Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.
Por obligación, serán un dragón y una víbora
10. Primer Año: Llegaron las vacaciones
Después de aquel incidente en el pasillo, Astoria se había jurado a si misma que nunca más le dirigiría la palabra a Malfoy, que no lo vería si quiera, que ese pedante rubio dejaba de existir para ella y si un día se tenían que casar, juren que primero se tiraba de un puente o se lanzaba un Avada Kedavra a sí misma.
Por otro lado, estar con Iván Osborne haciendo travesura a los profesores y charlando sobre cosas Muggles, era algo que a la joven le había comenzado a gustar.
—Nunca vi una Slytherin tan... tan... —decía con rabia contenida el profesor Snape, después de que Astoria e Iván hicieran explotar, a propósito, una poción de burbujas rosadas. Ahora el atuendo del profesor de pociones era un negro con puntos rozados — ¡20 puntos menos para los dos!
Sin duda alguna se llevaban bien, a pesar de que Iván era hijo de un padre Muggle. Pero Astoria parecía no importarle aquello, al menos no mientras solo fueran amigos. Ella misma se lo había prometido ¿No? No seguiría los pasos de Bellatrix y haría todo por ser lo opuesta a lo que fue aquella Mortifago.
—¿Así que te gusta mucho el Ballet?
—Moriría, literalmente, por bailar Alcidiane y Polexandre en París.
—Jajaja, pues disculparas mi ignorancia, pero creo que solo conozco el Lago de los Cisnes.
—Es porque eres niño —se burló la castaña con mechones platinados, mientras le lanzaba un poco de gelatina de zanahoria al rostro.
—Y tú eres niña —le respondió el con una sonrisa y lanzándole pudin de chocolate.
Los dos jóvenes pasaban mucho tiempo juntos, tanto como para mantenerse alejados de los miembros de su casa y para ser tratados como bichos raros por los mismos y es que ¿Cuándo se había visto una Slytherin de sangre pura, compartiendo el plato de golosinas con un Gryffindor Mestizo?
—Astoria, me preocupas —dijo directamente Daphne cuando su hermana menor entro a la sala común toda manchada del pudin de chocolate.
—¿Por qué? —contesto extrañada, tanto por la pregunta como por no ver a Zabini, ni a nadie en la sala.
—¿Como qué por qué? Pasas todo tu tiempo con ese Mestizo, que de paso es un Gryffindor.
—Daphne... ya lo dije antes, es solo un amigo.
—Es un nacido de Muggle, lo que te convierte en traidora de la sangre, Pulga Greengrass —comentó con aires de grandeza una Pansy que bajaba sonriente por las escaleras, seguida de Draco.
Aquello era más que suficiente para causarle nauseas a la menor de las Greengrass. Se empezaba hartar de Pansy, de toparse con el imbécil ese y de que todo mundo se sintiera critico como para juzgarla por sus acciones.
—Y a ti, revolcarte con Malfoy, te convierte en zorra, Parkinson —contestó, sacando todo el veneno que le estaba quemando el estómago. Se giró rápidamente y salió del lugar antes de ver directamente al rubio.
Se repetía mentalmente que no estaba celosa. Aquello no fueron celos, simplemente le regreso el veneno. Se estaba cansando de que la morena la atacara sin razón... eso era todo ¿No? No había nada. Simplemente que eran dos personas indeseables. Dos estúpidos con aires de grandeza que le amargaban la vida, cada uno a su manera, pero al final de cuentas le amargaban la existencia. Al menos eso se repitió a si misma mientras salía de las mazmorras donde estaba ubicada su casa.
Esa fue la última vez durante ese año que piso la sala de Slytherin. Por tes simples razones, solo quedaba una semana más de clase, prefería dormir en el baño con Myrtle antes de verle la cara a aquellos dos y por qué convenció a su querido "cuñado" Zabini, de que le sacara sus cosas del dormitorio. Claro que nunca contó con que justamente el último día Snape se diera cuenta de su desacato y le quitara 500 puntos a la casa, provocando que los de Gryffindor ganaran la copa de la casa.
Al menos tenía el consuelo de que Iván estaba feliz.
—¡Increíble que ganáramos en la última hora! —decía alegremente el muchacho—. ¡500 puntos! ¿Puedes creerlo? Los de tu casa debieron de hacer algo muy malo para perder así —dijo mientras negaba con la cabeza.
—Si, algo muy malo —contestó sin atreverse a decir que había sido su culpa. Aunque la cara de angustia la delataba un poco, pero Osborne pareció no notarlo.
O-O-O
—¿Nos sentamos aquí? —preguntó el joven de cabello negro a su compañera.
—Si, claro —contestó Astoria con una sonrisa.
Los chicos entraron al compartimiento del exprés y acomodaron sus cosas. Iván comenzó a hablar de banalidades, pero la Slytherin parecía ausente.
—¿Sucede algo Asty? —su amistad había crecido mucho en ese medio año que se conocía, tanto que el joven ya le decía apodos cariñosos que para nada molestaban a la castaña, pero que en esta ocasión le fueron tediosos.
—Iván, tengo que ir a hablar con alguien, ¿me esperas? —soltó finalmente, algo insegura porque, aunque no sabía que decir, necesitaba hablar con su hermana, aunque fuera mirarla y pedirle disculpas. Desde aquel incidente en la sala común no se habían hablado, además de que se había enterado de que Daphne terminó con Zabini cuando se enteró que este le había ayudado a montar su teatro de dormir en el baño.
—Si, claro. Yo cuido tus cosas —le animó.
—No tardo —suspiró y salió del compartimiento para ir al vagón donde sabía que estaban los Slytherin que buscaba. Entró silenciosamente, pero no pudo evitar que todas las miradas se centraran en ella. Podía escuchar los insultos nada disimulados de las serpientes, pero igual continuó hasta la mesa donde estaba su hermana.
—Daphne ¿Podemos hablar? —preguntó tímida, ignorando a los demás.
—¡En este vagón no se aceptan traidoras! —le gritó Pansy furiosa.
—¡No hablo contigo! —contestó.
—Astoria, vete de aquí y no le hables así a Pansy —contestó calmadamente la rubia de ojos azules.
—Pero Daphne, necesitamos hablar...
—¡Lárgate! —volvió a gritar la morena.
—Pansy, ya, es solo una mocosa que no sabe lo que hace —comentó fríamente Draco.
La menor de las Greengrass levanto la vista hacia el rubio, pero los ojos verdes se desviaron a una escena más atrás: A unas cuantas mesas estaba Zabini con ojos tristes y mirando por la ventana. ¡Genial! Indirectamente se había salido con la suya al causarle daño a los Slytherin, claro que también se había llevado entre las patas a los pocos amigos que tenía en esa casa, incluyendo a su propia hermana.
—Daphne... —insistió con voz temblorosa la niña. Sentía un nudo en el estómago y una terrible presión en el pecho.
—¿Por qué no te largas con tu maldita aguilucha, traidora, y nos dejas en paz? —Pansy seguía insultándola a diestra y siniestra.
—¡Amor, basta! —gritó un irritado Malfoy, porque su novia le estaba gritando en el oído. Sabía que si la llamaba cariñosamente la morena se calmaría y dejaría de gritar insultos para ponerse a decir cosas melosas, lo que era igual de malo, pero al menos ya no le dolerían los tímpanos.
—Astoria, vete —insistió su hermana.
Las tres últimas frases de aquellas tres últimas personas que le habían hablado le hicieron romper en llanto y salir corriendo del vagón donde era abucheada. Si aún le podía ir peor, prefería no saberlo. Siguió corriendo hasta el vagón que compartía con Iván. No le gustaba que la llamaran traidora de la sangre, ni le gusto cuando escucho a Draco decirle "amor" a Pansy y lo de su hermana y Zabini. ¡Oh, Merlín! Aparentemente siempre le saldría todo mal.
—¡Ey! ¡Ten cuidado! —chocó con alguien y no pudo evitar caer de sentón hacia atrás—. ¿Estás bien? —preguntó un apuesto joven de cabello negro y claros ojos verdes con lentes que le ofrecía una mano a la pequeña.
—¿Harry? —bonita la hora en la que se topaba con él. Estaba llorando, estaba desecha y lo último que quería era dejar una mala impresión en el joven que había estado buscando fervientemente durante el año escolar. Sin embargo, no estaba en condiciones de si quiera recordar los modales que le habían inculcado.
—¿Si, te conozco? —la niña ya no respondió y como pudo siguió corriendo hasta llegar con Iván. Ahora si podía decir que ese no había sido su día.
—¡Que mal educada! —se quejó Ron, que al igual que Harry solo vieron a la niña alejarse.
—Hm... —Potter solo se encogió de hombros y siguió caminado — Vamos que Hermione debe estar guardando nuestros puestos.
O-O-O
—¿Astoria? ¿Estás bien? —apenas vio entrar a la castaña de mechones platinos, se puso de pie. Lo que trajo consigo que la niña se lanzara a sus brazos a llorar desconsoladamente. Así se la pasaron todo el trayecto. Ella acurrucada con el niño ese y él abrazando a la niña esa. Él no quiso preguntar, y ella no quiso decir nada.
Cuando llegaron a la estación, tomaron sus cosas y en silencio bajaron del tren.
—Supongo que nos vemos el año que viene, ¿no? —habló primero el castaño.
—Sí, hasta el año que viene —contestó y le dio un beso en la mejilla.
Sus padres les estaban esperando a ella y a Daphne en el andén. Pero aparentemente Daphne no iría con ellos, pues apenas se acercó para decirle a su papá que iría con Pansy. Sus padres no se opusieron, ni tampoco renegaron cuando esa misma tarde la rubia les informo, porque ni siquiera era pedir permiso, solo les avisaba que pasaría las vacaciones con Pansy y los padres de su amiga en unas Islas Caribeñas.
¿Tanto le odiaba su hermana como para no querer verla?
Pasó el tiempo peor que antes, peor que cuando se enteró que no iría a Francia. No comía, no dormía, no hablaba, prácticamente solo caminaba de un lado a otro antes de echar raíces.
—Astoria, princesa. ¿Qué pasa? —preguntó su padre al ver tan deprimida a su hija.
—Nada —siempre era su respuesta seca a todo lo que le preguntaba.
¿Qué quieres comer, Astoria? Nada
¿Qué quieres para tu cumpleaños? Nada
¿Qué gustaría hacer hoy? Nada... Nada y Nada.
Sus padres se estaban preocupando mucho por eso, así que decidieron darle una sorpresa espectacular para su cumpleaños número 12, claro que, si querían que disfrutara la sorpresa, debían de dársela antes del 29 de agosto.
Así pues, un lunes 15 de agosto le dieron su regalo que no era más que una carta color azul.
—¿Qué es esto? —pregunto, al menos ya había respondido con más de dos palabras.
—Tu regalo, princesa —le respondió alegremente su padre.
La chica abrió el sobre sin muchas ganas en realidad, sin embargo, su expresión se distorsiono cuando apreció lo que había dentro. ¿Eso era en serio?
—¿Qué significa esto? —cuestiono dudosa.
—Significa que iremos a pasar dos semanas a Francia, princesa —le contestó su padre con una sonrisa.
La Señora Greengrass sonreía tiernamente al ver como la expresión sombría que había tenido su hija durante esos días, se transformaba en una amplia y bella sonrisa.
—¡Gracias! —gritó olvidándose de todo lo que la atormentaba, se abalanzó sobre sus dos padres para abrasarles.
A pesar de todo lo que había pasado durante ese año, nunca había perdido la ilusión de ir a París, de hacer tantas cosas. Los problemas podían esperar, todos y cada uno de sus problemas podían esperar.
—¡Incroyable! ¡Magnifiques! ¡Me rendent très heureuse! —exclamó en perfecto francés. ¿Hace cuánto no decía una palabra en francés? ¿Hace cuánto que no se sentía la princesa del mundo?
