Capítulo 9: Proposición

Izayoi llegó al hospital en cuestión de media hora tras recibir en su teléfono móvil la llamada de su hijo menor. Ella no se encontraba en casa en ese momento y al principio no había entendido bien las palabras atropelladas de Inuyasha, pero cuando el chico consiguió hablar más despacio y escuchó lo que había pasado con la anciana Kaede, corrió como si se le fuera la vida en ello hasta el hospital.

Según su hijo, al parecer, en medio de la limpieza general de la casa, la anciana Kaede había caído al suelo completamente inconsciente bajo la atenta mirada de los otros trabajadores de la casa, su nieta y Sesshomaru.

Por lo que había dicho Inuyasha, la pobre Rin y los demás empleados se habían asustado tanto que no sabían muy bien qué hacer y el mayor de sus hijos en seguida se había puesto al mando llamando a los servicios de emergencia y dando las órdenes pertinentes para actuar de forma rápida ante la pérdida de consciencia de la anciana.

Cuando la mujer llegó a la sala de espera que le había señalado su hijo por teléfono, vio a Sesshomaru sentado en las incomodas sillas de plástico del hospital, con una visible afectada Rin agarrada a su pecho llorando sin parar.

A Izayoi se le estrujó el corazón al ver a la pobre muchacha llorar desconsolada en los brazos del joven. Él parecía, como siempre, frío y sereno, pero acariciaba el largo cabello negro de la adolescente lentamente, intentando consolarla en silencio, intentando evaporar con sus parcas caricias, aunque fuera un poco, el dolor de la muchacha.

Se fue acercando despacio, para no interrumpir la escena, pero no tuvo mucha suerte, pues en cuanto había puesto un pie cerca del rango de visión del mayor, Sesshomaru le había lanzado una de sus características miradas heladas, lo que la había hecho parar de golpe sin saber si seguir avanzando hacia la muchacha o quedarse quieta allí hasta que las cosas se relajaran un poco.

Vio como el chico acercaba su cabeza mínimamente hacia la pequeña morena y como ella levantaba la cabeza dirigiendo su vista por primera vez lejos del pecho del muchacho. En cuanto la vio hizo un puchero y se lanzó corriendo hacia Izayoi para abrazarla.

En cuanto la chiquilla hizo contacto con su cuerpo la apretó contra ella dándole un beso en la frente, intentando de alguna manera darle fuerzas. Hacía siete años que esa pequeña había llegado a sus vidas y casi la sentía al igual que a Sesshomaru y a Inuyasha, como hija suya, aunque no hubiera papeles de por medio que lo aseguraran.

Todo lo que tenía esa pequeña era a su abuela y ahora veía como existía la posibilidad de quedarse sin ella, la única persona que tenía en el mundo no estaba bien y corría peligro de quedarse completamente sola. Una lágrima resbaló por el rostro de Izayoi, apretando más a esa pequeña chica contra su cuerpo y algo en su mente se activó. Efectivamente esa niña llevaba tanto tiempo que todos los miembros de su familia le tenían afecto y lo más raro, su hijo mayor, quien la había estado consolando todo ese tiempo, también actuaba amable con ella, y él de todos los miembros de su extraña familia era el que más problemas tenía con socializar con las personas, más cuando no eran de su agrado, como lo había sido Rin en un inicio.

La mujer la separó un poco de su cuerpo brindándole una sonrisa para darle fuerzas, si estaba en su mano esa niña tendría una familia y si algo le pasaba a Kaede no se quedaría sola, como que se llamaba Izayoi Taisho que no la dejaría abandonada.

—¡Familiares de Kaede Higurashi!

Rin dio un respingo y se alejó de ella, para encontrarse con el médico que acababa de salir de la sala de observación de urgencias.

—¿Usted es su nieta?—Preguntó el doctor.

Rin asintió y el médico le explicó que su abuelita estaba bien, estaba estable y ya se había despertado. Al parecer, el cansancio por el trabajo y una neumonía que llevaba arrastrando desde hacía tiempo la había hecho desfallecer, pero con unos días ingresada en el hospital y un tratamiento con antibióticos pronto volvería a la normalidad.

—Es una mujer mayor y cabezota, debería descansar e intentar no forzarse tanto, es una anciana, ya no tiene veinte años, tal vez debería pensar en jubilarse y descansar.

—Sí, entiendo.

—Voy a hacer el papeleo para trasladarla a planta, pronto podrás verla.

El doctor se despidió con una reverencia y la muchacha se inclinó también en señal de respeto y despedida. Suspiró aliviada, secándose los restos de las lágrimas que dejaban surcos en sus mejillas.

—Por lo menos ahora sabemos que Kaede está bien.

Rin se giró observando como Izayoi se encontraba detrás de ella con una cálida sonrisa, visiblemente aliviada de saber que el estado de la anciana no era tan grave como habían pensado en un principio.

—Yo... creo que me quedaré esta noche aquí con mi abuelita.

—¿No prefieres que me quede yo?—Preguntó la mujer.

—No, no, mi abuelita nunca me perdonaría si la dejara a usted quedarse, después de todo lo que ha hecho por nosotras.

La mayor suspiró a sabiendas de que la muchacha tenía razón y que la anciana bajo ninguna circunstancia le permitiría quedarse a ella. Kaede pensaba que le debía mucho por haber estado manteniendo a su nieta, haberle dado una buena educación y una especie de familia extraña, pero la anciana estaba equivocada, pues los que más tenían que agradecer eran ellos a Kaede, por traer a sus vidas un ser de luz como Rin, quien había ayudado a su enredada, disfuncional y extraña familia a actuar un poco más normal.

—Está bien, pero mañana a primerísima hora estaré aquí con tu desayuno, ¿entendido?

La muchacha sonrió y asintió, dándole las gracias. Sí, definitivamente Rin era la persona más deslumbrante que hubiera visto jamás, incluso ella había acabado sonriendo ampliamente al ver esa sonrisa tan sincera.

Esperaron hasta que los médicos volvieron a salir para comunicarles que trasladaban a la anciana a planta y vieron a Rin partir detrás de la cama de su abuelita hasta que tanto Rin, como Kaede, desaparecieron por el pasillo.

Izayoi se giró, para mirar a Sesshomaru, quien no había movido un solo músculo desde que Rin había desaparecido por el pasillo. Incómoda, le indicó que tal vez deberían volver a casa y el muchacho, sin decir aun una sola palabra, simplemente se encaminó a la salida, para buscar el coche que su madrastra le había indicado que ya los esperaba fuera.

El trayecto en coche para Izayoi siguió siendo igual de incómodo, o más, si pudiera ser posible, ella había intentado empezar alguna que otra conversación pero o no había habido contestación, o el muchacho le había contestado con algún monosílabo, así que simplemente intentó tantear el terreno con su hijo mayor, ya que la situación de Kaede le había hecho darse cuenta de lo sola que en verdad estaba Rin y que si, dios no lo quería, la anciana algún día perecía, la pobre Rin no tendría a nadie más en el mundo, a excepción de los Higurashi, quienes no eran familia tan cercana y ellos mismos, y eso, el hecho de que una niñita tan dulce se quedara desamparada, no podía permitirlo.

—Espero que Kaede se recupere pronto.

Las palabras de la mujer no obtuvieron respuesta por parte del chico, así que la mujer siguió con su monólogo.

—Si algo le pasara a Kaede la pobre Rin se quedaría sola en el mundo y eso sería una desgracia.

—Rin no está sola—Respondió Sesshomaru.

Izayoi miró a Sesshomaru sorprendida, ya que por fin había hablado, y suspiró, prosiguiendo con sus palabras.

—No, claro, ella no está sola... nos tiene a nosotros, pero aunque nosotros nos consideremos también parte de su familia... legalmente no lo es.

—¿A dónde quieres llegar?—Cuestionó el muchacho.

—Tal vez es hora de que Rin se convierta en una parte de nuestra familia de forma permanente ¿No crees?

El joven, quien miraba aburrido por la ventana, abrió los ojos de par en par y se fijó por primera vez en su madrastra. Estaba nerviosa, haciendo esos movimientos erráticos con los dedos que le sacaban de quicio, siempre lo hacía cuando se ponía nerviosa, desde pequeño se había dado cuenta de ello, y con razón estaba nerviosa, lo que le estaba diciendo, lo que ella proponía no era tener a Rin bajo su protección como habían estado haciendo desde que había llegado a la casa, lo que ella proponía era convertirla en una Taisho de pleno derecho, quería convertirla en su hermana.

—Creo que si convencemos a Kaede... si le exponemos las circunstancias... ella entenderá y nos cederá la custodia a tu padre y a mí.

—No—Respondió Sesshomaru.

—¿No?—Preguntó la mujer sin entender nada.

—No—Repitió.

El coche se paró al entrar dentro de la propiedad de los Taisho, en el exterior había comenzado a llover y ninguno de los dos se movía del interior del coche. Izayoi podía ver como la mandíbula de Sesshomaru se apretaba, como sus nudillos estaban adquiriendo un color blanquecino por la fuerza que ejercía en sus manos, estaba enfadado, y no lo entendía.

—Cre... creía que tú serías el primero en apoyarme, Sesshomaru—Tragó saliva y prosiguió— Llevas tratándola como parte de la familia desde que llegó, pensaba que serías el primero en decir que sí a la adopción, no que te negarías tan rotundamente.

—Ese es tu problema, que piensas demasiado y te equivocas.

Definitivamente no entendía nada. Izayoi había sido una observadora muda en todos esos años en la casa, ella veía como Rin y Seshomaru pasaban su tiempo en el jardín, él leyendo mientras ella dibujaba. La trataba con cariño, tal vez no desde el inicio, ya que al principio se había mostrado más que molesto con su presencia, pero la niñita se había abierto camino en el corazón del joven a cañonazos y siempre había sabido que le tenía un cariño especial, más que a su propio hermano, Inuyasha, así que su negativa, sobre todas las cosas, era lo que más le había sorprendido.

—Por favor, Sesshomaru, entra en razón, Rin está sola en el mundo, sus padres y su hermano murieron, solo tiene a su abuelita, si ella muere se quedará completamente sola en este mundo cruel, alguien como Rin, tan dulce, tan radiante... y tú la quieres abandonar a su suerte, no me lo esperaba de ti, Seshomaru.

—Hipócrita—Dijo el muchacho.

La mujer se paró de golpe, parpadeando varias veces, totalmente confundida, no solo por estar discutiendo con Sesshomaru por una cosa que pensaba que obviamente iba a aceptar ya que sería lo mejor que podría pasarle a Rin a esas alturas, ser parte de una nueva familia con todos sus derecho, sino también por el tono agresivo que estaba usando, ya que aunque su rostro seguía imperturbable el desagrado se notaba en sus palabras y se le clavaba como puñales.

—¿Crees que no sé lo que intentas?—Preguntó él de nuevo.

—No sé de lo que hablas, Sesshomaru.

—Haces ver a la gente que eres una santa por mantener en tu casa a una niña huérfana y ahora quieres ascender a ángel adoptándola y convirtiéndola en tu hija marioneta.

—Sabes que siempre quise tener una hija, y desde que Rin vino aquí vi que era una niña adorable que solo necesitaba el cariño que el mundo no le había dado, yo intenté darle ese cariño, no por lo que dijeran los demás Sesshomaru, sino porque ella me conquistó, nos conquistó a todos.

—Rin no es una muñeca con la que puedas jugar.

—No juego con ella, solo quiero que tenga una familia ¡que pertenezca a nuestra familia!

El tono de la conversación cada vez era más elevado, ella solo quería que él entendiera, y como no, él era demasiado terco, en eso se parecía a su padre, pero su marido por lo menos llegaba a un punto en el que se podía llegar a convencer, él, por otra parte, no estaba entendiendo o no quería comprender que lo único que ella intentaba era que Rin, la dulce Rin, perteneciera a una familia, que hubiera alguien en el mundo que pudiera protegerla.

—Hay otras formas de conseguir eso.

—¿Qué?

El chico abrió la puerta del coche y sin siquiera esperar a que Mioga llegara con el paraguas se abalanzó hacia el exterior, solo quería salir de ese coche, no quería que esa conversación siguiera, no quería discutir más con esa mujer insoportable, así que salió del coche, escuchando como su madrastra le gritaba que parara que esperara a Mioga, pero no lo esperó, simplemente salió y se metió a paso ligero en la casa encaminándose sin mirar a atrás hacia su cuarto, sin ganas de hablar con nadie.

—Sesshomaru, ¿Ya habéis vuelto? ¿Cómo está Kaede?

Era la voz de Inuyasha, pero ni siquiera se dignó a mirarlo, subió las escaleras y se perdió en ellas dejando a su medio hermano con la palabra en la boca.

—¡Keh! Estúpido Sesshomaru.

Inuyasha miró hacia la puerta, ya que su madre no tardó en hacer acto de presencia, en cuanto la vio se acercó a ella, pues su rostro estaba blanco como la nieve y totalmente desencajado, como si le hubieran dado una malísima noticia.

—¿Qué ha pasado? ¿Kaede está tan mal?—Preguntó el muchacho al hacer contacto visual con la mujer.

—No... no... Kaede está bien... se va a quedar unos cuantos días en el hospital porque tiene una neumonía que es mejor que se trate con medicación en el hospital, pero está bien, hijo, no te preocupes.

—¿Entonces qué pasa?—Volvió a insistir—Ha sido ese idiota ¿verdad? ¿Te ha dicho algo?

Izayoi no respondió, simplemente miró al suelo, lo que bastó a Inuyasha para tener una ligera idea de lo que había ocurrido.

—¡Ese estúpido de Sesshomaru me va a oír! ¡Vale que sea un amargado! ¡pero ni por un segundo voy a dejar que te siga tratando así!

—¡No, Inuyasha! En verdad no me ha dicho nada tan fuerte, solo estaba enfadado por una proposición que le hice.

—¿Proposición?—Preguntó—¿Y qué tipo de proposición lo pondría furioso? ¿Le vais a bajar la paga por malhumorado?

—He pensado en adoptar a Rin.

—¿Adoptar a Rin?—preguntó bastante sorprendido.

—Sí, voy a proponérselo a tu padre esta noche, no podemos dejarla sola, si a Kaede le pasara algo...

Inuyasha se encogió de hombros y asintió con la cabeza, entendía el punto de su madre y la idea no le parecía mala, de todas formas desde que había llegado Rin se podría decir que era como su hermana menor, así que no veía nada malo en simplemente formalizar un trámite y darle su apellido, lo que le extrañaba era la reacción de Sesshomaru, extrañamente era quien más unido estaba en la casa a la chiquilla, ya que ella se le había pegado como una lapa desde el día en que había caído en esa casa, esa reacción no era la que esperaba, aunque conociéndolo seguramente no quería que la niña obtuviera su apellido por motivos puramente egoístas, se lo imaginaba diciendo alguna frase como "no ensuciaré mi apellido teniendo en mi familia a una niña huérfana apestosa", aunque... eso posiblemente pudiera ser al principio, antes de que Rin llegara, pero ahora, ahora no entendía su negativa.

—Me parece buena idea, mamá, de todas formas Rin ya es parte de la familia.

—Sabía que no me fallarías, mi niño hermoso.

El chico se sonrojó de sobremanera cuando su madre lo abrazó y le dio un beso en la mejilla, ella no escatimaba en mimos, nunca, pero parecía de mejor humor ahora que él le había dicho lo que pensaba y más al ver que pensaba como ella, por lo menos ahora volvía a ser la misma.

Lo único que se escapaba a su entendimiento era la razón de la negativa rotunda del idiota de su medio hermano, debía llamar a Kagome cuanto antes, le había prometido que en cuanto supiera algo de Kaede lo haría, pero ahora tenía algo más que comentarle a su amiga, ella a veces veía las cosas de otra manera, posiblemente a ella se le ocurriría algún motivo más para que Sesshomaru rechazara la idea tan tajantemente, a veces las mujeres eran más sensitivas con esas cosas., sí, llamar a Kagome y contarle todo ese lío era la mejor idea, y lo haría, justo después de que su madre dejara de ejercer ese agarre mortal.

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¡Capítulo 9 arriba!

Siento mucho haber tardado tanto en publicar el capitulo, la verdad es que el trabajo no me ha dejado seguir con las historias que tengo pendientes y estaba intentando por todos los medios continuarlas, aunque de lo que tienes planeado, a lo que luego pasa... bueno, ya sabemos que no siempre lo que uno planea luego es lo que ocurre, intentaré no tardar tanto con el siguiente.

Espero que os haya gustado el capítulo y que podáis escribir algún comentario sobre ello, sabéis que vuestros comentarios y votos me dan ánimos para continuar, ya que sé que estáis ahí.

¡Nos leemos pronto!

Helen Martinelli.