Capítulo 9

EPOV

Los primeros días posteriores a mi llegada fueron realmente difíciles. Cada día y a cada minuto la extrañaba y aunque trataba de no pensar en el dolor que se había instalado de manera permanente en mi pecho, era imposible no perderme en los recuerdos. Mi mente me jugaba en contra todo el tiempo imaginándola feliz al lado de Jacob, continuando con sus planes para la boda. Me torturaba pensando cuánto tiempo faltaría para que ese día llegara, porque al pensar en ella entre los brazos de aquel hombre mi sangre hervía y el dolor se mezclaba con la ira.

Traté de continuar con mi vida lo más normal que pude. El trabajo apenas había sido de ayuda, me metí de lleno en los deberes pendientes que había dejado, a tal grado que en un par de días ya estaba al corriente; aun así ella seguía presente en mi mente y seguiría siendo así por el resto de mi vida. Si algo había comprendido al final de toda aquella situación es que Bella sería siempre la dueña de mi corazón. Estaba tatuada en mi alma.

Emmett me había dicho que Irina le había informado sobre un pequeño retraso en el papeleo por alguna situación que se presentó con Bella; no quise saber al respecto, no quería que se despertara algún tipo de esperanza en mí, ya había sido suficientemente duro el haberme marchado y haberla dejado ir. Al final me avisó que todo estaba resuelto y el acta de divorcio tardaría unos días en llegar. Él se encargaría de enviarla por correo.

Mi interfono sonó e interrumpió el ritmo de mis pensamientos.

—Dime, Heidi.

—Una señorita viene a verlo. Viene de parte de Emmett.

Fruncí mi ceño. Seguramente se trataría de la acta de divorcio, así que le pedí a Heidi que la dejara pasar. Escuché unos tacones y levanté mi vista hacia la persona que caminaba hacia mi escritorio. Se trataba de Tanya. Vestía un vestido con la falda en tubo color beige y un saco color azul. Llevaba su cabello recogido en un moño alto.

—Tanya, qué gusto verte.

—Querido Edward —se acercó a saludarme con un beso en la mejilla—. Estoy de paso en Londres y antes de irme quise pasar a verte.

—Me alegro ¿Cómo has estado?

—Bastante bien. Arreglando mi traslado aquí, será algo sólo temporal o eso espero.

—Bueno, Emmett dijo que su traslado a Seattle sería temporal y mira.

—No, espero que no. No te ofendas, pero Londres no es para mí.

Continuamos charlando. Tanya me pidió ayuda para conseguir un lugar adonde mudarse, no había tenido tiempo de revisar departamento o casas, todo había sido tan repentino y en poco tiempo estaría en Londres. Accedí a ayudarle, pues recordé cuando Irina me ayudó a mí. Sabía lo que se sentía llegar a un lugar extraño y no tener idea de por dónde comenzar. Así que le ofrecí mi ayuda en todo lo que estuviera a mi alcance.

—Mil gracias, sé que debes de estar hasta el tope de trabajo después del viaje y ahora te cargo la mano con la búsqueda de un departamento.

—Descuida, tengo un muy buen contacto que hará esto fácil —tomé una pluma y un papel para que anotara algunos datos sobre lo que buscaba—. En cuanto tenga algunas propuestas te las haré llegar a tu correo.

—Me parece bien —se levantó de su lugar y extendió su mano—. No te quito más el tiempo. —No me pasó desapercibido el anillo que posaba en su dedo anular de la mano izquierda.

—¿Te has comprometido? —pregunté asombrado. Cuando me encontré con ella en Seattle no me comentó nada y honestamente jamás se me ocurrió preguntar.

—Justo un par de días después de que te marchaste. No tuve oportunidad de presentarte a Félix.

—Emmett tampoco mencionó nada.

—Para ser honesta, son pocas las personas quienes saben. Ha sido uno de esos amores repentinos. No sabemos todavía qué haremos con esto de mi mudanza, pero espero que funcione —dijo con timidez.

—Te deseo lo mejor, a ti y a Félix —fue todo lo que pude decir. No estaba en las mejores condiciones para dar consejos sobre parejas.

Se marchó poco después. El saber de su compromiso sólo me trajo a la mente a Bella al lado de Jacob. Me preguntaba si su boda se acercaba o quizá ella ya se hubiera casado; quizá justo en ese momento ella estaba entre sus brazos. El dolor oprimió más fuerte mi pecho y terminé lanzando todos los objetos que se encontraban en mi escritorio. Heidi acudió de inmediato asustada por el estruendo. Verme fue todo lo que necesitó para salir de manera sigilosa y discreta.

Como cada día al salir del trabajo me fui directo a casa. Al llegar revisé mi correo esperando encontrar los papeles del divorcio. Suspiré aliviado porque aún no llegaban. Patético. Me pregunté por qué Emmett no se había comunicado aún conmigo para decirme que ya los había enviado o algo por el estilo.

Pasé directo a mi vestidor para ponerme más cómodo. Un jogger y una camiseta blanca fueron la elección. Estaba por irme hacia el estudio para leer un poco cuando llamaron a la puerta. Me pregunté quién sería ya que no solía recibir muchas visitas y que recordara no había quedado con nadie.

Abrí la puerta y me encontré con una figura femenina. Se trataba de Tanya que traía consigo una gran bolsa de papel de la cual salía un delicioso aroma a comida china. Levantó la bolsa y me sonrió.

—Un pequeño pago por el favor. Di que sí.

Me hice a un lado y ella entró. Decidimos tomar un poco de vino junto con la comida china. La velada estaba siendo realmente amena. Ella comenzó a platicarme sobre su tórrido romance con Félix, donde la pasión se había presentado instantáneamente. Reconocía que estaba bastante preocupada sobre cómo se tomaría el hecho de que tenía que mudarse por un tiempo a Londres.

—¿Entonces él no lo sabe?

Ella sólo negó con la cabeza.

—Tanya, debiste decirle en cuanto te enteraste que te trasladarían a Londres.

—En ese momento no sabía que aquello que comenzó con un par de acostones terminaría con un anillo de compromiso en mi dedo.

—No soy quién para juzgar el que le mantengas oculto esto a Félix pues como ya sabes me hubiera ahorrado mi doble divorcio si hubiera sido honesto con Bella sobre mi situación.

—¿Entonces crees que toda esta situación del divorcio es tu culpa?

—Fue de ambos. Si bien Bella falló en dudar de mí también tuve parte de responsabilidad —tomé una gran bocanada de aire, porque a pesar de haber concluido con ese capítulo el aprendizaje apenas empezaba—. Si yo le hubiera dicho que vivía con Irina, ella hubiera tenido idea de qué se encontraría al llegar a Nueva York, pero los hubiera no existen.

—Creo que tienen razón. Quizá deba irme y llamarle de inmediato —fue tanta la premura con la que se levantó de su silla que terminó derramando su copa de vino sobre su vestido—. Mierda. Lo lamento —dijo mientras trataba de limpiar su vestido.

Me apresuré a tomar un paño para la cocina y se lo tendí mientras que con otro yo limpiaba la mesa. Tras terminar de hacerlo me di cuenta que su ropa estaba totalmente arruinada, no importaba cuánto tallara el vino era una mancha difícil de quitar.

—Supongo que está arruinado ¡Demonios! Debo tomar un avión a media noche y ya he mandado mi maleta —continuó tratando de tallar la tela del vestido.

—Déjame lavarlo. Tienes todavía tiempo —recogí los platos y las copas utilizados en la cena. —La mancha está fresca y se secará justo a tiempo.

La llevé a mi cuarto y busqué una camiseta que pudiera usar. Me apresuré a preparar la lavadora con el detergente mientras ella se cambiaba.

—Muchas gracias, Edward. Espero funcione. Por cierto, ese cuadro en tu habitación es realmente hermoso e inspirador —dijo mientras me tendía el vestido.

Estaba terminando de echar a lavar la prenda cuando se escuchó el timbre. Dos visitas en una noche, esa sí que era toda una novedad.

—Descuida, abriré yo —escuché gritar a Tanya.

Salí pocos segundos después y fui a ver de quién se trataba. Me quedé estupefacto a la mitad del pasillo. Justo en la puerta se encontraba la persona a quien menos esperaba y quien menos hubiera imaginado que podría estar en la entrada de mi departamento.

Bella.

Sus ojos se pasearon entre Tanya y yo y supe de inmediato qué es lo que ella estaba viendo.

BPOV

Si creía que mi corazón martilleaba con fuerza cuando me bajé del avión, eso había sido nada en comparación a lo acelerado que se encontraba justo frente al edificio de departamentos donde vivía Edward. Corroboré que la dirección que Emmett me dio fuera la correcta y subí hasta el último piso. Me paré frente a la puerta marcada con el número 1020. Intenté no una sino hasta tres veces llamar a la puerta.

—Vamos Bella, vamos. No seas cobarde —me dije a mí misma y entonces lo hice. Oprimí el timbre y en cada segundo que pasaba la presión en mi pecho se acentuaba. Contuve la respiración hasta que se abrió la puerta.

No estaba preparada para encontrarme lo que vi en ese momento. Una mujer frente a mí, en el departamento de Edward con nada más que una camisa cubriendo su desnudez. Delante de mí se encontraba Tanya, la asistente de Emmett y con quien lo había encontrado corriendo el otro día ¿Acaso él ya había comenzado a avanzar y construir su vida?

Bajé la cabeza y apreté con fuerza mis ojos. Lo había perdido, ya nada podía hacer. La historia se repetía. De nuevo estaba yo ahí frente a su puerta viéndolo con alguien más. Yo… No, no, yo lo conocía, sabía cómo funcionaba su corazón. Él había dicho antes de marcharse que me amaba y no podía creer que ese amor hubiera desaparecido en unas cuantas semanas; por lo menos no tratándose de Edward.

Lo conocía. Sabía que para él como para mí nuestra relación y nuestro amor eran prácticamente sagrados y no iría por ahí acostándose con otras cuando todavía me amaba. Por fin lo había entendido. No estaba segura de que me aceptara nuevamente en su vida, pero no cometería el mismo error. No sacaría conclusiones sin esperar a que Edward me explicara qué es lo que estaba sucediendo. Así que tomé un gran respiro e ignoré el hecho de tener a una Tanya semidesnuda en la puerta.

— ¿Puedo entrar? —dije con toda la seguridad que pude reunir.

— ¿Qué…? Digo, sí por supuesto. Adelante, pasa —me apresuró Edward.

Me adentré en el departamento y dejé mi maleta al lado de la puerta. Edward y yo no dejábamos de mirarnos. Cada uno de nosotros tenía miles de preguntas reflejadas en el rostro. Estaba segura de que se estaba cuestionando qué hacía ahí, parada a la mitad de su sala. Yo por dentro moría por ir hacia él y abrazarlo, por sentir la calidez de sus brazos estrechando mi cuerpo y decirle que lamentaba el haber tardado tanto. Eran tantos los sentimientos y emociones que se hicieron presentes en ese momento, pero definitivamente el deseo y el amor eran lo que predominaban.

No sé cuánto tiempo pasó, pero sólo fuimos conscientes de nuestro alrededor hasta que Tanya carraspeó para hacernos saber que se encontraba ahí.

—Creo que ustedes tienen mucho de qué hablar. Así que iré por mi vestido y me iré.

—Lo acabo de meter a la lavadora —explicó Edward, pero seguía viéndome a mí.

Aparté la mirada hacia Tanya y se veía realmente apenada e incómoda de estar entre los dos y esas circunstancias.

—No es lo que estás pensando —me dijo—. Esperaré en la habitación de Edward a que terminé de secarse mi vestido.

—Puedo darte algo de mi ropa —le dije señalando mi maleta—. Sólo si quieres.

¡Diablos! Había parecido que trataba de correrla.

—Eso sería fantástico. Tengo un vuelo que abordar y prometo que te la haré llegar.

Edward me indicó dónde estaba su cuarto y acompañé a Tanya para que tomara algunas de mis prendas y se cambiara.

Al entrar lo primero que vi me dejó congelada. Simplemente no podía creerlo. Frente a mí tenía el cuadro que le había gustado en mi galería. Él era quien lo había comprado ¿Cómo no pude haberme dado cuenta? Edward era el único que lo había visto, el único que sabía de su existencia. Recordé su reacción al mirar la pintura, lo mucho que le había gustado y eso fue todo lo que necesité para saber que había hecho lo correcto en viajar a Londres

Di media vuelta y dejé a Tanya en el cuarto mientras iba hacia Edward.

—Bella, no es…

Tomé su rostro entre mis manos y uní nuestros labios. Él pareció bastante sorprendido al principio, pero a los pocos segundos me respondió de la manera en que mi cuerpo lo recordaba: con pasión y amor. Sus brazos se enrollaron alrededor de mi cintura, me pegó a su pecho y sentí de nuevo esa conexión. Mis curvas seguían abrazando cada hueco de su cuerpo y viceversa. El beso se volvió húmedo y hambriento. Sus manos recorrían toda mi espalda, mi cintura y caderas. Yo tocaba sus hombros firmes, sus cabellos sedosos y sus rasgos varoniles.

—Bella —susurró sobre mis labios cuando necesitamos separarnos— ¿Qué…?

—Debemos hablar, lo sé —besé la comisura de sus labios—. Te explicaré todo, pero ahora sólo necesito esto —volví a besarlo con toda mi alma, hasta que el aliento nos abandonó a ambos.

Él se inclinó y reposó su frente sobre la mía. Inhalaba todo lo que mis pulmones me permitían, quería llenarme de su aroma.

Un carraspeo nos sacó de nuestra burbuja.

—Lo siento, chicos —comentó Tanya—. No quería interrumpir. Se veían muy lindos, pero hay un vuelo que debo abordar. Muchas gracias por la ropa, Bella.

—No es nada —respondí mirando aún a Edward y después me giré—. Espero tengas un buen viaje.

—Estaré al pendiente respecto a tu departamento, cualquier cosa te diré —dijo Edward.

Tanya nos sonrió a ambos y salió del departamento.

En cuanto nos quedamos solos Edward me tomó entre sus brazos.

—No te dejaré ir hasta que me expliques qué es todo esto —su aliento mentolado chocaba con mi rostro y sólo me incitaba a besarlo nuevamente.

—Quizá no quiero que me dejes ir, quizá vine aquí a implorarte que me aceptes —murmuré.

La opacidad en su mirada comenzó a desaparecer; en su lugar rayos de esperanza comenzaron a aparecer. La mirada de la cual me había enamorado regresaba a esos bellos orbes.

—He traído los papeles que acreditan nuestro divorcio —comenté. Su mirada comenzó a decaer de inmediato, así que me apresuré en agregar: —. Los he traído porque tengo la esperanza de que aceptes casarte conmigo nuevamente, pero esta vez para siempre.

—¿Qué? —estaba realmente asombrado.

—Después de que me dejaste en casa aquel día me di cuenta que no podía seguir con mis planes de casarme con Jacob porque no lo amaba. Siempre has sido y serás tú el dueño de mi alma —entrelacé mis dedos con los suyos y fui consciente de que por fin me sentía en casa—. Traté de comunicarme contigo, pero no pude, entonces esperé a verte en la corte y pedirte que no firmáramos el divorcio, pero no llegaste —dije con tristeza—. Irina me dijo que habías ido días antes para firmarlo y me explicó tus razones.

»Fue entonces que me di cuenta que había actuado demasiado tarde. Me detesté tanto por el dolor que había causado en ti y me refiero a todo, por haber desconfiado y por no haberte dicho que también te amaba.

—Bella, no. No todo es tu culpa, si yo no hubiera sido orgulloso y te hubiera dicho que vivía con Irina entonces habrías tenido una idea de lo que podrías encontrarte aquel día —explicó apresurado—. Desde que llegué a Londres he estado meditando y llegué a la conclusión de que tenías razón. Me concentré tanto en demostrarle a tu padre que podía ser suficiente para ti que se me olvidó preguntarte a ti qué necesitabas para ser feliz.

—Oh, Edward. Lamento tanto haber arruinado todo aquella noche —me abalancé hacia sus brazos que gustosos me recibieron.

—Ahora estás aquí y eso es más de lo que esperaba —besó cada parte de mí que estaba a su alcance—. Ni si quiera podía darme el lujo de imaginarte aparecer por mi puerta como lo has hecho. Te imaginaba en brazos de Jacob y eso me llenaba de rabia.

—No sé cómo pude pensar alguna vez que sería capaz de casarme con alguien más —me aparté un poco, sólo lo justo para poder mirarlo a la cara—. Es totalmente cierto lo que dije. Quiero iniciar de nuevo una vida a tu lado.

Él me miró con esos hermosos ojos brillosos y llenos de amor. Era la misma mirada que me había dado aquel día en que le dije que Sam no era mi pareja y nos convertimos en novios. Amaba tanto el poder sentirme querida con sólo una mirada, el sentirme segura a su lado. Llevaba menos de una hora con él y podía sentir como mi cuerpo y alma despertaban del largo letargo en el que se encontraban y en el que ni siquiera me daba cuenta que estaba.

—Sí, mi respuesta es sí a cualquier propuesta que me hagas. Acabo de decidir que en este nuevo comienzo haremos las cosas a tu manera —besó la comisura de mis labios.

—Bueno, entonces empecemos por algo —me solté de su abrazo y fui hacia el bolso que había dejado en la entrada; en él se encontraba el acta de divorcio—. Para este nuevo inicio debemos terminar con esto. Toma —le di el sobre color manila—. Es el acta de divorcio.

Él la tomó, pero en cuanto lo hizo lo rasgo por la mitad y lo botó en la pequeña mesa de cristal que se encontraba a la mitad de la sala.

—No la quiero, no me interesa. Lo único que me importa es que estás aquí y que no pienso dejarte ir a ninguna parte. Ya no —me dijo con la voz ronca

Dio dos pasos hasta llegar a mí y me alzó en sus brazos. La decisión, mezclada con el amor y el deseo hicieron su presencia en sus gestos. Mi corazón comenzó a acelerarse cuando avanzó por el pasillo que conducía a su cuarto. En ningún momento apartamos la mirada; y en aquella caminata recordé el día de nuestra boda y nuestra primera noche como marido y mujer. Sin embargo, en cuento cerró la puerta detrás de nosotros supe que ahí es donde daría inicio nuestra nueva vida juntos; sin reclamos, sin miedos, con confianza y amor.

Me depositó con suavidad sobre el mullido colchón. Me miró de manera detenida y se inclinó sobre mí para besarme; está demás decir que no jugué un papel pasivo, porque lo deseaba tanto, anhelaba tanto el sentir el contacto piel a piel.

Mis manos se adentraron en su playera, pude sentir la firmeza de su espalda y costados. Me maravillé delineando las líneas de sus músculos definidos. Él besó todo lo que estaba a su alcance: mi cuello, mi cara, mis clavículas. Lo escuchaba inhalar y contener el aliento, no lo culpaba también quería respirar y llenarme de su aroma. Había sido tanto tiempo sin poder estar así. Él definitivamente seguía oliendo de la misma manera, pero había algo que le daba mayor madurez y que al mismo tiempo lo hacía más atractivo y deseable.

—Te amo, Edward —solté sin más, sin pensarlo pero sí sintiéndolo.

Él me miró y de nuevo me sentí transportada al mismísimo paraíso. Podía sentir como un hormigueo me recorría hasta el último recoveco de mi cuerpo, cada una de mis extremidades las sentía cálidas y al mismo tiempo flojas. Jamás encontraría a alguien que me mirara como él lo hacía. Era como perderme en un viaje ancestral y primitivo, calmado y cadencioso.

—Oh, Bella —se giró sobre la cama y me dejó encima de su cuerpo. Podía escuchar su corazón y decidí concentrarme en ello. Conté cada latido, sentí cada golpeteo en su pecho ¿Cómo había podido sobrevivir sin esto, sin él?

Pasaron minutos o incluso horas. Realmente no lo sabíamos, todo era tan cómodo. Al fin estábamos en donde debíamos estar. Él no paraba de rozar con la punta de sus dedos mi cintura, mis brazos, mi mejilla; enterraba sus dedos entre mis cabellos, mientras yo dibujaba corazones sobre su nuca tal cual lo hacía cuando éramos adolescentes y nos perdíamos toda la tarde en el prado.

—No puedo creer que estés aquí —susurró—. Bella, no sabes lo feliz soy.

—Tenía tanto miedo de que no me aceptaras de regreso —confesé—. No te hubiera culpado si me hubieras dado una patada en el culo —reí—. Pero me alegra que no la hayas hecho —besé su pecho.

—Como si eso fuera posible. Eres mi vida entera.

Nos besamos nuevamente. No teníamos suficiente de ello. Esta vez fue lento, suave, nos dedicamos a disfrutar, a reconocernos, pero estaba lista para más. Mucho más.

Me moví para bajar hasta sus pantalones y jalarlos, pero él me detuvo.

—Tendremos tiempo para eso, ahora sólo quiero tenerte entre mis brazos. Dormir a tu lado, por favor —pidió. Entendí que había una parte de él que seguía temiendo que no fuera real el que estuviera ahí a su lado.

—Bien, pero no podrás dejarme de abrazar en toda la noche. Está prohibido, Cullen —sentencié.

Nos acurrucó a ambos bajo las cobijas y me sentí dichosa cuando comenzó a acariciar mi cabello como solía hacerlo cuando no podía dormir y aunque traté con todas mis fuerzas el mantenerme despierta y platicar con él no pude hacerlo. Fue como si mi cuerpo se relajara por primera vez.

—O—O—

—O—O—

Me desperté con un cuerpo cálido y duro a mi espalda. Estaba aprisionada entre piernas y brazos, pero para nada molesto, al contrario, resultaba bastante reconfortante. Esa había sido una de las cosas que más había extrañado, el despertar a su lado.

A los pocos minutos despertó y enterró su rostro en mi cuello, apretó aún más mi cuerpo.

—Estás aquí —susurró en mi oído.

—No quiero ir a ningún lado, no si tú no vas conmigo —me giré entre la prisión de brazos y piernas y quedé maravillada ante la hermosa visión frente a mí.

Sus rebeldes cabellos despeinados de tal forma que debería de ser ilegal, resultaba demasiado tentador para su propio bien. Sus ojos adormilados le daban un toque de ternura que combinaban a la perfección con su lado sexy. Los rastros de una barba incipiente me llamaban a acariciarlo, él se apoyó en mi palma y al mismo tiempo recorrió con su mirada todo mi rostro.

—Tenemos que hablar —le dije.

—Lo único importante para mí es que estás aquí —besó la comisura de mis labios—. Ambos cometimos errores. Éramos bastante jóvenes y había muchas cosas entre nosotros; la enfermedad de mi madre, mi situación económica, la posición de Charlie sobre nuestra relación; pero ahora hemos madurado y ayer diste el claro ejemplo de que hemos aprendido de esos errores.

La miré confundida.

—Ayer cuando miraste a Tanya semidesnuda con mi camisa puesta creí que te darías media vuelta, que pensarías que entre ella y yo había algo —me dijo apesadumbrado.

—No mentiré, en un primer momento fue bastante impactante verla así, pero después recordé que me habías declarado tu amor antes de regresar a Londres y te conozco, sé quién eres y sé lo que se siente ser amada por ti. Hice lo que en aquel día no, me detuve a pensar y recordar quién eres, pero sobre todo lo que sientes por mí —dije apenada por reconocer que hace años no fui capaz de hacerlo y aquello nos condujo a pasar años distanciados siendo miserables.

—Está bien, dejemos eso atrás. Esa es mi condición, dejaremos el pasado donde corresponde y sólo nos dedicaremos a construir nuestra felicidad —me dijo llevando uno de mis mechones atrás de mi oreja.

—Sólo una pregunta y juro que no volveré a hablar del pasado —sonreí cuando sólo asintió con una enorme sonrisa en su rostro. Amaba verlo de esa manera—. ¿Cómo terminó mi cuadro colgado en tu pared?

—Eso es muy sencillo —acarició mi mejilla y bajó hasta mi cuello—. Sabes que la primera vez que lo miré quedé impresionado, incluso sin saber que tú lo habías pintado había algo en él que me atraía. Después entendí que la mujer del cuadro me recordaba a ti y aunque sabía que nuestro matrimonio estaba por concluir no quería dejarte ir del todo; así que quería tener algo tuyo conmigo y le pedí a Emmett que lo comprara bajo el nombre de la empresa donde trabajo.

—¿Entonces no querías dejarme del todo atrás? —esa confesión por alguna razón me hizo sonreír.

—Bella, no podría hacerlo aunque quisiera —dijo con seguridad—. Yo simplemente estoy atado a ti. Mi alma y mi corazón son completamente tuyos, aunque tú estuvieras al lado de Jacob jamás podría dejarte atrás —la firmeza en su voz hizo que se formara un nudo en mi garganta. Podía sentir en sus palabras su amor y anhelo.

—Tanto como la mía te pertenece a ti. No sé si podría hacer lo que hiciste tú, el marcharte creyendo que era por mi bien —hundí mi rostro en el hueco entre su hombro y cuello—. Yo hubiera sido egoísta, incluso sé que lo fui al venir aquí y tocar tu puerta pidiendo otra oportunidad.

—No me quejo de ello. Quizá también debí de ser más egoísta y esperar a verte en el juzgado. Te hubiera tomado en brazos y te hubiera llevado lejos de ahí —comentó.

—Oh, Edward. Quedémonos así, por siempre. No quiero separarme nunca más de tu lado —me estreché a él y besé su cuello una y otra vez.

Realmente había extrañado el despertar a su lado, su aroma en las mañanas, la calidez de su cuerpo pegado al mío, sus brazos alrededor de mí, sus suaves caricias en mi espalda, su barba rozando mis mejillas.

—Me alegra porque no te dejaré ir —salí de mi escondite y le sonreí.

Lo miré detenidamente, lo admiré y procuré grabar cada rasgo suyo. Su apariencia era más madura, con un porte de confianza y bastante masculino. Era realmente guapo.

—¿Qué miras? —me preguntó sonriente y después besó la punta de mi nariz.

—Te pusiste mucho más guapo —dije con picardía—. Pienso en que quiero explorar cada parte de ti para reconocer cada cambio en tu cuerpo.

—Bueno, creo que estás en todo tu derecho como futura esposa —su voz se volvió ronca—. Debes conocer en cada aspecto a tu marido ¿no es cierto? —asentí mientras mordía mi labio—. Yo también quiero saber cómo ha cambiado tu cuerpo; quiero adorarlo y amarlo —comenzó a acariciar debajo de mi blusa y rozaba la pretina de mi pantalón—. Pero primero debemos hacer una promesa.

—¿Cuál? —dije con dificultad. Mi respiración era bastante errática para ese momento.

—Jamás dudarás de mí, siempre me preguntarás antes de sacar conclusiones.

—Hecho —dije con firmeza pues no estaba dispuesta a cometer los mismo errores.

—Mientras, yo prometo siempre comunicarme contigo, no ocultarte nada sin importar cuanto quiera protegerte o avergonzado esté.

Besé su pecho cubierto por su playera una y otra vez. Estar ahí entre ambos nos hizo darnos cuenta que nuestro amor en lugar de apagarse sólo se había multiplicado. Ambos hicimos promesas sobre construir nuestro futuro juntos, sin dudas ni secretos. Rescataríamos planes que teníamos en el pasado y trabajaríamos para lograrlos. Juntos, como siempre debió haber sido.


Bien mis bellas lectoras, sé que ha sido más de un mes de espera, así que aquí está el nuevo capítulo. Antes que nada quiero saber ¿que piensan? ¿creen que Edward debió hacer sufrir a Bella? Lo sé, sé que las asusté con el asunto de Tanya, pero Bella debía demostrar que realmente había aprendido de sus errores.

Sé que dije que este sería el último capítulo más el epílogo, PERO, considero que quedaría un poco cortado. Quiero darles un final donde sus planes en el pasado se hagan realidad y comiencen desde cero siendo realmente felices porque lo merecen después de tanto tiempo separados. Así que prometo que el siguiente capítulo y el epílogo serán totalmente feliz, dulce y sexy ;)

INFINITAS GRACIAS: cary, Santa, miop, .10, Jade HSos, Lu40, Adriu, jupy, saraipineda44, Lizdayanna, Torrespera172, Elizabeth Marie Cullen, Lore562, LizMaratzza, ariyasy, Pameva, Liz Vidal, cavendano13, dana masen cullen, Car Cullen Stewart Pattinson.

Procuraré que la siguiente actualización no demoré tanto, pero ando en los procesos finales de mi tesis así que depende más de mi asesor que de mí :(

¡Las quiero! No olviden dejarme sus comentarios (aunque no lo merezca por no actualizar). Amo leerlas.

Dai.