltó una risa, haciéndolo fruncir el ceño, irritado —. No me digas, ¿Es por el tatuaje que apareció en tu muñeca está mañana que solicitaste un cambio inmediato aquí? ¿En serio, Norman?

Norman lo miró con fingida ofensa —. Oh vamos Ray, ¿No te da curiosidad el estudiar aquí?

— Norman, tú no viniste a estudiar aquí. Viniste a ver a tu alma gemela porque...

— ¿No has pensado que tal vez en este instituto, la encuentres finalmente? — aquello lo dejó callado, al mismo tiempo que apartó la mirada. Norman sonrió comprensivo —. Sé que aunque no lo digas, te preocupa no hallarla. Podrás esconderlo de los demás, pero de tus padres y de mí, no.

Suspiró.

Era cierto que a su edad de 12 años, en su pecho, a la altura de su corazón, el tatuaje de una luna había aparecido. El dibujo le había encantado y, sentía que le representaba perfectamente; sin embargo, ninguna de las personas que veía, parecían tener el mismo tatuaje o que fuese similar al suyo.

Casi siempre eran flores, algún animal, corazones, constelaciones y otros dibujos. Pero, ninguna luna similar o parecida a la suya. En síntesis, estaba solo.

Y justamente cuando se había resignado, Norman lo arrastraba en sus planes, trasladándose a otra escuela. Nuevamente suspiró, y justamente cuando estaba por ponerse los auriculares para escuchar algo de música, en lo que iban a la dirección para saber cuáles serían sus horarios y clases, alguien pasó por su lado, rozando su hombro.

Iba a restarle importancia, cuando sintió que su tatuaje cosquilleó. Abrió los ojos de par en par, ¿Podría ser qué...?

— ¿Ray? ¿Ray, estás bien? — preguntó Norman, al verlo pararse de golpe, y voltear hacia atrás.

— La encontré — susurró, aunque Norman no logró escucharlo bien.

— ¿Eh?

— Norman, creo que... Creo que la encontré — en sus amatistas existía un brillo de esperanza y emoción, y un vago amago de sonrisa —. Finalmente, después de 3 años, la encontré.

Su alma gemela estaba aquí.

Norman sonrió, contagiándose de su entusiasmo—. ¿De verdad? ¿La viste o algo así?

— Sólo... Sólo sentí que mi tatuaje cosquilleó, pero no pude verla... — volteó a ver a su alrededor y luego a su amigo, ansioso —. No sé qué hacer Norman... ¿Y si no le agrado? ¿Y si...?

— Estoy seguro de que ella te ha estado esperando todo este tiempo — le aseguró, poniendo ambas manos en sus hombros y dándoles un ligero apretón, sonriendo —. Ella no te rechazará, pero eso sí; debes encontrarla y acercarte a ella, conocerla.

Ray asintió, serio.

Finalmente que la había encontrado, no le dejaría ir. Definitivamente, no lo haría.

— Venga, vamos a la dirección para saber en qué clases iremos. Tal vez y te toque en la misma que ella — sonrió divertido, ruborizándolo.

— ¡Norman!