La historia que dejamos pasar
Capítulo 18
Solo la hija de Shigeo-san hacía que Naoki se sintiera estúpido.
Yuuki salía con la vecina. Todo su enamoramiento y las idas al apartamento para estudiar no eran por la pelirroja, sino la joven pelinegra cuya mirada mostraba la misma emoción que la de él. Konomi únicamente tenía ojos para su hermano y su expresión le había ocasionado un aire de familiaridad que no le dejó dormir esa noche.
Tal impresión había distraído gran parte de su malestar por la presencia de la pelirroja en la cena de celebración de su hermano; no tanto a causa de la civilidad y la madurez, como parecieron creer los demás.
¿Cómo pudo saltar a la conclusión de Yuuki reviviendo el interés por esa idiota? ¿Por qué pensó y actuó como solo lo haría un imbécil, ocasionando una brecha mayor con su hermano?
El asunto se resistía a abandonarlo aun a varias semanas de la cena, no importaba sus intentos por ignorarlo. Posiblemente no ahondar en ello hacía que estuviera en su memoria consciente de forma diaria, y no irse a su inconsciente como era mejor… pero tenía el presentimiento que no le gustaría el resultado de sus reflexiones.
Al menos ya no tenía que preocuparse por alejar a su hermano de aquella mujer.
Una mata de ondulado pelo negro le hizo salir de su ensimismamiento, algo habitual en los últimos días cuando tenía unos minutos libres. Se dirigió hacia Matsumoto, que asintió al verlo desde lejos.
—Sí, no he mejorado. Ahórrate el discurso, Irie.
Él suspiró.
—¿Has almorzado?
—Me molesta tragar.
—Tómate un tiempo para comer algo ligero de la cafetería y te comentaré sobre tu caso, estuve revisándolo.
Ella esbozó una mueca. —Mi médico lo ha dicho, e incluso si tú me produces más confianza por conocerte, no creo que haga diferencia. Aun así, vamos, podría servirme tu opinión para un proyecto en el que estoy trabajando.
Era suficiente. Le pidió un momento y fue por su comida; antes de bajar informó a la estación de enfermeras.
La cafetería no estaba llena todavía, así que pudieron escoger el lugar donde sentarse. Mientras tomaban sus alimentos, discutieron del padecimiento de ella y el tema de su trabajo.
—¿Nishigaki-sensei platicaba con ella de recorrer el camino de cerezos?
—Sí, estaban muy animados hablando del mejor momento para hacerlo.
—Siempre insinué que fuéramos y solo alabó lo romántico que era, pero nunca me invitó. ¡Y va a llevarla a ella!
—Parece que Nishigaki-sensei sí es serio.
Él arrugó la nariz, pero Matsumoto rió al escuchar parte de la conversación de un grupo de mujeres.
—¿Es cierto lo que dicen de que hay muchos romances de quienes trabajan en los hospitales? —preguntó curiosa cuando ya estaban a unos metros de las enfermeras, retirándose de la cafetería.
Ignoró una punzada a la altura de su esternón y se encogió de hombros.
—Bueno, dudo que te importe. Creo que aquí nos separamos; gracias por tus palabras, trataré de internarme en mayo.
Él suspiró y asintió.
Tras despedirse, se dirigió al ascensor exclusivo de personal.
—¡Tú! ¡Matsumoto Yuuko! ¡Eh! ¿Qué te pasa!
Con rapidez, se dio la vuelta para regresar, aunque escuchara la voz de la pelirroja. Parecía que algo había ocurrido con Matsumoto y temía que pudiera ser una complicación.
Vio que Kikyou, Ogura y Shinagawa también estaban presentes y rodeaban a Matsumoto, encorvada mientras se presionaba una mano en el estómago. Otras personas de la cafetería miraban de lejos.
—¿Dónde te duele? —Escuchó decir a la pelirroja al llegar a todas ellas.
—Matsumoto.
—Estoy bien, Irie. Solo es un dolor normal por la úlcera. —Matsumoto se incorporó y parpadeó de incredulidad al mirar a la enfermera que estaba más cerca de ella. —Pensé que estaba delirando. Aihara-san, ¿enfermera? ¿ya han bajado las cualificaciones para el personal sanitario? ¿y trabajas aquí?
—Oye, guapa, ella es buena enfermera —defendió Kikyou. —Si tuvieras un accidente grave en la calle, Kotoko podría salvarte la vida.
—No te preocupes, Moto-chan, ella es así.
—Por eso es que te recomiendo internarte lo más pronto posible —indicó él sin hacer caso a las otras. —Recuerda cuáles pueden ser las complicaciones de una úlcera duodenal.
—¡Matsumoto-san, eso es muy grave! Si es tan fuerte para hacer que casi te hinques, pronto puedes tener sangrado y, si lo dejas pasar, llegar a una perforación. Debes atenderlo bien, sin importar qué.
—No voy a hacer caso a las palabras de una mujer que dejó plantado en el altar a un hombre, después de perseguirlo como idiota.
Él sintió que su cuerpo se convertía en piedra.
—…y que, para colmo, ahora trabaje en el mismo sitio que él obligándolo a soportarte. No sé cómo renuncié a…
—Matsumoto.
—…Irie por alguien como tú —dijo ella a la vez.
Las enfermeras jadearon y Naoki se dio cuenta que ninguna sabía de su humillación hasta ese momento, tal como Matsumoto se percató de lo mismo, cubriéndose la boca alarmada.
Lo había callado.
Un volcán recorrió todo su cuerpo y pudo haber estrangulado a la pelinegra con sus propias manos.
—Irie… yo…
Él soltó una corta risa desdeñosa.
—¿Todos estos años has creído que yo iba a aceptar cuando el oficiante me preguntara si la aceptaba como esposa? —mintió sin pensárselo dos veces, salvando su orgullo. —No seas idiota tú también. Ni siquiera acudí al ayuntamiento por un formato de registro.
Escuchó un gemido y con los hombros tensos se giró en esa dirección.
—Tú… Yo te pedí perdón como una estúpida. No te mereces nada. Ni que yo te amara. —La pelirroja lo enfrentó con ojos vidriosos. —Tú eres de lo peor. Yo actué por impulso por lo que escuché y tú… tú lo planeaste. Eres cruel, Irie Naoki, te detesto.
Frunciendo el ceño ante lo dicho por la joven, él automáticamente la asió de la muñeca y no le importaron las miradas al tirar de ella para hacerle salir por una de las puertas del hospital que daba al patio; le daba igual la imagen que tanto había cuidado.
Kotoko se quejó tratando de soltarse y escuchó los gritos de las otras detrás, así que se volteó y les dedicó lo que esperaba fuese el rostro más temeroso del mundo.
—No nos sigan.
Todas retrocedieron un paso.
—Déjame ir, ¿qué te pasa? ¿Qué quieres de mí? ¿Qué crees que estás haciendo? ¿Intimidarme de nuevo?
Al ver que una de las aulas de formación estaba abierta y vacía, caminó hasta allí y cerró la puerta detrás de él, deshaciendo su sujeción de la pelirroja, quien se alejó varios metros de él.
—¿Qué fue lo que escuchaste y cuándo?
Al demonio sus intenciones de dejar el pasado atrás, en ese instante todo le demandaba saber qué cosa la haría humillarlo como lo hizo.
—Dímelo.
—No.
—Estoy esperando.
—¿Ahora sí quieres explicaciones? —Ella lo miró con rencor.
—No voy a repetirme.
—Nunca lo hago —se burló ella—. Pero eso sí lo dijiste dos veces. ¡No quiero casarme con Kotoko! ¡No me quiero casar con Kotoko! ¡Ahora entiendo que estabas teniendo remordimiento de conciencia y querías que oji-san lo arreglara por ti! Estaba ilusionada porque Yuuki-kun me había dicho que tú me besaste mientras estaba dormida y yo no podía esperar hasta la noche a solas para que me lo confirmaras.
Ella sollozó, abrazándose a sí misma.
—Fui y oji-san te comentó que no parecías feliz.
Por primera vez en años, su mente vagó hasta ese día, recordando la conversación que tuvo con su padre mientras se preparaba.
"No. No estoy feliz. Mamá siempre se adelanta a los hechos. Esta boda es una ridiculez."
"Sé que estás enojado, Nao, pero tú pediste la mano de Kotoko-chan a Ai-chan, solo estás casándote un poco antes… O tú… Naoki, ¿esa noche hablaste así porque somos amigos?"
"Sí. Cometí un error. No debí pedir su mano esa noche. No quiero estar aquí. No quiero esta boda. No quiero casarme con Kotoko…"
"¡Nao!"
"Traté de decirle a mamá que parara esta broma, pero como siempre, no me escuchó. Debió preguntar en lugar de actuar por su cuenta y armar esta boda ridícula. Estoy perdiendo tiempo que podría dedicar a Pandai. Para ser honesto, no me quiero casar con Kotoko el día de hoy. Pensaba hacerlo en unos años, lo dije, hasta terminar la carrera. Somos muy jóvenes. Apenas hace casi tres semanas pedí su mano."
"Nao, ¿quieres hacerla feliz? Asientes, qué bueno. Kotoko-chan estará feliz de casarse contigo hoy. Lo demás vendrá por sí solo. No te preocupes por la empresa o porque no han terminado la universidad, nosotros los apoyaremos. Y si está seguro de querer que Kotoko sea tu esposa, no importará si es hoy o dentro de cinco años."
El enojo, el estrés y la frustración por la actitud de su madre y por Pandai se habían acumulado por dos semanas y esa vez había explotado.
Rompió la distancia entre ambos.
—¡Tu maldita costumbre de espiarme!
Seguramente se fue con solo escuchar una parte.
—¿Y qué! ¡Ya sé que es una cosa más que desprecias de mí! Yo… Confié en ti… me quedé después de que declaraste no querer esa boda, ni casarme contigo, por si estaba malinterpretando y oyendo a medias, pero lo repetiste y ya no pude oír más. ¡Era una boda ridícula! ¡Perdías tu tiempo! ¡No querías casarte conmigo! Y hoy sé que no fuiste al ayuntamiento. —Ella gimió—. Me fui porque mi corazón se hizo pedazos, había escuchado suficiente. No podía verte y soportar tu actitud fingida. Qué bueno que hui antes de que te negaras en el altar.
Una cosa…
—Tan estúpida… —murmuró y rió entre dientes, mofándose porque un malentendido le hubiera hecho pasar una humillación… pero, ¿cómo no iba a ser menos de ella? Siempre saltaba a conclusiones precipitadas.
—Te encanta decírmelo. Pues ahora sí lo siento… soy una estúpida… me enamoré de ti. Te amé por años.
A él se le escapó una carcajada carente de gracia.
—¿Nunca te han dicho que no debes oír conversaciones a escondidas? —preguntó como hipócrita.
—Qué bueno que lo hi…
—Yo sí quería casarme contigo, pero no ese día. Se lo dije a mi padre. — Un sentimiento en su interior le obligó a defenderse. Ella jadeó, pestañeando con incredulidad. —Solo habían pasado menos de tres semanas desde que pedí tu mano.
—Tú… yo…
—Llevábamos juntos menos de un mes. ¿Quién se casa en tan poco tiempo?
Ella bajó la mirada.
—En eso… estaba de acuerdo. Aunque, ¿qué habría sido distinto a más adelante? Yo quería pasar mi vida contigo.
—¿Entonces por qué no te presentaste a la ceremonia y me enfrentaste?
Las lágrimas brincaron de su rostro cuando ella agitó la cabeza riéndose histérica.
—No pensé. Mi corazón estaba encogido de dolor… me habías roto el corazón. Y era la última vez que me lo ibas a romper, Irie-kun, porque me dolió más que cuando te comprometiste con otra. De pronto decías que me querías y pedías la bendición de mi padre, tras años de rechazarme, y yo estaba ilusionada de ser correspondida por ti… y luego, luego te escucho decir que no quieres casarte conmigo. No me detuve a pensar, pero, ¿qué tenía más sentido? Después de la noche bajo la lluvia, después de tu arrebato…
Ella sorbió por la nariz y se limpió unas lágrimas con el dorso de su mano, reemplazadas rápidamente por otras.
—En esas semanas no me dedicaste ni una sonrisa, Irie-kun. No te acercaste a mí ni hiciste algo que me diera confianza al momento de escuchar lo que dijiste a tu padre. Y sí, ya estaba acostumbrada a tu rechazo, mas volví a sufrir, porque de pronto estaba cayendo de mis nubes sin paracaídas. Estaba ilusionada y quería una vida contigo, y de repente resultó otra fantasía mía, otra decepción más contigo. En uno del que debió ser de los mejores días de mi vida. No podía confiar en ti porque no me diste motivos para hacerlo, más que un arrebato posesivo cuando alguien más me quiso. Y, de todas las veces que vi atrás, en todo el tiempo que lloré por ti, no fue la primera vez que actuaste cuando otro se interesó por mí. Yo te esperé en casa y luego, luego… Tú… tú no me llamaste ni una vez, no me mandaste ni un mensaje, no me contactaste. Eso solo reafirmo tus palabras y perdí toda esperanza en ti.
Un llanto fuerte le hizo extender la mano de forma inconsciente, pero ella se alejó y cerró los ojos.
—Irie-kun, ninguno confió en el otro. Tú hiciste lo mismo que yo. Sabías que te amaba y no dudaste cuando te dijeron que no llegaría. Sabías que te amaba y tenías más razones que yo para creer… y dejaste que me fuera. Preferiste creer en un solo acto, en una sola cosa, que en mi amor demostrado muchas veces. No hiciste nada para recuperarme o saber la verdad… si me querías. Yo tuve años demostrando mi amor; en cambio, tú, tú… yo te di igual. Si así era tu amor, yo estaba mejor sin ti.
Y lo estuvo, porque se convirtió en enfermera estando sola. Lejos de él.
—Ahora no soy la misma y gracias por aclararme lo que ocurrió. Tal vez las cosas serían diferentes si hubiera sido valiente, pero no me arrepiento. ¿Sabes, Irie? Todo lo que yo necesitaba para crecer era un corazón roto.
Algo se encogió en él, que perdió toda capacidad de habla al oírla.
Ella sonrió, pasó por un lado y se fue.
(Dejándolo otra vez.)
NA: ¡Hola!
Como pensaban, Kotoko se fue por lo que escuchó, aunque también porque abrió los ojos del trato que recibía de él.
¿Qué creen que pase ahora?
Besos, Karo.
Raz: Ja,ja,ja lo siento, no lo contemplé porque no quería centrarme mucho en la cena y dejar el tiempo sin correr. Aquí está la otra actualización y pasa algo mejor, Naoki se entera de por qué fue plantado. Gracias por tu review :D
