CAPÍTULO 9
LA LECCIÓN
Sasuke se despertó en medio de la noche. El viento rugía con fuerza en el exterior, sacudiendo los árboles contra la casa. Algo no estaba bien... Ella no estaba a su lado en la cama.
—¿Sakura? —No pudo ocultar el tono de pánico de su voz. Incluso él mismo lo notó.
—Estoy aquí —repuso ella con suavidad.
Siguió el sonido hasta la chimenea, donde ella estaba sentada ante el fuego, abrazándose las rodillas. Se había vuelto a poner el camisón y la diáfana prenda se extendía a su alrededor sobre la alfombra. Los rizos, largos y rosados, le cubrían los hombros y parte de la espalda.
«Parece una diosa. Y ahora era suya. Realmente suya».
Se apoyó en los codos.
—¿Qué haces ahí?
—Estaba pensando.
—¿En qué, cariño?
—En muchas cosas.
—¿Te encuentras bien, Sakura?
Ella le miró. Sus ojos transmitían misterio y comprensión al mismo tiempo.
—Sí, Sasuke.
Él se puso la bata antes de acercarse a la alfombra. Se arrodilló frente a ella. Durante un buen rato la miró fijamente, recreándose en la imagen.
«Era preciosa».
Sakura le sostuvo la mirada y esperó.
—Eres preciosa. Tu cuerpo es incomparable. Quiero verte. Quítate el camisón, Sakura. Quieres quitártelo para que te vea, ¿verdad?
—Sí —aseguró ella.
Él la observó ponerse de rodillas y buscar el bajo de la prenda antes de quitárselo por la cabeza.
Una mujer espléndida, eso era Sakura. Impresionante en todos los aspectos. Poseía unos pechos deliciosos, con los pezones de un oscuro tono rosado que se endurecieron bajo su penetrante mirada. Estaban marcados con las señales que él le había hecho antes, cuando hicieron el amor. Vientre plano, cintura de avispa y caderas exuberantes que enmarcaban la rosa V de rizos que cubría su monte de Venus. Aquel lugar misterioso que él quería conocer durante el resto de la eternidad. Quería perderse en su interior otra vez. ¡No! Tenía que estar dentro de ella otra vez.
Y aquellos ojos, que siempre esperaban..., esperaban... Que le miraban pidiéndole que le dijera qué hacer.
Sakura observó cómo Sasuke se abría la bata. Pensaba que el cuerpo de su marido era mucho más hermoso que el suyo. La perfección física absoluta. Suave piel dorada, musculosos pectorales cubiertos por una fina capa de rizado vello oscuro que se convertía en una flecha en los abdominales, por donde bajaba hasta su sexo. Estaba sentado delante de ella, mostrándole su duro pene. Era evidente que la necesitaba otra vez, que su desnudez le excitaba, que quería poseerla otra vez. Ella lo sabía.
Recordó lo que había sido estar con él. El íntimo y tempestuoso furor. Sasuke se había internado en el interior de su cuerpo donde palpitó y empujó de una manera salvaje, llenándola hasta el fondo. La premió con su semilla y le proporcionó sensaciones que jamás había imaginado.
Una vez le había dicho que era muy hermosa cuando alcanzaba el placer y que le gustaba observarla cuando llegaba al éxtasis. Ahora comprendía lo que había querido decir. Dónde residía la belleza. Él le había parecido hermoso cuando se derramó en su interior, cuando alcanzó la liberación. Había gravitado sobre ella con el cuello y los brazos rígidos, cargando su peso en las caderas mientras la miraba con ojos brillantes. Le había visto abrir la boca en un jadeo silencioso antes de que gritara su nombre. Y toda esa escena había sido de una belleza sublime.
Saber que era ella la que le daba placer se convertía en algo así como una droga y la había afectado de una manera muy extraña. No había tenido intención de ponerse a llorar como un bebé, pero, cuando todo acabó, las emociones la desbordaron y no pudo contenerse. Había estallado y sabía muy bien por qué; le remordía la conciencia el sentirse tan feliz. No era justo que ella tuviera tanto y Fugaku solo una fría muerte.
Sin embargo, al verla llorar, Sasuke había sido muy dulce con ella, consolándola y acariciándola sin parar. Él era bueno para ella. Insistió en limpiarla con una tela húmeda. Sus manos habían sido tiernas cuando retiraron cualquier rastro de su virginidad y de su propia semilla. Ya no soy doncella, pensó con gran alivio, feliz de que la experiencia hubiera resultado tan gratificante y no la dura prueba que tanto había temido. Se había sentido realizada. Había sido una buena experiencia. Todavía más, había sido maravillosa.
Sasuke continuaba mirándola a los ojos. Su miembro, duro y erecto, apuntaba en su dirección; parecía indicarle que la deseaba otra vez..., con intensidad. Sakura quiso tocarle y besarle allí, igual que él había hecho con ella, pero esperó a que fuera él quien se lo pidiera. Su voz lo era todo para ella. No solo por las palabras que pronunciaba, sino también por el tono, el sedoso canturreo que la hechizaba por completo.
—Tócame, Sakura. Quieres rodear mi pene con los dedos y tocarlo de arriba abajo.
Ella se inclinó y tomó la rígida erección con la mano. La punta de sus dedos no llegaba a rozar el pulgar. Lo acarició de la punta a la raíz, como él le había pedido, fascinada por la aterciopelada suavidad de la piel que lo cubría. Apareció una gota de humedad en la diminuta hendidura del glande cuando repitió el movimiento. Escuchó un leve sonido húmedo, la abertura se abría y cerraba cuando ella pasaba la mano. El brillante fluido mojaba ahora toda la rendija. Quiso saborearlo, pero volvió a aguardar a que él se lo dijera.
—Chúpame. Lame mi verga, Sakura. Quieres lamerla, besarla, albergarla en tu boca y succionarla con esos dulces labios con sabor a fresa.
Ella se inclinó hasta que pudo rozar el tembloroso miembro con la punta de la lengua y saboreó las gotas que cubrían la rendija. El sabor de Sasuke era picante y algo dulce. Sacó más la lengua y lamió con fruición el diminuto hueco sin dejar ni rastro. Escuchó que Sasuke gemía por encima de ella. Ese sonido la calentó por todas partes. Y, aun así, siguió esperando que la dirigiera.
—Métetela en la boca por completo —ordenó él jadeante.
Deslizó la rígida carne en su boca y, aunque tuvo que abrir al máximo las mandíbulas para albergar su anchura, le gustó la sensación de estar llena. El picante aroma masculino inundó sus fosas nasales, mezclado con los restos de lo que habían hecho antes y su propio olor.
Se dio cuenta de que hacer aquello era correcto. Era lo que más quería.
Bajó la cabeza poco a poco hasta que sintió la punta del miembro en el fondo de la garganta. Aquello la excitó; le gustaba tener su pene dentro de la boca.
Sasuke llevó las manos a su cabeza y enredó los dedos en su pelo para inmovilizarla mientras empujaba lentamente dentro y fuera, buscando un ritmo parecido al que habían encontrado antes.
—¡Dios mío! Eres maravillosa. La sensación que me provoca tener tus labios alrededor... ¡Ahhh!
Siguió acariciando su carne con los labios y así habría seguido si él no hubiera detenido sus movimientos después de un rato. Sin dejar de sujetarle la cabeza, Sasuke se retiró. Ella se sintió un poco perdida cuando él abandonó su boca. ¿Por qué quería que se detuviera? Se incorporó y se sentó sobre los talones antes de esbozar una pequeña sonrisa. Se relamió los labios, frotándolos lentamente con la lengua.
Él tomó su mano y se llevó los dedos a la boca para acariciarlos con los labios.
—No quiero alcanzar el orgasmo todavía —le explicó—. Quizá más adelante quiera derramarme en tu boca, pero no en esta ocasión —susurró con suavidad.
Ella le devolvió la sonrisa, presa del deseo.
«Es mío».
Sí, le gustaría hacerle eso, pensó mientras recordaba lo exquisito que fue sentir su boca cuando él le había dado placer de aquella manera.
Sasuke volvió a abalanzarse sobre ella. Ahuecando una mano en la parte trasera de su cabeza y bajando la otra hasta acariciar la base de la columna, se inclinó para besarla. Ella percibió el persistente sabor masculino en su propia lengua cuando él la frotó contra la suya.
—Ven aquí. Móntate sobre mi regazo. Siéntate encima de mí.
Ella separó las piernas dobladas y las apoyó a ambos lados, arrodillándose. La cálida erección quedó entre sus muslos, erguida contra su ardiente sexo. Y eso la hizo volver a sentir un incontrolable deseo.
Él mismo se guio. Tomó la erección con una mano y comenzó a frotar el glande contra sus resbaladizos pliegues. ¡Oh, santo Dios! Aquella sensación era indescriptible. Gimió prolongadamente mientras se apretaba con fuerza contra él; buscándole, necesitándole, muriéndose de anhelo.
«Te necesito en mi interior. Duro y profundo... ¡Ya!».
—¿Quieres volver a sentirme dentro de ti, Sakura? Dímelo, preciosa.
Ella no se contuvo más.
—¡Quiero tenerte dentro, Sasuke!
Él la complació gustoso. Los gemidos de satisfacción de los dos rompieron el silencio cuando se deslizó en su interior, llenándola por completo.
—¡Cabálgame! ¡Cabalga mi verga, Sakura!
Ella se sostuvo aferrándose a sus hombros y comenzó a mecerse de arriba abajo por toda la longitud mientras Sasuke ponía las manos en sus nalgas para ayudarla.
Siguió contorsionándose sobre él, pensando que ni siquiera se avergonzaba por lo que parecía o la estampa que presentaba. Lo que estaban haciendo era sorprendente, pero tan satisfactorio que podría morirse en aquel momento y no le importaría. Le necesitaba, quería que embistiera con dureza. La sensación que provocaba en ella saber que estaba clavándose una y otra vez con aquellos movimientos era sublime, igual que lo era la certeza de que era ella la que marcaba el ritmo en esta ocasión. Subía y bajaba, se dejaba caer sobre su miembro una y otra vez.
Se sentía feliz al saber que Sasuke permitía que le tomara de esa manera, que quisiera hacerlo como ella deseaba.
Sus pechos se balanceaban con los movimientos ante la cara de su marido, que capturó primero un pezón y luego el otro para chuparlos con fruición, profundamente, hasta casi hacerle daño con la boca. Aquel dulce aguijonazo unido a la fricción de su pene contra el clítoris la hizo gritar de éxtasis.
Se movieron juntos con frenesí. Arriba y abajo, avanzando y retirándose. Sintió los primeros espasmos y se concentró en ceñir el miembro con todas sus fuerzas. Debió de excitar todavía más a Sasuke con sus trémulos gritos de pasión, porque provocaron en él una liberación explosiva.
—¡Ahhh! ¡Ohhh! ¡Sakura, me corro!
Sintió que él se ponía incluso más duro, algo que parecía imposible, poco antes de expulsar su semilla. Notó el latido del pene en su interior y pudo oler el aroma carnal que recordaba de antes.
Él siguió moviéndola arriba y abajo hasta que explotó. Le clavó los dedos en las nalgas y con un empuje final ambos alcanzaron el clímax. La aplastó contra su pecho mientras su miembro se estremecía espasmódicamente en su interior.
—Bellissima, eres espléndida —jadeó él casi sin respiración.
Superado ya el frenesí por alcanzar el éxtasis, se acariciaron el uno al otro. Ella le frotó la espalda al tiempo que le besaba la clavícula. Él lamió el lugar que parecía haberse convertido en su favorito, el punto de unión del cuello y los hombros, sin dejar de acariciarle las caderas. Permanecieron enlazados durante mucho tiempo.
Ella sintió que la erección se ablandaba poco a poco en su interior.
Finalmente, él se puso en pie con ella en brazos. La dejó en el suelo para besarla profundamente en la boca y la estrechó entre sus brazos sin interrumpir el contacto con sus labios.
Fue él quien la llevó a la cama, depositándola sobre el colchón mientras le daba tiernos besos por todo el cuerpo. Sin dejar de mirarla, se tendió junto a ella. El contacto de las manos de Sasuke era siempre suave y tierno, algo que casi la llevó de nuevo al borde de las lágrimas.
—Respondes a mí con mucha dulzura, mi Sakura. Sentir tu piel contra la mía es increíble.
Ella se pegó a él y se permitió disfrutar de la cercanía de aquel cuerpo escultural.
Se miraron a los ojos, tumbados de costado, estudiando cada rasgo del otro. Ella aprendió de memoria cada línea, cada ángulo, cada sombra de su bien parecido rostro.
—Me alegro, Sasuke, eso es lo que deseo... —dijo ella, suspirando al sentirse segura entre sus brazos, porque apreciaba mucho la paz que hallaba en ellos—. Lo que quiero. Hace que me sienta mejor. Tú sabes lo que necesito.
Él se rio entre dientes, acariciándole el pelo.
—Lo sé, Sakura, y siempre te daré lo que necesites en cada momento. Es mi deber cuidarte y protegerte; es un placer para mí conseguirlo. Preciosa..., eso es lo que eres. Preciosa y perfecta para mí, Sakura.
«¡Estoy muy lejos de ser perfecta, Sasuke!».
