* Dislaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar esta historia.
Capítulo 8
Renacer
Creí que era mi final, no.… más bien, deseé que ese fuera mi final. Mi cuerpo cayó al suelo, mi corazón apresuró su latir a un ritmo desenfrenado, mis muñecas ardían de una manera tormentosa, el líquido caliente, espeso y con olor a hierro se resbalaba por mis brazos.
"Rápido, que termine todo de una buena maldita vez. No quiero seguir aquí, ya no resisto seguir viviendo. Solo quiero olvidar todo, quiero desaparecer, quiero fundirme en la oscuridad".
Esos pensamientos se arremolinaron por mi mente uno tras otro, reviviendo todas las cosas tan espantosas por las que había pasado desde que tenía uso de razón. Qué vida tan miserable y asquerosa había tenido ¿quién iba a querer seguir en el mundo sufriendo tales suplicios?
Esos oscuros recuerdos de un momento a otro fueron sustituidos por los recuerdos de Saburota y su familia, de todos los hermosos y alegres momentos a su lado. Experiencias que sin duda agradecía haber vivido, eran tan preciados para mí que pensé que, si realmente existían los dioses, les agradecía por permitirme revivirlos antes de mi muerte.
La oscuridad me iba rodeando con cada segundo que pasaba. Mientras me acercaba a perder la conciencia, el rostro siempre sonriente de Saburota apareció frente a mí. En algún rincón de mi mente resonó su voz diciéndome una vez más: "No vas a dejarme solo, ¿verdad, Shira Shira? Por favor, prométeme que siempre estarás a mi lado".
A final de cuentas, de una u otra forma siempre terminaba lastimando a todos a mi alrededor. Mi decisión iba a traerle dolor a mi mejor amigo, de eso podía estar seguro, pero sabía que si me quedaba a su lado eso incluso le iba a traer más dolor a futuro. Estaba convencido de que era lo mejor para todos.
"Lo siento, Saburota... Pero ya no podré cumplir la promesa que te hice". Fue el último pensamiento que apareció antes de que mis ojos se cerraran. Cuando la oscuridad me envolvió por completo pude escuchar algo, su fuerte voz llamándome.
Todo lo demás lo viví como si fuera solo un mal sueño. Alguien me sostuvo con fuerza, gritaba mi nombre con desesperación.
Después de un tiempo en el que mi cuerpo inmóvil y frío permaneció en el suelo, este fue levantado y movido con rapidez. La fuerte voz me seguía llamando sin cesar, pero esta vez con un tono aparentemente ahogado en lágrimas. Una segunda voz muy aguda y dulce, casi como escuchar la voz de un protector ángel también comenzó a suplicar por mí.
Esas voces que envolvían a mi corazón con calidez me seguían suplicando que no me rindiera, que permaneciera junto a ellos... Eso no podía ser ¿Quién iba a suplicar tanto por mi compañía? ¿Quién ansiaba tanto porque siguiera con vida? ¿Había realmente alguien en el mundo al quien yo le importara tanto?
Cuando abrí los ojos fui recibido de inmediato por la fuerte voz de nuevo:
—¡Shiranui! ¡Mamá, despertó! ¡Él en verdad lo hizo!
Moví lentamente la cabeza hacia un lado pues en verdad estaba desorientado, todo se veía borroso. Percibí el movimiento de alguien llegando al lado de donde estaba recostado y habló, era la voz angelical:
—¡Shiranui, querido mío! ¡Gracias a los cielos! ¡Gracias a los cielos sigues con nosotros, mi dulce niño!
Entorné los ojos y pude distinguirlos: se trataban de Saburota y su madre. Los dos me observaban con una inmensa felicidad al tiempo que unas enormes lagrimas surcaban por sus rostros.
Mi corazón encogió al verlos en tal estado por mí pues tras examinarlos con cuidado pude comprenderlo, no solo eran lágrimas de felicidad, también lloraban a causa de una profunda tristeza.
Bajé la vista e instantáneamente mordí mi labio inferior con frustración ante lo que vi: unas gruesas vendas envolvían mis muñecas. A mi mente comenzaron a llegar poco a poco esos espantosos recuerdos, así como un sinfín de sentimientos agolpándose como remolinos oscuros en mi pecho. Ira, tristeza, dolor, vergüenza, humillación, desesperanza. Todo esto que me atacaba me hizo cerrar los ojos y gritarles con una inmensa rabia:
—¿¡Por qué lo hicieron!? ¿¡Por qué me salvaron!? ¡Yo no quería involucrarlos! ¡Tan solo tenían que dejarme morir en paz!
Tras gritarles esas crueles palabras que yo realmente no deseaba decir, pero mi desesperación me obligó a hacerlo, me voltee dándoles la espalda para acto seguido cubrirme por completo con la sábana.
Apreté fuertemente la mandíbula y comencé a llorar con amargura ¿por qué hasta incluso se me había negado la muerte? ¿ni siquiera eso se merecía una inmunda escoria como yo? ¿no podía abandonar el mundo para dejar todo el dolor atrás? ¿Dónde estaba la jodida misericordia de la que tanto hablaban diferentes religiones?
Las personas a las que menos quería lastimar estaban justo a mi lado. Las escuché murmurar preocupados entre ellos, aun así, no hicieron ningún intento por volver a hablar conmigo, cosa que, aunque suene difícil de creer, me alegró enormemente. Yo en verdad no tenía deseos de hablar con nadie.
No sé exactamente cuánto tiempo estuve de esa manera. Dándoles la espalda, cubierto por la sabana de pies a cabeza sin dirigirle la palabra a nadie. A pesar de que era oprimido por el silencio, este no se sentía mal. Esto era porque sin importar que no hablaran conmigo yo sabía que estaban a mi lado, podía percibir sus movimientos y escuchar sus susurros a mi lado.
—El doctor quiere hablar de nuevo... quédate muy cerca de él ¿de acuerdo, Sabu-chan?
—Claro, no me iré a ningún lado.
Escuché a la Sra. Haruhi salir de la habitación, percibí a Saburota moverse incómodamente en el asiento al lado de mi cama y de nuevo un silencio inquietante, pero a la vez agradable se dejó cernir sobre nosotros. Probablemente, la única persona en el mundo que podía hacerme sentir cómodo a su lado, sin importar que estuviera pasado por tan complicados momentos era él, Saburota.
—¿Aún no estás listo para hablar?
Me preguntó con una voz calmada, pero que era más que obvio intentaba ocultar la tristeza entre sus sílabas. Como respuesta solo moví ligeramente mi cuerpo para ponerme en posición fetal en la cama. Lo escuché soltar un bajo suspiro desesperado. Nuevamente nos atacó el silencio por un breve momento más hasta que continuó:
—Debiste pasar por algo realmente horrible para hacer lo que hiciste, pero... Shiranui, tal vez suene muy egoísta de mi parte si te lo digo, sin embargo, tengo que hacerlo. Estoy feliz de que sigas vivo, estoy en verdad feliz de que sigas a mi lado. Nunca lo olvides, por favor.
Apenas estaba pronunciando las últimas palabras su voz se quebró. Se levantó de su asiento y avanzó unos cuantos pasos sin salir de la habitación ¿acaso se alejó de mí para llorar? ¿para qué no me diera cuenta de esto? Nunca me atreví a preguntárselo, actualmente todavía no me atrevo. Fue un momento tan complicado para ambos que aún ahora es difícil hablar sobre eso.
Por mi parte, aún continuando en posición fetal en la cama, abrazándome a mí mismo volví a llorar sin aún atreverme a verlo. Lloré tendidamente hasta que mis ojos me ardieron. En verdad me resultaba increíble que una persona fuera capaz de llorar tanto como yo lo hice en esa ocasión, pero simplemente no podía parar.
Lo cierto fue que, tras escuchar esas sinceras palabras de mi amigo, mis lágrimas en esa ocasión no se sintieron como cristales filosos cortando mis parpados. Eran unas lágrimas mucho más cálidas y reconfortantes, fue un llanto liberador.
Al día siguiente escuché a través de mi inquebrantable muro de sábanas como Saburota se despedía de su madre para prepararse para ir a la escuela y alistar a sus hermanas también, las cuales se habían quedado al cuidado de unas vecinas. Se despidió con una voz tenue de mí, sin embargo, era como si en mi garganta se hubiera formado un fuerte nudo, no pude responder.
Los minutos siguieron pasando. El doctor que me atendió fue a revisarme junto con una trabajadora social los cuales intentaron por todos los medios hacerme hablar de lo que había pasado, pero no di mi brazo a torcer, me empeñé a no salir de mi capullo de sábanas pues simplemente no tenía el suficiente valor para afrontar a la vida de nuevo.
Confieso que en ese momento lo llegué a pensar varias veces: esperaría hasta que por algún motivo me dejaran solo, entonces intentaría cortar mis muñecas de nuevo o incluso tomar algunas pastillas, ya que estaba en un hospital eso no debía ser complicado de lograr. Estaba convencido de que mi deseo era morir, en verdad sentía que no tenía caso seguir viviendo cargando con ese inmenso dolor a cuestas.
Afortunadamente la familia Hisashi nunca me dejó solo ni un segundo. La Sra. Haruhi no se alejó, cuidó de mí y me tuvo una inmensa paciencia, tal cual lo hubiera hecho una madre con un hijo propio. Fue esta tan bondadosa acción suya, el cuidarme con tanto esmero que eso hizo que mi corazón encerrado en dolor se fuera abriendo poco a poco.
—Las enfermeras han traído comida para ti. —Me habló con cariño a través de mi sábana protectora—. Vamos Shira-chan, por favor, debes comer algo...—Permanecí inmóvil mientras ella esperaba pacientemente mi respuesta. Se atrevió a hablarme de nuevo con inseguridad—: Si... si te duele puedo ayudarte a comer, sabes que no debe darte vergüenza conmigo, tesoro.
"Tesoro, mi amado niño, Shira-chan". Ella siempre me hablaba de esa manera tan cariñosa y dulce, ella, la Sra. Haruhi Hisashi, una mujer que me amaba tanto que incluso me veía como un hijo propio. No me recriminaba por haber intentado acabar con mi vida, no me hizo sentir culpable en ningún momento, veía mis heridas como si hubieran sido causadas por algo más, y no por mí mismo.
Impulsado por este descubrimiento comencé a moverme y retirar la sábana de mi rostro lentamente, aun así, no me atreví a mirarla. La escuché poner el plato con cuidado en la mesa al lado de la cama para después decirme con una voz baja y cálida:
—Mi amado niño, tú no tienes la culpa de nada... Desde que te subieron en la ambulancia, no puedo dejar de pensar en lo irresponsable que fui contigo. Sabía perfectamente del maltrato que sufrías por parte de tu madre y aun así yo no hice nada por alejarte de su lado.
Me atreví a ladear mi rostro para observar por el rabillo del ojo. La Sra. Haruhi tenía la vista baja, unas pequeñas lágrimas escapaban de sus ojos mientras continuó con angustia:
—Fui una cobarde pues no me atreví a intervenir, pude recibirte en mi casa, pude alejarme junto contigo y mis hijos, pero no lo hice. Ya que siempre he sido una cobarde para enfrentar los problemas es que no pude ayudarte a tiempo, por favor discúlpame, Shiranui...
«Por supuesto no puedo ni imaginar el dolor tan terrible que pasabas que te orilló a tomar esa decisión, pero sí puedo decirte lo siguiente mi amado niño: Vivir es doloroso, es una carga muy pesada, pero estoy convencida de que tú eres una persona muy fuerte y valerosa. Shiranui, eres una persona tan asombrosa que has servido de una enorme inspiración para mí y mi familia.
Parecía tan difícil continuar después de la partida de Matsuda, sin embargo, tú siempre permaneciste muy cerca de nosotros brindándonos de tu inmensa fortaleza. Fuiste como una roca para mis hijos cuando yo, su inútil madre solo pudo perderse en su dolor. Si no hubiera sido por ti, Saburota hubiera perdido el rumbo. Así que por eso estoy en verdad agradecida porque sigas con nosotros mi preciado niño, aunque tal vez tu ahora no puedas verlo de esta forma, nosotros siempre estaremos agradecidos por tu existencia.
Piénsalo por favor, Shiranui... Mi hijo regresó a tu departamento y te encontró justo a tiempo, esa no pudo ser una coincidencia, tú aun debes permanecer en este mundo y queremos que sigas a nuestro lado. Tu madre nunca supo valorar el maravilloso hijo que tiene, pero nosotros sí, para nosotros tú eres parte de nuestra familia. Por favor, quédate con nosotros...»
No le di oportunidad de continuar, cuando menos me di cuenta mi cuerpo ya se había movido por voluntad propia lanzándose a ella para fundirnos en un fuerte y cariñoso abrazo. Apenas me percibió en su regazo la Sra. Haruhi bajó el rostro, besó mi frente y continuó llorando.
De nueva cuenta me fue imposible frenar mis lágrimas, continué sollozando en sus piernas mientras le pedía disculpas por lo que había hecho una y otra vez. Ella continuó diciéndome que no era necesario que me disculpara, me suplicó sin detenerse que no los abandonara. Mis heridas poco a poco comenzaban a sanar gracias al cariño de esa bondadosa mujer.
—Es bueno tenerte de vuelta.
Me dijo Saburota apenas entró en la habitación del hospital y me vio sentado en la cama terminando mi comida. Un agradable calor comenzó a expandirse en mi estómago apenas lo vi parado en la puerta dedicándome la sonrisa más tierna que le hubiera visto mostrar nunca.
No fui capaz de decirle nada, simplemente bajé la vista y moví un poco mi cabeza a forma de afirmación. Parecía imposible, pero su sonrisa se ensanchó aún más mientras avanzaba con pasos apresurados hacia mí.
Se veía con toda la intención de abrazarme, estaba ya a unos centímetros cuando en un acto que me sorprendió a mí mismo, involuntariamente levanté mi mano delante de él para que no lo hiciera.
—N-no...
Me escuché a mí mismo susurrar lleno de temor, tampoco pude controlar que mi cuerpo comenzara a temblar. Mi querido amigo se detuvo apenas se percató de este movimiento, me observó contrariado por algunos segundos. Por mi parte, no podía dejar de odiarme a mí mismo por haberle impedido su abrazo. Yo en verdad deseaba su cercanía, pero apenas me percaté de las intenciones de Saburota los recuerdos de lo que Ichiro me había hecho aparecieron de nuevo y ocasionaron a mi cuerpo reaccionar como medio de auto defensa.
—Lo lamento...
Fue lo único que fui capaz de decirle mientras bajaba la vista, era incapaz de mirarlo a causa de la vergüenza y asco que me daba mi propio comportamiento. Saburota desvió su rostro por un instante como tratando de ocultar que mi rechazo lo había herido, aun así, cuando me respondió lo hizo sin dejar de sonreírme:
—Está bien, no hay problema.
No hubo ningún problema cuando la Sra. Haruhi me abrazó, pero Saburota, al ser hombre, sin poder evitarlo me recordaba al abuso de Ichiro. Me daba un inmenso temor que un hombre me tocara de nuevo. No importaba que el que fuera a hacerlo fuera mi mejor amigo, la persona más importante en el mundo para mí. Era realmente doloroso desear estar cerca de él, pero que mi propio cuerpo lo rechazara de forma inconsciente, era una espantosa tortura ¿nunca sería capaz de abrazarlo de nuevo?
Dos días pasaron de la misma manera. La Sra. Haruhi me cuidaba mientras Saburota estaba en la escuela, cuando él regresaba no se apartaba de mi lado. Saburota hablaba conmigo de lo que había pasado en la secundaria, así como de otras cosas triviales en un intento por animarme y distraerme.
Completamente desanimado, solo podía responderle con monosílabos, me obligué a mí mismo a hacerlo para corresponder al enorme esfuerzo que hacía mi amigo para no dejar de sonreírme, por no alejarse de mí. Así continuaron las cosas hasta un evento particular que sucedió cuando la Sra. Haruhi salió un momento para su casa.
—¡Es verdad! —Exclamó de pronto Saburota alzando su voz. Bajó su mano al piso donde reposaba su mochila y comenzó a esculcarla—El día de hoy compré un regalo para ti, aquí tienes.
Con sumo cuidado para no tocarme, Saburota dejó una pequeña caja azul encima de la cama cerca de mi mano. Mi mirada insegura no podía dejar de posarse de la caja a su radiante sonrisa una y otra vez.
—Está bien...—Insistió quedamente—Ábrelo, por favor.
Mis ojos se abrieron de par en par cuando destapé la cajita y observé el contenido: una brillante púa con el dibujo de un impresionante tiburón pintada en ella. Examiné cada detalle de ella, la tomé con ambas manos con cuidado como si fuera un tesoro de incalculable valor.
—Shiranui...—Se animó a hablar de nuevo con algo de timidez—Siento que cualquier cosa que pueda decirte ahora será incorrecta. No puedo dejar de pensar que soy un idiota que permaneció inmerso en sus problemas por mucho tiempo y no me detuve a pensar en los tuyos, por esa razón me da la impresión que siempre terminaré diciendo alguna tontería o imprudencia, pero también creo que si me quedo callado no te ayudaré en nada.
«Este regalo, esta púa para que puedas seguir tocando el bajo es una propuesta de mi parte. —Me dedicó una mirada enternecida cuando me volteé hacia él—. No importa que tan difíciles sean las cosas de ahora en adelante, Shira Shira... Quiero seguir luchando y esforzándome a tu lado. Quiero seguir con la frente en alto, siendo una persona en la cual puedas apoyarte siempre. Por eso, esa púa es una propuesta para que ambos sigamos persiguiendo nuestro sueño. El sueño de algún día poder convertirnos en músicos profesionales y llegar a muchas personas con nuestras canciones».
Con la mano temblorosa, Saburota la fue acercando lentamente a la mía, esperando nervioso mi reacción. Al percibir apenas el tacto de la punta de sus dedos sobre mi dorso mi mano intentó alejarse, sin embargo, puse mi mayor esfuerzo para detenerla.
Dándose cuenta de esto rodeó mi mano con las suyas apretándolas, la púa brillante de tiburón quedó de esa manera envuelta por las manos de ambos. Cerré los ojos, siendo capaz de sentir después de lo que me parecía una eternidad una enorme paz y quietud invadir mi sangrante corazón.
—Estoy convencido que tu destino es triunfar con tus canciones, no puedes privar a los demás de tu talento, por eso debes seguir luchando, Shiranui... No puedes darte por vencido, tú puedes salir adelante, yo sé que esta fue una segunda oportunidad.
—Tu madre me lo dijo, que fuiste tú el que me encontró antes de desangrarme—Le respondí finalmente con un hilo de voz, sentí que aumentaba la fuerza en su apretón—¿Por qué volviste a mi departamento?
—Es algo difícil de explicar... No salías de mi cabeza. Después de escucharte en ese estado tan desesperado y extraño, algo me dijo que me estabas mintiendo, algo no dejaba de gritar dentro de mi corazón que volviera. Cuando regresé y no me respondiste en esa ocasión, eso me confirmó que algo no andaba bien. —Su voz se debilitó—. Por eso forcé la puerta y te encontré en el suelo...
—Me hubieras dejado ahí...
—¡Eso nunca! —En un acto que me sorprendió y conmovió de sobre manera movió mis manos las cuales aún las sujetaba fuertemente contra las suyas y las dejó apoyadas sobre su frente. Continuó hablando con sus ojos cerrados, esta vez sin poder evitar el llanto—¡Te salvaría millones de veces más de ser necesario! No desaparecías de mi mente, mi corazón me gritaba sin cesar que volviera contigo. Eres mi mejor amigo Shira Shira, la persona más importante en mi vida, estoy seguro que lo que me hizo volver por ti fue el lazo que hay entre nosotros.
—Pero yo soy alguien sucio...—Susurré con angustia—Alguien manchado para siempre, por eso... no merezco tener a un amigo tan bueno como tú.
—El doctor lo dijo... Que tenías unas marcas en tu cuerpo, que presentabas todas las señales de haber pasado por algo espantoso... ¿es eso cierto? ¿fue lo que te llevó a hacerlo?
El espantoso nudo volvió a formarse en mi garganta, el intenso apretón llegó incluso hasta mi pecho impidiéndome respirar con normalidad. Mi voz fue incapaz de salir, aun así, pasados unos segundos no sé de donde saqué la fuerza para hacerlo, pero finalmente pude confesárselo con mi cuerpo temblando de nuevo sin poder detenerse:
—Fue él... Ichiro Okada me violó.
El apretón se fue en ese instante. Saburota se alejó unos pasos de mí, su rostro estaba tan pálido como una hoja de papel, su boca completamente abierta a causa de la impresión. Parecía querer decir algo, sin embargo, no encontraba las palabras para hacerlo. Pude sostenerle una afligida mirada a duras penas. En cuestión de segundos su semblante azorado cambió para darle paso a unos ojos iracundos, su rostro se contorsionó de rabia.
—Voy a matarlo... ¡Voy a matar a ese malnacido!
Gritó iracundo dándose la vuelta, dispuesto a salir de la habitación. Fue como si el mundo se hubiera detenido unos segundos mientras en mi mente aparecía Ichiro dañando a Saburota. Sabía mejor que nadie lo peligroso que era ese hombre, no podía permitir que fuera a arriesgar su vida de esa manera.
En un acto que me sorprendió a mí mismo por fin fui capaz de sacar mi cuerpo de la cama, me acerqué a él y lo abracé por la cintura para evitar que se fuera, apenas sintió este tacto Saburota se paró en seco.
—No vayas Sabu Sabu, por favor no... No soportaría que también te lastimara, es un hombre en verdad diabólico, es sumamente peligroso...
—¡Pero Shiranui, él...!
—Si te pasa algo, entonces sí sería el fin para mí, por favor no te vayas... ¡quédate a mi lado, no me dejes solo, Saburota!
Lo escuché dar un respingo de sorpresa tras mis palabras. Volvió a tomar mis manos con sumo cuidado para después voltearse y de esa manera quedar frente a mí. Miró con una inmensa aflicción las vendas que envolvían mis muñecas para después dejar clavados sus profundos orbes color miel sobre los míos. Apreté los labios sin poder dejar de mostrarle una mirada suplicante.
—Lo s-siento—Se disculpó sumamente arrepentido—Lo que menos debo hacer ahora es alterarte, y pierdo los estribos de esta forma... No me iré ¿de acuerdo, Shira Shira? Me quedaré contigo, no importa que pase, estaré siempre a tu lado.
Apenas terminó de decir eso me envolvió con sus brazos y me dio un cálido abrazo que me robó el aliento ¿El corazón de Saburota también latió de esa manera tan rápida cuando nos fundimos en esa sincera muestra de cariño? ¿Las lágrimas que rodaron por sus mejillas también fueron de felicidad y no de tristeza como en mi caso? ¿El también sintió que mientras pudiéramos estar juntos entonces era posible superar cualquier adversidad?
Esas y miles de preguntas más se cruzaron por mi cabeza, mientras yo me daba cuenta de la verdad que estaba enterrada en mi corazón, una verdad que no podía seguir negando y que solo fue capaz de salir a flote después de ese difícil momento. Los sentimientos que tenía por Saburota eran mucho más fuertes y profundos que una simple amistad: yo estaba enamorado de él. No podía ser de otra manera si solo sus palabras y su abrazo fueron capaces de traerme a la vida de nuevo.
Al día siguiente, la Sra. Haruhi y Saburota me insistieron hasta el cansancio para que hablara con la trabajadora social y la policía para denunciar a mi madre y a su prometido. No fue nada sencillo acceder pues me daba un inmenso temor pensar en que pudieran lastimarlos, tomar represalias en su contra. No me importaba lo que pasara conmigo, no estaba dispuesto a arriesgarlos de ninguna manera.
La única forma en que lograron convencerme fue cuando la Sra. Haruhi confesó que estaba preparando todo para mudarse a otro complejo de departamentos con algo de dinero que ella y Saburota tenían ahorrado.
Por supuesto me negué a que gastaran sus ahorros en mí, pero la bondadosa mujer alegó que haría todo lo necesario para mantenerme a salvo. Era difícil aceptarlo, aunque en el fondo sabía que la única forma de dejar esa pesadilla atrás era huyendo, alejarme lo más posible de ella.
"No te dejes vencer, Shiranui. Debes denunciarlos para que esos malnacidos paguen por lo que te hicieron. Será un proceso muy difícil, pero mamá y yo estaremos contigo en todo momento, no te dejaremos solo."
Me suplicó Saburota sin dejar de mostrar esa gran sonrisa que era como ver un radiante rayo de sol muy cálido que se colaba en mi corazón. Todavía no me lo puedo explicar... ¿cómo se las arreglaba para siempre hacerme sentir seguro y tranquilo con solo unas sencillas palabras? ¿para hacerme creer de inmediato al ver su cálida sonrisa que todo saldría bien? Esa sin duda es una de sus mayores cualidades, un aspecto suyo que en verdad adoro.
Le relaté a la trabajadora social y al inspector que iban a verme al hospital a diario de todo lo que había pasado, me dijeron que tenían pruebas más que suficientes para procesarlos y encarcelarlos después de un juicio.
El proceso continuó, mientras tanto tendría que enfrentarme a la difícil prueba de volver al mundo exterior. Sabía perfectamente que no podía seguir sumido en la oscuridad y mi temor, tras reflexionarlo mucho pude comprenderlo.
Fue por esta razón por la que, aunque Saburota y su madre me insistieron para que no fuera con ellos a ayudarles con la mudanza, yo decidí armarme de valor y hacerlo. Me obligué a hacerlo por mí mismo, aunque fuera doloroso volver a ese lugar tenía que afrontarlo.
El primer día de mudanza, mientras íbamos bajando las escaleras del complejo de departamentos fuimos sorprendidos por un furioso y potente grito. Casi dejaba caer la caja que traía cargando debido a la sorpresa que me causó ver la escena que acontecía en la planta baja: Emiko estaba siendo arrestada. Forcejeaba con un rostro contorsionado de rabia con los policías los cuales intentaban meterla al vehículo policíaco.
—¡Quíteme las manos de encima, imbéciles! —Gritaba con una voz inundada en odio—¿¡Quienes se creen para hacerme esto!?
—Entienda que es mejor que deje de resistirse. —Le respondió un oficial con una voz plana e indiferente—. Aizawa Emiko, está siendo arrestada por los cargos de maltrato infantil, prostitución, posesión y venta de drogas. Tiene derecho a un abogado, todo lo que diga o haga podrá ser usado en su contra...
Antes de que entrara al vehículo volvió la vista y nuestras miradas se encontraron. Mi cuerpo entero se tensó, aun así, dejé que el profundo odio que sentía hacia ella le ganara al temor. Mis ojos fríos y heridos se clavaron en su rostro, ella por su parte me vio con rencor y enojo, nunca antes me había visto de esa manera tan temible.
—¡Fue tu culpa, maldito bastardo! —Comenzó a gritarme con histeria, su voz temblaba de rabia—¡Arruinaste mi vida desde el momento en que comenzaste a gestarte en mi vientre! ¡Me quitaste todo! ¡Mis sueños, mis esperanzas, mi vida! ¡Incluso me quitaste a Ichiro!
Ante la mención de ese nombre cerré los ojos y desvié el rostro. La Sra. Haruhi, aunque su menudo cuerpo temblaba levemente con miedo se colocó delante de mí en un ademan protector. Saburota por su parte lo hizo colocándose a mi lado sin dejar de ver con desagrado a mi madre.
Emiko bajó la vista y fue cuando se percató de las vendas que cubrían las cortadas en mis muñecas. Su rostro cambió en cuestión de segundos a una mueca perversa para continuar gritándome con crueldad:
—¡Eres un inútil bueno para nada! ¡Ni siquiera pudiste acabar bien con tu vida! ¡Todo hubiera sido mejor si hubieras muerto! ¡No lo olvides, pedazo de inútil! ¡Tú deberías estar muerto!
—¡Y usted va a ir a prisión por todo lo que lastimó a este valioso niño! —Contuve el aliento cuando la Sra. Haruhi avanzó unos pasos y se enfrentó a mi madre con un sorprendente valor—Nosotros nos encargaremos de darle todo el amor que le faltó mientras estuvo con usted. No lo olvide, cada vez que abra los ojos y se vea en su celda no se atreva a olvidarlo... ¡Recuerde todo el dolor que le causó a su hijo!
Mientras entraba al vehículo Emiko no podía dejar de maldecir y llorar de rabia. Apenas el vehículo se perdió de mi vista bajé el rostro y comencé a llorar con amargura en silencio. Lo único que fue capaz de tranquilizarme fue sentir como Saburota tomaba una de mis manos para envolverla con la suya. Me habló con una voz baja y serena:
—No la escuches, no recuerdes esas palabras. Esa bruja es la única que debería estar muerta. Ella está a punto de pagar todo el daño que te hizo, estoy seguro de eso. Cuando te sientas triste, cuando esos negativos pensamientos vuelvan a ti no lo olvides: yo siempre estaré agradecido de tu existencia. Tu vida es valiosa para mí, nunca me alejaré de ti.
Solo pude continuar llorando y aumentar más la fuerza en nuestro cálido agarre. La púa de tiburón estaba guardada con sumo cuidado en mi caja de recuerdos, por supuesto ya no se encuentra ahí pues la guardé en mi maleta, la llevaré conmigo a Londres.
Esa brillante púa es un constante recordatorio de la segunda oportunidad que se me dio, es la prueba de mi renacer.
