Disclaimer: Slam Dunk pertenece a Takehiko Inoue y esta historia es solo por entretención, surgida de un momento de aburrimiento en cuarentena y sin grandes pretensiones.
Notas de la autora: Del capítulo 5 nació un nuevo ff, "El departamento de Kogure" sobre las aventuras de él, Akagi y Mitsui en la universidad.
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Se agradecen los comentarios, sugerencias y correcciones.
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El primer amor
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Capítulo 10: ¿Sueñan los zorros con el baloncesto?
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Narumi se secó el sudor que se acumulaba bajo su flequillo. El día estaba especialmente sofocante y la escuela prácticamente vacía. El festival cultural se acercaba y ese día le tocó estar a cargo de acompañar al club de teatro en sus preparativos. Club que, por alguna razón, siempre planeaban una obra rarísima para ser recordados por todos... o ese era el objetivo.
Los dejó hacer, sería divertido y ningún profesor quería decirles que no. Kato sensei, una señora mayor, estrafalaria y profesora del club, le comentó que una vez no les permitieron realizar una adaptación sexy de Romeo y Julieta como vampiros en medio de la noche y pasaron tres días practicando llantos y risas fuera del salón de profesores, enervando a toda la planta. Al final perdieron interés en la obra, para suerte de todos. Kato sensei se veía muy orgullosa al relatarlo y Narumi estuvo casi segura de que ella había instigado todo el asunto.
Al finalizar la jornada, caminó por los pasillos enviando a los alumnos rezagados a casa y revisando que todos los salones estuvieran ordenadas como correspondía. La mayoría estaba bastante limpio, a excepción de uno de segundo. Entró a la sala y leyó el nombre del encargado del día: Kaede Rukawa.
Tomó el borrador y comenzó a quitar los rastros de una clase de matemáticas. "Probablemente tuvo entrenamiento y lo olvidó", no quería que castigaran al equipo en estos momentos tan cercanos al campeonato nacional, no sería justo para Anzai sensei. Unos ejercicios en el pizarrón no lo valían. "Ese niño solo juega y descansa" se giró por inercia a mirar el pupitre de Rukawa y ahí estaba, en efecto, durmiendo.
Se acercó a despertarlo, pero no reaccionaba a su nombre. Decidió moverlo bruscamente y el chico se levantó rodeado de un aura maligna.
- No perdonaré a los sujetos que...
- ¡No le hables así a una maestra! -lo cortó- ¿Qué haces durmiendo aquí? las clases terminaron hace dos horas...
El chico miró a todos lados y comprobó que era el único estudiante del salón. Dio un gran bostezo y agarró su bolso.
- ¿A dónde vas? Eres el encargado del aseo.
Rukawa se devolvió y miró alrededor algo perdido. "¿Qué le pasa a este niño?" La mujer le acercó el borrador e indicó que lo sacudiera. En el entretanto comenzó a ordenar las sillas. Quedaba muy poco por hacer así que lo ayudaría.
Rukawa era bastante lento y torpe en sus movimientos, había formado una gran nube de tiza que le manchaba las mangas del uniforme. No parecía importarle, solo bostezaba sin parar. "¿Quizás necesita vitaminas?" El sonido del celular interrumpió sus pensamientos.
- ¿Akira? ¿Qué sucede?
"Nada". Podía imaginar su sonrisa a través del auricular. Era muy raro que el chico de Ryonan la llamara y por un momento pensó que se había accidentado.
- ¿Entonces por qué no me envías un mensaje como siempre? ¿Te pasó algo? ¿Estás en problemas?
"Solo quería escuchar tu voz". Narumi agradeció que él no pudiera ver el color de su rostro en ese momento. Estaba enojada por la interrupción absurda y preocupante, pero también estaba feliz, con todos los preparativos del festival no habían tenido tiempo de charlar y también extrañaba su voz.
- Annoying -le dijo antes de cortar. Recordó que no estaba sola y se giró rápido. El chico de ojos azules se veía muy despierto y la miraba con seriedad.
- Sensei
"Oh no".
- ¿Ese era Sendoh?
"OH NO".
- ¿Está saliendo con él?
"Nononono..."
- No, lo que sucede...
- Él me lo dijo.
- ¿Disculpa?
"¿Son cercanos? ¿QUÉ COSAS ANDA DICIENDO AKIRA? ¿No se supone que nadie puede enterarse?" Rukawa podía ver la confusión en su rostro.
- Casi choca conmigo en bicicleta hace una semana... o dos... ¿o fue hace un par de meses? creo que fue hace un par de meses - Rukawa no podía recordarlo porque el que iba durmiendo en medio de la calle y casi accidentó a Sendoh fue él.
- Le pedí que jugáramos, pero se negó -su voz monótona demostraba hastío.- Me dijo que tenía una cita con la chica que le gustaba y luego la persiguió a un café con muchas plantas en el exterior.
Narumi recordaba perfectamente ese día porque no habían vuelto a ese café, le daba demasiada vergüenza y su corazón comenzaba a latir rápido solo al pasar por fuera. Sendoh había arruinado una de sus cafeterías favoritas, no podía acercarse al lugar sin querer que él estuviera a su lado. También se entristeció. Todo lo que hacía estaba mal, si no lo estuviera podría decir abiertamente que su novio es un chico de dieciocho años, basquetbolista, demasiado seguro para su edad, amante del pescado a un nivel similar a su amor por el café y con el que quería pasar toda su vida.
De pronto volvió a la realidad... habían pasado seis meses desde ese incidente. Muchos más desde que él se había declarado para san Valentín.
- Rukawa...
- ¿Por qué sigue mejorando si se distrae con esas cosas?
Narumi no había hablado mucho con el chico. Todo lo que sabía de él era que dormía en clases y solo jugaba básquetbol. Había escuchado que atropellaba a muchos estudiantes y profesores cuando llegaba en bicicleta por las mañanas. Jamás lo veía acompañado y faltaba a clases, probablemente para dormir en algún lugar tranquilo del campus. Pero algo era obvio, su relación con Sendoh no le interesaba. Solo le interesaba la relación de Sendoh con el baloncesto. Sintió ternura y se relajó apoyándose sobre un pupitre.
- No lo parece, pero entrena mucho. Sale a correr todas las noches, practica antes de la escuela en las mañanas. Y juega. No me refiero a entrenamientos, me refiero a que juega, solo por diversión, sin grandes metas. No siempre, pero lo hace.
Narumi pensó en su novio. Los fines de semana lo acompañaba a entrenar cerca de la casa y lo veía reír sinceramente, incluso relatando jugadas imaginarias de competidores imaginarios. Algunos sin nombre, otros con nombres conocidos, un par de veces Rukawa y Sakuragi, otras veces incluso el de sus mismos compañeros de equipo.
Al principio llevaba un libro o exámenes para corregir, pero al final solo música. No podía quitarle los ojos de encima. Se veía feliz y la hacía feliz verlo. A él lo hacía feliz verla ahí, acompañándolo, moviendo rápidamente la cara cuando se daba cuenta que había estado mirándolo fijamente demasiado tiempo y él solo hacía como que no lo notaba.
Rukawa la miraba fijamente esperando una mejor explicación. O un secreto mágico.
- Tú también eres muy bueno.
- Pero no soy el mejor.
Sonrió. Sendoh tampoco se consideraba el mejor. Descubrió que su alumno no era solo un chico al borde de la narcolepsia, sino que también era extremadamente exigente consigo mismo. Pensó en el profesor Anzai y buscó una respuesta digna de él y su sabiduría. Pero con más palabras y sin tantos rodeos.
- El baloncesto es un juego en equipo y Akira juega en equipo, todo el tiempo. No solo eso, juega contra un equipo. Se fija en el potencial de todos los jugadores, desde los titulares a la banca.
Seguía mirándola inexpresivamente, pero se apoyó en el borde de la ventana, aún llena de tiza, demostrando atención. La profesora suspiró, tendría que contarle algo íntimo.
- Akira me habla de sus partidos. De los jugadores. Antes de las semifinales, me habló de todos ustedes, estábamos bromeando sobre a quién apoyaría yo y me contó de los avances de Sakuragi. Me dijo que llevaba jugando muy poco, pero que tenía una habilidad latente. Que la pérdida de Akagi y Mitsui podía costarles muchísimo porque el primero es el mejor del estado bajo la canasta y que nadie más que el segundo tenía un porcentaje de aciertos tan alto en los tiros de tres puntos. Incluso que Kogure podía jugar bien en muchas posiciones. Me comentó las mejores jugadas de todos y las más comunes. Como Miyagi podía cambiar un partido con su velocidad si así lo quería. Y habló de ti, por supuesto. De que eres una sorpresa todo el tiempo. De lo mucho que quieres ser el mejor y lo concentrado que estás en ganar.
Un pequeño gruñido salió de la inexpresiva boca de Rukawa. Narumi recordó el apodo que utilizaba Sakuragi: zorro. Al fin comprendió que sus ojos alargados sí le daban esa apariencia. Comenzó a buscar algo dentro de su inmenso bolso hasta que encontró una botella de jugo de naranja y se la entregó.
- Creo que necesitas vitaminas, duermes demasiado. - El chico se sorprendió y pestañeó un par de veces confundido, pero alargó la mano y la aceptó. La mujer no pudo evitar estirarse y él reaccionó automáticamente bajando la cabeza levemente como cuando su abuela realizaba el mismo gesto, por suerte su postura era muy mala fuera de la cancha. Le revolvió el cabello para darle ánimos, ahora no podría dejar de verlo como un cachorrito de zorro. Uno con cara de pocos amigos.
- No le digas que dije esto, pensará que soy una novia terrible, pero... tú tienes algo que él no tiene: un equipo con muy buenos jugadores, solo necesitan seguir unidos aunque ni Akagi ni Mitsui estén aquí. Y también tienes a Sakuragi. Confía en tu equipo como ellos confían en ti.
Rukawa desenroscó la tapa de jugo. Sin Akagi y Mitsui, los únicos titulares del campeonato nacional pasado que jugarían ahora serían Miyagi, Sakuragi y él. Ninguno de los otros estaba en ese nivel y de seguro jamás progresarían como ese idiota pelirrojo con suerte. Todo esto lo sabía y por eso estaba preocupado... pero también habían logrado clasificar. Aunque también era cierto que muchos buenos jugadores habían terminado la preparatoria y todos los equipos perdieron talentos difíciles de reemplazar: Maki, Fujima, Hanagata, Uozumi, Ikegami.
- No he dicho nada nuevo, estoy segura de que Anzai sensei debe haber tenido esta conversación contigo antes. Él cree 100% en ti, lo he visto en sus ojos, no hay maldad cuando te ve jugar, solo emoción ("y vaya que queda maldad en él, estoy segura de eso... oh, con todo el asunto de Akira he olvidado visitar a su esposa, me pregunto qué opinará...").
La mujer cerró la ventana y le pidió que fuera a casa.
- Disculpe, sensei... ¿entonces realmente está saliendo con Sendoh? Usted es profesora... deberían descalificarlo del campeonato nacional por eso.
- Esa no es una razón válida. ¿Y cómo es que recién te das cuenta? ¿No escuchaste nada de lo que dije? ¡Tú mismo partiste esta conversación afirmándolo!
- Pensé que era una broma de él, no parece ser un tipo serio.
- Y yo pensé que estaba dando el discurso de mi vida. Mañana a primera hora llamaría a Anzai sensei para contarle.- La mujer comenzó a reír mientras el muchacho se terminaba el jugo. No había caso, no la escuchaba en clases dormido ni tampoco fuera de clases despierto. Un fracaso como profesora. "Realmente solo le importa el básquetbol".
- Si se quieren de verdad -dijo entregándole la botella vacía- no creo que deba pensarlo demasiado... aunque sí es un poco extraño.
"No sé si me está dando ánimos o no... qué chico más raro", pensó mientras lo veía retirarse. Miró la botella en su mano, "probablemente le dio pereza llevarla al reciclaje".
Al día siguiente, Narumi se enteró que aunque la limpieza es realizada en parejas, cuando llegaba el turno de Rukawa, todo el curso tenía el acuerdo de dejarlo solo porque golpeaba a cualquiera que intentara despertarlo. De hecho, las únicas chicas de la escuela que no estaban enamoradas de él, aparte de quienes no lo conocían -si es que eso era posible-, eran sus compañeras de salón. Lo consideraban un personaje demasiado extraño, además siempre babeaba la mesa.
Narumi había aprendido otra cosa de su alumno: no tenía amigos. Jugaba básquetbol, dormía todo el día, atropellaba a la gente y debía que cambiar su bicicleta constantemente, la expresión de su cara permanecía igual casi siempre y las personas más cercanas que tenía en la escuela eran el equipo de baloncesto. La profesora lo miró dormir toda la clase, parecía un zorro pequeño y enroscado.
"Oh no... no lo hagas" se dijo mientras intentaba explicar unas frases en inglés. "No trates de ayudarlo como si fuera un cachorrito de la calle". Uno de los estudiantes la miraba esperando la corrección. "No seas esa profesora que le busca amiguitos a los niños". Ella le dijo que estaba bien aunque había cometido un par de errores. "Maldita sea".
Esa misma tarde, mientras cenaba con Sendoh, la profesora se encontró pensando otra vez en su alumno solitario y con ojos de zorro.
- Ya te he dicho que debes ir a cenar a tu casa, ni creas que te quedarás acá- le regañó mientras comía más verduras y alejaba el pescado.
- No creas que permitiré que no lo comas otra vez, es muy sano y tiene omega 3 -dijo él acercándole su plato favorito.
- Hagamos un trato. Yo como pescado...
- Acepto.
- No he terminado. Yo como pescado... si tú te haces amigo de Rukawa.
- Acep... ¿qué?
Sendoh rodó los ojos. Le gustaba mucho esa parte de su novia. La parte en que ayudaba a los niñitos en problemas. La parte en que se preocupaba de sus alumnos en muchos aspectos: anímicos, académicos, alimenticios... al fin y al cabo, así se había enamorado de ella. Jamás pensó que a veces también podía ser desesperante.
- ¿Esto es tu corazón de abuelita o debería preocuparme por tener a Rukawa de rival fuera de la cancha también? - sabía perfectamente que era la primera opción, pero quería molestarla un rato.
- Creo que su único amigo es el baloncesto... parece un cachorrito.
- Claro que no, tiene ojos asesinos cuando juega. Siempre está desafiando a todos.
- ¿Aceptas? - dijo con la sonrisa que lo derretía. Sendoh gruñó para sus adentros, Lily podía manipularlo todo lo que quisiera y él la dejaría hacerlo con gusto.
- No es tan fácil...
- Pues cómete tú el pescado entonces. Y apúrate, tienes que tomar el tren. Te acompañaré a la estación.
- Pero si puedo dormir aquí... - dijo con una de sus famosas miradas coquetas estirando la mano hacia la cama, acariciando la colcha. Él también conocía ese juego y era bastante bueno.
- En tus sueños, Akira.
"Pues sí" pensó el chico antes de tragarse el pescado que él mismo cocinó. Lo ocurrido hace unas semanas no había vuelto a repetirse y la prohibición de acercarse a la cama se había endurecido. "Qué testaruda... quiero volver a hacerlo, tú también, he visto cómo me miras... o al menos pasar aquí la noche".
Ya sabía cómo era despertar a su lado y no podía olvidarlo. Tampoco le gustaba darse tantas duchas de agua fría cuando visitaba a la familia los domingos, bien arreglada para que su mamá no la retara diciéndole que vestida de luto jamás encontraría un novio -si supiera... -, haciendo como que no la conocía tan en profundidad.
Además estaba seguro de que en las últimas semanas había comenzado a ir con los vestidos que a él le gustaban solo para molestarlo y verlo correr a su habitación para enviarle un mensaje en privado. Suspiró llevando los platos al fregadero. Sí, los dos podían jugar ese juego, pero ella tenía la ventaja.
Ser amigo de Rukawa no sería fácil, al jugador de Shohoku no le interesaba en lo más mínimo y tampoco lo necesitaba, pero por ella lo intentaría.
Quizás salir con una profesora tenía sus desventajas.
