Capítulo 19

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Shikamaru no había contestado las llamadas de Ino desde aquella noche en que la refiriera a Sakura, lo cual había supuesto una de las traiciones y humillaciones más grandes de su vida… y hasta aquel día no sabía qué era peor, si el rechazo o la traición, y aunque Sakura no se había enterado de un secreto guardado por años, pues había estado al tanto de aquellos deslices luego de las primeras ocasiones en que la culpa y la desesperación la carcomían, verle el gesto de decepción mal disfrazado con la molestia aquella noche solo había golpeado con más fuerza un costado que ya sangraba desde antes.

Y seguía provocándola, picando con una ramita aquella parte tierna y adolorida… observó la taza de té que había estado bebiendo y la alejó.

Habían abordado aquel tema demasiadas veces desde aquella tarde y aunque no le extrañaba, le molestaba que Sakura defendiera tanto a Sasuke, sin darle el beneficio de la duda a ella bajo ninguna circunstancia y recriminándole, como llevaba haciendo desde que se enterara sobre sus aventuras con Shikamaru. En esos momentos, en los que se resguardaban de una insistente lluvia, no tenía manera de huir; apretó los dientes y extendió las manos frente a su rostro, en un intento por no gritarle a Sakura y llamar al atención de las personas que también esperaban a que cambiara el tiempo o comían y bebían en aquel café.

—¡Deja de defenderlo!

—No estoy defendiéndolo, cerda… es la verdad, Naruto se lo preguntó. Sasuke no te está poniendo los cuernos. Con nadie.

—¡¿Cuándo le preguntó eso?!

—¡La última vez que hiciste berrinche!

Enarcó los ojos, recordando aquella lejana tarde llena de llanto… ya había tenido nuevas sospechas desde entonces y Shikamaru había estado en alguna que otra de las ocasiones. Se mordió la punta de la uña unos momentos, sin dejar de mirar a Sakura con mala cara.

Sakura exhaló y rodeó su taza con ambas manos. —¿Por qué mejor no admites que te equivocaste y ya?

—¿De qué lado estás?

—Ino, te quiero mucho, eres mi mejor amiga-

Negó y bajó la mirada, interrumpiendo. —No lo digas…

—… pero hasta el momento Sasuke es inocente y tú no lo eres tanto.

Cubrió un puchero con sus manos. —¿Cómo puedes estar tan segura?

Miró su taza y agitó el té con la cucharilla, a pesar de no necesitar hacerlo. —… porque a Sasuke no le importa si decirte la verdad significa destruirte la vida. Él no dice mentiras.

Los ojos verdes asomaron sobre los dedos y luego de unos segundos Ino se escurrió en su asiento. —… si Sasuke se entera será el fin.

—Si Sasuke se entera podemos tener la certeza de que Chouji, Shikamaru tu y yo tendremos que huir de Konoha —murmuró.

Se quedaron en silencio, observando la fuerza con la que la lluvia golpeaba las ventanas… no podrían salir de ahí pronto. Ino observó a Sakura jugar distraída con la cuchara, pensando que quizá divagaba, como ella, en esa última oración que no tenía nada de broma. Dejó que sus manos descansaran sobre la mesa.

—Oye Sakura…

La muchacha la miró con insistencia.

—¿Por qué no le has dicho? —preguntó, luego de unos segundos.

Aquella era una pregunta que se había hecho desde el día que se sincerara con ella y una realidad que la había mortificado desde entonces, pues Sakura se había mostrado muy imparcial hacia Sasuke y nada le garantizaba que de pronto aquella parcialidad de la que disfrutaba cambiara de dueño.

El peso de la pregunta le cayó sobre los hombros con un ímpetu que bien podría haberla sofocado, pero se limitó a clavar la mirada en la mesa, ella se había hecho esa pregunta muchas veces antes, y aunque la mayor parte del tiempo concluía que tenía miedo a la reacción de Sasuke, la realidad era otra y ese día se vio obligada a hacerle frente. Ahí no podía distraerse con otras cosas e Ino no le permitiría cambiar el tema.

Sus ojos miraron de lleno a la rubia. —… porque no quiero lastimarlo… él te quiere, no estaría contigo si no.

Aquello no ayudó a Ino a sentirse mejor. Sakura retorcía una servilleta, debatiéndose, pero su suspiro fue suficiente para indicarle a Ino que se había decidido por sacarlo todo de su pecho, de una vez y para siempre.

—Sé que está mal… y sabes muy bien qué pienso de la infidelidad y que no estoy de acuerdo con lo que has estado haciendo… sigo pensando que deberías decírselo. No creo que vaya a perdonarte o al menos no lo hará fácilmente… o pronto. Pero cuando dices que lo amas, decido creerlo… y si tu promesa de no volver a buscar a Shikamaru fue cierta, puedo guardarme el secreto por siempre.

La miró de lleno el tiempo que los ojos de su amiga lo soportaron.

—… pero no te confundas, Ino, si rompes tu promesa voy a decirle, sé que mi amistad con él va a sufrir bastante, probablemente se termine, pero no voy a seguir permitiendo que le veas la cara de ese modo.

—… es lo justo —murmuró.

—No… lo justo hubiera sido que corriera a decirle desde el primer día.

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—Sigue lloviendo —anunció Karin, resignada.

Las cosas con Suigetsu y Juugo seguían extrañas en cuanto al tema de Shikamaru y aunque el primero no solía inmiscuirse demasiado y no había dicho más desde aquella noche en la terraza, Karin había notado ciertas muecas y los silencios obligados del muchacho cuando les había contado sobre lo sucedido en aquel corto viaje y su decisión de dejar que las cosas fluyeran por su cuenta; Juugo había sido un poco más directo, le había advertido, más bien repetido, que estaba jugando con fuego… pero se había decidido ya, iba a arriesgarse.

—… y lo más interesante es que el agua cae de arriba abajo —murmuró Shikamaru, con voz aún más monótona de lo normal.

Karin se alejó de la puerta de cristal y se dejó caer en el sillón, moviendo con el aire las virutas de cartoncillo que Shikamaru había apilado frente a él.

Llevaban la tarde entera encerrados en el apartamento, la temporada de huracanes había alcanzado su apogeo días antes y aunque no se encontraban en zona de peligro las lluvias seguían siendo impresionantes. Estropeados los planes para aquel día, en el que a ella le había correspondido elegir las actividades, todas al aire libre, se vieron confinados en el apartamento al no encontrar algo mejor que hacer y decidieron que quizá había llegado el día en que Shikamaru le enseñara a jugar Shōgi, pero ella se había frustrado tras varios intentos. Y al verse envueltos en conversaciones tontas, entregados a la resignación de la pérdida de tiempo, Shikamaru aprovechó para trabajar en una de sus maquetas pendientes.

Aún faltaba tiempo para los días cortos, pero aquellas nubes cerradas y oscuras les habían dado un adelanto de lo que octubre podría depararles. Hacía unos minutos que la noche cubría la ciudad y Karin se debatía entre arriesgarse a andar en aquella lluvia traicionera que amainaba y volvía a azotar o quizá tener que despertar demasiado temprano para tomar el primer tren de regreso a casa. Miró a Shikamaru, concentrado en su maqueta y se estiró en el sillón, alternando la mirada entre su teléfono móvil y el muchacho, sin decidirse por alguno.

El cielo retumbó y con él parpadearon las luces en los focos, para después desaparecer y dejarlos sumidos en una terrible oscuridad, casi absoluta.

—Shikamaru, nos vamos a morir —bromeó, con voz grave.

—Cállate —pidió, acercándose a la puerta corrediza —… no digas esas cosas.

Afuera la oscuridad sería absoluta por igual, de no ser por los rayos que surcaban las nubes en momentos e iluminaban la ciudad con esa luz blanca. Se quedó contemplando el clima en silencio, ni siquiera la mirada de Karin podía encontrarlo en esos momentos; miró al apartamento, ni una sola silueta podía vislumbrarse.

Un pequeño cuadro de luz apareció entonces, Karin utilizaba el brillo de su pantalla para encontrar al muchacho en aquel mar de nada que de pronto se los tragaba. Clavó la mirada en la figurilla humanoide sobre la que rebotaba débilmente la luz y se sacudió un escalofrío al ver el rostro, ligeramente deformado por las sombras, la frustración se aferraba a cada una de las facciones.

—Estás salado —murmuró, con una risilla.

—Este era tu día, la mala suerte es tuya —aseguró.

No tuvieron que indagar demasiado tiempo para comprobar que el complejo se encontraba sumido en la oscuridad.

Karin escuchaba en silencio la lluvia escurrir por el vidrio. El cielo se iluminó de nuevo, otorgándole al exterior una iluminación que se emparejaría con la del día de no ser por los brillos blanco; cuando la oscuridad volvió, el rugido del cielo retumbó con una fuerza que se sintió hasta en el suelo. Con su mano trémula se aferró al brazo de Shikamaru, en un gesto que intentó hacer pasar por uno casual, y que falló desastrosamente, dejando ver la incomodidad que sentía durante las tormentas.

—¿Te dan miedo las tormentas?

—N-No… solo no me gusta el ruido —se apresuró a decir.

Shikamaru sonrió y le frotó la espalda con cuidado, besándole la cabeza. —… y ésta se está dejando notar…. Buscaré la linterna.

Se aferró a él al sentir que se alejaba y negó, pero pronto fue consciente de que el gesto no podía ser apreciado.

—No importa —murmuró, ya se había acostumbrado a la oscuridad y podía vislumbrar algunas cosas.

—Está bien.

Sonrió apenas un poco y pegó su rostro a la frente de la muchacha, no le dio un beso, no dijo nada, solo se mantuvo en aquella posición, antes de tirar un poco del brazo de ella y caminar hacia el sillón, donde se dejó caer; en ningún momento sus manos se soltaron. El susurro de las ropas de la muchacha y el peso sobre sus piernas le indicaron que Karin se había sentado en su regazo. Recargó la cabeza en el respaldo y dejó que la punta del dedo de la muchacha se paseara desde su frente hasta la punta de su nariz, relajándolo.

Recargó su mejilla en el hombro del Shikamaru y miró hacia la puerta de cristal, por la que entraba luz en momentos.

—¿En qué piensas? —murmuró.

Shikamaru tenía los ojos cerrados y parpadeó, ligeramente sobresaltado por escucharla hablar de pronto.

—En nada…

—… hmm.

—Hm.

El silencio los envolvió de nuevo, mientras Karin se entretenía, paseando la punta de su dedo sobre el pecho del muchacho, dibujando líneas que conectaban una y otra vez con los giros que daba en momentos.

—¿Es uno de esos días? —preguntó Shikamaru.

No eran constantes, pero a Karin la atacaban depresiones en momentos menos esperados o por razones completamente inocentes, ni siquiera ella comprendía la mayoría de las veces porque se encontraba llorando luego de lo que fuera que le catalizara el sentimiento. Había aprendido a detectarlos, la muchacha se encerraba en si misma cuando pasaba eso… pero aquel día no había notado señales de alarma.

Negó suavemente y sonrió. —¿Vas a volver a decirme que vaya a terapia?

Shikamaru volvió a cerrar los ojos. —… ríete todo lo que quieras, pero al final del día es lo que necesitamos.

Se alejó entonces, para poder mirarlo, aunque en verdad no pudiera ver más que la silueta de su cuerpo. Asintió una sola vez y tomó la mano que comenzó a jugar distraída con un mechón de cabello. La extendió con cuidado, cubriendo la palma en totalidad con su propia palma. Luego de unos minutos, entrelazó sus dedos.

—¿Qué piensas? —preguntó ahora Shikamaru.

—… en lo que dijiste aquella vez.

Enarcó una ceja y abrió los ojos de nuevo, a pesar de no poder ver demasiado, Karin volvió a hablar.

—…. que el camino a la felicidad no es una línea recta. Dices que los altibajos son normales…

—Y lo son —murmuró, sin ánimo de interrumpir.

—¿Lo son?

Shikamaru acercó las manos a sus labios y besó los nudillos de Karin. —… estás dando los pasos en el camino indicado, no importa que caigas, siempre y cuando te levantes y sigas adelante.

—¿Y tú?

Se sintió ligeramente incómodo, aunque no de la misma manera en que se sentía con Chouji, Ino o su madre. La miró de reojo, sintiendo como su rostro y cuello se tensaban un poco, así que se obligó a relajarse por el bien de su reciente tranquilidad. No podía verla, pero la cercanía le bastaba.

—Y yo…

Recargó la mejilla en su mano y se esforzó por vislumbrarlo.

—… voy a salir —le aseguró —, esta casualidad me ha ayudado, aunque no lo creas.

—¿Qué casualidad?

—Conocerte.

—… conocerme —repitió, en un susurro.

Se levantó del sillón, no se esforzó por acomodar sus ropas al saber que Shikamaru no podía verla, pero sacudió su cabello unos momentos, ajustándolo en una coleta que alivió el bochorno que comenzaba a sentirse ahí dentro. Se quitó las gafas y las colocó con cuidado sobre la mesa, asegurándose de no perturbar el trabajo inconcluso de Shikamaru y de no olvidar donde estaban.

—No creo en coincidencias... —recordó, sacando su cigarrera y un encendedor de su bolso.

Rio, con esa risa carente de emoción y desentonada, apretando un cigarrillo en sus labios. La llama les otorgó un momento de apreciación; el tono naranja que coloreó el rostro de Karin se reflejó en las pupilas de Shikamaru, que la miraban fijamente, incapaces de mirar a otro lado.

Le dio una honda calada al cigarrillo y tras acomodarlo con delicadeza entre sus dedos, se acercó a Shikamaru, acomodándose con cuidado sobre el regazo del muchacho, pasándole uno de los brazos sobre los hombros, en un abrazo relajado, si podía llamársele de esa manera a aquel contacto.

—Me has ayudado tanto… a veces me desespera no poder ofrecerte algo a cambio.

—Tú también me has ayudado —aseguró, jugando con un mechón de cabello.

Observó en silencio el diminuto brillo anaranjado que se mantenía a centímetros de su rostro y daba color a unos cuantos contornos, como la punta de la nariz o la curva de los pómulos.

—¿Cómo? No puedo decir que entiendo tu dolor, porque cuando mis padres murieron no lloré y no los extraño, y cuando mataron a mi maestro me alegré…

No había tristeza en las palabras, aquello estaba cargado de una curiosidad genuina ante aquel eterno sentimiento de insuficiencia que la aquejaba la mayor parte de las veces. Se jactaba de haber vivido un infierno, pero a la hora de querer ayudarlo ninguna de sus vivencias la ayudaban a hacerlo sentir mejor… ella se había acostumbrado y amoldado a la mala vida, no la había superado. Lo miró, o al menos intentó hacerlo, sus ojos observaban el brillo que se reflejaba en las pupilas del muchacho.

—No puedo darte un monólogo que vaya a cambiarte la vida… tengo las manos vacías.

—Que problemática eres —se quejó, frotándose el rostro.

Volvió a recargar la cabeza en el respaldo, manteniendo los ojos cerrados, una diminuta sonrisa se extendía sobre sus labios… en cualquier otro momento aquello le habría provocado un nudo en la garganta que le impidiera hablar.

—… eres la única persona que no me ha visto con lástima o pena al mencionar a mi padre o a mi maestro.

—Porque casi no hablamos de ello.

—No hablo de ello, ni con mi madre… —abrió los ojos y miró al oscuridad sobre ellos —. Sé que están preocupados por mí, pero nada de lo que dicen ayuda.

—¿Y lo que yo te digo sí?

Rio ante el tono sarcástico.

—Solo me quedo sentada como idiota y te digo que está bien estar enojado o estupideces de ese tipo —insistió.

—Lo sé… y eres sincera cuando lo dices y no me presionas a dejar de sentir lo que sea que sienta en el momento —murmuró.

El cigarrillo se consumía por sí mismo. El brillo se alejó de ellos cuando Karin buscó el cenicero que Shikamaru había usado antes y apagó ahí el cigarrillo. Miró la oscuridad unos momentos y luego se abrazó al cuello del muchacho, recargando su cabeza contra la de él, sintiendo los suaves movimientos de la respiración.

No se convencía.

Las luces parpadearon como minutos atrás, quizá con la intención de darles esperanza, pero en esos momentos se distraían con el otro y ni siquiera miraron hacia los foquillos. Karin volvió a recargarse en la mejilla de Shikamaru.

—… suena a que te tengo estancado.

—No me estás estancando, ya no pienses eso.

Las luces parpadearon de nuevo.

Esta vez fue la oscuridad la que desapareció. Ellos se quedaron en aquella posición, porque Karin no se atrevía a alejarse de Shikamaru y permitirle verle el rostro… pero los ojos negros se desviaron inmediatamente hacia sus manos, que se mantenían entrelazadas sobre su pecho. El rechazo inicial que había sentido por el tema de pronto se convirtió en algo que no supo cómo recibir. Respiró profundo, pero no pudo hacer demasiado por su tranquilidad. Acarició con cuidado los dedos de Karin y asintió una sola vez.

Levantó el rostro al sentir que ella se alejaba y la obligó a quedarse cerca. Observó los ojos en silencio, era la segunda vez que la gentileza se mostraba por completo en ellos. Sintió la suavidad con la que Karin le tomaba el rostro y lo besaba en la frente y se dejó hacer, escuchando el eco lejano de las palabras. Alejó el cabello rojo del rostro de la muchacha y lo contempló el silencio. La imagen de Karin se le distorsionó gracias a las lágrimas que le inundaron los ojos de pronto.

Afuera la tormenta había amainado y aunque seguía lloviendo, ya no sería un riesgo salir de ahí con paraguas en mano.

—Quizá sea hora de irme —susurró.

—Sigue lloviendo. Quizá debas quedarte esta noche…—recomendó.

—Podrías llevarme a la estación…

—Mi auto no funciona bien en la lluvia —mintió —, tendrías que caminar.

Enarcó una ceja y no pudo evitar hacer un ligero movimiento con la cabeza, se cubrió los labios con una mano, pero no pudo hacer nada por detener una risilla.

—Podría resfriarme… —susurró, recibiendo un beso en el cuello.

—… sí, y eso sería un pequeño inconveniente.

Su gesto se contrajo un poco, sopesando las posibilidades. —… un gran inconveniente.

—Quédate —pidió, aferrándose a ella.

—Lo que sea que estamos buscando no vamos a encontrarlo en el cuerpo del otro —aseguró, cediendo a los besos.

—Solo cállate y deja de volver esto tan tedioso —rogó —, estoy buscándote a ti, mujer.

Dejó salir una risa, que se vio interrumpida por un beso. Se quedaría la noche… se quedaría el tiempo que él quisiera. Cuando el cabello negro fue liberado de la coleta, quitó los mechones del rostro y lo miró unos momentos, lamentando aquella sensación que la carcomía, y le hacía creer que no podrían ser por siempre lo que fuera que estaban siendo en ese momento.

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Aquel clima la había obligado a quedarse en el centro de la ciudad más tiempo del que había planeado y haberse ofrecido a llevar a Sakura a su casa la dejó varada en la realidad de que no importaba cuán rápido manejara, llegaría tarde a casa de cualquier modo. Se despidió de su amiga con una sonrisa y la observó caminar y perderse luego de unos momentos, al entrar al edificio, y aunque la sonrisa desapareció lentamente de sus labios su verdadero ánimo no se reflejaba con aquel gesto.

Se frotó el rostro luego de unos segundos y vio el reloj… Sasuke no iba a reñirle por llegar tarde a casa, pero ella tampoco solía quedarse fuera hasta tarde sin avisarle y bastaba presionar un simple botón en el tablero para que su teléfono conectara una llamada con él; pero cuando sus dedos se disponían a presionarlo, se desviaron al botón de las intermitentes, desactivándolas, y sin pensarlo demasiado se unió al tránsito inexistente que había en aquella zona residencial.

Estaba consciente de que no quería llegar a casa aún.

—… quizá deba pasar unas horas a solas —murmuró, golpeando con uno de sus dedos el volante, rítmicamente, ante la luz roja del semáforo.

Saber que ya iba tarde solo le hacía pensar que aquella era una señal…

El sonido que resonó por las bocinas le anunció una llamada entrante y al mirar el nombre que aparecía en la pantalla del tablero exhaló, pero contestó de igual manera, la voz de Sasuke resonó luego de su saludo.

¿Vas manejando?

—Sí, pero estás en altavoz… ¿pasó algo?

Solo quería saber si estabas bien, no contestaste mi mensaje.

—¡Oh! ¡Sí, lo olvidé por completo, lo siento! Pudimos llegar a un café antes de que la lluvia ganara fuerza, pero Sakura estaba hablando de algo importante y no quise —sus palabras se perdieron entonces, dándose cuenta de lo que estaba diciendo y sintiéndose enferma de pronto. Carraspeó. —… no quise interrumpirla.

Descuida.

Asintió, sus manos se deslizaron por el volante al dar vuelta y enderezarlo.

¿Ya vienes a casa, entonces?

Su mirada se enarcó, pero no se alejó jamás de la vía. —… tardaré un poco, justo había dejé a Sakura.

Te espero.

—Nos vemos —se despidió.

El silencio que procedió a la llamada casi la enloqueció, a pesar de que el motor de auto solía poder escucharse, suavemente, y que afuera había más autos y charcos. Sus cejas se juntaron y su gesto se contrajo un poco, descomponiéndose en una mueca de rechazo que nunca antes había sentido luego de escuchar esas palabras por parte de Sasuke; se cubrió los labios y no le sorprendió que un suspiro escapara de sus entrañas, lo que le sorprendió fue la profundidad de la que emanaba.

Sasuke no te está poniendo los cuernos.

Miró la pantalla, solo para cerciorarse que la llamada había finalizado, y entonces dejó que el sollozo que se había callado momentos antes resonara, envolviéndola pronto en un ruido extraño que no podía detener. Con las manos apretadas sobre el volante, dirigiéndose a su rostro en momentos para limpiar las lágrimas, se esforzó por mantener la compostura y dejar de llorar, pues no importaba la hora del día que fuera, Sasuke notaría sus ojos enrojecidos e hinchados.

Y dudaba poder tolerar las preguntas aquella noche.

Detuvo el auto a unos metros de la casa, al final de la calle, y la observó en silencio, imaginaba a Sasuke mirando por la ventana, notando el auto detenido. Si rememoraba los últimos meses no podía quejarse, las ausencias no habían disminuido, él seguía viajando demasiado por cuestiones de trabajo, pero lo había sentido más suyo aquellos últimos días que nunca antes, y aunque no podía deshacerse de esa sensación que le subía por la garganta cuando recordaba a la resbalosa de Karin… con sus faldas cortas y esa insistencia por colgársele a Sasuke del cuello, no podía ignorar la crueldad y la certeza de su propia verdad.

Sasuke no te está poniendo los cuernos.

—… supongo que estoy volviéndome loca —murmuró, quitando el freno y acercándose a la casa.

Al entrar no había esperado encontrar a Sasuke en la cocina o en la sala, pero estaba consciente de que la esperaba. Con aquello pesándole en los hombros, recorrió silenciosa el camino a la habitación, apagando las luces que habían sido encendidas de manera estratégica para que ella no tropezara o se confundiera en la oscuridad.

La conversación con Sakura no dejaba de hacer ecos dentro de su cabeza y en momentos se sorprendía susurrando maldiciones como respuestas a sus propios pensamientos; se detuvo al pie de la escalera y miró la sala de estar en silencio, ahí abajo la oscuridad casi era absoluta y en el pasillo, allá arriba, brillaba la última luz que la guiaría hacia la habitación.

Parpadeó y separó los labios al encontrarse con la figura del Sasuke al final de la escalera, tenía un gesto extraño en el rostro.

—¿Sa…?

—¿Qué haces ahí parada? —interrumpió sin notarlo.

Una sonrisa se extendió por sus labios y comenzó a subir. —Estaba pensando.

—¿En qué? —inquirió, extrañado.

—En ti.

Sasuke juntó las cejas al escuchar aquello, pero no preguntó más, Ino tenía la costumbre de lanzarle esas curvas y después de años había aprendido a apreciarlas por lo que eran: oportunidades para demostrarle su afecto o coqueteos. Una vez que Ino estuvo a su altura, se inclinó para devolverle el saludo con un beso en los labios.

Ino sintió la mano de él deslizarse por su espalda y acomodarse ahí, y caminaron a la habitación.

—…me asustaste. No esperaba verte ahí, parado como un fantasma.

—Te dije que iba a esperarte.

—Lo sé… pero eres demasiado silencioso, te voy a poner un cascabel, como a los gatos —se burló, mirándolo con una sonrisa.

Los ojos negros le dedicaron un vistazo extraño y luego los labios se extendieron, apenas un poco, en un gesto que había aprendido a adorar.

—Tú también me asustaste —admitió.

Una vez dentro de la habitación, Ino caminó directo al baño, escuchándolo a él decir algo sobre haberse preocupado por lo inclemente que había estado el tiempo un buen rato. Respondió alegre, pero al volver la atención a su reflejo en el espejo se sintió profundamente abatida y desdichada; se miró fijamente, mientras cepillaba sus dientes, Sakura no exageraba al decir que si Sasuke se enteraba de lo que había pasado con Shikamaru ellos tendrían que escapar de Konoha… e incluso del país.

Observó el agua llevarse los restos de dentífrico que había escupido y enjuagó, quizá demasiado, su boca.

Aunque tenía la certeza que nadie había hablado de eso con otras personas y que, a menos de que ella hablara dormida o de pronto ellos fueran atacados por una droga que los obligara a escupir secretos, Sasuke no se enteraría jamás de aquel desastroso crimen, no podía sentirse tranquila. Sus manos temblaron al estirarse para tomar uno de los productos que masajeaba sobre su rostro por las noches y su gesto se contrajo al escuchar la caída de los frasquillos. Los enderezó y vertió en su mano la última dosis, girándose, dispuesta a ir a la cama.

Se sobresaltó al encontrarse con Sasuke, recargado en el alfeizar.

—¡Haz ruido! —exigió, palmeándose el rostro con demasiada fuerza al untarse la crema.

Sasuke desvió la mirada, en una falsa mueca de fastidio, pero no se alejó de la puerta, impidiéndole salir. Ino tuvo que esforzarse por no perder el gesto divertido y no tragar su saliva con dificultad, mientras posaba suavemente las manos en su pecho, empujándolo.

—¿Qué? —insistió, juguetona y nerviosa. —Me estás poniendo nerviosa…

—Creí que ya no tenía ese efecto en ti —murmuró.

Enarcó las cejas, sin poder evitar que una risilla escapara de sus labios… Había esperado que se alejara hacia la cama, pero se quedó parado en la puerta, mirándola, con los labios extendidos aún en el fantasma de aquella sonrisa que le provocara con su broma infantil. Le acarició suavemente la mejilla, observando los ojos negros, la nariz, los labios… luego se distrajo con el cabello.

—Vamos a dormir —susurró —… estoy cansada.

Asintió, pero en lugar de alejarse a la cama se acercó a ella y le dio un beso en los labios, diferente al que le había dado para saludarla. Sus manos, que se habían aferrado a las mejillas, se deslizaron por el cuello y los hombros, a la cintura, aferrándola unos momentos; Ino le correspondía el beso, pero no con la misma efusividad con la que él la besaba.

—Te amo —susurró, cortando el beso y mirándola a los ojos.

—Y yo a ti —contestó, de inmediato.

Él se alejó de su rostro, pero no la soltó, y una de las manos se pasó suavemente por su frente, alejando los cabellos que se obstinaban por caerle sobre el rostro, acomodándolos con cuidado detrás de su oído. Le sonrió con cariño, sintiendo que su cuerpo temblaba, pero no por la emoción de aquel beso, como seguramente creyera él, sino por caer en la cuenta de que hacía días que no se había atrevido a usar esas palabras con él.

Una piedra apareció de pronto en su estómago.

—Vamos a dormir —murmuró Sasuke, alejándose hacia la cama.

Aprovechó que él le daba la espalda para dejar que el gesto que se había tragado se colara en su rostro y sin poder evitarlo corrió tras él y lo abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en la espalda de él, aspirando su aroma.

—Te amo, Sasuke… te amo, te amo, te amo…

Se giró y le sorprendió que Ino que aferrara a esconder el rostro en su pecho. Le pasó el brazo por los hombros luego de unos momentos, frotándole la espalda, había creído que de nuevo tendría algún episodio de celos o inseguridad, pero de los labios de la muchacha no escapó ninguna otra palabra.

Le besó la cabeza y la estrechó.

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Aunque Chouji no solía ir por ahí, dejando que su lengua se fuera demasiado lejos, algunas cosas corrían un poco más rápido de lo que a Shikamaru le gustaría, y aunque había previsto las insistencias, no podía tolerarlas del todo. Luego de volver del festival en Osaka, unos cuantos días después, le había dicho a Chouji que se había decidido a dar el siguiente paso con Karin y que lo suyo ya era más formal de lo que habría imaginado jamás… y de alguna manera Yoshino había logrado sacarle la información al muchacho y desde entonces no podía con la insistencia sobre el tema.

Miró a Karin, sorbía distraída del vaso, mirando las ligeras ondas que la brisa provocaba sobre el agua.

—¿Qué piensas de mi madre?

Las cejas se juntaron y las pupilas se desviaron hacia su rostro, no se atragantó, ni se mostró alarmada, pero la confusión pintó una mueca en la cara de la muchacha.

—No sé, no la conozco…

—Pero te he hablado de ella.

—Meh… lo que una persona diga de otra no la define…

Asintió, no podía luchar contra esa filosofía, y miró las nubes de nuevo. No existía un orden lógico en todas esas cosas, pero suponía que llevar a Karin directamente con Yoshino era saltarse unos cuantos pasos importantes en el camino.

—¿Qué harás más tarde?

Los ojos rojos volvieron a desviarse hacia el muchacho, que se había sentado mientras decía aquello.

—… nada.

—¿Quieres ir conmigo al billar?

—¿En domingo?

—¿Por qué no? Será temprano.

Se observaron en silencio unos momentos, hasta que Karin se encogió de hombros y regresó la mirada hacia el agua.

Volvió a recostarse sobre la manta que habían llevado para evitar que sus ropas se humedecieran con la humedad de la tierra y la hierba. Miró en silencio el cielo nublado de aquel día, el otoño había llegado con una presencia diferente aquel año, habían sido muy pocos los días soleados a pesar del calor insoportable que se sentía.

Karin lo observó en silencio, aburrida. Se acercó a él y se recostó sobre su pecho, como se había vuelto costumbre últimamente; mordió distraída el empaque del dulce que había estado comiendo y sonrió. Ese tipo de días era el que más le gustaba y no podía esperar a que llegara el invierno, entonces Shikamaru no tendría excusa para mandarla lejos por el calor, tendrían los traseros tan helados que agradecería tenerla pegada todo el día; rio ante la idea y sintió la mano de él caer pesada sobre su hombro, palmeándolo un poco, en una extraña costumbre que tenía para hablar sin pronunciar sílaba alguna.

—Nada —murmuró, sin dejar de morder el empaque. —Ne, Shikamaru…

Se movió apenas para poder mirarlo, la trenza en la que había aprisionado a su cabello cayó pesadamente de su hombro, miró fijamente al muchacho.

—¿Qué tan lejos está Irlanda de aquí?

—Eh… —los ojos negros miraron al frente, pero su cabeza intentaba ubicarse en el mapa. —Algo lejos.

El rostro perdió el entusiasmo que había adquirido de pronto y la muchacha volvió a recostarse en su pecho; la miró, a pesar de la incomodidad que empezaba a sentir en el cuello.

—¿Por qué?

—… curiosidad.

Se quedó con aquella respuesta y dejó que su mano jugara con la trenza, no era tan divertido observar nubes en días nublados, pero seguía prefiriéndolo a muchas otras cosas y si tenía a Karin a lado podía ser aún mejor. Sonrió ligeramente y dejó que la mano descansara sobre la espalda de la muchacha.

Esos últimos días habían sido un poco menos asfixiantes, Karin le había dado una buena patada en el trasero aquella noche de tormenta, sin proponérselo, y aunque no podía decir que había dado un paso directo hacia la recuperación, su cabeza había dejado de fingir que tenía la vista gorda al tratarse de los problemas que venía cargando aquel año. Miró el cabello rojo unos momentos y sus ojos volvieron al cielo.

—Compré un libro el otro día —murmuró la muchacha de pronto.

—¿Ya lo empezaste a leer?

—… ya lo terminé.

—Te gustó.

—La verdad no, pero no podía dejar de leer.

—… algo debió hacer bien el autor.

Una risilla arrastrada escapó de sus labios pero no pudo evitar asentir; se removió, para poder quedar bocabajo sobre el pecho de Shikamaru y tras acomodar su mentón sobre sus manos, para no lastimarlo, lo miró fijamente al rostro. No podía evitar que la sonrisilla se colara en sus labios y estiró la mano hacia el mentón del muchacho, dándole un ligero apretón, en un gesto cariñoso que había desarrollado con él y solo para él.

—¿A qué hora vamos a ir al billar?

—En un rato más… es temprano aún —murmuró, mirando su teléfono y asintiendo. —¿Quieres que te lleve a casa?

—Puedo irme sola—murmuró, mirando le gesto aburrido. —¿No quieres que me vaya?

—La verdad no…

—¿Vamos a vernos todo el día?

La miró, como miraría a un insecto extraño. —¿Estás harta de mí?

—Claro que no —comenzó a decir, pero se calló y rio avergonzada al ver la sonrisa burlona.

—Si necesitas irte, puedo llevarte a casa.

Lo miró unos momentos y luego se acomodó en su brazo, pasándole el suyo sobre el pecho y abrazándolo con fuerza.

—¡No! Me quiero quedar así —gruñó —… toda la vida.

Shikamaru asintió, complacido con aquella pequeña declaración, que en otro momento la habría mortificado al comprender lo que significaba.

Toda la vida.


¡Feliz año nuevo!

Por un 2021 que sea miiiiil veces mejor que el 2020 ¡parfavar! e.e

Traigo capítulo más largo de lo normal en compensación por los de diciembre :3 y vuelvo a actualización semanal. Yay. Ya este año viene el final... khe berbuensa me da ahora que vuelvo a ver que publiqué el primer capítulo en el 2014 D: Muchas gracias por seguir aquí ;-;

Viernes, 01 de enero de 2021