A/N: ¡este es el único capítulo hoy, 05/10! Con el tema, de nuevo de forma no ortodoxa, "Hola mi amor, soy tu lobo", espero sea disfrutable :)
01 de Octubre de 2026
No volvería a dormir sólo cuatro horas ningún día pronto. El dolor de cabeza y la falta de ganas para cualquier cosa con que amaneció eran increíbles, pero el hallar la cama sin rastros de su novio hizo que se vistiera con lo que tenía a mano tan rápido como pudo y saliera disparada por la casa, buscándolo, sólo para hallarlo en la cocina preparando el desayuno ante la mirada incrédula del empleado que usualmente lo hacía, que justo entonces decidió retirarse, aunque no por donde estaba ella.
- Alguien no durmió en su cama anoche. - le susurraron al oído, y no pudo evitar saltar de la sorpresa, tropezando en el proceso y empujando la puerta que la separaba del muchacho que, a todas luces, la había estado esperando.
- Ah, Asuna, Kouichirou, estoy preparando el desayuno así que por favor esperen. - les lanzó una expresión amigable y volvió su atención a lo que estaba haciendo.
La chica y su hermano se sentaron juntos en unas banquetas delante de una barra, a espaldas del cocinero.
- ¿Dormiste con mi cuñado, hermanita? - la molestó despiadadamente. - ¿Estuvieron jugando o solamente fuiste a dormir? - ante la cara bordó de la joven, se rio y le palmeó el hombro dos o tres veces. - No diré nada, tu secreto está a salvo. -
Ella, queriendo cambiar de tema a toda costa, se acercó al joven adulto a su lado, y habló con el suficiente volumen para que Kazuto escuchara.
- ¿Sabías que la última vez que quiso hacerme el desayuno quemó la mitad de lo que tenía en el inventario antes de lograrlo? -
El chico se quedó duro un momento y luego se rio para tratar de pasar desapercibida su vergüenza, a sabiendas de que no engañaría a su novia.
- ¿En serio? - preguntó Kouichirou, sumándose a la broma. - Ey, cuñado, ¿seguro que no quieres ayuda? -
- Para nada. - insistió el aludido, dándose vuelta con la sartén en la mano para que vieran el estado del huevo frito y los tocinos que estaba haciendo.
En un arrebato de orgullo hacia algo que había practicado muchísimo, hizo un suave movimiento con la mano y luego otro muy violento, lanzando el huevo y las tiras de carne hacia arriba. Se atrevió, incluso, a hacerlo con los ojos cerrados. Los alimentos catapultados cayeron de nuevo sobre la sartén, en una caída tan limpia como la de un chef profesional, y siguieron fritándose, como si no hubieran acabado de girar trescientos sesenta grados en el aire.
Su pareja y su hermano estaban por dejarle ver su asombro por la pirueta, pero alguien habló desde la puerta antes de que pudieran.
- Fingiré no haber visto eso, Kazuto-kun. - Yuuki Kyouko entró en la estancia ya vestida formalmente. - Aunque quisiera saber por qué estás haciendo el desayuno tú y no el cocinero. - dejó caer mientras se sentaba al lado de su hija.
- Oh, bueno, yo… - empezó Kirito, claramente sin saber dónde meterse ni con qué excusarse.
- Kazuto-kun me dijo que quería hacer el desayuno para Asuna. - intervino Kouichirou, de la nada. - Ella lo desafió a que fuera para todos, no sólo para sí, y me tomé el atrevimiento de pedirle al cocinero que le permita hacerlo. -
La pareja se quedó viéndolo, como atontados por un momento, y, por suerte, Kyouko no les vio esa mueca, ya que estaba con los ojos cerrados masajeándose el cuello. Finalmente, reaccionaron y siguieron la mentira.
- Cierto. - acompañó Asuna, mientras se acomodaba los cabellos en dos colas, que, desde la noche anterior, que había compartido con su novio, se le habían deshecho y no había vuelto a armar. - Admitiré que me tenté porque sólo me ha cocinado en ALO y la única vez que probé su comida aquí fue… - se frenó en seco, repentinamente avergonzada, luchando contra su cara, que estaba pasando por todos de rojo que ninguno de los presentes creía posible.
Su madre le frotó la espalda, en un gesto que hacía años que no tenía.
-Dilo, no pasa nada. - la instó.
La chica lo dudó de todos modos. Tiempo atrás, decir en voz alta lo que casi había soltado habría estado muy mal visto por esa mujer. La habría encerrado en la casa y le habría prohibido salir a toda costa. Pero desde que la había enfrentado, y convencido, había empezado a relajar su control sobre ella, al punto de que la cena del día anterior hubiera tenido lugar.
- … Cuando n-nos co-comprom-metimos. - dijo, no sin dificultad.
Kyouko levantó muy apenas la comisura de los labios.
- Mientras estés bien. - le susurró.
Kouichirou se acercó al oído de su hermana.
- ¿Qué le hiciste a mamá, Asuna? - preguntó, lo suficientemente bajo para que sólo ella le oyera. - No es ella misma. Incluso cuando la llamaron hace un tiempo para decirle que estabas teniendo problemas con eso que contaron anoche, ella, más o menos, a su manera, claro, les dijo "Mi hija no es tan débil como para dejarse vencer por un simple coma. Tengo absoluta confianza en que volverá." -
- ¿Mamá dijo eso? - quiso saber, tocada por lo que le contaban, en un hilo de voz. - Me alegra. - sonrió, feliz, apretando juntas sus manos en su pecho.
- ¿Qué tanto cuchichean ustedes dos? - preguntó su madre, dándole un sorbo al café que su yerno le sirvió. - No sean malagradecidos y presten atención, les sirvieron el desayuno. -
Kazuto, por lo general, hubiera dicho algo entre las líneas de "No pasa nada, en serio", pero no quiso importunar a su suegra. Podría costarle la cabeza. En su lugar, sólo se lo dijo a Asuna con la mirada, quien asintió agradeciéndole pero de todos modos tomó su café, su huevo frito y su tocino.
- Me gusta. - comentó Kouichirou bajando su taza. - Simple pero muy rico, ¿le echaste algo al huevo? Tiene un sabor… -
- A ver. - la chica levantó el suyo con los palillos con los ojos cerrados, sin haber visto el objeto que pronto se comería. - Conociéndolo, pudo haberle echado sal, pimienta o picante. O cualquier mezcla que pueda hacer con las tres. - sentenció antes de masticar un poco la comida. - Definitivamente pimienta y picante. - miró a su novio. - ¿No te parece muy temprano para tener la boca ardiendo? - sonó a reprocha, pero lo dijo riéndose. Se giró a su hermano, dejando al otro con las palabras en la boca. - Y tú, ¿cómo es que no te diste cuenta que esto tiene picante? ¿Tenemos otro fanático en la casa? - como por toda se respuesta recibió una risa despreocupada, volvió a mirar a Kirito. - Siempre igual, tú. Por dosc… dos años siempre desayunaste igual. -
Él, captando lo que casi dijo, se rio nerviosamente.
- Asuna tiene razón, por supuesto. - se cruzó de brazos. - Se me hizo costumbre desayunar esto a menudo en SAO y, cuando volvimos, ya no pude dejarlo. Se me había arraigado mucho. -
- Entendible. - aceptó el joven adulto. - Me pregunto qué habría hecho yo de haber quedado ahí dentro. Probablemente morir en el primer piso. - se rio por lo bajo. - Pero lo malo de todo eso a un costado… Me alegro de haberte dicho que probaras el juego por mí. - puso su mano en el hombro de su hermana y lo apretó. - No sé si hoy serías tan feliz de no haber sido por eso. -
Ella se quedó en silencio, mayormente por no querer exteriorizar qué tan de acuerdo estaba con esa oración delante de su madre. Otra mano se puso sobre su cabeza y le alborotó los cabellos.
- Puedo decir que también me alegra. - confesó Kazuto sin dejar su cabeza en paz.
Cuando estaba por protestar, la mano de su madre le acarició la espalda una vez más.
- Si todos están abochornando a Asuna, entonces no puedo quedarme afuera. Encuentra tu vocación, hija. -
- Mamá. - llamó la chica secamente, incómoda a más no poder. - Se te enfría el café. Se te reseca el huevo. Y el tocino. -
- Para nada. - negó Kyouko bajando su taza. - Estás tan distraída que no viste que ya lo comí y me sirvieron otro. Y mi café se acabó. -
- ¿Quiere más? - ofreció el muchacho.
- Por favor. -
- Basta. - susurró Asuna abrazándose a sí misma. - Vuelve a ser la gruñona de siempre, por favor. Das miedo. -
Todos se rieron, y sintió que ahora su entorno familiar cambiaría del todo. Una vez le había escuchado decir a alguien, no sabía señalar dónde, que cualquiera que se juntara con Kirito y ella lo suficiente, acababa contagiándose de su felicidad.
Yui había dicho algo muy similar cuando la conocieron, allá en el Aincrad original.
Como resultado de aquella experiencia, los dos habían podido entender un poco mejor a sus familias, a través del amor que habían desarrollado por aquella niña. Podía ser que ahora fuera el momento de ser ellos los entendidos.
No mucho después, su madre y su hermano se fueron a trabajar y ellos dos se fueron a clase.
Kirito no prestó nada de atención ese día. Asimilaría todo junto después, una vez más abusando de la predisposición de Asuna de darle clases particulares. Estaba muy ocupado pensando en lo que le había prometido a ella como para pensar en el docente frente a él.
No había dicho "lo prometo" en ningún momento, pero tomaba cualquier afirmación dirigida a su novia como un juramento inquebrantable. Cuando sonó la alarma del almuerzo, en lugar de dirigirse al lugar del colegio en que usualmente se reunía con ella, le envió un mensaje diciendo que o llegaría muy sobre la hora de volver a clase o no llegaría, que almorzaría con Lisbeth y Silica, y que la vería un momento a la salida.
La respuesta no tardó en llegar. Sólo decía que no había problema y que se cuidara. Le devolvió un dedo gordo hacia arriba y una carita dando un beso.
Tiró su celular en el lugar más recóndito que halló en su mochila y salió andando. Finalmente halló a quienes buscaba, sentadas juntas en un rincón, como de costumbre, y se dejó caer frente a ellas en la mesa, soltando uno de sus bostezos, famosos por ser extremadamente largos.
- Buenas. - dijo, con su tono desprovisto de emoción usual.
- Vaya, mira quién decidió aparecer. - se burló Rika al instante.
- ¿Qué tal, Kirito-san? - saludó Keiko alegremente.
La castaña soltó un suspiro.
- ¿Por qué no puedes seguirme el juego? - farfulló. - En fin. Imagino que si no avisaste que venías es porque vienes a obligarnos a participar de algún raid más tarde o algo así, ¿eh? - le dio un sorbo a su jugo mientras lo miraba.
- No. - dijo el muchacho, después de unos momentos de silencio. - Vengo a hablar de algo que debí haber dicho hace mucho. - lo vieron remover su comida sin entusiasmo. - Nunca fui honesto con ustedes. - siguió, obligándose a masticar algo de arroz aunque no tenía mucho sabor; deseó demasiado estar bajo su árbol usual con Asuna, comiendo sus sándwiches, tirándose luego sobre su regazo a que le acaricie los pelos mientras se tomaba una siesta.
La domadora de bestias no pareció entender a dónde iba, pero la herrera lo captó casi al instante. Adoptó una expresión a medias de lastimada y a medias de entendimiento.
- No te preocupes. - le dijo. - Lo hemos hablado una y otra vez entre nosotras y… - puso una mano en el brazo de la otra. - No hace falta que digas nada, Kirito. Estamos al tanto de que no hay más lugar en tu corazón. Y no odiamos a Asuna por esto, ni a ti. -
Ahora, la más joven de las dos, cayó en cuentas y se apresuró a negar con las manos repetidamente.
- E-Eso, lo que dijo Liz, n-no pasa nada, lo… -
- No me malinterpreten. - las cortó Kazuto. - No vengo a disculparme. Si lo hiciera, estaría sugiriendo que lamento amar a Asuna, y no es el caso. Sólo vengo a decirles, porque nunca lo hice, que si tienen sentimientos románticos por mí, no puedo corresponderlos. - tragó saliva. - No voy a decirles que se deshagan de lo que sienten, no soy quién para eso, es cosa de ustedes. Solamente puedo expresarles lo que me pasa. Pronto, Asuna y yo tomaremos exámenes para la universidad, y probablemente nos mudemos los dos. - levantó la vista, y realmente creyó que las vería con cara triste, u ofendidas, pero no fue así, sino que las vio atentas. - Entre eso y tomar algún trabajo, vamos a estar menos presentes. No digo que no nos vayamos a ver nunca, pero desde luego no será lo mismo, al menos por los cuatro o cinco años que nos tome graduarnos. - hizo una pausa, aprovechando el silencio para comer un poco más.
- Kirito-san. - lo llamó Silica. - No voy a mentir, escucharlo lo hace real. Siempre me dio algo de tristeza que mi primer amor no se pudiera realizar. - carraspeó, con las mejillas coloreadas de un suave tono de rosa. - Pero hace tiempo que me pregunto si, de mi parte, en realidad no fue amor sino más bien quedarme deslumbrada. Quiero decir, apareciste de la nada, me salvaste de morir y, encima de eso, trajiste a Pina de vuelta. No puedo no quererte. - jugó con sus dedos sosteniendo su cajita de jugo. - Voy a reconocer, de todos modos, que puede que ese deslumbramiento durara demasiado. Puede que haya sido por mantenerme a tu alrededor. De cualquier manera, está bien que lo digas. - se quedó viendo la mesa. - Sí te pediré que no me apartes. No necesito más que ser tu amiga, en serio. - le ofreció una sonrisa tímida.
- Algo más o menos así puede decirse de mí. - siguió la castaña. - Quiero decir, te grité que me gustabas en el furor del momento, después, también, de que me salvaras la vida. Dos veces. O tres. Depende de cómo lo mire. - Lisbeth empujó su bandeja vacía. - Y como dije antes, siempre se te notó en exceso la preferencia por Asuna. E-Es decir, ella es la más hermosa entre nosotros, y la más fuerte, ha sido así desde que la conozco, y… -
- Liz. - la llamó el muchacho. - No hagas eso. No te compares con nadie, tú eres tu propia persona. - le tomó la mano un momento mientras lo decía, luego la soltó.
- Está en lo cierto, ¿sabes? - lo apoyó la chica de las coletas. - Asuna-san es Asuna-san, yo soy yo y tú eres tú. Podemos no ser para Kirito-san, pero seremos para alguien igual de bueno. -
- Chicos… - susurró la herrera, sintiéndose mejor.
- O buena. - acotó Kazuto, casualmente metiéndose en la boca el sorbete de su jugo. - Digo, no tienen por qué limitarse a chicos. -
Ayano Keiko fue asaltada por el pudor y no pudo responder como le hubiera gustado, pero Shinozaki Rika, mucho más acostumbrada a tratar con pervertidos, apoyó el mentón en la mano y se inclinó sugestivamente sobre la mesa.
- ¿Ah, no? - fingió pensar por un momento. - ¿Debería comentarle a Asuna lo que siento, entonces? - comentó como si no fuese nada.
Kirito reprimió una queja y decidió seguir su juego.
- En el fondo, si no le dices nada es porque sabes no te pondrá por encima de mí. - copió su postura. - Pero por favor, ve y hazlo, me encantaría verte prepararla para mí. -
Lisbeth arqueó una ceja cuando oyó la primera parte, y se echó violentamente para atrás al oír la segunda, no sin antes hacer un esfuerzo descomunal, mientras casi se cae, para tapar los oídos de su amiga. Definitivamente no había esperado que contestara semejante cosa.
- ¡¿No crees que estás yendo demasiado lejos?! - le gritó, preocupada de que alguien hubiera escuchado.
Pero el de cabellos negros solamente se rio sin ninguna piedad.
- Lo lamento, tenía que ganarte. -
- Dios, siempre es lo mismo contigo, no puedes perder ni una tonta tomada de pelo, ¡baja un cambio! - soltó a la chica y le dio a su amigo un manotazo bastante fuerte en la nuca, que casi lo hace enterrar la cara en su comida. - ¡Termina de comer y lárgate! - le espetó, volviéndose a sentar.
A pesar del dolor en su cabeza, siguió riendo por dentro. No había ido tan mal como esperaba y todavía tenía tiempo de correr a Asuna y usar su regazo.
- Sí, sí, señora. - se burló mientras comía su almuerzo a velocidades inhumanas aunque no le gustara y se levantaba con la bandeja vacía en las manos.
Cuando se hubo alejado, las dos soltaron el aire que habían estado aguantando y se miraron de soslayo.
- Finalmente lo dijo. - dejó caer Liz mirando de nuevo la bandeja vacía delante de ella.
Silica asintió despacio.
- Ya lo habíamos aceptado, me parece. Ni siquiera estamos llorando. Y yo… - juntó sus manos en su pecho. - No me siento mal. En parte, hasta diría que me hace bien. Haber tenido este… ¿Ajuste de cuentas? - sugirió, dubitativa. - Hace tiempo debió tener lugar. Pero supongo que Kirito-san y Asuna-san son demasiado buena gente para herir a nadie adrede. -
La otra chica se puso a jugar con sus cabellos distraídamente mientras asentía.
- Así es. - dijo con pesar. - Así es. Espero que eso no les traiga problemas. -
Del otro lado de la escuela, Asuna estaba reclinada contra el respaldo del banco que solía compartir con su novio, con los ojos cerrados, el estómago lleno y los oídos tapados por sus auriculares, escuchando algo de su música favorita y pensando en su futuro cuando alguien le sacó uno de los pads de la oreja para le susurrarle una frase casi ultrajante.
- Hola, mi amor. Soy tu lobo. - le dijeron en voz baja y forzada.
Y le soplaron en el oído.
Suficiente. Estaba asustada.
- ¡Kyaah! - chilló como loca.
Se retorció violentamente y, por puro instinto, disparó un cachetazo en la dirección donde, intuía, estaba su asaltante, sintiéndose terriblemente satisfecha, aunque quizás en breve se sentiría mal, de haber acertado de lleno en la cara del culpable.
Kirito recibió el golpe en toda la mejilla. Se sintió perder el equilibrio y darse el otro lado de la cara contra el suelo. La fuerza de la moción lo arrastró unos pocos centímetros, pero lo suficiente para abrirse un cortecito.
Se enderezó despacio, viéndola taparse la boca con la mano.
- ¡Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón! - repetía incesantemente con la cara contorsionada.
Pero la verdad era que le gustaba que hubiera reaccionado así. A fin de cuentas, se lo había buscado, y, ver que iba volviendo, de a poco, el carácter orgulloso y firme que había desarrollado en Aincrad, y Sugou casi le había quitado, lo hacía feliz.
- No pasa nada, Asuna. - le dijo, frotándose la mejilla lastimada, limpiándola de tierra y piedritas, y también la otra, que latía salvajemente y se estaba poniendo roja. - Fue un muy buen golpe y me lo merecía. - le sonrió honestamente y le dolió el movimiento por ambos lados de la cara. - No lo hace menos doloroso. - ahogó una queja en su garganta mientras ella se acercaba y le ponía las manos delicadamente donde le había pegado y donde se había cortado.
- No quise… No fue a propósito… - le limpió la poca sangre que le había brotado y mantuvo el corto presionado.
- Asuna, Asuna. - la agarró de los hombros. - No exageres, no es más que un cortecito de nada. - le acarició cariñosamente el cuello. - Me gusta ver que la Flash despacio va volviendo a aflorar. - quiso mostrarse contento, a pesar de que la cara le dolía.
- ¡No exagero! - rebuscó en su mochila, dándole la espalda un momento, y, cuando volteó, tenía una bandita en la mano. - De nuevo, lo siento, de haber sabido que eras tú no te habría pegado, me asusté, no debí estar con los ojos cerrados. - quitó los cobertores y le pegó la curita sobre el pequeño tajo.
- En serio, no te culpes. - insistió Kazuto. - No te preocupes, estoy bien, no pasa nada si viene de tu parte. - se rascó la nuca. - Ya hace tiempo que pienso "si es Asuna quien me golpea, es con razón". - se rio como restándole importancia.
Ella se puso los puños en la cadera e infló las mejillas fingiendo enojo, pero no le duró mucho.
- Tal parece que soy una Healer incluso en este mundo. - dijo, admirando su trabajo, con un tono de autosuficiencia que no le oía desde las reuniones para planear el asalto a los jefes de los pisos de SAO.
En cuanto la gracia que causó el comentario pasó, se sentaron juntos en el banco bajo el árbol y el chico se tomó el atrevimiento, sin ningún permiso, de acostarse en su regazo a disfrutar de sus dedos corriendo entre sus pelos.
Desde que despertaron de Underworld habían perdido casi todo el pudor que les quedaba, y ya no se andaban con miramientos en relación a ser cariñosos en la escuela. Tenían preocupaciones mucho mayores que sentirse avergonzados de ser vistos tomados de la mano, o descansando juntos, o compartiendo un beso.
- ¿Puede saberse qué se te cruzó por la cabeza? - inquirió ella, cruzada de brazos. - Con ese comentario estúpido, quiero decir. -
- Ah, eso… - se rio débilmente. - Digamos que estuve ahuyentando ovejas. - como en respuesta le levantaron una ceja a modo de cuestionamiento, aclaró. - Hablé con Lisbeth y Silica. - le contó Kirito, con una mano jugando con los cabellos de la chica. - Pienso esperar a Sugu hoy en su escuela. La llevaré a ese bar que le gusta y sacaré el tema. -
Asuna adoptó una expresión distraída.
- ¿Y cómo lo tomaron? - preguntó, como con algo de miedo.
Él buscó sus ojos. Le sostuvo la mirada firmemente.
- Bien. Lo aceptaron y me dijeron que ellas mismas ya sabían que esto era así, aunque el tema no se tocara. -
- Me alegro de que estén bien. - dijo la muchacha en un hilo de voz. - No querría… -
- Asuna. - la cortó. - No estamos lastimando a nadie. No les dije que se desentiendan de lo que sea que sienten, sólo que no podía corresponder. Y así pienso seguir. - estiró la mano y le acarició fugazmente el mentón, algo que hizo que ella bajase la cabeza hasta que sus labios se tocaran por unos momentos.
Cuando se separaron unos milímetros, la ex comandante se enderezó despacio.
- Kirito-kun. Estaba pensando en algo cuando llegaste. Nada que ver con lo que hablábamos. - no dejó de acariciarlo mientras hablaba, pero su vista no estaba en él, estaba fija al frente. - ¿Te parecería mucho… Si al irnos a la universidad… Compartiéramos techo? -
Él aguardó unos momentos, por si seguía diciendo más, pero se mantuvo callada.
- ¿Por qué iba a parecerme mucho? - preguntó, sin darle demasiadas vueltas. - Convivimos en SAO, convivimos en ALO y convivimos en Underworld. Por un total de 202 años y algunos meses. - se cruzó de brazos sin quitarle los ojos de encima. - ¿A qué viene la duda? -
Asuna puso una mueca alegre.
- Me gusta tu respuesta. Esas noches donde nos deslogeamos por inactividad habiéndonos acostado juntos son las más felices para mí. - su expresión se oscureció un poco. - Pero ahora estamos hablando de un mundo en el que el dinero que gastamos sale de trabajar y no de hacer quests. Estaba teniendo algo de indecisión el otro día sobre esto… Y Agil-san pareció intuir lo que me pasaba, estaba en su bar con Sinonon… Me dijo que últimamente estaba yendo mucha gente a su local y necesitaba manos extra. Luego, Sinonon dijo que los horarios en los que Agil-san necesitaba de ayuda, se alineaban con los de la universidad y los BoB. Lo que quiero decir es… Que podríamos hacer dinero participando de los torneos de GGO con ella y los demás, trabajar con Agil-san y estar al día con el estudio. - bajó la mirada por primera vez en su explicación y puso su mano libre sobre la mejilla todavía roja de su novio. - Creo que podría funcionar. Y tendríamos menos gastos totales viviendo juntos. - sus mejillas adoptaron un leve tono rosado, casi imperceptible. - Además… Mentiría si dijera que no ansío poder dormir junto a ti todas las noches y amanecer ahí mismo cada día en lugar de enfrentarme a que sólo me dormí ocon el AmuSphere puesto. -
- Claro que podemos hacer eso, Asuna. Ni siquiera necesitas preguntármelo, tomaré cualquier oportunidad de acercarnos más. - le sonrió cariñosamente unos momentos, y luego su mueca se convirtió en una de sorna. - Aunque… No necesitas excusas. Sé honesta, eso que describiste es muy lindo y romántico, pero no es todo lo que quieres. - la provocó. - También quieres repetir las partes picantes de nuestra luna de miel en Aincrad que no involucran comida. O peor, - agregó, incorporándose, sabiendo que faltaba nada para que tocara la campana. - la noche anterior a nuestra boda. - sonrió socarrón.
Toda la escuela habría escuchado el golpe que recibió momentos más tarde de no haber sido cubierto por la campana.
Pero toda la escuela lo escuchó disculparse sin descanso mientras Asuna se alejaba de él, enfurecida y abochornada, con su cara recorriendo distintos tonos de escarlata, tanto por el descaro que había tenido con sus expresiones como por lo verdadero de lo que había dicho.
