Nota importante: este capítulo tiene un alto contenido sexual. No apto para menores de 18 años.

El sexo es la expresión del amor en una pareja. Por favor abstenerse de leer si no es de tu agrado. En ese caso, puedes saltar esa parte y seguir leyendo el capítulo a partir de la raya horizontal un poco más abajo, que indica el siguiente cambio de escenario.

El tema de la canción se encuentra entre asteriscos.

Capítulo 19: Abrir los ojos, cerrar heridas

Visiblemente afligido y con gran autocontrol, Tasuki apartó suavemente a la sacerdotisa con sus manos y bajó la mirada hacia un lado.

-"¡¿Vas a mentirme de nuevo y decirme que no me amas?!" - le gritó Miaka enfurecida.

-"No podemos estar juntos, tú... antes o después, te irás." - dijo él aún sin osar mirarla a los ojos. Su autocontrol podía venirse abajo en cualquier momento.

-"Solo te diré una cosa..." - dijo ella poniendo sus manos en sus mejillas, obligándolo a enfrentarla. - "...puede que mañana muramos en la batalla."

Tasuki se sorprendió por sus crudas palabras. Entonces, recordó la conversación que tuvo con Nuriko antes de que éste partiera hacia su fatal destino:"Vive el ahora, nunca sabes qué pasará mañana". Él estaba en lo cierto, pero en aquel momento no lo entendió. La mañana siguiente partirían hacia una guerra que no podrían ganar, ya no tenía nada más que perder, salvo pasar sus últimas horas con la mujer que amaba.

We might ve dead tomorrow - Soko*

Echando por tierra todo su autocontrol, Tasuki agarró fuertemente con su brazo a Miaka por la cintura, acercándola a su cuerpo hasta estrechar el más mínimo hueco que pudiera quedar entre ambos, y pasó su otra mano por detrás de su cuello para levantarle la cabeza mientras se inclinaba para besarla en los labios. Miaka sorprendida por el repentino giro de la situación, disfrutó de su contacto. Aunque solo fuese por una noche, ellos podrían estar juntos, así que se entregó al abrazo y el beso del bandido.

Sus cuerpos ahora se atraían al igual que dos imanes de opuestos polos, que al intentar separarlos se aferran el uno al otro. Avanzaron a trompicones entre besos por los pasillos hasta llegar a la habitación de Miaka, cuya puerta abrió hábilmente Tasuki con una patada, permitiéndoles entrar sin despegarse el uno del otro, y cerrándola tras de sí con el pie. Con sus labios aún juntos, Tasuki se quitó rápidamente su túnica que dejó caer en el suelo, agarrando de nuevo a Miaka por la cintura y empujándola torpemente contra la pared para volver a cerrar el espacio entre ambos. Ella rodeó su cuello con sus brazos, pegando su pecho al de él. Parecían dos animales hambrientos, devorándose el uno al otro, con deseo y urgencia, como dos amantes que se reencuentran por primera vez después de una eternidad.

Miaka rompió el beso para quitarse rápidamente su sueter, ayudado por él para no perder demasiado tiempo. Él apenas pudo echar un rápido vistazo a su pecho cubierto por su sostén, ya que sus labios inmediatamente volvieron a juntarse para reanudar los ansiados besos. Mientras sus lenguas se entrelazaban con voracidad, Tasuki subió su mano desde su cintura hasta sus pechos, amasándolos vigorosamente de abajo a arriba. Su dureza se hizo más evidente y presionaba ahora contra el muslo de Miaka, quién lejos de inhibirse, se movió sugestivamente presionando contra ella, aumentando la excitación entre ambos aún más. Él comenzó a besarle el cuello alternando entre mordiscos suaves, pero voraces provocando en ella ligeros gemidos que se escapaban desde su garganta. Sin perder más tiempo, ella desabrochó el botón de la camisa de su amante, y ésta se abrió sin inconvenientes, dejando su fuerte pecho al descubierto. Admirando su figura, pasó sus manos por su torso, palpando cada uno de sus músculos adornados por sus collares mientras él devoraba su cuello.

-"No sabes cuánto tiempo he deseado tenerte así" - le susurró él al oído, acariciando con su aliento el lóbulo de su oreja.

Sintiendo un escalofrío de excitación, ella se estremeció. Él era tan sensual como lo recordaba. Parecía que había pasado tanto tiempo desde la última vez que estuvieron juntos, que incluso ahora tenía más ganas de él que antes.

-"Te deseo, Tasuki. Te deseo desde que nos conocimos por primera vez." - respondió ella mirándolo con ojos empañados en lujuria.

Él sonrió orgulloso, y agarrándola por el trasero, la levantó haciendo que sus piernas se entrelazaran en su cintura y la llevó hasta la cama, posándola sobre su espalda. Después de deshacerse de sus collares, se inclinó para llegar hasta los botones de su pantalón vaquero, que desabrochó uno a uno mientras dejaba traviesos besos por su vientre.

Tumbada solo con su ropa interior puesta, Miaka observó con anhelo como él se aflojaba la cuerda de sus pantalones, que cayeron al suelo y con un pie se deshizo de ellos. Sus calzoncillos blancos, aunque holgados, no podían disimular su prominente miembro.

-"Quítate eso" - le ordenó él con la mirada clavada en sus pechos.

Ella se incorporó y llevándose las manos a la espalda se desabrochó el sujetador que se deslizó por sus hombros.

"Por fin", pensó satisfecho. Avanzó sobre ella hasta llegar a su altura. Ella le recibió gustosamente, observando sus pendientes que la hipnotizaban con su suave vaivén. Le rodeó el cuello con sus manos y le besó en la boca de nuevo, mientras él disfrutaba de la sensación de sus suaves y redondos pechos desnudos bajo su mano.

Su otra mano se movió a lo largo de sus femeninas curvas hasta llegar a sus braguitas, deslizándolas hábilmente entre sus muslos y lanzándolas fuera de la cama. Acto seguido, hizo lo propio con sus calzoncillos, quedando ambos completamente desnudos entre las sábanas.

Todo iba muy rápido, y él deseaba hacerla disfrutar de tantas maneras, que solo pensarlo se le hacía la boca agua. Pero había pasado tanto tiempo desde la última vez que había estado con una mujer, que temía ser demasiado "ansioso". Al fin y al cabo, ella seguía siendo virgen, pero la deseaba tanto que no sabía si sería capaz de contenerse. Esta vez nada le impediría hacerla suya, pero debía bajar el ritmo y ser más delicado si no quería asustarla, ni tampoco decepcionarla "terminando" demasiado pronto.

Valiéndose de su rodilla, abrió suave y ágilmente las piernas de Miaka y se acomodó entre ellas, su miembro duro preparado para entrar.

-"¿Estás lista?"- le preguntó mientras le acariciaba la mejilla dulcemente.

Ella sonrió y le dió un intenso beso, que él interpretó como un sí. Sin darle más tiempo para pensarlo mejor, él empujó suavemente para introducirse muy lentamente dentro. Ella jadeó ante la sensación de presión, pero los besos y caricias de su amante hicieron que poco a poco se relajara.

Él se quedo inmóvil, pendiente de la respuesta del cuerpo de ella. Salió y volvió a entrar muy despacio unas cuantas veces más, cuidando de que en cada empuje no le faltara ningún beso ni caricia.

Ella se sorprendió de su delicadeza, ¿realmente Tasuki podía ser de esa manera? Siempre pensó que sería más brusco, aunque nunca le dió miedo su pasión desatada. Eso era algo que siempre le había atraído de él. Pero gracias a su tacto, la tensión se convirtió en placer. Aún así, él la estaba tratando como si fuese de cristal, y ella quería más... de él.

-"No te contengas"- le dijo.

Tasuki la miró sorprendido.

-"Quiero que seas cien por cien tú. No te preocupes, no me voy a romper"- bromeó.

-"Si no me contengo, puede que no dure demasiado, ya sabes..."

-"No me importa. Quiero al verdadero Tasuki."

El bandido esbozó una sonrisa lobuna, y volviendo a su línea, comenzó a empujar más fuerte, al tiempo que pasaba su lengua lasciva por el cuello de ella y mordisqueaba su oreja. Ella se dejó hacer y gimió de

placer al notar que su ritmo se volvía más intenso y profundo. La mezcla de sensaciones que él le provocaba con sus manos, boca y lengua sobre su piel se trasladaban a su punto más íntimo y su empuje las aumentaba cada vez más. Realmente él sabía cómo volverla loca, y sus expectativas fueron definitivamente superadas.

Tras algunos minutos, Tasuki sintió la necesidad de explotar, pero no estaba dispuesto a terminar la fiesta antes de tiempo. Tenía que ponerla al mismo nivel que él, así que salió de ella. Jugueteó con su lengua en sus pezones y ella gimió de placer. Pero eso no fue nada comparado con la sensación de su mano bajando hasta su entrepierna y sus dedos acariciando su punto más sensible. Primero lenta y suavemente, humedeciéndose poco a poco con su excitación. Después cada vez mas rápido e intenso. Ella arqueó su espalda y sus caderas se movieron al ritmo de sus dedos, pidiendo más. Cuando Tasuki notó que ella llegaba a su límite, volvió a entrar rápidamente, empujando salvajemente una y otra vez, observando sus deliciosas reacciones. Ciertamente ella estaba disfrutando, y no podía aguantar más. Toda esa placentera tensión acumulada en su interior terminó explotando, y tal fue su orgasmo que no pudo contener los gemidos, acallados por los besos de él, quién inmediatamente se unió a su gozo llegando al climax, y lanzando un sonoro gruñido liberó toda su energía dentro de ella entre ligeros espasmos, fundiéndose al fin el uno con el otro.

Sus respiraciones siguieron agitadas por un largo rato, y sin moverse ni uno ni otro, fueron recuperando poco a poco el aliento. Él con su cabeza hundida en su cuello, ella notando sus cabellos en su mejilla, aspirando su aroma, reteniéndolo en lo más profundo de su ser para no olvidarlo jamás. Si la felicidad plena existía, debía ser algo parecido a ese preciso momento. Tasuki rodó a su lado y mirándola con ternura le susurró un "Te amo". Ella sonrió y le correspondió con otro "Te amo" juntando sus labios en un suave y delicado beso.


Yui se despertó en una cómoda cama. Estaba confusa y no tenía ni idea de dónde se encontraba. Se incorporó y observó a su alrededor. Estaba en una pequeña habitación sencilla pero acogedora, pero no de su mundo. Ella aún seguía en el Universo de los cuatro dioses, y se sentía muy cansada. ¿Seyriu se había estado alimentando de su energía? Miró sus ropas, no eran las suyas. ¿Dónde podía estar ella y cómo había llegado hasta allí?

De pronto la puerta se abrió y apareció un muchacho. El rostronde Yui palideció.

-"¿Suboshi?"

El chico la miró extrañado.

-"¿Quién?"

Yui no entendió lo que pasaba, ese chico era igual que Suboshi, pero no parecía él. Su expresión era más calmada que la de su guerrero, y parecía más amable.

-"¿Te despertaste hace mucho?"

Ella negó con la cabeza, aún sin saber qué demonios estaba pasando.

-"Supuse que tendrías hambre, y mi madre te preparó algo para desayunar."- dijo el chico dejando en la mesilla una bandejita de madera con un caldo y pan.

Yui miró por la ventana, efectivamente era de mañana. Intentó levantarse pero sus piernas le fallaron, el muchacho la cogió antes de que se desplomara en el suelo.

Su agarre era fuerte pero gentil. La ayudó a sentarse de nuevo en el borde de la cama. Ella lo miró aún atónita por su parecido con Suboshi.

-"Aún estás debil, mejor que no te esfuerces demasiado."

-"¿Quién eres?"- le preguntó ella por fin, queriendo obtener respuestas.

-"Me llamo Kaika. Mi padre y yo te encontramos ayer inconsciente en un descampado cuando volvíamos de cazar. No sabemos qué te pasó, así que te trajimos a casa.

Ella bajó la cabeza, ¿por qué estaba ella allí? Solo sabía que el día anterior había pedido a Seyriu la felicidad, pero no se sentía para nada más feliz, sino totalmente confundida.

-"Dejaré que comas tranquila. Volveré dentro de un rato para ver cómo estás, quizá cuando repongas fuerzas podremos ir a dar un paseo y me contarás quién eres y qué te pasó."

Tras dedicarle una amplia sonrisa, el chico salió de la habitación. Yui se quedó pensativa por un momento. De repente oyó el sonido de una bella melodía que la reconfortó. Alguien estaba tocando la flauta, La música era suave y sútil y cerrando sus ojos inesperadamente, se sintió mejor. Abriendo de nuevo sus ojos de sopetón, se acordó de algo que Suboshi le había contado hace un tiempo. Él había tenido un hermano gemelo que desapareció al poco de unirse a Nakago y las demás estrellas de Seyriu. Su desaparición fue un misterio, según le contó él, unas fuertes riadas provocadas por unas lluvias torrenciales lo arrastraron hasta mar abierto, y nunca pudieron recuperar su cuerpo, dándole por muerto. Al igual que él, también era un guerrero de Seyriu, y su poder era alterar el estado de ánimo de las personas a través del sonido de su flauta.

Yui se llevó las manos a la boca incrédula. Su rescatador no era otro que Amiboshi, el hermano de Suboshi, no había duda. ¿Pero qué estaba haciendo ahí? ¿Acaso no recordaba quién era? y lo más importante, ¿por qué Seyriu la había llevado hasta él?


Después de comer algo, Yui se encontraba mucho mejor. Amiboshi entró a la habitación para ver cómo estaba.

-"¿Mejor ahora?"- le preguntó amablemente.

Yui asintió.

-"Eras tú quién tocaba la flauta?"

-"Oh, ¿me escuchaste? Lo siento no quería molestarte."

-"No me molesta, ¡todo lo contrario!"- le dijo ella negando con la cabeza. -"¿Hace mucho que tocas?"

-"Bueno, en realidad no me acuerdo."

Yui lo miró con curiosidad.

-"Hace poco sufrí un accidente que me provocó una pérdida total de memoria. No recuerdo nada de antes de aquello, pero sorprendentemente, no se me olvidó tocar la flauta."- sonrió pareciendo el chico más feliz del mundo. -"Mis padres siempre me piden que les toque algo, les encanta."

Yui se quedó fascinada por su optimismo. Aunque él no recordaba nada de su vida pasada, parecía feliz en esa casa con su nueva familia, viviendo humildemente y haciendo feliz a los suyos con su música. Quizá el no recordar y empezar desde cero había sido la clave de su felicidad.

-"Quisiera levantarme".

Amiboshi la ayudó a ponerse de pie. Aún débil, Yui consiguió caminar apoyada sobre él hasta llegar a la cocina. Allí los padres adoptivos de Amiboshi la recibieron amablemente y tras charlar un rato, los dos jóvenes salieron al jardin a dar un paseo.

Amiboshi le habló sobre su vida en aquella pequeña aldea del país de Kuto, cerca de la frontera con Konan. Bromearon entre risas cuando ella se asustó al ver un gran escarabajo, y se disculpó diciendo que era una chica de ciudad y que no estaba acostumbrada al campo. Después ambos se quedaron callados.

-"Bueno, ¿vas a contarme quién eres y qué es lo que te pasó?"- Le dijo él rompiendo el silencio.

-"Es una larga historia."

-"Tengo todo el tiempo del mundo".

Yui sonrió, pero ¿cómo explicarle que ella venía de otro mundo y que ahora era la sacersotisa de Seyriu, y que el propio Seyriu la había llevado hasta él por razones que ella desconocía?

Era un día soleado y se sentaron bajo la sombra de un manzano para descansar.

-"Tú... ¿eres feliz aquí?"- preguntó ella.

-"Sí, lo soy."

Yui pudo ver al fin un atisbo de tristeza en el rostro del joven. Amiboshi parecía nostálgico.

-"¿Y qué hay de ti? ¿Eres feliz?"

Yui no esperaba que él le devolviera la pregunta. Ella que por primera vez en mucho tiempo se había sentido cómoda y relajada, volvió a su ya habitual ceño fruncido.

-"Digamos que últimamente no he estado muy feliz."

-"¿Y eso por qué?"

-"Me han pasado muchas cosas malas, y ahora solo quiero volver a casa y que todo sea igual a como era antes."

Yui se encogió cual niña pequeña desamparada. Amiboshi la observó con interés.

-"¿Y qué te impide volver?"

-"Hay alguien aquí a quién no quiero dejar atrás."

-"¿Algún amor?"

Yui sonrió.

-"Sí y no. Ya no estoy segura de nada. Todo es tan confuso."

-"¿Y por qué no hablas con esa persona? Quizá eso te ayude a avanzar."

-"Es complicado. Yo he sufrido mucho, pero también he hecho sufrir a otros."

Una lágrima cayó por su mejilla, e inmediatamente Amiboshi estiró su mano para secársela. Ella lo miró sorprendida, y él inesperadamente la besó.

Cuando sus labios se separaron, Yui no supo cómo reaccionar.

-"Aquí podrías ser feliz, ...conmigo, sacerdotisa."

Los ojos de Yui se abrieron como platos al escucharlo. Él sabía sobre ella.

-"¿Cómo sabes...?- preguntó con palabras entrecortadas.

Amiboshi sonrió. Lo que había sentido por aquella chica desconocida había sido sin duda amor a primera vista. Sí, el hecho de que ella fuese su sacerdotisa también tenía algo que ver, pero podía notar la particular energía que fluía entre los dos.

-"Vi tus ropas, no eran de aquí. Tu apariencia tampoco es típica de este mundo y ya estaba al tanto de que la sacerdotisa de Seyriu había aparecido. Además, esta atracción que siento hacia ti, esta necesidad imperiosa de protegerte, solo puede ser porque eres tú."

-"Lo recuerdas todo... Amiboshi..."- dijo Yui perpleja. -"¿por qué...?"

-"Sí, tienes razón. Yo soy Amiboshi, estrella de Seyriu."- dijo con orgullo, pero también con pesar. -"Siento haberte engañado, yo... creí que habías venido a buscarme por orden de Nakago. Mi hermano Suboshi y yo sabíamos que teníamos un destino, servir y proteger a nuestra sacerdotisa cuando ella apareciera. Sin embargo, cuando nos unimos a Nakago y los demás guerreros, enseguida me di cuenta que se habían desviado de su misión. Lo único que les interesaba era conseguir poder, sus almas estaban corrompidas y se habían convertido en seres malvados. Yo se lo comenté a mi hermano, pero él ansiaba conocer a la sacerdotisa, la idealizaba y no le importaba seguir las órdenes de Nakago si así conseguía estar al lado de ella,... de ti.

Cuando sufrí aquel accidente, los que ahora considero mis padres me rescataron y me dieron cobijo y comida, me trataron como a un hijo sin preguntarme nada. Me sentí tan feliz que de ninguna manera quería volver a mi anterior vida, así que fingí que no recordaba nada. Ellos jamás habían podido tener hijos, así que me acogieron y eso nos lleva hasta este momento."

Yui escuchó su historia en silencio y con gran atención. Definitivamente ese chico no se parecía en nada a Suboshi. Era tan dulce e inocente... no como ella. Su expresión se tornó triste.

-"El dios Seyriu ya ha sido invocado."- le dijo ella.

-"¿De verdad?"- dijo Amiboshi perplejo. -"¿y por qué sigues aquí? Tengo entendido que una vez la sacerdotisa lo invoca, vuelve a su mundo. ¿Cómo es que aún no has regresado?

-"Aún me quedan dos deseos por pedir, pero no tengo nada claro. Ni siquiera entiendo por qué Seyriu me trajo hasta aquí".

Yui pasó el dorso de su mano por su mejilla para secar una lágrima furtiva, dejando la marca de su muñeca al descubierto.

-"Cómo te hiciste eso?"- preguntó Amiboshi agarrándo su mano para ver su cicatriz más de cerca.

Ella apartó su mano bruscamente. Él la miró con preocupación. ¿Cómo era posible que alguien tan puro como ella pudiese haber sufrido tanto dolor?

-"¿Qué te pasó tan terrible para que quisieras morir?"

La mirada de Amiboshi era profunda, sus ojos eran limpios y sinceros y aunque Yui acababa de conocerlo, no pudo evitar derrumbarse frente a él. Quizás simplemente necesitaba a alguien gentil con quien no tuviera que fingir, o quizá es que ya no aguantaba más y necesitaba desahogarse, ¿quién sabe?

Efectivamente, desde bien pequeña, Yui había sido una niña responsable y estudiosa. Se exigía tanto a sí misma que casi rozaba la perfección. Durante años, construyó una fachada de chica fuerte y madura para su edad, siempre ayudando y aconsejando a los demás, sobre todo a su mejor amiga, Miaka, quién le pedía consuelo una y otra vez, cada vez que suspendía un examen, o cuando discutía con su madre, o cuando la rechazaba algún chico... Yui nunca quiso saber nada de chicos, aunque pretendientes no le faltaban. Su aspiración en la vida era llegar a ser una mujer exitosa. Para ella los chicos solo eran una distracción, o eso pensaba, hasta que entró en el libro y conoció a Tamahome.

Amiboshi escuchó en silencio todo lo que ella le contaba, no solo las desventuras sufridas en el libro, también sentimientos y pensamientos íntimos que ella le confesó. Yui realmente abrió su corazón, y mientras más se escuchaba a sí misma,más claro veía todo. Ahora se daba cuenta de que en realidad nunca había estado enamorada de Tamahome. Por supuesto era un chico guapo y le gustaba, pero ella estaba celosa de él, porque le había arrebatado a Miaka, y estaba dolida y furiosa con ésta, porque tenía ahora a Tamahome. Y ella misma, quién le había servido de apoyo durante tanto tiempo, había pasado a un segundo lugar... Miaka siempre había sido un desastre, sonrió al pensarlo. A pesar de ello, ella parecía más feliz que nadie, y esa felicidad la contagiaba a toda la gente que se encontraba a su alrededor. Yui nunca lo entendió, y se creía superior a su amiga, pero disfrutaba de cada momento que pasaban juntas, de su continuo entusiasmo por la vida. Ahora entendía sus propios sentimientos. Cayó en la cuenta de que no era ninguna mujer madura, y de que tampoco era tan fuerte como pensaba. Su fachada había sido desmantelada en cuestión de segundos.

-"¡Maldito Nakago!" - dijo Amiboshi con una intensa rabia.

Yui lo miró sorprendida por su repentina ira.

-"Yui, dices que has invocado a Seyriu y que está dentro de ti, ¿cierto?"

Yui asintió.

-"Para realizar la invocación de cualquiera de los cuatro dioses, la sacerdotisa ha de ser pura... virgen. Es un requisito indispensable."- dijo con timidez.

Yui no podía creerlo. En cierto modo se sintió aliviada. Ella no podía haber sido violada, de lo contrario Seyriu jamás la hubiera aceptado. Nakago debió rescatarla antes de que ocurriera lo peor, sin embargo eso significaba que él le había ocultado la verdad para tenerla manipulada y enfrentarla contra Miaka. Ella jadeó y sus manos cubrieron su boca.

-"Qué es lo que he hecho?" - se dijo a sí misma en voz alta.

Aquella mentira y sus celos habían sacado lo peor de ella y había hecho sufrir a Miaka, pero también a tanta gente. ¡Dios!, hasta había muerto un chiquillo de tan solo trece años. Y ahora se estaba fraguando una guerra en la que morirían miles de personas y ella había permitido que todo eso pasara. ¿En qué clase de persona se había convertido? No, ella no era así. Podía ser una niña inmadura y caprichosa, pero no era malvada. Ella había estado demasiado concentrada en sí misma y en Miaka, pensando que el resto no era más que una fantasía, simplemente unos personajes de un viejo libro, que en realidad no existían. Pero el dolor que ella había sufrido era real, el beso que Amiboshi le había dado, era real. El universo de los cuatro dioses no era una historia escrita en un libro. Era otra mundo, otra dimensión, pero tan real como su propio mundo. Ahora lo entendía todo, y debía enmendar sus errores.

-"Yui, estás bien?"- preguntó Amiboshi. -"Estás muy callada, pero tu cabeza no para de funcionar, lo noto."

-"Estoy bien, ¡de hecho estoy mejor que nunca!"- Yui se levantó de un salto llena de energía. Sentaba bien cuando uno se comprendía a sí mismo.

-"Supongo que lo de quedarte aquí conmigo, tendrá que ser en otra vida."- bromeó Amiboshi con tono agridulce.

-"Lo siento Amiboshi."- dijo Yui negando con la cabeza. -"Pero gracias a tí y a este lugar, he podido comprender muchas cosas, he podido recomponerme y recobrar fuerzas..."

Yui se inclinó y lo besó en los labios ante el asombro de él. Fue un beso prolongado pero muy dulce.

-"Gracias a tí por aceptarme tal y como soy"- le dijo ella con una sonrisa y con un nuevo brillo en sus ojos.

Yui rápidamente se dirigió de vuelta hacia la pequeña casa.

-"¿Dónde irás ahora?" - le preguntó él mientras la seguía a través del jardín.

-"A Konan. Debo intentar arreglar todo esto".

-"Está muy lejos, las tropas de Kuto ya deben de estar de camino a la capital."

-"Pues no perderé ni un segundo más, caminaré día y noche si es necesario".

Amiboshi la detuvo agarrándole del brazo. Ella se giró y él le cogió de la mano.

-"Entonces yo iré contigo". -le dijo con firme determinación.

Yui sonrió y juntos de la mano, llegaron hasta la casa para despedirse de la familia de Amiboshi.


El padre de Amiboshi les prestó un caballo, y a galope partieron por caminos fuera de las habituales rutas para atajar y llegar lo antes posible hasta su destino. Yui no sabía qué haría una vez llegado allí, pero sabía que el dios Seyriu estaría de su parte.

CONTINUARÁ...

Nota: Bueno, esta historia está llegando a su fin. Quedarán un par de capítulos nada más para acabarla, por fin!. Ya tengo ganas de materializar su final, que lo tengo en mente desde que la comencé. Gracias por leer, espero que os guste!