Capítulo 19
Sasuke abrazó a Sakura, llevándola consigo mientras tapaba a ambos con la sábana. No podía soltarla aunque quisiese. Era superior a él.
—¿Te he hecho daño, Sakura? —preguntó Sasuke con la voz ronca.
Sakura supo por su tono que le preocupaba haberla lastimado de alguna forma.
—Ha sido incómodo por un instante, pero luego me ha gustado, y mucho —dijo Sakura ruborizándose.
Sasuke la cogió suavemente por la barbilla para que le mirase.
—La próxima vez será mejor. Te lo prometo —dijo Sasuke con vehemencia.
Un destello travieso cruzó por los ojos de Sakura.
—Entonces no creo que pueda soportarlo —dijo Sakura con una sonrisa.
Sasuke soltó una carcajada.
—Sabía que eras apasionada, pero lo de hoy ha sido mucho más que eso. Tenemos un problema, y es que no voy a ser capaz de mantener las manos alejadas de ti.
—No quiero que lo hagas —dijo Sakura mirándole a los ojos.
Sasuke la miró con pasión y ternura. Un momento después lo vio coger entre los dedos la fina cadena que llevaba ella al cuello.
—Nunca me había fijado en que lo llevabas hasta esta noche —le dijo mirándola con curiosidad.
Sakura miró la mano de él, que sujetaba en su palma un pequeño corazón de plata.
—Es porque nunca lo llevo visible. La cadena es larga y fina y siempre la llevo oculta.
—¿Qué significa? —preguntó Sasuke, que había visto la expresión de Sakura al hablar de ella.
Sakura le miró fijamente a los ojos. Aquellos maravillosos ojos negros que la observaban cargados de ternura, deseo y algo más profundo que le hacía preguntarse una y otra vez si aquello sería una realidad y no un sueño.
—Mi padre siempre decía que yo era de oro puro. Hermosa, inteligente y algo salvaje. Cuando tuve el accidente, para él fue como si hubiese muerto. Creo que lo hubiese preferido. Un día me dijo que ya no era su niña de oro. Que ese metal estaba reservado para personas que son únicas y perfectas. Yo estaba incompleta según él, había despreciado mi vida y con ello le había decepcionado profundamente. Aquel día le dije que no me importaba no ser perfecta, que sentía haberlos defraudado de aquella manera, pero que no sentía que hubiera desperdiciado mi vida por lo que hice, porque a diferencia de él yo tenía un corazón. Así que en una visita a Edimburgo le pedí a un joyero que me hiciera un corazón de plata, y lo llevo desde entonces.
Sasuke endureció su expresión antes de soltar la cadena sobre su piel.
—Nadie debería tener un padre capaz de decir algo así a un hijo.
Sakura acarició la mejilla de Sasuke, que la miró con intensidad al instante.
—Creo que yo tuve más suerte que tú —dijo Sakura con ternura.
—No importa cómo fuese mi infancia, eso es algo del pasado.
—Pero no solo era tu padre, ¿verdad?
Sasuke entrecerró los ojos como cavilando si quería continuar con aquel tema o no. Al final, entendió que no quería que hubiese secretos entre Sakura y él.
—No, no fue el único. Ya habrás visto que mi relación con mi hermana Diana es nula. Y con mi hermano Itachi era aún peor. Así que cuando pude me marché de esta casa. Me enrolé en un barco con diecisiete años e hice todo tipo de trabajos. Eran duros, pero descubrí que aquello me ayudaba a mitigar parte de la furia que llevaba dentro de mí. Me hice amigo del capitán de uno de aquellos barcos. Era un excelente marinero pero un contable horrible —dijo Sasuke sonriendo—, así que me ofrecí a ayudarle. Cuando llevaba unos meses le di ideas sobre inversiones y él confió en mi olfato, así que las hice y funcionó. Así fue como comenzó todo. Al año me convirtió en su socio y a los dos años ya teníamos cinco barcos y éramos dueños de una empresa de suministros y accionistas de otras dos que generaban bastantes beneficios. En unos años más éramos dueños de una auténtica fortuna. Mi socio murió un año después de una afección en los pulmones. Así que me hice cargo de todo. Volví varias veces a Londres durante aquellos años y retomé en parte la relación con mi padre. Luego entendí que sus intenciones no habían sido del todo nobles. Descubrí que él estaba prácticamente arruinado y que lo único que deseaba de mí era mi dinero. No pude negarme, al fin y al cabo seguía siendo mi padre y mi familia. En aquel entonces pasaba más tiempo en el continente que aquí, y tras la muerte de mi padre, en una gala en Viena, fue donde conocí a Izumi. Su padre trabajaba en la embajada. Por aquel entonces creí que aquello era amor, y en poco tiempo estuvimos comprometidos. Al volver la familia de Izumi a Londres, yo también retorné a mi tierra natal. En Londres hubiese sido imposible no coincidir con mi hermano, que entonces ya era el nuevo marqués. Las presentaciones fueron inevitables. Aún hoy en día no sé cuál fue el momento exacto en que Izumi cambió su afecto por otro.
Sakura no pudo evitar preguntar.
—¿Y ese otro fue tu hermano?
Sasuke la miró con cierto matiz duro en sus ojos.
—Sí. Un día volví de una reunión de negocios. Era tarde, pero deseaba ver a Izumi. Fui a verla. Una doncella me dijo que era tarde y que los padres de Izumi estaban en un evento. Que ella no había ido porque no se encontraba bien y que estaba acostada. Aquello acrecentó mi preocupación. Entonces fue cuando oí su voz proveniente de una sala contigua. Miré a la doncella y su expresión fue todo lo que necesité para saber que me estaba mintiendo. Me dirigí hacia la sala y, cuando entré, estaban los dos besándose. Izumi tuvo la decencia de ruborizarse, pero Itachi ni siquiera palideció. Sonrió como si aquella situación fuese lo más normal del mundo. Él era el marqués de Strackmore y Itachi era ahora suya. Era más que evidente que cualquier mujer se casaría con un marqués antes que con un don nadie, según sus palabras. Para ciertos círculos lo que importa es el título. Debo reconocer que aquellas palabras me cegaron y me fui hacia él, dispuesto a darle la paliza de su vida. Y casi lo conseguí. Izumi con sus gritos fue la que me hizo detenerme en el último instante. Lo dejé ensangrentado en el suelo pero consciente. Me marché de allí sin volver la vista atrás. Una semanas más tarde se casaron. Murieron en un accidente de carruaje cuando se dirigían a una finca propiedad de la familia en Hampshire.
—Entonces, ¿por qué Diana te culpa a ti? —preguntó Sakura tocándole suavemente en el brazo.
Vio oscurecerse los ojos de Sasuke, que la miraba con intensidad. Dejó de rozarle con los dedos. Aquella mirada era la promesa viviente de que si no dejaba de tocarle no conocería el final de la historia.
—El carruaje tenía un eje en mal estado. Diana siempre había estado muy unida a Itachi y no podía soportar que hubiese muerto y que yo fuese el nuevo marqués. Dijo que yo había mandado manipular el eje para vengarme de los dos por lo que había pasado. Uno de los cocheros, el único que sobrevivió, declaró que ya le había advertido a Itachi antes de continuar camino que uno de los ejes estaba mal y que no aguantaría un terreno irregular como el que había aquel día después de unas fuertes lluvias. Él no quiso escucharlo y obligó al cochero a continuar. Diana no pudo aceptarlo. Era más fácil culparme a mí.
—Es horrible —dijo Sakura, no pudiendo aguantar por más tiempo no tocarle. Acarició su mejilla y deslizó los dedos por los mechones de su pelo.
—Ya nada de eso importa —dijo Sasuke inclinándose hacia ella—. Desde que te conocí me volviste loco. Quería besarte y hacerte el amor sin medida y al momento siguiente estrangularte por correr riesgos innecesarios que estuvieron a punto de acabar con mi salud. Te has metido bajo mi piel y en mis venas con una virulencia que no consigo dominar. Mi vida es tuya. Te quiero, te amo, Sakura, como jamás pensé que podría amar a nadie. No me dejes nunca —dijo Sasuke con tal intensidad que el corazón de Sakura pareció detenerse unos segundos antes de lanzarse a un galope intenso—. Cásate conmigo —dijo rozando suavemente su mejilla.
Sakura apenas pudo reprimir las lágrimas cuando le contestó.
—Te quiero. Claro que me casaré contigo —susurró Sakura con la voz embargada por la emoción.
Sasuke cubrió su cuerpo con el suyo y se concentró en demostrarle sin palabras cuánto significaba para él. Le hizo el amor hasta que Sakura imploró que parase, completamente saciada, con todos sus sentimientos desbordados por la pasión que los consumía cada vez que estaban juntos.
Antes del amanecer Sasuke despertó a Sakura con sus caricias. No pudo contenerse y le hizo nuevamente el amor, pero esta vez despacio, saboreando cada recoveco de su cuerpo con adoración. Sakura respondió con total abandono, incapaz de negar que Sasuke la llenaba de una felicidad que jamás pensó posible. Era adicta a sus manos y a su boca y a todo lo que proviniera de él.
Cuando la dejó en su casa, su tía Shizune, que había recibido una nota horas antes de manos de uno de los cocheros de Sasuke diciendo que Sakura estaba a salvo, la abrazó, dejando que las emociones de las últimas horas hicieran mella en ella. Sakura le contó todo lo sucedido, salvo lo ocurrido con Sasuke. Y que ambos se habían comprometido. A diferencia de lo que Sakura había pensado, Shizune le dijo que la noticia le hacía muy feliz.
Sasuke, por su parte, que había dejado a Sakura con la promesa de que hablaría con su tío en cuanto este volviera de Bath, volvió a la mansión y realizó las gestiones necesarias para encontrar a Deidara Haruno. No pasó más de una hora cuando tuvo noticias de su paradero. Sin duda aquel día no iba a ser uno de los más afortunados para aquel malnacido.
Óbito esbozó una pequeña sonrisa cuando vio entrar a Sasuke en su despacho.
—Antes no nos veíamos apenas y ahora nos hemos visto cuatro veces en dos semanas. Estuve de acuerdo en estrechar lazos fraternales, pero creo que esto es pasarse un poco.
Sasuke sonrió abiertamente.
—No te preocupes, he venido por otro asunto. —La expresión de Sasuke, que se había vuelto más dura, inquietó a Óbito—. Uno de los socios del club vino anoche con un noble escocés, Deidara Haruno. Por lo visto todavía se encuentra aquí. Quiero tener unas palabras con él y no creo que sea bueno para el club que las tenga abajo. Algo privado sería más acertado.
—¿Deidara Haruno tiene algún parentesco con la señorita Sakura Haruno?
—Es su hermano —dijo Sasuke apretando la mandíbula.
—Entiendo —dijo Óbito—. Si te parece bien le haré subir a este despacho.
—Te lo agradezco —dijo Sasuke mirándole fijamente.
Minutos después, un Deidara Haruno totalmente ajeno a lo que le sucedería entró algo reticente al despacho de Óbito.
—Señor Óbito, no entiendo por qué me ha hecho subir... —Sus palabras quedaron en el aire cuando se dio cuenta de que en la habitación había alguien más. Aquel hombre que había sacado a bailar a su hermana en una fiesta y al que todo el mundo parecía temer.
—¿Qué pasa aquí? —pregunto, algo demudado al ver la mirada de Sasuke.
—Óbito, cierra la puerta —masculló Sasuke antes de acercarse a Haruno con aire furibundo.
A Deidara no le dió tiempo a reaccionar antes de que Sasuke lo tirara al suelo de un puñetazo.
—¡Está loco! —dijo Deidara tocándose la nariz, que sangraba profusamente.
Sasuke lo cogió de la chaqueta y lo levantó del suelo para cogerlo por el cuello y aplastarlo contra la pared.
—¿Por qué lo odiamos? —preguntó Óbito acercándose a Sasuke.
—Porque esta sabandija le pegó a su hermana y la amenazó —dijo Sasuke apretando aún más el cuello a Deidara, que ya estaba rojo por la falta de aire. Intentaba con las manos agarrar el brazo de Sasuke para quitarlo de su cuello. Era como ver a una hoja intentar nadar contra la corriente.
La expresión de Óbito cambio sutilmente.
—No debería haber hecho eso —dijo con una mueca a Deidara—. Acaba de firmar su sentencia de muerte. No te preocupes, Sasuke —continuó Óbito con una sonrisa—. Si decides terminar con él, me encargaré de que el cuerpo desaparezca y no lo encuentren jamás.
Deidara, que estaba asfixiándose, abrió los ojos desmesuradamente. El pánico hizo que se agitara, intentando escapar, y en el proceso sus pantalones se humedecieron por su incapacidad de controlar la vejiga.
—Oh, mierda —dijo Óbito entre dientes—. Acaba de mearse encima y ha echado a perder mi alfombra Aubusson.
—Te compraré otra —dijo Sasuke con una sonrisa.
Cuando Sasuke vio que Deidara estaba a punto de perder el conocimiento lo soltó, empujándole contra la columna de la esquina. Su cara pegó contra ella y se calló al suelo, intentando llenar de aire sus pulmones.
—Voy a decirte esto una sola vez. Si vuelves a acercarte a Sakura te mataré. Si osas tocarla de nuevo o inquietarla de alguna manera haré que desees que te haya matado, ¿me entiendes?Sakura va a ser mi esposa, así que te aconsejo que no vuelvas por Londres jamás.
—Enhorabuena —dijo Óbito con una sonrisa.
—Gracias —dijo Sasuke retirando la mirada de Deidara por un instante—. Espero que seas mi padrino —le dijo Sasuke a Óbito como si Haruno hubiese dejado de existir.
—Será todo un honor —dijo Óbito ya más serio mientras tendía la mano a Sasuke. Este la cogió y tiró de ella para darle un abrazo.
Cuando se separó, Óbito le miró con una mueca.
—Demasiada demostración de afecto por un día.
Sasuke sonrió abiertamente mientras veía cómo Deidara salía a gatas de la habitación.
—Pues vete acostumbrando. Es parte de la influencia de Sakura en mí.
Sasuke juraría que escuchó a Óbito maldecir en voz baja, mientras salía tras Deidara. Al fin y al cabo debía velar porque llegará sano y salvo a su destino. Se lo había prometido a Sakura.
Solo nos queda el epílogo.
