Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 11 – Consagración.

Le costaba respirar. Estaba apunto del colapso por la asfixia que le estaba provocando la falta de ventilación de la máscara de aspirante a mortifago que portaba. Que patético que iba a ser cuando El Profeta anunciase su muerte "Sirius Black. Traidor a la sangre y traidor a no la sangre, muere ahogado por un trozo de tela" Se reiría, pero eso le haría perder el poco oxigeno que le quedaba. ¿Cómo podía el resto sobrevivir a esa angustia? Bellatrix caminaba delante de él, sin ningún signo de estar sufriendo algo parecido, lo mismo ocurría con Rosier a sus espaldas, de este incluso escuchaba perfectamente como tomaba cada bocanada de aire sin ningún problema. Intentó olvidarse de la horrible sensación y se centró en lo que estaba por ocurrir. Una primera avanzadilla compuesta por Rabastan Lestrange, Antonin Dolohov e Igor Karkarov, provocaría una distracción en uno de los escondites de la Orden, eso permitiría que la segunda avanzadilla en las que ellos iban, atacase en todo su esplendor. Solo había una condición, nada de rehenes.

Aquella misión era un tanto sospechosa. Bellatrix solía irse un tanto de la lengua cuando se emocionaba hablando de su amo, y le había confesado que en todas las misiones que este le había ordenado nunca se encontraba la de matar a nadie "Torturar, quemar, mutilar… Pero nunca matar" Esas habían sido sus palabras. De ahí que esa condición de no tener rehenes, le hacía ver que aquella misión era una prueba. ¿Para quién? Por una vez no quería ser el centro de atención, pero había grandes posibilidades de que ese ataque se tratase de algo más personal. Algo que a Voldemort le hiciera ver que Sirius Black, estaba realmente de su lado y que mejor que matando a un miembro de la Orden del Fénix. Esperaba, no, necesitaba que aquella misión fuera un fracaso.

–¡Merlín santo! ¿Quieres dejar de hacer esos ruidos? –Bellatrix se detuvo, lo que hizo que chocase contra ella. –¡Son insoportables! –Se giró con ira.

Le iba a soltar que sin tan lista era, debería de darse cuenta que su primo se estaba ahogando por culpa de un estúpido disfraz diseñado por el loco de su amo, a cual no se le ocurrido hacer unos orificios en esa mascara para respirar. Pero prefería morir asfixiado que tras una tortura de cruciatus procedentes de la varita de esa mujer.

–No puedo respirar. –Ya no tenía ni fuerzas para hablar.

Bellatrix se quitó su máscara. Ya se imaginaba que estaría poniendo esa cara de "Sirius no me toques los calderos que no tengo el fuego para ello" Es decir, que ya la había puesto de mala leche.

–¡¿Estas intentando poner excusas?! Si no quieres estar aquí dímelo ya y... ¡Te mato!

Tragó saliva o al menos lo intentó. Estaba tan asfixiado que ni siquiera podía hacerlo. Harto de la situación se quitó la máscara.

–¡Claro que quiero estar aquí! –Por fin pudo tomar una gran bocanada de aire fresco. –¡Pero esta cosa no me deja respirar! –Se la mostró.

Bellatrix tomó la máscara y observó los orificios que debían de permitirles respirar. Frunció el ceño y apuntó con su varita a estos, acto seguido se la devolvió.

–Rosier. –Murmuró entre dientes.

El mortifago soltó una carcajada. Esta fue seguida de muchas otras que resonaban en la oscuridad de la noche. Bellatrix se acercó decidida al mago y sin mediar palabra le metió la varita entre uno de los orificios para los ojos de la máscara.

–¡Que me dejas ciego! –Gritó.

–Serias más útil así. –La mujer se puso la máscara y volvió a liderar la marcha. –A Rosier le gusta estar siempre haciendo bromas. –Dijo cuando pasaba por su lado. –Seréis la pareja de idiotas ideal.

Sirius se volvió a colocar la máscara y ahora podía respirar perfectamente. Tomó varias veces aire para asegurarse de que todo estaba correcto.

–Rosier. –Ahora murmuraba él. Una cosa era hacer bromas, otra intentar matarle.

–Lo siento Sirius. Tenias que pasar la novatada de… –Algo le hizo callar. –¡Bellatrix! –Su aptitud había cambiado. Ya no destilaba burla ni guasa. –Es el momento. –Se remangó la capa. Allí, sobre su impoluta piel, la marca tenebrosa cobraba vida.

Esta vez a las carcajadas de Rosier se unieron las de Bellatrix y por tener que seguir al resto, y para no desentonar, no le quedo más remedio que imitarles.


Cuando llegaron al escondite de la Orden, el cual desconocía, debían de haberlo cambiado cuando avisó a James que estaban tras ellos, el caos estaba instalado. Era una pequeña cabaña en medio de un frondoso bosque alejado de cualquier civilización. Lo primero en que se fijo es la parte lateral del edificio, estaba derrumbado, y lo segundo es que se escuchaban gritos. Suspiró tranquilo cuando reconoció que eran los de el menor de los Lestrange.

–¡Son más poderosos de lo que esperábamos! –Corrió hacia ellos.

Sonrió, menos mal que su cara estaba tapaba con la ya no asfixiante máscara.

–Eso es que vosotros sois unos incompetentes. –Bellatrix se dirigía decidida hacia el interior de la cabaña. –Vamos Sirius, les enseñaremos a todos como se las gastan los Black.

No le dio tiempo a negarse cuando la bruja ya le había alcanzado por la pechera de su túnica y le arrastraba hacia el interior. Los escasos metros de separación fue rezando a todos los dioses que conocía para que nadie hubiera muerto. Pero su mala suerte debía ser algo que todo el mundo debía estudiar, porque desde luego a quienes se encontró allí dentro eran las últimas personas a las que quería ver.

–¡Lunático! Atento, que vienen más.

En su mente pasaron miles de insultos hacia su amigo. ¿Es que James no había hecho caso a sus cartas? Había peligro, peligro inminente, y no hacían otra que reunirse todos juntos. Eran un blanco fácil. Bellatrix no fue hacia James... Por ahora. Estaba demasiado ocupada cruciando a uno de los Prewett. Eso le daría tiempo suficiente para ir al encuentro con sus amigos y decirles que se fueran. Fue directo hacia donde escuchó las voces. Por el camino se encontró con Karkarov inconsciente, tenía la cara que parecía un mapa. No encontrarse con ningún miembro de la Orden le dio esperanza. Cada vez estaba más cerca de la habitación y justo cuando llegó, se encontró de frente con James y Remus petrificando a Dolohov.

–¡Cornamenta cuidado!

No le habían reconocido. Normal, si parecía salido de una historia de terror. Ambos hombres le apuntaron con la varita. Se paró en seco y levantó las manos como. Si les conocía tan bien como creía, sabia que sus amigos nunca atacarían a un mago que se estaba rindiendo.

–Te vas directo a Azkaban. –James estaba a punto de decir el hechizo que haría que sus manos quedasen esposadas.

Habló antes de que ocurriera.

–Amigos…

La cara de sorpresa de James no se podía comparar a la de Remus.

–¿Sirius? –La confusión fue sustituida por la ira. –¡¿Eres uno de ellos?! –James y Lily habían guardado su secreto.

Le gustaría hablar largo y tendido con ellos, pero no tenían tiempo. Bellatrix solía aburrirse muy rápido de sus torturas y enseguida buscaría una nueva víctima.

–Tenéis que iros. Apareceros en otro lugar. Aun no saben que sois miembros de la Orden.

Potter apretó los labios con fuerza. Se estaba debatiendo, pero finalmente asintió. Le entendía debía estar pensando en los otros miembros que se encontraban en la cabaña, pero aquello era una guerra y no todo el mundo podía ser salvado.

–¿Qué estas diciendo? –Remus seguía sin comprender. –¡Eres un mortifago!

James reaccionó lo suficiente para agarrar a Lupin del brazo e irse de lugar. Antes de hacerlo, Sirius solo consiguió murmurarle.

–Cuéntaselo. –Nunca debía de haber dejado a Remus fuera de esto.

Observó con satisfacción que en aquel lugar solo debían estar James y Remus, y los hermanos Prewett. Lo cierto es que ahora entendía a Bellatrix y su burla hacia Rabastan. Que no hubieran podido con cuatro magos… Eran patéticos. Eso le hizo recordar al que estaba tirado en el suelo. Antonin Dolohov. Aunque estuviera petrificado era consciente de todo lo que pasaba a su alrededor. Era un peligro en esos momentos. Se acercó decidido y le apunto con la varita. Podría matarle, pero eso haría que Voldemort se enfade, seguramente con Bellatrix. Así que optó por la vía sencilla.

–Obliviate.

Un hechizo desmemorizador. No recordaría nada, solo su llegada a la cabaña. A continuación le quitó el hechizo paralizador. El mortifago rápidamente se tocó la cabeza dolorido.

–Gracias Sirius, te debo una. Alguno de esos estúpidos miembros de la Orden me ha noqueado. –Se incorporó. –Aunque no recuerdo quien.

Iba contestarle, pero un grito desgarrador le interrumpió. Era el grito de una mujer y actualmente en la casa solo había una…

–¡Bellatrix!

Salio corriendo hacia la entrada donde había dejado a la bruja torturando a uno de los Prewett. Saltó por encima de Karkarov, el cual seguía ajeno a todo. La escena que se encontró hizo que le hirviese la sangre. Ignatus había conseguido librarse de los cruciatus de su prima y ahora la retenía tomándola fuertemente de los brazos. En frente de ellos, Fabian lanzaba un hechizo tras otro. Si Bellatrix estaba gritando es que realmente le estaban haciendo daño. ¡¿Donde estaban Rosier y Lestrange?! Tenían que estar allí para evitar esas cosas. ¡Malditos estúpidos!

–Ahora ya no eres tan valiente. -Ignatus reía mientras que apretaba la espalda de Bellatrix contra su pecho. –Ni siquiera tenemos falta de quitarte la máscara para saber quien eres. ¡Bellatrix Lestrange!– Gritó. –Fabian dale otra buena a nuestra amiga antes de que la pongamos a disposición de los aurores.

–Con gusto hermano. –El mayor de los Prewett alzó la varita. –Cruci…

No pudo terminar la frase porque cayó completamente inmóvil al suelo. Estaba muerto. Ahora el que gritaba de manera desoladora era Ignatus. Soltó a Bellatrix y se acercó a su hermano, pero no pudo hacerlo porque cayó bruscamente al suelo. También había muerto. El silenció reino en el lugar por unos segundos. A Sirius se le hicieron eternos, su mente parecía estar fuera de su cuerpo, ya que lo estaba viendo todo como si de una película se tratase. No fue hasta que las risas de Dolohov le despertaron de esa ensoñación. No sabía de que se reía, el solo podía ver dos cadáveres tumbados en suelo mientras Bellatrix los miraba sorprendida. La mujer se giró finalmente hacia él, y esa sonrisa que tanto le gustaba ver en ella se dirigía hacia él.

–¡Los has matado! ¡Joder Sirius! ¡Les has lanzado dos puñeteros Avada Kedrava! –Dolohov se colgaba de sus hombros como si hubieran sido amigos de toda la vida. –¡Eres el mejor! A los muy estúpidos ni siquiera les dio tiempo a reaccionar.

En ese momento se dio cuenta de que continuaba con la varita alzada después de haber lanzado dos maldiciones imperdonables. No sabia ni como pudo hacerlo, el no hacia eso, nunca había salido un hechizo así de su varita y mucho menos de su boca. Su varita apunto hacia el suelo cuando Bellatrix se abalanzo sobre él.

–Me has salvado la vida. –Se aferraba a su cuello como si le fuera la vida en ello.

La fragancia que desprendía el pelo de la mujer, le hizo olvidarse de lo que había ocurrido. No supo por qué lo hizo, simplemente verla tan indefensa siendo sometida por esos dos, hizo que sus instintos actuasen dejando a un lado su cabeza. Aspiró el aroma, ya no se ahogaba y el aire entraba contaminado por ese dulce olor a través de los orificios que Bellatrix, hacia solo unas horas, había hecho en su máscara.

–¿Qué ha pasado aquí? –Rosier entraba en la cabaña acompañado de Lestrange, el cual tenía una herida en la pierna que no le permitía caminar de forma correcta.

–Tío, creo que acabas de dejar de ser el favorito del Señor Oscuro. –Dolohov se regodeaba por la escena vivida. –Sirius se ha cargado a los Prewett. Haber como superas eso.

Aun le era imposible de reconocer que hubiera hecho eso. No lo sentía así, no sentía que hubiera sido su acción la causante no solo de una muerte de una persona sino de dos. Bellatrix debió notar que no estaba con animo de aguantar a esos mortifagos.

–Nos vamos. –Le tomó de la mano. –Evan comunícale al Lord el resultado de la misión. Nosotros tenemos que descansar. –Se estaba preparando para que se aparecieran juntos. –Así es como lo hacen los Black. –Soltó una carcajada de orgullo antes de que se desaparecieran.


Se aparecieron en la Mansión Lestrange. Bellatrix le soltó de la mano, pero él continuaba inmóvil, estaba demasiado sorprendido porque lo que acababa de descubrir sobre si mismo esa noche. Estaba decepcionado si, pero también satisfecho. No podía explicar lo que sentía en esos momentos, pero no se arrepentía. No los había matado por ser miembros de la Orden, los había matado por ver lo que le estaban haciendo a una mujer indefensa. Eso nunca lo iba aceptar, ni de un bando ni de otro.

Bellatrix le estaba hablando pero sin pretenderlo, no le hacía caso. Solo podía ver su cara que le miraba con confusión y luego con ira por no mostrar el mismo entusiasmos que ella. Harta por la situación ,la mujer se acercó a él peligrosamente. Igual ahora le mataban a él. Pero matarle no eran las intenciones de la bruja, más bien todo lo contrario, ya que efectivamente consiguió que despertase de ese estado catatónico.

Le besó.

Era un beso profundo, con dedicación y esmero. No era como aquel que se dieron agresivamente y con ansias en su misión previa. Respondió con gusto. Aquel beso le estaba curando todas las heridas y dudas que habían estado aflorando en su mente desde que de su varita salieron eso dos hechizos mortales. Todo tenia sentido, todo era perfecto. Se separaron cuando el oxigeno fue necesario. Aunque esta vez no le hubiera importado morir ahogado. En algún punto del beso, sus cuerpos se habían entrelazado y continuaron estándolo aunque sus bocas ya no estuvieran juntas.

–Nunca nadie había hecho algo tan bonito por mi. –Bellatrix le miraba con los ojos vidriosos.

–Lo volvería hacer sin pensar. –Y sin pensar continuaba hablando, pero ya le daba igual. Solo le importaba esa mujer entre sus brazos.

Bellatrix le volvió a sonreír y le besó de nuevo. Con este, se reafirmaba en que estaba haciendo lo correcto. Le importaba mas bien nada lo que los demás pensasen.

–Subamos a la habitación. –Murmuró la mujer contra sus labios. –Hay que celebrar tu éxito. –Tiró de su brazo para que la acompañase al piso superior.

La detuvo antes.

–Es nuestro éxito. –Ahora el que sonreír ampliamente era él. Nunca había estado tan feliz.

–No perdamos más tiempo. – Bellatrix asintió. Se mordía el labio escondiendo una sonrisa.

Subieron velozmente las escaleras hacia el dormitorio principal.