Personaje: Luna Lovegood.

Prompt: Libertad.


La entrevista

Mientras sus amigos se casaban y formaban sus familias, Luna Lovegood disfrutaba de la libertad que le proporcionaba explorar el mundo en busca de criaturas mágicas. Nadie se preocupaba cuando no llegaba ninguna carta suya durante extensos períodos de tiempo, ya que solía internarse en territorios insólitos como la selva amazónica o los desiertos de Norteamérica, a donde las lechuzas difícilmente lograban acceder.

Luna tenía una vida nómada, aunque solía regresar a Inglaterra por unos meses para pasar tiempo con sus amigos, hasta que su trabajo como naturalista la forzaba a viajar otra vez. Todavía no conseguía encontrar a los snorkarks de cuerno arrugado, pero descubrió nuevas especies de las que no había registro en su gastado ejemplar de Animales fantásticos y dónde encontrarlos. Aquello le otorgó el suficiente reconocimiento para que El profeta le solicitara una entrevista. Luna, que no tenía demasiado interés en ver su nombre publicado, estaba a punto de rechazar amablemente la invitación. Cambió de idea cuando vio el nombre del periodista.

Rolf Scamander era un hombre alto y moreno que, cuando se presentó ante ella en la oficina del periódico, habló con acento americano.

—Sí, soy el nieto de Newt Scamander —le dijo luego de dar su nombre, anticipándose a la pregunta que debían hacerle con frecuencia, aunque no parecía importarle. Luna sonrió soñadoramente, porque lo sabía—. Escribo artículos de magizoología.

—Qué curioso —comentó ella, y Rolf se percató de que estaba observando la cicatriz que tenía sobre su ceja izquierda.

—Fue un ocammy —explicó él, ruborizándose—. Era muy agresivo.

Comenzó la entrevista y Luna se sorprendió cuando se mostró genuinamente interesado en los snorkarks de cuerno arrugado, ya que muchos consideraban que la idea de que aquellos seres existieran era disparatada, pero él parecía tomarla en serio.

Al despedirse, le estrechó la mano.

—Fue agradable —le dijo ella con su sinceridad habitual—. Y no deberías avergonzarte de que un kneazle te haya hecho esa cicatriz.

Rolf parpadeó. Era verdad, no lo había atacado una criatura peligrosa, sino aquella especie de gato. La vio marcharse, preguntándose cómo se habría dado cuenta de ello y sin poder evitar sentirse fascinado por su extravagancia.

Dado que no era especialmente hábil para relacionarse con mujeres, le escribió a su abuelo para pedirle detalles acerca de la manera en que había conquistado a su abuela Tina; necesitaba un consejo para saber cómo actuar. Apenas pudo creer su respuesta: «Le dije que tenía ojos de salamandra». Se echó a reír. Era lo más absurdo que había escuchado nunca, algo así no podría funcionar.

Cuando Luna regresó para sacarse la fotografía que acompañaría a la entrevista (con la varita sobre su oreja izquierda y llevando unos raros aretes con plumas), Rolf se veía incómodo. Antes de que ella se fuera, temiendo que quizás no volvería a verla, se apresuró a farfullar:

—¿Sabes, Luna? Tienes unos ojos como…