Capítulo IX
—¿Qué es lo que está pasando?—Preguntó Entrapta.
Giró la cabeza, el movimiento metálico cubrió el cuartel por completo, las ventanas se cerraron con un chirrido y las luces se encendieron. Hordak había desaparecido mientras seguía dando órdenes.
Los ojos carmesí de la mujer miraron el interior con precisión. Había un pequeño lobby donde pudo ver ¿abrigos? Parecían de piel, si, eran abrigos. Trajes impermeables y algunas máscaras contra gas. Caminó un poco más dejando de lado el monitor que mostraba todos los cambios que Hordak había solicitado a la mente técnica del lugar.
Después el primer pasillo se dividía en dos caminos opuestos. Había mesas de estudio, frascos con muestras, pedazos metálicos. Entrapta decidió indagar en el pasillo derecho, en las mesas de estudio también encontró flores, flores muy vistosas y extrañas. Por lo general la jungla tenía una flora agresiva pero aquellas muestras solo se podían imaginar en jardines de ensueño. Había una puerta al final.
Entrapta la abrió, era una habitación. Había una cama amplia de forma circular, estantes y cajoneras vacías a los alrededores.
—Te quedarás aquí.
Entrapta se sobresaltó, Hordak estaba justo detrás de ella.
—¿Qué? ¿Quedarme? Tipo ¿pijamada?
El alíen arqueó la ceja.
—¿Qué es una pijamada?
La chica negó con la cabeza.
—No, no entiendes, tengo que irme.
—Hace un momento decías que querías quedarte.
—Me refiero a que solo vine por algunas pruebas. No estoy considerando quedarme para el anochecer.
Hordak negó.
—Lamento decirte que ya no tienes opción. La isla entrará en una mini era de hielo y no hay modo alguno que sobrevivas más de 10 minutos allá afuera.
La princesa escuchaba horrorizada, pero después sonrió:
—¿Una mini era de hielo? ¿Cómo es? ¿Qué es lo que la provoca?
El ex villano apremió el cambio repentino de humor.
—Cuando llegamos aquí, a los dos días de haber terminado de montar el cuartel comenzó la primera helada. Perdimos muchos instrumentos en el exterior. Micah estaba confundido, jamás habían pasado estos cambios cuando estuvo atrapado.
Caminó dentro de la habitación y con un clic en el pequeño monitor a un lado de la puerta se abrió una pantalla más grande.
—La isla es un vertedero de basura de tecnología de los primeros.
—Cierto. —Confirmó Entrapta.
—Por razones desconocidas, los primeros dispusieron el vertedero con un sistema de autoprotección. En la isla hay dos reactores que mantienen la energía de estas máquinas obsoletas. Uno de ellos lo logramos apagar al llegar, pero la vida entera se descontroló esa noche. Creemos que la materia orgánica de la isla y la tecnología se habían fusionado desde hace tiempo.
Tenía sentido, los monstruos tecnológicos también sobrevivían mediante una dieta de organismos.
—Al apagar el primer reactor tengo la suposición de que la isla resintió el cambio y quiso protegerse. No es nada tonta, supo que los que lo habían provocado eran seres de sangre caliente. Cada cuatro días la isla entra en un estado de era hielo.
Entrapta comprendió:
—Está intentando matarnos. Así el segundo corazón se mantendrá activo.
Hordak asintió.
—No he apagado el segundo reactor porque no he terminado de desmantelar lo que a su alrededor está, por más que lo intento el laberinto que lo protege cambia cada vez que uno entra. Micah había encontrado un método de rastreo, pero… se fue.
Los ojos de ella brillaban como la luna misma.
—Fascinante. —Dijo con las manos enguantadas en una esperanzadora mirada.
—Ha desarrollado inteligencia propia. ¿Qué hay de la fauna?
—Muchos eran naturalmente hostiles, cuando apagamos el primer sitio éstos perdieron el interés en querer devorar todo lo que a su alrededor estaba. Algunos otros especímenes que viven bajo la tierra salieron, entre ellos el lagarto espejo que conociste.
—Increíble, habían estado bajo el influjo protector de la isla. ¡Es maravilloso!
El alíen la miró.
—Ahora, está helada no se irá hasta dentro de tres días. No puedes salir.
El ánimo que había presentado se desmoronó enseguida.
—No puedo quedarme, tengo que salir de aquí en cuanto termine de analizarte.
—No hay manera, fin de la discusión. —Le dio la espalda, dispuesto a cortar la conversación con su salida de la habitación.
—¡Tú no entiendes! —Exclamó Entrapta colocándose enfrente. Él la miró molesto.
—Lo que entiendo es que eres una necia por venir aquí sin consultarme antes, muchos días intenté contactarte y no accediste a hablar conmigo. Ahora vienes aquí, quieres que te dé toda la atención del mundo y luego te deje ir en medio de una situación de muerte que desconocías por tu mutismo ¿qué puede valer tanto la pena que quieras arriesgarte a morir congelada?
—¡TUS HERMANOS SE ESTÁN MURIENDO!
El silencio fue sepulcral.
—¿Qué… has dicho?
El ceño fruncido de la princesa lo desconcertó. En su mirada podía ver un temor brotando y el temblor de sus manos le hacía comprender que era una situación real. Entrapta estaba ahí, finalmente podía tenerla delante de él. Tocar su rostro, su cabello una vez más.
Pero, llegó como un nubarrón de tormenta, con malas noticias.
Ella tomó el aire necesario.
—Ven aquí. —Le llamó él. La tomó de la mano y la condujo de nuevo al cruce de los pasillos, presionó un par de botones y se abrió una compuerta, revelaba una mesa, utensilios de comida y una amplia alacena.
Se acercó a la pared, tecleó unas cuantas opciones y obtuvo un vaso de agua que le extendió a ella una vez que se había sentado en un largo sofá negro. Hordak la miró, se alejó de ella y la contempló.
—Ahora… ¿qué es lo que quisiste decir?
Tras un trago largo, habló. Le contó todo, desde los primeros ataques, los síntomas, los desvelos, los intentos de toda Etheria por intentar salvar a los clones que hace ya casi un año habían intentado destruir la vida del planeta. Había hipótesis, luego estas fueron descartadas, los clones que aún estaban sanos vivían en constante estrés de no saber en qué momento les tocaría a ellos. Ahora mismo, todos habían pasado por el malestar, algunos lograban estar conscientes pero otros no. Kadroh, fue uno de los últimos y perdió contacto alguno con él.
Los ojos rojos de Hordak eran inexpresivos en todo momento, no interrumpió por nada del mundo lo que ella decía. Solo permaneció de pie, con los brazos cruzados, escuchándola.
—Kadroh encontró algunas extrañas anomalías en el código genético de sus hermanos, hay una mutación llevándose a cabo en sus cuerpos. Vine aquí, para analizar tu cuerpo y ver si tienes registro de algo que haya ocurrido en ti que sea de ésta índole. Si aún no has presentado estos síntomas significa que podrías ser inmune y de ser así podríamos encontrar la cura para ellos.
Finalmente guardó silencio, esperando respuesta alguna. Hordak no respondió. Bajó la mirada y se acercó a paso lento hasta ella.
—Jamás he sufrido de ninguna de las cosas que mencionas. No más allá de mi defecto genético que hace que mi cuerpo falle.
—¿Has estado bien?
—Sí, he logrado mantener mi cuerpo sano con algunas prácticas de Micah y Perfuma. Las cicatrices no desaparecen pero al menos no colapso. La armadura solo la uso cuando debo bajar al corazón de la isla, sin ella no tengo efectos secundarios pero debo ser cuidadoso con las cosas que hago.
Entrapta no se había demorado y había sacado de su mochila una libreta y una pluma. Anotaba todo lo que le parecía conveniente.
—Tu alimentación, ¿sigue siendo vía oral o has vuelto a la alimentación mediante tus puertos?
—Oral 100%, si uso los puertos sería evitar que mis órganos hagan el trabajo para el que fueron creados, aunque era una práctica común con Hordiano Primero lo he estado evitando al máximo.
Siguió anotando.
—Tu estilo de vida alimentaria es igual a la de tus hermanos. Entonces no hay práctica alguna que esté provocando la mutación. ¿Qué más me puedes decir de los clones de Hordiano?
Hordak se sentó delante de ella en un gran cojín donde se hundió un poco su inmenso cuerpo. Micah había comentado que era un invento maravilloso para la procrastinación, Hordak había evitado su uso pero esta vez no le dio importancia.
—Hay generaciones de clones. No todos éramos iguales. Hordiano pasó por pruebas antes de poder crear un igual a él que se mantuviera vivo. Por ejemplo, yo fui de la generación 5x de la galaxia Seyfert. Dicha galaxia pasó por un proceso de conquista también. Hordiano tomaba elementos de la energía cósmica para generar clones más poderosos y por ende mejores envases para él.
—Pero Etheria era un planeta desconocido para Primero hasta antes de que se abriera el portal que nos sacó de los Despondos.
Hordak asintió.
—Etheria como cualquier otro cuerpo en el cosmos es un planeta que recibe ondas de energía del universo entero, ahora que hemos cambiado de lugar, es posible que la energía de los Despondos esté pasando por un proceso de purga para coexistir en la actual dimensión en la que nos encontramos.
—Sería entonces el ecosistema lo que los está lastimando.
—No, de ser así, yo también estaría teniendo efectos. Debe ser otro factor orgánico, pero lo que dices es muy cierto, los cuerpos de ellos están intentando sobrevivir mediante un proceso agresivo donde pierden sangre y la sanación de sus cuerpos no es suficiente.
La princesa temía volver a chocar con un callejón sin salida.
—Jamás creí que diría esto pero mi cuerpo se ha acostumbrado a Etheria, debe haber algo en mí que pudo pasar por el mismo proceso de adaptación en una menor medida. Ese hecho puede ser lo que haga que ellos logren sobrevivir.
Entrapta se levantó:
—¿Me ayudarás?
Hordak sonrió y asintió.
—Te ayudaré, pero sigue siendo imposible tu salida de aquí, no hay modo de que llegues a la costa.
—¡No es necesario, tengo a Darla conmigo!
—¿Darla?
—Es una nave espacial de los primeros que She-Ra rescató.
De pronto una duda abordó la mirada del alíen.
—¿Se puede saber dónde se encuentra… Darla?
—Está segura bajo las aguas… de… la… costa
Conforme fue terminando la oración su rostro se fue poniendo pálido. Hordak bufó con resignación.
—Computadora, dame una lectura de la temperatura alrededor de la isla.
Faltaron unos segundos para recibir la respuesta.
—Hemos llegado a la etapa Yakutsk de la helada. La temperatura actual de la costa es -68,9° centígrados.
Hordak se giró a la princesa. Era obvio lo que ahora había pasado.
—Adora me matará cuando se enteré. —Fue lo único que susurró.
Sacó el pad a toda velocidad, intentó establecer conexión con la nave. Afortunadamente, lo logró.
—¡DARLA! ¿ESTÁS AHÍ?
—Saludos Entrapta, mis sistemas se encuentran en estado de reposo. Sin embargo, aún puedo proveerte de la información necesaria. ¿Gustas que te dé el pronóstico del tiempo para mañana?
—Darla, ¿puedes elevarte?
—Negativo. Mis motores detectan una abrasadora roca helada alrededor, no hay modo alguno de llevar a cabo el protocolo de despegue.
—¿Te sientes bien?
—Afirmativo. Mis sistemas se encuentran en estado de reposo únicamente.
Entrapta suspiró aliviada por ello. Aunque ahora entendía… Estaba atrapada ahí. Dejó el pad lejos, escondió el rostro en sus rodillas cuando se abrazó las piernas. Hordak llegó hasta ella intentando aliviarla.
—Si tan solo, te hubiera llamado antes. Habría podido prever esto.
Su orgullo había traído graves consecuencias.
—Apenas anoche llegaron a la conclusión de que yo soy pieza importante en lo que les sucede a los clones. No tenías modo de saberlo y tampoco habrías podido esperar hasta que la helada acabase.
Los cabellos se enredaron alrededor de él y lo aprisionaron, era una especie de abrazo. Hordak intentó reconfortarla.
—Prometo buscar alguna opción para que puedas salir, pero temo que lo máximo que podría hacerse es salir un día antes de que la helada acabe, es decir dentro de dos días.
Era demasiado tiempo. ¿Y si alguno de ellos… moría? Amargas lágrimas corrieron por sus mejillas. Hordak no sabía exactamente qué hacer. Todavía no era un as en la interpretación de emociones en los Etherianos. Llevó su garra al rostro de ella y la obligó a que lo mirase.
—Escúchame, sé que te sientes con mucha tribulación pero… podemos adelantarnos. Dijiste que la respuesta podía estar en mis venas. ¿Qué te parece si vas sacando tus instrumentos? Puedo volver a ser tu conejillo de indias.
Llorando, sonrió por lo bajo. Se secó con el dorso del antebrazo.
—Un gran avance científico nos espera, compañero de laboratorio.
Sonrieron complacidamente. Se pusieron manos a la obra. Se fueron a la habitación vacía. Entrapta no tardó en colocar un monitor, cables de amplificación de energía y demás herramientas.
—¿Has comido algo?
—No, estoy en ayunas.
—Perfecto.
Tomó una muestra de sangre. La guardó y dejó la sangre en el analizador hematológico automatizado, tomaría un par de horas arrojar el resultado. Entrapta se colocó un cubrebocas y guantes para todo el proceso.
—Abre tu boca por favor.
Hordak obedeció. Los dientes, encías y lengua eran de color granate.
—Fascinante—Decía mientras miraba con los lentes de aumento, se cercioró de tomar la muestra necesaria, todavía alcanzó a tomarle de la mejilla y ahondar.
—¿Etaataa? —Preguntó Hordak con lo que podía proferir de voz.
—Espera, ya casi termino.
—Queo que ja e sufecente.
—Sí, sí, tienes razón.
Pudo cerrar su boca y tomó un trago de agua. Guardó la saliva en un pequeño frasco cilíndrico y lo introdujo en una pequeña caja de plomo, bajó una escotilla de vidrio grueso y encendió el instrumento. Un mini reactor para ver qué había en las moléculas de su boca.
Movía con cuidado sus manos, con ligereza pero con una destreza que los años de experiencia le habían dado, sus cabellos ayudaban a mantener todo en orden y recordar cuál era el paso siguiente. Hordak continuó mirándola mientras mantenía el pequeño algodón haciendo presión sobre la pequeña herida de la jeringa.
¿Qué cosa había hecho para tener a una mente brillante revestida de angelical imagen delante de él? Los ojos parpadearon varias veces. Haciendo memoria, era la primera vez en bastante tiempo que la volvía a mirar tan de cerca. Las manos comenzaron a sentir un escozor que indicaba su nerviosismo.
Hace un tiempo una de sus manos aprisionó una pierna de ella y la otra acariciaba sus mejillas mientras él la besaba.
Los recuerdos hicieron que sus músculos se tensaran, los dedos tamborilearon en su piel. Las piernas parecían volverse de piedra y la garganta se le estaba secando más.
De nuevo esos síntomas. ¿Sería conveniente decirle? No, no quería preocuparla.
—¿Te sientes bien? Tienes el rostro muy rojo.
—No es nada. —Dijo retirando la vista de pronto. Entrapta continuó tecleando en su computadora.
—Creo que tenemos lo suficiente vía exterior.
—¿Será suficiente con eso?
Negó con el cabello. Tomó con su mano una de las mangueras que tenía cerca, estaban esterilizadas y listas. Entrapta no dijo nada pero sabía que él entendería la indirecta.
Era hora de buscar dentro de su cuerpo. Los puertos en él eran estables, pero siempre fueron un punto sensible que siempre le provocaba dolor cuando era momento de empotrar su armadura. Permitir que alguien más lo hiciera, parecía una misión titánica.
—¿No te sientes seguro?
—No es eso.
Pero no añadió más. Se puso de pie, Entrapta comenzó a conectar a la computadora principal los conectores necesarios. Hordak se alejó unos pasos.
Comenzaron a correr los códigos en la computadora, Entrapta tecleó junto con los mechones de su cabello, en eso algo en su vista periférica le llamó la atención. Delante de ella había un espejo. En él, se reflejaba la silueta de Hordak quien estaba dándole la espalda.
Las garras de él se movieron con suavidad sin hacer ruido alguno, la tela corrió por sus brazos, descubriendo sus cicatrices, primero las de su cuello, luego las de sus hombros. Bajó un brazo desnudo, luego el otro y finalmente pudo ver su espalda completa. El contorno de sus músculos definidos, nunca les había prestado tanta atención como en esos segundos. Era de complexión delgada pero la anchura de su espalda, la estrechez de su cintura y las líneas de sus venas en los brazos fue una sorpresa que dejaron sin movimiento a la princesa.
Se le coloreó el rostro, cuando Hordak regresó la vista ella había clavado su atención de nuevo a la computadora. Volvió al suelo con ella.
—Bien, entones. Comencemos. —Quiso sonar lo más tranquila posible. Hordak infló el pecho y asintió.
—Comenzaré con los que están en tu espalda.
No dijo más y se giró.
—Tendré cuidado. —Añadió. Con cuidado, tomó la primera aguja que debía entrar por el puerto. Con delicadeza, entró en el primer bloque de su nuca. Hordak respingó, de pronto sus ojos se volvieron verdes y su cabello perdió el color tan característico. Antes de poder sentirse entusiasmada por aquello Entrapta se apresuró a preguntar.
—¿Te duele mucho?
—Un poco, es que tus guantes están muy fríos además.
—Lo lamento. —Respondió y se lo quitó enseguida.
—Ahí va el segundo.
Estiró su mano. Nunca había tocado la piel de Hordak que no fuese de su rostro. Era igual de suave, en donde estaban las cicatrices era irregular pero nada lo volvía más hermoso que las historias que en ella guardaban. Su mano cálida logró tranquilizarlo pero la conexión encima su pulmón derecho le hizo doblarse y caer sobre el suelo.
—¡Hordak!
—Estoy bien, estoy bien. —Dijo con la voz entrecortada evitando que ella se levantara. Intentó levantarse pero no encontraba las fuerzas. Su brazo le servía de soporte, pero la frialdad del suelo lo mantenía desconcentrado.
En eso, sintió una nueva sensación de suavidad. Un mechón púrpura colocaba una almohada entre sus brazos.
—Permanece recostado si lo necesitas. —Ordenó.
No dijo nada más, se tumbó boca abajo abrazando la gran almohada.
—Voy con el otro costado.
Emitió un gruñido en respuesta. Su espalda comenzaba a temblar y no era de frío. La conexión entró fuerte y certera. Sus nervios se sincronizaron con la energía de las máquinas. Su parte orgánica vibró por completo.
Abrazó la almohada buscando el soporte necesario para no quejarse del dolor.
—Solo unas lecturas rápidas y abre terminado. Tengo que descargar la información de tu cuerpo.
No podía responderle, deseaba que acabara pronto. ¿Desde cuándo se había hecho tan intolerante al dolor que años atrás lo acompañó? Las pantallas titilaban en colores, él solo podía ver los destellos por el rabillo de sus ojos. Pasaron eternos minutos hasta que terminó.
—Listo.
Con rapidez pero cuidado retiró los puertos. Con cada uno fuera de su sistema salió un aire que no creía tener guardado. Se quedó en el suelo. Odiaba pensarlo, pero no quería continuar con el experimento. Dolía demasiado.
Cerró los ojos, seguía siendo un ser sin valor, estaba contemplando la opción de detenerse y dejar morir a sus hermanos. A los que igual que él habían sido manipulados, inyectados de un ciego fanatismo.
Sintió caricias en su cabello y el resto de su cabeza. Eran los dedos desnudos de ella.
—Está bien, estoy aquí. ¿Quieres que me detenga?
Su voz, dulce y serena. No quería perturbarla por nada del mundo. Con las pocas fuerzas que le dio ese descanso se giró sobre sí mismo, ahora la miraba y dejaba descubiertos los puertos de su parte frontal.
—Continúa. —Dijo con un hilo de voz.
Entrapta sonrió, agradecida.
—Respira, todo terminará pronto. —Decía.
Primero fueron los dos de su costado derecho. Apretó los dientes, después comenzó a jadear. El vapor de su respiración agitada parecía empañarle la mirada, hasta que se dio cuenta de que en realidad eran lágrimas.
Cuando ella notó esto, no se detuvo para no alargar su suplicio pero continuó hablándole.
—Este es el último.
La aguja entró como las demás, llenando su ser completo de energía eléctrica.
—Aguanta un poco más.
Los cabellos de Entrapta buscaron acariciar el cabello de él, lo acariciaban y secaban las lágrimas que a momento salían discretamente.
—Lo estás haciendo genial.
Vuelto un ovillo mientras sus piernas buscaban un ángulo correcto, Entrapta subió las piernas de él a las de ella. Con una mano continuaba con la conexión, con la otra tecleaba a gran velocidad.
—Un poco más Hordak, eres el mejor.
El mejor.
El mejor.
Quería sonreírle pero su boca se tensaba en una mueca de dolor que disfrazaba la vergüenza y el miedo que sentía en esos instantes.
—¡Listo! —Exclamó.
Con el mismo cuidado retiró las conexiones. Ahora su cuerpo descansaba, pero parecía exhausto del esfuerzo de resistir. Permaneció recostado con la respiración agitada. Entrapta lo miró con dulzura.
—Lo has hecho grandioso.
Enredó sus cabellos en el cuerpo de él, lo alzó del suelo y lo atrajo hacía ella una vez que se levantó.
—Supongo que tu habitación es la del lado opuesto, te dejaré descansar. Me quedaré de este lado para comenzar a leer lo que hay dentro de ti.
Lo cargó, de pronto se sintió aletargado, debía ser el cansancio.
—Wow, tu habitación es muy oscura, como de costumbre. —Comentó ella. Quería ponerse a ver qué más curiosas cosas habría allí pero tenía trabajo qué hacer.
Lo acomodó en el lecho, apenas se movía. Lo cubrió con la manta blanca.
—Duerme un poco. Si necesitas algo…
Sacó el pad y lo dejó en una mesa justo a un lado de la cama, lo dejó sobre unos papeles.
—…puedes llamarme por aquí para que no te tengas que levantar.
Hordak asintió. Cerró los ojos, no tenía poder para mantenerlos abiertos. Solo vio una silueta salir y unos ojos carmesí mirándolo.
Ahora todo era negro.
