Os dejo el final de esta historia.
Gracias por haber estado ahí de nuevo. Siento haber tardado más de la cuenta en algunas ocasiones.
Ha sido un placer.
Espero que lo disfrutéis.
Capítulo 21
-Sí, tengo novio. –Me abrazo a la cintura de Richard y mi madre nos mira con los ojos entrecerrados.
Sacude la cabeza, en un gesto disconforme.
-Vamos a tu casa. Estoy cansada del viaje. –Bufa y se recoloca el pelo.
-Vale. –Miro a Rick pidiéndole disculpas con los ojos por el comportamiento de mi madre. Él me aprieta la mano para decirme que no pasa nada.
-Voy a ayudar a tu madre con el equipaje –me susurra pasándome a Daniela.
-¿Quién es? –señala a la niña que está en mis brazos. -¿Su sobrina?
-No, su hija. Nuestra hija. –Se para dejando caer la pequeña maleta que tenía en sus manos.
-¡¿Qué?! –grita, furiosa. –Tienes una hija y… No, es demasiado grande para ser tu hija. ¿Qué tiene dos años? Tú estabas con Josh cuando ella nació.
Rodo los ojos al escuchar el nombre de mi exnovio.
-¿Él hombre con el que estás tiene una hija de otra? –Niega con la cabeza, recogiendo la maleta del suelo. –No puedo creerlo. –Aprieta más el rosario en su mano.
-Mamá, puede que no lleve mi sangre pero es y será mi hija. –Respiro, aliviada, con la camiseta ancha no se me aprecia lo poco que se me nota el vientre por mi embarazo. Demasiado a la vez.
-Vas a criar la hija de otra… Katherine yo no te crie para que hagas estas cosas… Cada vez que vengo me llevo una desilusión pero en este caso ya van dos y solo acabo de aterrizar.
Rick nos sigue de cerca cargando la maleta de mi madre.
Giro la cabeza para mirarlo. Van a ser unos días muy largos.
XXX
-¿Dónde estamos? –me pregunta cuando nos bajamos delante del edificio de Rick.
-En mi casa. –Le contesto.
-¿Te has mudado? –inquiere, sorprendida.
-Sí, vivo con Rick. Otra desilusión, ¿no? –la veo apretar la mandíbula y los puños.
-No estáis casados. –Dice, como si yo no lo supiera.
-No, pero ¿qué importa? –la actitud de mi madre con Castle y Daniela me ha enfadado. Los ha ignorado durante todo el camino. Cada vez que mi novio ha intentado entablar una conversación con ella, ha hecho como si no lo escuchara. ¡Hasta las llamadas de atención de Daniela las ha ignorado! Es una niña, por Dios.
-Vivís en pecado –espeta. Me encojo de hombros y me mira con los ojos llenos de furia.
-¿Subimos? –titubea Castle a mi lado.
Asiento, agarrándolo de la mano. Sé que mi madre camina detrás de mí y lo puede ver. Pero me da igual. Estoy cansada de que solo vea "mis defectos" y que todo lo que haga sean decepciones para ella.
-Bienvenida a su casa, señora Beckett. –Castle no deja de intentar obtener algún tipo de gesto amable por parte de mi madre. Termina de abrir la puerta del loft y la deja pasar la primera.
No hace nada, aparte de entrar y observarlo todo con recelo.
-¿Tiene hambre? Si quiere puedo hacerle algo de comer, lo que le apetezca. –Se ofrece.
Lo mira por unos instantes duramente, como si lo que le ha dicho fuese algo malo. Él traga saliva, nervioso.
-¿Cuál es mi habitación? –se dirige a mí. –Quiero llevar mis cosas.
-Mamá, ¿puedes contestar a Rick? Te ha hecho una pregunta. –Le digo, cruzándome de brazos. Cansada de que se comporte así. Sabía que no se lo iba a tomar bien, pero de ahí… a esto, hay mucho.
-No quiero nada. –rodo los ojos, molesta por su actitud. Me contesta a mí, no a él. Ni siquiera lo mira.
-Tu habitación es la de la planta de arriba. La primera a la derecha.
-¿No me vas a acompañar? –pregunta.
-Creo que puedes ir tú sola. –Me echa una de sus miradas y camina dirección a las escaleras.
Cuando desaparece voy hasta Richard que está de espalda en la cocina.
-Lo siento -me disculpo, abrazándolo.
Se gira y me sonríe como si no pasase nada y las cosas con mi madre fuesen bien.
-No es tu culpa –me acaricia la mejilla. –Va a ser más duro de lo que pensaba pero tengo esperanzas. –Me besa en la frente y yo frunzo los labios. ¿Esperanzas? Debe ser el hombre más optimista del planeta.
-Te lo va a poner más difícil todavía. –Yo niego con la cabeza, suspirando.
-¡Eh! –me coge de la barbilla para que lo mire y yo me muerdo el labio, aguantando las lágrimas. –Kate, no te preocupes por mí, estoy bien. Daniela está bien.
-Pero ¡me molesta! Me molesta que tenga esa actitud con vosotros.
-Nos la ganaremos –asegura, tranquilo.
Elevo mi mirada al techo.
-Pero…
-Pero vamos a estar bien. –Recoloca un mechón de mi pelo detrás de mi oreja y me besa.
Mi madre carraspea detrás de nosotros cruzada de brazos.
Me separo de Rick, juntando mi frente con la suya y suspiro. Él me regala una sonrisa.
-¿Puedes hacerme algo de comer, Katherine? –me pide.
¡Mamá! –me quejo, enfadada. -¿Por qué dijiste que no a Rick?
-Porque él no es nada mío.
-Es mi novio. –Le recuerdo, dándole la mano a Castle. –Por favor, deja de hacer esto. Te guste o no es mi novio.
Pone los ojos en blanco.
-¿A qué te dedicas? –se dirige por primera vez a él.
-Soy escritor. –contesta.
-Escritor –repite mi madre, mordiéndose la lengua. -¿Cuántos años tienes?
-29 –me mira.
-¿A qué se dedican tus padres? –sigue con su cuestionario.
Sus ojos buscan a los míos antes de responder.
-Soy huérfano. –Responde, tragando saliva.
-¿Qué les pasó a tus padres? –inquiere, cruzándose de brazos.
-Me abandonaron.
-Pues no sé qué haces con él, Katie. No tiene nada en especial… -Suspira audiblemente. –Josh era mejor partido. Mucho mejor partido. ¿Escritor? ¿Un abandonado? –Niega con la cabeza.
-¡Mamá! –le reprocho. -¿Cómo puedes…?
-Lo he intentado pero nada de lo que tiene que ver con él –señala a mi novio –me gusta. Lo siento pero no lo acepto.
-Pues vas a tener que aceptarlo porque es mi novio. No el tuyo, así que…
-Aun no entiendo por qué no sigues con Josh. Josh te quiere, es de buena familia, no tiene hijos con otra, es médico, es...
-No sigas. Josh no tiene nada qué ver con esto. –Doy una vuelta sobre mí misma, exasperada.
-Él todavía me habla de ti y me pregunta. Estaría dispuesto a volver contigo.
-¿A eso has venido? ¿A intentar hacer que vuelva con él? Porque ya te digo que no lo vas a conseguir.
-¿Por qué no? –apunta con un dedo a Castle. –Este no tiene ninguna posibilidad contra Josh.
-Al revés, Josh no tiene nada que ganar al lado de Rick. –digo, ofuscada. –Y para que lo sepas, estoy embaraza. –Suelto, sin importarme lo que pueda pensar o decir al respecto.
-¿Qué? –me mira horrorizada. -¿Cómo…? –se sienta en uno de los taburetes de la cocina y se lleva a las manos a la cabeza, como si le acabase de decir la peor de las noticias. Pongo los ojos en blanco y me muerdo el labio con impotencia. –No puedes hacerme esto. Vas a tener un hijo con él, viviendo en pecado. ¡Antes de casaros! –grita.
-Estoy embarazada, Rick y yo vamos a tener una hija. Vas a tener una nieta. –Digo, ignorando sus palabras.
-Esa niña no será mi nieta. –Yo abro la boca para decir algo pero Castle se adelanta.
-Señora, con todo mi respeto, yo quiero a su hija, estoy enamorado de ella. Le puedo garantizar que conmigo no le va a faltar de nada y…
-¿Ah, sí? Tú, a quién no ha querido ni su madre –escupe duramente –va a hacer a mi hija feliz. Ella solo podrá ser feliz con Josh. Katie –se dirige a mí, poniéndose de pie. –Estoy segura que Josh estaría dispuesto a criar a ese bebé…
-¿Qué? –grita, Rick –Nadie se va a hacer cargo de mi hija. –Está dolido, muy dolido y tiene los ojos llenos de lágrimas. No lo culpo, mi madre tiene la culpa y todo lo que salga por su boca, estará bien. Por muy madre mía que sea le ha faltado el respeto y lo ha atacado sin motivos. –Puede que me abandonaran y que sea escritor, algo que por lo que veo odia, pero soy buena persona. Al menos, tengo más educación que usted, señora. –Dice con retintín. Coge a Daniela que está jugando con Olaf y se mete en su habitación.
-Mamá, sabía que no te lo tomarías bien, pero –suspiro –de ahí a esto… ¿Cómo puedes tratarlo así? No lo conoces. Ni siquiera te has preocupado por hacerlo. Has ido a donde más le duele. –Me limpió una lágrima que se desliza libre por mi mejilla. –Si no vas a respetar a mi novio y a mi hija, será mejor que te vayas a un hotel. –Digo y sin darle tiempo a responder. –Y a ver si dejas esa maldita secta que te está comiendo la cabeza. -Sigo los pasos de Rick, entrando en nuestra habitación.
XXX
Cuando llego a la habitación veo a mi escritor sentado en su cama, de espaldas a la puerta. Daniela juega con un muñeco y Olaf intenta quitárselo.
¿Estás bien? –le pregunto, sentándome a su lado y cogiendo una de sus manos. Acaricio su cabello, besando tiernamente su húmeda mejilla.
Me mira con los ojos llenos de lágrimas y suspira.
-Yo podría aceptar que tú te fueras con el perfecto de Josh ese, pero mi hija…
-Rick,… -digo sorprendida por su respuesta. ¿Cómo puede ni siquiera decir eso? Yo nunca elegiría a Josh por delante de él.
No me deja seguir hablando, alza una mano, pidiéndome que lo deje hablar. Traga saliva.
-Yo sé que no tengo nada que ofrecerte en especial. Ni siquiera tengo una familia. –Su labio inferior tiembla. –Soy un abandonado que no quería ni quiere nadie… -solloza.
-No digas eso, -siento cómo varias mejillas se deslizan por su mejilla –por favor. Yo te quiero -ni siquiera lo he pensado. Me ha salido solo, desde lo más profundo de mi corazón.
Desvía su mirada de sus manos para mirarme a los ojos más sorprendido que yo por lo que acabo de decir.
-Kate –dice, dejando de llorar.
Tomo su cara entre mis manos y acerco mis labios a los suyos.
-Sí, Rick, te quiero. Me he dado cuenta de que mis sentimientos eran más profundos de lo que pensaba. Y, cuando mi madre ha empezado a decir todas esas tonterías, –digo entre dientes, molesta –me he dado cuenta de que me importas y mucho y que me da igual lo que sea Josh, su familia y todo lo que tenga que ver con él. No me hacía feliz, pero, en cambio, estos días contigo he sido feliz, muy feliz. Yo no lo quiero a él, te quiero a ti. –Es Castle el que termina por eliminar la pequeña distancia que separan nuestros labios.
-Te quiero –me susurra, abrazándome contra su pecho.
Escuchamos un portazo. Agarro a Rick cuando va ir a ver.
-Es mi madre. Le he dicho que se vaya si iba a seguir con esa actitud.
-Oh, Kate…
-No, es ella. No puede ser así. No puede seguir defendiendo a un tío que me engañó con otra y a ti, tú que solo te has preocupado por mí, te rechace de esta forma.
-¿Josh te engañó?
-Sí, pero no importa, no me importa ya. Porque eso hizo que terminase mi relación con él, una relación que no tenía futuro y que solo seguía por lo mucho que mi madre lo adoraba, pero después de eso, no pude seguir.
-¿Y tu madre sigue apostando por él? –pregunta, con el ceño fruncido.
-Sí –suspiro –dice que todos los hombres necesitan buscarse a otras mujeres de vez en cuando. Que es normal. –Sacudo la cabeza.
-Yo no necesito ni voy a necesitar otras mujeres. –me dice.
-Eso espero porque te iría muy mal como me llegues a engañar con otra. –Le doy con un dedo en el pecho.
Me sonríe después de hacer una mueca. –No te preocupes, amor, que yo solo voy a vivir para ti y para nuestras hijas.
Rodeo su cuello con mis brazos y rozo mis labios con lo suyo, sonriendo y viendo cómo sus labios también se curvan hacia arriba.
-Gracias por defenderme, nunca antes lo había hecho alguien. –Me confiesa.
-Siempre. –Me sonríe. –Te quiero –le repito solo para ver esa sonrisa en su rostro. Esa sonrisa que es el puro reflejo de completa felicidad.
Me besa con tanta dulzura que sonrío.
Cuando nos separamos, se agacha, levantándome la camisa.
-¿Has escuchado, Amy? –le habla a nuestra hija. –Mamá ya ha dicho tres veces que me quiere. –Deja un beso en mi vientre y yo hundo mis dedos en su pelo. –Al fin, he conseguido lo que tanto he buscado: una familia. –Confiesa, mirándome desde esa altura. Vuelve a dejar un beso sobre mi piel y se pone de pie. Esta vez, soy yo la que lo beso nada más se pone a mi altura.
Unas manitas tiran de nuestra ropa. Daniela nos mira desde abajo con una sonrisa. Me agacho y la cojo. Poniéndome de pie con ella. Rick nos abraza y nos besa en la frente.
Paso uno de mis brazos por su cuello, envolviéndolo.
La niña nos mira con cara de pilla y hace el mismo gesto que su padre con las cejas, las alzas.
Rio fuertemente y, mi hija, me imita.
XXX
-¿Puedo preguntarte algo? –inquiero.
-Por supuesto. –me acaricia la espalda desnuda.
-¿Por qué no querías que mi madre supiese que Daniela es adoptada?
Castle suspira, apretándome contra él.
-Porque cuando era niño tenía que soportar muchas burlas de mis compañeros de clase. La gente te mira diferente cuando se entera de dónde vienes. Yo no quiero eso para ella. Quiero que crezca feliz sin tener que aguantar ningún comentario de ese tipo. Si te lo dije a ti es porque vas a hacerme papá de nuevo y, porque, quería que fueses parte de mi vida, no podía escondértelo
Acaricio su pelo.
-Gracias por confiar en mí. Yo también quiero que nuestra hija sea feliz. –Le sonrío.
XXX
Las puertas del ascensor se abren y Castle, Daniela y yo salimos sonrientes. Me besa en los labios y me acaricia mi abultado vientre de ocho meses.
-No me puedo a creer que vayamos a ver a Amy en 4D. –dice, ilusionado. –Vamos a poder verle la carita. –Da un pequeño salto de alegría y nuestra hija ríe.
Caminamos hasta sentarnos en los asientos que están frente al ventanal.
-Yo hago –dice Daniela para que Castle no la ayude y la deje sentarse sola en la silla, trepando al estar demasiado alta para ella.
Se agarra del asiento todo lo fuerte y lo más cerca del respaldar que quiere para, luego, con algo de esfuerzo, colocar una de sus rodillas en el asiento, impulsándose con esta para montarse y quedar de rodillas.
Cuando está completamente sentada, me mira sonriente, enseñándome todos sus pequeños dientes.
-Mami, mida –mueve sus piernas, que están en el aire, se ha sentado con su culito cerca del filo del asiento. –Soy gande.
-Sí, cariño, ya eres muy grande. –Acerco mis labios a su frente y dejo un beso. Luego, recoloco uno de sus mechones.
Acaricio su mejilla.
-Muy bien, ya estás hecha toda una niña mayor. –la felicita Rick. Desde mi lado derecho.
XXX
-Hemanita –dice la pequeña, colocando una de sus pequeñas manos en mi vientre.
-Sí, cariño, ahora vamos a ver a la hermanita. ¿Tienes ganas? –le pregunto.
-Sí –asiente, acompañando al monosílabo de un movimiento de cabeza.
-Estoy nervioso –confiesa, como si no fuese algo obvio. No para quiero en su silla. Pone su mano encima de la de su hija. –Ahora vamos a verte, Amy, pero aquí todos te seguimos esperando. Te queremos mucho.
Coloco mi mano encima de la de ellos.
-Yo os quiero mucho a los tres. –sonrío, recibiendo un beso de Rick y otro de Daniela.
En este momento, me doy cuenta que, no solo Castle ha encontrado lo que buscaba, sino que yo, también. He encontrado mi lugar en este mundo tan grande.
A pesar de no haber sido algo planeado, de haberme visto obligada a improvisar desde que Richard Castle entró en mi vida, esto, esta pequeña familia, es lo que he querido desde siempre. Y, por primera vez, me alegro que no me saliese lo que tenía planeado.
Me da igual no estar casada, no tener esa casa con vayas blancas. No ser esa familia perfecta que mi madre me inculcó de niña. Para mí, mi familia es perfecta. Lo es, como lo es este momento.
Unos papeles no unen a dos personas, los une el amor. Esta conexión que siento con Rick y con Daniela. La boda solo es algo simbólica, algo significativo, pero lo que de verdad importa, es lo que sienta por esa persona. Y, por suerte, no puedo ser más dichosa referente a eso.
Richard me quiere, me adora. Me lo demuestra cada día, como yo intento demostrárselo a él. Nos amamos. Nunca antes había estado tan unida a una persona y, unos simples papeles, no van a hacer que me sienta aún más, porque, simplemente, no se puede.
Y pensar que Richard, o R.A. Rodgers, ha estado involucrado en mi vida desde hace años a través de sus libros. Ese autor, supuestamente, londinense que hacía que pasase horas y horas leyendo. Ése, cuyos libros, me inspiraron para escribir mi primer libro y no solo ejercer la profesión de periodista.
Mis pensamientos desaparecen, cuando la voz de Daniela irrumpe en ellos.
-Yos quero tamben –confesa muy convencida y con el rostro serio. Su padre y yo nos reímos y ella arruga la nariz, sin entender porqué nos reímos.
FIN
Puesto "esto" ha llegado a su fin. La verdad, que pensaba que iba a durar unos dos o tres capítulos más, pero al ser improvisado… no. Ayer me puse a seguir y cuando me di cuenta ya lo tenía todo resuelto, así que, no tenía sentido seguir alargándolo.
Muchas gracias a todo el que ha gastado algo de su tiempo en pararse a leer este o cualquiera de mis otros fics. De verdad, muchas gracias. Y mil un gracias, a los que, además de leer, comentaban, haciéndome ver si iba bien o mal. Animándome a seguir.
Ha sido un placer compartir con vosotros todos mis fics. Lo he disfruta y algunos de vuestros comentarios me ha sacado una que otra carcajada. Y, todos, me han sacado una sonrisa.
De nuevo, gracias.
Epílogo
-¡Oye! –la regaño. –No se tira del pelo a la hermana, Amy. –Suspiro cuando intenta otra vez cogerla del pelo, alargando sus bracitos. Daniela me mira con uno de sus deditos en la boca.
-Mamá, siempre me quiere pegar –me dice con tristeza y pesar.
-No, cariño, lo que pasa es que la hermana cree que esto es jugar. Todavía es muy pequeñita. –Le sonrío, y le retiro el flequillo para poder ver bien sus ojos verdes. Amy, aunque me parezca mentira, ya tiene ocho meses. Tiene los mismos ojos que su padre, pero, por lo demás, es idéntica a mí. En lo cabezota, también.
Balbucea palabras ininteligibles, quejándose de que no la deje alcanzar el cabello de su hermana.
-¡No! –digo, poniéndola en mis piernas de manera que quede su cara frente a la mía. –No se coge del pelo. Mira –cojo un muñeco que está al lado mío en el sofá y se lo muestro. –Juega con esto. –Lo agito y el juguete comienza cantar. Me lo quita de las manos, parando su berrinche y se lo lleva directamente a la boca. Suspiro y rodeo la cintura de Daniela con el brazo que no sujeto a Amy y la estrecho contra mí. Esta me mira y sonríe. Tras darle un sonoro beso en la frente le devuelvo la sonrisa.
XXX
-¿Cómo se han portado hoy mis princesas? –me pregunta, abrazando por la espalda. Castle ha tenido que pasar el día fuera, arreglando cosas en la editorial.
Me giro y rodeo su cuello con mis brazos. Me retira un mechón rebelde que se ha salido del moño desarreglado que llevo y me sonríe.
-Se han portado bien. Muy bien. He estado jugando todo el día con ellas. –Pasea la yemas de sus dedos por mi mejilla.
-¡Yo también quería! –se queja poniendo morritos como un niño pequeño. –Os he echado mucho de menos -confiesa, ahora más serio.
-Y yo a ti, cariño. –No aguanto más mis ganas de besarlo y lo hago. Desde que se fue esta mañana no he podido darle ninguno, ni siquiera hablar por teléfono. Solo hemos podido intercambiar algunos cuantos mensajes.
-Voy a ver a las niñas. –Me susurra, mirando hasta en centro de la sala donde están sentadas sobre una manta rosa.
-Okay, yo seguiré haciendo la cena. –Le enseño la cuchara de madera que estoy utilizando. Antes de irse me vuelve a dar un beso.
XXX
-¿Habéis echado de menos a papá? –oigo que les pregunta, agachándose a su lado.
Daniela, enseguida, se tira a su cuello y Amy zarandea sus brazos y sus piernas intentando llamar su atención. Castle la coge y la sienta en una de sus piernas para sentar en la otra a nuestra hija mayor.
Besa a cada una varias veces y acaricia sus mejillas.
-¿Qué habéis hecho hoy? ¿A qué habéis jugado con mamá? Contadme –Les pide, poniendo toda su atención en nuestras hijas.
Me doy cuenta de que tengo una sonrisa tonta en mi cara mirando la escena. Sacudo la cabeza y me muerdo el labio para no sonreír más. Me doy la vuelta y, escuchando sus voces -la dulce voz de Daniela, la suave voz de Rick hablándoles y los balbuceos y monosílabos de Amy -termino de hacer la cena.
XXX
-Voy yo -se ofrece Castle, levándose para abrir la puerta. Frunzo el ceño, ¿Quién puede ser a esta hora?
Veo que se queda parado sin decir nada cuando abre. Me acerco para ver qué es lo que pasa y me sorprendo. Nunca imaginé que esto ocurriese.
Mi madre nos mira, agarrando fuertemente su bolso con ambas manos.
-Yo… -carraspea –yo venía para pediros perdón –titubea. Su voz y sus ojos son el reflejo de la inseguridad y el miedo al rechazo que está sintiendo.
-Mamá… -Digo, más para verificar que de verdad que esté allí que por otra cosa.
-¿Por lo menos puedo ver a mis nietas? –La veo tragar saliva. Miro a Rick que asiente y se retira para que pueda pasar. Yo hago lo mismo y mi madre, con paso dubitativo, camina hasta donde están mis hijas jugando con Olaf.
-Hola –les dice, poniéndose de rodillas. Mira a ambas niñas y les sonríe tímidamente. –Yo… yo soy la abuela. –Tartamudea. Siento los brazos de Castle rodeándome la cintura y dejo caer mi cabeza en su hombro. Coloco mis manos sobre las suyas. Él aprovecha y me da un beso en el cuello.
-Nuestra familia –me susurra en el oído.
