CAPÍTULO IX

El carraspeo proveniente de la puerta devolvió a Sasuke a la realidad. Maldijo interiormente porque ni siquiera había oído llegar a su hermano. El mismo que desde la entrada de la habitación le miraba con una sonrisa socarrona en los labios y un brillo malicioso en los ojos.

—Lamento interrumpir —dijo Utakata, cuyas facciones delataban que sus disculpas eran del todo menos sinceras.

Sasuke vio cómo Saku cambiaba su expresión. Como si hubiese despertado de pronto y comprendiese que había cometido un terrible error. Deseó hablar con ella pero antes de que pudiese decir nada, esta salió por la puerta de forma apresurada.

—No digas una sola palabra —dijo Sasuke cuando vio la intención de Utakata.

Este cerró la boca, pero por poco tiempo.

—Ni se te ocurra —exclamó entre dientes Sasuke con un tono amenazador cuando vio luchar a su hermano sin mucho éxito con la imperiosa necesidad de soltar algún comentario.

Lucha que perdió sin remedio.

—En estas situaciones es muy difícil no decir nada, pero dado que hoy no te encuentras generoso a la hora de expresar tus sentimientos y...

Utakata tuvo que agacharse para que no le alcanzara el libro que le arrojó Sasuke y que de darle, le hubiese hecho un buen chichón.

Sasuke le miró como si quisiera asesinarlo y Utakata soltó una carcajada.

—Vale, vale, ya me callo, pero antes... he venido para decirte que Obito ha regresado ya. Nos está esperando abajo y por su expresión no creo que sean buenas noticias.

Sasuke frunció el ceño. El hecho de que Obito hubiese regresado tan pronto tampoco era buena señal.

Iba pensando en ello mientras bajaba con Utakata a la planta baja donde Obito los esperaba. Se reunieron en una pequeña habitación que Sasuke utilizaba para la correspondencia y las cuentas. Había otros Laird que dejaban esos asuntos en manos de un hombre de confianza, por desconocimiento o por no querer ocuparse de esos aspectos que consideraban nimios, sin embargo él se encargaba personalmente de ellos.

—Obito, te esperaba dentro de un par de días.

Obito asintió con la cabeza antes de hablar.

—Y así hubiese sido si no fuera porque los Hozuki han estado sufriendo robos de ganado. Suigetsu no estaba. Había salido con sus hombres en busca de respuestas. Kisame, que se ha quedado al frente durante su ausencia, me ha dicho que sospechan que los responsables del robo sean los Aburame.

Utakata sonrió de medio lado.

—La paz entre esos dos clanes estaba durando ya demasiado.

A Sasuke no le hacía ninguna gracia que los Hozuki y los Aburame se enfrentaran de nuevo. Los Hozuki eran aliados de los Uchiha desde hacía muchos años. De hecho, Suigetsu, el jefe del clan Hozuki y él eran buenos amigos.

—De todas formas le he dejado a Suigetsu la carta que me diste.

Sasuke miró a Obito. Quince años mayor que él, aparentaba unos cuantos más. Su pelo negro veteado con canas así lo hacía presumir. Su semblante duro y sus cicatrices, visibles en su rostro, demostraban su experiencia en el campo de batalla y en la vida.

—Está bien. Quiero que Suigetsu esté en la reunión de la semana que viene. Sería importante que todos los clanes cercanos, incluso los Aburame, viniesen, si eso es posible y para entonces no se han matado con los Hozuki.

Sasuke dijo esas últimas palabras mirando de nuevo a Obito.

—Descansa un poco y después prepara el entrenamiento con los más jóvenes. Setsuna se ha estado encargando de ello en tu ausencia y no tiene tu paciencia. Estuve con él en el entrenamiento y le faltó poco para matar con sus propias manos al joven Gordon.

Obito asintió mientras soltaba una pequeña carcajada.

—Sí, le comprendo. Ese muchacho haría blasfemar hasta a un santo. Me recuerda a alguien.

Tanto Sasuke como Obito miraron a Utakata y sonrieron abiertamente. Gordon era un diablo con la espada. Rápido y hábil. Tenía mucho potencial. Pero también era cabezota, impulsivo y engreído. Y eso había llevado a la muerte a más de uno.

—Ehhh, que no me parezco en nada. Soy el hombre más templado que ha conocido este clan. Y yo nunca he sido tan prepotente como Gordon, ni siquiera con su edad. Simplemente soy el mejor —dijo con una sonrisa en los labios.

Sasuke y Obito rieron de buena gana, aunque tenía razón. Era muy bueno con la espada. El mejor de sus hombres después de Sasuke y Obito. Y también era verdad que, a diferencia del joven Gordon, Utakata siempre había controlado muy bien su ímpetu. A pesar de la jovialidad y la despreocupación que siempre demostraba, detrás de ello, desde pequeño, siempre había estado el control férreo de sus emociones, el temple, sobre todo en la lucha con el rival. En ese sentido no se parecía al joven Gordon.

—Lo que tú digas, muchacho, pero eras un grano en el culo igual que él —dijo Obito con tono jocoso.

—Yo también te aprecio, Obito —aseveró Utakata con su eterna sonrisa.

Sasuke carraspeó, llamando la atención de los dos.

—Bueno, volviendo al tema que estábamos discutiendo, Setsuna va a ir a hoy a ver al clan Uzumaki.

—Yo puedo ir a ver los Aburame y que me acompañe Shisui —dijo Utakata.

Sasuke lo pensó unos instantes antes de asentir.

—De acuerdo, pero tened cuidado. Por lo que parece, este no es el mejor momento para ir a hacerle una visita a los Aburame. Solo intentad que la semana que viene venga a la reunión.

—¿Estás seguro que quieres reunir a los jefes de todos esos clanes bajo tu mismo techo? —preguntó Obito alzando una ceja.

Sasuke se apoyó en la mesa y cruzó los pies a la altura de los tobillos antes de contestar.

—Los Hozuki puede que empiecen una guerra contra los Aburame, los Inuzuka no pueden escuchar hablar de los Haruno sin que alguien pida sangre por ello, al igual que nuestro clan, su enemistad con ellos es larga. Por otro lado están los Uzumaki. Ya sabéis cómo dejamos al viejo Ise después de romper mi compromiso con su hija. Así que la respuesta es sí, quiero reunirme con ellos. Intentaremos que no se maten los unos a los otros mientras estén aquí. Ya es difícil la situación con mi futuro matrimonio como para tener que preocuparme porque estalle una guerra entre los clanes vecinos. Quiero saber cuál va a ser su postura y quiero que tengan claro que si actúan en contra de los Haruno en un futuro sin una causa poderosa, yo no tendré más remedio que posicionarme al lado de la familia de mi futura esposa.

Obito silbó por lo bajo.

—Eso va a caer como un jarro de agua fría, lo sabes, ¿verdad? Nadie quiere tenerte como enemigo. Maldita sea, no creo que ni siquiera lleguen a planteárselo, pero esto no los dejará nada contentos, ni tampoco a nuestro propio clan. Todavía escuecen las heridas de los antiguos enfrentamientos con los Haruno. Ahí tienes a tu primo Shisui, o a Izuna. Su odio hacia los Haruno sigue siendo muy fuerte.

—Lo sé —contestó Sasuke con semblante serio—. Nadie quería este matrimonio y aún espero que ocurra algo que me exima de mi cumplimiento, pero no podemos obviar un mandato real, y si al final tengo que casarme y doy mi palabra, no pienso romperla, Obito, ni dejaré que lo haga ningún miembro de mi clan. Eso no significa que ese matrimonio me ate de pies y manos. Ten por seguro que el jefe Haruno tendría que enfrentarse a mí antes que atacar a cualquiera de nuestros aliados sin que haya alguna razón para ello. Eso es lo que quiero dejar claro en esa reunión.

—De acuerdo, muchacho. Que así sea —dijo Obito poniendo una mano sobre el hombro de Sasuke.

—¿A mí me llama grano en el culo y tú que eres el Laird dejas que te llame muchacho? Hermano, estás perdiendo facultades.

—Mocoso, tu madre te limpiaba el culo cuando yo ya sostenía una espada en las manos. Si digo que eres un grano en el culo es que lo eres, y a Sasuke le llamo muchacho porque para mí siempre lo será, pero no creo que nadie lo respete más como Laird, como guerrero y como hombre que yo, así que cierra la boca si no quieres que te la cierre yo.

Sasuke sonrió y Utakata, con las manos en alto, soltó una carcajada.

—Te pones muy serio cuando se te lleva la contraria, Obito, eso es que te estás haciendo viejo.

—Muchacho del demonio —exclamó Obito. Tenía el entrecejo fruncido pero el brillo divertido de sus ojos desmentía su expresión austera. Obito se acercó a Utakata y antes de que este se diera cuenta, le dio un golpe en el estómago que lo dejó sin respiración—. Este viejo todavía tiene cosas que enseñarte, como que no debes fiarte de nadie —le dijo con voz más baja mientras le daba unos golpecitos en la espalda a Utakata que, doblado por la mitad, intentaba recuperarse.

—Lo he visto, pero no quería dejarte en mal lugar —dijo Utakata con voz entrecortada.

Obito sonrió antes de salir de la habitación.

Utakata se enderezó poco a poco hasta que consiguió ponerse derecho nuevamente.

—No lo has visto venir, ¿verdad? —le preguntó Sasuke divertido.

—Ese viejo pega tan fuerte como la coz de un caballo —dijo Utakata apretando los dientes.

Sasuke salió de la estancia sin decir nada más, con una sonrisa en los labios.