8 Pasión
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
Naruto cabalgaba por el bosque, intentando contener la ansiedad. Sería la primera vez en que vería a su esposa, desde la noche en que él hiciera el terrible descubrimiento de que Hinata todavía le despertaba pasión.
No sabría decir porque había sido tan complaciente entonces. La verdad era que la maldecía por eso pues, todos aquellos días su cuerpo había ardido de deseo, mientras que su mente lo había afligido con infinitas imágenes eróticas de Hinata en sus brazos, gimiendo de placer, serpenteando su cuerpo bajo él.
Ni siquiera se le había ocurrido que ella pudiera despertar tales reacciones, después de todo lo que había pasado, pero se había acabado descubriendo tan vulnerable a la belleza de Hinata, a su sensualidad espontánea, como lo fuera antes.
Fue difícil aceptar la realidad. Al final, había decidido que lo mejor que podría hacer sería habituarse a la poderosa atracción que lo impelía hacia ella. Después de todo, ya que tenía que acostarse con Hinata para garantizar sus herederos, ¿por qué no hacer que la tarea sea placentera?
Ahora, apenas podía esperar. Haría el amor con Hinata aunque ella intentase resistirse nuevamente. Ella era su esposa y no podría negarse a compartir su cama.
Tal idea le provocó un estremecimiento de excitación.
A aquella altura, Hinata había tenido tiempo de sobra para prepararse para las exigencias de su marido. No habría disculpas esta vez.
Una vez en el chalet, Naruto le gritó a Homura. El hombre parecía un fantasma, Naruto pensó, cuando el criado se materializó delante de él. Homura siempre se aparecía de la nada, en un abrir y cerrar de ojos. Era como si estuviese siempre a la espera, donde quiera que Hinata pudiera ser encontrada.
Después de entregarle las riendas de Tarsus, Naruto observó con aire especulativo, mientras Homura conducía al garañón al establo.
Oyó la voz de Hinata, viniendo del costado de la casa. Luchando contra la expectativa, se encaminó hacia allá.
Espió el cuerpo esbelto de su esposa, en medio de uno de los canteros de la huerta. La primer cosa que le llamó la atención, fue el vestido demasiado justo, que le apretaba los pechos. La falda dejaba a la vista buena parte de sus piernas, exhibiendo los tobillos delicados.
Los cabellos estaban sujetos en la nuca, pero algunas mechas se habían soltado y caían sueltas, en torno al rostro bien diseñado.
Aún sucia de tierra, la sensualidad que ella emanaba era casi palpable. Todo eso, Naruto lo percibió en apenas un segundo, así como la escena, extraña que se desarrollaba delante de él.
Para su sorpresa, Koharu se encontraba ante de Hinata, arrodillada en la tierra, oyendo pacientemente la voz autoritaria de su señora.
— No entiendo mucho de arvejas. ¿Cree que es un exceso de sol? Tal vez fuese mejor que plantásemos el frijol aquí, los nabos allí.
— Si, haga eso. Voy a remover la tierra del otro cantero.
Cuando iba a colocar el rastrillo en movimiento, Hinata lo vio y se quedó inmóvil.
—Todavía es temprano para plantar—Naruto comentó en tono casual, aproximándose.
—Apenas estamos preparando los canteros. Creí que, tal vez, pudiésemos intentar anticipar la cosecha. A veces, mi padre hacía eso y obtenía buenos resultados. Está bien que el clima es mucho mejor allá en Cornwell.
Naruto asintió, notando que Koharu se había levantado, pareciendo muy avergonzada.
—Ve a buscar el vino con hierbas que preparé — Hinata ordenó, antes de girar hacia Naruto. — No sabía que vos vendrías hoy, pero estoy asando carne de cerdo, que no demorará en estar pronto. ¿Tiene hambre?
La transformación era increíble. Hinata actuaba como la anfitriona, recibiendo a un huésped. Naruto quedó desconcertado. Había pasado semanas preparándose para asumir el comando en su próxima visita. Ahora, ella lo recibía como si fuese la señora del castillo, mientras él, un mero visitante.
Resentido, él estrechó los ojos.
—Para ser sincero, esposa, no es una cuestión de hambre lo que me trajo aquí hoy, aunque yo no sea un gran apreciador de tus dotes culinarias.
Sus ojos pasearon insolentes por el cuerpo de ella, demorándose en la curva de los senos.
El brillo de furia le iluminó los ojos grisáceos, pero no dijo nada. Soltando el rastrillo, ella se encaminó hacia la cocina y, a juzgar por el ruido de golpes de ollas ella estaba descargando su rabia con los utensilios.
Naruto la siguió con pasos lentos. Se sentía mejor, ahora, aunque el calor que lo había invadido al verla todavía no se hubiese disipado.
La observó manejar el cuchillo con destreza suficiente para cortar diversas rodajas finas del cerdo que asaba sobre el fuego. Koharu, que evitaba mirar a Naruto, como si hubiese cometido un crimen imperdonable, le sirvió una copa de vino aromatizado y desapareció.
Naruto bebió un largo trago.
—¿Tiene pelos?
Hinata se ruborizó, pero depositó la bandeja conteniendo la carne y el pan ante él.
—¿Quieres nabos?
—Si— él aceptó, pero usó la daga para revolver los pedazos de carne, examinándolos con desconfianza. Después de probarla, decidió que estaba muy bien preparada. — Dejé un saco en el camino al establo, donde desmonté. Ve a buscarlo.
Hinata lo miró por un momento tan largo, que Naruto llegó a pensar que ella le desobedecería. Pero entonces, ella salió.
Una vez solo, saboreando la comida, Naruto reflexionó que la situación parecía bastante mejor que la última vez. Hinata se había adaptado al lugar y, ahora, controlaba su propio temperamento. Y, aunque fuese evidente que se había rehusado a someterse a Koharu, no se rehusaba a cumplir sus tareas domésticas.
Hinata se dio vuelta, arrastrando el pesado fardo detrás de sí.
—¿Si viniste para pasar apenas unos días, por qué trajiste tantas cosas ?
—Llévalo arriba y vacía el contenido — él ordenó.
—No puedo cargar este saco hasta arriba. Es demasiado pesado.
Naruto levantó una ceja.
—Ese es tu problema.
Ella respiró profundo, visiblemente irritada, pero fue hasta la puerta y llamó:
—¡Homura!
Como siempre, el criado apareció inmediatamente, dando a Naruto la impresión de que estuvo oyendo junto a la puerta. Hinata lo instruyó para que llevase el saco arriba. Homura obedeció rápidamente y Hinata lo siguió.
Pocos minutos después, los gritos en el piso de arriba hicieron que Naruto se levantase de un salto. En cuestión de segundos, él ya subía la escalera con la de espada en su mano. Fue entonces que Hinata apareció en el vestíbulo con uno de los vestidos que él había llevado para ella.
—Gracias — dijo, jadeante, apenas podía hablar. Los ojos magníficos brillaban como piedras preciosas, y su cara enrojecida realzaba sus rasgos perfectos. Y la sonrisa que Hinata exhibía dejó a Naruto aturdido.
Al abrir el saco, ella descubrió algunos vestidos y varios artículos femeninos. Eran usados, nada grandioso, pero la gratitud de Hinata los hacía parecer joyas exóticas, dignas de una reina.
Naruto se aclaró la garganta y bajó la espada.
—La esposa de uno de mis caballeros los envió. Dijo que vos precisarías todas esas cosas. Si ella se olvidó de algo, basta que lo digas y tomaré providencias.
—Dile a ella que estoy muy agradecida — Hinata declaró. — Voy a tirar este vestido de campesina ahora mismo.
Como una criatura, maravillada con un presente inesperado, ella se dio media vuelta y corrió hacia el cuarto. Naruto no pudo impedir que sus ojos se fijasen en la visión tentadora de su trasero redondeado, que se ondulaba a cada paso.
Pensó en la comida que había dejado enfriándose en la cocina y, de repente, se descubrió sin hambre, Con un nuevo propósito, siguió a Hinata hasta el cuarto.
Homura ya se había ido y Hinata había empujó el borde del vestido hasta la cintura. Al verlo, soltó la prenda deprisa.
Sin desviar los ojos de los de ella, Naruto fue hasta la cama y se sentó.
—Continúa — dijo.
Ella vaciló, manteniéndole la mirada, pero ruborizándose profundamente.
Un brillo de desafío iluminó el rostro de Hinata por un breve instante. Entonces, ella le dio la espalda y se quitó el vestido, tirándolo al suelo. Cuando se agachó para tomar el vestido nuevo de encima de la cama, Naruto la tomó de la mano, forzándola a girarse hacia él.
Sorprendido, él se descubrió tembloroso. El simple contacto con la mano delicada le provocó una intensa oleada de calor, que invadió todo su cuerpo recuerdos de su último encuentro le invadieron la mente, dejándolo aturdido.
Resistiendo el impulso de tirarla en la cama, dejó que sus ojos paseasen por el cuerpo de ella, deleitándose con las curvas apenas escondidas por la fina combinación de algodón. La ropa intima le cubría hasta la mitad del muslo, permitiendo que Naruto le admirarse las piernas largas y bien torneadas.
Entonces, su mirada se posó en la cintura delgada, que él podía envolver totalmente con sus manos. Más arriba, los senos rotundos presionaban el tejido casi transparente, mientras los pezones rosados amenazaban con rasgarlo. Las manos de Naruto ardían de deseo de acariciarlos. Hombros graciosos, esculpidos como en una estatua griega, brazos largos y ...
Naruto paró. Un nudo se formó en su garganta, pues la piel clara de los brazos de Hinata presentaba hematomas oscuros. Le giró las manos y las descubrió llenas de cortes y otras heridas.
Sólo entonces se acordó de que ella no disfrutaba más de la vida privilegiada de una Lady. Ahora, Hinata trabajaba tanto como Koharu, realizando tareas con las cuales ninguna mujer de la nobleza jamás siquiera soñaría.
—¿Qué es eso? — él inquirió en tono rudo, como si ella tuviese culpa de los daños provocados en su piel.
Hinata miró las heridas y respondió con objetividad:
—Esta es la cicatriz de una quemadura que tuve hirviendo ropa sucia. Estos son simples hematomas, la mayoría resultantes de intentos de levantar cosas muy pesadas. Los cortes en mis manos... Bien, yo era no era muy diestra con los cuchillos cuando llegué aquí.
Una rabia irracional invadió a Naruto.
—¡Pues ten más cuidado! ¡No estoy acostumbrado a llevar criadas a la cama!
Aún antes de terminar la frase, él se dio cuenta de cuan cruel era. La tensión inmediata que apareció en Hinata mostró que su comentario la hirió profundamente. Naruto se maldijo. En un momento, era demasiado benevolente. En seguida, se despreciaba a sí mismo por su propia maldad.
—¡Monstruo! — ella gruñó. — ¿Como te atreves a insultarme? ¡Me obligas a trabajar como una sierva y, después, me desprecias por eso! ¡No tienes derecho a criticar una sola cicatriz en mi cuerpo, pues ellas son la prueba viva de tu abuso!
Ella estaba en lo cierto, claro, pero la consciencia de eso no lo hizo sentir mejor.
—¡Si me fuerzas a darte unas palmadas, entonces verás lo que es la verdadera prueba de mi abuso!
—¡Vos no harías eso!
—Es mejor que no provoques, Hinata. Soy capaz de muchas cosas que a vos no te gustarían.
—¿Qué podría ser peor de lo que vos ya hiciste ? ella desafió.
Al verla roja por la furia, los cabellos sueltos, cayendo en una cascada oscura sobre los hombros, los ojos fascinantes, los puños cerrados, posados en la cintura, Naruto pensó que ella parecía una amazona, o una diosa airada... Estaban hablando demasiado.
Finalmente, él no había ido hasta allá para conversar. Con un movimiento rápido, la empujó hacia sí, cediendo a lo que había deseado desde que puso los pies en aquella casa.
Por miedo o por pasión, Hinata se derritió en sus brazos, inflamándole los sentidos y retribuyendo el beso con ardor.
—Veo que has decidido ser una esposa dedicada - Naruto ironizó.—¿Es una trampa? Preciso tener cuidado.
Ella intentó desprenderse, pero él la tomó con fuerza, riéndose de su indignación.
—¿Por qué me insultas? Tienes todas las cartas en la mano y aún así, me fuerzas a humillarme más y más. Es un hábito tuyo, ¿abusar del sexo débil?
A él no le gustó el comentario irónico, pero en aquel momento, sus ojos se posaron en los labios carnosos, todavía rojos del beso que habían compartido. Entonces, no fue capaz pensar en nada más, que no fuera en tocarla.
—¿Qué esperas? ¿Oír palabras de amor? ¿Debo decir que tus cabellos son hermosos? ¿Que sus ojos brillan como piedras preciosas?
La empujó hacia la cama, pasando una pierna sobre la de ella, para sentir mejor sus cuerpos pegados.
—Tus pechos parecen pedir la caricia de las manos de un hombre, de mis manos, Hinata. — Como si precisase comprobar sus palabras, Naruto posó una de sus manos sobre un seno. Observando los labios de Hinata entreabiertos, los párpados se tornaron pesados, Naruto se dio cuenta que su voz había perdido el tono burlón.
Si, podría hacer todos aquellos elogios con sinceridad, pues aún después de todo lo que había pasado entre ellos, Hinata continuaba siendo la mujer más adorable que Naruto haya conocido.
Fue solamente cuando los brazos de ella se enlazaron en su cuello y ella colocó sus labios sobre los de él con ardor, que Naruto se dio cuenta de que había pronunciado su último pensamiento en voz alta. Con un gemido, profundizó el beso, dejando que las manos recorriesen todas las curvas que habían poblado sus fantasías, a lo largo de aquellos meses solitarios.
—Es el mediodía. — Hinata murmuró, aunque las palabras no sonasen como una protesta.
Naruto se limitó a asentir, al mismo tiempo en que deslizaba los labios por el cuello de ella, lentamente hasta posarlos sobre uno de los senos. Entonces, abrió la combinación, y se apartó, para disfrutar de la visión que le provocara tanta belleza.
Hinata permaneció inmóvil, mientras los ojos azules escudriñaban cada detalle, saboreando, deleitándose. Cuando él finalmente se inclinó para tomar un pezón rosado entre sus labios, ella arqueó el cuerpo, ofreciéndose sin reservas, abandonándose al torrente de sensaciones que barrió su cuerpo.
El deseo quemaba a Naruto como una hoguera, haciéndole arder sus entrañas. Hacía tanto tiempo... Él no sabría decir si sería capaz de esperar. Al mismo tiempo, no quería tener sexo con Hinata de manera apresurada, o brusca. Lo que lo hacía sentir así era un gran misterio. Naruto sólo sabía, con toda certeza, que en aquel terreno, él jamás conseguiría ser cruel.
Deslizó una de sus manos por entre los muslos de Hinata, y los separó en una invitación que no podía ser rechazada. Sintiendo la sangre correr más rápido en sus velas, Naruto se libró rápidamente de las ropas. La necesidad de sumergirse dentro de ella le ofuscaba la claridad del pensamiento.
Cuando la penetró, Hinata levantó las caderas para darle la bienvenida. Naruto consiguió controlarse, retroceder, y volver avanzar penetrándola más profundamente. Su boca sofocó los gemidos de ella, mientras sus manos la apretaban contra sí.
Esta vez, la intensidad del orgasmo no lo tomó por sorpresa. Naruto se entregó por entero, sin la menor vacilación, a la sensación maravillosa que fue tomando su cuerpo, su mente y su alma. Cuando sintió los espasmos de placer de Hinata, y oyó su gemido ronco, supo que ella, había alcanzado el climax.
Tal constatación acabó con su control, y él se dejó transportar a otro mundo, en una explosión de éxtasis. Satisfecho y exhausto, él se apoyó sobre sus codos. No hubo ninguna palabra de ternura. Sus manos ardían de deseo de tocarla, pero él se lo impidió.
Rodó hacia el costado, usando una de las manos en el vientre de Hinata, en un gesto posesivo, indicándole que ella debería permanecer donde estaba a pesar de todo lo que habían perdido, todavía les quedaba aquella incomprensible pasión.
Era todo lo que quedaba de una unión que él, un día, creyó que sería la realización de todos los sueños secretos que él jamás había admitido tener, ni siquiera a sí mismo. No era mucho, en verdad, pero en aquel momento; sin embargo, todavía bajo los efectos del placer, era lo suficiente.
