9

Ranma

¿Qué más puedo hacer para darle a entender que la amo y estoy loco por ella? Dispuesto a morir si me lo pide, siempre lo he estado. Cuando sus labios tocaron mi piel, y mi sangre llenó su boca, sentí que éramos uno. Sentí que ella sabía, y yo sabía también, que nunca ha existido amor más grande. Entonces, ¿por qué no lo decimos?

¿Por qué tengo tanto miedo?

Por un segundo deseé con todas mis fuerzas que me drenara, hasta la última gota. Pero se detuvo justo cuando el mundo comenzó a volverse blanco ante mis ojos.

Sabía que debía protegerla y jamás perderla de vista. Sabía que la vida como la conocíamos había terminado y que más que nunca nos necesitábamos. Y, sin embargo, no pude evitar caer en un profundo sueño.

Cuando despierto, ella está aquí, recostada a un lado de mi, en mi cama, y aunque tiene los ojos cerrados sé que está despierta. Sé cosas ahora, cosas que no sabía antes. ¿Es porque ha bebido de mi? Si, esa es una de las cosas que sé, la respuesta es si. Me quedo un rato admirando su rostro que siempre ha sido hermoso, su piel de seda, las largas pestañas que rozan sus pómulos, las mejillas encendidas, los labios llenos. Abre los ojos y me roba el aliento, aún me sorprende su nuevo color, tan extraordinario. Me absorbe, me llama pidiendo que la sigua hasta el fin del mundo. ¿Esto es porque ahora es un ser diferente? ¿Es porque soy humano y ella ya no lo es?

-Te quedaste –mi voz es ronca y algo débil. Poco a poco mi cuerpo va despertando, y duele en las heridas y los golpes.

-Gracias a ti -¿su voz siempre ha sido así? Seductora y suave.

-¿Cuánto tiempo he dormido?

-Un día entero.

Sus palabras me golpean, ¿un día entero? ¿Qué pasó durante ese tiempo? ¿Qué pasó con…?

-¿El Hambre?

Ella sonríe y me tranquiliza en seguida.

-Estoy bien, al parecer puedo soportar más de un día sin necesidad de… alimentarme.

La enormidad de esa palabra, la fuerza que tiene, aún no me puedo acostumbrar. Me atrevo a acariciar su mejilla, ella me lo permite.

-Tuve mucho miedo –admito-. No quiero que nada malo te pase, y no sé qué hacer ahora.

-Yo también tengo miedo, pero debemos intentar continuar con nuestras vidas, no se me ocurre otra cosa.

-Y te alimentarás solo de mi –profundizo en su mirada, quiero que entienda que esto es una decisión inamovible.

-Si –susurra.

No puedo evitar preguntarme si podrá cumplir con esto.

En este momento, su cuerpo es tan tibio cerca del mío. ¿Debería alejarme? ¿Debería levantarme?

-Ranma –se muerde el labio inferior y me detiene el pulso. Quiero besarla, quiero besarla más que nunca en toda mi vida-. ¿Qué haremos con la Atadura?

Ah, de todo, creo que eso es lo peor. La decisión. Mi decisión. ¿Amar a Akane hasta el final de mi vida y destruirla por el resto de la suya? ¿O dejarla convertirse en un monstruo y ser cazada por quien sabe quién? Para este momento, los cazadores pueden ser todo tipo de criaturas, ya nada me sorprendería. Si… Leviatán, dijo que no podría contra ellos, entonces no son humanos, ¿cierto? Porque yo puedo contra todos, pero en este plano. Para mi está claro que egoístamente quiero la primera opción, donde somos felices para mi siempre. ¿Pero, no es igual de egoísta dejarla convertirse en una bestia?

Me duele el corazón. ¿Ya lo he dicho suficiente? Me duele tanto que quiero llorar y gritar.

-Quédate conmigo –lo digo con la voz más segura que tengo, aunque tiemble por dentro-. No voy a permitir que hagas… Solo no puede ser con nadie más que conmigo.

-¿Sabes, Ranma? Cuando estaba bebiendo de ti, sentí tantas cosas. Sé que suena extraño, pero, todo esto lo es. Hay algo que quiero decirte, y siento que es terrible que hayamos tenido que llegar a este punto para que por fin encontrara el valor de hacerlo.

Mi mira con tanta profundidad. La luz del atardecer se filtra por las cortinas y corre como fuego sobre su cabello. De pronto soy demasiado consciente de ambos en la cama, mirándonos frente a frente, hablándonos como amantes. ¿Puede escuchar mi corazón correr en mi pecho? Si; esa es otra de las cosas que sé.

-Todo es mi culpa –dice de pronto. No baja la mirada ni hay duda en su expresión, pero sus palabras pesan-. Sobretodo Jusenkyo.

-Akane… -no quiero escucharlo, no quiero ni siquiera pensarlo.

-Escúchame, por favor. Necesito decirte esto. Yo decidí arriesgar mi vida, tu no me lo pediste, nunca me lo has pedido. Yo soy la que siempre toma la decisión, aun sabiendo que es peligroso. He tomado esa decisión tantas veces que perdí la cuenta –sonríe tímidamente y siento mis mejillas arder-. No hay forma de que sepas lo que haré, por eso no puedes detenerme. Nunca podrás detenerme. Mi vida es tuya.

¿Qué está diciendo? Siento mi garganta secarse y un vacío en el estómago.

-Soy yo –continua-, la que arruinó tu vida haciéndote sentir tan culpable. Soy yo la que, sin quererlo, te ha atado a mi con esta deuda que en realidad no tienes. Tú no estás en deuda conmigo. ¡Soy yo! ¡Siempre he sido yo la que te ha orillado a sentirte así y…!

Mi mano presiona contra sus labios y su voz se interrumpe, me mira sorprendida. Siento su aliento contra mis dedos y es como hielo y fuego al mismo tiempo.

-Ya basta. Te conozco desde hace tanto tiempo, casi podría asegurar que sé cómo piensas, y sé lo noble que es tu corazón. Casi. Siempre he sabido, Akane, que darías tu vida por mi… -y por quienes amas, anda, dilo, acepta que no eres tan especial-, y por quienes…

Su mano toca la mía y suavemente se libera.

-Solo por ti.

Es como si mi sangre se detuviera, y todos mis pensamientos desaparecieran, y lo único que pulsa en mis venas son sus palabras y lo que significan.

-Es mi culpa –logro decir cuando encuentro mi voz-. Siempre ha sido mi culpa, porque decidí quedarme.

-¿Qué dices?

-Yo no quiera una novia, mucho menos una que mi padre me impusiera. Cuando llegué a Nerima tenía muy claro que me iría en seguida. Iba decidido a aprovecharme de la situación, llenar mi estómago, dormir bajo un techo, y volver a China inmediatamente, como fuer.. Ni mi padre ni nadie me encadenaría a una relación forzada. Eso es lo que pensaba. Entonces te vi. Te vi y hablé contigo… Fuiste amable y eras tan…

¿Estoy diciendo todo esto en verdad? ¿Sin pociones que me obliguen, ni artefactos mágicos que mezclen mis ideas? Estoy asustado, pero es un miedo bueno. No quiero detenerme ahora.

-¿Tan? –pregunta, su mano aún en la mía, sus ojos en los míos, cerca, muy cerca.

-Tan condenadamente bonita. Y no me pude ir. No me pude ir nunca.

-Ranma…

Sus manos encuentran mi rostro, y a pesar de que su piel se siente distinto, es hermoso. Es el contacto más sincero que hemos tenido en mucho tiempo.

-Déjame ser tu Maestro. Es extraño, porque ahora que lo digo en voz alta, siento que toda mi vida, todo lo que ha pasado, lo bueno y lo malo, ha sido para llegar a este momento. Yo nací para esto. Nací para ti –la tomo de los brazos, de pronto me siento desesperado y ansioso-. No puedo permitir que nadie más te toque, mucho menos que te entregues a otro hombre. ¿Me entiendes? Tienes que jurármelo, Akane. ¡Júralo!

Júralo porque me muero, porque no sabría vivir con algo así, los celos me despedazarían, la envidia y la furia trastornarían mi mente. Sé que perdería el alma y desaparecería. Lo sé.

-Lo juro -¿me sonríe? Si, es la sonrisa más hermosa que he visto, la más cálida e irreal. La he visto sonreír tantas veces, pero nunca así, y me contagia inmediatamente.


Aunque no lo hemos dicho, ahora sé que no le soy indiferente, y ella sabe lo mismo. Dormimos de nuevo, toda la noche, y al día siguiente intentamos hacer lo que dijo: Seguir con nuestras vidas.

Después de un rápido desayuno corremos a la Universidad y no hablamos de los cambios en ella, ni que no ha comido en tres días. Si lo pienso bien, antes tuvo hambre por años, ¿no es así? Tal vez podamos hacer esto, la desesperanza que sentí, todo lo que me abrumó durante días, pierde un poco de peso y se despeja en mi mente. Tal vez… Si nos mantenemos juntos, podemos lograrlo. Hasta que llegue el momento de decirle las opciones que le esperan en su destino, quiero disfrutar de esto. Me siento tan tentado a tomar su mano mientras caminamos lado a lado.

Todas estas sensaciones me parecen tan nuevas, sentirse bien ya era como un recuerdo, y ahora por fin puedo respirar.

Pero así de rápido como llegaron, así de rápido se van.

Fue breve. Fui feliz, inmensamente feliz en medio del caos, por un breve momento. Y como tronar los dedos, desapareció, entonces toda la oscuridad, todos mis miedos, se abalanzaron sobre nosotros una vez más.

Como si nunca se hubieran ido; no en realidad.

En la entrada de la Universidad, sonriendo como un rayo de sol, está Shampoo.

A pesar de no tocarla, puedo sentir el cuerpo de Akane tensándose en seguida, su piel emana frío, es tan surreal que me aterra. Hay miles de ruidos rodeándonos, de los motores de autos y puertas cerrándose, el zumbido de un centenar de conversaciones, el viento en las hojas de los árboles, y a pesar de todo esto puedo escuchar con horrible nitidez lo que vive en ella. Desde su garganta, como el suave ronroneo de un gato, Akane está rugiendo.

Es una Bestia, Ranma, es un demonio. No importa si lo quieres aceptar o no, ella ya no es inofensiva. Es peligrosa. Es una Bestia. Tienes que hacer algo ahora. Ahora o nunca. Ahora o tal vez… Tal vez…

Sé que nada va a salir a bien. Esta también es una de las cosas que ahora sé. Nunca tuvimos oportunidad.

Nunca.


Perdón por ausentarme, pero ya estoy de vuelta y prometo actualizar pronto. ¡Los amo!