DESCARGO DE RESPONSABILIDAD DE LISALU: No soy propietaria de Dragon ball z ni de ningún personaje del mismo. No recibo ningún dinero por escribir esta pieza de ficción.

La tetralogía del dragón rojo

II. Temporada de la luna

Capítulo dos

Recuerdos

Esperaron casi una hora a Gokú, luego cortaron el pastel de cumpleaños sin él. Bassan y Bulma-san estaban tan enfrascadas en una conversación en ese momento que ni siquiera notaron que Pan entraba a la cocina. Lo que sea que Bulma-san le estuviera diciendo a su abuela debía ser realmente interesante.

Toda la noche había pasado como una mancha. Ella respondió de un modo mecánico a los abrazos, a los besos y a los buenos deseos. En algún momento todos y todo comenzaron a aparecer y desaparecer mientras el piso parecía hacerse desigual cuando se movía demasiado rápido. ¿Se estaba enfermando? La cara joven y risueña de su madre al probarle el vestido rojo corto y ceñido que usaba, el primer maquillaje que se aplicaba, la objeción de Krilin-san cuando ella desenvolvió la ropa interior de encaje negro que su esposa le compró, el irritado "humm" de Vegeta-san ubicado a lo lejos después de que Yamcha-san le dio una casa tropical de Barbie, alegando que necesitaría una dosis de insulina por lo dulce que se veía, el comentario frío de Maron a su oído de que la casa de Barbie probablemente llegaba cuatro o cinco años tarde… todo fue como un sueño. Palideció contra el único pensamiento que comenzó a dominar su mente a medida que avanzaba la noche. Pasaron las horas y los invitados se fueron yendo poco a poco.

Sacó un refresco de la caja de hielo, Bulma-san se reía disimuladamente por algo.

—... simplemente lo evité por completo —comentó su abuela—. Recuerdo lo mucho que le dolía si alguien lo tiraba o lo pisaba cuando éramos niños.

—Solo trata de acariciarlo... suavemente —dijo Bulma-san con un aire cómplice—. La reacción es... explosiva. —Bassan se tapó la boca y estalló en risitas avergonzadas.

Pan se fue rápido. Ella podría haber pasado el resto de su vida sin escuchar eso. Era extraño ver a Bassan y a Bulma-san tan jóvenes. Eran como... chicas.

Trunks venía. Cuando sintió el aumento de su ki y el de Goten por la cercanía, la habitación pareció inclinarse. Sacudió la cabeza molesta, le dio a su padre una excusa que no tenía sentido ni siquiera para sus propios oídos y salió disparada por la puerta.

Él se estaba bajando de su carro mientras le decía algo con su voz tranquila a su tío. De pronto, Goten se dio una palmadita en la cabeza, la miró y se inclinó para murmurar algo. Trunks sonrió, le arrojó las llaves y retrocedió antes de que Goten lanzara el auto hacia el cielo.

—¿Se olvidó de mi regalo o algo así? —Pan trató de sonar tan casual y relajada como había estado con él cuando viajaron juntos. ¿Cómo dio por sentada su presencia todos los días durante un año?

—Lo dejó en mi casa —sonrió Trunks—. Creo que lo hizo porque quiere conducir mi auto nuevo. —Pausó para mirarla de arriba abajo asimilando el cambio—. Qué bonito vestido, Pan-chan. Te ves realmente... adulta... —Las palabras se fueron apagando cuando la vio acercarse y ella se preguntó si era porque él podía escuchar lo fuerte que latía su corazón. Se acercó un poco más, el rostro de Trunks se quedó inmóvil, la cara radiante de Tugol se reflejó en sus ojos azules bordeando los iris con la momentánea ilusión de un color rojo.

—¿De verdad? —La voz de Pan inconscientemente había caído a su registro más bajo mientras daba otro paso hacia él, hacia su espacio personal, como si la atrajera un imán. Trunks se inclinó y abrió mucho los ojos. Quedaban menos de unos centímetros de distancia entre su rostro y el de ella. Él se quedó mirándola, una vaga sorpresa parecía bailar sobre sus rasgos casi inmóviles. Respiró lenta y profundamente, preparándose para decir algo, pero su piel clara de pronto se sonrojó intensamente y dio un paso atrás, respiraba con dificultad.

—Yo... Pan-chan... —balbuceó—. ¡Tengo que irme! —Despegó casi derribándola con la fuerza de su poder.

Ella se quedó temblando, lágrimas de humillado rechazo llenaban sus ojos. Se volvió hacia la casa a ciegas, otra ola de vértigo la inundó.

—Dale tiempo —dijo una voz profunda y tranquila desde la oscuridad.

Oh, no, Pan sintió que se moría de vergüenza, Vegeta-san había visto toda la escena mortificante. El hombre mayor caminó hacia ella lentamente, su rostro era ilegible.

—Te verá como una mujer cuando te conviertas en una. —Sus labios formaron esa media sonrisa que lo hacía parecerse a su hijo—. No tendrá a alguien menos que su igual en mente y fuerza. Ninguna chica humana te lo quitará. —Su mano cálida y callosa le levantó el mentón para que lo mirara—. Te esperará hasta que tengas la edad suficiente.

El pecho de Pan quedó atrapado en un sollozo de agradecimiento.

—Gracias, señor.

La mano con la que Vegeta le sujetaba el mentón se tensó sin previo aviso, su rostro se congeló y sus ojos se volvieron de pronto cautelosos. Él le pasó la mano por la frente, luego por la mejilla, se detuvo allí y frunció el ceño.

—Estás ardiendo en fiebre, mocosa —dijo en voz baja.

—No me siento muy bien —contestó Pan débilmente. De pronto, el mundo dio vueltas de nuevo, ella levantó una mano firme, tocó el pecho de Vegeta y sintió que el corazón bajo su tacto comenzaba a golpear el esternón, aunque él no mostró ninguna reacción. Vegeta inhaló lentamente como si estuviera probando el aire en busca de veneno y Pan sintió que algo como la sacudida de un relámpago lo atravesaba y regresaba a ella. De pronto sus dedos se flexionaron por voluntad propia, sus uñas le rasparon suavemente el pecho y giró el rostro hacia la mano en su mejilla e hizo un suave ruido involuntario, luego se inclinó sobre él. Vegeta pareció ahogarse por el esfuerzo, dio un paso atrás rápido y se alejó de ella.

La noche volvió a enfocarse nuevamente. Oh, Kamisama, ¿qué había hecho?

—Vegeta-san... ¡Lo siento! ¡Quiero... a Trunks... quiero a Trunks! —Pan comenzó a soltar grandes sollozos entrecortados, pero él no hizo ningún movimiento para consolarla. Retrocedió unos pocos metros, de hecho. ¡¿Qué clase de persona horrible era ella para haber hecho lo que acababa de hacer?! Para haber sentido lo que acababa de...

—¡Cállate, niña! —le ordenó Vegeta, su voz sonaba tensa—. ¡No es tu culpa! —Alzó la mirada y maldijo en voz baja—. Es la luna. Entra, mocosa, ¡ahora! Aléjate de la luz de la luna.

La siguió a la casa, el alegre murmullo de las conversaciones bajó y se detuvieron por completo al ver su rostro. Videl se acercó a ella.

—¿Pan-chan? Cariño, ¿qué pasa?

—Ella no está bien —dijo Vegeta desde la puerta, su rostro era sombrío—. ¿Dónde está Kakaroto? —preguntó.

Gohan negó con la cabeza.

—Debería haber estado aquí esta noche. ¿Qué pasa, Panny? —Él tocó su frente—. Dioses, Videl, ¡está ardiendo! Vamos a ver a un médico, cariño, ¡ahora mismo!

—Los médicos no pueden ayudarla, lo que le está pasando es natural —le aseguró Vegeta en voz baja.

Bulma-san y Bassan intercambiaron una mirada extraña.

—¿Tiene esto algo que ver con lo cerca que estará la luna mañana? —preguntó su abuela.

—Sí, ella está entrando en celo —declaró Vegeta sin rodeos.

Su padre rompió el asombrado silencio que siguió a esa declaración.

—¿Qué? ¡Hijo de puta! Eso es lo más repugnante que he...

Videl le puso una mano en el brazo para calmarlo y lo interrumpió.

—Lo dices literalmente, ¿no?

—Las mujeres saiyayíns suelen experimentar eso por primera vez a mediados de los veinte, pero la sangre humana de la niña y esta luna lo han adelantado.

—Entiendo —dijo Videl con su mejor voz de madre—, que esto es un poco más serio que el inicio de la menstruación. ¿Qué le pasará?, ¿qué debemos hacer?

—Mírala, la fiebre y la desorientación bajarán mañana por la noche al salir la luna y allí tendrás que restringirla. Mantenla alejada de los machos humanos, probablemente ella los matará y aléjala de Trunks o lo reclamará, y tú lo más probable es que te conviertas en una abuela muy joven.

Videl lo miró boquiabierta y Gohan empezó a balbucear enojado.

—Pan tiene quince años, Vegeta —dijo Bulma-san indignada—. Trunks nunca...

—Cuando su fiebre baje durante la luna llena mañana por la noche, ella perderá todo el control y la mayor parte de su cordura —la interrumpió Vegeta—. No habrá nada en su mente más que el olor de la pareja que ya ha elegido. Intentará cazarlo y si lo encuentra, su aroma lo arrastrará a esa locura con ella. Él no podrá resistirse. —Su boca hizo una mueca—. Ella le acaba de darle un tremendo susto. Él huyó como si le hubieran prendido fuego en los pies.

—¿Qué... qué podemos hacer para detenerlo? —preguntó Gohan después de un breve silencio.

—Nada —sentenció Vegeta—. Si ella fuera mi mocosa, la llevaría a algún lugar aislado. Déjala cazar lo que quiera, entrena con ella si lo desea, sujétala si intenta escapar. Solo los machos de su propia sangre no reaccionarán a ella. Tu su presencia podría atenuar el frenesí.

—Maldición —dijo Bulma en voz baja. Todos la miraron—. Bra me contó que no se sentía bien esta noche. —Vegeta la miró fijamente—. Pensé que solo quería quedarse en casa para terminar el proyecto en el que estaba trabajando. La sentí algo caliente al tacto, ¡pero nunca ha estado enferma ni un día en su vida!

Vegeta volvió su mente hacia el oeste para buscar algún sentido del ki de su hija… y se retiró de un modo brusco soltando un siseo enojado. Comenzó a maldecir, su rostro era asesino.

—¿Vegeta? —le preguntó Bulma-san con miedo—, ¿qué pasa?

—Goten-kun regresó a la Corporación Cápsula a buscar mi regalo —comentó una Pan adormilada desde los brazos de su madre.

—¿Vegeta? —repitió Bulma lastimeramente.

—Han destrozado la casa —respondió él en un tono apagado.

—¿Bra-chan y mi Goten? —Milk sonaba como alguien que intentaba con todas sus fuerzas sonar disgustada y sin éxito. Pan podía ver incluso a través de su visión borrosa que su abuela estaba iniciando un plan mental para el menú del banquete de bodas.

—Este, Vegeta-san —dijo Gohan con delicadeza—. No deberíamos… bueno...

—¿Ir a separarlos? —resopló Vegeta—. No me estás escuchando. Si tú y yo intentamos separarlos, se volverán contra nosotros con una furia asesina. Si te acercas a seis metros de Bra, terminarás peleando con tu hermano por ella. —Videl lo miró enojada y Gohan de pronto se dio cuenta con un escalofrío de horror lo lejos que Vegeta estaba parado del resto de ellos… todo el trayecto hacia el otro lado de la sala de estar hasta la pared del fondo. Lejos de Pan.

—Esto es primordial en nuestra sangre, muchacho —continuó Vegeta oscuramente—. No hay decencia ni nada parecido al pensamiento en ello. ¿Recuerdas el cambio a ózaru cuando eras un niño? —Gohan asintió sin decir una palabra—. Es casi lo mismo… e igual de insensato y salvaje. Kakaroto y yo nos volveremos locos mañana por la noche debido a nuestras colas. Será algo parecido a lo que le está sucediendo a Pan. Mantén la calma, llévate a Bulma, a tu madre, a tu mujer y la chica a algún lugar seguro mañana por la tarde. Y no le digas a Kakaroto ni a mí adónde vas.

Se volvió hacia Bulma. El rostro de su esposa era un revoltijo de expresiones conflictivas.

—¿Te vas? —dijo ella.

—No puedo quedarme aquí, pero tú deberías. Probablemente no haya mucha casa a la que ir ahora de todos modos —resopló indignado—. ¡El cachorro de Kakaroto con Bra! Y Trunks... si Pan no lo tiene mañana por la noche, lo tendrá más tarde. —Sus labios se curvaron en una media sonrisa irónica—. No creo que correr le sirva de mucho.

Pan sintió que una gran sonrisa tonta comenzaba a aparecer en su rostro ante las palabras de Vegeta.

—Será más tarde —sostuvo Gohan con una voz dura, su expresión prometía mundos de dolor para Trunk si lo veía en las próximas veinticuatro horas—. ¡Mucho, mucho más tarde!

La puerta se abrió de golpe y Gokú irrumpió en la casa. La expresión de su rostro silenció a Milk antes de que pudiera abrir la boca para reprenderlo por su tardanza.

—Tenemos un problema —dijo. Todos en la habitación lo miraron confundidos. Vegeta tardó unos segundos en darse cuenta del por qué. Kakaroto había dicho las palabras en saiyago.


Trunks giraba en un amplio círculo sobre el complejo familiar de la Corporación Cápsula. No quería entrar en su casa y no podía volver a la casa de los Son.

¡Pervertido enfermo!

¿Qué diablos le pasaba? Acababa de tener la erección de su vida al ver a una niña que conocía desde la infancia con un vestido ceñido. Fue la vista y el aroma… Kamisama, ¿qué era ese perfume que estuvo usando? Respiró hondo para tratar de expulsar el aroma y recuperar algo parecido a la calma. Quizás le pasaba algo. Nunca había salido mucho, casi nada, en marcado contraste con la puerta giratoria de la monogamia en serie de Goten, que juraba por su alma que cada nuevo romance de tres meses era el gran amor de su vida. Sabía que nunca se había enamorado, quizás eso era una cosa saiyayín. Su padre tenía más o menos su edad cuando conoció a su madre y, aunque nunca habló de eso, tenía la clara impresión de que no había habido muchas mujeres antes de ella, tal vez ninguna.

Cualquiera que sea el estado de su función o disfunción sexual, reflexionó Trunks, Pan definitivamente ya no era una niña pequeña. Ella había hecho esa transformación elusiva, casi mágica que compartían las niñas y los cisnes. De la noche a la mañana pasó de parecer una chiquilla flaca a una mujer joven. Lo que solo lo convertía en un halcón de gallinas, pensó Trunks con amargura, no en un pervertido.

Solo la evitaría por un tiempo, decidió, y esperaría fervientemente a que no hubiera hecho ni dicho nada para revelar la dirección que habían tomado sus pensamientos. Y esperaba aún más fervientemente que, si Pan hubiera visto algo menos que un hermano mayor en sus modales, ella no se lo mencionara a su padre. Trunks se estremeció. Son Gohan, a pesar de todos sus modales apacibles, le rompería la columna vertebral como una ramita si lo sospechara.

Asintió malhumorado para sí mismo. Evitaría a los Son durante unos meses. Tiempo suficiente para que ella olvidara su rostro sonrojado y sus manos temblorosas, tiempo suficiente para que él olvidara la forma en que el vestido rojo se había adherido a las nuevas curvas de su cuerpo y el olor de esa fragancia que, incluso ahora, amenazaba con hacer un agujero en su razón. No era como si no tuviera suficiente para mantenerlo ocupado. Se había sumergido de nuevo en la rutina de dirigir el circo de mil pistas de la Corporación Cápsula casi tan pronto como el polvo de la batalla contra el Shen Lon malvado se asentó. La depresión comenzó poco después. Todas sus actuaciones sociales y profesionales eran pantomimas sin sentido, al igual que sus esfuerzos por ascender frente a otros gigantes comerciantes a un nivel en el que las ganancias estaban aseguradas para todos los involucrados. No tenía sentido. En los cinco años transcurridos desde que tomó las riendas de la Corporación Cápsula sin ayuda, se volvió cada vez más abatido e inquieto, sin embargo, fue hasta hace dieciocho meses que se sintió absolutamente impotente para escapar. Su padre lo había visto, lo sabía y lo observó con esa mirada fría e inescrutable que enmascaraba un amor profundo que Trunks solo vislumbraba de vez en cuando, y lo arrastró, literalmente, a la nave espacial que despegó para ir por todo un año en búsqueda de las esferas del dragón negro. Tal vez los tiempos de paz y una semana laboral de seis días agobiados no fueran saludables para la naturaleza saiyayín. Estaba atado y restringido por horarios, reuniones y corbatas que ahogaban el espíritu de lucha. Quizás su repentina atracción por Pan fuera parte de eso. Había visto en ella, cuando viajaron juntos, a la niña salvaje, franca y sin restricciones que era. Ella todavía poseía la ardiente necesidad de luchar y esforzarse más para estar a la altura de las nuevas batallas con una silenciosa canción de combate resonando en sus oídos. Había perdido eso en algún lugar entre el niño y hombre, y al hacerlo, le falló a la promesa del gran guerrero que podría haber sido. Y no sabía por qué.

Dio una vuelta en círculo una vez más antes de aterrizar en el umbral de las habitaciones de la familia. Un ruido fuerte, el sonido distante y amortiguado de metal chirriando, salió del ala este donde se encontraba la sala de gravedad de su padre. Dos firmas de kis distintas se elevaron bruscamente hacia la capa de nubes bajas que se cernía sobre la ciudad esta noche, encendidas tan intensamente como si hubieran sido rociadas con algún químico explosivo. ¿Qué demonios estaba haciendo Goten con Bra? Él había dejado a los Son hace veinte minutos y probablemente dejó que su hermana lo distrajera con como se llame la cosa cuántica en la que estuvo trabajando día y noche durante la semana pasada. A veces, Goten no era mejor para retener una idea en su cabeza que su padr...

—¿Quién diablos eres tú? —le dijo groseramente al niño con el que casi se había tropezado. Tenía el cabello y la piel pálida, casi albina, con unos enormes ojos oscuros, seguramente no era mayor de cinco o seis años, pero... Algo que titiló alrededor del contorno de la pequeña figura le dio la impresión de que no estaba viéndolo como realmente era. ¿Sería un espejismo? Se inclinó y preguntó en un tono más amable—. ¿Estás perdido?

—No, te estaba buscando —contestó el niño—. ¿Quieres saber qué te pasa? Lo estabas pensando hace un momento, yo puedo mostrártelo.

Trunks sintió un escalofrío en el aire cálido de la noche.

—Estoy bien.

—Has cambiado desde que eras un niño. Tú y tu amigo Son Goten —comenzó a decir el niño pálido. Las campanas de alarma sonaron en cada rincón de su mente y Trunks trató de apartar la mirada o moverse, pero esos ojos oscuros lo mantuvieron congelado—. Hace quince años, comenzaste a cambiar. Te volviste lenta, muy lentamente en alguien apático y retraído, en alguien gobernado por el mundo que te rodea en lugar de apoderarte de tu vida para tomar de ella todo lo que deseabas. No tienes amigos aparte de Goten y él es más como tu hermano. No tienes mujer ni pasatiempos ni grandes deseos ni ganas de luchar para salir de la gris monotonía en que se han convertido tus días y te alejas de todas las cosas que alguna vez encendieron tus pasiones. —Trunks sintió que algo parecido al terror real comenzaba a subir por su espalda. ¡No podía liberarse de la mirada del niño!—. Son Goten se ha abierto camino a la madurez rechazando la responsabilidad, rechazando toda emoción profunda y pensamiento serio. Ninguno de ustedes es el hombre que la suma de sus experiencias debería haber hecho. ¿Quieres que te diga por qué? Has vivido dos vidas, los últimos quince años han ido y venido dos veces para ti. Y aunque tu mente consciente no lo recuerda, tu subconsciente sí lo hace y eso te ha... debilitado. Te daré el regalo que le di a Son Goten hace un rato. Creo que te ayudará a conocerte a ti mismo. —Trunks vio impotente cómo el niño levitaba lentamente para encontrarse con sus ojos. Le tocó con un dedo la frente, ahora húmeda por el sudor frío—. Recuerda.

Dos vidas, dos jóvenes, dos conjuntos de recuerdos conflictivos chocaron en su mente, uno lleno de amor y familia, de seguridad y de consuelo constante, otro empapado de sangre, terror, tormento y locura. Él recordó. Recordó su vida en Chikyuu cuando era niño, la universidad, la Corporación Cápsula, la larga búsqueda de las esferas del dragón negro y todo lo que había seguido.

Pero también…

Su primera noche como prisionero de Frízer, gritó, sollozó y escupió amenazas impotentes cuando le arrancaron las uñas con una lentitud practicada en el comedor de oficiales de la nave insignia. La cara blanca de su captor sonreía entre un delicado bocado de comida mientras le decía al torturador que preparara el "entretenimiento" para después de la cena. Más tarde, la sangre de sus dedos ensangrentados sin uñas corrió por su cabello y por los lados de su rostro desde que se tapó los oídos con sus manos devastadas al escuchar los penosos lamentos de Goten, sabiendo que él sería el próximo, cuando el Gran Frízer lo…

—¡Oh dioses! —gritó—. ¡Oh dioses! —Los rostros de cientos, millones de personas, todas las personas que había matado...

¡Goten!

Tropezó al entrar. El tsiruyín, ahora conocía ese nombre, ¡dijo que le había hecho lo mismo a Goten! Corrió a ciegas por los pasillos. No se detuvo ni se fijó en las paredes, los techos rotos y los escombros humeantes de los muebles. De repente recordó los picos de los kis de Goten y Bra saltando al aire momentos antes y atravesó el techo hacia las nubes sobre la Corporación Cápsula. Los vio.

Bra-chan...

—¡Hijo de puta! —Trunks dirigió una patada giratoria a la espalda desnuda de Goten—. ¡Ella no es una de tus mujerzuelas baratas!

Los ojos de Goten estaban encendidos de un color carmesí, él se desenredó de Bra y se volvió hacia él mostrando los dientes, lo que le ganó un gruñido enojado de su Bra cuando sus brazos quedaron repentinamente vacíos.

—¡¿Qué diablos te pasa, Goten?! —Trunks levantó el puño, pero Goten apareció a su lado y le clavó el suyo en la sien. Trunks perdió el conocimiento casi agradecido y cayó.


—¿Kakaroto?

La voz de Vegeta atravesó la meditación interna de Gokú, el príncipe había escuchado todo lo que el otro hombre acababa de decir, aunque sabía que su rostro parecía ausente. En los momentos que siguieron al relato de su encuentro con el niño tsiruyín en la cima de la montaña y el relato abreviado de los eventos que hicieron posible la existencia del niño, Vegeta se había puesto pálido y guardó silencio. El hecho de que Frízer se hubiera llevado a sus hijos —a pesar de que nunca sucedió, ya que todo se deshizo al final—, el solo pensamiento probablemente estaba haciéndole un agujero en el estómago. Gokú había visto a Gohan quedarse boquiabierto, con la cara roja de vergüenza, por la explicación de lo que les estaba sucediendo a Pan y Bra. Les había dicho que esa información fue parte de los datos incluidos en del programa de aprendizaje dentro de la vaina espacial que lo trajo por primera vez a la tierra.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó Vegeta en voz baja.

—Yo... siento que quiero destrozar algo —dijo Gokú honestamente—. Pero no sé cuánto de eso es por la luna. No creo que haya quedado de la manera que Gurasia pretendía. Todavía tengo toda una vida de recuerdos de ser Son Gokú. Fui Kakaroto por menos de dos años.

—Hizo esto ahora debido a la luna —respondió Vegeta—. Serás mucho más violento mañana porque no tienes el valor de vivir una vida con el impulso saiyayín agresivo que te ayude a mantener el control. Él puede creer que destruirás a Chikyuu mañana… esa era tu misión original y parte de tu programación infantil.

—También reparó el daño cerebral que sufrí de bebé cuando me hizo recordar —añadió Gokú pensativo—. Si soy más inteligente ahora, debería tener una mejor disciplina mental.

Vegeta gruñó.

—Ya lo veremos. Yo diría que deberíamos tomar una nave y dejar Chikyuu por dos días, pero el hecho es que el mocoso póstumo de Frízer anda suelto.

—De cualquier forma es malo —comentó Milk—. Si se quedan, pondrán a Chikyuu en peligro. Si se van, quién sabe qué hará si no están aquí para detenerlo.

—¡No puedo encontrar a Trunks! —admitió Vegeta de repente. Gokú había sentido que el otro saiyayín buscaba el ki de su hijo durante la última media hora para asegurarse de que estuviera bien. Bulma palideció—. Su ki se ha ido… no —continuó aliviado—, está inconsciente. Ah, Goten lo noqueó. —Frunció el ceño—. Algo está mal, su ki se siente diferente. —Se volvió hacia Bulma, pero ella habló primero.

—Voy contigo —dijo.

—No, no lo harás. —La levantó y la puso en los brazos de Gokú—. Si la dejas ir, te mataré.

—Eres un misógino hijo de…

—¿Vas a lastimar a Goten? —La voz somnolienta de Pan interrumpió las furiosas maldiciones de Bulma.

—Tú mismo dijiste que no era su culpa —intercedió Gohan de forma cautelosa.

—No serías tan caritativo si fuera Trunks con Pan —le respondió Vegeta sombríamente—. No, no lastimaré al chico. No me acercaré a ellos hasta la mañana.

—Si todo lo que dices es cierto, ¿no debería ir contigo? —le preguntó Gokú—. Kuso —juró en voz baja—. Todos estamos casi paralizados.

Se dio la vuelta cuando Vegeta se despidió de Bulma y vio como Gohan llevaba el cuerpo de Pan, afligido por la fiebre, a la antigua habitación de Goten, seguido por una Videl pálida y preocupada. Se sentarían con ella toda la noche para refrescar su frente caliente y la protegerían de sí misma. Cerró la puerta del dormitorio donde estaba la familia de su hijo y vio que Milk había regresado a su zona de confort, la cocina. Bulma estaba acurrucada en el sofá, frunciendo el ceño por la concentración, mientras garabateaba furiosamente en un viejo cuaderno escolar de Pan.

—¿Qué es eso?

—Algo que pensé en construir en el momento en que le creció la cola a Vegeta. Dejé de hacerlo como una idiota y ahora lo lamento. Quizás lo lamentaré mucho más mañana si tú y Vegeta se matan o matan a alguien.

Él se quedó mirando la red de gráficos y las ecuaciones que ella había escrito con fluidez y, por primera vez en su vida, las letras y los números no sangraron juntos en un revoltijo sin sentido.

—¿Es... es un reflector de algún tipo? —Bulma se quedó boquiabierta—. ¿Sabías que las vainas de los infantes saiyayíns fueron programadas para enseñar subliminalmente el idioma, las costumbres y las técnicas rudimentarias de lucha de Vegetasei? —Ella asintió en silencio—. Mi padre, Bardock, era científico. Él equipó mi vaina con funciones adicionales como la matemática, la física y los conceptos básicos de la ingeniería de propulsión de las naves espaciales.

Bulma negó con la cabeza levemente asombrada.

—Eres tan diferente, Son Gokú. La forma en que miras, la forma en que hablas y te comportas… pero sigues siendo tú al mismo tiempo. Tienes razón, es un reflector lunar. Si me quedo toda la noche, puedo tener dos construidos para ti y para Vegeta al mediodía. Así ambos mantendrán la calma y podrán concentrarse en encontrar a Frízer Junior. Para la puesta del sol, puedo tener construidos una cantidad suficiente para el resto de ustedes, así los chicos podrán pensar con claridad. Le estoy dando prioridad a Bra y a Pan antes que a ellos. ¡Maldita sea, tengo que ir a mi laboratorio!

—Si dejo que vayas, Vegeta me matará. —La breve sonrisa de Gokú se desvaneció rápidamente—. Yo tampoco puedo ir. Ese niño también te perseguirá. Sé que no lo recuerdas, pero fuiste tú quien destruyó a Frízer al final.

—¿Lo hice? —Bulma sonrió encantada—. Ojalá pudiera recordar eso.

—No, no lo harás —dijo Gokú frunciendo el ceño—. ¿Y si llamas a Krilin y a Dieciocho para decirles qué traer?

—¡Si! —exclamó Bulma antes de darle un beso en la mejilla como si él todavía fuera un niño confundido y ella la salvaje adolescente que había ido a buscar por primera vez las esferas del dragón, luego se volvió para coger el teléfono.

Gokú se puso de pie, caminó resueltamente por la cocina donde Milk estaba lavando los platos de forma mecánica y salió por la puerta trasera. Una vez en el patio, giró la cabeza, trató de juzgar el mejor ángulo y disparó un pequeño disco giratorio de ki hacia abajo. Reprimió un grito mientras caía de rodillas cuando el disparo cortó limpiamente su cola desde la base, lo que envió un rayo de candente agonía por su columna vertebral.

—¡Gokú-saa! —Milk salió corriendo al oír su grito—. Oh, Gokú-saa, ¿qué te has hecho? —Ella lo abrazó por los hombros y él enterró el rostro en su abdomen después de rodearle la cintura con los brazos.

—Estaré bien —jadeó Gokú—. Problema resuelto. —Él levantó la cabeza y la miró—. No seré un problema mañana por la noche. ¡Oh, Kamisama, Milk!, lo siento... ¡lo siento tanto!

—¿Sobre qué? —susurró ella.

—Te dejé para ir a entrenar a Ub como si no fueras nada, como si fuera a un viaje de campamento durante la noche... El tiempo no se registraba conmigo. Diez años no parecían tan diferentes de diez semanas. No me di cuenta de lo que había hecho hasta esta noche. ¡Te amo, Milk! —Ella estaba temblando, las lágrimas corrían por su rostro, caían sobre Gokú y se mezclaban con las que él derramaba—. Nunca quise lastimarte, te amo tanto… —Milk tomó su rostro con ambas manos y detuvo sus palabras con un beso.


Vegeta aterrizó en la cúpula en media luna del complejo principal de la Corporación Cápsula, se arrodilló y giró poco a poco el cuerpo de Trunks. Reprimió una punzada de irritación por el hecho de que el muchacho se había dejado noquear tan fácilmente. Trunks se estremeció ante su toque, casi sollozó y pareció sumergirse deliberadamente más profundo en la inconsciencia.

—Trunks —dijo Vegeta en voz baja—. Maldita sea, muchacho, ¡despierta! —Algo andaba muy mal. El ki de su hijo estaba… fragmentado. Captó un olor leve, pero distintivo en la ropa que Trunks llevaba y se le heló la sangre. Un tsiruyín. Incluso después de tantos años, ese olor todavía tenía el poder de hacer que su estómago se retorciera de horror. El mocoso de Frízer le había hecho algo. Sacudió a su hijo más fuerte.

Los ojos de Trunks se abrieron y soltó un grito ronco.

—¡¿Toussan?!

—¿Qué pasó? —Vegeta levantó al hombre más joven y lo examinó en busca de heridas. El cuerpo que sostenía comenzó a tensarse como un resorte antes de estremecerse.

—Toussan... —La cara de Trunks palideció bajo su bronceado, sus ojos estaban hundidos, muy abiertos y lo miraban como un niño traumatizado—. ¡Oh, papá! —Se lanzó hacia los brazos de su padre tratando de contener un grito—. Lo recuerdo, él me hizo recordar... ¡Lo recuerdo todo!

Vegeta de pronto entendió sin más explicación el significado de las palabras casi incoherentes de Trunks. Sabía qué recuerdos resucitó el tsiruyín. Quince años en la corte de Frízer, había despertado el horror apilado sobre el horror apilado sobre el horror, víctima de una venganza a medida creada por la enferma imaginación del señor de Tsirusei. Una emoción se apoderó del pecho de Vegeta retorciéndolo. Puso los brazos alrededor de su hijo y lo sostuvo en un abrazo feroz, algo que solo había hecho un puñado de veces en toda la vida del joven y lo dejó que llorara de una manera que él mismo nunca podría hacer mientras sentía que el corazón se le destrozaba con cada sollozo desgarrador. Lo abrazó hasta que el temblor y las lágrimas se calmaron, toda la gran fuerza del joven se había agotado por el momento. Poco después, la primera promesa tenue de la mañana comenzó a brillar débilmente en el este y justo antes del amanecer, Trunks se movió.

—Nunca supe lo malo que era, toussan —susurró—. Lo malo que fue para ti. —Y se durmió.

Vegeta inclinó la cabeza sobre el rostro dormido de su hijo y finalmente lloró.