¡Holaaaaaa! Perdonen, en serio. Sé que me tardé mucho más de lo habitual en traerles el nuevo capítulo. Pasa que estuve de vacaciones, y eso retrasó todo. Además, estuve trabajando en otro proyecto que traeré pronto. A muchos sé que les gustará c:
Pero aquí está el nuevo cap. ¡Espero que lo disfruten! El capítulo que sigue... ¡NACE MOROHA!
MUCHAS GRACIAS A TODOS MIS PRECIOSOS LECTORES! Los amo mucho y cada review suya es una caricia a mi corazón... ¡GRACIAAAAAAS!
Les aviso que pueden agregarme en Facebook si gustan. Ahí aviso cuándo subo el capítulo, o si me voy a tardar un poco. Será un placer tener a mis lectores allí. Pueden encontrarme como Iseul Morningstar.
Ocho y Nueve: inquietudes.
–¿Ya te sientes mejor? –inquirió el hanyou de ojos dorados con signos de preocupación, aunque manteniendo la actitud serena.
La sacerdotisa dejó ir todo el cansancio y las molestias en un poderoso suspiro mientras las aguas termales en las que estaba sumergida calmaban cada centímetro de su exhausto cuerpo. La ligera brisa matutina acariciaba sus sonrojadas mejillas, y el sonido de los pájaros sobrevolando encima de ambos le transmitía la paz que justo estaba necesitando. Al sol le costaba entregar su luz debido a la gran cantidad de gruesos árboles que los rodeaban, pero aún así, podían sentir su calidez.
–Mucho mejor… –cerró sus ojos, extasiada, hundiendo todo lo que le quedaba de su cuello hasta la nariz dentro del agua. Su esposo se encontraba en la orilla, aunque casi pegado a ella, y la observaba relajarse.
Cada mes se hacía más difícil la situación, y este último definitivamente no fue la excepción. El nacimiento de su bebé estaba cada vez más cerca, y eso podía notarse tanto física como mentalmente. Esa espera causaba muchas ansias, felicidad, emoción… pero también molestias, cansancio, dolor, miedos e incertidumbre. La joven del futuro tenía muchos problemas para dormir, inhabilitada para encontrar una posición que le permitiera descansar. Se pasaba el día entero cansada por la falta de sueño, y su estado le estaba pasando factura. Debido al peso de su propio vientre, su espalda sufría de dolores constantes. Y todo esto le sucedía también por ser terca, porque Inuyasha se las pasaba pidiéndole que reposara, que dejase de andar de aquí para allá, que él se encargaría de todo, pero la señorita no daba brazo a torcer.
Su cuerpo pedía a gritos unas vacaciones, relajarse, sentirse en paz. El híbrido propuso llevarla a las aguas termales tras verla muy agotada y adolorida, y allí estaban.
–¿Sucede algo, Inuyasha? Te noto algo inquieto. –expresó la miko, dirigiendo su curiosa pero alarmada mirada hacia su esposo. Lo sentía bastante callado. Además, ella ya conocía al dedillo cada inquietud que se asomara por su rostro.
–Sí, yo… –suspiró. –Solo no me gusta verte mal. Llevas semanas así y no estoy acostumbrado… –contestó al borde del susurro, evitando los orbes de la joven. Comunicar lo que sentía nunca fue tarea fácil, pero tampoco quería agregarle preocupaciones a su mujer.
La sacerdotisa sonrió con su particular dulzura de siempre y colocó una de sus húmedas manos sobre la mejilla del hanyou. –Lo sé, Inuyasha. Pero falta menos de un mes para que nazca nuestro bebé. Es totalmente normal que me sienta así. –explicó con calma, con intenciones de dejarlo tranquilo. Sabía lo mucho que el medio-demonio se preocupaba por ella, sobretodo en este último tiempo. Ocho meses ya, estaban en la recta final.
–Lo sé… –suspiró, liberando una queja.
No quería verla mal, no quería verla sufrir, y sabía que el final de este proceso iba a ser muy doloroso para ella. Necesitaba mentalizarse para eso y, si era necesario, oir una y otra vez de su boca que esto era algo normal.
–Ya, no te preocupes. Hazme unos masajes mejor. –pidió la miko con un tono más bromista y relajado.
A regañadientes por fuera, pero totalmente dispuesto por dentro, el híbrido empezó a propiciarle los masajes. Haría lo que fuera por aliviar aunque sea un poco de sus molestias… después de todo, era ella quien iba a traer al mundo a su preciado regalo.
9 meses…
La pareja del medio-demonio y la sacerdotisa ya se encontraba en la época en la que su bebé podía nacer en cualquier momento. Solo les tocaba esperar, y aunque ambos estaban ansiosos, emocionados y temerosos, era Kagome quien últimamente se sentía como si estuviera en crisis. La madrugada había llegado hace rato, pero el insomnio aún la tenía prisionera.
Recostada en el futón a la par de su durmiente esposo, la miko no hacía más que mantener sus cansados y pesados ojos chocolate puestos en el techo. Algunas gotas de sudor reposaban en su frente, lo que la obligó a destaparse y a deshacerse de un poco de la ropa con la que pretendía dormir. Se dejó solo una especie de kimono blanco y corto que no llegaba a cerrarse debido a la gran curvatura de su vientre, así que parte del mismo se encontraba expuesto. Esto era bueno, ya que se sentía más fresca. Pero ni aun así iba a poder conciliar el sueño.
No era capaz de pensar en otra cosa que no sea el inminente nacimiento de su primer hijo o hija, llenándola de dudas y temor acerca de dar a luz y la maternidad en sí. ¿Sería lo suficientemente fuerte como para afrontarlo todo? ¿Realmente era lo suficientemente capaz para proteger a su hijo o hija? No saber qué respuesta dar ante eso la aterraba y le quitaba las ganas de dormir. Además, algunos dolores ya habían comenzado a aparecer, además de que el bebé elegía las noches para patear sin cesar, demostrando lo listo que estaba para ver el mundo. Todo eso formaba un combo de insomnio inevitable.
Se tomó unos segundos para observar al hanyou. Lucía tan tranquilo, a pesar de que se pasaba el día entero cuidándola, siguiéndola y regañándola. Pensaba en lo mucho que lo necesitaba, y en que no habría sido capaz de atravesar todo este camino sin él. Estaba tan agradecida de tenerlo a su lado, aunque en estos momentos envidiara su capacidad para dormir.
En un intento de buscar otra posición para ver si podía descansar, Kagome lo despertó sin querer.
–Oh, perdóname, no quise... –se disculpó en voz baja, luciendo una expresión avergonzada.
Inuyasha se desperezó y dirigió su somnolienta mirada hacia su esposa. –Kagome… ¿Qué haces despierta? –preguntó con un ligero tono de queja mientras se despabilaba.
–Lo siento, no puedo dormir. –contestó. –El bebé no deja de patear y estoy muy acalorada. –explicó, un tanto apenada. Sabía que a Inuyasha no le gustaba que no durmiera, pero algunas veces no había forma de hacerlo.
El medio-demonio la observó por unos instantes. –¿Segura que es solo eso? Usualmente no puedes dormir cuando estás preocupada por algo. –algo más había en el rostro de la sacerdotisa que explicaba su desvelo, y necesitaba saber qué.
–Bueno… sí estoy preocupada. –suspiró y colocó una de sus manos sobre su vientre. –No dejo de pensar en que nuestro bebé nacerá en cualquier momento y… tengo miedo.
–¿A qué le temes?
–A no saber qué hacer. ¿Y si no soy lo suficientemente fuerte? Y si una vez que esté en mis brazos… ¿No soy capaz de protegerlo como se debe? Yo- –comenzó a desbordarse, pronunciando cada palabra muy alterada.
–Kagome. –la interrumpió tajante, colocando dulcemente sus manos sobre los hombros de la sacerdotisa. –Tranquila. No tienes por qué temer. –expresó confiado. –Yo voy a estar a tu lado cada segundo ese día y todos los que le sigan.
–¿Qué dices? No te dejarán estar a mi lado ese día. Esa es una de las cosas que más me aterra. –era consciente que ni Sango, ni Rin, ni ninguna mujer de la aldea que alguna vez dio a luz lo hizo al lado de su compañero. Era costumbre que ellos esperaran afuera a ser llamados una vez que el bebé naciera. Lo entendía, pero le aterraba. Deseaba que Inuyasha estuviese acompañándola.
–Olvídate de eso. No voy a dejarte sola, menos en un momento como ese. –sentenció. –Voy a estar ahí, ya verás.
Los ojos chocolate de la joven comenzaron a emitir cierto brillo particular tras escuchar esas palabras. El miedo, poco a poco, empezaba a disiparse.
–Y serás fuerte, porque siempre lo has sido. Y serás una gran madre, de eso no tengo dudas.
–¿Lo dices en serio?
–Claro que sí. Te conozco, sé lo que estoy diciendo.
La ansiedad en el corazón de Kagome empezó a disminuir, y aires de tranquilidad comenzaron a invadirla. Él siempre encontraba las palabras para salvarla de sus propios pensamientos. Y, con lo hormonal que estaba, no pudo evitar soltar algunas pequeñas lágrimas.
–Inuyasha… –pronunció con la voz quebrada mientras se perdía en sus orbes doradas. Si el amor de su vida pensaba esas cosas de ella, entonces no había razón para estar cuestionándose a sí misma. –Gracias…
–No tienes que agradecerme nada, tonta. –el peliplata limpió con delicadeza las lágrimas de las mejillas de Kagome. –Ven, intenta dormir. –se recostó nuevamente sobre el futón y estiró su brazo, invitándola a acurrucarse con él. La joven asintió y se acomodó junto a su esposo, pero al segundo sintió una fuerte patada en su interior.
–¡Ouch! –se quejó, llevando su mano a su vientre nuevamente. Inuyasha la miró alarmado. –Quizás, si le hablas, se calme un poco… ¿No crees? –propuso la sacerdotisa.
No era algo que hiciera muy habitualmente, ya que se sentía un tanto incómodo, pero en su interior lo disfrutaba mucho. Sonrojado y con cierta timidez, se acercó al vientre donde su bebé crecía y colocó una de sus manos sobre este.
–Tu mamá necesita dormir. ¿Sí? Pronto te tendremos con nosotros y podrás jugar todo lo que quieras. –expresó con delicadeza, casi murmurando, mientras la miko observaba la escena invadida por la ternura.
–Parece que funcionó… –festejó la joven, luego de que transcurrieran algunos minutos de paz. Entonces, se acurrucó con el hanyou y se dispuso a intentar descansar.
.–.–.–.–.–.
Unos días más tarde, el sol golpeaba fuerte en el Sengoku, otorgando una tarde calurosa. La pareja se resguardaba en su hogar, pero la situación estaba un poco complicada. La sacerdotisa se encontraba adolorida, recostada sobre el futón. Al parecer, algunas contracciones ya habían aparecido. El medio-demonio de ojos dorados lucía bastante alterado.
–¿Segura que no debo llamar a Kaede o a Sango? –cuestionó ofuscado, intentando ocultar bajo esa fachada de malhumor toda la preocupación y el temor que lo estaban invadiendo.
–Segura, aún no es tiempo. –suspiró e inspiró nuevamente. –Es probable que esté varios días así.
Maldición.
Inuyasha odiaba que ella sintiera dolor, y peor aun, que él no pudiera hacer nada para evitarlo.
–¿Podrías traerme algo fresco para comer? Quizá eso me alivie un poco. –pidió amablemente la joven azabache.
–Claro… –el híbrido salió de la cabaña para ir en busca de una manzana del árbol.
Aprovechando la soledad, Kagome se puso de pie, aunque con bastante esfuerzo, para buscar un paño con el que pudiera limpiar el sudor de su frente. Pero al observar el futón, pudo notar algo mojado sobre las sábanas. En ese mismo instante, miró hacia abajo y se dio cuenta que toda la zona de sus partes íntimas se encontraba mojada, tanto que goteaba hasta mojar el suelo. Entonces, lo supo.
–¡INUYASHA!
Al escuchar su grito, corrió rápidamente de vuelta hacia la cabaña sin pensarlo dos veces. Al entrar, se topó con la situación.
–Kago…
–Inuyasha, es hora.
AAAAAAAAAAAAAAAAA es hora. Necesito que estén todos en el próximo capítulo... NACE MOROHA AAAAAA! Admito que tengo miedo de escribir ese capítulo, por temor a que no quede como lo imagino, pero voy a poner todo mi corazón ahí, se los aseguro.
Sé que es ultra probable que Inuyasha haya esperado afuera en el nacimiento de Moroha, PERO, esta es mí historia (?) Y a mí la idea de que esté afuera no me gusta. Por cómo es mi hanyou, estoy segura que no aguantaría escucharla sufrir desde afuera y que querría como loco estar a su lado. Además, a él le importan un rábano las reglas, ¿no? Así que... ya se van imaginando cómo será el prox capítulo c:
Confieso que... por cómo Sunrise nos muestra los hechos, NO QUIERO, POR NADA EN EL MUNDO, que nos muestren el nacimiento de Moroha. A pesar de que es un deseo mío y de muchos, siento que Sunrise nos daría una versión horrible de él, y no quiero. Prefiero quedarme con la versión que existe en mi mente, y ya. No sé qué piensan ustedes :0 yo estoy bastante desilusionada de cómo muestran algunas cosas...
De hecho, también me tardé en escribir el capítulo porque no sabía qué hacer. Quedé medio payasito con los sucesos de Yashahime y los que planteé aquí... entonces no sé... Estoy pensando en modificar algunos capítulos anteriores para que concuerden con los sucesos de Yashahime. ¿Qué piensan de eso? Aunque también pensé que, a fin de cuentas, esta es mi historia, y no tendría por qué incluir eso. Lo digo porque no hago que Inuyasha o Kagome mencionen en algún momento que se tienen que separar de hija, o que Rin tuvo a las gemelas mucho antes, o lo de que ya sabían que tenían que ocultar a Moroha, etc. ¿Qué piensan? Yo no sé qué hacer :c
Respondiendo a usuarios no registrados:
Nechan uwu: Lo sé, es muy triste eso :c Pero muchas gracias por tu review! Qué bueno que te esté gustando esta historia :3
Gissel Camacho: ¡Hola, preciosa! MUCHAS gracias por tu hermosa review :3 Me siento muy feliz de que te guste esta historia! Yo AMO hacer historias en el Sengoku, o mejor dicho, en el universo canon :) No soy muy fan de los AU, aunque leí algunos que me encantaron, así que te entiendo. Por mi parte, la mayoría de mis historias serán en el universo original c: En mis historias favoritas hay muchas que son así, por si quieres buscar ahí y leer c: ¡Muchas gracias!
Manu: ¡Hola! Muchas gracias por tu review :) Sí sabía que Ayame no era canon, aunque supongo que eso cambió ahora que está en Yashahime. Es cierto que no tienen una relación construida, pero bueno jajaj. De Ranma 1/2, me gustan Ranma y Akane, por supuesto. Aún no vi Miraculous. Yyyy en el próximo capi viene el nacimiento de Moroha :3
Connie: ¡Muchas graciaaaas! Qué lindo que me digas eso, muchas gracias :3
Tereyasha Mooz: Holaaaaa hermosa! Muchas gracias, siempre son hermosas tus reviews. Yo quedé algo desilusionada con el capítulo... pero sí me quedo con las partes bellas que tuvo, como la de Kagome que mencionas, QUÉ AMOR, AMÉ ESO. Es tan preciosa aaaaaaaa lloro :'( Y me encantó Rin... solo que sentí la interacción de Sesshomaru con ella demasiado fría :'c En fin... cuídate mucho Y MUCHAS GRACIAS!
Carolina: Awwww muchas gracias, preciosa!
Anyeli: Corazóooon discúlpame :c Sé que me tardé mucho, lo siento :c Pero aquí está! Espero que te haya gustado y muchas gracias por leerme! :3
Con amor, Iseul.
