CAPÍTULO 11

Sakura miraba a su esposo ser consentido por Eva y Katy, mientras él miraba a Naruto ser consentido por Lara. «Estoy rodeada de salvajes», pensó, y estiró el brazo para acariciar el cabello del que consideraba su hermano.

―¡Sakura! ―gritó Sasuke―, si tanto quieres consentir a alguien, aquí estoy yo para que lo hagas. Saku lo miró y frunció el ceño. No tenía ningún derecho a exigirle algo, y menos de esa manera; y aunque Naruto reaccionó de la misma forma, cuando creyó descubrir que entre los dos había algo, no era excusa para partirle la cara al chico, por haberlo encontrado con Lara en la cama.

Naruto era un universitario, auxiliar de vicepresidencia de UchihaWorld; y Sasuke era un hombre de negocios, presidente de dicha compañía. Solo por ese motivo, tenía que dar el ejemplo y guardar la compostura. Retiró la mano, mas no se movió de su lugar.

―Sasuke, por favor ―rogó Lara. Naruto ya había recibido un discurso sobre cómo ser un buen novio, y evitar morir en el proceso, de parte de Jonathan, y otro, mucho más corto, sobre los daños cerebrales que podía ocasionar un fuerte bastonazo. Sophia en cambio, le expresó lo feliz que estaba con la relación, y que por encima de todos, los apoyaba en su totalidad.

―Yo creo que lo mejor es que nos vayamos ya ―comentó Saku, poniéndose de pie―. No quiero que cuando mi hijo crezca, crea que su padre y su tío tienen algún tipo de deformidad facial.

―No pienso irme y dejarlo a él… ―dijo, señalando a Naruto―, solo con mi hermana en esta casa.

―Sasuke, ¡ellos son novios! ―exclamó Sakura, agitando los brazos―. ¿Qué pretendes? ¿Enviarla a un convento?, ¿a un internado? ¡Por el amor de Dios! Lara ya es una mujer. Es incluso mayor que yo. ¡Abre los ojos de una puta vez! Tienes la cara vuelta mierda, Daniel también. ¿Es que no te has visto en un espejo? ¿Qué esperas, Sasuke?, ¿quedarte a cuidar la virginidad ya difunta de tu hermana? Sasuke frunció el ceño y apretó la mandíbula. Se puso en pie y miró a su hermana.

―Una llamada, Lara. Una sola llamada tuya y me tendrás aquí, dejándote sin novio, en un abrir y cerrar de ojos.

―Eso… ―¡Naruto! ―interrumpió Sakura, mirándolo de forma amenazadora. El chico frunció los labios y se recostó de nuevo en el sillón, apretando más la cintura de su novia. Sakura caminó hacia la puerta de la sala de recibo, donde se encontraban, y asomó la cabeza.

―Lissa, toma el paquete de revistas, y dile a Becca y a Dacre que nos vamos. ―Se giró y miró a los presentes en la sala―. Eva, Lara, nos vemos después. Daniel, compórtate, por favor. Katy, nos vamos. Y tú ―dijo señalando a Sasuke―, ven conmigo, ahora.

Sasuke refunfuñó, aunque la siguió. Cuando llegaron a donde los autos de él y de ella se encontraban estacionados, Dacre la esperaba al lado de Lissa y Becca. ―Ya es casi mediodía, ¿te irás a la oficina? ―preguntó Saku.

―Ya se me quitaron las ganas de trabajar. Es sábado y quiero estar a tu lado. Saku reprimió una sonrisa, para no darle a entender que ella también lo deseaba. Estaba muy molesta con él, y lo que menos le convenía era darle alas.

―Muy bien. Katy, ve con ellos, yo me iré con Sasuke en su auto. La mujer asintió y se acercó a

Sasuke, para darle un suave beso en la frente. ―No le discutas a tu esposa, que ella tiene toda la razón. Sasuke asintió, y se dirigió a su auto para abrirle la puerta a Saku. En todo el camino de regreso a Gillemot Hall, Saku no pronunció palabra. Sasuke por momentos giraba la cabeza para mirarla, esperando alguna buena señal que no apareció. Al llegar a su destino, Saku saludó a los perros, que dos chicos mantenían sujetos para que no se abalanzaran sobre ella, se dirigió a su habitación, y al entrar, comenzó a desvestirse.

―Nena, yo…

―Recuéstate en la cama o en el sillón, y trata de no hablar. Tu rostro se hinchará aún más, y lo mejor es que guardes reposo. Sasuke eligió el sillón.

―Ven ―pidió, extendiendo la mano hacia ella. Saku lo ignoró por unos segundos, mientras terminaba de quitarse la ropa, quedando solo en las bragas. Cuando escuchó de nuevo la petición de su marido, con más súplica que la vez anterior, no pudo evitar complacerlo. Se acercó a él y se sentó en sus piernas. Él la abrazó y la acurrucó contra su pecho.

―Mira nada más ―dijo Saku, tocándole la cara con cuidado―. Ya se están oscureciendo y abultando ciertas zonas. ―Me duele. Saku suspiró. ―En una de esas tu rostro no se recupera, y quedas deforme de por vida.

―Entonces, ¿ya no me amarás? ―preguntó Sasuke, con lo que pareció un sentimiento de temor.

―Te amaré así parezcas un monstruo. Lo que no quiero es que sufras este tipo de dolor, que ni vale la pena. Déjame pedirle a Nani algún ungüento. Saku llamó por el intercomunicador, se colocó una bata, y salió al vestíbulo a recibir a Lissa, que apareció con un tarro de barro con una espesa crema verde dentro, que tenía un fuerte olor a hierbas.

―Es de caléndula, lavanda, y no sé qué otras plantas más ―explicó a Sasuke, sentándose de nuevo en sus piernas. Untó el preparado en todo el rostro de su esposo, con movimientos suaves.

―Quítate la bata. Verte desnuda me sosiega. Saku arqueó una ceja. ―Lo que menos mereces ahora es que te complazca ―dijo, y aun así lo hizo, y se acomodó de nuevo en sus piernas, dejando el tarro a un lado―.

Deberías tomarte un par de días. Para el lunes tu rostro estará peor, aunque al menos ya estará más decente el miércoles. ―No. Tengo mucho trabajo y no puedo hacerlo desde aquí. Tengo reuniones pendientes, y evito hacerlas por internet. Prefiero verlos a la cara y que me vean. Saku recostó la cabeza en el hombro de Sasuke, y comenzó a jugar con su camisa.

―Naruto cuidará de ella. Es un buen hombre, y si está con Lara es porque la quiere. Te lo aseguro.

―Tú lo sabías, ¿no es así? ―preguntó Sasuke, frunciendo el ceño.

―Tenía mis sospechas. Naruto me lo confirmó hace algunas semanas. ―Eso es lo que más me enfurece. Que todos lo sabían menos yo ―gruñó Sasuke―. Tú eres mi esposa, debiste decírmelo.

―Sasuke, eso no era asunto mío. Sí, se trata de dos personas que me importan, y aun así eso no me da el derecho a decidir por ellos, sobre cuándo lo dan a conocer y cuándo no. ―Pero se trata de mi hermana. ¡Maldición, Sakura! Saku hizo el intento de levantarse, al percatarse de la rabia en la voz de Sasuke. Él, al adivinar sus intenciones, la aferró con fuerza.

―Lo siento, nena. Es que esto me está matando. ―No debiste actuar así. ―Te recuerdo que Narruto actuó de la misma forma, cuando se enteró de lo nuestro en la oficina de vicepresidencia.

―Antes que todo, él tampoco debió actuar así, y segundo, en ese momento nosotros no teníamos nada. Sasuke le brindó una sonrisa ladeada y morada.

―Eso es lo que tú crees. Tú y yo estamos juntos desde el día en que nos conocimos. Que tu terquedad y obstinación no te permitían aceptarlo, es otro asunto. Sakura lo miró por unos segundos y suspiró. Él tenía razón… en parte. Había sido suya desde el día en que sus miradas se cruzaron, aunque no como él lo percibía, sino de un modo mucho más profundo.

―Siempre has sido mía, Sakura ―declaró, mirándola con intensidad, con sus ojos de un color gris oscuro―. Desde hace siglos lo eres. ¿Lo recuerdas? En sus ojos Saku pudo notar quién le hablaba en realidad, por lo que le sonrió, y le dio un suave beso en los labios.

―Claro que lo recuerdo, mi amor, y me hace muy feliz. Sasuke atinó a sonreír solo por un segundo, porque al instante su mirada se ensombreció.

―Te prometo, amada mía, que esta vez será diferente. Ella no podrá separarnos. Un estremecimiento recorrió el cuerpo de Sakura, y enmudeció. Él recordaba también la existencia de esa mujer, y por la forma como lo había dicho, era consciente de que ya no se encontraban en la época pasada, y que en el presente de los dos, ella seguía siendo un peligro. Al afirmar que «ella no podrá separarnos» confirmaba que esa mujer existía, y que trataba de hacerles daño, solo que él no lo permitiría.

«Si tan solo confiaras en mí y me dijeras quién es ella, los dos podríamos luchar juntos en su contra», pensó Sakura con desesperación.

―Déjame ayudarte ―susurró. ―No. No te quiero cerca de ella ―respondió Sasuke, rotundo. En ese instante él parpadeó varias veces, y sus ojos volvieron a ser azules; miró a la chica en sus brazos y bostezó.

―Nena, me muero de hambre. Toda esta sorpresita me ha dejado fatigado. ¿Qué quieres almorzar? Sakura bajó la cabeza y la apoyó de nuevo en el pecho de su esposo, al tiempo que suspiraba suavemente, para tratar de reprimir las lágrimas. Ni Kopján ni Sasuke le dirían una palabra sobre ella.

―Lo que hayan preparado. No tengo mucha hambre. Sasuke asintió, y se levantó con ella en brazos, haciendo una mueca de dolor, a causa del golpe en las costillas, la colocó en la cama, y llamó por el intercomunicador, para que les subieran el almuerzo.

En el transcurso de la semana siguiente, Sakura se enteró de que Jonathan le repitió el mismo discurso a Naruto, en persona.

―Eres un buen muchacho, Naruto, lo sé. Tienes un futuro prometedor, y harás muy feliz a Lara, así como también sé que no hay mejor hombre para ella; sin embargo, por si llegas a hacer acopio de tu parte humana y tener algún fallo, por mínimo que sea, te recuerdo que yo, aquí en el Reino Unido, soy un empresario prominente, y tú un simple estudiante americano. Nadie te buscará, y a mí nadie me acusará. ¿Entendido? Sakura había reído a carcajadas sin poder evitarlo, cuando Daniel le repitió las mismas palabras de su, ahora, suegro en común.

―¡Ya te casaron y ni cuenta te diste!

―A mí no me causó ninguna gracia mientras me lo decía ―refunfuñó Naruto desde el otro lado de la línea―. Y yo la amo, es cierto, quiero pasar mi vida a su lado, pero ahora no puedo ofrecerle nada, Sakura. Mi salario me alcanza para mantenerme, y poder invitarla a salir a lugares decentes, mas no para que vivamos juntos. Ella está acostumbrada a lujos que yo ahora, como estudiante y auxiliar, no puedo brindarle.

―De todas formas, no tienes que casarte de inmediato. No tienen porqué apresurarse. Vivan el noviazgo, disfrútenlo, y cuando termines tu carrera y tengas un empleo estable, podrás vivir con ella.

―Eso es demasiado tiempo. Apenas llevo un par de noches sin estar con ella, y ya estoy desesperado. Sakura rio de nuevo. ―Nada más te pido que tengas cuidado, otra golpiza no te haría bien.

Días después, Eva le comentó a Sakura, sobre la orden que Sasuke dio a todos los vigilantes, de que cada vez que Naruto saliera del edificio, o que Lara ingresara en él, le avisaran. También, que ordenó a los guardaespaldas de ella que le informaran si iban juntos a algún lugar sospechoso, como un hotel o el apartamento del chico.

Con lo que no contó, fue con que Sophia ya se había imaginado que su hijo y su marido harían algo así, por lo que se les anticipó, y les indicó que aceptaran las órdenes de ellos, mas no que las acataran. Los dos hombres podían ser amenazantes, pero Sophia lo era todavía más.

Muchas veces, Sasuke llegaba con un genio de los mil demonios, pues su hermana había ido a la compañía, y no precisamente a visitarlo a él. Sakura hacía todo lo posible por calmarlo, y siempre lo conseguía, unas veces solo con besos y caricias, y otras con acciones más íntimas; a ella le gustaba cualquiera de las dos. Un viernes, en el que todo parecía calmado ―pues Naruto se hallaba tan ocupado por la ausencia de Kendal, que ese fin de semana no tendría tiempo ni para comer―, Sasuke decidió que esa noche comenzaría a explorar otra parte de la anatomía de su mujer.

Como recuerdo físico de la fuerte disputa, únicamente le quedaban unas pequeñas zonas amarillentas, pues la hinchazón había cedido rápidamente, gracias al remedio de Nani. Solo con entrar en la habitación, y verla caminar desnuda, saliendo del cuarto de baño, sintió deseos de abalanzarse sobre ella. La deseaba con todas sus fuerzas.

Cada movimiento que ella hacía era una incitación involuntaria. Su vientre abultado lo enloquecía, y se juró que tendría todos los hijos que Dios le enviara, con tal de tenerla el mayor tiempo posible así, embarazada. Se sentó en el sillón, y cuando la vio tomar el pijama para colocárselo, la detuvo.

―No tiene sentido que te vistas, si en unos minutos volverás a estar desnuda. Sakura se giró y lo miró. Se veía imponente en el sillón de cuero, y completamente vestido, tal como había llegado de la oficina. Sintió cómo su entrepierna se humedeció, y soltó al instante la prenda. Sasuke era hermoso, masculino, sexi, y era todo suyo. «Mío». ―Acércate. La chica arqueó una ceja por el tono en el que lo dijo. Fue una orden, sin duda, pero dada de forma sensual.

―¿No crees que estoy demasiado gorda, como para que quieras jugar al amo conmigo? Tengo entendido que eso se hace con mujeres con cuerpos esculturales. ―Sakura… ―Su nombre fue pronunciado como un jadeo, y ella tuvo que apretar las piernas―, tu cuerpo es perfecto para mí; me encantas tal como eres. Y no estoy jugando a nada, solo te estoy pidiendo que te acerques.

Sakura sonrió con coquetería, y avanzó hacia él a paso lento. Le gustaba saber que Sasuke la deseaba, incluso estando tan abultada. Se situó frente a él, con su braga de dormir puesta, una tan vieja que el elástico casi no le servía. Era su favorita porque era cómoda.

―Date la vuelta. Así lo hizo, y sintió las manos de Sasuke tomar la prenda, y bajarla por sus piernas. Él podía romperla fácilmente, y si no lo hacía, era porque sabía que a ella le gustaba usarla; además de que el dinero no podía comprar algo así. Cuando estuvo desnuda, intentó girarse, y él se lo impidió.

―Me gusta tu trasero ―comentó Sasuke, recostándose de nuevo contra el espaldar―. Tus nalgas son perfectas, la manera en que se mueven cuando te tomo desde atrás… es delicioso de ver. Pero estoy seguro que más delicioso sería ver mi pene entrando y saliendo de ellas. Sakura jadeó, y se giró para mirarlo.

―¡Quieta! ―ordenó Sasuke, y ella volvió a su posición original. Esas palabras la tenían excitada y algo asustada. Temía que le llegara a doler, aunque el solo pensar en que su esposo la tomara por ahí, la hacía mojarse aún más.

Quería que lo hiciera. Esa sería su forma de entrega total al hombre que tanto amaba. En un momento de valentía y sensualidad, se separó las nalgas con las manos, agradeciendo que él no estuviera viendo la expresión tímida en su rostro.

―Ya te lo he dicho antes, es tuyo, haz lo que quieras con él. El gruñido que Sasuke emitió, la hizo vibrar de placer, al tiempo que sus manos eran reemplazadas por las de él, y una húmeda y caliente lengua, recorría su abertura. Sakura gritó por la sorpresa, la vergüenza y el placer que sintió.

«¡Me lamió ahí!», pensó, y sintió su rostro calentarse, al igual que todo su cuerpo. Sasuke continuaba con su disfrute, y ella sentía que sus piernas fallarían en cualquier momento. Él, previéndolo, se levantó, la hizo girar para quedar de frente al sillón, y le indicó que se arrodillara en él y abriera las piernas.

―Apóyate en el espaldar, nena. Él se arrodilló en el suelo tras ella, y abriendo de nuevo las nalgas de la chica, siguió estimulándola con la lengua. La endurecía al pasarla por su ano, presionándola, buscando penetrarla. Sakura gemía y gemía, embargada por el cúmulo de sensaciones que esa sensual invasión le producía.

―Eres deliciosa, Sakura. Exquisita. En ese momento, Sakura escuchó a Sasuke escupir sobre el sensible lugar, para enseguida presionar con el dedo. Ese acto la hizo vibrar de placer. Se aferró con fuerza al espaldar del sillón, y se mordió el labio cuando el leve dolor de la intromisión comenzó. Sasuke lo hacía lento para no hacerle daño, y cuando lo introdujo del todo, comenzó a salir para volver a entrar, despacio. Sakura emitía pequeños quejidos combinados con gemidos, hasta que la molestia dio paso al goce, cuando Sasuke, sin sacar su dedo índice del ano de la chica, introdujo el dedo medio en el sexo anhelante de ella.

―No te detengas, por favor ―rogó Sakura, jadeando. Sasuke no pretendía hacerlo. Con la otra mano ahuecó su sexo, y con el pulgar, comenzó a estimularla en su parte más sensible, realizando círculos a su alrededor. Los gemidos de Sakura se incrementaban a cada movimiento, y cuando su cuerpo ya no pudo resistir más la estimulación, el orgasmo llegó a ella, arrasándola. Sasuke se retiró al instante, se desabrochó los pantalones, y sin desprenderse de alguna de sus prendas, liberó su miembro y entró en la chica por su sexo, a sabiendas de que su trasero aún no estaba preparado para recibirlo.

Recostó entonces su cuerpo a la espalda de Sakura, cuidando de no hacerle peso. ―La próxima vez será un vibrador, y lo dejaré dentro de tu culo, mientras te follo por tu delicioso coñito. La promesa dicha de esa forma, hizo que Sakura mordiera el cuero del sillón, y cerrara los ojos con fuerza, extasiada. Solo Sasuke podía hacer sonar sensual las palabras groseras; y sumado al hecho de que él estaba vestido, listo para ir a la oficina o a cualquier otro lugar, a diferencia de ella que se encontraba desnuda; la lujuria de Sakura iba en aumento.

Las embestidas de Sasuke se hicieron rápidas, al tiempo que el sonido de sus cuerpos chocando, se combinaba con sus gemidos y jadeos. El placer inundó los dos cuerpos, y estallaron en un orgasmo que los hizo gritar y estremecerse. Luego de que sus respiraciones se normalizaran, Sasuke llevó a Sakura a la cama, la aseó con una toalla, se desvistió y se acostó a su lado.

El martes de la siguiente semana, Jonathan, que junto con Joseph se hacía cargo de algunos asuntos de la vicepresidencia en ausencia de Kendal, recibió la orden de Sophia de darle a Naruto la tarde libre, en compensación por todo el trabajo realizado los días anteriores.

El chico aprovechó la oportunidad para llamar a Lara e invitarla a almorzar, de lo que Sasuke se enteró por boca de Priscilla ―quien estaba más amargada que nunca, al saber que sus tres posibles conquistas ya estaban comprometidas―, y no dudó en seguirlos. No fueron a un restaurante, sino que se dirigieron al apartamento de Naruto, y pidieron comida a domicilio. Luego de tres horas, todavía no habían salido, ni daban muestras de pretender hacerlo.

Sasuke llamó al celular de su hermana, y se enfureció más al encontrarlo apagado, lo mismo que el del novio de la chica. Sabía lo que estaban haciendo, y el recordar la escena que encontró en la habitación de su hermana, unas semanas antes, le hizo doler tanto la cabeza, que decidió ir a su casa a recibir los cariños de Saku. Ya se encargaría de hacérsela pagar a Naruto. Tomó su auto y se dirigió a Gillemot Hall.

Prefirió no avisarle a su esposa, pues no quería pagar la rabia que sentía con ella. En el camino se le pasaría un poco, y cuando llegara la sermonearía un rato, para luego recostarse en sus piernas y recibir consuelo.

Sakura se encontraba en la biblioteca, con Naomi y sus crías a un lado, Lissa cerca de ella, y Hannah en el otro extremo. Tenía un libro sin leer en sus manos, pues su mente se encontraba concentrada en el sueño que había tenido la noche anterior. Era el mismo de la estatua, y tal como la última vez, ya no le temía, porque sabía que se trataba de Sasuke; lo que sí la atemorizó de nuevo fue la continuación, tal como la vez anterior. Repetía esa última parte una y otra vez en su cabeza, tratando de encontrarle un sentido.

«(…)―Eres mía ―le dijo con voz firme y potente. Las palabras resonaron en su alma, y esta las reconoció como ciertas. Le pertenecía a ese ser ante ella, y se sentía dichosa por esa verdad. ―Me perteneces, Sakura.

Ella levantó la mano para acariciarle el rostro, y reafirmar esas palabras, pero se horrorizó al verlo desmoronarse ante sus ojos. Esa estatua, ese hombre que ella tanto amaba, cayó al suelo convertido en cenizas, y el viento se llevó sus restos. Un grito desgarrador escapó de sus labios, al ver a su amado completamente destruido. Dio media vuelta para echar a correr, lejos de esa horrible visión, percatándose hasta entonces, de que el cielo se encontraba cubierto por remolinos de fuego, convirtiéndolo en un mar de llamas rojas.

Bajó la mirada y vio que las flores, antes radiantes, se hallaban marchitas y esparcidas por el suelo. Girando hacia su izquierda, corrió, presa de un terror nunca antes conocido. Frente a ella divisó un enorme castillo, hermoso en su estructura, pero descuidado y casi en ruinas en cuanto a sus detalles. De pronto, del techo de la torre más alta, emergió la figura de un ave plateada, gigantesca, que voló hacia ella con las alas extendidas. Sakura gritó horrorizada, y se agachó para cubrirse la cabeza.

―¡Huye! ―ordenó el ave. Solo pudo ponerse en pie y quedar paralizada, pues las piernas no le respondían. Observó que todo se volvía negro, desapareciendo a su alrededor, incluido el ruinoso castillo; al tiempo que la risa estruendosa y enloquecida, de una mujer, llenaba el espacio…».

―Señora, el señor Sasuke acaba de cruzar la entrada de la propiedad. Los hombres de vigilancia dicen que parece molesto ―informó una chica del servicio con tono asustado, entrando a la estancia.

―Sabrá Dios qué hicieron ahora Lara y Naruto. ―Suspiró, dejó el libro a un lado y se levantó, para dirigirse a la salida―. Lissa, ve a la habitación y prepara la tina. Lissa pasó la orden a la otra joven, y acompañó a su señora.

―Yo puedo darle la mano al bajar las escaleras, Lissa ―dijo Hannah.

―Prefiero hacerlo yo ―refutó la chica, y se apresuró a seguir por el pasillo a su señora. Al llegar a la escalera, Lissa le tendió la mano, Sakura la tomó, y comenzaron a bajar.

―Hannah, trae una pastilla para el dolor de cabeza para Sasuke, por favor.

―No será necesaria la pastilla, Sakura… ―Lissa soltó una exclamación, y Sakura se detuvo a mitad del gran tramo. No le molestaba que la tutearan, lo que no le gustó fue el tono altivo que la mujer usó―, porque Sasuke estará encantado de liberarse por fin de su gran estorbo ―completó.

Sakura giró un poco sobre el escalón para encararla. Una cosa era que ella entendiera que la mujer tenía un triste pasado amoroso, y otra muy diferente aceptar un tono grosero y metáforas sin sentido. Se disponía a responderle, cuando escuchó la voz de Christopher, y se giró de nuevo para verlo aparecer.

―¡Ese hermanito tuyo se está ganando un boleto al cementerio! ―gritó él al pasar por la parte baja de la escalera, y al darse cuenta de que ella se encontraba ahí, se detuvo y la miró.

Lo primero que Sakura observó en el rostro de su esposo, fue la molestia que tenía con Naruto; emoción que no duró mucho, porque él levantó la mirada, y la posó un poco más arriba de su cabeza, dando paso a la sorpresa, la confusión, luego la furia, y por último, el miedo. Sakura nunca había visto tanto pánico en los ojos del hombre que amaba, era terror puro. Lo vio empezar a correr hacia ella, cuando sintió dos manos posarse sobre su espalda, y ser empujada con fuerza.

―¡Sakura! ―gritó Sasuke con angustia, y ese sonido se mezcló con el grito de Lissa. La fuerte carcajada de una mujer, tal como en su sueño, fue lo último que escuchó, antes de que todo se volviera negro.