Capítulo 9

"Estuviste callada en la cena esta noche." – Ross dijo mientras ella se metía a la cama junto a él. Había llevado a cabo su plan, era una tontería realmente, subir a su cuarto antes de la cena y ponerse el camisón debajo del vestido para no tener que desvestirse por completo delante de su marido antes de acostarse. A pesar de la pelea con su padre Ross no había salido esa noche, lo que Demelza vio como una buena señal de su parte de que podía comportarse como un hombre civilizado y no como un niño caprichoso. Pero durante la cena había estado distraída con otros recuerdos como para tratar de intermediar entre padre e hijo. Todos habían estado callados mientras comían.

Ross se había acostumbrado a la alegre charla de Demelza en esos últimos días, aunque por lo general hablara con su padre. Preguntaba sobre lugares, fechas, personas que no conocía y luego ella misma contaba algunas de las travesuras en las que se metían sus hermanos o algo gracioso que Jud o Prudie hubieran hecho durante el día. Ross se daba cuenta que no participaba activamente en la conversación, pero sin embargo había encontrado el cambio agradable a cuando solo estaban Joshua y él y las constantes quejas sobre su falta de responsabilidad para administrar su patrimonio. Al menos, con Demelza allí, él ya no era el centro de atención. Y además, la comida era excelente desde su llegada. No se lo reprochaba a ella, había reflexionado ese mismo día. Ella había sido embaucada para aceptar este matrimonio al igual que él. Estaba seguro de que se habría sentido más cómoda si la hubieran contratado sólo como sirvienta. Era una muy buena ama de casa, pero su padre estaba equivocado si pensaba que alguna vez podría tomar el lugar de Elizabeth como su esposa. Y ahora el anciano le había dicho que prefería que fuera como Francis. Un traidor, eso era su primo. Pero no debía desquitarse con la chica, era evidente que su padre estaba enfadado con él esa noche, y ella también había estado callada.

"Oh. Nadie parecía estar de humor para cháchara." - dijo ella hundiéndose bajo las mantas, sobresaltada de que hubiera notado su comportamiento. Sus mejillas hirviendo porque, si bien su excusa era cierto, no había sido la razón por la que ella estuvo distraída.

"Tienes un amplio vocabulario para ser una po..." Ross se detuvo. No podía evitarlo. Incluso cuando no quería ser tan mordaz, era algo innato en él.

"¿Una pobre mocosa salida de la nada?" Demelza terminó por él. Ross negó con la cabeza, no preocupado en absoluto por haberla ofendido. - "Sé leer y escribir." – continuó ella. Demelza volvió la cabeza para mirar a su marido, las sábanas cubrían la mitad de su rostro ocultando sus mejillas. Estaba realmente guapo bajo la luz de las velas, como también lo había estado bajo la luz del sol radiante esa tarde. Se preguntó si habría alguna circunstancia en la que él no pareciera guapo y su rostro se sintió caliente de nuevo.

"¿Ah sí?"

"Sí."

"¿Encontraste algo interesante para leer en estos días?"

"Uhm... no." - se aclaró la garganta. Ross no había levantado los ojos de su propio libro mientras hablaban. Era extraño que él conversara con ella cuando estaban en la cama. En realidad, era extraño que él hablara con ella y punto. "No tengo tiempo, hay tantas cosas que hacer."

Ross se quedó en silencio, pensando o concentrado en lo que estaba leyendo, así que ella se giró hacia su lado para dormir. Sus ojos no pudieron evitar viajar por la redondez de su trasero que ahora estaba junto a él, justo al alcance de su mano, debajo de las sábanas. Rápidamente volvió a mirar el libro cuando ella se movió nuevamente sobre la almohada para mirarlo otra vez.

"No estuvo bien lo que tu padre te dijo hoy." Murmuró. Él le había dicho que no era su lugar opinar sobre los asuntos de la familia, pero sentía que debería decírselo. Que no estaba de acuerdo con su suegro en todo lo que decía. Ella le estaba agradecida, por supuesto, pero eso no significaba que lo seguiría ciegamente cuando viera que se cometía una injusticia. "Estaba molesto, seguro que no lo decía en serio."

"No estaría tan seguro."

"Él te quiere, de eso no hay duda."

"¿No? ¿Y cómo lo puedes saber tú?" Demelza movió la cabeza sobre la almohada para liberar su boca de debajo de las sábanas.

"¡Deberías escucharlo hablar de ti!" - Exclamó. "Sobre su hijo, su heredero. Está tan orgulloso de que hayas sido tan valiente como para ir a luchar por tu país. Me contó lo asustado que estaba cuando recibió la noticia de que habías resultado herido... Y de las aventuras que tenían cuando eras un niño..." - Ross resopló, aunque también recordaba aquellos momentos de su infancia cuando su padre lo llevaba a todas partes. A la mina, a la aldea, a la ciudad. Claude, incluso siendo el mayor, siempre había sido un niño enfermizo y débil y se quedaba con su madre en Nampara la mayor parte del tiempo. Pero él, él siempre estaba con su padre. Joshua incluso lo había llevado a Londres una vez. Le había mostrado un mundo más allá de los confines del lejano Cornwall, pero siempre le había dejado claro que prefería su pequeño rincón de tierra cerca del final de la isla donde vivían que cualquier otro lugar en el mundo. No lo había entendido en ese momento pero su propia experiencia al otro lado del océano le había hecho consciente de la comodidad del hogar y él también lo había anhelado, soñando despierto con Nampara y Elizabeth en ella, un par de niños sin rostro saltando alrededor de su falda. Ahora sabía que eso nunca iba a ser. Demelza seguía hablando a su lado, más ella misma que hace unas horas atrás. Movió los ojos de las pequeñas letras del libro para observarla. No había asimilado nada de lo que estaba leyendo desde que ella entró en la habitación. Sus ojos brillantes parecían azules bajo la luz del candelero. Se recordó a sí mismo que no debía desquitarse con ella. Ella lo miró como una niña pequeña, despertando una especie de sentimiento protector en él que fue inmediatamente olvidado cuando dijo "¿Por qué no quieres ayudarlo? ¿No te importa?"

"¿Si no me importa qué?" Gruñó.

"La mina, los campos, tus inquilinos, tus cabañas, los animales, la granja, esta casa... ¿tú padre? Hay tanto que hacer." Ross frunció el ceño con un atisbo de molestia y ella se dio cuenta de que había ido demasiado lejos. "Lo siento. Sé que no es asunto mío... te dejo que sigas con tu lectura."

Demelza se movió pero no giró completamente su cuerpo. En cambio, se acostó con la cara y el pecho hacia arriba, sin poder todavía de conciliar el sueño. Miró hacia el dosel de la cama y notó el polvo en velo de tela e hizo una nota mental de sacarlo a lavar, probablemente nadie lo había limpiado nunca. Entonces su mente volvió a lo que había estado tratando de no recordar desde que regresó de la cala, de repente demasiado consciente del calor que emanaba del cuerpo del hombre que descansaba a unos centímetros de ella. Apretó las piernas al recordar la sensación que le había provocado verlo desnudo, preguntándose qué la había causado, o cómo... tratando de encontrarle algún sentido. Ross dejó su libro en la mesita de noche y apagó la vela. Acomodó su cuerpo hasta que la parte posterior de su cabeza descansó sobre la almohada, pero en lugar de mirar hacia la ventana como siempre lo hacía, giró su cuerpo hacia la niña sin saber de sus pensamientos y que cada contorno de su musculatura estaba siendo ahora recordado con vívida imaginación en la mente inquieta de su esposa.

"¿Serías menos fastidiosa si fuera con él a la próxima junta de accionistas?" Dijo, sorprendiendo a Demelza que ni siquiera se había dado cuenta de que la habitación ya estaba a oscuras y que Ross la estaba mirando. "Suficiente tengo con aguantar a mi padre durante el día para ahora tener que aguantarte a ti durante la noche." Su tono era duro, pero de alguna manera Demelza se dio cuenta de que no estaba realmente molesto. Sus ojos parecían brillar de nuevo bajo la luz de la luna y en la penumbra Ross pudo ver que sus labios se contraían en una media sonrisa.

"Eso sería bueno." Dijo tímidamente, el cuerpo marcado de su esposo todavía jugando en su mente.

Ross tuvo un sueño inquietante esa noche. Se despertó sobresaltado, levantando la cabeza de la almohada y sudando. Su miembro duro sobre su vientre. Miró a su alrededor desconcertado, por un segundo no supo si había sido un sueño o realidad. Imágenes de la niña aún bailaban en su mente. Volvió la cara para mirarla, se había quedado dormida boca arriba y con la sonrisita que él había puesto allí todavía en sus labios. Notó que su camisón le cubría los hombros, lo que le hizo concluir que había sido un sueño. Uno muy real y que ahora volvía a él en destellos como cualquier sueño cuando recién nos despertamos. Había luz, porque podía ver un bonito tono rosado en sus mejillas cuando se metió en la cama pero en lugar de acostarse agarró el dobladillo del camisón y lo levantó por sobre su cabeza, revelando su trasero blanco... de repente él estaba encima de ella, su cuerpo ondulando debajo del suyo. A escondidas, se frotó la polla ante el recuerdo. Se movía cada vez más rápido dentro de ella. Recordó el sonido de su voz en su oído "Ross, oh Ross..." y la calidez de su cuerpo mientras subía y bajaba las caderas contra él. El recuerdo era tan vívido que Ross gimió en la oscuridad al mismo tiempo que ella gritaba su nombre en su cabeza.

Se quedó temblando ante el resultado de su clímax, sus dedos pegajosos con su semilla. No se atrevió a mirar a su lado por miedo a haberla despertado. Una mezcla de confusión, deseo y disgusto sumaba a su respiración agitada. Volvió su cuerpo a su posición habitual y dedujo que una pronta visita a Margareth era necesaria.

Fin del Capítulo 9


NA: Gracias por leer ;)