Semillas
—Haz hecho un buen trabajo con las hortalizas, Lovino—decía Antonio mientras iba llenando su canasta con aquellos frutos.
Lovino le seguía de cerca haciendo lo propio, —¿Pensabas que lo iba a arruinar o algo así, bastardo?
—Para nada, sé que siempre has tenido buena mano para estas cosas —le sonrió, volteó hacía él, colocándole su sombrero para que se protegiera del sol.
—Gracias, aunque eso ya lo sabía —en su interior agradecía que Antonio estuviera haciendo negocios por el reino y hubiera tenido el detalle de visitarlo.
Lovino admiraba como su cultivo de tomates había crecido mejor de lo que esperaba. El tiempo y la dedicación que invirtió en él por fin estaba dando sus frutos, sus tomates habían crecido fuertes y sin problemas.
Le agradaba mucho ese pasatiempo y era mucho mejor que atender las aburridas tareas del castillo o tener que ayudar a su hermano en su trabajo. No era flojo ni nada por estilo, simplemente esa clase de labores no le causaban ningún placer, pero la noción del deber era más grande que sus intereses.
Llenaron sus canastas y decidieron descansar un poco bajo la sombra de un árbol. Hacer ese tipo de trabajos lo alegraban ya que le recordaban a su niñez, cuando su vida era más sencilla y podía pasarle sus tareas a Antonio.
Aquel bastardo que era un dolor en el trasero para él la mayor parte de las veces, pero debía admitir que la mejor parte de su infancia y adolescencia lo había pasado con él. Antonio le enseñó a cultivar y a partir de eso tenía planeado junto con él, vivir una vida tranquila como agricultores y lograr sembrar el tomate más grande y jugoso que jamás existió.
Pero sus planes se vieron arruinados cuando Antonio fue llamado para ser parte de la corte de Diamantes, mientras que Lovino tuvo que esperar a que su hermano y abuelo lo integraran a la corte del rey de Corazones.
—De cualquier forma, no habrían salido tan bien los tomates sin tus semillas —agregó Lovino mientras se acomodaba el sombrero y quitaba los guantes.
—¿Mis semillas? —Antonio le miró con incredulidad, logrando notar como el rostro del menor se coloreaba de rojo.
—Si, la última vez que nos vimos… te fuiste rápido a seguir a Bonnefoy por esto no te acuerdas—carraspeó, mirando a otra dirección para no hacer evidente su sonrojo —Dijiste que eran semillas de tu casa y por eso deseabas que las tuviera yo… por eso le pedí a mi hermano que me diera un espacio para cultivar, así que estos tomates también son tuyos.
Antonio recordó entonces, aquella vez simplemente había seguido a Francis en su viaje para poder tener la oportunidad de ver a Lovino por un rato. La visita fue corta, pero quería darle algo que le recordara a sus años juntos. Ahora se avergonzaba de haberlo olvidado.
—Lo siento, no lo recordaba con claridad… pero me hace feliz que tú si y que les dieras buen uso.
—De nada… —suspiró más tranquilo—Pero como igual son tus tomates tendrás que ayudarme a recogerlos, así que ¿esta vez te quedarías más tiempo?
—Si me das asilo puedo quedarme hasta mañana.
—Trato hecho—Lovino sonrió satisfecho con esa respuesta. Se recargó contra el hombro de Antonio y descansó a su lado hasta que tuvieron la energía suficiente para continuar con su trabajo.
ᴥ
Me parece una falta de respeto que no haya hecho un Spamano a estas alturas xD son mi pareja favorita.
Haré más de ellos pronto uwu
Gracias por leer.
