Hermione Granger no era estúpida. Tampoco era una inconsciente. La gente a menudo pensaba que ella era una típica chica tonta y linda y raramente la tomaban en serio, pero a ella no le importaba: era incluso divertido.
Ella no se había perdido la forma en que Severus miró a Harry - como si fuera la cosa más deliciosa del mundo y él quería besarlo desde la cabeza hasta el dedo del pie - pero Hermione no podía realmente culpar a su novio. Era una reacción bastante normal a Harry Potter, y ella no era diferente en ese sentido. Sería terriblemente hipócrita de su parte estar enojada por la atracción de Severus hacia Harry.
No, la atracción de Severus hacia el chico no le molestaba tanto; le había dicho a Severus la verdad sobre que ella encontraba muy excitante verlos. Pero la fuerza de esa atracción sí le molestaba. No le gustaba la forma en que se miraban uno al otro durante el sexo, y la forma en que actuaban durante el sexo. Cada vez que Hermione trató de participar cuando Severus follaba a Harry, ella fue rechazada. Ninguno de ellos fue grosero y ni siquiera estaba segura de que fuera intencional - simplemente parecían olvidarse de que ella estaba allí, demasiado centrados uno en el otro.
No era un problema cuando ellos la complacían, aunque a Hermione la perturbaba un poco la creciente cantidad de veces en que tenía que meterse a sí misma entre ellos para mantener la atención de Severus sobre ella. Era... preocupante. Muy preocupante.
Cuando ella había sugerido un trío después de enterarse de la atracción de Severus por Harry, ella no esperaba la fuerza que esa atracción tendría. Ella esperaba ser el punto focal del trío. Ella, no Harry. En retrospectiva, debería haber evaluado mejor la situación antes de hacer cualquier sugerencia apresurada, pero había estado demasiado excitada por la perspectiva de volver a tener sexo con Harry como para pensar realmente bien las cosas.
Ella debería haberlo sabido. Severus odiaba engañar más que nada, por lo que el hecho de que hubiera besado a Harry sin su conocimiento previo debería haber despertado señales de alarma en su cabeza. Pero la comprensión retrospectiva era veinte-veinte, y lo que fue hecho fue hecho.
Hermione suspiró. Habían pasado dos semanas desde que Harry se había convertido en un elemento habitual en su vida sexual, y la atracción de Severus por él no parecía estar disminuyendo en lo más mínimo.
Después de su pedido, ellos no habían tenido sexo sin su presencia de nuevo, pero a veces Hermione se preguntaba si su presencia incluso importaba.
Yo podría también ni estar aquí, pensó, no sin amargura, mientras ella los miraba tener sexo, y una vez más, no podía dejar de sentirse como la tercera rueda.
Pero aun así, ella tenía que admitir, que era increíblemente caliente.
Harry era una ruina, la boca hinchada y roja y húmeda, los ojos muy abiertos y las pupilas dilatadas, los pómulos enrojecidos. Su pelo, oscuro, con sudor, era un desastre. Ella podía entender por qué Severus estaba mirándolo como lo hacía; y ella podía entender por qué lo estaba follando de la forma en que lo hacía, sus embestidas descontroladas y lo suficientemente potentes como para estrellarlos a ambos hacia adelante cayendo de un acantilado conducidos por la lujuria. En ocasiones Hermione tuvo el ridículo pensamiento de que si ella tuviera una polla, querría follarse a Harry, también. No es que ella no quisiera follárselo ahora - por supuesto que lo hacía - pero había un cierto... atractivo en Harry que estaba segura de los hombres lo apreciaban. Él era follable.
Al menos Severus ciertamente parecía pensarlo así, su expresión casi salvaje mientras miraba a Harry debajo de él. Eso la hizo ponerse dolorosamente húmeda - y preocupada y celosa. Él nunca la miró de esa manera cuando se la follaba a ella. Él estaba siempre en control de sí mismo y de sus expresiones faciales. Siempre.
Pero no con Harry.
El temor surgió dentro de ella, y Hermione se acercó más a los hombres. Puso su mano en la amplia, fuerte espalda de Severus y lo acarició, pero él ni siquiera pareció darse cuenta, sus ojos centrados únicamente en Harry.
Ella quitó su mano y la apretó.
Es sólo sexo, se dijo a sí misma. Sólo sexo. Severus la amaba; ella estaba segura de ello. Él podría estar atraído físicamente por Harry, pero la amaba, a Hermione. Harry era el que se iba cada noche; ella era la que se quedaba y compartía la cama de Severus.
Severus nunca la engañaría o la dejaría especialmente por un hombre. Era algo de lo que estaba absolutamente segura. Hermione no conocía toda la historia, pero ella sabía que el padre de Severus era un mentiroso, cabrón infiel que había roto el corazón de su madre al constantemente engañarla con hombres.
Severus despreciaba a su padre y todo lo que él representaba.
Severus era leal hasta el punto de ser un defecto.
Ella no tenía nada de qué preocuparse. Nada. En un par de semanas a lo sumo, Harry Potter desaparecería de sus vidas, y Severus sería sólo de ella otra vez.
A veces Hermione se preguntaba si debía poner fin a este acuerdo ella misma, pero tenía la sensación de que sería un error. Era mejor para Severus llegar a aburrirse de Harry, o viceversa. Harry estaba obligado a aburrirse pronto de todos modos. Después de todo, todo el mundo sabía que Harry era un jugador.
Ella no tenía nada de qué preocuparse.
