Matices

Sai se identificaba con una mancha de tinta china. Al igual que ella él se sentía como un núcleo denso capaz de absorber todo lo que estaba a su alrededor y tomar la forma que necesitara en cada momento. El AMBU de Ne, el espía, el compañero leal, el chico que creció junto a alguien a quien decidió llamar hermano. Incluso su aspecto le recordaba a ella.

Cada vez que se miraba al espejo se veía en blanco y negro.

Un día cualquiera su equipo le regaló una caja de pinturas. "Es por tu cumpleaños" dijo Naruto. Nadie sabía su fecha de nacimiento, ni siquiera él, así que su compañero le asignó una al azar y le convenció para que salieran a celebrarlo. Aquella fue la primera vez que Sai se emborrachó. También fue la primera vez que se atrevió a llamar amigos a los componentes de su equipo.

Aquella caja pasó mucho tiempo olvidada debajo de su cama. Las pocas veces que la había intentado usar se había sentido frustrado. Toda la fuerza que era capaz de plasmar en sus ilustraciones en blanco y negro se perdían con el color. Sai descubrió que, al igual que con las personas, no era capaz de diferenciar los matices de los colores.