Vaso; calma

Su gato de felpa es pequeño, el cabello hasta los hombros fue recogido por coletas; tiene ojos grandes y azules, brillantes por la poca luz matutina, es pequeña y aún así puedo olfatear el aroma dulzón que tiene impregnado en su ropa, tiene el rostro pequeño y hasta tierno. Ha estado lloviendo, así tiene sus botas amarillas un poco humedecidas.

— ¿Eres buena persona? —dice apretando a su gato en sus pequeñas manos.

—Algo así —digo. Trae consigo una pequeña mochila amarilla con forma de pato y sigue parada en la entrada de mi departamento balanceando su peso en sus pies—. ¿No vas a entrar?

— ¿Puedo?

—Se supone que sí —No muy segura, entra como si el piso se fuera a derrumbar con su peso, sería hasta cómico si yo le tuviera paciencia a los niños—. Sólo entra y quítate las botas, no quiero agua en mi piso.

Dios, por favor que no me arrepienta de esto.

Hanji había dicho que dejó a la niña frente al elevador y le dio indicaciones del número de mi departamento, ella llegó a los minutos tocando la puerta con sus diminutas manos. Según Hanji, no podía subir a dejarla personalmente porque no tenía tiempo.

Ella entra y se queda parada en el pasillo después de quitarse las botas. Hay varías ocasiones en las que tengo que apurarla a que haga ciertas cosas, como sentarse en el sillón y sacar su cuaderno de dibujos, ¿al menos le explicaron que hacía aquí?

Lo que decía Hanji es cierto, es bastante tranquila o no sé si se deba a que está en un espacio desconocido, al menos una hora se mantiene entretenida dibujando, pegando papelitos y cantando.

—Señor, ¿por qué usted no huele a nada? —dice mientras yo reviso correos de la empresa.

—Soy Beta —digo con algo de desprecio, ella parece notarlo.

— ¿Eso es malo?

No le contesto de inmediato, porque para mí a veces es una molestia ser un Beta que puede percibir los aromas de Omegas y Alfas. Además de lo aburrido que es tener una vida donde parece que nada va a cambiar.

— ¿Tienes hambre? —digo cambiando de tema.

—Hanji me dijo que no lo molestara.

—No me molesta, si tienes hambre puede prepararte algo —Parece algo apena y no dice nada. Soy yo quien termina hirviendo leche y al menos dándole un plato de cereal con algo de pan; lo devora como si no hubiera comido en días.

Parece tomar más confianza, contándome de sus dibujos y de historias que le han contado en la escuela, como sus aventuras en los campamentos de verano que ha tomado. Los documentos y archivos dejan de tener importancia cuando me dice que hace un año encontró un fantasma en su cajón de calcetines, pero que se ha hecho su amiga después de darle algo de comida y dulces, así no se llevaba sus calcetines dejándolos impares.

—Quiero una mascota, pero me dejan —hace un puchero apretando sus crayolas—. Pero tú tienes gatos. Lo sé porque tu ropa tiene muchos pelitos.

Me miro por inercia la ropa, y tiene razón. Momentos antes de que llegara he encerrado a Armin en mi habitación y al hámster lo dejé dentro del closet para que no fuera comido junto con las pequeñas bestias. Es lista, más de lo que creía.

— ¿Dónde está? No lo he visto.

Suspiro. Igual no creo que conocer a Armin vaya a ser malo.

—No lo abraces mucho, no le gusta la gente nueva —Sus ojos se llenan de brillo cuando dejo salir a Armin de habitación, casi corre hacia con él y yo temo que lo abrace y Armin la arañe, en cambio él olisquea y se deja hacer por ella tanto como quiera; es la primera vez en años que veo a mi gato ser compatible con una persona nueva, incluso parece un gato mimado. Maldito traidor.

Me sorprende la buena química que tiene con Armin hasta el grado de hacerle un moño de papel rosa y llenarse la ropa de pelos de gato. No creo que a él le guste verla así.

Cuando Armin se duerme en sus piernas, ella parece encantada de haber venido a mi hogar. La tención y silencio de un inicio ahora es remplazada por risas y sus platicas de ella queriendo ir a conocer el bosque, sin querer le digo que he salido de campamento hace bastante y que conozco un lindo bosque con ríos y muchos pájaros.

Tiene unos bonitos ojos, brillantes que expresan muchas emociones con una mirada; todo lo contrario a los de él.

Muchas veces cuando la escucho cantar, lo termino recordando de una manera casi hasta obsesiva, llega el punto en que estoy atento a cualquier cosa que hace para ver si puede escudriñarme otro recuerdo.

No lo nota, pero tiene una bonita sonrisa.

—No me has dicho tu nombre —dice, tirando de un costado de mi ropa, ¿Cuándo se acercó tanto? —. ¿Cómo te llamas?

—Eren.

—Mucho gusto, Eren. Yo soy Jack —dice estirando su pequeña mano para tomar la mía, la acepto y ella sonríe aún más—. Tus manos son calientitas.

—Y las tuyas muy pequeñas.

—Soy una niña, claro que son pequeñas. Papá me ha dicho que nací de una estrella, y que por eso a veces están frías

— ¿Tu padre te dijo que venias de estrella? —No es para nada su estilo.

— ¡Sí!, incluso a veces papá- —se calla de golpe, como si acabara de cometer un grave error—. Se Supone que no debo hablar de él.

Se queda callada e incluso incomoda. Toco su pequeña cabeza y ella respinga, parece un cachorro regañado.

— ¿Quieres jugar?

— ¿Tienes juegos? —pregunta y de nuevo su rostro se llena de brillo.

No tengo juegos, pero con algo de imaginación ambos ocupamos las almohadas y los cojines de la sala para hacernos un fuerte y comenzar con una guerra de almohadas. Pero no solo es una guerra cualquiera, es LA guerra del general Jack contra Eren Jeager que quiere destruir el mundo.

Sus risas inundan todo el lugar y en ocasiones logra derrumbarme golpeándome con las fundas de las almohadas, solo una vez logra darle a Armin antes de que este salga corriendo.

Muchas veces se queda escondida entre el desastre que hemos hecho en la sala, no sé en qué momento las sabanas, las sillas y la mesa pasaron a formar parte del juego y de su fuerte. Todo se vuelve un desastre en el departamento, lleno de diamantina, risas y hasta caluroso por el juego.

Cuando el celular me vibra en el bolsillo, termino saliendo a hurtadillas al balcón sin que ella me vea. El cielo se ha oscurecido en algún momento. Historia me pide indicaciones de papeleo que me lleva al menos media hora resolver por el teléfono, agradezco mucho que sea buena entendiendo instrucciones; al volver dentro del departamento y verificar que Jack sigue bien, la descubro hecho ovillo sobre un cojín, abrazando a su gato de peluche y rodeada de papelitos que sacó de quien sabe dónde, se ha quedado dormida.

Hanji es la siguiente que me marca, viene en camino para recogerla, para cuando llega, Jack ya se ha despertado y come de nuevo cereal con galletas de chocolate.

—Gracias por cuidarla —dice agitada, como si acabara de correr un maratón.

—Fue entretenido —digo—. Tienes razón, es una linda niña.

—¿Ya me tengo que ir? —dice Jack, apretando su mochila a su pecho.

—Sí, tienes que volver con Hanji y con tu padre —digo.

—Te voy a ver otra vez, ¿verdad? —casi parece querer romper a llorar si digo que no.

—Jack, Eren tiene cosas que hacer y seguro está ocupado —Ella comienza a lagrimar quedito, como un ratona asustado, casi me recuerda a Annie cuando está asustada por Armin.

—Pero…

—Seguro que te vuelvo a ver —digo—, mientras tienes que cuidar bien a Newton.

No se queda conforme, pero igual acepta abrazando más a su gato.

—Llámame si quieres que la cuide —digo. Hanji me mira como si estuviera en otro planeta—. Es una linda niña. Si no la cuida o la veo llorar, lo va a lamentar.

Gracias por leer!!

-Leeren-