Capítulo 8

NOTÓ que le hacían cosquillas y protestó.

–No me despiertes.

–Pensé que eras una persona madrugadora.

Ella cambió de postura y gimió al ver el reloj.

–Lo soy cuando duermo bien.

Itachi se sentó en la cama, a su lado.

–Te he traído café.

–¿Café? –repitió Sakura, sentándose de un salto y aspirando el delicioso aroma.

Itachi se echó a reír y le dio la taza.

–Eres muy predecible. Bébetelo. Tengo una sorpresa para ti.

–¿De verdad?

–¿Qué te parece si hacemos una excursión?

–¿No tienes que trabajar?

–Tenten lleva tiempo insistiendo en que me tome algo de tiempo libre, así que he cancelado todas mis reuniones para los próximos dos días. Si necesitas más incentivos, te diré que vamos a hacer la excursión en moto.

–¿Sí? –volvió a preguntar ella, sintiéndose feliz–. Dame cinco minutos.

Itachi se echó a reír y se acercó a darle un beso.

–Estoy empezando a sentir celos de la moto.

La pareja pasó cinco días descubriendo Escocia y la campiña inglesa, y descubriéndose el uno al otro.

Al borde del lago Ness, bajo un cielo cubierto de nubes, Sakura clavó la vista en el agua oscura y comentó:

–Siempre he querido ver al monstruo.

Itachi se abrió el abrigo, la tapó con él y la abrazó con fuerza.

–No hay monstruo.

–No me estropees la diversión –protestó ella, apretándose contra su cuerpo–. He decidido que voy a hacer esto todos los años.

–¿Venir a buscar al monstruo del lago Ness?

–No –respondió Sakura, dándole un codazo–. Tomarme una semana para descubrir un lugar en el que nadie me conozca. Tal vez incluso me saque el permiso de conducir motocicletas.

Él la miró divertido. Y Sakura se perdió en sus ojos negros hasta que notó algo frío en el rostro y miró al cielo.

–¡Itachi! ¡Está nevando!

Él la contempló sonriente y le limpió el copo de la cara.

–Pues sí. No es habitual en esta época del año, pero es cierto que hace el suficiente frío.

Sakura empezó a reír y salió de sus brazos para exponerse a la nieve.

–Es la primera vez que veo nevar. Es precioso.

–Tú sí que eres preciosa –le dijo él, acercándose y dándole un beso que le hizo olvidar la nieve.

Cuando por fin se apartaron, Itachi le preguntó:

–¿Estás contenta?

Sakura sintió que se derretía bajo su mirada.

–Feliz.

.
.

A la mañana siguiente, su última mañana de viaje, Sakura se relajó en la pintoresca habitación de un pub de Yorkshire en el que habían pasado la noche.

Se había despertado con el débil canto de los pájaros en el interior y, al mirar por la ventana, había descubierto que el valle estaba cubierto por una capa de nieve. Entonces se había dado cuenta de que llevaba toda la semana sin realizar sus ejercicios de yoga, pero que no le importaba. Aquel viaje con Itachi le había servido para escapar de la vida real y lo había disfrutado mucho más de lo que habría creído posible.

Allí nadie los conocía. La noche anterior habían llegado tarde el pub y los dueños ni se habían inmutado cuando les habían preguntado si tenían alguna habitación libre. Una semana antes, Sakura jamás se habría imaginado en semejante situación. Nunca habría soñado con sentir aquella magia. Y todo gracias a que había decidido tomar las riendas de su vida, tal y como Itachi le había sugerido.

Se imaginó contándole a Shizune lo sexy que era el príncipe en realidad. Aunque después pensó que, a pesar de su amistad, tal vez la experiencia fuese demasiado íntima para compartirla con nadie. Sin duda, Shizune le preguntaría qué había pasado y qué sentía por él y esperaría que ella le respondiese algo tan absurdo como que se había enamorado de él.

Por suerte, no corría ese riesgo. Se lo estaba pasando bien con Itachi. Estupendamente, pero nada más. Tal vez quien los viese se creyese su historia de amor, pero ella sabía la verdad y estaba decidida a no perder la objetividad.

Se preguntó por qué se sentía tan inquieta de repente y notó que el teléfono que había junto a la cama empezaba a sonar. Lo tomó y entonces se dio cuenta de que no era el suyo, sino el de Itachi.

Vio el nombre de Temari en la pantalla y miró hacia la puerta del baño, donde Itachi se estaba dando una ducha, solo, porque no había conseguido convencerla de que se la diese con él.

Sakura se incorporó, se puso una camiseta de Itachi para no tener frío y decidió responder a la insistente llamada por si se trataba de algo urgente.

Temari se alegró de oír su voz y de saber que lo estaba pasando tan bien en Inglaterra con Itachi y, sin darse cuenta, Sakura se dejó llevar por el carácter abierto y cariñoso de la reina. Pensó que no era de extrañar que el rey se hubiese enamorado de ella. Era todo lo opuesto a ella misma, mucho más cerrada. Aunque no se había comportado así esa semana y se recordó que también podía ser divertida y cariñosa cuando no estaba tan preocupada por su futuro y por cómo la percibía todo el mundo.

–He organizado una fiesta sorpresa de cumpleaños para Shisui mañana por la noche en Londres –le contó Temari en un susurro–. Y todavía no sé si Itachi va a venir. No necesito confirmación, porque he reservado todo el restaurante, pero me gustaría saberlo. A Shisui y a mí nos encantaría que vinierais.

–Por supuesto que estaremos ahí –le respondió Sakura sin valorar las posibles consecuencias de su respuesta hasta más tarde, cuando ya había colgado el teléfono.

Itachi salió de la ducha un par de minutos después, con una toalla blanca enrollada a la cintura, otra sobre los hombros y el pelo mojado.

–Estás viva –comentó sonriente–. Tenía la esperanza de que me acompañaras.

–He estado pensándolo –murmuró ella–, pero ha llamado Temari.

–¿Y va todo bien? –le preguntó él, poniéndose tenso.

–Sí. Dice que va a darle una sorpresa a tu hermano mañana y que no has respondido a la invitación.

–Se me había olvidado. Tendré que decirle que estamos ocupados.

Sakura le masajeó los hombros.

–¿Estamos ocupados?

Él frunció el ceño al intentar quitarle la camiseta y comprobar que no se dejaba.

–Sí. Mañana es nuestra última noche antes de que vuelvas a Berenia y tengo planeado pasarla haciéndote el amor.

¿Su última noche juntos? ¿Cómo podía haber pasado tan deprisa? ¿Y cómo era posible que a Sakura se le hubiese olvidado?

–¿Te importaría que cambiásemos de planes? –le preguntó ella–. Me temo que he aceptado la invitación de Temari en tu nombre.

Tal y como había imaginado, Itachi frunció el ceño.

–¿Por qué has hecho eso?

–Porque me ha parecido muy buena idea y Temari quiere que vayas. Ha dicho que era muy importante para Shisui.

Itachi sacudió la cabeza y se apartó de ella.

–Vi a mi hermano en nuestra boda, hace dos semanas, y lo había visto dos semanas antes. Lo he visto más en este último mes que en todo el año pasado.

–Otro motivo más para ir a su cumpleaños –insistió ella, sintiendo que Itachi empezaba a cerrarse en sí mismo y odiando la sensación–. ¿De qué tienes miedo?

–¿Miedo? –inquirió él riendo–. Si no quiero ir no es por miedo.

–Entonces, ¿por qué es? Yo pienso que es importante pasar tiempo con la familia. Es necesario verse para que los vínculos sean más fuertes. Además, cuanto más lo veas, más vas a querer verlo.

–En ocasiones, ocurre todo lo contrario.

–Eso no cuenta con la familia que es la única con la que vas a poder contar siempre en la adversidad.

–Yo no permito que haya nunca adversidades.

Se miraron fijamente a los ojos, Sakura se echó el pelo hacia atrás y la mirada de Itachi se oscureció de repente.

–Has hecho eso a propósito –la acusó en voz baja.

Ella tomó aire y parpadeó.

–¿El qué?

–Da igual. No va a funcionar.

Volvieron a mirarse y Itachi se levantó de la cama y le dio la espalda. Había salido el sol y hacía brillar sus musculosos hombros.

–Lo siento –se disculpó Sakura, sabiendo que no debía haber aceptado la invitación en su nombre y acercándose a él–. Es muy arrogante por mi parte intentar imponerte mis ideas acerca de la familia. Yo odio cuando la gente piensa que sabe mejor que yo cómo debo vivir mi vida. Debería haber hablado contigo antes.

Itachi se giró. Había emoción en sus ojos, ira y dolor, y Sakura sintió que se quedaba inmóvil. En la distancia, oyó pasos delante de la puerta de su habitación y el sonido de la vajilla en el comedor, pero solo podía mirar a Itachi, que parecía la estatua de un dios griego que hubiese cobrado vida.

Él rugió y después enterró las manos en su pelo y acercó sus labios a los de ella.

–¿Cómo me voy a resistir a ti cuando me miras así? –inquirió, besándola con fuerza.

Sakura se olvidó de todo lo demás. Solo pudo pensar a aquel hombre que le había dado un nuevo sentido a su vida.

Tras un apasionado beso, Itachi levantó la cabeza y apoyó la frente en la de ella. Tenía la respiración entrecortada.

–Está bien, iré al cumpleaños de mi hermano, pero, aunque sé que la intención era buena, no vuelvas a interferir en la relación que tengo con mi familia. Es como es y no puedo cambiarla. No quiero cambiarla.

–Entendido –le respondió ella, tomando aire para intentar calmar a su corazón.

Sakura tuvo que admitir que, por mucho que quisiera ayudarlo a llevarse mejor con su familia, aquel no era su papel.

.
.

A la noche siguiente, Sakura sonrió a Izuna cuando este le abrió la puerta del coche para que saliese frente al moderno restaurante que había delante.

Intentó relajar los ánimos, que habían estado tensos desde que había aceptado la invitación de Temari y comentó.

–He oído hablar de este lugar. Tiene una estrella Michelin y el chef es todo un maestro de la cocina. He leído que crea las recetas en un laboratorio, en vez de hacerlo en la cocina.

–Es innovador –admitió Itachi–. Y se le da muy bien lo que hace.

–Algo que tú admiras.

–Admiro muchas cosas –le respondió él mientras el maître tomaba el abrigo de Sakura–. Como a ti con ese vestido.

Aliviada al ver que Itachi ya no parecía estar disgustado con ella, Sakura sonrió.

–Me parece que eso ya me lo has dicho antes de salir.

–No, antes de salir he estado a punto de quitártelo, pero al final me he convencido de que merecería la pena esperar y, además, no quería decepcionarte cancelando lo de esta noche.

La habitual química que había entre ambos hizo que a Sakura se le cortase la respiración.

–Me alegro de que no lo hayas cancelado –murmuró–. Me parece que va a ser muy especial. Y este vestido merecía que lo luciese, ya que no me lo voy a poder poner en Berenia.

Era escotado y con tirantes finos, todavía más atrevido que el que se había puesto para ir a la inauguración del club de Itachi, y le hacía sentirse sexy y segura de sí misma, como él la hacía sentirse siempre.

–Pero también estoy deseando que me lo quites luego.

–Quédate una semana más –le susurró él al oído.

–¿Qué?

–No te marches mañana. Es demasiado pronto. Quédate otra semana. Puedes trabajar desde mi casa. Todavía tengo mucho que enseñarte.

Sakura se sintió aturdida por la petición de Itachi. Seguro que había muchas razones para decirle que no, la primera, que deseaba demasiado quedarse con él en Londres, pero respondió:

–Me encantaría.

–Bien –dijo él, sonriendo con satisfacción–. Ahora vamos a empezar y a terminar con esto lo antes posible.

Encantada de que Itachi quisiera estar con ella, Sakura sintió que flotaba al entrar en el salón en el que tenía lugar la fiesta y al que ya parecían haber llegado casi todos los invitados.

Temari se acercó enseguida a saludarlos, ataviada con un vestido dorado que disimulaba su abultado vientre.

–No sé mucho de mujeres embarazadas –comentó Itachi, inclinándose a besarla en la mejilla–, pero yo diría que ya estás a punto.

–¡Itachi! –lo reprendió Sakura–. Eso no se dice a una mujer embarazada. Está preciosa, Majestad. Espero estar igual algún día a los ocho meses de embarazo.

–Gracias, pero llámame Temari, por favor –le respondió esta con los ojos brillantes, acariciándose el vientre–. Todavía me falta un mes, pero cuanto antes salga el bebé, mejor. Me siento como un hipopótamo.

–Eso mismo he pensado yo –comentó Itachi.

–Se lo haré pagar –le prometió Sakura a Temari–. ¿Dónde está el chico del cumpleaños?

Y levantó una bolsa de regalo que llevaba en la mano.

–Dame eso a mí –le pidió Temari–. Shisui está con un buen amigo, probando un whisky que, al parecer, es delicioso. Deberías ir con ellos, Itachi, mientras yo presento a Sakura a los demás invitados.

–Encantado. ¿Te parece bien, princesa? –le preguntó él a Sakura, tocándole suavemente la barbilla.

–Por supuesto –respondió ella, viendo cómo se alejaba.

–Hola –saludó Naori, deteniéndose al lado de Sakura–. Jamás pensé que vería el día en que mi hermano mirase así a una mujer.

Iba vestida de manera llamativa y exuberante, con un vestido de color naranja y las medias azules. Sonrió a Sakura.

–Pero antes o después tenía que ocurrir, ¿no? –añadió.

Sakura supo que pensaba que Itachi estaba enamorado de ella, pero eso era porque Naori no sabía que se habían casado por motivos políticos.

–Lo estamos pasando muy bien juntos –comentó, lo que era cierto.

Lo estaban pasando muy bien juntos, al menos, ella. Frunció el ceño y miró hacia donde estaba Itachi y pensó que él también lo estaba pasando bien, como mínimo, en el dormitorio. Este la miró a los ojos desde la distancia.

–¿Me perdonáis? –preguntó Temari–. Tengo que ver si está preparada la tarta.

–Yo me ocuparé de Sakura –le prometió Naori, tomando una copa de champán de la bandeja de un camarero que acababa de pasar por su lado–. Mi hermano no deja de mirarte. No sé qué has hecho para ablandarlo, pero me alegro.

–¿Ablandarlo?

–Sí, el otro día incluso me escuchó cuando lo llamé para quejarme por el equipo de seguridad que Shisui quiere ponerme cuando me mude a Nueva York la semana que viene. Incluso me prometió que hablaría con él para ver si podía reducirlo un poco.

–Les preocupa que se aprovechen de ti. Hay mucho cretino suelto. Te lo digo por experiencia.

–Supongo que tienes razón, pero prefiero no pensarlo. Estoy muy feliz de ver a mis dos hermanos así. El uno pronto será padre y el otro, enamorado de ti. Estoy deseando ver qué ocurre cuando tú seas coronada reina y él tenga que ocupar un lugar secundario. Teniendo en cuenta que le gusta llevar siempre las riendas, le voy a tomar mucho el pelo.

Sakura supo que Naori estaba de broma, pero pensó que en Berenia el consorte no ocupaba un lugar secundario, sino mucho menos importante.

Y sabía que Itachi jamás aceptaría algo así.
Además, ella no se lo pediría.

Le habría gustado poder contarle aquello a Naori. Contarle que, en realidad, ella no amaba a Itachi, pero se dio cuenta de que eso ya no era verdad.

Se había enamorado de él. No sabía cuándo habían cambiado sus sentimientos, pero lo habían hecho.

Había descubierto que detrás de aquella fachada de hombre sofisticado, rebelde y encantador había una persona cariñosa, leal y fuerte. El hombre de sus sueños.

Salvo que ella no era la mujer de los sueños de él y jamás lo sería. Itachi no quería eso de ninguna mujer.

–¿Te encuentras bien, Sakura?

Naori apoyó una mano en su brazo y la miró con preocupación.

–Pareces un poco mareada. ¿Necesitas sentarte? Espero que no haya sido por algo que he dicho. Estoy segura de que a Itachi no le importará ser tu consorte. No debía haber bromeado con eso.

–Estoy bien –le respondió ella automáticamente–. Se me ha debido de subir el champán a la cabeza.

–Necesitas comer algo. Vamos a buscar esos deliciosos canapés que llevan los camareros.

Sakura supo que no había sido el hambre lo que la había puesto así, sino darse cuenta de que estaba enamorada de un hombre que jamás la correspondería.

Respiró hondo. Iba a tener que mejorar su cara de póker cuanto antes, porque Itachi no se podía enterar.

Porque, aunque este pudiese amarla algún día, le había dejado muy claro que jamás volvería a Santara. Por lo que tampoco querría vivir en Berenia. Y si bien ella podría abdicar y pasarle la corona a su primo, no era lo ideal porque...

¿Abdicar?

Tropezó con una silla y echó las manos hacia delante al notar que caía, pero alguien la agarró con fuerza por la espalda. Un hombre cuyo contacto hizo que se estremeciese.

–Ten cuidado, princesa –le dijo Itachi, quitándole la copa de champán de la mano–. Qué manía con tirarte las copas encima. Al menos hoy no vas vestida de blanco.

Distraída al notar sus labios en el cuello, Sakura tardó un momento en darse cuenta de lo que Itachi le acababa de decir.

–¿Tú? –inquirió, mirándolo a los ojos negros, mientras su cerebro reorganizaba los recuerdos que tenía del pasado–. Fuiste tú. Siempre has sido tú.

El corazón se le encogió en el pecho y no supo si reír o llorar al darse cuenta de que Itachi había sido el que le había evitado una situación bochornosa muchos años atrás, no su hermano.

«Es el destino», pensó. Y sintió ganas de llorar porque no podía estar con él.

Divertido, Itachi inclinó la cabeza y preguntó:

–¿He sido siempre yo?

–Sí.

¿Cómo era posible que hubiese podido confundirlo con su hermano? No se le había ocurrido que el príncipe Rebelde hubiese tenido la empatía suficiente para evitar que una joven muchacha hiciese el ridículo delante de un salón lleno de personas importantes. En el fondo, Itachi siempre había sido esa persona. Por eso las mujeres se enamoraban de él. Era encantador, educado y guapo como un demonio, pero poseía una sensibilidad que eclipsaba todo lo demás. Por eso se había sentido tan dolido con los desplantes de su padre. Por eso reaccionaba tan mal cuando lo prejuzgaban. Se preocupaba por aquellos a los que amaba, tal vez, incluso demasiado.

–Deja de monopolizar a tu esposa, Itachi –bromeó Naori–. ¡Necesita comer!

Sakura aceptó agradecida el plato de canapés que le ofrecía Naori. No tenía ganas de comer, pero al menos podría intentar mejorar su cara de póker mientras lo hacía.

Porque iba a tener que hacer algo si quería terminar la noche con el corazón intacto.


Solo quedan dos capítulos y el epílogo para finalizar esta historia, gracias por tomarte tu tiempo para leerla.