Capitulo 9
La fiesta privada
Tom Riddle desapareció durante unas semanas. Nagini los pasó encerrada en su dormitorio aburrida, asustada. ¿Qué había pasado? ¿Por qué no daba señales de vida? Los únicos rostros que veía eran los de alguno que otro mortifago y cola gusano que en algunos momentos le traía la comida. Pero Riddle no iba hasta ella en busca de placer. ¿Se habría cansado de ella?
Debería haberse alegrado. Si ya no estaba interesado en ella, significaba que por lo podría vivir tranquila, y quizás con el tiempo las normas se relajarían e incluso acabaría permitiendo salir de allí. Pero le dolía no verlo.
Había empezado a alimentar una creciente esperanza, absurda e injustificada,
Que le decía que ella no le era tan indiferente como quería aparentar.
Lo había notado en sus palabras, en sus besos, en la forma de hacerle el amor. Pero, sobre todo, porque él había permitido tocarlo por primera vez.
¿Quizá había sido precisamente ese acto lo que lo había alejado?
Riddle la despreciaba, y sentirse atraído por ella no debía ser algo fácil de asimilar.
Una de sus mortifagas Bellatrix entro si llamar. Venía con un paquete en mano que dejo sobre la cama.
Mi señor te envía esto para que te lo pongas– dijo esta de mala gana. – Parece ser que va exhibirte entre sus más allegados esta noche.
Nagini sintió que el estómago le daba vueltas. ¿iba a permitirle salir? Se acercó con rapidez para ver que había traído Bellatrix. Era un hermoso vestido negro de seda negro con tonalidades color escarlata y unos zapatos preciosos.
Te quiere lista en media hora, así que date prisa, mi señor no le gusta los retrasos.
Después de decir aquello, Bellatrix abandono la habitación y dejó sola a mujer.
Cuando Riddle llegó media hora más tarde, Nagini estaba completamente preparada y mirándose en él espejo.
Tenemos una fiesta privada en casa de los Malfoy– Riddle apareció de repente haciendo que Nagini diera un pequeño bote del susto.
Malfoy se ha empeñado que sería ideal que asistieras acompañándome como mi esposa que eres. Y vendrá gente muy importante, y como entenderas tengo una reputación que mantener, ¿verdad?
Lo dijo con un rictus provocador que parecía simular una sonrisa. Estaba apoyado en el marco de la puerta, con las manos dentro de los bolsillos de los pantalones. El traje le caía esplendorosamente bien.
Por supuesto, mi señor– contesto ella, pero Riddle leyó su mente y vio que tenía una pregunta
¿Qué quieres saber, querida?
Nagini se estremeció "¿como lo supo?"
Yo… me preguntaba ya que soy tu esposa, mi señor ¿cómo debo llamarle…?
La respuesta es, mi señor, obvio ¿no? – contesto cortante– Nada ha cambiado, ni cambiará, estemos donde estemos. Aquí, solos, o en cualquier otro lugar lleno de gente, debes seguir llamándome mi señor. Es lo que soy para tí. ¿O lo has olvidado durante mi ausencia?
No, mi señor. No lo he olvidado. Solo pensé que no le gustaría que la gente supiera cómo trata a su esposa.
Tienes que saber mi querida Nagini, que lo que piensen los demás me importa tanto como el excremento en el mismo asfalto. – caminó hacia ella y se paró enfrente. La miró con atención y le levantó el rostro con un de sus dedos largos– ¿Sabes de donde viene el verdadero poder? No es la riqueza. El verdadero poder es la información que tengo sobre los sucios vicios que tengo de todas las personas que hoy se presentaran en esta fiesta. Y eso me crea una ventaja para poder seguir con mis planes de futuro. ¿Te extrañas? Querida, las mujeres casadas son las más viciosas. Matrimonios de convivencia, la mayoría de las veces con hombres que les doblan la edad y que son incapaces de satisfacerlas en la cama. ¿Qué crees que hacen? ¿Soportarlo como buenas mujeres? – Nagini se sonrojó y él soltó una carcajada al ver su incomodidad. – Eso es lo que tú harías en su situación, pero ¿las damas? En absoluto. Alunas buscan un hombre, un amante, de su misma condición social. – La muchacha entrecerró los ojos levemente.
¿Entonces, mi señor? – pregunto Nagini con recelo – ¿Acuden a usted para que las satisfaga?
Riddle se echó a reír al escuchar tal pregunta de esta. No lo podía creer, ¿esa chiquilla estaba celosa?
Le ofreció su brazo, con diversión. No iba a dar una explicación de esa tal ocurrencia. – Vamos. No te apartarás de mi lado en ningún momento, y no hablaras a no ser que te hablen primero. ¿Has entendido?
Ella asintió con la cabeza.
Bien, pues no hagamos esperar a los comensales.
Riddle caminó con Nagini agarrada a su brazo. Se sentía extraño. En realidad, hacía cinco días que se sentía así, desde que había se había acostado por última vez con ella.
No sabía qué extraño demonio se había apoderado de él para querer sentir sus manos recorriendo su cuerpo, y mucho menos acabar acostado con ella.
Caminaron por el pasillo y bajaron las escaleras. Nagini seguía cogida su brazo y aunque tenía ganas de sonreír, no lo hizo.
Estaba algo nervioso porque no sabía qué esperar de extraña fiesta a la que habían sido invitados. ¿Qué clase de reunión sería? El hecho que se celebrara en uno de los salones de la mansión Malfoy, no podía ser nada bueno.
Cuando llegaron a la planta baja del edificio, pasaron por varios pasillos más sin cruzarse con nadie, excepto algún que otro elfo doméstico. Las paredes estaban empapeladas con tonos verdosos y negros, y los candelabros de velas que estaban encendidas, mostrando sombras y formas estrambóticas.
Finalmente llegaron ante una gran puerta doble de roble negro, tras la cual se podía oír el ruido de una conversación unida a diversas risas femeninas y masculinas.
Riddle abrió la gran puerta, con un movimiento de mano, y Nagini pudo ver qué había al otro lado.
Era una habitación bastante grande, decorada con excelente gusto y muy acogedora. Una chimenea la mantenía caldeada, y los sofás, las alfombras, el bufete lleno de bandejas de comida a rebosar, las pequeñas mesitas, y la suave música que procedía del otro lado de una puerta que había en una pared lateral, le daban un confort.
Nagini observo, que había tres parejas. Las tres mujeres vestían con vestidos ostentosos y algo descarado. Estaban sentadas en el sofá más cercano a la chimenea, y hablaban animadamente entre ellas mientras comían de los platos que se habían servido. Los hombres se mantenían apartados, al lado de la licorera de la que se servían abundante alcohol que bebían sin moderación. – ¡Mi señor! – exclamó uno de ellos al girarse y verlo en el umbral de la puerta – Creíamos que no querría aparecerse aquí, sabiendo que están los del ministerio dando caza algún que otro…– Riddle lo detuvo.
–Esta es mi esposa, ya os hablé de ella, querida te presento Amycus Carrow.
Señor Carrow, es un placer.
El mortifago se inclinó sobre su mano y le dedicó un beso húmedo que la repugnó. No le gustaba aquel hombre. Tenía la piel muy pálida y los ojos pequeños.
Informa de que estamos aquí – dijo Riddle a este.
Con una reverencia se retiró y fue a llamar a los demás comensales. Y Nagini pudo escuchar como daba la noticia, al momento aparecieron magos y brujas por todos lados.
Mis queridos amigos– dijo Riddle girándose y abarcando toda la habitación con sus brazos extendidos – Permitidme que os presente a mi anfitriona de esta noche.
Todos los presentes contestaron con una inclinación de cabeza o con algún saludo poco convencional. Una de las brujas, una rubia que vestía un precioso vestido dorado, se levantó u fue hacia ella.
Todas nos moríamos de ganas por conocer a la bella dama de nuestro señor. – dijo con una media sonrisa, mientras miraba a su señor. Nagini empezó a notar una pesadez en el estómago. Y viendo que la mujer se acercaba a ella para susúrrale al oído – Que tienes tú, que las demás mujeres no tengamos, querida.
Nagini la miro con extrañeza, y justo cuando le iba a responder…
Oh querida – contesto Riddle mientras recorría su cuerpo con una mirada. – mi pobre esposa no hizo nada. ¡Más bien ha sido al contrario! ¿no es verdad, querida? – le pregunto directamente.
¡Maldita sea! Lo había hecho a propósito para humillarla.
Sí, mi señor – contestó ella esforzándose por no hacerlo con los dientes contraídos.
Ven conmigo, querida – le dijo otra de las mujeres que estaban escuchando la conversación.
Nagini miró a Riddle, que asintió dándole permiso.
¿Cómo te llamas querida?
Nagini – contestó sin pensar, e inmediatamente ladeó la cabeza para ver si Riddle la estaba observando.
A mi puedes llamarme Narcisa. – La acompaño hasta el sofá y se sentaron – Narcisa hizo un gesto con la mano para llamar a un elfo que consigo traía una bandeja. – Podrías traerle un plato con algo de comer. – Este asintió y se retiró con una inclinación de cabeza. – ¿Es tu primera fiesta privada, querida?
Si
Debes estar nerviosa – le palmeó levemente las manos, que mantenía firmemente unidas sobre el regazo – No te preocupes. Seremos benevolentes contigo.
El elfo regreso con un plato lleno de viandas y tostadas, y la dejo en la mesita delante de Nagini.
Como, cariño. Debes coger fuerzas para la que vendrá después.
La mujer sonrió y Nagini se estremeció. ¿Qué iba a pasar allí? Por un lado, estaba asustada, pero por otro, la anticipación, el misterio, la incógnita de lo que iba a ocurrir, la ponía más nerviosa.
Muy bien – dijo de pronto Lucius mirando a todos – Entonces… ¡es el momento de iniciar los juegos!
Todos aplaudieron, excepto Riddle y Nagini, que se mantuvo sentada en el sofá, comiendo con delicadeza mientras miraba al resto de mujeres y hombres moverse por la sala, mientras los muebles se iban a portando sigilosamente.
Muy bien, el juego es muy sencillo. Seis sillas, siete jugadores, un juez que seré yo un cuarteto de cuerda que toca al otro lado de la delgada puerta. Todos camina alrededor de las sillas y, cuando la música cesa, tiene que sentarse. Quien se queda de pie, ha de pagar una prenda que yo determinaré.
A Riddle no le gusto ese tipo de juego, ere absurda, pero él nunca participaría.
¡Muy bien, todos en sus puestos!
Lucius le indico una silla para que él se pudiera sentar. Con un suspiro Riddle se acercó.
Lucius fue hasta la puerta tras la que se escondían los músicos y dio tres golpes en ella. Al instante la música cesó para volver a sonar al cabo de un minuto, llenando la estancia con una melodía rápida y divertida. Todos empezaron a caminar alrededor de las sillas, y cuando la música se apagó, todos se sentaron. Nagini se quedó de pie.
Vaya, vaya, querida, ¡Cuánto lo siento! – la hipocresía de aquella exclamación hecha por Lucius fue evidente para todo el mundo. Una de las brujas la miro con sorna y Nasrcisa suspiró – Pues… ¿qué puede hacerle pagar? – Se llevó un dedo a los labios como si pensara hasta que se le ilumino los ojos – ¡Ya sé! Quiero que se quite las medias.
Narcisa palideció, al ver que su señor no decía nada. Se apartó girándose para poder proteger si intimidad, pero Lucius protestó.
No, no, querida. La gracia está en que podamos ver cómo se las quita. ¿No cree, mi señor?
Por supuesto. Es un espectáculo digno de ver.
Nagini miro anonadada a Riddle y en ese momento le vino en la mente una advertencia que le dijeron antes de comprometerse con él: "Cuando decida compartirte con otro hombre…" Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no echarse a temblar.
Suspiró profundamente y se giró, quedando de frente ante el resto de invitados. Se inclinó hacia delante y empezó a subirse la falda, dejando al descubierto sus hermosas piernas. Los hombres apreciaron el hermoso espectáculo y Riddle ahogó un gruñido. Los pechos de Nagini, rebosaban del escote y estaba a punto de salirse, poco a poco sus piernas se sintieron liberadas de las medias que las cubrían, eran todo un espectáculo digno de verse. Pero solo para él, pensaba Riddle. Nadie más debería poder verlo.
Nagini vio como Riddle estaba con la cara muy serie y mostraba un cierto enfado. Parecía disgustado. "Fastídiate, mi amo…– pensó con burla y rabia a la vez – Tú lo has provocado".
¡Estupendo, querida! – aplaudió Lucius – Has hallado la esencia de este juego – la alabó– Ahora puedes volver a tu sitio y prepararte para la segunda ronda.
Después de otra ronda más le toco a Riddle, pero cuando Lucius estaba pensando en qué obligarle a hacer, Nagini se dio cuanta hasta qué punto su amo ejercía un poder real sobre aquellos hombres.
El Sr. Malfoy iba anunciar cuál será la prenda cuando Riddle carraspeó, y Lucius se puso blanco como la cera, parpadeó dos veces y sonrió de manera estúpida antes de anunciar que se daría por satisfecho si su señor solo se quitara de los zapatos.
El juego continuó un rato más. Pero Nagini se mantuvo a salvo hasta la novena ronda, que volvió a perder.
Lucius, ya loco de lujuria y deseo, decidió que quería ir un paso más allá. Quizá su señor no le permitía humillarlo a él, pero estaba seguro que no iba a ser tan rígido con su esclava, Sonrió con maldad.
Querida, espero que no me odies, pero… – carraspeó, Riddle lo miró levantando una ceja, y Nagini tembló – Verás, todos los aquí presentes hemos podido disfrutar, en un momento u otro a lo largo de los meses pasados, de la sublime visión del cuerpo desnudo de las damas presentes… todas, excepto, tú. Así que, nos ha despertado la curiosidad a todos, voy a ordenarte que te desnudes. Completamente…
Nagini lo miro anonadada y luego a Riddle buscando consuelo, o quizá la desaprobación; esperó que él protestara y diera por finalizado el juego. Pero nunca llego. La miró con seriedad de descontento dirigida a ella. ¡Quería que lo hiciese! ¡Eso no estaba nada bien!
Al ver que no hacia ni el mismísimo gesto, se resignó ante su propio deseo, y asintió.
Como quiera, señor. Pero necesitare ayuda. – Miro a Riddle de nuevo, esperando que fuera él quién se ofreciera, pero no movió ni un solo músculo para ayudarla.
Yo mismo lo haré – se ofreció Lucius, y Nagini tuvo que soportar las manos sudadas de aquel hombre mientras le desabrochaba el vestido y se lo deslizaba por el cuerpo hasta que cayó a sus pies, mientras aprovechaba para rozarla descaradamente.
¿Necesitas ayuda con el resto, querida? – le preguntó.
Nagini miro a Riddle de nuevo, esperando… algo que no llegó, así que decidió poner ella misma punto y final.
No, gracias, el resto puedo hacerlo sola.
Lucius emitió un sonido de disgusto y miro a su señor.
Tiene carácter esta mujer, mi señor.
Riddle le mostro una cierta sonrisa – Si, y eso es lo que me gusta de ella.
Mantuvo la mirada en ella, mientras se iba quitando la ropa.
¡Que espléndida eres, querida! – exclamo Lucius – ¿Una ronda más? – Pregunto al resto, y todos asintieron.
Nagini se sentía humillada y patética.
Por desgracia para ella, a la segunda ronda, volvió a perder y cuando vio la ancha sonrisa de satisfacción de Lucius, supo que lo que le iba a ordenar no le gustaría nada.
Estoy terriblemente excitado, querida – declaró. – ¿Este dolor se tendrá que aliviar de alguna manera, no querida?
Por última vez Nagini miro a Riddle suplicante, a punto de llorar, pero no encontró allí a ningún alivio. Riddle permanecía impasible, sentado en la silla con una pierna cruzada sobre la otra.
Nagini tragó saliva y cerró los ojos durante un momento. "Muy bien", pensó "Estoy aquí por su hermano Aldo. Porque prometió a su madre que lo protegería".
Caminó con la cabeza bien alta hasta donde estaba Lucius y se arrodilló a sus pies. Suspiró hondo. Busco los botones del pantalón para liberar su miembro.
Magina volvió a tragar saliva y empezó hacer lo que el hombre le indicaba. En ese momento se le llenaron los ojos de lágrimas. Lucius la cogió el pelo y la inmovilizo para que estuviera quieta. Nagini tuvo arcadas, y las lágrimas empezaron a manar de sus ojos. Un gruñido a sus espaldas que empezó como un siseo, se escuchó más fuerte hasta que alguien lanzo un hechizo a Lucius, y alguien la levantó a la fuerza y se vio envuelta entre unos poderosos brazos mientras una voz retumbaba en la estancia.
¡Se acabó el juego, Lucius! – gritó Riddle – ¡Todo el mundo fuera de aquí ¡Ahora!
Pero… pero mi señor, creía que eso es lo que usted quería… – dijo Lucius sin entender. – Y donde vamos a ir, mi señor … esta es mi casa, no…
¡Fuera! ¡Id a divertiros a una de las mazmorras!
Nadie dijo nada. Todos se fueron en estampida, dejando solos a su señor y Nagini, que permanecía encerrada en su poderoso abrazo haciendo verdaderos esfuerzos por no arrancar a llorar desconsoladamente.
