10 DE JUNIO DE 2013. 06:22 P.M. BROOKLYN. TORRE DE DEPARTAMENTOS. 2º PISO. DEPARTAMENTO 221. (2 SEMANAS DESPUÉS)
El soldado ajusta su postura mientras intenta capturar estos pequeños momentos de tranquilidad en papel. Remarca con su carboncillo el ligero contorno de la cara de su compañera deteniéndose un segundo para apreciar su pacífica expresión mientras duerme.
En cualquier otra persona parecería un acosador dibujándola mientras descansa, pero en los últimos días Sophia había confiado tanto en él que simplemente tomaba un lugar del departamento y se quedaba dormida sin un arma en la mano. Lo cual es un verdadero voto de confianza para la castaña. Aunque aún se despierta agitadamente ante cualquier ruido, evita atacar cuando detecta el olor y la voz del rubio.
La mente de Steve viaja rápidamente a las diferencias abismales entre no poder estar en la misma habitación sin casi matarse a vivir en el mismo departamento porque no confían en otras personas. Cuanta diferencia puede hacer vivir situaciones de vida o muerte juntos.
Aunque adaptarse a vivir juntos no ha sido tan sencillo. Él tuvo que cambiar la visión de la agente que puede matar alguien con un movimiento de sus manos a ver la chica que se pasea en ropa 3 veces su talla y zambulle comida a su boca antes de despertar por completo. Ella por otro lado, tuvo que modificar la idea del centrado soldado que entrena vigorosamente a pesar de su suero, al chico que dibuja desparramado en el sillón en sus ratos libres.
Por otro lado, para beneficio de los dos la gente tiene razón. Son parecidos hasta cierto punto, ambos son responsables, limpios y tranquilos, lo cual significa unos compañeros de cuarto perfecto. Sino pelearan cada hora por cualquier cosa. La ventaja es que como el edificio aún es nuevo no hay vecinos que se quejen de las peleas.
Además, al ser demasiado independientes tienen ciertos problemas en adaptarse en vivir con alguien, aunque por compartir el cuarto de SHIELD y entrenar juntos ya se han acostumbrado en gran medida el uno al otro. Esto no evita que se sigan escuchando:
– Holmes, ¿Por qué tienes música a todo volumen? ¡Son las 2 de la mañana! – de un recién levantado Rogers.
– ¿Cómo que son las 2 de la mañana? ¡Pensé que eran las 10 de la noche! – de una Sophia que pensaba que era buena hora de hacer ejercicio.
Aunque hoy todo parece estar tranquilo. Él acaba de regresar de una misión que salió bien y ella estuvo todo el día analizando archivos no muy complejos. Ambos están demasiado cansados para discutir así que simplemente apreciaron la compañía mutua hasta que la agente se quedo dormida.
Holmes abre los ojos lentamente encontrándose con la mirada del ojiazul.
– ¿Me estas dibujando? – pregunta enarcando una ceja, pero sin hacer afán de moverse.
– No – responde el rubio con una media sonrisa.
– Bueno, como pago por ser tu modelo involuntaria. Hazme comida, por favor – dice ella estirando sus extremidades,
– No soy tu cocinero – reniega.
Aunque sonríe incorporándose y se dirige a la cocina.
Algo que él ha disfrutado es admirar como los hábitos de la chica comienzan a ser más sanos, aún no la ve comer todo lo recomendado, pero por lo menos se asegura que tenga una gran comida una vez al día. Gracias a la cocina de Steve que, aunque no es perfecta es del agrado de la chica. Incluso el arquero se había maravillado hace unos días que su comida había dejado de desaparecer mágicamente de su casillero.
– ¿Cuánto dormí? – pregunta Sophia siguiendo el rubio a la cocina.
– Cómo 40 minutos – responde sacando cosas de la alacena para hacer un par de sándwiches.
– El sueño fue bastante extraño – murmura para sí misma la chica.
– ¿Quieres decírmelo? – pregunta Steve dedicándole una mirada preocupada.
– No realmente – susurra.
El Capitán simplemente asiente con seriedad. A pesar de su convivencia, aún se muestran recios a compartir algunas cosas. Como los extraños sueños de la castaña. O las pesadillas que atormentan a ambos en la noche.
Al aprender a ocultar sus pesadillas de otras personas, ninguno grita cuando se despierta, ni siquiera hacen ruido cuando lloran luego de una particularmente mala. De vez en cuando se dan cuenta de las pesadillas del otro porque escuchan los golpes a una bolsa de boxeo en plena madrugada provenientes de la habitación vacía del departamento, o escuchan la puerta cerrándose de golpe porque alguien salió por un cigarrillo.
Otras veces se dan cuenta a la mañana siguiente, al ver los ojos perdidos del otro mientras intenta centrar desesperadamente sus pensamientos en lo que está haciendo, lo cual generalmente es trabajo.
SHIELD los tiene suficientemente ocupados. La baja médica de Sophia duró dos semanas, y al volver nadie cuestionó su ausencia. A lo largo de los años se habían acostumbrado a ellas, lo cual molestó a Steve porque esta vez ella estuvo demasiado cerca de la muerte y a nadie parecía importarle. Luego recordó que la chica no le dijo a nadie de su condición y pasó su molestia a Sophia, la cual básicamente la ignoró hasta que el soldado tuvo que superarlo.
Referente a sus investigaciones de SHIELD, vivir en el mismo lugar, donde bloquean todas las señales externas y están seguros de que no tiene ningún micrófono escondido, ayudó mucho a sus reuniones de progreso. Sobretodo cuando su escusa para reunirse, planear el cumpleaños de Tony, ya no podía ser usada.
Sin embargo, para su mala fortuna, las investigaciones seguían sin tener muchos resultados y estaban llenas de trabas. Justo de la impotencia de eso había sido el sueño de Sophia. No lo quiso decir porque sabe que a Steve le frustra tanto como a ella.
Ahora, despierta y comiendo un sándwich en un lugar seguro con una compañía agradable que comienza a preguntarle ciertas cosas sobre la tecnología nueva. Ella decide que investigar SHIELD es un problema para la Sophia del futuro.
11 DE JUNIO DE 2013. 11:01 A.M. NUEVA YORK, CENTRO DE COMANDO DE SHIELD. OFICINA DE LA AGENTE HAYLE, NIVEL 8.
Gruño estirándome para alcanzar el siguiente archivo. Siguiendo estrictamente las órdenes médicas, más por presión de Rogers y Joan (que me sigue revisando periódicamente) que, por convicción propia, me abstuve de tener misiones que pusieran el riesgo la "integridad de mis riñones". Así que llevo semanas recluida con trabajo de oficina, de nuevo.
Por lo menos no es porque desobedecí órdenes, así que no tengo a Hill en mi cuello revisando todos mis movimientos. Aparte el hecho que sólo fuera analizar me permitió avanzar mientras seguía en reposo absoluto.
Aunque, varios agentes al enterarse que iba a concentrarme en analizar archivos me contactaron para pedir ayuda a revisar sus casos.
Porque al parecer nadie sabe hacer nada sin mí.
Sin embargo, no puedo verdaderamente quejarme. He estado bastante bien, ya que por primera vez desde hace 2 años mis riñones funcionan al 100% y no tengo ninguna otra lesión o enfermedad. Algún otro órgano comenzará a fallar en algunos meses, así que por ahora puedo estar tranquila
Tan tranquila que Rogers piensa que todos mis colapsos mentales y actitudes autodestructivas son cosa del pasado. No tuve el corazón para desmentirlo.
Suelto un sonoro suspiro regresando mi atención a la enorme montaña de archivos que se cierne frente a mí. Sin embargo, unos golpes en la puerta interrumpen los minutos dedicados a lamentar la elección de mi carrera.
– ¿Estas libre? – pregunta Joey con la mitad del cuerpo asomándose a través de la puerta.
– Para ti, estoy mortalmente ocupada – respondo seriamente.
El frunce el ceño en una combinación de ofendido e indignado segundos antes de que yo suelte una gran carcajada.
– No es cierto, pasa – insto ansiosa de ocupar mi mente en otra cosa que no sea analizar.
Atraviesa con facilidad la sala y se deja caer en una silla frente a mi escritorio, incluso comienza a jugar con un adorno con una actitud relajada. Su semblante no revela querer hablar de ningún tema urgente, así que comienzo a separar la pila de archivos en pilas más pequeñas según su complejidad.
– No estuviste los últimos días – habla, aunque esta implícita la pregunta.
– Tuve un problema médico – indico sin dar muchos detalles.
– ¿Todo bien? – pregunta levantando la mirada para verme con sorpresa.
– Ahora, sí – le sonrió.
El simplemente asiente un poco reflexivo. Luego de pasar semanas con el sobreprotector de Rogers, me refresca el hecho que no insista.
Pasamos algunos momentos en silencio. La forma contenida con la que juega con mi adorno y el hecho que evita mi mirada me indica que quiere hablar de algo que lo incomoda. Lo cual me parece extraño, ya que no suele incomodarse fácil. Decido ayudarle un poco hablando de otro tema.
– Por cierto. Lo lamento, pero voy a tener que pedir que no lances ataques sorpresas por algunos meses – digo casualmente.
Esto es referente a los entrenamientos que hace con los reclutas nuevos, los cuales de vez en cuando me atacan para mantenerme ágil y que yo les dé notas. Por razones obvias no puedo darles mi más reciente dirección.
– ¿Todo bien? – pregunta centrando su atención en mí.
– Sí, sólo Charlie se quedará conmigo constantemente y si alguien me ataca con ella ahí no va a terminar bien – explico encogiéndome de hombros.
Sus ojos me estudian por unos segundos.
– ¿Esa es la única razón? – pregunta desconfiadamente.
– Sí, ¿Por qué debería tener otra? – respondo con sequedad. No es usual en él insistir tanto.
Medita brevemente su respuesta para luego incorporarse en su asiento, incluso suelta el adorno para juntar sus manos en un gesto formal. Algo en sus ojos me indica la seriedad, así que dejo los archivos a un lado.
– He oído unos rumores… –
– Ay, Dios. Por favor, tú no – suspiro exasperada.
Los únicos rumores remotamente interesantes en los últimos meses han sido míos y del soldado, ya sea de alguna de nuestras peleas o del hecho que todos piensan que tenemos una relación. ¿Por que los agentes no encuentran a otra "supuesta pareja" a la cual molestar?
– No hay nada de malo con tener una relación – me asegura antes de que pueda decir otra cosa – Aun cuando no se lo hayas contado a tu mejor amigo primero. Pero, he de decirte que el Capitán no esta mal – agrega con un tono juguetón.
– No estoy saliendo con Rogers – lo corto rápidamente.
– Han estado haciendo misiones juntos últimamente – dice sugestivamente.
– Nos obliga Fury, y no tengo que recordarte lo mal que salieron – suspiro cansada.
– Los vieron llegar juntos – insiste.
– Nos recogió el mismo coche, estábamos cerca – me encojo de hombros.
– Tenías su chamarra –
– Tenía frío y me la prestó –
– Te ves mucho más feliz últimamente – alega.
– ¿Y eso tiene que estar automáticamente relacionado con un hombre? – respondo a la defensiva.
Mis palabras hacen que dude un segundo.
– Dejaste que te tocara – dice con voz queda.
– ¿Disculpa? –
– Antier en la tarde. Estábamos en el hangar, Rogers y yo íbamos a una misión y tu estabas ahí para dar algunos reportes. Yo estaba arreglando el avión así que no pude acercarme, pero quería saludarte así que te estaba viendo. El te tocó el brazo – explica con la mirada perdida en sus manos, como si pudiera verlo de nuevo en su mente.
– ¿Y? – cuestiono, pero sé exactamente a donde quiere llegar. No me gusta que me toquen y nunca lo oculto.
– No te moviste, ni gritaste, ni siquiera cambiaste de expresión. No dejas que nadie te toque, mucho menos alguien cuya presencia apenas toleras – comienza encontrando mi mirada, en sus ojos hay una alarma inusual – Aparte dejaste que me rescatará, no dejarías que cualquiera hiciera eso – agrega.
Me quedo callada y decido que la alfombra de mi oficina de repente es lo más interesante del mundo.
– Dime la verdad, Sophia – demanda – No me malentiendas, nada me encantaría más que fueras feliz con alguien bueno… – agrega suavizando su tono cuando no respondo.
– Pero – añado presionándolo a decirme la verdadera razón por la cual quería hablar del tema.
– Pero no de SHIELD. Sabes tan bien como yo que involucrarte con alguien del trabajo, sobretodo de esta organización, no es una buena idea – suelta finalmente.
Asiento distraída. Yo no soy la única que no permite que nuestra amistad se haga más profunda. Una de las razones por la que somos tan buenos amigos es porque nos apoyamos mutuamente pero nunca insistimos o sobrepasamos límites, aún cuando quizás deberíamos.
Luego de una misión que realmente nos afecta yo ignoro el potente olor a alcohol que él desprende el día siguiente y el ignora mis movimientos aletargados y mis pupilas dilatadas.
– Creo que lo sé perfectamente – suspiro tallando mi cara – Terminar mi relación con Rumlow no sólo arruinó mi amistad con él, también ha arruinado cada misión que he tenido con el equipo de STRIKE –
– Y eso que no trabajas en el mismo campo que él. Es mucho peor cuando son compañeros de misiones – dice mirándome con intensidad.
– No soy tan cercana con Rogers, tan solo ya no nos queremos matar – me excuso moviendo mis dedos con impaciencia – Ya te había dicho que convivo con él por orden de Fury – agrego sin mucho entusiasmo.
No me enorgullece mentirle a mi mejor amigo, aunque en este momento haría lo que fuera para terminar con la conversación.
– Incluso una relación física no es buena idea – insiste con rudeza.
– Por favor, me lo dices a mí – replico con sorna. Al parecer muchos comienzan a olvidar mi preferencia sexual, o mas bien, la ausencia de ella.
– Es en serio, Sophia – suelta bruscamente – No es buena idea mantener relaciones con alguien de SHIELD – sus manos se aprietan en puños.
– No tengo una relación con él – repito cansada – Y es curioso que tu me lo digas tomando en cuenta lo que sea que tenías con Jacobs –
– Y luego la vi ser torturada por 4 días – replica salvajemente.
Oh, es lo único que puedo pensar.
– Los sentimientos son una debilidad que puede ser usada en combate. No cometas el error de olvidarlo. No seas como yo – explica severamente – Por favor, no lo olvides – agrega con la voz rota.
Asiento con la cabeza.
[Te lo dije, el sólo quiere llevarnos a la luz. Al final, eso no es bueno para nosotras] me insiste la voz de mi cabeza.
Decido no responderle.
Aunque ambos tienen razón, por más que Steve sea bueno, quiera cuidarme y ser mi amigo. Hay una razón por la que me quedo en la oscuridad, me permite ser la mejor en mi trabajo. Esa oscuridad no es buena pero usada en las manos correctas es un instrumento eficiente contra los verdaderos demonios que acechan el mundo.
Además, siempre tengo la constante alama que no puedo involucrarme con nadie, incluso las amistades son restringidas. Si nos volvemos más cercanos le habré expuesto mis debilidades. Y ya le he mostrado demasiados lados vulnerables.
La afinidad es un arma que va a ser explotada en mi contra, como en aquel almacén cerca de Chicago. Perdí el control porque él estaba en peligro y arruiné una misión que pudo ser sencilla.
El hecho que trabajemos juntos para sacar la verdad de SHIELD es mayor motivo para mantener mi cabeza fría. Todos pueden ser el enemigo, incluso él.
– No lo olvidaré – prometo.
14 DE MAYO DE 2013. 06:32 P.M. BROOKLYN. AFUERA DE TORRE DE DEPARTAMENTOS. BAKER STREET.
Bajo del taxi tomando la mano de mi pequeña sobrina. Doy una rápida escaneada a mi alrededor y cuando me convenzo de que no somos el interés de nadie me dirijo a la entrada del edificio.
Subo las escaleras escuchando parlotear a Charlie sobre la última lección de su tutor. Al parecer considera más importante visitar el Museo de Historia para aprender de los griegos, que aprender la tabla del 5. Mi mente esta tan dispersa que no considero decirle las ventajas de aprender las multiplicaciones a corta edad o felicitar su iniciativa de ir a un museo.
Al llegar al segundo piso me demoro más de lo usual en el pasillo. Abro la puerta con cuidado de no hacer mucho ruido, aunque por las luces encendidas es seguro que Rogers esta aquí.
Luego de mi conversación con Joey dormí en la habitación de SHIELD para evitar al rubio en lo que aclaraba mis pensamientos y consideraba mi nueva estrategia. De nuevo mi mente se encontró dividida entre confiar en él y considerar si es un enemigo. Estaba tan abrumada que simplemente decidí dormir y dejar de pensar, para mi mala suerte no tenía nada para ayudarme a desconectar y a pesar de la constante tentación motivada por la voz de mi cabeza, no me atreví a comprar benzodiacepina.
Al despertar lo encontré buscando una muda de ropa. Hablamos tranquilamente por un rato hasta que recordé las palabras de Joey y comencé a actuar extraño. Bueno, más extraño que de costumbre. He estado evitando estar a solas con él desde entonces. La idea era hacerlo hasta que resuelva el revoltijo de mi cabeza, aunque he estado tan ocupada en SHIELD que apenas he podido comer o dormir.
[O simplemente ya no deberías verlo] sisea la voz de mi cabeza. La cual esta empeñada en hacer que deje de convivir con Rogers.
– Quédate en el sillón, no tardaré mucho – le ordeno a mi sobrina ignorando la voz de mi cabeza.
Ella asiente tranquilamente y se sienta a observar con detenimiento el departamento. Se supone que Charlie va a pasar la semana conmigo mientras sus padres van a Paris por su aniversario. Como tengo una habitación en mi antiguo departamento acondicionada para ella decidí llevarla ahí.
Síp, es por esa razón y sólo por esa razón. Por supuesto que no es para evitar a cierto rubio.
Al llegar a ese departamento nos dimos cuenta de que uno de sus peluches favoritos se quedó en una caja que traje a este departamento. Ella dijo que no era demasiado importante, pero luego de ver su cara de decepción no pude hacer otra cosa más que agarrar el taxi más cercano y venir aquí.
Me aseguro de que el pasillo esta vació y entro rápidamente a mi habitación. No he tenido mucho tiempo para desempacar así que una esquina del cuarto esta llena de cajas de ropa, de libros, de archivos, de más libros y los libros que me regaló Tony por mi cumpleaños. Entre más rápido salga de aquí mejor, reflexiono removiendo el contenido de las cajas buscando el peluche.
Aunque, como siempre mi suerte es más pequeña que un átomo.
– Hey, te creí oír – dice la voz que quería evitar.
Me tenso en el lugar, pero no me atrevo a levantar la vista de mi búsqueda.
– Sí, Charlie quería este peluche – respondo encontrando el dichoso unicornio que le aprietas el cuerno y brilla en distintos colores.
Me incorporo bruscamente quedando frente a frente con su cautivadora mirada azul. Su ropa es casual y por las manchas en sus manos determino que estaba dibujando. Sin embargo, sus ojos tienen destellos de inquietud.
– Bien, buenas noches – digo repentinamente tratando de salir del cuarto.
Malditos sentimientos, me maldigo internamente. Todo mi interior grita por querer quedarse a arreglar las cosas, pero mi parte racional sabe que justo por esa razón él es tan peligroso. Podría traicionarme en un segundo y yo no vería venir hasta que fuera demasiado tarde.
Aunque la suerte sigue odiándome, porque me tropiezo con las cajas y caigo de bruces entre el revoltijo que creé buscando el juguete.
– ¿Estas bien? – pregunta ayudando a incorporarme.
– Sí – gruño.
Veo que sus manos me siguen sosteniendo y me zafo bruscamente.
– Bueno… Charlie me espera – digo nerviosamente caminando hacia la salida.
– Espera un segundo. ¿Estamos bien? – pregunta, lo que me hace detenerme en seco cerca de la puerta – Has estado distante, me preguntaba si hice algo – continua con preocupación.
– Todo bien, solo tengo prisa – contesto apresuradamente e intento dedicarle una sonrisa, pero sale como una mueca que me hace parecer más nerviosa.
– Holmes. ¿Qué pasa? – pregunta acortando el espacio entre nosotros.
– ¿Por qué piensas que pasa algo? – pregunto dando un par de pasos atrás hasta que choco con la pared.
– A diferencia de lo que piensas, no soy un idiota. Me doy cuenta de que me evitas – responde secamente. Aunque respeta mi intento de obtener espacio y no se acerca más.
Mi mente se queda en blanco, incapaz de formar una escusa.
– Lo siento – murmuro finalmente mirando el piso.
Él suspira pasando sus manos por su cabello mientras yo comienzo a jugar con el peluche, incómoda.
– Esto es otra de tus etapas donde dudas si puedes confiar en mi, ¿verdad? – rompe el silencio suavemente.
– Yo… em, si. ¿Cómo…? – balbuceo levantando la mirada.
– No eres la única que es observadora, Holmes – responde pronunciando mi apodo con un toque de humor – Esta bien. Cuando te des cuenta de que no tengo nada que ocultar podremos volver a hablar con normalidad – asegura regalándome una cálida sonrisa.
Mierda, ¿por qué siempre olvido que él es genuinamente bueno?
Steve me deja estar en la oscuridad, y generalmente no me juzga por ello. Aunque, a diferencia de todas las personas que han aceptado mi lado oscuro, el no deja que me ahogue y sea consumida en las tinieblas. Me acompaña en mis caminos, tanto en la oscuridad como en los de luz.
Sin esperar una respuesta comienza a caminar hacia la puerta, lo que lo lleva a acercarse a mí. No estoy segura si es la culpa que me carcome o la desesperación por querer confiar en él, pero antes de que pueda salir lo tomo del brazo.
Me he intentado convencer que me alejo porque hay una posibilidad que pueda traicionarme. En realidad, es porque ahora me preocupa tanto este soldado de ojos azules que mandaría al demonio cualquier misión para asegurarme que este a salvo, tomando en cuenta que su trabajo es igual de peligroso que el mío, no es algo que me puedo permitir. Y es algo que había ignorado estas últimas semanas hasta que Joey me lo recordó.
– Yo… Lo siento, Steve – comienzo con voz queda – No es fácil para mi confiar en alguien –
– Lo entiendo. Es más fácil cargar todo el peso en tus hombros que correr el riesgo que alguien más te traicione –
– No es eso – interrumpo – Yo… –
Dejo escapar todo el aire que estaba conteniendo. Me debato internamente por unos segundos y luego decido ser completamente honesta, es lo menos que le debo a la persona que me ha apoyado. Le cuanto me conversación con Joey y sus reservas con volverme cercana con Rogers.
– Un segundo, ¿Por qué pensaste que iba a traicionarte si lo que te dijo Warren fue que no te involucrarás románticamente con alguien de SHIELD? – pregunta una vez que termino mi relato.
– Una vez que te haces cercana con alguien es más fácil para ellos traicionarte. Y es más sencillo pensar en ti como un enemigo que aceptar que… – comienzo –Mmm.… que en realidad me importas – suelto, sus ojos pasan a la confusión – Tranquilo, no me refiero a algo romántico. Pero no suele permitir que me importe alguien – agrego rápidamente antes de que lo malinterprete.
Su rostro se relaja en una media sonrisa.
– De nuevo tu mecanismo de defensa de intentar alejar a las personas antes de que tengan oportunidad de hacerte daño – dice.
– ¿De dónde…? – comienzo y luego lo recuerdo – Hacerte leer ese libro era para ayudarte a ti, no para que me analizarás – reniego comenzando a arrepentirme de haberle dado una lista de lectura.
– No importa, de todos modos, sólo tú puedes determinar si confías en mí – responde tranquilamente.
– Ugg – gruño – A veces odio lo compresivo que eres. ¿Por qué no puedes ser así cuando peleamos? – pregunto haciéndolo sonreír.
Unos pasos nos alertan antes de que una pequeña figura pueda aparecer por la puerta.
– Tía Sophie, ¿por qué te estás…? – comienza Charlie hasta que nota la presencia del soldado y sus ojos se iluminan – ¡Steve! – grita corriendo a sus brazos.
– Hola, pequeña Holmes – saluda este cargándola en un abrazo.
Ambos rubios se estrechan por unos segundos genuinamente felices de verse. Charlie es la primera en separarse del abrazo, aunque Steve no la baja.
– ¿Qué haces aquí, Steve? – pregunta mi sobrina aún emocionada.
– Bueno… – inicia el rubio mirándome por ayuda.
– Este es su departamento, aunque a veces yo me quedo en esta habitación – le explico con cuidado. Tengo fe en que ella no le va a repetir esto a su madre o alguna de sus niñeras.
– ¿Comparten departamento? – pregunta confundida.
– Sí – asegura Steve.
Frunce en ceño unos segundos antes de decir.
– ¿Ahora eres pobre, tía? Porque si necesitas te puedo prestar dinero –
– No, Charlotte – la corto irritada, eso sonó a palabras de mi hermana – Ninguno de los dos pasa mucho tiempo fuera del trabajo, así que vez en cuando me quedo. ¿Y qué te dije de llamar a alguien pobre? –
– Es clasista y no debería hacerlo – responde avergonzada – Lo siento – agrega hacia el rubio que sigue cargándola.
– No hay problema, pequeña – responde este dedicándole una cálida sonrisa.
– Aquí tienes tu unicornio – digo entregándole su peluche.
– Señor Trudy – grita tomando su juguete y básicamente olvidando la conversación.
– Bueno, si ya tenemos todo… Es hora de irnos – anuncio tomándola de los brazos de Steve. Le doy la mano comenzando a caminar hacia la sala.
– ¿Tienen que ir a un lugar? – pregunta el soldado siguiéndonos por el pasillo.
– Si, nos quedaremos en mi antiguo departamento por la semana – explico poniéndole el abrigo a Charlie, aunque dificulta mi trabajo porque se encuentra ensimismada jugando con el Señor Trudy.
– Ah, de acuerdo – dice sin mucha convicción el rubio.
– ¿Y si nos quedamos aquí? – pregunta Charlie olvidándose de su juguete.
Me sorprende su propuesta así que me toma un segundo reaccionar.
– No hay una cama o habitación extra para ti aquí, cariño – explico suavemente – Tendrías que dormir conmigo o en el sillón –
Intento acomodar su abrigo, pero esquiva mis movimientos hábilmente.
– Puedo dormir contigo, sería como una pijamada. Va a ser súper divertido – exclama escurriéndose de mi intento de ponerle su bufanda.
– ¿Estás segura? – inquiero levantando una ceja, ella asiente con un brillo de emoción en su mirada.
Me detengo a estudiarla brevemente. Por mucho que la quiera, Charlie es una niña consentida acostumbrada al lujo. Con la mitad de su armario podría pagar la renta de este departamento por un año. Aunque pensándolo bien, esto podría enseñarle una lección sobre humildad y minimalismo, aparte si algo sale mal siempre podemos ir a mi antiguo departamento.
– ¿Tu tienes algún problema? – pregunto finalmente a Steve.
– Por supuesto que no. Tu siempre serás bien recibida aquí, pequeña Holmes – responde afectuosamente removiendo el cabello de Charlie.
– Supongo entonces no hay problema – reflexiono bajo la mirada atenta de dos pares de ojos azules – Bien, no quedaremos – cedo.
Ambos dan exclamaciones de alegría e incluso Steve ayuda a Charlie a quitarse su abrigo. Río mirando su entusiasmo.
– Ya es tarde, así que termina la tarea que te dejó tu tutor. Prepararé la cena – anuncio dirigiéndome a la cocina – Tu también estás invitado – agrego mirando al rubio.
– ¿En serio? – pregunta este sorprendido – ¿No es un momento familiar? –
– No realmente, y creo que Charlie me mataría si te corro – bromeo guiñándole el ojo.
– No es cierto, yo nunca te haría daño tía Sophie – reniega la pequeña solemnemente.
Luego se acomoda en la mesa de la cocina y saca los libros de su mochila, la cual tuvo la buena idea de traer para guardar al Señor Trudy. Eso me recuerda que debo ir a mi departamento por el resto de sus cosas para la semana.
Le dedico una sonrisa y comienzo a sacar sartenes y platos. Después de revisar el refrigerador decido hacer una sencilla cena de pollo y vegetales, comienzo a cocinar el pollo en la estufa y a lavar los vegetales. Me doy la vuelta para comenzar a cortarlos cuando me encuentro con el rubio mirándome con el ceño fruncido.
– ¿Qué? – pregunto a la defensiva.
Lo único que falta es que me diga que así no se lavan los vegetales o algo parecido.
– ¿En serio sabes cocinar? Pensé que ibas a ordenar comida – suelta el rubio viendo como me desenvuelvo con facilidad.
– Por supuesto que sé cocinar. He vivido sola desde los 16, tuve que aprender a hacer todo por mi misma – respondo ligeramente ofendida.
– Entonces, ¿Por que has dejado que yo cocine todo? – exclama.
– No me encanta cocinar y tu siempre te ofrecías – me encojo de hombros.
Él suelta un bufido, pero no agrega nada más.
Su cocina consiste esencialmente de alimentos sanos y sencillos, que es lo único que puedo comer con mis riñones nuevos. Aparte el hecho que sepa cocinar no significa que disfrute particularmente de hacerlo, o que tenga tiempo. Así que era excelente llegar con una cena caliente lista.
Rápidamente termino de preparar la comida. Charlie guarda sus cosas mientras Steve pone la mesa de la cocina. Sirvo los platos y comemos tranquilamente, el soldado y yo nos mantenemos bastante callados, esta vez no es por incomodidad, sino porque la conversación es abarcada por mi sobrina que le explica su ultima obsesión, Percy Jackson.
– También esta Anabeth que es hija de Atenea y tiene una daga. Se parece la tía Sophie porque es muy inteligente y tiene unos bonitos cuchillos – explica la pequeña enumerando sus personajes favoritos – Luego está Nico… –
– ¿Te enseñó sus cuchillos? – interrumpe el soldado alarmado.
– Ah, si. Brillan mucho y tiene grabados Holmes – responde mi sobrina casi indiferente y continua con su explicación del Rey de los Fantasmas.
Sin embargo, el rubio ignora el resto del parloteo para mirarme con reprobación.
Esto no va a terminar bien, pienso preparándome para una posible pelea.
– Por favor dime que no le compraste unos cuchillos a juego – exige Steve.
– Por supuesto que no, ¿por quién me tomas? – replico ofendida.
– Ella dice que no me va a dejar usar armas hasta que cumpla 12 – explica Charlie ignorando la repentina tensión del cuarto.
– ¿Qué? – grita el rubio escandalizado.
– Exacto. Si alguien te ataca ahora, ¿Qué debes hacer? – le pregunto.
– Lanzarle todo lo que este a mi alcance, esconderme y llamarte – explica la pequeña bastante orgullosa.
Asiento con la cabeza dándole mi aprobación, pero el soldado me mira reprobatoriamente. Aparto la mirada y me tomo un bocado de mi comida.
– ¿Por qué le enseñaste eso? – cuestiona Steve.
– Es nieta y sobrina de políticos, e hija de un empresario. Sabe perfectamente que el mundo es peligroso, cuando no esta conmigo tiene dos guardaespaldas a todo momento – respondo secamente.
– Si. ¡Taylor y Jerry! – añade Charlie sonriendo – Son bastante altos, como tu –
El hecho que una niña tan pequeña haya normalizado tener guardaespaldas escandaliza el rubio. Inmediatamente decide que fue mi idea y me reclama como tal. Aunque es ajeno que mi padre es igual de paranoico que yo y, a pesar de no haber estado tan presente la vida de sus hijos, siempre ha velado por la integridad física de su familia.
Comienzo a tranquilizarlo, por un momento funciona.
Hasta que Charlie afirma que le voy a enseñar defensa personal y que ella esta emocionada por ello, Steve lo ve como un intento de entrenar a Charlie para ser un agente de SHIELD en un futuro. Intento calmarlo argumentando que defenderme fue algo que mi madre me enseñó antes de que yo decidiera convertirme en agente, pero las horribles anécdotas de mi infancia lo horrorizan aún más y terminamos enfrascándonos en una discusión.
Cuando le digo que los aliens literalmente nos invadieron el año pasado y que no esta de más tener seguridad, me doy cuenta de que Charlie esta en un silencio pensativo removiendo su comida. Lo cual es poco común en una niña tan comunicativa.
– Lo siento, cariño – digo cambiando por completo mi tono.
No estoy tan alterada como para que mi acento británico se mostrara, aunque ambos utilizamos nuestro tono autoritario que normalmente pone a temblar a los agentes novatos.
– No deberíamos discutir frente a ti – agrego dedicándole al rubio una mirada de advertencia.
El soldado también se disculpa, pero Charlie mueve un poco más su comida con expresión ausente.
– Tía… ¿Tu y Steve son pareja? – suelta mirándome a los ojos.
– No, pequeña. ¿Por qué preguntas? – responde el rubio de inmediato.
– Se comportan como pareja – responde con obviedad.
– ¿Cómo? – una parte de mi cerebro se pregunta cual es su concepto de pareja y deja como recordatoria analizar cualquier pareja que ella tenga.
– Viven en el mismo lugar y pelean constantemente. Justo como mis padres o mis tíos – declara.
Frunzo el ceño extrañada por su razonamiento, miro a Steve y su mirada se encuentra tan confundida como la mía. Aunque, de todos los que nos han acusado de ser pareja, ella es la que tiene más argumentos. Están basados en parejas disfuncionales y malos ejemplos, pero son argumentos finalmente.
– Cariño, primero eso no es una relación sana. Segundo, solo somos amigos y compañeros de departamento – le explico con suavidad.
– ¿Seguros? La verdad me encantaría que fueras mi tío – insiste emocionándose ante la idea.
Voltea el rostro para mirar expectante a Steve.
– Lo siento, pequeña Holmes – responde el rubio que parece haber recuperado la compostura – Aunque siempre estaré si me necesitas –
– ¿Soy tu Holmes preferida? – pregunta haciendo un puchero.
– Definitivamente – le asegura con una cálida sonrisa.
La pequeña rubia se queda satisfecha y regresa a su cena. Decidimos dejar que Charlie guíe la conversación, aunque recibo una mirada de advertencia indicándome que la discusión sobre la seguridad de Charlie no ha terminado.
Antes que tenga oportunidad de hablarme a solas, le pido cuidar a Charlie mientras voy a mi viejo departamento por su maleta para la semana.
– Puedes llevarte mi moto. Supongo que la sabes manejar – sugiere el soldado señalando sus llaves encima del recibidor.
Al instante viene a mi mente imágenes de toda clase de accidentes automovilísticos y cuerpos mutilados.
– No, gracias. Prefiero vivir – grito saliendo aún más rápido por la puerta.
17 DE MAYO DE 2013. 07:18 P.M. BROOKLYN. TORRE DE DEPARTAMENTOS. BAKER STREET. DEPARTAMENTO 221.
Los días pasan tranquilos, o lo más tranquilos que se puede cuando tu eres un agente de una organización secreta que vive con un vengador y una niña de 6 años.
Gracias a una intervención divina, Charlie va a casa de su tutor de 10 a 4 para tomar clases, lo que me permite resolver cualquier desastre que ocurre en el mundo sin involucrar a mi querida sobrina. A parte, gracias al trabajo de oficina, no tengo que salir a ninguna misión y puedo pasar la tarde con ella.
Steve pasó gran parte de su tiempo entrenando o en un par de misiones sencillas que solo lo ocuparon unas cuantas horas. También pasó bastante tiempo de calidad con Charlie y ahora el refrigerador está tapizado de dibujos de ambos. Su vínculo no hizo más que estrecharse estos últimos días.
Hoy, por ejemplo, luego que pospusiera nuestra ida al parque porque llegó un archivo de emergencia con un robo de armas nucleares en Pakistan, Steve se ofreció para llevarla. La cara de ilusión de la pequeña fue enorme, así que no pude negarme.
La verdad que Rogers se ofrezca a hacer una buena acción y que Charlie se emocione por algo, no es extraño. Pero no ha dejado de dar vueltas en el fondo de mi cabeza. Aunque por la urgencia mi atención esta en el archivo.
Llevo un tiempo indefinido analizándolo. No he visto la hora, pero en algún momento ha anochecido, gracias a la luz de mi computadora no he tenido que prender ninguna lámpara. Además, puedo ver las variantes y conexiones frente a mí tan claro que por un segundo dudo que si son reales. Por fin determino que se los ladrones se dirigen a Kovatam, India para tomar un barco para huir y vender el arma al mejor postor.
De alguna manera regreso a la realidad lo suficiente para enviar mis hallazgos a Jacobs, la agente a cargo, y sugerir un plan de acción. Le mando toda la información y doy un par de sugerencias extra.
Cuando me aseguro de que todo irá bien cierro la computadora de golpe, tallo mi cara mientras dejo salir un profundo suspiro. Simplemente recargo la cabeza en el sillón para descansar mi mente un poco y esperar el regreso de los rubios.
No tengo que esperar mucho.
La puerta se abre lentamente y antes de que alcance un cuchillo para defenderme reconozco las voces de los rubios. Me incorporo pesadamente esperando que me vean en el sillón y que Charlie corra hacia mí. Sin embargo, luego que prenden la luz principal ambos se que quedan cerca de la puerta cuchicheando y dando miradas furtivas al pasillo.
Algo va mal, reacciona mi instinto inmediatamente. Así que los analizo buscando cualquier indicador. Sin embargo, lo único que encuentro es que ellos están ocultando algo que no quieren que vea y que piensan que me encuentro en mi cuarto. Intento determinar que ocultan, pero la gran figura de Rogers tapa mi vista.
– ¿Qué llevan ahí? – cuestiono sorprendiéndolos.
Se enderezan de golpe y me sonríen forzadamente. Casi puedo ver como su mente se mueve lo más rápido que puede buscando una escusa. El rubio abre la boca, pero un maullido proveniente de un bulto de su chamarra lo interrumpe.
– Em, drogas – responde Steve en completo pánico.
– Claro. Tu, Steven Grant Roger llevaste a mi sobrina de 6 años por drogas. ¿Cómo se llama? ¿Felis catus? – bromeo haciendo alusión al nombre científico de los gatos.
Suspiran derrotados, así que el rubio abre su sudadera para sacar un pequeño gatito naranja cubierto de tierra y mugre. Camino hacia ellos para ver a la pequeña creatura más de cerca. Llevo un par de pasos cuando percibo la mirada de dos pares de ojos azules aún cargadas de nerviosismo.
– No – digo al instante.
– Ni siquiera sabes que te vamos a preguntar – se queja Charlie.
– No puedes llevarlo a casa, porque tu mamá es alérgica y aunque no pasa mucho tiempo ahí, no lo va a permitir. Así que quieres que el gato se quede aquí – respondo seriamente.
– Okay, quizás si sabias que te íbamos a preguntar – murmura el rubio acariciando la pequeña cabeza del gatito – Pero mira su carita. Ni siquiera tu eres tan despiadada para correr una creatura tan adorable, aparte son buenos para atrapar bichos y esas cosas –
La cooperación del soldado me desconcierta. A pesar de que no es un argumento demasiado bueno, si parece pensado, lo que supone que la idea del gato es premeditada. Aunque Steve no suele ir a ese parque, sólo Charlie va. De hecho, es su parque favorito.
– Charlie. ¿Qué te dije sobre manipular adultos? – regaño cayendo en cuenta que esto es una idea de mi sobrina.
– Sólo puedo hacerlo con los que son groseros conmigo – farfulla esta bajando la mirada. Él soldado frunce el ceño con claro desacuerdo a la lección.
– ¿Steve ha sigo grosero? – presiono cruzando los brazos.
– No – suelta avergonzada. Estoy a punto de disculparme con el rubio, pero ella continua – Pero no lo manipulé, le conté mi plan y él estuvo de acuerdo –
La indignación recorre mi cuerpo mientras me encaro a él.
– En mi defensa, no pensé que odiarás los gatos – argumenta apresuradamente levantando su mano libre.
– No los odio, pero son una responsabilidad para la cual no tengo tiempo – aclaro alternando mi mirada de reprobación entre los dos rubios.
Se quedan en silencio mientras yo enumero todo lo que se tiene que hacer por una mascota.
– Entonces yo asumo completa responsabilidad de él – me interrumpe Steve con seguridad.
– ¿Tu? ¿La persona que apenas esta comprendiendo este tiempo quiere cuidar a un gato? – inquiero levantando una ceja.
– No es como que en los 40's no teníamos gatos – responde con una sonrisa ladeada.
– ¿Te encargarás de alimentarlo, limpiar su zona y arena, jugar con él y todo? – pregunto seriamente.
El tener una mascota no es un juego, es un ser vivo que merece respeto y no tiene que tomarse tan a la ligera.
– Por su puesto, incluso si veo que no puedo cuidarlo me daré a la tarea de buscarle un hogar – asegura.
– Sí, y yo lo cuidaré cuando este aquí y me encargaré de comprar todo lo que necesite, como su cama, su comida, sus juguetes y su arena – afirma la pequeña bastante seria – Por favor, ¿podemos quedárnoslo? – suplica.
Me doy un momento para analizarlos una última vez. Dejando de lado el brillo de emoción en la mirada de mi sobrina, hay toque de madurez en su semblante y parece haber pensado demasiado en esto. Asimismo, nunca había visto a Steve tan emocionado por otro ser vivo, siempre es amable con todos, pero acaba de conocer a este gato y parece capaz de matar el país entero si le pasa algo.
Steve también necesita cosas que lo hagan feliz.
– Si no pueden cuidarlo lo tendrán que regalar – cedo finalmente.
– Gracias, gracias, tía Sophie – chilla Charlie abrazándome.
Luego de la exaltación inicial por el gato nos disponemos a limpiarlo con el shampoo de bebé de $50 la botella que usa Charlie. Nos reunimos alrededor del lavabo del baño mientras el rubio y yo nos disponemos a quitarle toda la tierra de la manera más suave posible.
– ¿Cómo lo van a llamar? – pregunto luego de referirme a él como "pequeño" por decima vez en 5 minutos.
– Mmm… Señor Bigotes – responde Charlie dudosa.
– ¿Segura? – insisto y ella se encoge de hombros, parece que no se le ocurre algo mejor – Podrías escoger algo de tu libro – sugiero.
Reflexiona algunos segundos mientras pasamos al gato a una toalla limpia.
– Oh, ya sé – chilla emocionada, así que la miramos expectante – Watson Jr –
– ¿Eh? –
– Si, me gusta – afirma el rubio acariciando el pequeño gato – La pequeña Holmes y el pequeño Watson – agrega extendiéndolo hacia Charlie.
Bufo y cojo a "Watson Jr".
– Es hembra – corrijo examinando a la gatita.
– Puede ser nombre femenino – afirma Steve.
Ruedo los ojos. Antes realmente me molestaría que me relacionarán con cualquier cosa de Sherlock Holmes, aunque los rubios parecen bastante emocionados con idea. Además, mi apodo es la prueba viviente que Steve no se rinde cuando decide un nombre.
– Parece tener un poco más de 2 meses. Eso es bueno, no tenemos que alimentarlo cada 2 horas y podemos darle sólidos – anunció luego de revisar un poco más a la gatita.
Levanto la mirada encontrando las caras sorprendidas de los ojiazules.
– ¿Qué? Me dio curiosidad mientras veía videos de gatos – explico.
– ¿Hay algo que no sepas? – pregunta con admiración la pequeña.
– Como evitar que ustedes hagan locuras – murmuro ganándome una mirada divertida de Steve.
