Capítulo 19

Humo


De pronto el Rey les ordenó que lo soltaran, cambiando el rumbo de las cosas, el mismo Rey tenía sus propios planes.

-Acércate y tócala…

La cara de asombro de todos los presentes era evidente.

-Ahora quiero que la tomes- exclamó con maldad -Me han llegado noticias de que esta vulgar me está engañando, a mí, a su Rey, con uno de mis soldados y quiero que tu le des su castigo-

-Pero su majestad-

-¡Calla!- se levantó de su asiento- ¿O acaso no puedes?-

-¿Por qué será? dijo sarcásticamente uno de ellos.

-Si no eres tu será Kunzite, o Jedite, me da igual. ¡Vamos hazlo tu!- dijo señalando a este otro mientras este se quitaba el cinturón.

-¡No!-

-¿Entonces?-

-Lo haré su majestad, pero no aquí-

-¿Cómo que no aquí? tiene que ser delante mío, y de ellos también ¿Por qué privarlos de semejante privilegio? Quiero ver de que eres capaz-

-¡NO!- se negó con ímpetu.

-¿Acaso tienes la osadía de negarte a mi orden?-

-Le he dicho que lo haré pero no aquí, y menos delante de ellos-

-¿Por qué no?- preguntó burlonamente otro de ellos.

-¡Silencio! No quiero mas interrupciones o lo haces ahora o haré que te corten la cabeza-

-No le temo a la muerte mi señor-

-¿No?- se quedó pensativo unos segundos- Ya lo se, mejor tu castigo será ver primero como le cortan la cabeza a esta furcia- expresó señalándola con desagrado y asco- ¡Llévenselos!-

-!No! ¡A ella no! !Si no ha hecho nada!-

-¡Calla, insolente!- métanlos en el calabozo y llamen al verdugo… este será un buen espectáculo para el pueblo, y una buena lección para que sepan quién manda aquí…-

-Si señor- dijeron a unisonó y sin prestar resistencia alguna, ambos condenados acataron en silencio mientras los soldados seguían las ordenes del rey, llevándose a la desdichada pareja hacia su final.

-¡Nadie se ríe de mi, ni nadie lo hará!- exclamo con fulgor el rey, tanto que se oyó hasta varios metros de allí.

Algunas horas después…

En un frío y asqueroso calabozo se encontraban aquellos enamorados, sujetados por unas cadenas muy pesadas y oxidadas.

-Se morirá de hambre- irrumpió el silencio.

-Eso no pasará, alguien la asistirá, no te preocupes-

-Sabes claramente que soy la única persona que sabe donde se encuentra, bueno y tú la segunda-

-Lo sé, pero confío en que alguien ira a por ella-

-¿Por qué estas tan segura? ¿Acaso no ves nuestro final y lo que ello significaría para la princesa?-

-Sí, lo sé, soy consciente de lo que nos espera…- hizo una pausa cambiando su semblante de tristeza por un poco de esperanza- pero también sé que ella no fallecerá en aquel sitio…- de pronto quedo enmudecida.

-¿Qué sucede? ¿Tienes otra de tus visiones?-

Pero ella seguía sin responder, quedando catatónica. El solo trato de acercar sus dedos y alcanzarla pero era imposible, ambos tenían sus muñecas y tobillos encadenados a la pared, lo que les hacía imposible moverse.

De pronto alguien se acercó, distrayéndolos de sus pensamientos.

-Vamos, es hora- era uno de los soldados que venía por ellos. Les quito las cadenas que los sujetaban a la pared pero les coloco otras, más pequeñas que las anteriores, para evitar que escaparan. y así los dirigió por un largo trecho, oscuro y húmedo, siendo el camino más largo de toda su cortas vidas.

Cuando por fin culminó aquel camino eterno, pudieron notar como una multitud los aguardaba, impacientes, con ansias de sangre. En aquella época era común que las ejecuciones se realizaran en la plaza pública, a la cual debían asistir todos los habitantes del lugar, era más un espectáculo, un horrendo espectáculo.

Mientras iban pasando entre la muchedumbre, esta les gritaban cosas como: "traidores, herejes, pecadores, asesinos…" entre otras palabras con cualidades similares. Los condenados no sabían el motivo que llevaba a aquellas personas a gritarles aquello, no sabían que les habrían dicho de ellos ni el motivo de su ejecución… pero tampoco querían saberlo.

Al final de ese fructuoso recorrido los esperaba el verdugo afilando un hacha lo bastante grande como para cortar ambas cabezas a la vez. Aunque su rostro lo tenía cubierto, se podía apreciar que era alguien horrendo y que estaba deleitándose con semejante escena.

Caminaron soportando insultos, humillaciones y hasta golpes por objetos que les lanzaban y al llegar a lo que sería el "escenario" los colocaron a cada uno de rodillas frente al bloque de decapitación.

Aquel hombre se acerco a ambos, primeramente a la joven, que a petición del rey sería la primera en morir. No les coloco ninguna venda en los ojos, de esta manera el pueblo vería el miedo que propagarían aquellos.

-Haruka recordó aquellas palabras "…tu castigo será ver primero como le cortan la cabeza…"- sin quitar su vista de la joven, la cual lo observaba de la misma manera pero con una paz inquietante.

El verdugo le retiro su larga cabellera dejando al descubierto la parte posterior de su cuello, para así poder tener un mejor acierto al momento de dar el corte.

No se podría decir que era más cruel si semejante espectáculo o que ambos amantes estén posicionados de manera que pudieran verse uno al otro mientras les arrebatarían sus vidas.

El público se mostraba expectante y el verdugo impaciente, todos aclamaban aquel final, el cual culminaría con ambas cabezas exhibidas en picas a modo de presagio antes quienes quieran contradecir al rey o no seguir sus órdenes. Bastaba un simple gesto del Rey, el cual se encontraba en un extremo, desde lo alto de un balcón observando, para ejecutar la acción. Y asi lo hizo, realizo un ademan con la cabeza indicándole al verdugo que era hora, pero mientras el hacha bajaba para cumplir con su objetivo un estruendo desconcertó a todos los presentes, obligándoles a dirigirse ahora hacia uno de los extremos del recinto. Estaban todos tan enfocados en la ejecución que no advirtieron que estaban siendo asediados por un pueblo rival.

Pronto comenzaron a llover flechas con fuego y a ser catapultados materiales asi mismo inflamables, prendiendo fuego a su paso.

Como era de esperarse los primeros en huir del lugar fueron el rey y sus súbditos como también el mismo verdugo, al que no le dieron los pies para salir huyendo del lugar, tirando su hacha al suelo.

-Hay que mantener a salvo al Rey- exclamo uno al resguardar al mismo ante uno de los pasadillos secretos- Ustedes vayan por las armas y por los demás soldados, hay que defender el castillo-

-Si señor- dijeron al unisono acotando las órdenes de su superior.

-¡Serena! Por fin te encuentro-

De pronto la castaña se topó con la jovencita cargando algo entre sus brazos.

-Veo que ya conoces a Luna-comentó acercándosele al gato para hacerle mimos.

-Lita, quiero irme de aquí por favor, no me gusta este sitio- le suplicó como si aún estuviera temblando del miedo.

-¿Estás bien?-

-Sí, no, bueno no lo sé-balbuceó sujetando fuertemente al pobre gato.

-Ven, vamos te llevaré a tu recamara para que descanses, te ves agotada-

-No quiero dormir… ¡quiero irme de aquí!- exclamó ya enfadándose hasta que un estruendoso trueno la asustó nuevamente.

-Calma, es solo la tormenta, ya mañana pasará, ven. Y mira, para que te sientas más tranquila esta noche puedes cuidar de Luna, ¿qué te parece?-

-Está bien-respondió con un puchero de niña pequeña.

Mientras se dirigían a su habitación la rubia recordó algo:

-"Busca en el primer rayo de luna sobre el calor y las cenizas…"- y lo repitió en una voz un poco alta.

-¿Qué has dicho?-

-Nada…-hizo una breve pausa- Que Luna es un bonito nombre para un gato, un gato negro- trató de excusarse.

-Gata-

-Ah, perdona amiguita- se disculpó acariciándole el lomo.

Lita la quedó observando un par de minutos mientras caminaban, eso último que había dicho le resultó muy familiar.

-Ven, vamos a tu cuarto que debes descansar- le dijo ingresando al mismo.

-¿Hueles eso?-

-¿Qué cosa, mi niña?-

-Es como… humo. Hoy lo sentí mientras estaba en uno de los pasillos-

-No, no lo creo,

-Será la sensación que me habrá quedado, ¡pero te juro que olí a humo hace unos momentos!-

-Todo está bien, quédate tranquila y duerme, que mañana será otro día, ¿Si?-

-Está bien-expresó un poco enfadada ya que no la creía.

-Buenas noches- le dijo la empleada mientras le daba unas pequeñas palmaditas en los odangos de la joven para luego marcharse y cerrar la habitación.

Ya afuera se dirigió hacia la otra habitación, la de Seiya, el cual ya debería de estar un poco mejor.

Al encontrarse con este lo vio sentado al borde de su cama impaciente, esperándola, parecía que seguía un poco mareado y que no tenía mucha estabilidad.

-¿La encontraste?-

-Si, quédate tranquilo, ya está en su cuarto descansando y tu también deberías-

- ¿Pero cómo esta?-

-Que está bien, deja de preocuparte. Ahora duerme y mañana charlaremos sobre lo sucedido con más calma, ¿Está bien?-

-Está bien- exclamó exhausto, no tenía fuerzas para oponerse ante las ordenes de Lita.

-Descansa, buenas noches- le dijo casi cerrando por completo la puerta cuando este le preguntó:

-Lita, ¿se ha quemado algo?-

-No, ¿por?-

-Es que me dio la sensación de oler a humo,…- se quedó algo pensativo.

-Habrá sido el golpe que te ha aturdido un poco-

-Si, debe ser…- se la quedó observando mientras esta se alejaba, ahora si cerrando la puerta detrás de sí.

-¿Olor a humo? ¿Dónde han estado estos dos?- se dijo para sí misma mientras se alejaba- Iré a inspeccionar, por las dudas, no sea…-

…..

Continuará…