¡Feliz San Valentín!... de antemano.
Por las fechas especiales en las que andamos -y me refiero a las mesas de exámenes, no esta cosa-, decidí que sería buena idea dejarles un capitulo, en especial a todos aquellos que, como yo, seguramente pasaran el 14 de Febrero amargados, solos y estresados. Aquí les va un poco de mi amor, hermosos.
Sin agregar nada más, nos vemos luego, mis Grandes Héroes~
Mes de Cuarentena V – Entre marcas de amantes y hermanos
Hiro frunció el ceño cuando un rayo de sol dio de lleno en su rostro, y aunque los días anteriores había estado despertando bastante temprano por ese mismo motivo, no pudo ignorar la sensación general de su cuerpo de que había dormido demasiado.
Lo siguiente que no pudo ignorar fue el entumecimiento de todo su cuerpo cuando trató de moverse, y el desconcierto por ello lo inundó de inmediato.
Al menos, hasta que las imágenes de la noche anterior lo golpearon con fuerza y debió abrir los ojos de par en par. A duras penas logró reprimir un grito de espanto, aunque sí se le había escapado un jadeo.
Se incorporó con cautela, rastreando sobre la cama deshecha y vacía algún rastro de su compañero, pero se hallaba completamente solo… a excepción de un paquete de mentas abierto por un extremo.
Adicto a las golosinas como era, no sintió remordimiento mientras se robaba una, inspeccionando la otra cama en la habitación, pulcramente tendida, como si nadie hubiera dormido allí. Las ropas del suelo también habían desaparecido.
No pudo evitar que cierta desilusión se apoderara de él al descubrir que, de hecho, en realidad había sido dejado solo la mañana luego de su primera vez. Se sintió pequeño, solo y usado por un instante.
-Vaya, no escuché cuando despertaste – al menos hasta que la cálida voz de su hermano llegó hasta él, clara y amable como siempre, y Hiro dio un respingo antes de volverse a él. Tadashi, vestido y con una bandeja llena de fruta y dos vasos, le miraba con una expresión relajada en una pequeña sonrisa, igual que cada día ‐. No quería molestarte, pero supongo que la licuadora fue muy ruidosa.
Hiro tragó saliva cuando el mayor se acercó a dejar la bandeja en la mesa junto a él. Se cubrió un poco más con las sábanas, consciente de que estaba completamente desnudo debajo de ellas, y luchó por pensar algo que decir. No había nada en el lenguaje corporal de Tadashi que delatara incomodidad o vergüenza, de hecho, no había nada en él que indicara que algo extraño había ocurrido durante la noche.
Con algo de pena, Hiro consideró que tal vez su hermano prefiriera hacer de cuenta que lo ocurrido la pasada noche nunca había sucedido, y aunque le doliera, entendería si ese era el caso. Se devanó los sesos pensando en la forma menos comprometedora de comenzar una conversación.
‐No… No, fue el sol -soltó lo primero que le vino a la mente, y Tadashi miró la cortina que había deslizado sobre el vidrio. Hizo una mueca antes de estirar un brazo sobre la cama y abrirla un poco.
-La cerraré mejor la próxima -aseguró, y Hiro trató de pensar otra respuesta mientras estrechaba los ojos por la luz del lugar.
Aunque no necesitó seguir pensando cuando el mayor se sentó a su lado y, sin esperar ni un instante, dejó un suave y duradero beso sobre sus labios entreabiertos.
Hiro se estremeció, con los ojos abiertos en una expresión de perplejidad que le sacó una risa al mayor cuando se apartó un segundo, solo para tomar con delicadeza su mejilla y atraerlo a él para profundizar el beso con movimientos lentos y apasionados. Hiro cerró los ojos cuando sintió la lengua cálida de Tadashi contra la suya, y se estremeció mientras una mano aventurera descendía por su espalda.
Cuando se separaron unos centímetros, Hiro ya no sentía la menta en su boca y Tadashi hizo crujir algo entre sus dientes, sin apartar su mirada divertida del menor.
-Tenemos que hablar de tu obsesión con los dulces.
-Lo mismo con tu obsesión por tenderme trampas -refutó el chico con una sonrisa, y Tadashi solo se la devolvió, antes de girarse y llevar la bandeja rebosante en fruta fresca al espacio entre ellos.
Más tranquilo, pero aún sin saber muy bien cómo comportarse, Hiro tomó una uva antes de recostarse sobre las almohadas y llevar su mirada al exterior, donde, inequívocamente, el sol indicaba que era casi hora de almorzar.
-Vaya… -murmuró, mientras trataba de imaginar qué explicación darían al resto.
-No te preocupes, les dije que discutimos anoche –lo calmó el mayor, adivinando el pensamiento de su hermano, antes de dar un sorbo a su licuado. Hiro lo miró con curiosidad y un poco de pánico, y Tadashi se encogió de hombros -. Fue lo único que se me ocurrió, y creo que se lo creyeron… bueno, aunque Fred parecía dudar, y por algún motivo Gogo cree que molí a golpes a un irresistible dj que se atrevió a tocar a mi hermano…
Hiro se ruborizó ante la mirada cargada de significado que le dedicó, aunque no pudo evitar encontrar aquello algo divertido. Trató de ocultar su sonrisa detrás de la primera fruta que encontró.
-Que extraño -dijo, con la boca llena de sabor a plátano. El más dulce que nunca hubiera probado.
Tadashi sonrió con malicia, luchando con todas sus fuerzas por ignorar la forma en que esos rosáceos labios envolvían con delicadeza la fruta. En lugar de ello, llevó su mano hasta el rostro ajeno y deslizó un revuelto mechón tras su oído. Se regocijó en el estremecimiento que recorrió al chico, aunque trató de ponerse serio para volver a hablar.
-De verdad lamento todo esto -murmuró, dejando una caricia en la mejilla del chico, ganándose una mirada expectante pero apenada -. Te hice pasar un momento horrible, y después ni siquiera me detuve a escucharte…
Hiro se ruborizó y apartó la mirada mientras masticaba nuevamente. No sabía qué era lo que abarcaba el lamento de Tadashi, si lo de Dakota, o su noche juntos también. Y a esas alturas no tenía ya ganas o paciencia para quedarse con las dudas.
-¿Te arrepientes también de anoche? -preguntó por lo bajo, antes de dar una perezosa mordida a la fruta. Cualquiera fuera la respuesta, las cosas no se sentían tan pesadas ahora, y de igual forma debería aceptarlo.
En un movimiento juguetón, Tadashi se acercó a él hasta estar casi pegado, y Hiro se estremeció cuando una mano juguetona se deslizó hasta sus muslos bajo las sábanas.
-Tan arrepentido que estás a una mordida más de que te lo haga de nuevo todo el día. – ronroneó junto a su oreja, y Hiro tragó el plátano de golpe, casi ahogándose en el camino. Cuando volteó a verlo, descubrió con incredulidad la mirada entre divertida y pícara que la noche anterior había aprendido a conocer tan bien.
Y aunque una parte de él estaba encantado con la idea, la otra, más infantil, se removió con nerviosismo cuando las yemas ajenas ascendieron lentamente por su piel. Sus alarmas se activaron en cuanto un dolor sordo se deslizó por su espalda al intentar apartarse.
-Tadashi, yo…
-¡Tadashi, Hiro! ¿Están listos? – el grito alegre, acompañado por unos golpecitos cantarines en la puerta, hizo que los dos hermanos dieran un respingo. Al otro lado, Honey volvió a hablar -. Hay que llegar al parque acuático antes de que se hagan colas.
Hiro miró en pánico a su hermano, y Tadashi solo le dedicó una sonrisa coqueta mientras seguía acariciando su piel.
-¡Claro, sólo espera que Hiro acabe! – rio, y Hiro agradeció no estar comiendo nada o en verdad se habría atragantado ante el descaro de su hermano y el claro doble sentido de esa frase.
-¡Ya acabé, ya acabé! -exclamó, y Tadashi solo pudo echarse a reír al ver la destreza con la que saltaba de la cama, poniéndose fuera de su alcance, solo para quedarse rojo como una brasa al recordar que, pequeño detalle, estaba completamente desnudo.
Recogió su traje de baño y su mochila antes de perderse en el interior del baño, aún escuchando las carcajadas del mayor. Pero cuando la puerta se cerró y pudo tener un momento para sí mismo, una tonta sonrisa se coló en sus labios, y un revuelo de nervios se apoderó de su estómago. Estaba estúpidamente feliz, pero cómo no estarlo cuando por fin las cosas iban bien y Tadashi parecía aceptar sus sentimientos y compartirlos incluso.
Siguió pensando en el mayor mientras se deslizaba como si caminara sobre nubes hasta el lavabo, sonriendo.
Al menos, claro, hasta que vio su reflejo en el espejo, y toda la felicidad de su expresión fue reemplazada por un gesto de incredulidad, antes de pasar a la absoluta molestia.
-¡Tadashi!
Cuando bajó junto a sus amigos unos veinte minutos después, se encontró a las chicas hablando animadamente mientras terminaban de subir unos bolsos a la lancha, a Wasabi cargando unas neveras, y a Tadashi, maldito fuera, mirándolo con suficiencia desde el vehículo aparcado.
Por un segundo deseó que se hundiera en lo más profundo del mar.
-¿Qué te pasó? – preguntó Gogo, y Hiro tragó saliva, sin saber exactamente qué contestar para explicar la vendita que cubría su cuello, allí donde, por dos noches consecutivas, el bastardo de su hermano se había dedicado a dejar una marca que difícilmente se borraría en días.
-Yo…
-¡Maui!, ¡Aquí hay más refrescos!
Era una suerte que Fred siempre estuviera ahí para salvarlo.
-Ya deja de llamarme así-exclamó Wasabi, indignado, aunque una pequeña sonrisa le traicionó cuando el inquieto rubio llegó junto a él.
-Como digas – murmuró, antes de subir él mismo a la lancha y encender los motores - ¡Solo sé decir De Nada, por el mar, el cielo, el sol!
-Si no fuera el único que sabe mover esa cosa, te juro que lo ahogaría apenas estemos en altamar – gruñó Gogo, antes de voltear a ver a su rubia amiga, que tarareaba la canción despreocupadamente- ¿Es broma?
-Oh, vamos. Es pegadiza – se defendió la latina, antes de subirse a la lancha y hacer señas al chico para que las siguiera.
Hiro suspiró, agradecido con la oportunidad de inventar una excusa creíble.
Cuando llegaron al parque, lo primero que Hiro experimentó fue un ligero vértigo al ver la altura de los gigantescos toboganes que se elevaban sobre las piscinas. Lo siguiente, una abrumadora desesperación por subirse a alguno y estar hasta el cuello de agua, algo extraño viniendo de alguien que había vivido toda su infancia junto al Golden Gate.
Aunque, claro, no había punto de comparación.
El grupo se deslizó lentamente por los espacios con menos gente, y Hiro se sorprendió de que en realidad no hubiera tantas personas aún. No tuvieron que esperar mucho antes de encontrar un espacio agradable sobre el césped, y se turnaron por grupos para que el resto se alistara en los vestidores.
Hiro miraba con calma a la gente a su alrededor mientras esperaba a que Tadashi y Fred volvieran: había varios grupos de chicas a su alrededor, al igual que familias y niños que corrían por todos lados, el olor a crema y cloro llenaba el lugar, y por todos lados las risas y el sonido de los chapoteo llenaba el aire. Solo pocas veces antes había estado en un parque así, uno pequeño cerca de la ciudad, y había estado molesto la mitad de las veces porque Tadashi siempre lo empujaba por los toboganes más altos cuando él no estaba listo. Rio, preguntándose si aún podían hacer esas cosas juntos, como hermanos.
La conversación del grupo había pasado a segundo plano cuando las chicas comenzaron a hablar con Wasabi sobre el factor de protector solar más beneficioso para cada piel, y en especial cuando el moreno comenzó a sacar al menos diez tipos distintos de una de sus mochilas. Fue entonces cuando Hiro sacudió la cabeza con resignación y se giró a ver la dirección en que estaban los vestidores.
Y entonces solo pudo bloquear un momento, asombrado, cuando lo primero que sus ojos detectaron fue la figura de su hermano acercarse entre la multitud, y fue todo lo que necesito para sentir su cuerpo removerse, inquieto y necesitado una vez más.
Si Tadashi lo había dejado sin aliento la noche anterior, Hiro como mínimo estaba a punto de salivar al verle a la luz del sol: la piel usualmente pálida adquiría un brillo acaramelado durante el día, el cabello oscuro relucía como tinta, y los anchos hombros y la musculatura firme y marcada eran una delicia a la vista, aún cuando Tadashi caminaba relajado, riendo y conversando con Fred sobre algo muy probablemente nerd.
Aún obnubilado como estaba, Hiro no tardó en notar que no era el único al que la figura de su hermano había llamado la atención: a su alrededor varias chicas, e incluso algunos chicos, voltearon a ver al mayor con curiosidad y otro tipo de intensiones más que evidentes. Hiro se removió con molestia, tratando de ignorarlos, aunque reconocía que no podía culparlos, Tadashi era fuerte, alto, atlético y asiático -al menos en ascendencia-; era una mezcla ganadora difícil de ignorar.
Lo que tampoco podía hacer era una escena de celos. No tenía derecho, y si lo hiciera sin dudas más de uno los miraría horrorizado.
Así que como pudo, apartó la mirada y trató de centrarse en la charla de las chicas, que hablaban de algún tipo de maquillaje, y le pareció hilarante la forma en que Wasabi las miraba con completo interés.
Sin embargo, fue Tadashi el que se colocó de pie frente a él, y Hiro alzó la mirada con curiosidad al ver la mano que le tendía. Se puso en pie con su ayuda, tratando de ignorar el hormigueo que recorrió su cuerpo ante la cercanía del otro.
Tadashi sacó algo de su mochila antes de dejarla caer al suelo, y Hiro alzó una ceja con curiosidad al ver la botella de protector solar.
-Ya te estás ruborizado – soltó como toda explicación el mayor, vertiendo un poco en su dedo, y Hiro no pudo evitar reír al ver a su viejo y sobreprotector Tadashi en acción.
Tampoco pudo evitar picarlo.
-Siempre listo para todo, ¿Eh? – murmuró, y el dedo se detuvo a centímetros de su piel. Los ojos del mayor buscaron su mirada divertida.
Por toda respuesta, obtuvo una sonrisa cómplice de su hermano, y una cara embarrada en protector solar. Por una vez, Hiro se dejó hacer mientras los dedos del mayor recorrían su rostro, distribuyendo cuidadosamente el producto, reforzando en nariz.
Cuando creyó que había terminado, Tadashi deslizó lentamente su índice por sus labios, una caricia que pasaría desapercibida a cualquiera, y que bastó para que el cuerpo del chico se estremeciera, recordando los besos de la noche anterior. Y al alzar la mirada, Hiro debió reprimir un segundo estremecimiento al reconocer las pupilas dilatadas por la excitación.
De forma extraña, aún cuando sabían que estaban rodeados de personas, sus miradas tenían la intensidad suficiente para aislarlos del mundo.
Al menos, hasta que alguien chocó con su hermano, y su conexión se rompió.
En lugar de ella, Hiro se encontró de golpe con la imagen de Tadashi sosteniendo delicadamente a una chica desconocida contra su cuerpo. Una chica desconocida, voluptuosa, morena y hermosa que le miraba con ojos de carnero degollado, para exasperación del menor.
-Lo siento, estaba caminando distraída y creo que mi taco se dobló- explicó, un tono delicado y armonioso que le hacía ver aún más bonita, y Hiro de inmediato reparó en que estaban lejos de las vías de paso y que la chica llevaba sandalias.
-Tranquila, está todo bien – la calmó Tadashi, en su tono tan amable y caballeroso, mientras sonreía y ayudaba a la chica a ponerse en pie de forma correcta. Era claro que él también había notado el detalle de que ella solo estaba fingiendo -. ¿Estás bien?
Entonces, ¿Por qué le preguntaba?... ¿¡Y por qué demonios la dejaba sostenerse así de su pecho!?
-Sí, lamento interrumpirlos ‐ sólo entonces reparó en Hiro, que con el rostro cubierto de protector y el cabello alborotado se forzó a poner una expresión amable -. Oh, tu hermanito es una ternura -comentó con demasiado énfasis, y Hiro debió ocultar tras una sonrisa las ganas que tenía de darle una mordida a la mano que ahora recorría su cabello como si fuera un perro.
-No te preocupes – soltó, apartándose disimuladamente y a nada de rechinar los dientes -, pero si te duele deberías ir a revisar tu tobillo.
Tadashi asintió, ignorando el brillo desilusionado en la mirada de la chica.
-Tiene razón, no es seguro caminar por aquí con un esguince – secundó -. Puedo llamar a uno de los guías para que te acompañe si quieres.
Hiro estuvo a punto de echarse a reír al ver el pequeño puchero de la chica.
-Está bien, no te molestes- murmuró, dedicándole una pequeña sonrisa, antes de separarse un poco -. Supongo que me quedaré quieta hasta que se me pase.
Y justo cuando Hiro estaba celebrando su partida, Tadashi habló, dejándolo boquiabierto.
-Déjame acompañarte, puedes caerte otra vez.
Y en su cara, como si nada, envolvió la cintura desnuda de la chica -que lo veía tan perpleja como él, pero ciertamente satisfecha- para ayudarla a enderezarse. Hiro sintió como algo se removía con furia en su interior al ver cómo ambos se encaminaban lentamente hacia un grupo de chicas que, indudablemente, sonreían con complicidad ante una compañera que atrapaba a su presa.
No entendía el nudo en su garganta, y menos aún el escozor tras sus párpados. No sabía que hacer con esa presión en su pecho, y no podía dejar de ver en la dirección donde Tadashi reía y conversaba con esas mujeres.
Al menos hasta que alguien empujó el agarre de su mochila en su mano y, envolviéndolo con un brazo, lo condujo entre la gente en la dirección opuesta al grupo, hacia los vestidores.
-No te preocupes, él solo está siendo amable… aunque es un idiota – murmuró Gogo a su lado, y Hiro abrió los ojos de par en par, en pánico, al entender a qué se refería.
Tragó saliva, y sin saber qué hacer llevó su mirada en otra dirección, esperando disimular su nerviosismo, que ya se manifestaba como palpitaciones y sudor frío en su nuca.
-No sé a qué te refieres.
-Claro que lo haces, no te hagas el tonto – Gogo sonaba relajada, casi indiferente como siempre, como si no estuvieran hablando de sus celos incestuosos -. No tienes que preocuparte por mí… ni tampoco por él, en realidad no sabe lo que hace.
Y aunque estaba aterrado por ser descubierto, y con la boca seca por los nervios, las palabras de la coreana fueron consuelo suficiente para que la presión en su pecho desapareciera, aunque no su molestia.
En lugar de pensar en ello, decidió sacarse la duda de una vez.
-¿Desde cuándo sabes?- preguntó quedamente. Le daba vergüenza porque aquella pregunta esclarecía cualquier duda que Gogo pudiera tener.
Ella explotó un chicle antes de contestar.
-Desde anoche. Quise ver que no se estuvieran matando, y escuché un poco del comienzo…- Hiro se ahogó con su propia saliva ante la confesión despreocupada de la chica, y ella lo miró con diversión- Lo siento, supongo.
Hiro aún necesitó respirar hondo para no desmayarse por la vergüenza, sintiéndose un poco mareado y apenado al saber que su amiga los había escuchado en una situación tan delicada.
Un instante después, se giró a verla con indignación.
-¡¿Entonces sabías lo de la venda?! – exclamó, con la voz aguda y ultrajada. Por toda respuesta, Gogo se echó a reír -¡¿Y por qué preguntaste frente a todos?!
Ella volvió a explotar un globo, encantada.
-Y volveré a hacerlo, así que inventa algo rápido – se burló, antes de desaparecer en dirección a los vestidores de mujeres.
Hiro aún estaba en shock cuando se deslizó por el largo pasillo que conformaba los vestidores de hombres y se metía en la primera puerta azul desocupada que encontró. A decir verdad no tenía mucho que hacer allí, sólo guardar su camiseta en la mochila, pero agradecía la intimidad en ese momento, y ni siquiera por los motivos correctos, como la sorpresa de que Gogo supiera de su situación con Tadashi.
Por el contrario, era la excusa perfecta para no verlo. No sabía qué expresión poner cuando volviera de ese grupo, no sabía cómo disimular su molestia o sus celos.
Se sobresaltó al escuchar el picaporte de la puerta moverse.
—Está ocupado — gruñó, molesto, y continuó sacándose la camiseta negra. Estaba enredado en ella cuando sintió un cuerpo duro pegarse al suyo, y se estremeció cuando unas manos cálidas envolvieron su cintura.
—No sería la primera vez que te veo cambiarte.
—Tadashi, largo —gruñó, aún resentido con él. Pero bastó un beso sobre la venda que cubría su cuello para ponerlo alerta.
—¿Cómo explicaras esto? —ronroneó, rozando con la punta de su dedo la fina tela que cubría la marca que había dejado allí la noche anterior. Hiro se ruborizó, pero trató de mantener la calma mientras doblaba su camiseta. Demasiado tarde, se maldijo: él nunca doblaba su ropa.
—Me corté al afeitarme —murmuró, soltando lo primero que se le vino a la mente, bastante satisfecho con la excusa en realidad. Sin embargo, la carcajada de Tadashi le hizo fruncir el ceño —¿Qué?
—Nada, nada — negó, aún sonriente —. Una excusa graciosa si se sabe que no te afeitas.
Hiro, que aún esperaba que sus folículos entraran en acción y sentía la ausencia de barba como una mancha en su virilidad, le fulminó con la mirada.
—Claro que me afeito— mintió, mirándolo con molestia por encima del hombro.
Tadashi le devolvió la mirada divertida, aunque había en ella un aire pícaro que puso en guardia al menor.
—Hiro, eres completamente lampiño — sentenció, y el chico se removió incómodo.
—No es cierto.
—Puedes mentirle a cualquiera, pero no a alguien que te besó entero anoche — afirmó, y mientras disfrutaba de ver como su hermano se quedaba de piedra y se ruborizaba ante esas palabras, llevó su mano hasta la vendita, retirándola suavemente antes de Hiro pudiera detenerlo.
No podía explicar qué era, pero algo muy dentro de él se regocijaba al ver la marca que había dejado en la piel de su hermano, y aún ahora se preguntaba cómo había logrado refrenarse y no dejar más de esas marcas en su cuerpo.
De hecho, mientras bajaba la mirada por la piel ligeramente dorada por el sol, frunció el ceño. Ignorando por completo la reprimenda que Hiro le estuviera dando, Tadashi sólo podía pensar en cuánto quería morderlo.
—¿Cuántas de esas vendas traes? — preguntó, cortando al chico, y no se molestó en ocultar las intenciones en su tono o mirada, dejando a Hiro extrañado.
Fue solo cuando le dio la vuelta por completo y acercó su rostro al suyo que comprendió lo que su hermano estaba pensando.
Oh no, claro que no.
No cuando sus amigos le volverían loco a preguntas.
No cuando su piel quedaría llena de espacios en blanco por no quemarse bien.
Y definitivamente no cuando Tadashi se la pasaría sonriendo a cada chica que le hablara, como si él no estuviera ahí.
—¿Y cómo le explicarás a esa chica que tu tierno hermanito aparezca lleno de venditas?
Demasiado tarde se dio cuenta de lo que acababa de decir, y comenzó a entrar en pánico cuando Tadashi abrió los ojos de par en par, confundido.
Un segundo después la resolución y cierta sorpresa brilló en sus ojos.
—¿Estás... estás celoso? —exclamó por lo bajo, y Hiro se ruborizó, indignado al ver la diversión en sus ojos.
Trató de apartarlo, pero Tadashi solo necesitó dos movimientos para alzarlo en su cadera e inmovilizarlo contra la pared. El único motivo por el que no estaba gritando de rabia en ese momento, era porque era consciente de que había gente en los otros vestidores.
Luego, fue porque sin duda no podría gritar con la boca de Tadashi pegada a la suya.
Y es que aunque una parte de Tadashi estaba satisfecha con el hecho de que pudiera devolverle a Hiro el mal rato que había pasado al verlo con aquel dj en las montañas, aún cuando disfrutaba de saber que el otro era capaz de ponerse celoso por su culpa, debía admitir que lo que más feliz le ponía era el que, en realidad, Hiro ni siquiera estuviera prestando atención a otras personas.
Porque aunque en un comienzo había estado riendo a su costa con aquella chica, consciente de la molestia en la mirada de su hermano, no pudo reprimir un ramalazo de celos cuando había tocado con tanta familiaridad su cabello y había dicho que era tierno. Él ya sabía que Hiro era tierno, y también era completamente suyo.
Si había acompañado a la chica hasta su lugar, era solo porque había temido que en cualquier momento ese sonriente pero molesto Hiro se ofreciera él mismo para llevarla, no tanto por el impulso amable que cualquiera podría creer.
A decir verdad, era un tonto rematado cuando se trataba de Hiro.
El chico se resistió entre sus brazos por unos momentos, pero no tardó en abrazarse a él en cuanto lo presionó aún más contra la pared, jadeando con suavidad y abrazando sus caderas con las piernas. Pronto su boca lo recibió con la misma naturalidad de la noche anterior, y sus cálidos alientos chocaron un segundo antes que sus lenguas.
Repentinamente ansioso, soltó un gruñido antes de bajar a besar su cuello, y su vigor no pasó desapercibido por el chico.
-S-Sin marcas -le recordó, y Tadashi gruñó una vez más, frustrado.
Maldijo, debatiéndose por un segundo: lo único que sentía era un impulso desesperado por poner a Hiro de espaldas y regresar a casa. Pero a la vez sabía cuán peligroso podría ser eso en aquel lugar.
Luego de un minuto, y en un último esfuerzo por mantener la razón, se apartó del ruborizado y nervioso chico, al menos tanto como le dejaba el reducido espacio. Hiro lo miró a los ojos, con la misma mezcla de necesidad y resignación que, estaba seguro, se notaba en su mirada.
Tadashi sonrió al verle llevar una mano a su cuello, en el espacio exacto donde había estado a punto de dejar una nueva marca, y el brillo molesto en sus ojos.
-Vamos, si tú la pasas mal con una marca, ¿Cómo crees que la tuve yo para explicar los arañazos que tengo en la espalda? – le echó en cara con socarronería, y Hiro lo miró asombrado.
-Yo no te rasguñé anoche – soltó, completamente seguro, pero con las mejillas arreboladas.
La mirada de Tadashi adquirió un brillo pícaro, antes de darle la espalda.
-Tal vez no al final… pero esto no me lo hizo Baymax.
Y cuando sus ojos cayeron sobre la piel bronceada de su hermano, no pudo menos que dar un respingo al ver las líneas ligeramente rojizas que iban desde su columna hasta cada hombro, imposibles de ignorar aún cuando Tadashi no pareciera tan pálido como era normal.
-Y-Yo… lo siento – murmuró, en shock y con el rostro rojo como un tomate, sintiendo sus oídos a punto de estallar. Y ante la pena del chico, Tadashi decidió que ya lo había hecho sufrir lo suficiente por el momento.
-No te preocupes, de igual manera Gogo iba a encontrar alguna manera de molestarme -aseguró, y sin notar el principio de paro cardiaco que la mención de la coreana causó en su hermano menor, se agachó a tomar algo de su inseparable mochila.
Hiro apenas pudo reaccionar, lo suficiente para que el bloqueador solar no le diera de lleno en la cara. Miró al mayor con la interrogante en el rostro y Tadashi rio.
-Veamos qué podemos hacer al respecto.
Algunos minutos después, Tadashi tenía suficiente crema en la espalda como para que nadie notara las marcas, y como para que ningún rayo de sol lo tocara por todo el día. Cuando se volteó a devolver el favor, desde luego, no pudo evitar que su lado protector se apoderara de él, exagerando en las cantidades con las que prácticamente bañó a Hiro.
Pero bueno, había una pequeña diferencia.
-¡Estoy seguro que ahí no podría quemarme! -exclamó, rojo como un tomate, mientras luchaba por dejar sus pantalones en su lugar y apartar a su hermano de su espalda. Desde luego era un intento inútil, no había forma de que pudiera con la fuerza de Tadashi.
-Solo quiero estar seguro – se excusó, con una expresión seria que, de no ser por su mirada, jamás revelaría lo mucho que estaba disfrutando de sacar de quicio al chico. Hiro era encantador cuando se ponía nervioso y trataba de escapar, tan pequeño e inocente. De alguna forma, estar con él así era tan satisfactorio que ni siquiera tenía tiempo de horrorizarse por lo que hacía, con la mano dentro de sus pantalones, presionando juguetonamente una de sus firmes nalgas.
-¡Tadashi! -gritó, exasperado, y el aludido solo pudo echarse a reír entre dientes. Al menos, hasta que bajó la mirada y notó cuánto de la blanca piel ya estaba expuesta.
-Esto es algo corto, ¿No crees? – señaló, jalando suavemente de la tela negra y haciendo una mueca.
Acto seguido, nuevamente subió, más adentro de lo que había estado antes, recorriendo la suave piel. No le pasó desapercibida la manera en que Hiro se detuvo, repentinamente tenso, y Tadashi permaneció confuso por unos segundos mientras seguía ascendiendo sin restricciones.
Sin ninguna restricción…
Retuvo la respiración por un segundo.
-¿No llevas nada debajo? – su tono dejaba clara su perplejidad, y Hiro estuvo seguro de que se podría freír un huevo en su rostro en ese momento.
-N-No es una falda – gruñó, molesto. Nunca usaba ropa interior cuando iba a nadar, le era incómodo, y los trajes de baño ya tenían el soporte para eso. Era lógico.
No obstante, no parecía algo tan natural para Tadashi, que le miraba como si le hubiera dicho que iba a nadar desnudo todo el día. Al menos hasta que suspiró con fuerza y escondió su rostro entre su cuello y hombro.
-Vas a volverme loco – murmuró, y Hiro se estremeció cuando su cálido aliento recorrió su nuca.
Cuando volvieron al grupo, Wasabi alzó una ceja al ver a Hiro regresar con el rostro tan rojo como si acabara de correr una maratón, y a Tadashi con una expresión divertida, un par de pasos detrás.
Hizo una seña a Fred.
-¿Habrán discutido de nuevo? – interrogó, ganándose la atención del rubio, que siguió la dirección que le señalaba sin dejar de masticar tranquilamente un sándwich.
Pero a diferencia de su novio, Fred no pasó por alto la ligera sonrisita que curvaba los labios más rojizos de lo usual de su pequeño amigo, o la manera en que Tadashi se las arreglaba para comérselo con la mirada al tiempo que fulminaba a todo aquel que, indudablemente, considerara que Hiro era un joven atractivo y bien proporcionado y no se molestara en disimularlo.
Sonrió, anotando mentalmente el obligar a su amigo a ponerlo al corriente de la situación.
El día avanzó sin nuevos contratiempos para el grupo. Algunas chicas volvieron a cruzarse con Tadashi e incluso con Wasabi, lo que de vez en cuando generó expresiones algo evidentes de molestia de parte del dúo de adictos a los cómics, pero las cosas se calmaron cuando fue Tadashi quien, sin ser tan disimulado como esperaba, interrumpió a un grupo de chicas que se acercaron a hablar con Hiro, poniendo su mano en su hombro y acercándolo a sí mismo sin dejar de sonreír al grupo con educación.
El chico por un instante entró en pánico al pensar que estaría siendo muy evidente, pero no tardó en notar que allí nadie podía saber de su verdadera relación con Tadashi, y seguramente excusaran su parecido con que sus rasgos asiáticos los hacían similares y no un parentesco de sangre.
Con eso en mente, se sorprendió a sí mismo bastante cómodo mientras Tadashi lo llevaba del hombro por todo el parque, siguiendo al grupo de amigos que tampoco parecía notar nada raro en su cercanía.
Sin embargo, cuando entraron a la zona de juegos Hiro volvió a recuperar todo el entusiasmo característico de un chico de dieciséis años que, con un grupo de amigos demasiado adictos a la adrenalina, ardía ansioso por probar cada juego, y en algún momento entre las olas artificiales con Fred y los toboganes de agua con Gogo, perdió de vista a su hermano. Incluso pasaron varios minutos antes de que él mismo lo notara, y no estaba seguro de cuántos juegos.
De hecho, sólo lo notó con el último juego, cuando la tarde empezaba a caer y se vio solo ante unos nada consoladores cuarenta metros de caída de agua. Desde luego, solo Gogo podría llevarlos hasta allí, y hace al menos un minuto había bajado entre gritos y risas.
Algo se removió a su lado, y el encargado que llevaba todo ese minuto viéndolo con burla dio paso a un segundo para la caída.
Tadashi no ocultó su sonrisa, donde dejaba claro lo hilarante que le parecía la situación.
-Tiene que ser una broma -se burló, y Hiro le fulminó con la mirad, sin soltar la baranda sobre sus cabezas -. Has estado mucho más alto, héroe.
-Pero con Baymax -aclaró, ruborizándose y clavando su mirada en la excelente panorámica de todo el parque que tenían desde allí-, todo es más fácil encima de un robot configurado en procedimientos médicos, ¿Sabes?
Era seguro hablarlo allí, el único que podía escucharlos era el encargado del juego, que ahora miraba su celular con atención. Desde luego, solo su amiga podía ser tan suicida para subir hasta aquel lugar.
Tadashi sonrió, tranquilizador, y llevó su mano hasta su espalda.
-Está bien, podemos bajar si no te sientes listo -lo calmó, y Hiro no pudo evitar esbozar una sonrisa agradecida, al tiempo que se soltaba de la baranda, más relajado -, pero respira hondo.
Jadeó, y fue demasiado tarde: Tadashi había empujado con la mano sobre su espalda.
El encargado lo miró con curiosidad, alzando una ceja ante el agudo grito del chico que caía por el recto y empinado tobogán.
-Eso fue cruel.
Tadashi rio, encogiéndose de hombros con naturalidad.
-Hay cosas que nunca cambian entre hermanos -comentó, antes de dejarse caer él mismo con un grito de euforia y terror.
Cuando Hiro por fin emergió del agua, los oídos le pitaban por el pulso acelerado, los ojos le ardían y sentía un escozor en la garganta que le dejaba claro que no había sido una caída tan honorable como hubiera esperado. Solo pasaron unos segundos antes de que un segundo cuerpo impactara en el agua, con un grito mucho más ronco que el suyo e incluso emocionado.
¡Incluso salió del agua con una sonrisa y sacudiéndose el agua del pelo!
-No estuvo tan mal, ¿Eh? – preguntó, sonriendo de oreja a oreja, e incluso más cuando vio la expresión molesta de Hiro.
-¡Bakayaro! – exclamó, la voz áspera aún por el susto, y Tadashi se echó a reír. Hablando en japonés por la rabia, empapado y con todo el cabello negro aplastado sobre su cabeza, Hiro era lo más parecido a un gato mojado y enojado que hubiera visto nunca.
Un enojo que no mermó cuando llevó sus brazos alrededor de su cintura y lo atrajo hacia él.
-Vamos, vamos, lo siento -se disculpó entre risas, mientras el chico trataba de alejarse de él con movimientos y pataletas que se imaginó como zarpazos -. No pude resistirme, lo siento.
-Bastardo -repitió, esta vez en inglés, y Tadashi sonrió. Bajó a besar su hombro, algo rojizo y brillante por el agua y el sol.
-Tu bastardo -rio sobre su piel, antes de subir un poco hacia su cuello. Sonrió cuando Hiro se quedó quieto.
-Estamos a la vista…
-No hay nadie cerca – ronroneó, sacando un estremecimiento al chico. Era cierto, por ser la caída más alta y para evitar accidentes, ese tobogán estaba considerablemente apartado del resto y no había turistas alrededor… pero seguía siendo peligroso.
Hiro lo miró de reojo, expectante pero sin apartarse ni un poco, y Tadashi sonrió en su fuero interno al reconocer el anhelo que quizás el mismo chico no entendiera.
Sin apartarse de él, nadó hasta el espacio por debajo del tobogán, donde un soporte de concreto del tamaño de una pequeña habitación mantenía firme la estructura de metal, y donde un espacio hueco era un escondite perfecto para ambos.
Hiro lo siguió con cierta duda, pero se dejó guiar hasta unos escalones donde nadie podría verlos. Entró en pánico cuando Tadashi se arrodilló entre sus piernas, pero hizo su mejor esfuerzo por disimularlo.
Aunque por la sonrisa que esbozaba el mayor, estaba seguro de que al menos su rubor era lo suficientemente intenso para delatarlo.
Tadashi no dijo nada cuando lo tomó por la cintura para pegarse más a él, y Hiro no pudo evitar estremecerse cuando bajó a tomar sus labios con aparente calma, como si en realidad él fuera el único sufriendo y lleno de excitación por la posibilidad de ser descubiertos en aquel sitio.
Pero la calma se perdió en cuanto los movimientos de sus labios se volvieron más insistentes y las manos ajenas lo recorrieron con anhelo. Él mismo llevó sus manos alrededor de los hombros y cuello del mayor, entusiasmado por el deseo evidente en sus toques y sus besos. Tadashi gruñó sobre su boca cuando le mordió el labio en un arranque de pasión, y la vibración se deslizó por su espalda en un estremecimiento.
Refunfuñó cuando los labios ajenos se alejaron de los suyos y descendieron por su cuello. Vagamente reconoció que estaba besando con demasiado entusiasmo el lado sin marcas, pero por una vez decidió ignorarlo y se abrazó a él, enterrando su rostro en su cabello húmedo. Ambos olían a cloro y protector solar, un olor que sólo podía reconocer como verano, y aunque sabía que no había manera en que aquello debiera parecerle sexy, Tadashi tenía sus estrategias para dejarlo encantado con la situación.
Unas muy buenas, reflexionó mientras sentía su lengua caliente bajar por su pecho, recorriendo sus pezones con besos furtivos que le sacaron un jadeo y al mayor una risa. Resistiendo sus deseos de insultarlo y volver a besarlo, Hiro se dejó hacer, aferrándose al borde del escalón donde estaba sentado.
Cuando delineó su vientre bajo, para dar una pequeña mordida, Hiro soltó una ininteligible advertencia, ganándose una mirada frustrada de Tadashi. Parecía un niño al que le negaban un chocolate.
-No podemos dejar marcas -susurró, con la voz temblorosa por los nervios y la emoción. Tadashi hizo un puchero y se echó hacia atrás.
Y entonces sus ojos bajaron hasta dar de lleno con ese pantaloncito negro que lo había obligado a comérselo con la mirada todo el día, tan pequeño que dejaba a la vista la piel que, sabía, debajo seguía tan blanca y pura como el mármol… a excepción de…
De repente ese traje de baño no le parecía tan terrible.
-Esto me ha vuelto loco todo el día -murmuró, mientras deslizaba lentamente sus dedos bajo la tela. Acercó su rostro al muslo interno del menor, y sonrió al sentirle dar un respingo con el toque de sus labios ‐, pero debo admitir que tiene sus beneficios.
-Tadashi -jadeó, avergonzado, y él sonrió al sentir el nerviosismo de su voz.
Besó suavemente la piel sedosa de su muslo, antes de ascender hasta la unión de su pierna y pelvis. Hiro se tensó cuando por fin sintió la succión de esa boca caliente y atrevida sobre su piel, y debió echar la cabeza hacia atrás cuando los besos y succiones comenzaron a recorrer cada espacio bajo la tela, mientras los indiscretos dedos recorrían sus nalgas con firmes apretones que, lejos de lo que esperaba, no lo incomodaban en lo más mínimo.
Cuando lo obligó a alzar su pierna sobre su hombro para tener más acceso a su cuerpo, Hiro supo que tendría que detenerlo mientras él mismo aún fuera consciente de su entorno. Y aunque la boca de Tadashi sobre aquella piel tan sensible era una de las torturas más exquisitas que nunca hubiera sufrido, unas voces a lo lejos le pusieron en alerta.
-Tadashi – le llamó, y el otro sólo gruñó sobre su piel en respuesta, sin abandonar su trabajo y sacándole un estremecimiento-. Espera, aquí no.
-¿Por qué no? -farfulló sobre su muslo interno, con unos ojos más oscuros de lo normal pegados en su cuerpo, y Hiro estuvo a preguntarse lo mismo cuando las voces volvieron a sonar, más cerca. Frunció el ceño y maldijo por lo bajo.
Hiro rio mientras se sentaba de forma correcta, justo antes de que un grupo de niños pasara a toda velocidad hacia la escalera. Tadashi lo miró esperanzado, y él lo reprendió con la mirada.
-No haremos estas cosas aquí - sentenció molesto, pero secretamente encantado de ser capaz de provocar así la impaciencia del otro - ¿Qué clase de héroe eres?
Tadashi sonrió, aunque no dejaba de verse irritado. Probablemente por ello, Hiro no fue capaz de alejarlo cuando volvió a abrazarlo para dejar un beso ansioso sobre sus labios.
-¿Cuando regresemos? -preguntó, apoyando sus frentes, y Hiro sonrió.
-Cuando regresemos.
Sin embargo, lo que Hiro hizo apenas llegó a la mansión fue lanzarse debajo de un chorro de agua caliente, decidido a no salir de ahí hasta dejar de sentirse como si tuviera una capa de pegamento sobre todo el cuerpo. Ciertamente nunca más dejaría que Honey probara en él sus cremas hechas en el laboratorio. Era cierto que no se había quemado gracias a ella, pero era una sensación asquerosa que sólo empeoraba cuanto más entraba en contacto con el cloro de las piscinas.
Y la decisión de Fred de llevarlo por un rato a la parte de playa para aliviarlo hubiera sido muy buena, de no ser porque habían decidido empezar una guerra de arena en cuanto se sintió mejor.
Demasiado tarde recordó que su cabello no era exactamente fácil de tratar.
Maldijo mientras agitaba su cabello: no importaba cuántas veces pusiera shampoo, cada vez que se frotaba el cuero cabelludo volvía a sentir los molestos granos de arena.
Alrededor de una hora después, y justo después de que soltara un gemido de exasperación, sintió un par de golpes en la puerta.
-¿Empezaste sin mí? -la voz de Tadashi a través de la puerta era divertida, pero indudablemente mostraba la curiosidad por la tardanza de su hermano.
Hiro se lo pensó un momento, y concluyó que necesitaba ayuda, así que tomó su traje de baño abandonado en el borde de la ducha y, luchando con todas sus fuerzas por no apenarse, llamó a su hermano.
Tadashi tardó un momento en silencio, por lo que Hiro concluyó que lo había tomado por sorpresa. Sin embargo, él mismo debió luchar por verse natural cuando la puerta se abrió y el otro entró en el baño con calma y curiosidad. Hiro ni siquiera necesitó verlo para saber que tenía sus ojos clavados en él.
-¿Siempre te bañas con traje de baño? -preguntó, casual, y eta vez Hiro si lo miró, exclusivamente para fulminarlo con la mirada. Tadashi permanecía recostado contra la pared, con el torso desnudo aún, sin tratar de disimular la manera en que se lo estaba comiendo con la mirada, y pese a sí mismo Hiro debió reconocer la manera en que su cuerpo hormigueó en respuesta a esos ojos que lo recorrían.
No, Hiro, no lo llamaste por eso.
-No puedo sacarme la arena del pelo -admitió, tomando el pote de shampoo y tendiéndoselo -. Ayúdame.
Tadashi, que sin duda se esperaba lo que sea menos eso, llevó su mirada sorprendida de la botella en su mano hasta su cara, sólo para volver a bajar y, una vez más, mirarlo.
Estaba a punto de tirarle el pote a la cara cuando se mordió el labio, divertido y estúpidamente sexy.
-¿Tienes dieciséis y aún no sabes lavarte el cabello?
-¿Vas a ayudarme o no? -chilló, rojo como un tomate, y esta vez Tadashi no reprimió su carcajada. Sin embargo, tomó la botella y se metió junto a él en la ducha. Hiro luchó por no estremecerse cuando estuvo casi pegado a él, tan alto y fuerte.
Se sintió aliviado cuando le puso el shampoo y tuvo la excusa para cerrar los ojos. Si no lo veía las cosas eran más fáciles.
O eso creyó al comienzo, mientras distribuía lentamente y a consciencia todo el espumoso líquido por su cabello, sienes y nuca, en un suave masaje circular. Pero cuando Tadashi llevó sus manos a su cuello y empujando su mentón lo obligó a echar la cabeza hacia atrás para que el chorro de agua cayera sobre su cabello, justo como cuando eran pequeños, fue repentinamente consciente de lo expuesto que estaba ante el mayor, demasiado consciente de la firme pero cuidadosa mano con la que sostenía su nuca, que daba suaves masajes a su piel mientras la otra favorecía el sentido del correr del agua sobre su cabello. No entendía qué era, pero pronto se encontró a punto de ronronear bajo esos dedos fuertes.
Pero la sensación se fue tan rápido como llegó, y cuando volvió a llevar sus manos a su cabello, lo encontró completamente limpio.
-Llámame si necesitas algo más -dijo con calma Tadashi, haciendo ademan de irse. Pero una mano alrededor de su muñeca lo tomó por sorpresa y le impidió marcharse.
Cuando giró la mirada, Hiro le miraba entre apenado y expectante.
-Déjame ayudarte también -fue lo único que dijo, bajo y apenado, antes de atraerlo y empujarlo bajo el chorro de agua.
Aunque sorprendido, Tadashi se encontró a gusto en contacto con el agua, en especial cuando las manos de Hiro cubrieron su cabeza con shampoo y comenzaron a dar lentos masajes, similares a los que él mismo había hecho hace tan solo unos momentos. Cerró los ojos para disfrutar de sus caricias, y se dejó hacer cuando empujó su cabeza bajo el agua.
Por un segundo creyó que eso sería todo, pero no pudo evitar sorprenderse cuando, luego de un segundo, sintió el toque de algo duro sobre la piel de su espalda, demasiado caliente por la exposición al sol, y tardó un segundo en notar que Hiro le estaba enjabonando la espalda con movimientos circulares que seguían el descenso de su columna, empujando con firmeza contra sus músculos, deshaciéndose de los nudos y las tensiones. No estaba seguro de si era consciente de lo que hacía, pero agradecía profundamente que lo hiciera.
Sin embargo la relajación que había logrado se esfumó en cuanto sintió como, poniéndose en puntas de pie, Hiro pegaba su cuerpo al suyo, bajo el chorro de agua, y debió tragar saliva cuando sintió los labios juguetones en sus hombros.
Arqueó las cejas con cierta sorpresa, pero decidió no moverse: la sensación de los labios jugueteando sobre sus hombros como el aleteo de una mariposa, y ese firme pero pequeño cuerpo pegado al suyo era demasiado agradable, y no quería hacer nada por espantarlo cuando por fin Hiro tenía la suficiente confianza para ser él quien lo buscara. Además, ni siquiera sabía si realmente buscaba que reaccionara o solamente lo estaba mimando mientras enjabonaba su espalda.
Tuvo su respuesta cuando el jabón cayó de la mano de su hermano, pero éste, lejos de detenerse, la deslizó hacia adelante, hacia el tenso abdomen que revelaba sus esfuerzos por contener un estremecimiento, y se dedicó a recorrer con dedos espumosos las líneas de sus abdominales, lentamente, como caminos de fuego sobre una piel sensible.
Tadashi reconoció que estaba en aprietos cuando la boca juguetona subió a morder el lóbulo de su oído, y los finos dedos descendieron hasta el elástico de su traje de baño. Demasiado ingenuo, había creído que las cosas con Hiro serían unilaterales, con él buscándolo y tentándolo.
Ahora mismo, sólo le quedaba aceptar que quien en realidad siempre había caído ante la tentación de su hermano era él, y que esta vez no tenía la suficiente fuerza de voluntad para resistirse.
Cuando le miró por encima del hombro, el rubor en las mejillas del menor y el puro anhelo en sus ojos castaños fue todo lo que necesitó para perderse por completo en él. Se giró al tiempo que envolvía la estrecha cintura con su brazo y sujetaba el delicado cuello con su mano libre. Lo besó mientras lo empujaba contra la pared, y el gemido de Hiro bajó por su espalda en un estremecimiento, antes de que las manos ajenas tomaran su cabello para atraerlo y profundizar el beso.
No tardó en llevar sus manos ansiosas por todo el cuerpo del menor, hasta alzarlo por los firmes glúteos y obligarlo a envolver sus piernas en su cadera, presionando con insistencia hasta sacarle un jadeo contra sus labios. Sonrió cuando Hiro soltó un grito ahogado al sentir sus manos colarse por la tela del traje de baño, rápidas y audaces, buscando ese lugar oculto que tanto necesitaba. Aunque era más correcto decir que necesitaba a Hiro, todo de él, y temía que si no lo preparaba desde el comienzo no tendría luego la paciencia para hacerlo de manera adecuada.
Hiro pareció estar de acuerdo, ya que se abrazó a él y, mientras dejaba dulces besos por su cuello y mentón, se mantuvo sereno mientras los dedos certeros y húmedos lo exploraban. Y cuando comenzó a hacer movimientos circulares para estimularlo, sonrió al oír el gimoteo ansioso del chico.
Un gimoteo que, para su sorpresa, se transformó en un siseo de dolor cuando empujó lentamente el primer dedo, mientras las uñas ajenas se enterraban en su cuero cabelludo.
Tadashi sintió un ligero escozor, y eso junto a la culpa de hacerle sufrir le obligaron a llevar sus labios contra el cuello del menor, dando lentos besos mientras trataba de distraerlo con murmullos de aliento que Hiro respondía con besos en su sien y asentimientos quedos.
Siguió un poco más, tratando de abrirse paso con delicadeza. A decir verdad, estaba seguro de estar siendo incluso más cuidadoso que la noche anterior, dejando que los minutos pasaran entre besos y mimos.
Pero pronto fue consciente de que algo estaba pasando, y tenía el presentimiento de que algo malo.
Su presentimiento se confirmó en cuanto se alejó y lo primero que lo recibió fue el rostro atravesado por las lágrimas de su hermano, que se mordía los labios en un inconfundible rictus de dolor. Entró en pánico y, tan delicadamente como pudo, le ayudó a ponerse en pie. Entonces Hiro jadeó.
-¿Duele? -preguntó el mayor. No había visto sangre al retirarse, pero era claro que el cuerpo de Hiro, sino lastimado, estaba claramente irritado después de la noche anterior. Se sintió un tonto al recordar que en ningún momento había preguntado a Hiro por el estado de su cuerpo, o siquiera había pedido a Baymax que revisara al chico.
A decir verdad, Hiro parecía perfecto durante el día además de alguna incomodidad para sentarse, pero no debió confiarse.
Molesto consigo mismo, Tadashi se giró a apagar la regadera. Cuando se disponía a salir, se sorprendió al sentir un par de brazos a su alrededor, deteniéndolo.
-Espera, no te vayas -susurró Hiro contra su piel, enviando su cálido aliento por su espalda y obligándolo a reprimir un estremecimiento -, no estoy tan mal, podemos...
Y al saber lo que iba a decir, Tadashi se giró, rodeándolo con sus brazos y atrayéndolo hacia él con gesto protector. Sin embargo, lo severo de su mirada le dijo a Hiro que estaba ante su hermano sobreprotector, y en ese terreno él nunca tenía manera de ganar.
-No, Hiro -susurró, cortándolo con firmeza, pero sin dejar de verlo con infinita ternura -. No hay necesidad de forzar tu cuerpo, mucho menos por una tontería así.
Hiro lo miró con los ojos abiertos de par en par, y Tadashi casi podía adivinar lo que estaba pensando y sintiendo.
-No es una tontería para mí -gruñó, entre enternecido y ofendido, y Tadashi no pudo evitar echarse a reír al ver su gesto enfurruñado. Lo estrechó con dulzura, antes de bajar a besar su frente -¿Entonces ya no me lo harás?
Tadashi lo miró con diversión, pero concienzudamente: estaba ruborizado, con los labios rojizos por los besos y el sol, su cuerpo se pegaba al suyo como si su toque le resultara ahora esencial para vivir, un sentimiento que entendía muy bien, y sus ojos, grandes y sinceros como ningunos que hubiera visto antes, brillaban de anhelo.
Si por él fuera, se lo haría allí mismo y hasta que el sol se alzara en el horizonte... pero Tadashi nunca podría ser tan egoísta.
Volvió a besarlo, esta vez en los labios, y Hiro se lo devolvió quedito, como resignado.
-Sólo cuando estés listo.
#NoMeOdien
Hay que cuidar a Hiro, y hacer sufrir a Tadashi jejeje.
No podía dejar que la parte de Hawái acabara sin hacer ni una vez la broma de Maui a Wasabi. Vamos, era inevitable.
Ya que estoy les comento que es la primera vez que no elijo el título del cap. Estaba indecisa entre Marcas y De amantes y hermanos, y este título es gracias a que tengo una hermosa amiga que no sabe leer y unió todo jajaja. Gracias, Angie, gran amor de mi vida.
Eso es todo bonitos.
Besos y Abrazos!
Balalalalah~
