Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 9

Edward mueve su boca hacia mi oído.

—Hola —susurra.

Abro mis ojos lentamente.

—Hola.

Pero no dice algo más. Simplemente se echa para atrás y me mira, sonriendo suavemente.

—He querido besarte por mucho tiempo —digo, y mi voz tiembla solo un poco.

—Tú no me besaste —dice, pasando su pulgar por mi labio—. Yo te besé.

Sigue las miradas, buscando en los ojos del otro. Empuño su camiseta y lo acerco, besándolo de nuevo. Él envuelve sus brazos a mi alrededor, sosteniéndome cerca, sus manos enormes y cálidas en mi espalda. Es lento, y húmedo. Y tan bueno.

Un poco demasiado bueno. Contrólalo, chica. ¡Contrólalo! Lo termino antes de perder el control, besando la esquina de su boca.

Esquivando la mirada, aflojo mi agarre.

—¿Aún... quieres té?

Sus labios se curvan.

—En realidad, no.

—Sí, yo tampoco. —Aunque definitivamente no tendríamos vino. No después de... todo eso. Ha pasado mucho tiempo para mí y hombres como Edward no vienen a menudo... los besos podrían dar paso a sexo sobre la encimera y, con mi suerte, Em y Rose tocarían a la puerta y entonces Em recordaría su llave extra...

Parpadeando, vuelvo a la realidad a tiempo para ver a Edward echarle un vistazo al reloj de nuevo.

—¿Tienes que irte?

—¿Quieres que me vaya? —pregunta, inclinando su cabeza hacia la puerta.

—No. —Me muerdo el labio, obligándome a superar este nerviosismo adolescente—. Podríamos... pasar el rato. ¿Ver una película? Tengo que estar despierta, estoy cuidando a los niños por Em y Rose. Ellos llegarán en un momento.

—Una película me parece bien. —Él asiente, y si la idea de ver a mi hermano le molesta, no lo demuestra.

Y honestamente, no creo que le moleste a Em. Se reduce a tener cosas que quiero guardarme para mí misma, sin conversaciones o explicaciones o grandes revelaciones. Quiero que esto sea mío por un momento, ya sea que esto es algo de una vez o el comienzo de algo.

No puedo mentir: quiero que sea un comienzo.

Tomando dos botellas de agua, volvemos a la sala, donde señalo que se siente mientras tomo el control remoto.

—Ay —masculla él, apartándose de un dinosaurio que se esconde entre los almohadones. También levanta el control remoto.

—Lo siento; todo es un desastre.

—He visto peores cosas —dice, encogiéndose de hombros—. Al menos puedes echarle la culpa a los niños.

—¿Por qué? ¿Eres un tipo desordenado? —bromeo, sentándome a su lado. Dejo un poco de espacio entre nosotros, aunque realmente quiero estar sobre él. ¿Qué dijo Rose la semana pasada? ¿Treparlo como a un árbol?

Edward me sonríe con satisfacción.

—¿Qué? —pregunto, mi rostro ardiendo cuando me doy cuenta que una vez más estaba soñando.

—¿Dónde fuiste? —pregunta, tomando suavemente el control remoto y encendiendo el televisor.

Cubriéndome el rostro, me río.

—Yo... Me pierdo en mi mente. Lo siento, Edward. Es un hábito horrible, y uno que he tenido desde que era una niña.

—Puedo pensar en hábitos peores —dice.

—¿Cómo qué? ¿Meterte el dedo en la nariz?

Resoplando, se echa hacia atrás, descansando su brazo a lo largo del sofá.

—Entre otras cosas.

Nos quedamos en silencio de nuevo. Super consciente de su mirada sobre mí, me desplazo por los canales de películas. Al parecer, él no ha visto nada. En absoluto.

—Normalmente estoy muy ocupado —dice, pasando su mano libre por su cabello—. Pero esto es agradable. Es bueno relajarse.

Están pasando una de las películas Borne, y esas siempre son increíbles. Nos decidimos por esa, mirando y comentando cada cierto tiempo. Se siente natural estar aquí con él.

El pulgar de Edward frota de un lado al otro la parte trasera de mi cuello. Es tan suave que casi hace cosquillas, pero sobre todo simplemente me excita. Finalmente le echo un vistazo, solo para encontrarlo observándome ya.

—Ven aquí —murmura él.

—O tú podrías venir aquí.

Es toda invitación que necesita. Él se desliza hacia aquí, toma mi rostro en sus manos, y me besa como si nunca lo dejamos de hacer.

~tbts~

La cansada sonrisa de Rose se transforma en una completa sonrisa del gato de Cheshire cuando ella ve a Edward en el sofá. Sus ojos vuelven hacia mí, sin duda notando mis mejillas sonrojadas y mi cabello desordenado.

—Vaya, hola, Edward —susurra, pasando por mi costado—. Parece que fuiste convencido para también cuidar a los niños, ¿eh?

—Fue un placer —dice, y no podría estar más avergonzada con estos dos aunque lo intentara.

—De acuerdo, están en el cuarto de Charlie —le digo a Rose, señalando el pasillo.

Entonces, entra Emmett, asintiéndole a Edward.

—Hola, amigo. ¿Ya volviste?

Edward se pone de pie, y se abrazan como hombres, completo con palmadas en las espaldas.

—Sí. Elegí un vuelo más temprano.

Em asiente, echándome un vistazo.

—Genial.

Mantengo mis ojos en él.

—Síp.

—De acuerdo, déjenme tomar a esos dos —dice, desapareciendo por el pasillo, con Rose detrás.

Me vuelvo a sentar al lado de Edward, sin molestarme en dejar espacio esta vez.

~tbts~

Charlie estudia mi tazón con gran interés.

—Mamá. Esa es Peppa.

—Lo sé. —Asintiendo, tomo otro sorbo de café—. Fue un regalo.

—¿Un regalo?

—Síp.

—¿Un regalo de cumpleaños?

—No, solo un regalo. —Le echo un vistazo—. De Edward.

—¿Un regalo de cumpleaños de Edward?

—Mi cumpleaños es en septiembre, cariño. Esto fue solo un lindo regalo de todos los días.

Ella frunce el ceño.

—Pero yo amo a Peppa.

Escondo mi sonrisa detrás de mi tazón.

—Yo también amo a Peppa.

Después de dejarla en la escuela, me dirijo a lo de Rose. Ella ha estado decidida a que obtenga mi membresía en el gym, así que hoy es el día. Charlamos un poco mientras ella se prepara, tomando botellas de agua y toallas.

—Necesitas conseguirte tu propia toalla —dice mientras nos subimos a su camioneta.

—¿Por qué, cuando tú siempre provees una?

—Mmm. —Ella da marcha atrás en su entrada, echándome un vistazo—. Entonces, ¿qué pasó con Edward anoche?

Giro mi rostro hacia la ventana.

—No besamos.

—¡Lo sabía! Se lo dije a Emmett... lo pude notar. Tú lucías... bien besada cuando abriste la puerta.

—¿Qué quiere decir eso? —Me río, sacudiendo la cabeza.

—Solo. Culpable y sonrojada y... despeinada.

—Parecen tres de los siete enanitos...

Como sea, ya era hora. Vaya. —Ella suspira, tamborileando sus dedos sobre el volante—. ¿Cómo fue?

—Tan bueno. Quería tirarlo sobre mi alfombra y seguir.

—¡Jaja! —Se carcajea—. Bien por ti. Él es tan sexy, Bella. Te mereces un poco de diversión.

Su elección de palabras hace que mi estómago se revuelva con incertidumbre.

—Yo... no sé si quiero diversión. Quiero decir, sí quiero, pero no es todo lo que quiero. ¿Ves? Por eso es que no tengo citas. Iré demasiado rápido y él creerá que soy una psicótica que busca un papá para Charlie...

—¿Eso es lo que estás buscando?

—¡No! Cielos. Ni siquiera puedo pensar muy por delante.

Ella toca mi mano.

—Creo que está bien que seas cuidadosa. Con quien sea que salgas inevitablemente será una parte de la vida de Charlie. Edward ya lo es... Creo que ella tiene un pequeño enamoramiento. —Suelta un bufido—. Tanto como una niña de tres años pueda enamorarse.

Imágenes de anoche pasan por mi mente. No puedo arrepentirme—no lo hago. Lo quiero una y otra vez, y quiero más. Pero no quiero lidiar con las consecuencias si las cosas terminan mal. O si él se va.

—¿Y si él vuelve a jugar al fútbol? —pregunto, mirando mis manos.

—Nos preocuparemos cuando eso pase.

La estudio.

—No puedo esperar hasta que eso pase.

El gimnasio parece adelante, y Rose entra en el carril de giro.

—Mira. Como todo lo que vale la pena, va a haber un riesgo. Pero no puedes vivir esta media vida de miedo y soledad simplemente porque tienes miedo de salir herida.

—Está bien, Oprah.

—Cállate, Bella. Solo déjate llevar. El equilibrio es la clave, ¿cierto? Puedes disfrutar de ti misma y tener una relación sin planear una boda. Solo...

—Lo sé, lo sé. Solo cálmate.

Ella estaciona y se baja, encontrándome de mi lado.

—Lo entiendo, ¿de acuerdo? Creo que tienes razón en tomarlo despacio y tener cuidado. Eres una madre increíble.

Sus palabras inesperadas hacen que mis ojos se llenen de lágrimas.

—Gracias.

—Lo digo en serio. Solo quiero que disfrutes de tu vida.

—Sí la disfruto. —Le doy un apretón a su mano y nos dirigimos hacia adentro.

Mis ojos automáticamente giran hacia las pesas mientras atravesamos el gimnasio. Edward está aquí, y tiene una camiseta hoy, lo que es muy malo pero aparentemente una regla del gimnasio. Se encuentra trabajando piernas, pero cuando nuestros ojos se encuentran, se detiene.

Ya estoy caminando en su dirección, dejando a Rose atrás.


Estos dos *-* Cuando lo leí por primera vez, no lo noté pero me pregunto si Emmett tuvo algo que ver con la vuelta temprana de Edward ;)

¡Gracias por comentar y hasta el próximo!