Capítulo 9
—¿Quiere que espere?
Sakura sacó un par de billetes del monedero.
—No, gracias.
Estaba quemando los puentes, no había ruta de escape para que pudiera acobardarse. Con la maleta en la mano, vio cómo el taxi se alejaba por el camino.
Pero cuando desapareció por completo, seguía allí, donde estaba, mirándolo.
—¿Tienes idea de lo que estás haciendo?
Buena pregunta.
Sakura se dio la vuelta y su corazón se aceleró al mirar a Sasuke. Él representaba la emoción y el peligro que había estado evitando durante toda su vida.
«Pero si quieres aprender algo sobre el sexo, seguramente él será el mejor guía». Y no había posibilidad de complicaciones emocionales porque no había que ser un genio para saber que Sasuke Uchiha no quería saber nada de relaciones profundas.
—He vuelto.
—Eso veo. ¿Algún problema?
—No —contestó Sakura. Sólo si pensaba que haberse vuelto loca era un problema, pensó cuando la voz del hombre provocó un escalofrío por su espalda. Eso debería haberle advertido que estaba cometiendo un error—. He vuelto.
—Eso ya lo hemos dicho. Estoy sorprendido.
—¿En el buen o en el mal sentido?
—Eso depende de si vas a intentar abofetearme otra vez.
—Eso depende de que te pongas grosero conmigo. ¿Me encuentras atractiva?
La pregunta pareció sorprenderlo, aunque sospechaba que no muchas cosas lo sorprendían.
—¿O dices las cosas que dices sólo porque eso es lo que la gente espera de ti? —siguió Sakura
—¿Esto es un examen?
—Da igual, no tienes que decirlo. Estaba pensando...
Sasuke frunció el ceño.
—No sé si debo preguntar pero... ¿qué estabas pensando?
—¿Lo decías en serio?
—No suelo hablar en serio, pero poca gente aprecia mi sentido del humor.
—Hablo del trabajo —dijo ella, irritada. Si uno podía legítimamente llamar «trabajo» a fingirse la prometida de un millonario griego—. ¿Lo decías en serio?
—¿Lo harías?
—No pongas esa cara de satisfacción todavía.
Sasuke vio cómo el viento movía su pelo y luchó por contener el deseo de enredar sus dedos en los sedosos mechones...
—¿Pero te lo estás pensando?
—Sí, lo estoy pensando.
—¿Sólo pensándolo? ¿Por qué ese repentino cambio de opinión?
Sakura se encogió de hombros.
—Supongo que pagarás bien.
—¿Esperas que crea que tus motivos son puramente económicos? —rió Sasuke.
—¿Dónde está la gracia?
—Conozco a gente que vendería su alma por un margen de interés. Puede oler la avaricia a diez kilómetros... No, esto no es por dinero.
—Me emocionaría si no fuera porque hace veinte minutos me acusabas de querer sangrarte.
—Una conclusión precipitada —admitió él.
—Ya, y me temo que sacar conclusiones precipitadas es un estilo de vida para ti. Mira, ¿quieres que lo haga o no?
Sakura vio un brillo en los ojos negros que no pudo descifrar.
—Sí.
—Pero habrá condiciones —le advirtió ella.
—Muy bien.
—No puedes decir eso hasta que te haya dicho cuáles son las condiciones.
—Cuando un hombre quiere algo de verdad, generalmente está preparado para aceptar lo bueno y lo malo —Sasuke miró su reloj e hizo un cálculo mental—. Tengo que estar en Edimburgo esta tarde. Tú tendrás que irte a Londres...
—¿Hoy? Pero yo había pensado... —no, no había pensado nada, se recordó a sí misma. Estaba siendo espontánea. Pero los saltos a lo desconocido eran más sencillos cuando no eran reales.
—Y luego iremos a Nixias durante un par de semanas. Yo me encargaré de los anillos y del itinerario —dijo Sasuke, tomándola del brazo.
—¿Qué? Pero, ¿qué es Nixias?
—Donde voy a presentarte a mi familia.
—Pero dos semanas... yo pensé...
—¿Qué pensaste, ma douce amie?
—¿Qué me has llamado?
—Ma douce amie... mi dulce amor —tradujo Sasuke—. Sólo estoy practicando, no te preocupes, tú no tienes que hacer lo mismo. Me conformo con que no me llames bastardo.
—¡Yo nunca te he llamado eso! —protestó Sakura.
—No en voz alta, pero tienes unos ojos muy expresivos —observó él, preguntándose qué expresión vería en esos ojos en el momento del clímax, cuando los espasmos recorrieran su cuerpo de arriba abajo...
Él no era un hombre inclinado a pensar en cosas del destino, pero en ese momento creía de verdad que un día lo descubriría.
Y, cuando miró sus labios, esperaba por su salud mental que fuera más pronto que tarde.
—Esto está yendo demasiado rápido —se quejó Sakura—No esperaba que fuera así...
—¿Qué puedo decirte? Un hombre enamorado no pierde el tiempo.
—Bueno, para empezar podrías intentar no decir eso otra vez.
—Al menos no tendrás tiempo para pensártelo —rió Sasuke.
Y tenía razón. Las siguientes horas pasaron como un torbellino: un vuelo privado a Londres, un lujoso hotel porque, aparentemente, su apartamento de Londres estaba siendo renovado, y una cena sola en la suite.
A la mañana siguiente, el recuerdo de los eventos del día anterior le parecía irreal.
Pero la realidad apareció en cuanto un empleado del hotel le llevó una cajita roja, con los saludos del señor Uchiha. Y un sobre.
Sakura abrió el sobre primero. La nota era corta y directa al grano:
Iré a buscarte para cenar a las nueve y media. Ponte esto.
Y la firma de Sasuke. Era tan personal como un cheque... lo cual no era un problema porque no había esperado que le enviase un beso. Pero que hubiera firmado con su nombre de pila habría sido mejor que esa firma tan oficial.
Sakura seguía un poco molesta cuando abrió la caja. Pero se quedó boquiabierta.
Sobre un fondo de seda roja había un anillo, y no un anillo normal. La esmeralda en talla princesa rodeada de diamantes era exquisita.
Que se la pusiera, había dicho, pero la mera idea la aterraba. Aquel anillo tenía que valer una fortuna.
Le temblaban los dedos mientras se lo ponía. Le quedaba perfecto. Y las lágrimas que asomaron a sus ojos eran completamente absurdas. Ella no era tan tonta como para creer que aquello era real.
La mujer que se convirtiera en la esposa de Sasuke Uchiha tendría los ojos del mundo entero clavados en ella. Sakura no se sorprendería de ver una fotografía de sus piernas sin depilar en alguna revista de cotilleos.
Mientras estaba preparada para admitir que a su visión del asunto le faltaba cordura, una cosa estaba clara: la mujer que se casara con Sasuke tendría un marido que otras mujeres deseaban. Se pasaría la vida a dieta y con ataques de celos cuando viera a otras mujeres más jóvenes.
No era un puesto de trabajo que la atrajese.
Tenía que llamar a Hotaru, pensó. Pero no le contaría toda la verdad o su hermana se subiría al primer avión. Con sus padres, que estaban disfrutando de una segunda luna de miel en un crucero, ya lidiaría más tarde.
—¡Es una oportunidad maravillosa! —exclamó Sakura.
—Maravillosa, sí. Pero, ¿qué vas a hacer exactamente en esa isla griega? Por cierto, ¿qué isla griega?
Hotaru, que la había interrumpido varias veces mientras intentaba darle una deliberadamente vaga descripción de su nuevo trabajo, sonaba muy desconfiada.
—¿Y para quién has dicho que ibas a trabajar?
—No creo que tú los conozcas —empezó a decir Sakura, mordiéndose los labios— . La familia se llama Uchiha.
—¡Uchiha! ¿Estás trabajando para la familia Uchiha?
—Seguramente es un apellido muy corriente en Grecia.
—¿Y ellos son los propietarios de la isla a la que vas?
—Sí, creo que sí.
—¿Y para qué Uchiha estás trabajando, Sakura?
—Para el hijo, creo. Mira, Hotaru tengo que colgar —dijo ella a toda prisa—. Pero te llamaré dentro de un par de días...
—¡Estás trabajando para Sasuke Uchiha!
—Sí, creo que se llama así.
Al otro lado de la línea hubo un suspiro de alivio.
—Entonces no lo conoces. Si lo conocieras no te habrías olvidado de un solo detalle. Pero verás, Sakura, hay algo que tengo que contarte...
Sakura quería evitarle a su hermana esa vergüenza.
—Sí, lo conozco, pero creo que él no se ha fijado mucho en mí. Y no creo que tenga que verlo a menudo una vez en la isla.
—¿De verdad? —el alivio en la voz de su hermana era evidente.
Sakura colgó poniendo como excusa que tenía que acostarse temprano y estaba guardando el móvil en el bolso cuando alguien llamó a la puerta.
—¿Estás lista?
Era Sasuke, con unos vaqueros gastados, una camiseta negra y una chaqueta de cuero. La violenta punzada de deseo que sintió al verlo dejó a Sakura momentáneamente sin palabras.
—¿Te encuentras mal?
«Tú no sabes lo mal que me encuentro».
Pero decidió mantener la objetividad sobre el temblor de piernas y los salvajes latidos del corazón que sufría al verlo porque, después de todo, fingir que algo no existía implicaba que uno tenía miedo de ese algo.
Y ella no tenía miedo. Lo tenía todo bajo control. No iba a implicarse emocionalmente, apenas conocía a Sasuke y lo que sabía de él no le gustaba nada.
¿No le gustaba nada, pero estaba planeando acostarse con él?
Había recuperado la cordura a las dos y media de la mañana, cuando se había sentado en la cama de golpe, horrorizada por lo que estaba haciendo.
El único consuelo, que Sasuke jamás sabría la razón por la que había aceptado hacer aquello. Ni él ni nadie en el mundo sabría que había decidido soltarse el pelo y acostarse con un hombre del que no estaba enamorada. Y no cualquier hombre, aquel hombre.
—No, estoy bien. ¿Voy demasiado vestida? —preguntó, aunque no le gustaba nada pedir su aprobación.
Sasuke la miró de arriba abajo.
En su opinión, iba demasiado vestida porque iba vestida.
Jugó por un momento con la idea de decírselo, pero inmediatamente descartó explicarle que ella era el tipo de mujer que estaba mejor sin ropa.
Pero era irracional vigilar lo que decía con una mujer que sabía tanto del sexo como él. Quizá porque el aire de sensualidad que exudaba tenía un tinte de vulnerabilidad.
Además, no le diría nada que ella no supiera. Eso era algo que muchos otros hombres le habrían dicho antes que él...
La imagen de esos hombres que habrían mirado sus curvas con deseo no le gustó nada.
—Estás bien. He pensado que podríamos cenar en un sitio informal la primera noche. El resto de la semana... bueno, te he hecho una copia del itinerario.
—¿Itinerario? —repitió ella, mirando el papel que sacaba del bolsillo de la chaqueta mientras salían al pasillo.
—Desgraciadamente, tengo una agenda muy apretada durante los próximos diez días, pero creo que podremos ir a un estreno, a cenar tres noches y a un par de almuerzos.
—¿Pero no nos verá la gente? —preguntó Sakura, cuando la puerta del ascensor se cerró tras ellos.
Sasuke se encogió de hombros.
—Que nos vean es precisamente la idea. Quiero que nos hagan fotos, establecernos como una pareja antes de que conozcas a mi familia.
—Ah.
—¿Qué creías que ibas a hacer, conocer al auténtico Sasuke?
Sakura se puso colorada.
—Bueno, si eres tan unidimensional como pareces, no creo que eso sea tan difícil.
—En la última página hay algunas cosas que deberías saber —sonrió él.
—Piensas en todo —murmuró Sakura, irritada. Menos mal que había olvidado la idea de la seducción, porque Sasuke llevaba aquello como un asunto puramente profesional—. No, la verdad es que no piensas en todo. No tengo nada que ponerme para ese estreno y esas cenas de las que hablas.
—El nuevo vestuario llegará mañana.
—¿El nuevo vestuario?
—Si necesitas algo más, sólo tienes que decírmelo.
Una vez fuera del hotel. Sakura contó hasta diez. Pero habría seguido enfadándose aunque hubiera contado hasta mil.
—Escúchame porque no voy a decírtelo más veces: no pienso aceptar ni ropa ni regalos. No pienso aceptar nada de ti.
Sasuke echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.
—Qué anticuada eres, ¿no? Relájate, ma petite, todo esto no es un regalo... digamos que es como un uniforme. No me malinterpretes, a mí me gusta la imagen de bibliotecaria sexy, pero no todo el mundo tiene mi imaginación. Y mi familia esperará que mi futura esposa tenga un aspecto determinado.
Seguía riéndose mientras entraban en el coche. Sakura apretó los dientes y no dejó de apretarlos durante toda la noche, hasta que Sasuke se despidió de ella en la puerta de la suite.
—No te preocupes, no voy a entrar.
—No iba a pedírtelo.
—¿Y pensabas que yo lo esperaba? —sonrió él, burlón—. Quiero que mi padre sepa que no eres una aventura sino la mujer con la que voy a compartir mi vida.
—¿No piensas acostarte con tu prometida?
—Después de un apropiado cortejo, pienso acostarme con ella siempre que sea posible.
Sakura, con la cara colorada, estuvo a punto de lanzarse de cabeza en la suite.
—¡Pues conmigo no! —gritó, antes de darle con la puerta en las narices.
.
.
Sakura descubrió que Sasuke no hablaba en broma. Además de en los eventos que estaban en la lista, apenas lo vio. Y, como en todas las ocasiones estaban rodeados de gente y de cámaras, no había sido precisamente relajante.
Sólo había habido una ocasión en la que le pareció ver al hombre que había detrás de Sasuke Uchiha. ¿O eso era soñar demasiado?
Estaban subiendo al coche después de una cena, con los paparazzi detrás, cuando un perro callejero apareció de repente. Uno de los fotógrafos intentó apartarlo de una patada, pero Sasuke lo tomó por la pechera, diciendo algo que dejó al hombre pálido como un muerto.
—Veo que le gustan los perros.
—No me gustan los hombres que le dan patadas a un ser pequeño e indefenso.
Si esa noche hubiera sugerido entrar en su habitación, Sakura le habría dicho que sí. Pero no lo había hecho.
.
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Llegaron al aeropuerto a las diez de la mañana. Con una ceja levantada, Sasuke miró su mano.
—No llevas tu anillo.
—No mi anillo, el anillo. Si fuera mi anillo lo conservaría cuando este acuerdo terminase. No me lo he puesto porque es muy valioso. ¿Y si lo pierdo?
—Entonces, obviamente, te pasarías el resto de tu vida trabajando para devolverme el dinero —contestó él, mientras la llevaba hacia la terminal.
—Lo digo en serio, Sasuke. La gente que va por ahí con joyas tan valiosas tiene guardaespaldas.
—¿Y por qué crees que no hablo en serio?
Sakura lo miró a los ojos.
—¿Es que siempre contestas con otra pregunta?
—Relájate, es parte del atrezzo.
—¿Quieres decir que no es de verdad? —no sabía si sentirse decepcionada o aliviada.
—Mi padre vería que es falsa a diez metros.
—Entonces es de verdad. Eso es lo que me da miedo. Y tu padre también me da un poco de miedo.
—Toma, esto te ayudará.
Sakura miró el papel que ponía en sus manos.
—¿Qué es esto, otro itinerario?
—Algunas cosas que debes saber sobre mi padre. Sus gustos, sus aficiones, cosas que te serán de utilidad.
Sakura, incrédula, sacudió la cabeza.
—¿Estás seguro de que no quieres que aprenda griego en el avión? Sasuke, si yo fuera tu prometida, no estaría interesada en complacer a tu padre.
—Sólo a mí.
—Sería de más utilidad que supiera algo sobre ti, además de que te gusta la carne poco hecha y lo bien que sonríes para las cámaras. Todo eso es tan... superficial.
—¿Eso o yo? —preguntó él, totalmente despreocupado—. Siento que te hayas aburrido, pero durante los próximos días puedes descubrirlo todo sobre mí.
Ella puso los ojos en blanco... pero su corazón se había acelerado.
—Estoy deseando —murmuró. ¿En que lío se había metido?
—Sí, tienes razón —dijo Sasuke entonces—. Será mejor que intentes en lo posible ser tú misma.
—No me sería fácil intentar ser alguien que no soy. ¿Para qué, además?
—La mayoría de la gente se pasa la vida pretendiendo ser alguien que no son.
—Pues yo... —Sakura se detuvo al ver el lujoso jet privado—. Oh, no. Ésta no soy yo. Imposible, nadie se creerá que soy la prometida de un multimillonario.
—No lo rechaces hasta que lo hayas probado, ma petite.
—Hay cosas que una sabe que no le valen aunque no se las haya probado.
—Pues yo creo que te sentará perfectamente.
Ese comentario la dejó en silencio. No tanto por la frase sino por cómo la había pronunciado Sasuke. Y era un silencio que él no parecía tener prisa por romper.
.
.
El helicóptero llegó a la isla cinco horas después, pero Sakura dudaba de que Sasuke y ella hubieran intercambiado más de una docena de palabras. Él había estado concentrado en su ordenador portátil durante todo el viaje.
Sakura no esperaba que apretase su mano, pero tampoco había esperado que se olvidase de ella por completo. Cada vez que intentaba iniciar una conversación, Sasuke contestaba con un monosílabo. En su opinión, a cualquier persona sensible se le habría ocurrido pensar que podría estar nerviosa, pero...
—Bueno, ya hemos llegado —Sasuke levantó la cabeza, como si recordase por fin que estaba con ella.
Sakura miró en la dirección que le indicaba y vio una enorme villa de estilo mediterráneo construida sobre una roca, rodeada de acres y acres de jardín.
El jet privado que los había llevado a Atenas, el helicóptero con el escudo familiar, aquella isla privada... si no supiera lo ricos que eran los Uchiha lo habría descubierto en ese momento.
Pero nadie en aquella isla, y menos que nadie Fugaku Uchiha, iba a tragarse que ella era la prometida de Sasuke.
Sakura lo miró. Seguramente no había entendido lo rica que era su familia hasta entonces porque, al contrario que otras personas, Sasuke no alardeaba de tener dinero.
No porque fuera modesto. De hecho, todo lo contrario.
No, Sasuke no necesitaba recordarle a la gente que era millonario porque poseía una gran seguridad en sí mismo. Y sería igual aunque no tuviese un céntimo.
Además, le importaba un bledo lo que la gente pensara de él. Así de arrogante era.
—Ahora entiendo por qué no le dices a tu padre que se meta en sus asuntos —murmuró Sakura.
—No perdería nada de esto —sonrió Sasuke—. Es mío.
—¿Qué es tuyo?
—La isla.
—¿La isla es tuya? ¿No es de tu padre?
—Nunca ha sido de Fugaku, sino de la familia de mi madrastra. Ella quería que Itachi y yo la compartiéramos, pero... —Sasuke apartó la mirada—. Cuando murió la heredé yo.
—¿Y por qué no me lo habías dicho antes?
—No me pareció relevante.
—Qué curioso, te parecía relevante que supiera cuál es el color favorito de tu padre, pero no te lo pareció decirme que eras el propietario de una isla en medio del paraíso.
—Sólo es el paraíso ahora que tú estás aquí, mon coeur —sonrió Sasuke, llevándose trágicamente una mano al corazón.
Sakura iba a darle un golpe en el brazo, pero él se apartó.
—Deja de hacer tonterías —le advirtió, deseando con todo su corazón que verlo hacer esas cosas le provocara risa en lugar de aquel absurdo temblor en las piernas.
