Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D
Había un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada, pero FF tiene algo en contra de los enlaces y ahora no sabría deciros exactamente quién es su autor.
Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.
◤El Intercambio◢
«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »
◉○ PARTE 2 ○◉
AKANE IX
«En el que Shampoo no está»
Ryoga permaneció en su trance de remordimiento y contrición durante toda la comida, aunque también era verdad que nadie intentó sacarlo de él hasta que todos hubieron terminado y empezaron a prepararse para marchar al Neko Hanten. Lo habían apartado a una esquina del comedor después de asegurarse de que tenía todas las ropas necesarias para que no lo detuvieran por indecencia pública si se le ocurría deambular y perderse por las calles de Nerima. Una vez allí, se había hecho una bolita para descansar sobre una pared, así que apenas molestaba con su presencia.
Akane se sentía un poco avergonzada de sí misma. Tenía que admitir que no se había acordado del joven artista marcial hasta que Ranma le propinó una suave patada «para asegurarse de que seguía vivo» o algo así. Ryoga ni se inmutó, aunque cuando fue Akane quien se acercó a él para comprobar que estaba bien (y que los efectos de su comida habían desaparecido completamente) se tensó y se abrazó con más fuerza las rodillas.
—Bueno, ya está bien —dijo Akane, frustrada—. Te llevaremos a la estación para que regreses a casa. Incluso te ayudaremos a coger el tren correcto. Pero no puedes quedarte aquí, Ryoga —le advirtió.
Ryoga sacudió la cabeza con un suave movimiento.
—No… no…
—No estás en posición de protestar, oponerte o insistir —dijo Akane antes de que pudiese terminar la frase. Ryoga hizo una mueca de dolor—. Te he informado de lo que vamos a hacer. Y, si te soy sincera, es mucho más de lo que te mereces por mentiroso.
—Y señor Hibiki… —dijo Konatsu, asomándose por encima de su hombro. El tono acerado de su voz no casaba del todo con la sonrisa dulce que curvaba sus labios—. Si le parece bien, seré yo quien lo asista en cometido. Así, los demás no perderán más tiempo con tonterías y podrán buscar las respuestas que tanto necesitan.
Ranma tuvo el descaro de reírse a carcajadas y Ukyo ni siquiera se molestó en disimular la gracia que le habían causado sus lacerantes palabras. Akane también se habría reído de la expresión de absoluta serenidad con la que Konatsu había pronunciado aquellas frases, de no ser porque un rápido vistazo a Ryoga la convenció de que ser deliberadamente cruel era innecesario.
Apretó los labios y ayudó a Ryoga a incorporarse. Cuando el joven la miró con el ceño fruncido, Akane retrocedió unos pasos y cruzó los brazos.
—Algún día —le dijo, incapaz de mirarlo durante mucho tiempo a los ojos—, tú y yo hablaremos.
—¿Algún día? —repitió Ryoga, esperanzado.
Akane asintió.
—Algún día. Y probablemente con Akari-chan presente —dijo y, para su satisfacción, el chico empalideció—. Pero no hoy.
Ryoga la observó durante largos segundos. Justo cuando Akane creía que no iba a detenerse hasta que hubiese memorizado hasta el más mínimo detalle de su rostro, sintió que una mano cálida se cerraba alrededor de su brazo y que alguien la empujaba con cuidado hacia atrás. Levantó la vista y sonrió cuando vio que se trataba de Ranma. Se había interpuesto entre los dos y, aunque Ukyo era definitivamente más alta que Akane, la cubría completamente de la mirada inquisidora de Ryoga.
—¿Pero qué haces? —dijo Ryoga, enseñando los colmillos.
—Ya la has oído —dijo Ranma entre dientes—. Lo mejor es que te marches ya.
—¡Tú no te metas! —protestó el otro chico. Su rostro se encogió en una mueca agresiva y Akane se temió que una pelea en toda regla se avecinaba.
No obstante, Konatsu no dudó en cogerlo de un brazo y empezar a arrastrarlo fuera de la casa antes de que a Ranma se le ocurriera responder. Para despedirse, lo único que dijo el hombre kunoichi fue:
—¡Me pasaré luego por el restaurante por si seguís allí! —gritó por encima de los alaridos de Ryoga.
«Allí» era el Neko Hanten, por supuesto. Cuando llegaron al pequeño restaurante chino y vieron que ya habían cerrado la puerta y guardado el cartel de la entrada, Ukyo fue la primera en murmurar una maldición entre dientes.
—No es tan extraño —dijo Akane para tranquilizarla—. Tú misma también cierras entre la comida y la cena…
—¡Pero yo no soy poseedora de conocimientos milenarios! —insistió Ukyo, quien, decidida, se dirigió a la puerta principal.
Evidentemente, estaba cerrada con llave y no consiguió nada. Antes de que nadie pudiese hacer nada para detenerla, Ukyo golpeó con fuerza el cristal.
—¡Eh! —se quejó alguien desde el interior—. ¿Qué cree que está haciendo? ¿No ve que ya hemos cerrado?
El japonés perfecto y la ausencia de cualquier acento les dijo que no se trataba de Shampoo. Y, en efecto, unos segundos más tarde una adolescente que tendría más o menos la misma edad que ellos los miró de arriba abajo con los ojos entrecerrados cuando abrió la puerta.
Si las miradas matasen, pensó Akane, esta calle se habría convertido en un cementerio.
—¿Quién eres tú? —dijo Ukyo, haciendo caso omiso al gesto amenazante con el que la muchacha cerró las manos alrededor de la escoba que sostenía.
Akane se fijó en que también llevaba puesto el delantal que servía como uniforme del restaurante. Aclarándose la garganta, dio un paso adelante y dijo:
—¿Trabajas aquí? —preguntó mientras tiraba suavemente de Ukyo hasta ponerla detrás de ella.
Ya tenía un chichón, no necesitaba ninguna herida más, muchas gracias. Ukyo, en cambio…
—Oh, por supuesto que trabajas aquí —dijo con una risita azucarada—. Dime, ¿está Cologne? ¿Podrías decirle que queremos hablar con ella?
Pero la adolescente apretó con más fuerza su utensilio de limpieza y Akane se temió que en cualquier momento fuese a darle un escobazo. Levantó las manos en el aire en señal de rendición.
—¿Mousse? ¿Shampoo?
—¡Que estamos cerrados!
—¡Y nosotros ya hemos comido! —exclamó Ukyo detrás de Akane—. De verdad, niñata, ¡solo queremos hablar con tu jefa un momento!
Akane cerró los ojos con fuerza y Ranma, a su lado, juró por lo bajo.
—¿Niñata? —repitió la camarera en voz baja—. ¡¿Niñata?! Ya te voy a enseñar yo lo que es una niñata…
Lamentablemente para ella, sus contrincantes eran tres artistas marciales que se habían entrenado desde pequeños para ser los mejores en su modalidad.
Antes de que la escoba pudiese hacer contacto con la cabeza de Akane (quien dio las gracias a cualquiera que fuese la deidad que había escuchado sus plegarias y había evitado que le infligieran un segundo chichón en su cuerpo) Ukyo se había apartado con elegancia a un lado, Akane había asido el palo fácilmente con una mano y Ranma incluso había tenido tiempo de agarrar a la muchacha por el hombro y hacerla retroceder.
—¡Suéltame! —exclamó la chica al mismo tiempo que soltaba la escoba—. Pero ¡¿quién te crees que eres?!
—¿Quién te crees tú como para atacar a nadie con una escoba? —resopló Ranma, aunque soltó a la muchacha tal y como le había pedido—. Ahora, ¿vas a avisarle a Cologne de que estamos aquí?
La joven camarera lo miró como si se tratase del insecto más asqueroso que había tenido el descaro de aparecer frente a ella.
Akane sintió que arqueaba una ceja.
—Que se nos acaba la paciencia —comentó. Cuando la chica tuvo el atrevimiento de intentar fulminarla con la mirada, Akane levantó la escoba en un gesto amenazante.
La chica tragó saliva con dificultad.
—N-no voy a... —trató de decir.
Pero una voz antigua, áspera y familiar evitó que tuviera que fingir un valor que no sentía.
Akane se sintió ligeramente decepcionada.
—¿Qué está pasando aquí? —dijo Cologne—. Rika, niña, ¿por qué no estás limpiando la despensa como te pedí? ¿Acaso ya no quieres que te pague cuando termine la semana?
—Yo… yo…
—Ahora, señorita Ukyo, si pudiera usted hacerme el favor de devolverle la escoba a mi empleada… —dijo Cologne. Akane obedeció y Cologne le ofreció un seco asentimiento como todo reconocimiento de su persona. Se giró hacia Rika y añadió—: Ahora vete, muchacha, a hacer tu trabajo.
Rika se marchó aunque no sin antes despedirse de ellos con un gesto de mano bastante obsceno. Por alguna razón, y aunque era imposible que la hubiese visto de espaldas, Cologne se rió en voz alta.
—Ah, los jóvenes nunca cambian —comentó con esa voz que utilizaba cuando recordaba su propia juventud.
Pronto, sin embargo, abandonó esa expresión serena y clavó sus enormes ojos en Ranma.
—¿Qué estás haciendo aquí, Casi-Yerno? —se interesó, apoyándose sobre su bastón—. ¿Acaso te quedó algo por decir la última vez que nos vimos? ¿O acaso es por la descocada de mi nieta que estás aquí?
Ranma tardó unos segundos en responder.
—¿Se está burlando de mí? —fue lo único que dijo, aunque a Akane no le quedó claro si se trataba de una pregunta para Cologne, si se había formulado una duda existencial a sí mismo o si les estaba pidiendo consejo ella o Ukyo.
Cologne lo sacó de dudas riéndose otra vez. A su lado, Akane sintió que Ranma se tensaba y sin pensárselo demasiado envolvió su mano alrededor de su muñeca.
Ranma apenas le dirigió una mirada de reojo, pero pronto había girado la mano hasta que sus palmas se encontraron y parte de la rigidez que lo había invadido pareció esfumarse como por arte de magia.
—Si la estás buscando a ella —dijo la anciana—, siento decirte que Shampoo ha tenido que regresar a la tribu y no sé cuándo volverá. Está castigada, ya sabes, por desobedecerme otra vez. Será mi nieta, pero no siempre puedo hacer la vista gorda cuando se hace evidente que ya es costumbre suya desobedecer las órdenes de una venerable anciana de la tribu. Mousse ha ido con ella.
—¿Castigada? ¿En China? —dijo Ukyo—. ¡Si la semana pasada aún estaba aquí!
Cologne cambió de peso de una cadera a otra y la miró. Luego, sus enormes ojos negros se fijaron en Akane y Ranma y sus manos entrelazadas y arqueó una inexistente ceja con curiosidad.
—Por supuesto. Después de la esclarecedora conversación que tuvimos mi Casi-Yerno y yo hace unas semanas, le pedí expresamente que no se volviera a acercar a vosotros —dijo, señalando a Ranma y a Akane, o a quien ella creía que era Akane, con la barbilla.
—Bueno, consiguió mantenerse alejada durante ¿cuánto? ¿Veinte días? —comentó Ranma, mordaz.
Cologne lo miró de arriba abajo y, de nuevo, observó con detenimiento sus manos. Akane sintió que se ponía roja por momentos.
—Por supuesto, cuando me enteré de que me había desobedecido tuve que castigarla —dijo Cologne—. Así que es por eso que estás aquí. Mi nieta os hizo… algo —pronunció con acidez—, la última vez que fue a visitaros.
Detrás de ellos, Ukyo chasqueó la lengua.
—Eso es el eufemismo del año —se quejó. Y procedió a contarle a grandes rasgos lo que había ocurrido durante los últimos días.
Minutos más tarde, Cologne había decidido que arreglar todo ese asunto les iba a tomar más tiempo del que se veía capaz de aguantar bajo el sol del verano y los había invitado al pequeño apartamento en el que vivía con Mousse y su nieta justo encima del restaurante.
—Niña —le dijo Cologne a Rika, quien se tensó como una vara, cuando pasaron por su lado—, estamos esperando a otro invitado. Hazme el favor de decirle dónde estamos cuando llegue.
Una vez arriba, la anciana amazona china puso a calentar agua para el té mientras Akane daba su versión de los hechos.
—Entonces un día os levantasteis en el cuerpo de la otra… ¿así? ¿Sin más? ¿No notasteis nada raro antes? Hablo de temblores, mareos, dolores de cabeza…
—No, señora —dijo Akane.
—¿Por qué pregunta eso? —dijo Ranma—. ¿Acaso sabe qué está pasando? Oh, por supuesto que lo sabe. Ha sido Shampoo quien ha embrujado a Akane y Ukyo y las ha hecho pasar por todo esto, ¿o me equivoco?
Cologne sirvió el té y, justo cuando todos se habían sentado alrededor de una mesita baja para discutir la situación, sacó su bastón y le dio un golpe tan fuerte a Ranma que a Akane le pareció oír un crujido.
—Pero ¡¿qué hace, vieja estúpida?!
—Nunca me has parecido un muchacho especialmente necio —dijo la anciana—. Simplemente te estaba devolviendo a tus cabales. Con la televisión funciona —se explicó con un delicado encogimiento de hombros cuando Akane y Ukyo la miraron con confusión y asombro—. Vamos a ver, Casi-Yerno. De haber sido Shampoo, el objetivo habría sido acercarse a ti, ¿no? En cuyo caso, se habría usado a sí misma sabiendo que su cuerpo se quedaría en China y a Akane le costaría todavía más volver a casa. Aunque hay que tener en cuenta que mi nieta nunca habría llevado a cabo un plan así.
—¿Y eso por qué? ¿En qué se diferencia de todas esas intrigas que ha elaborado hasta ahora? —dijo Ranma, todavía acariciándose el coscorrón con cuidado.
Cologne dio un sorbito a su té y sonrió.
—Pues porque estaría ayudando a su principal rival en realidad. Todo lo que hiciese en el cuerpo de Akane… bueno. Tú lo percibirías como cosas que haría Akane. Ni se te pasaría por la cabeza que se tratase de otra persona.
Ukyo asintió con solemnidad mientras sujetaba su taza con las dos manos.
—Salvo que se comportara de una forma muy extraña para ella —añadió Cologne al cabo de unos instantes cuando Ranma abrió la boca para protestar—. Por eso digo que es imposible que se trate de una maniobra de mi nieta. Shampoo es demasiado inteligente como para urdir un plan tan… débil —pronunció la palabra casi con asco.
—¡Es exactamente lo que he estado diciendo yo todo el rato! —exclamó Akane—. Tienes que reconocer que no tiene sentido, Ranma.
Ranma, por supuesto, no reconoció nada. Sentado a la turca sobre el tatami e ignorando completamente el té que le habían servido (era su política no aceptar nada que pudiera ingerirse de las mujeres de esa familia), se había cruzado de brazos y miraba al frente sin enfocar nada en particular.
—No entiendo nada. Ukyo me ha dicho todo lo que hizo hace una semana y nada llama especialmente nuestra atención. Y, evidentemente, hemos cruzado esa información con el diario de Akane, por lo que… ¿¡Akane!? ¿¡Te encuentras bien!?
Ukyo no dudó darle golpes en la espalda al ritmo de sus toses y Akane se preguntó si no se estaría aprovechando de la situación para agredirla. Fuera como fuere, en realidad se estaba haciendo daño a sí misma, por lo que Akane tampoco le dio mayor importancia.
Además, tenía preocupaciones mucho más inmediatas, como volver a respirar.
—Agua —pidió con voz aguda mientras intentaba recuperar el aire—. ¡Agua!
Cologne rellenó su taza con lo que quedaba de té y Akane se lo llevó a los labios con avidez. Pronto, sus vías respiratorias se habían despejado.
—¡Ese no es mi diario! —confesó con expresión culpable—. El de verdad lo guardo en la habitación de Nabiki. Desde que se mudó a la residencia de la universidad es el lugar más seguro de la casa… aunque supongo que tendré que buscarme otro, ahora que todos lo sabéis…
Sus palabras se vieron interrumpidas cuando alguien llamó a la puerta. Se trataba de Konatsu, quien les informó con voz risueña de que había dejado a Ryoga en el tren bajo la supervisión de un adorable anciano que se había ofrecido voluntario a acompañarlo a casa.
—Es un amigo de la familia. ¿El suegro de alguien llamado Blanquinegra? O algo así. ¿Qué me he perdido?
Ukyo procedió a contarle lo poco y nada que habían avanzado en su investigación. Ranma aprovechó ese momento para acercarse a Akane.
—¿Cómo que «ese no es tu diario»?
—¿Pues que no lo es? Es falso —aclaró Akane, encogiéndose de hombros. Se humedeció los labios y dijo—: Mira, sé desde hace meses que sabes dónde guardo mi diario. O lo guardaba, para ser exactos. Así que cada noche escribo una versión… editada de mis días, y lo guardo en el mismo escondrijo de siempre...
—¡Buena esa! —celebró Ukyo antes de estallar en risas.
Hasta Konatsu pareció asentir con aprobación.
Ranma, en cambio, apretó los dientes hasta que un músculo saltó en su mandíbula.
Akane quería decirle que ser su… prometido… no le daba derecho a conocer todos sus secretos, pero quizás aquella era una conversación que debían mantener en privado. Al final, decidió tampoco tenía que disculparse por ello.
—Antes de salir cogí mi diario de verdad. Y no, nadie más va a leerlo, solo yo —advirtió—. Veamos… mi última entrada es bastante parecida a lo que escribí en el otro diario. Fue el día que terminé todos los deberes que nos han mandado para las vacaciones y salvo por la visita de Shampoo no veo nada fuera de lo normal…
—¿Omitiste algo en tu diario falso? —se interesó Cologne—. Cualquier cosa podría servirnos ahora mismo…
Akane, para su eterna desdicha, sintió que se sonrojaba.
—Oh, por supuesto que omitió algo —comentó Ukyo, levantando las cejas sugerentemente—. Ranma, eres un chico con suerte…
Ranma barboteó algo ininteligible.
Akane se removió, incómoda, y dijo:
—En realidad, Ranma no tiene nada que ver. Después de que se fuera Shampoo estaba… molesta, así que me pegué un atracón de bombones justo antes de irme a dormir.
—¿Bombones? —dijo Ukyo. Una arruga se le había formado en la frente—. ¿De dónde los sacaste? No me digas que te los dio Shampoo…
—No, no. Bueno —Akane tragó saliva y no se atrevió a mirar a Ranma—, ¿me los dejaron en mi taquilla justo antes de que terminara el trimestre?
—Tú eres tonta —farfulló Ranma—. ¿Cómo se te ocurre comerte algo que no sabes de dónde ha salido?
—¡Porque eran un regalo! —protestó Akane—. La carta decía que… —calló cuando Ranma siseó un improperio—. Mira, Ranma, te guste o no, es bastante frecuente que los chicos del instituto me dejen obsequios y dulces en mi taquilla. ¡Y nunca he tenido problemas con ellos!
—¡No deberías aceptar bombones de un desconocido!
—Pero ¿qué problema hay? Son bombones, no una propuesta de matrimonio.
Ranma se puso de un furioso tono de rojo.
—¡Es como aceptar sus atenciones! —voceó.
Akane se pellizcó el puente de la nariz.
—Precisamente por esto tengo un diario falso —murmuró, exhausta.
Ukyo, quien había observado la escena en silencio, exhaló un largo suspiro.
—Por favor —suplicó con los ojos entornados—, reservaos las peleas de enamorados para después. Mientras Akane esté en mi cuerpo… no hagáis esas cosas —se estremeció—. Es perturbador.
Akane contempló la tetera de porcelana con ojo crítico. Si se la lanzaba a la cabeza, ¿se rompería? ¿O se trataba de una de esas piezas antiguas que era prácticamente indestructible?
Para su mala suerte, nunca pudo hallar la respuesta, pues Ukyo se aclaró la garganta con afección para llamar la atención de todos.
—Además —dijo—, yo también comí chocolates ese día. Me los dio Konatsu.
Inmediatamente todos se giraron para mirar al hombre kunoichi. Se había servido una taza de té y como la señora de una gran casa, lo degustaba con fruición controlada.
—¿Oh? —pronunció cuando notó que todos lo observaban. Cuando Ukyo repitió sus palabras, se llevó una mano a la mejilla y sonrió—. ¿Estaban buenos? Me los encontré en una ventana cuando fui a visitarla a su escuela, señorita Ukyo. ¿Se acuerda? Se había dejado su uniforme de educación física y…
—Sí, sí —lo interrumpió Ukyo—. ¿Cómo que «te los encontraste en una ventana»? ¿Y te atreviste a dármelos casi una semana después? ¿Tú estás loco? ¿Y si estaban pasados? O… o... ¿¡envenenados!?
Ranma abrió mucho los ojos y miró a Akane como diciéndole «¿lo ves?». Akane puso los ojos en blanco y bebió un poco más de té.
—Ukyo y Ranma tienen razón, por mucho que te pese, Akane —dijo Cologne—. El mundo está lleno de personas realmente depravadas. Es una suerte que todavía no te hayas encontrado con ninguna —le advirtió.
Akane frunció los labios. ¿Los semidioses megalomaníacos contaban como «personas»?
—Y Konatsu —dijo la anciana—, lo mismo va para ti. Sin saberlo, podrías haberle causado mucho daño a tu amiga. De hecho, podría decirse que eres cómplice indirecto de lo que le ha pasado en los últimos días. Me parece que reconozco los efectos de cierto hechizo… un momento —pidió, y desapareció en su habitación por unos instantes.
Cologne regresó cargada con un pergamino de aspecto muy antiguo que desenrolló sobre la mesa que los jóvenes habían despejado para ella.
—Sí, sí. Es esto, estoy segura —dijo con entusiasmo mal disimulado mientras sus ojos se deslizaban por toda la página—. Se trata de una antigua técnica amazona que los ancianos utilizamos para castigar a las jóvenes más problemáticas que no se llevan bien. Somos una tribu de guerreras —explicó—, pero por encima de la rivalidad y las luchas de poder, es imprescindible que exista un profundo vínculo de hermandad entre todas nosotras. Debemos mantenernos unidas ante las amenazas de otras tribus y… ante cualquier amenaza —se corrigió.
Mientras hablaba, Akane notó que acariciaba con los dedos torcidos por la edad los símbolos chinos que se habían escrito siglos atrás. Akane reconoció algunos, pero no todos, y sin duda no los suficientes como para entender de qué trataba el texto.
—Es un hechizo —respondió Cologne cuando Akane le preguntó con suavidad qué se suponía que tenían que estar viendo—. Su objetivo es conseguir que las personas implicadas sean capaces de comprenderse la una a la otra, y por qué son como son. Por lo general, solo lo utilizamos en casos extremos en los que las dos muchachas se llevan realmente mal y las cosas no pueden solucionarse solo con encerrarlas en una misma habitación. No tengo ni idea de lo que pretendía el que lanzó el hechizo. Hay algo muy extraño en todo este asunto…
Cologne leyó en chino algunas de las instrucciones. A Akane le pareció oír los términos «tierra de un templo sagrado» y «agua de lluvia recogida en un cementerio», aunque no podía estar segura.
—¿Habéis notado algo raro desde que estáis juntas? —inquirió con urgencia la anciana poco después—. ¿Mareos? ¿Temblores?
Las dos chicas asintieron al mismo tiempo.
—Es tal y como esperaba… No sois unas chicas que os llevéis especialmente mal —aclaró—. Cuando os desmayásteis, fue porque vuestras almas, o vuestras conciencias, querían volver al lugar al que pertenecen de forma intuitiva. El hechizo no tiene demasiado trabajo que hacer con vosotras, así que es débil… —asintió—. Lo más seguro es que se rompa solo en poco tiempo. Aunque, si queréis acelerar el proceso, os puedo decir qué tenéis que hacer.
Por supuesto que querían. Cologne no tuvo que preguntárselo dos veces.
—El objetivo del hechizo es fomentar la empatía entre las personas involucradas… que se entiendan. Para volver a vuestros cuerpos, solo tenéis que encontrar algo en común entre vosotras dos. —dijo Cologne.
Dio un golpe seco con su bastón y sonrió con los labios apretados.
—Puede que encerraros en una habitación no hubiese funcionado si fueseis cualquier otra persona y un poco más testarudas, pero creo que en esta ocasión es justo lo que necesitamos.
A/N: Gracias por los follows y favoritos que habéis dado desde la última vez! Espero que todos estéis bien y que perdonéis la tardanza con el capítulo: la búsqueda de trabajo y mi (afortunadamente) posterior incorporación a un trabajo nuevo me ha quitado el tiempo y las ganas de escribir. Espero poder subir un capítulo nuevo (el último de esta historia antes del epílogo) la primera semana de diciembre, pero no prometo nada.
A mis reviewrs invitados:
Night37: Muchas gracias por tu comentario ^^ La verdad es que yo creo que el amor se demuestra más que con grandes gestos, con los pequeños detalles con los que me gusta salpicar esta historia.
CARO: Síi!
Teuton: Espero que te haya gustado el capítulo. Y ¿Kasumi sabía lo de Ryoga? ¿Desde cuándo? Se me debe haber olvidado porque hace mil años que me leí el manga o vi el anime.
Alexandraaa: Sorry, esta vez he tardado un poco. Espero poder volver a actualizar en un par de semanas pero... quién sabe.
Manu: Gracias por tu comprensión. Quizás pronto alguien se anime a escribir algo así.
Recordad que mi cuenta de IG es ma_gonaz97.
