La Saga "Harry Potter", pertenece a J.K. Rowling

La Saga "Las Crónicas del Campamento Mestizo", pertenece Rick Riordan.

Tres Semidiosas Impares.

09.

Ser una hija de Atenea, significaba ser muy lista, ser una estratega nata y (en caso de ser una maga, nacida en Inglaterra, como lo era en su caso) estar lista para ir a la casa de Ravenclaw.

Sí.

Así era ella: Veronica Cedrella Weasley. Hija de Arthur Weasley y de Pallas Atenea.

Su cabello era de un tono rojo estándar, no como el naranja, que se presentaba en Molly, Arthur y sus otros hijos, además de que sus ojos eran grises, como los de su madre.

Veronica solía ser muy buena en juegos de estrategia, como en el ajedrez o el Go (una especie de Damas fusionado con Ajedrez, uno de los lados tiene fichas blancas y otro las negras, y el objetivo es rodear al rival), solía disfrutar de las travesuras y planes de Fred y George, pero a medida que crecía, comenzó a notar algo a su alrededor: Comenzó a notar como los monstruos, o "criaturas mágicas" solían aparecer para atacar a su familia, desde Minotauros salidos de la nada, pasando por grifos, escorpiones gigantes y buitres gigantes, pero rápidamente estos solían ser repelidos por sus padres.

Tendría seis años, cuando escucharía una conversación de su padre y su madrastra. Molly jamás le había ocultado que la odiaba, incluso solía recordarle que era una mancha en su antes perfecto matrimonio, solía decirle que era la hija de una puta cualquiera, por la cual su padre había sido seducido, y que tenía que agradecer el estar viva y en esa casa.

— ¡Todo esto, es culpa de esa mocosa! —chilló Molly furiosa, ante su esposo quien permanecía calmado. — ¡¿Por qué no puedes entenderlo?, deberías de haberla enviado a una casa orfanato, pero no: ¡tenías que aceptarla, no podías...!

—Te voy a pedir, querida, que jamás dudes de mi amor hacía ti, o del amor que les tengo a cada uno de nuestros hijos; pues son lo más importante que tengo, y creía que ya te había explicado la delicada situación de Veronica —decía Arthur muy calmado.

— ¿Realmente quieres que crea que es una semidiosa? —preguntó Molly con un tono burlón, que Veronica escuchó perfectamente. —Ni siquiera puede leer apropiadamente.

—Es hija de una diosa griega, sus cerebros están... programados, por así decirlo, para leer en griego antiguo. —Explicó Arthur, quien parecía ni siquiera esforzarse por hacérselo entender. —Los monstruos son hijos de Tifón y Equidna, quienes están incluso a día de hoy, en guerra con los dioses Olímpicos, y por consecuencia, con todos sus hijos. —Molly abrió la boca, pero Arthur fue más veloz. —Siendo que Veronica es hija de una diosa, que tiene un asiento en el consejo Olímpico, entonces es normal que sea atacada tan a menudo. Y esto es todo, lo que diré de esta conversación. No es culpa de Veronica que seamos atacados, ni quiero escucharte diciéndole esto, a ninguno de los niños, ni te quiero cerca de Veronica.

Como solía hacer desde hace ya tanto tiempo, pelirroja de ojos grises, subió a su habitación y se encerró en ella, se acercó a su cama y se sentó allí, en la oscuridad, pensando en todo lo que había pasado, en todo lo que había escuchado de su padre y su madrastra. Unos suaves golpes en la puerta, la asustaron, vio una sombra por debajo de la puerta, por la luz filtrándose, pero no se movió. Un papel se deslizó por debajo de la puerta, tomó el papel, y notó dos pequeños objetos, en su interior.

Querida Veronica.

Sé que acabas de escuchar, la charla que he tenido con Molly. Sé que tienes muchas preguntas, pero ahora mismo temo mucho por tu vida.

No sé si puedo seguir confiando en Molly, ni se cuándo seremos atacados nuevamente, ni mucho menos cual monstruo vendrá detrás de ti, por tu olor natural, algo que, según tu madre, solo los monstruos pueden notar.

Lee lo que dice la moneda, y tendrás literalmente algo con lo cual defenderte, luego empaca tus cosas, y agarra en tu mano en broche de pelo que encontrarás en la carta, es un objeto mágico llamado Traslador, que te llevará a único lugar seguro, en toda la tierra, para una niña tan especial como tú.

Te ama: Tu padre, Arthur W.

Sonrió. —También te amo... papá —pensó, antes de levantarse de la cama, abrir el cofre a los pies de su cama, y sacar una bolsa de viaje, que Charlie había encantado para que casi ni pareciera tener fondo. Fue al armario y metió sus ropas, metió la carta, y se aseguró de no hacer nada, que pudiera desencadenar la activación del Traslador, en cambio, agarró la moneda, había algo escrito en ella. — "Estrategia antes que fuerza" —susurró, para su sorpresa, esta se transformó en una espada griega de doble hoja, hecha de bronce. — "Genial" —susurró nuevamente la palabra y se volvió a transformar en una moneda, que colocó en una diminuta bolsa de tela, se colocó unos pantalones y ató la pequeña cuerda de la bolsa, al pantalón, asegurándose de tener todo en la bolsa, abrió la puerta y bajó las escaleras, entonces se sintió tonta, al recordar el Traslador, segundos después, escuchó un golpe, algo acababa de chocar contra la casa, salió corriendo, vio a dos ogros. — ¿Me estarán buscando a mí? —se preguntó, tomó el broche para cabello, sintió como si un garfio la agarra por detrás del ombligo y luego fuera forzada a entrar en un tubo muy estrecho, seguido a eso, vio una luz azul.

Finalmente, pudo ver, que estaba en un lugar muy lejano a la madriguera, ante ella, había un letrero.

Campamento Olympus.

Manteniendo a jóvenes héroes a salvo de cualquier daño (en su mayoría) por más de seis milenios.

Algo indecisa, dio un par de pasos al frente, ingresando en el lugar.

Tropezó con cierta hija de Hermes, quien le dio la bienvenida. —Bienvenida al campamento, soy Leslie Green.

—S... Soy... Veronica Weasley. ¿Qué es el Campamento Olympus? —pero en lugar de contestarle, solo la llevó ante Fama y Kiria.

—Lo sabrás en algunos minutos —dijo Leslie, al posarse ante la Ninfa y la Centáuride. —Señorita Fama, señorita Kiria, ella acaba de llegar al Campamento.

—Gracias, querida —dijo la Centáuride —Bienvenida al Campamento Olympus, soy Kiria, tienes muchas preguntas, ¿verdad?

—Sí, las tengo —aseguró Veronica.

Fama y Kiria le explicaron, que el simple hecho de haber podido ingresar en el campamento, se debía a que era una Semidiosa, era especial y eso maravilló a Veronica, quien estaba dispuesta a realizar aquellas pruebas de las cuales escuchaba hablar a Fama, Kiria y Leslie.

— (...) Mira a los hijos de Ares y Marte, por ejemplo: siempre teniendo competencias de carreras de obstáculos, o teniendo combates en nuestro modesto coliseo, son los principales encargados del entrenamiento de otros semidioses y los puedes ver, combatiendo en casi cualquier lugar del campus. —dijo Kiria. Veronica asintió, la Centáuride agarró del cuello de la camiseta a la pelirroja, evitando así que colisionara, con la espalda de un hijo de Ares, quien cayó rodando a los pies de Veronica, el chico se levantó sonriente, se limpió la sangre del labio y se lanzó contra otro chico, quien lo esperaba, con un puño preparado. —O puedes echar un vistazo a la cabaña de Atenea: Miles de libros y pergaminos, mesas dispuestas para el aprendizaje, materiales de construcción, maquetas de todo tipo, planos de construcción Los Semidioses, siempre tienen algo de sus padres. Siempre tienen alguna habilidad, o algo. Los hijos de Atenea son muy listos, los hijos de Apolo son arqueros y excelentes en las artes. Los hijos de Afrodita tienen control mágico sobre la ropa, el maquillaje y joyas, pueden cambiar su físico, pueden influir en otros con su Embrujahabla.

—Mi padre nunca me habló de mi madre, pues mi madrastra siempre estaba presente. Mi padre es... es un mago, y él me entregó una carta, junto con un objeto el cual me transportó hasta aquí y un cuchillo —dijo Veronica, mientras les enseñaba la carta, el broche, y el Dracma. —Estrategia antes que fuerza —la dracma se transformó en un cuchillo de bronce celestial. La pelirroja tragó saliva, mientras hacía que el cuchillo volviera a ser un Dracma. —Mi familia, ha sido atacada por criaturas mágicas, en muchas ocasiones y.… pensaba en su bienestar cuando escapé de la casa, incluso si fue gracias al Traslador. —Al verlas confundidas, contó lo poco que entendía. —Como ya lo dije: mi padre es un mago, y él le otorgó a este broche para pelo, la capacidad de llevarme a un lugar seguro, aquí, a este campamento.

—De acuerdo, en ese caso, tendrás que tratar de superar algunas pruebas, que son... —Kiria trató de encontrar la palabra más adecuada.

— ¿Rituales de aceptación en el campamento, o algo así? —preguntó Veronica.

—No exactamente —dijo Kiria. —Todos los semidioses, tienen algo, de sus padres. Los hijos de Apolo son buenos con el arco pues está en su sangre, los de Ares son fuertes y buenos principalmente con la espada. Todos los semidioses, tienen algo que caracteriza a sus padres, y los que más deben de ser probados, son los griegos, pues ellos no llevan un tatuaje, sino que pueden ser reclamados en cualquier momento.

— ¿Reclamados? —preguntó un poco confundida.

—Semidioses siendo reconocidos por sus padres, en cualquier momento, o en el momento menos esperado —dijo una voz, detrás de Veronica, la chica pelirroja/escarlata, le ofreció la mano. —Soy Harriet Lily Evans, recién llegada; hija de Júpiter.

—Veronica Cedrella Weasley. —Se presentó ella.

La ojiazul sonrió. —Dime pelirroja, ¿lista para probarte?

Veronica frunció el ceño. —No eres la más indicada, para señalar mi color de cabello, rojita.

—Escarlatita, para ti, guapa —dijo sonriente y guiñándole el ojo, haciendo sonrojar a la pelirroja de ojos grises, la chica romana se giró y se fue contoneando las caderas, atrayendo la vista de la recién llegada.

—Vamos Veronica, creo que sé lo que se propone a hacer, y sería bueno, comenzar a ver en qué cosas eres buena —dijo Kiria, guiando a la pelirroja, hasta un muro de escalar, el cual arrojaba lava, como desafío adicional. El muro estaba rodeado por lava ardiente, y había unas plataformas de madera, que no se quemaban. —No tengas miedo Veronica, la lava no mata.

—Quema nuestras ropas, así que siempre debes de tener una muda extra a la mano, si quieres hacer esto —dijo Harriet sonriente.

—Le gusta probarse a sí misma —especificó Kiria.

Veronica se quedó maravillada, al ver a la pelirroja-escarlata correr por los troncos que impedían que tocaran la lava del suelo, llegar hasta el muro y comenzar a escalarlo; lanzó un pequeño chillido, cuando la lava comenzó a derramarse; pero "Lily" saltó desde sus puntos de apoyo, a otros y saltó, aferrándose a otros puntos de apoyo, saltó y se agarró a una cuerda, por la cual siguió subiendo, saltó y se agarró de una saliente, casi estaba en la cima, llegó al final y tocó la campana, para luego dejarse caer, apoyarse, salir volando y caer a salvo, en un montón de nieve, que ella misma convocó.

—Es tu turno, ojigris —dijo Harriet sonriente.

—Antes de esto, creo que Veronica debería de intentar algo más sencillo —dijo Kiria, llevándola a una pista de obstáculos.

—Esto no es difícil —dijo la pelirroja escarlata calmada. —Creo que eres demasiado suave con nosotros, Kiria. En fin, a ver qué tal lo haces.

Veronica frunció el ceño, vaya que esa chica era bastante retadora, parecía querer algo más grande. Aun así, ella no estaba allí, para ser el juguete de una hija de Júpiter o Zeus, sino para proteger a su familia. Realizó la carrera de obstáculos, fue llevada a ver como se manejaba con distintas armas, como el arco, la espada, la lanza, el cuchillo de caza, entre otras. Le explicaron, que las armas eran un distintivo de los padres divinos, y que aquello podría ayudarle a vislumbrar quien era su padre (o madre).

En el caso de Veronica, cuchillos, principalmente arrojadizos, pero, aun así, los cuchillos demostraron ser su fuerte, así que tomó unos cuantos que eran arrojadizos y un par de cuchillos de hoja más larga y ancha, para combatir con ellos, empuñándolos.

Luego, fue llevada ante los hijos de Ares/Marte, con tal de que alguno le enseñara a luchar, momento en el cual, sobre la cabeza de Veronica, apareció el holograma de un búho.

Era una hija de Atenea.

— ¿Qué hay de ti, Escarlata? —preguntó Veronica más bien curiosa. — ¿Ya has sido reclamada? —preguntó apuntando hacia arriba, al holograma, que comenzó a desvanecerse.

Harriet asintió, y como si aquello no importara, se quitó la camiseta, se giró, enseñando el tatuaje del águila. —Soy hija de un Olímpico Romano, además soy hija del rey —sonrió de forma depredadora. — ¿Sabes rojita?, tengo una diana en la espalda, y en cualquier momento el Estigio vendrá sobre mí, para matarme. Agradece ser hija de Atenea. En general: el ser hija de cualquier deidad, menos de uno de los Tres Grandes, es bueno.

— ¿Por qué dices eso? —preguntó Veronica curiosa.

—Durante la II Guerra Mundial, participaron muchos Semidioses, y los semidioses de ellos tres: Mis hermanos, los hijos del tío mar y del tío inframundo, casi destruyen el mundo, debido a que solemos ser muy poderosos. Mi padre y tíos juraron, que jamás volverían a tener hijos, lo juraron por lo más sagrado: El río Estigio. —Un misterioso e irreconocible escalofrío recorrió la espalda de Veronica. —Pero mi padre rompió su juramento, y tarde o temprano, el Estigio vendrá por mí. Me han explicado, que no puede ir por mi padre, debido a que es un inmortal.

—Veronica, Harriet —llamó un chico con el cual Harriet aún no había cruzado palabra, tenía el cabello castaño y ojos grises, hijo de Atenea, como lo era Veronica. —Me han designado a mí, para auxiliarles con sus estudios, ¿de acuerdo? —ambas asintieron y lo siguieron, hasta un lugar donde ya estaban otros semidioses, también había otras criaturas mágicas, (como Ninfas). —Bienvenida hermanita, soy Dilan Craig. Por lo general, los hijos de Atenea, somos... cerebritos, somos brillantes, y a veces.

— ¡Siempre! —gritó un semidiós y los demás rieron, incluido Dilan.

—Siempre —corrigió él. —Solemos darles ciertos estudios y conocimientos a los otros semidioses.

Fue una clase sobre historia, mitología y algo de arquitectura, luego los dejó ir.

Ambas pelirrojas, comenzaron a entrenarse juntas.

Harriet le enseñaba a Veronica, la esgrima que aprendía de Megan, Coralia y Gabriela, la hija de Atenea, aprendía a pasos agigantados.

Se forjó entre ambas, confianza.

No amistad, pero sí confianza.

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En Inglaterra, más específicamente en Surrey-Little Whinging, en la casa #4 de Privet Drive, se encontraba Albus Dumbledore, acompañado por Rompedores de Maldiciones y toda clase de genios de maleficios, maldiciones, toda clase de encantamientos, ante un árbol que llevaba allí, varias semanas, aquel árbol en el cual se había transformado Harriet "Potter"-Evans, y ahora Albus quería actuar como un supuesto salvador, para una niña supuestamente atrapada en aquel árbol.

Luego de unos pocos hechizos de diagnóstico, además de los recuerdos proporcionados por Albus y los Aurores sobrevivientes al combate contra el Obscurus, los expertos, comenzaron a mirar que se podía hacer, para liberar a la chica transformada en árbol.

Albus esperaba que fuera pronto, quedan pocos años para 1991, cuando Harriet Potter tendría que entrar a Hogwarts, y comenzar su entrenamiento para algún día, derrotar a Voldemort.

La futura existencia del Mundo Mágico Ingles, dependía de aquella chica supuestamente atrapada en ese árbol.