En el momento que Caperucita abrió el primer libro un mundo nuevo se presentó ante ella, tal y como Lobo le había dicho había muchas más especies aparte de él de todas formas, tamaños y colores.

Estas criaturas estaban por todas partes, algunas ocultas por temor a los humanos y otras alejadas por ser peligrosas para los propios humanos.

Había descubierto que los fantasmas eran reales y que no todos eran malos , algunos solo eran almas atormentadas que no alcanzaron la paz y acabaron ligados a objetos desde una taza hasta castillos.

También conoció a criaturas más alegres como los gnomos y los halfing.

Ambas especies eran de menor estatura que los humanos, vivían en bosques encantados con total armonía con la naturaleza y bendecidos con la longevidad.

Cada criatura era más impresionante que la anterior y si fuera por ella conocería en personas gustosa a cada una de ellas aunque no todas fuesen criaturas de cuentos de hadas.

Sesshomaru por su parte también se había parado a ver algún que otro libro, ya que como advirtió la recepcionista él buscaba algo, buscaba información.

Desde hace varios días Lobo no estaba siendo sincero consigo mismo, desde que la vio quiso saber que le impulso querer volver a verla, desde que la vio llorar quiso saber porque se sintió tan impotente pero sobre todo quería saber porque mientras más tiempo pasaba con ella más le costaba no comportarse como un animal.

A pesar de su aparente tranquilidad Lobo tenía instintos como todo ser, desde los más básicos hasta los más primitivos los cuales le gritaban que la forma más rápida de saber que sentía por Caperucita era devorarla. Este sentimiento empezó a manifestarse hace un par de años, al principio no era nada solo un cosquilleo que podía ignorar pero así solo consiguió empeorarlo hasta el día que sellaron sus promesas, aquel día ese cosquilleo que había pasado a ser un susurro constante ahora eran gritos desesperados y temía que en cualquier momento perdiera la razón.

Lo que al principió empezó por curiosidad ahora se había convertido en una necesidad, no quería hacerle daño a Rin era más que obvio que la quería y más de cuanto hubiese deseado para una historia tan desgastada como la suya sin embargo, la mentira que que él mismo se quería creer era que en sus líneas no había versos de amor hacía Caperucita.

A pesar de los años aquel sentimiento era una tarea desconocida que ni buscaba ni esperaba encontrar, por eso en aquellos libros buscaba otra explicación o al menos algo para controlarse ya que entre las pocas opciones que tenía la de alejarse de ella ni siquiera la barajaba, era cierto que seguramente sería lo más efectivo pero se conocía lo suficiente para saber que sus pasos nunca marcharían por ese camino.

Pasaron la mayor parte de la tarde en silencio, no era incomodo cada uno tenía sus propios intereses y con la sola compañía del uno al otro parecía que no era necesario nada más.

Sin embargo el silencio de rompió cuando Caperucita encontró un libro que hablaba de los licántropos.

"monstruos feroces, lo más temidos y misteriosos.Su apariencia normal se manifiesta en las noches de luna llena, es una bestía de aspecto peludo que conserva algunos rasgo humanos, quien es mordido por un hombre lobo puede ser contagiado y convertirse en uno de ellos"

Caperucita se horrorizaba con lo que leía, pensaba que aquella sería la especie de la procedía Lobo y que podría descubrir cosas acerca de él pero nada más alejado de la realidad, Rin no le hallaba en ninguna de aquellas descripciones y menos con la imagen que encontró.

— Sesshomaru ... ¿Realmente es así un hombre lobo? — Decidía finalmente preguntarle sin creer lo que veía.

— ¿Cómo imaginabas que eran?—

—Como tú o algo parecido, pero esto no se te parece en nada —

— Yo no salgo en ninguno de esas páginas si es lo que buscabas, la mayoría de esos libros fueron escritos por humanos como tú, que de dedicaron a investigar a todo lo que no comprendían y dejaron por escrito todo lo que descubrieron para que el mundo nos conociera—

— Y ¿Por qué estan aquí ocultos?—

—Porque nosotros no queremos ser conocidos, ¿Te imaginas que pasaría si más humanos deciden investigar motivados por estos escritos? No importa cuantos años pasen ni cuanto avance su cultura, el final es la búsqueda de dominar tu especie a la mia — Confesaba con un sabor amargo en sus recuerdos.

— Lamento escuchar eso ... Aunque no me sorprende se de más a lo que lleva el miedo a lo desconocido, pero si es tan importante mantener esta información oculta ¿Por qué me hablaste esto? De que había otras especies — Preguntaba una preocupada Caperucita que empezaba a pensar que su presencia allí quizás fuese un error, mientras sujetaba una de las manos de Sesshomaru.

No sabía por cuanto había pasado, y esperaba algún día conocer sus páginas pasadas si él así lo deseaba pero de momento aquella era una de las maneras de hacerle saber que tenía su apoyo y consuelo si así lo requería.

— Porque tú no eres un humano cualquiera, eres mi pequeño pajarillo al que le prometí confianza y eso le estoy dando, al que le asegure libertad y eso le daré — Respondía con el corazón en la mano mientras le miraba con cálidez y apretaba con firmeza sus dedos entrelazados.

Quizás en esos libros no encontraría la respuesta que tanto ansiaba y que nunca supiera que es lo que le hacía tan especial, pero lo que sí sabía es que no le hacía falta resolver aquellas interrogantes para que su presencia le hiciera sentir dichoso y su sonrisa el hombre más afortunado, si es que podía considerarse un hombre.

Tras aquella conversación el tiempo para Lobo y Caperucita pasó volando y antes de poder darse cuenta, apenas faltaban tres horas para el toque de queda estaban en la entreada de la biblioteca Rin había pedido permiso para llevarse algunos libros que prometió que no le mostraria a nadie, y Sesshomaru como una muestra más de su confianza accedía teniendo así un motivo para volver en un futuro no muy lejano .

Estaban preparados para volver cuando algo sorprendió a Sesshomaru, Rin quería pasar allí aquella noche en Hakone. Sabía que tendría que dar muchas explicaciones al día siguiente pero aquello poco le importaba si a su acompañante le parecía bien.

—¿Qué le diras a tu madre?—

— Pues le dire la verdad , que una vez aquí se nos hizo tarde y tuvimos que quedarnos por nuestra seguridad —

— Eso no es verdad, sabes que tenemos tiempo de sobrar para volver a tiempo — Le corregía Lobo con una sonrisa divertida.

— Bueno esos son pequeños detalles que no tiene porque enterarse ... Como que tuve que salir por la ventana — Esto último lo decía en un tono más bajo recordando como inició aquel día, que hasta ahora no le había contado al mayor.

— ¿Me puedes explicar lo de salir por la ventana? —

— Bueno pues parece ser que no se tomó muy bien una pequeña charla que tuvimos anoche, y cuando esta mañana quise salir de mi cuarto la puerta estaba cerrada así que no tuve más opciones — Confesaba algo avergonzada porque no sabía como se lo tomaría su compañero.

Lobo la miró unos segundos con asombro para después volver a sonreirle como siempre y acariciar su cabeza seguido de una recomendación.

— La próxima vez llamame y yo iré a buscarte a donde sea que estes y si no puedes, silba , silba entre tus dedos si así lo deseas estes donde estes te encontraré —

Aquellas palabras dejaban marcada a esta inocente Caperucita que vaía más alla de sus garras y colmillos, deseando que si todo aquello era un sueño no quería despertar nunca.


Se quedarían en un hostal con la condición de que Caperucita dejara que Lobo le invitara a comer antes, él no se había olvidado que no había comido en todo el día.

En el momento de pasar la noche iban a compartir la misma habitación, Sesshomaru notó el nervisosismo de su compañera ante aquella idea por mucho que trarara de disimularlo.

De alguna forma comprendía que estuviese nerviosa, él también lo estaba pero por otros motivos totalmente diferentes su intranquilidad provenía de aquello que tanto le atormentaba y no sabía si podría controlar.

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No sabría decir que hora era y si era aquello era real o un sueño, Caperucita abrió los ojos y obsverbo a su alrededor intentando distinguir algo en medio de la oscuridad.

Estaba sola en la cama al principio pensó que era normal hasta que recordó que no estaba en su casa, estaba en Hakone con Lobo.

En el momento que le recordó lo buscó con la mirada hallándole cerca de una ventana de espaldas a ella, solo veía su silueta apenas distinguía detalles hasta que aquella sombra solo iluminada por la tenue luz de la luna empezó a retorcerse.

Caperucita preocupada por aquella visión se levantó y se fue acercando poco a poco mientras le iba llamando.

— Sesshomaru ¿Estas bien? —

A cada paso que daba la silueta se retorcía más y más sobre si misma hasta un punto donde pudo diferenciar unas orejas puntiagudas.

— Vaya ... Que orejas tan grandes tienes —

Era evidente que estaba preocupada hasta el punto de tener miedo por lo que le estuviese pasando sin saber que decir sintiendose muy estupida por haber dicho eso, hasta que escuchó una respuesta.

— Son para oirte mejor —

Saber que le escuchaba le tranquilizó y le hizó tener esperanzas de que pasara lo que pasara podía ayudarle.

Con esa motivación se siguió acercando, al estar más cerca pudo ver con mayor claridad sus manos que ya casi eran garras, unas garras tan afiladas como nunca había visto.

— Q-Que manos tan grandes tienes —

— Son para tocarte mejor —

La voz que le respondía ahora era más profunda, más oscura casi tétrica, pero eso no echo atras a Rin y siguió acercandose a pesar de no saber si esa última respuesta era buena o mala.

Cuando apenas estaba a unos centimetros de Lobo pudo ver su reflejo por la ventana, aquellos ojos dorados estaban inyectados en sangre y parecía que luchaba consigo mismo por no moverse de su sitió pero lo que más le preocupó fue aquellos colmillos que sobresalían de su boca apretando sus dientes con todas sus fuerzas conteniendo sus gruñidos desesperados para mantener el control sobre sí mismo.

Fue en ese momento que Caperucita dejó escapar un par de lágrimas, tenía medio pero nunca por lo que él le pudiera hacer a ella, confiaba en que no le haría daño, temía por su sufrimiento y el daño que este le estuviera causando a Sesshomaru.

— Lobo ... Que dientes más grandes tienes —

En esta ocasión la respuesta tardo un poco más en llegar, al escucharla ya tan cerca Sesshomaru la miró de reojo, Caperucita sabía que le estaba viendo por aquel reflejo en la ventana sin embargo, no pudo ver el momento en el que Lobo quedó enfrente de ella respirando con dificultad todo su cuerpo temblaba por el propio esfuerzo de no atacarla para así una voz arenosa y quebrada, casí como el gruñido de un animal, le dio su respuesta.

— Son para comerte mejor —

Y tras aquello a Caperucita le invadió la oscuridad una vez más.