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Antes del alba
Kenma x Akira
Disclaimer: personajes no son míos
Anteriormente: Kenma decide celebrar su cumpleaños en el bar donde Hanamaki y su banda tocan en vivo ciertos días. Kunimi finge no estar enterado, y trata de convencer a Kenma de celebrar dos veces su cumpleaños, tal que si una de ellas se trunque, quede todavía otra que pueda ser conservada en la memoria. Finalmente Kunimi se sale con la suya. Le confiesa a Kenma que su temor es que él y Hanamaki no se lleven bien. La velada termina bien, pero a Kenma no lo abandona una angustia que no sabe de donde proviene.
XIX
Mamá y papá me sugirieron agendar hora con un psicólogo. Expusieron sus argumentos a la hora del desayuno, después de que soplase las velas de mi torta de chocolate y praliné, la torta cúlmine de todo lo empalagoso.
—Piénsalo —sugirió papá, entregándome una porción de torta lo suficientemente generosa como para dejarme noqueado de azúcar la semana completa. Sabiendo lo que me esperaba, me adelantó una taza de té.
—No tienes que darnos una respuesta ahora—. Mamá me entregó mi regalo. Un perfume. Por cortesía que otra cosa, rocié los puños de mi sudadera con mi nueva fragancia.
Encontré a Kuro esperándome fuera de su casa, embutido en un abrigo. Recordé que tenía todas las excusas del mundo para estar enfadado con él, pero en lugar de desviar mi camino, apresuré mis pasos, para enfrentarlo. Lo empujé con ambas manos.
—¿Kai reconoció a Akira? ¿Cómo es posible? ¡Kuro! ¡Qué fue lo que hiciste! ¿Acaso le enseñaste fotos de Akira a todos tus conocidos? ¿Repartiste volantes con su rostro? Cuando creo que ya no puede sucederme nada peor, tú vienes y desafías todos mis paradigmas.
—¡Hey! ¡Deja de golpearme! ¡Feliz cumpleaños! ¿Quieres hacerme el favor?
Kuro dejó entre mis manos un termo de café con bebida en su interior. El termo tenía motivos de Pokémon. Kuro era ese tipo de persona vaga que nunca envolvía sus regalos. Su mirada despejada me ablandó. Kuro seguía atando su cabello en una trenza que producía el efecto de lavarle la cara, y aunque había cierta imperfección en el resultado de su trenza, el efecto era positivo.
—De acuerdo, más te vale que tengas una buena excusa esta vez, Kuro.
—No tengo excusas, y de veras lo siento, es que Yaku me lia la mente. Ya había olvidado por qué en el fondo odio tanto conversar con Yaku. Pero no fue culpa de Yaku. Yo… no lo sé, Kenma. Cada vez me cuesta más actuar del modo correcto. No importa cuánto empeño ponga, al final…
—No, descuida —lo frené—. En realidad, fue algo bueno que Kai reconociera a Akira.
—¿Cómo sucedió eso exactamente?
—Ya conoces a mi mamá, le encanta Kai. Le compró una docena de plantas, está por convertir la casa en una jungla...
Y más o menos le expliqué qué sucedió, evitando mencionar la parte en que Akira y yo nos encerramos en mi habitación a hacer el amor, pero incluyendo la escena de mi llanto al final de la noche, y la recomendación de mis padres de hace un rato, eso de agendar con un loquero.
—¿Estoy loco, Kuro?
—Debió ser una crisis depresiva o algo así.
—¿Cuando tú empezaste a salir con Kei…?
—Fue una relación distinta… y no estás loco, Kenma. Pero…, no lo sé. No, prefiero no aventurar juicios. A lo mejor es bueno que te dejes asesorar por un especialista. Le dará una lectura al panorama que ninguno haya visto. Nosotros estamos demasiado dentro como para darnos cuenta.
»Por último, si no funciona, al menos te ayudará a desahogarte.
—No me gusta la idea de desahogarme. Mucho menos la de pagar por ello.
—Qué te importa si van a pagar tus padres. Mira, si no quieres ir, no vayas. Pero te digo que no tienes nada que perder.
—¿Te veré hoy en la noche?
—No lo creo…
—¿Perdón?
—Que no voy a ir.
—Sí te oí, Kuro. ¿Estás hablando en serio?
—No puedo beber alcohol, ni tengo la suficiente fuerza como para ir a un bar y mantenerme sobrio.
—¿Qué?
—No puedo beber alcohol —repitió, evitando mirarme—. Es parte de mi tratamiento…
Kuro me había traicionado antes, pero esta ha sido una de sus mayores canalladas.
—Cómo es posible que, de todos, me falles tú. Entonces para que mierda yo celebro nada.
—No te cabrees conmigo.
—Hoy realmente te necesito allí conmigo. Va a estar Hanamaki-san, es demasiada tensión para mí solo.
—Ya lo sé…
—¿Entonces por qué me fallas?
—¡Cómo iba a imaginar que decidirías festejar en un bar!
—¡¿Y tú por qué no me dices que estás en tratamiento?! ¡¿Por qué te callas lo importante, y lo que no importa, se lo riegas al mundo?!
—No quiero pelear…
De su mochila extrajo un gorrito con forma de Squirtle que colocó en mi cabeza. Me ajustaba bien. Luego sacó una corbata con motivos de Psyduck, que ató a mi cuello. Los mechones rebeldes que escaparon de su trenza le rozaban sus pómulos, pero mis ojos se detuvieron, hipnotizados, en sus labios salados.
—Kuro…
—Yo siempre he respetado tus tiempos. Respeta tú también los míos. Por favor…
No me quité ni el gorro ni la corbata, y regresé a la facultad vestido de aquel modo. El aroma de mi nuevo perfume me perseguía donde fuese. Ya sabía que no estuvo bien lo que le dije a Kuro, pero no pensaba rectificarme ni le pediría perdón. Era mi cumpleaños. ¿Es que acaso debo callarme incluso en mi cumpleaños? Era el colmo. Necesitaba un respiro. Ya traía mucha presión encima, y Kuro… ¿cómo no me dijo antes que también estaba en tratamiento?, ¿por qué Kuro siempre se tenía callar lo importante? ¿Es que no confiaba en mí para nada? Todos nuestros años de amistad, ¿le significaron algo? Si acaso yo le importaba en lo más mínimo, no actuaba en concordancia. Al final, el único idiota era yo. El único queera yo. K no tenía miedo a sincerarse era yo. Kuro jamás me ha considerado en los malos momentos. Jamás me ha dejado ayudarle. Nuestra amistad no era recíproca ni se basó en la confianza mutua. Ya no podía más. No con Kuro. No con sus labios salados.
¿Por qué de pronto no podía no fijarme en esos labios tan agrietados?
¡Qué sucede conmigo!
El día de mi cumpleaños número 24, fue el día que la locura me llevó a considerar sacar mis escasos ahorros del banco, comprar un boleto de avión, e irme al país más raro de la lista, así sin avisar, sin siquiera hacer una maleta. Realmente lo consideré. Tras acabarse la primera hora de clases, tomé el metro hasta la sucursal más cercana de mi banco, repasando en mi mente las palabras que utilizaría. «Deme todo mi dinero», «Quiero cerrar mi cuenta, entrégueme mi dinero ya», «No me importa que exista un tope máximo de giro, maldita sea entrégueme lo que es mío». A medida que los puestos de la fila se recorrían, sentía el valor correr por mis venas. Kuro se preguntaría para siempre cómo fue que a él no se lo dije. Solo faltaban tres personas. Akira ya no tendría que repartir su tiempo con nadie. Quedaban dos. El pastel de manzana de mamá duraría toda la semana sin mí en casa. Solo quedaba una persona delante de mí.
Mamá lloraba desconsolada en los brazos de papá.
El rostro de la mujer delante de mí se reflejaba en el cristal de la ventanilla.
Era el rostro curtido de una mujer mayor. Debido a un efecto óptico, mi propio rostro se fundía detrás del rostro de aquella mujer madura, traspasando su piel curtida a mi rostro, sus bolsas a mis ojos, sus arrugas a mi piel. Su mirada agotada se traspasaba a mi propio rostro, pintado por la desesperación. En unos treinta años más, yo podría tener aquel rostro, si es que llegaba a él.
Y supe que no podría llegar a esa edad yo solo.
Lo comprendía. Estúpido y necesitado Kenma, haciendo berrinche por nada. Me comportaba de igual modo que un crío que necesitaba llamar la atención de algún modo. Un tipo de atención distinta a la que recibí algunas semanas atrás, cuando la Tokio Federal se enteró de que yo salía con un chico. Pero era un deseo tan válido, lejos de cualquier capricho.
No era el berrinche del niño al que no le regalaron la última play station. Lo que realmente deseaba era ser lo más importante para alguien más, y que mi importancia no se redujera a un mero chisme. Anhelaba ser el origen de una conversación profunda, y no una frivolidad.
Mis padres me querían, lo sabía. Pero no se trataba de eso. Era justamente lo opuesto. El amor que me profesaban mis padres me impedía castigar a quienes me dejaron en un segundo plano. Akira, Kuro, incluso Kei… si hubiese un modo de devolverles esa soledad sin que aquello comprometiera la felicidad de mis padres…
Quería ser lo más importante para alguien más, fuera de mamá y papá.
Y yo sabía que esa persona no podía ser Akira, porque él tenía en su centro a otro chico más. El amor de Akira nunca sería exclusivo para mí. Y era egoísta, pero honestamente, no era capaz de evitarlo. Ojalá no me sintiera así. Ojalá pudiera conformarme. Akira, ojalá me demostraras de algún modo que no tengo nada de qué preocuparme.
Si no era Akira, yo pensé que esa persona podría ser Kuro. Pero ocurrió que tampoco. En todos estos años de amistad, nuestra cercanía fue ilusoria.
Salí huyendo del banco.
Soy uno de tus mejores amigos, Kuroo.
¿Entonces por qué te alejas de mí?
Soy el que siempre está ahí.
El que no espera nada de ti. El que no te complica la vida.
Pero tú no me ves de la misma manera.
¿Cómo fue que tardé tanto tiempo en darme cuenta lo arruinados que tienes los labios?
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No recuerdo mucho mi cumpleaños. Me borré casi apenas llegar al bar. Lo primero que pedí fue un ron con limón. Recuerdo que llegó más gente de la que hubiese imaginado. Estaba Lev. Vi también a Akaashi. A un chico que se llama Komori y que se quedó con toda la ceja que no tiene Fukunaga. Me borré un día lunes junto a un montón de gente desconocida, pero ni Kei ni Kuro figuraron entre los invitados.
Recuerdo que me gustaron los temas de Sayonara Skyline. Recuerdo que se lo dije a Hanamaki, y luego nos enfrentamos en un juego de pulsadas y perdí. Tora le ganó a Hanamaki. Y a Tora ya nadie pudo derrotarle.
Akira también bebió mucho, y algo sucedió en el baño. Creo que se vomitó encima. Se regresó a casa junto a Hanamaki-san. Alguien me dio una bofetada. Fuku me quitó una cerveza de la mano. Yaku cayó sobre Inuoka. Luego desperté abandonado en un hotel cápsula. A mí teléfono no le quedaba batería.
Había un regusto en mi boca que conocía, pero no podía recordar qué sabor era. No podía recordar nada. La cabeza me ardía. Qué mala manera de conocer lo que son las resacas. ¿Debería hidratarme? ¿Comer? Ahhh me duele pensar. Mis padres deben estar preocupados.
Salí de mi cápsula y busqué a algún funcionario. Pregunté la hora. Eran las dos de la tarde. Ya no tenía caso ir a la universidad.
—¿De casualidad sabe quién pagó mi habitación?
—No, lo lamento, acabo de empezar el turno. Pero le dejaron esto.
Me entregó una bolsa de papel. En su interior había una isotónica y analgésicos, más una nota.
«Ponte bien»
Reconocería la letra de Kuro donde fuera.
Compré en recepción una ficha para el baño.
Semen. Ese era el sabor en mi boca.
La nota de Kuro.
Mi teléfono sin batería.
Dolor & Feliz Navidad.
Normalmente yo no explico lo que escribo porque creo en la libre interpretación. Una de las enseñanzas que me dejaron los estudios de piano, es que, aún sin existir una norma objetiva para la interpretación, existen interpretaciones buenas y otras malas, pero diferenciar una de otra es algo que otorga en parte la experiencia, en parte la sensibilidad, y en parte la humildad.
La interpretación de la literatura es muy distinta de la interpretación musical, pero se rige por este mismo principio. Hay interpretaciones buenas, y otras malas. La diferencia de una y otra es ambigua, y depende de la destreza de ambas partes.
Con interpretación de un texto estoy hablando a algo ligeramente distinto a la comprensión lectora. Es algo que lo abarca, pero lo trasciende. Tiene que ver más con el arte, y tiene también que ver tanto con la habilidad de quien escribe (autor) y quien lee (lector).
Como persona natural (?) que escribe fanfics por mero pasatiempo, trato de mostrar por lo que atraviesan los personajes, sin entrar en demasiados detalles y explicando solo lo justo, y todo esto siempre dentro del mismo fanfic. Creo que las notas al pie no deberían usarse para ese fin. Si necesito explicar lo que acabo de escribir, entonces es que no lo he escrito bien. No me gusta subestimar al lector. Pero es posible que no siempre les entregue todas las pistas.
Hacía mucho tiempo que venía trabajando en varios proyectos Kunimi&Kenma, y este fic fue un rejunte de todas mis ideas, sin tener muchas cosas en claro. Por el título que le di ha esta obra, quería lograr un momento oscuro, llegar a una noche de luna nueva y nublada, esta oscuridad que ni te deja ver las manos, pero no sabía a qué tipo de oscuridad me dirigía, ni cómo se resolvería. Solo hace unos capítulos atrás me di cuenta que Kenma estaba entrando en una depresión, y que esa oscuridad que yo perseguía, era menos tangible, más psicológica, y por lo mismo, más dañina y complicada. He tenido que releer muchos capítulos. No fue algo que yo hubiese planeado, sino como se me dieron las cosas, y en este capítulo, que ha sido desgastante de escribir (real), ha explotado la irracionalidad y ganado la desesperación. Esta fue la noche de luna nueva.
Yo quería mencionarlo, entre otras cosas, por respeto. Todavía me queda mucho por pulir mis habilidades narrativas.
Conozco el corazón fangirl, y de seguro lo que más ha gritado en la cabeza de varies de quienes leen, sea ese regusto a semen en la boca de Kenma. Pero no va de eso este capítulo. No se queden solo con eso. No lo olviden, pero no se queden solo con eso.
¡Espero pasen unas bonitas fiestas!
¡Regalos para todes!
