CAPÍTULO IX
Sasuke habló con los hombres y, como habían acordado el día anterior, decidieron cambiar de ruta por si los mercenarios volvían a intentarlo de nuevo. Así que pensaron en dar un pequeño rodeo por las tierras Hatake. El jefe del clan Hatake, Kakashi, había sido muy amigo de Itachi, el hermano de Utakata y Sasuke. Harían una pequeña parada y al atardecer podrían estar ya en tierras Uchiha; además, el hecho de descansar un par de horas en tierras Hatake tenía una doble intención para Sasuke. Baiu Hatake había sido el sacerdote que cuidara de las almas de todos los clanes vecinos durante años hasta que una enfermedad que afectaba a sus huesos hizo dolorosos sus viajes, así que ahora solo cuidaba de las almas de los miembros de su clan. Pero era un viejo conocido y amigo y Sasuke no podría confiar en nadie más.
Con esos planes partieron al alba, despidiéndose de Shizune y Amai cuya hospitalidad era inigualable. Shizune había obligado a Sasuke a sentarse para verle la herida antes de partir y cambiarle el vendaje. La mirada que le había lanzado a Sasuke cuando vio el corte, y la seriedad en su rostro no impidieron a su primo esbozar una de sus sonrisas y coger una de las manos de ella.
—Estoy bien, Shizune —le dijo guiñándole un ojo.
Shizune movió la cabeza en señal de negación.
—Eres un zalamero Sasuke Uchiha, pero que sepas que no me engañas. Tiene que dolerte como mil demonios y además está en carne viva. Te he puesto un emplasto de hierbas, pero creo que la fiebre va a ser inevitable. Debes cuidarte y no forzarte —dijo Shizune poniendo a su vez una mano sobre la de él—. Prométemelo —le dijo de nuevo con semblante serio.
—Te lo prometo —aseguró Sasuke dándole un beso en la mejilla antes de levantarse e ir junto a sus hombres.
—¡Sasuke! —le llamo Shizune cuando este estaba prácticamente al lado de la puerta—. Cuida de ella. Me cae muy bien —añadió cuando él se giró, guiñándole un ojo a su vez.
Shizune pudo escuchar una pequeña carcajada antes de que Sasuke desapareciera tras la puerta.
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Llegaron a tierras de los Hatake antes del mediodía. Kakashi salió a recibirlos con una sonrisa en los labios y la pregunta implícita en la mirada de qué demonios hacían allí.
—¿Mis ojos me engañan o es el pequeño bastardo de los Uchiha el que tengo ante mí? —preguntó Kakashi con tono desafiante.
Sakura se quedó fría en un instante. Eso no parecía el recibimiento de alguien que era aliado y amigo de los Uchiha, sin embargo no vio tensarse a los hombres que tenía a su alrededor así que fue prudente y esperó a ver qué pasaba a continuación. Kakashi Hatake era un hombre muy corpulento. Era tan alto como Sasuke pero con el torso y los brazos muy desarrollados sin duda por el entrenamiento y el desgaste físico. Se le veía un adversario a temer. Tenía el pelo plateado y sus ojos de un color negros parecían destilar inteligencia y perspicacia.
Sakura miró a Sasuke, que con su eterna sonrisa observaba a su vez a Kakashi como si le aburrieran sus intentos de desafío.
—En persona —dijo Sasuke sin bajar de su montura—. Voy camino de casa y he pensado que quizás el zoquete de Kakashi Hatake tuviera a bien invitarnos a compartir la mesa y su comida antes de continuar viaje.
Sakura se puso más tensa al escuchar a Sasuke llamar zoquete al jefe del clan Hatake. La cara que había puesto este último al oír el insulto no tenía precio. Dejaría helado al hombre más bragado, y por el rabillo del ojo vio como varios hombres Hatake se habían acercado con aire amenazador.
A Sakura se le daban bien las cuentas y desde luego no veía cómo iban a salir de allí, pues se encontraban en franca desventaja si la cosa se ponía fea. Sakura se estaba poniendo muy nerviosa cuando vio una sonrisa aparecer en los labios de Kakashi Hatake.
—Anda y baja tu feo culo de esa montura y dame un abrazo —dijo Kakashi a Sasuke poniendo las manos en su cadera ya totalmente relajado.
Sasuke bajó de su caballo y se acercó a Kakashi que, como si fuera un oso, le dio un abrazo que Sasuke correspondió no sin soltar un pequeño gruñido ante el achuchón del gigantesco hombre.
—¿Estas bien, mocoso? —preguntó Kakashi que se separó de Sasuke cuando escuchó el pequeño quejido. Su cara de preocupación no pasó desapercibida para Sakura.
—Perfectamente, solo un rasguño en el hombro. Tuvimos un pequeño problema con unos mercenarios ayer —replicó él con un tono de voz despreocupado.
Kakashi enarcó una ceja a modo de interrogación. Sin duda después, cuando estuviese a solas con Sasuke, le preguntaría más a fondo sobre el tema, pensó Sakura mirando a ambos.
—Quiero presentarte a alguien —añadió enseguida este último antes de alejarse de Kakashi para acercarse a Sakura.
Cuando estuvo junto a su montura, Sasuke le guiño un ojo desde abajo mientras la ayudaba a desmontar. La llevó junto a Kakashi que, visto desde cerca, era un hombre más imponente si cabía.
—Kakashi Hatake, te presento a Sakura Haruno, la hija del jefe Kizashi Haruno y hermana de Hotaru, la esposa de Utakata.
Sasuke pudo ver una mirada apreciativa en los ojos de Kakashi, así como en los de los hombres Hatake que había cerca. No era ningún secreto que Sakura era muy hermosa, pero ver cómo la devoraban con los ojos otros hombres acicateó algo dentro de Sasuke. Cuando reconoció la emoción, maldijo entre dientes. Aquello no era otra cosa que celos.
Kakashi, que lo conocía, tuvo que intuir algo porque pasó una mirada de Sakura a Sasuke y después de ver su semblante, una pequeña carcajada retumbó en su pecho.
—Es un placer tenerla con nosotros. Espero que no le parezcamos muy bárbaros y que le guste la comida que, sin duda, será hoy en su honor.
Sakura le miró con una ligera sonrisa en los labios.
—Muchas gracias, Laird Hatake. Para mí será un privilegio el poder compartir la mesa con usted y los miembros de su clan. Sin duda habiendo viajado con Sasuke Uchiha no puede pensar que me asuste el término bárbaro, ¿verdad?— dijo Sakura ensanchando su sonrisa.
Kakashi Hatake soltó una sonora carcajada ante las últimas palabras de Sakura, sobre todo cuando vio la expresión de Sasuke, falsamente dolido por estas. Kakashi veía que a Sasuke le había divertido la ocurrencia de Sakura. La atracción entre esos dos era más que evidente.
—Me gusta. Palabras muy acertadas —Ofreció su brazo a la joven para guiarla al interior—. ¿Me permite?
Sasuke sintió un cálido sentimiento en su pecho cuando escuchó a Sakura hacer aquella broma. Se la veía cómoda y con la suficiente confianza con él como para hacer un comentario como aquél.
—¿Y el padre Baiu? —preguntó Sasuke que iba al otro lado de Sakura, quedando esta escoltada por los dos hombres—. Pensé que lo veríamos aquí.
—Y no te equivocas. Estará en la comida con nosotros. Ha ido esta mañana a ver al viejo Byakuren, pero no puede tardar en volver. Ya no aguanta tanto tiempo en pie.
Sasuke asintió dejando que Kakashi siguiera hablando con Sakura mientras él reflexionaba. Tendría que abordar más tarde al padre Baiu y contarle lo suficiente para que este accediera a casarlos.
Kakashi les ofreció unas habitaciones para que pudieran asearse antes de comer. Sasuke se lo agradeció, sobre todo por Sakura, que parecía agotada. Sabía que no era solo por el viaje, sino por toda la carga emocional que había estado soportando los últimos meses sin poder confiar en nadie.
A Sasuke también le hubiese venido bien descansar un rato, ya que la herida había empezado a darle punzadas de dolor tan intensas que parecían querer arrancarle el brazo. Sabía que había empezado a tener fiebre, lo notaba. No la suficiente para que fuese evidente pero él podía sentir los pequeños escalofríos que se adueñaban de su cuerpo de vez en cuando. Sin embargo, y a pesar de ello, se vio buscando al herrero del clan Hatake.
—Chūk, cuánto tiempo —dijo Sasuke cuando tuvo enfrente a Chūkichi Hatake. Todavía no sabía por qué le llamaban Chūk (diminutivo de Chūk) cuando aquel hombre era como un muro de piedra. Sasuke, que era un hombre alto, tenía que mirar ligeramente hacia arriba para poder hablarle. Además, su brazo podría competir con un tronco de un árbol no solo en diámetro sino también en dureza y fuerza bruta.
—Había oído que estabas aquí. Me alegra volver a verte. Siempre es un placer ver a un Uchiha por estas tierras —dijo Chūk ensombreciendo su expresión al final de la frase. El recuerdo de Itachi, como siempre que visitaba a los Hatake, sobrevolaba el ambiente. La mujer de Itachi había sido una Hatake así que su hermano tenía muy buenas relaciones con miembros del clan y la familia de su esposa. Kakashi había sido muy amigo de Itachi, al igual que Chūk, primo hermano de la que había sido su cuñada.
—A mí también me gusta estar aquí, aunque me resulta difícil sin él —dijo Sasuke, dejando entrever por primera vez lo costoso a nivel personal que era para él estar allí.
Chūk le miró, comprendiendo perfectamente lo que quería decir.
—¿Cómo estás? Y lo más importante, ¿cómo esta Maki? Veo que sigue cuidándote a pesar de ser un gruñón insoportable. —Mientras hablaba, Sasuke se apoyó en una mesa que había detrás de él y que contenía varias herramientas.
Una sonrisa se extendió por los labios de Chūk.
—La verdad es que tiene su mérito. Aún no sé cómo sigue a mi lado, pero qué puedo decirte, soy jodidamente afortunado —dijo Chūk con una pequeña carcajada y un brillo especial en sus ojos al hablar de su esposa—. ¿Cómo esta Utakata? ¿Qué tal la vida de casado?
—Está hecho un quejica, pero al igual que tú, se siente afortunado. Hotaru es un auténtico encanto —respondió con una sonrisa Sasuke.
Chūk pudo notar en su voz el afecto que tenía por su nueva cuñada.
—Necesito un favor, Chūk, y que quede entre nosotros —añadió a continuación, ya más serio.
—Tú dirás. Si está en mi mano dalo por hecho. Lo que sea por el hermano pequeño de Itachi.
Sasuke contrajo los músculos de la cara en un acto reflejo al escuchar las palabras de Chūk.
—Necesito que me hagas un anillo. Algo sencillo, más o menos de tamaño como para mi dedo meñique, y lo necesito para esta tarde.
Chūk le miró fijamente, intentando escudriñar de qué iba aquello, pero si algo tenía Chūk Hatake era que, además de ser un hombre excesivamente leal, nunca se metía en los asuntos ajenos, a pesar de que en este caso pudiese estar más que justificado que preguntara.
—Dalo por hecho.
Sasuke apretó el antebrazo de Chūk, que respondió de la misma manera.
—Gracias —dijo Sasuke, volviendo sobre sus pasos y dirigiéndose nuevamente hacia la casa. Quizás con un poco de suerte todavía pudiese refrescarse un poco y ver el estado del vendaje antes de comer.
