Con su porte imponente, su elegancia característica y esos ojos blancos que la distinguían, Hanabi estaba ahí, frente a ella, después de un año.

Como una Hyuga. La sucesora del clan.

Hermosa, como siempre había sido, y con esa mirada directa y sin miedos; dio un paso al frente sin temor y estiró sus brazos para tomar a esa hermana perdida.

Un año había sido mucho tiempo.

Cerró la puerta detrás de su hermana y la invitó a pasar, consciente de que, si ella estaba ahí, era porque sabía lo que había ocurrido con Naruto.

Su hermana avanzó hasta encontrarse con unos grandes ojos castaños que la observaban y una pequeña colita que se movía de forma amistosa.

Sus ojos brillaron y Hinata sonrió.

- Te presento a Lili.

Hanabi miró a su hermana, con una expresión totalmente diferente a la que debería tener la sucesora del clan; con ojos llenos de ilusión y totalmente derretidos ante ese pequeño animal frente a ella.

- ¿puedo tomarla?

Y ante la afirmación de su hermana, la menor tomó entre sus brazos a Lili y esta, no volvió a tocar el suelo en toda la visita.

Se sentaron con tranquilidad en el sillón, con una taza de té y algunas galletas que Hinata había horneado; expectante ante lo que su hermana había venido a conversar.

Porque un Hyuga nunca hace visitas así, sin sentido. Menos a una exiliada del clan.

- Padre te mandó a llamar.

Raro, era decir poco; no había visto a su padre desde que decidió marcharse y le prohibieron volver.

- ¿Porqué?

- No puedo decírtelo todavía, pero necesito que asistas.

Luego de la breve pero significativa visita de Hanabi, Hinata supo que algo importante estaba por ocurrir. Bueno o malo, no lo sabía ni lo podría evitar.

Suspiró.

Tenía todo el día para prepararse y suponer; y no tenía la ropa adecuada para una visita formal; ni mucho menos las cosas de Lili.

Había mucho que hacer.

Tomó su pequeña cartera que usaba cuando no iba a misiones, su chaqueta gruesa de invierno, gorro de lana y bufanda; y salió.

Acomodó a Lili en su chaqueta imitando a como lo hacía Kiba cuando niño, y rio al recordarlo.

En secreto, siempre había querido hacer lo mismo que él.

- Lili, no tenemos nada que envidiar a Kiba y Akamaru- le dijo y abrió la puerta del edificio.

Y por venir distraída hablando con su perrita, no notó que chocó con un cuerpo bastante más grande que ella: Sasuke.

Lo miró con sorpresa y sonrió, para luego moverse y dejarle pasar mientras avanzaba. Él la miró con curiosidad ante su actitud y entendiendo que ella pensaba que venia a ver a cualquier otra persona. Y ahora sonrió él.

Oh, inocente.

- Hinata, vengo a verte.

Ella se detuvo, incrédula y poco acostumbrada a la atención que últimamente estaba recibiendo.

- ¿sucede algo?

- Quería saber como seguías – contestó – y llevarte al hospital.

La impresión ante la declaración de Sasuke fue evidente porque no recordaba que él tuviera aquellas actitudes antes; que fuera tan preocupado. Y no entendía porque lo era ahora, si ellos no eran tan cercanos como con Naruto y Sakura.

Desechó aquellas dudas, después de todo, ella no conocía tan bien al Uchiha, probablemente el siempre había sido así, y su cabeza pasó al siguiente punto.

No iría al hospital, no había discusión en eso.

- No es necesario – respondió – estoy bien.

Sasuke la observó, intuyendo cual podría ser el motivo de su negación, pero no dijo nada al respecto; siempre habría otras formas de lograr su objetivo.

- ¿me acompañas a un lugar?

Caminó con ella en silencio, con el aire frío rozando sus rostros y el viento colándose por sus ropas. Estaban en la mitad del invierno.

Miró a su alrededor como la gente caminaba, conversaba y hacían sus vidas sin importarle los demás.

Como la vida avanzaba, seguía, se movía …

Y se vio a él con ella en una vitrina en el camino.

Se vio a él y ella con la clásica distancia prudente de las personas que son conocidas y tal vez, amigas. Aquella distancia que él deseaba romper, acortar; y se impulsó a dar un paso en ese camino.

El primero de muchos, en ese largo recorrido que sería llegar a su corazón.

Se acercó, simulando no darse cuenta, y dejó que sus brazos se rozaran a través de los kilos de ropa que llevaban.

Probablemente no era nada, probablemente era una estupidez sin sentido, pero era algo; para él.

Y al menos su reflejo, sus sombras, parecían que caminaban unidas.

Porque con ella no podría ir rápido; debería ser a su ritmo, en sus tiempos y ganarse su lugar.

Porque no era un juego.

Doblaron una esquina, y frente a ellos, apareció el hospital.

Hinata se detuvo de golpe y su expresión se endureció; su mirada la clavó directo en el Uchiha, interrogante y temiendo haber descifrado el porque estaban ahí.

- Lo siento – habló Sasuke – pero deben verte.

Su mirada fue de enojo y dio un paso atrás, dispuesta a marcharse.

- Sasuke, no ingresaré.

Él avanzó, porque no perdería esa pequeña batalla. Porque él podía ser tan terco como ella, si se lo proponía.

- ¿Porqué?

Era una pregunta inútil, porque él tenía claro la razón del porqué ella no quería ser vista. Era fácil saberlo si sabías un poco de la historia de ellos.

Pero quería escucharlo de ella; que Hinata se atreviera a decir las cosas que sentía. Que liberara un poco sus sentimientos que continuaban guardados.

Se mordió el labio, frustrada, y desvió la mirada avergonzada.

- Sakura – respondió en un susurro sumiso – no quiero ser tratada por ella.

Y Sasuke hizo su primer acercamiento real.

Dio un paso hacia ella, rompiendo, otra vez, la distancia personal que mantenía con todos; que ambos mantenían con el mundo.

Estiró su mano para alcanzar la de ella con timidez, y rozó sus dedos descubiertos y helados; sin ser tan invasivo, sin que ella lo notara y huyera. Sujetó su dedo meñique como si aquel sutil toque pudiera retenerla de alguna forma; en una silenciosa y oculta súplica. Y se inclinó un poco, lo suficiente como para parecer que compartían un secreto y bastante alejado como para no diera un paso atrás, y habló, en el mismo tono bajo que ella había utilizado.

Como si estuvieran compartiendo un momento íntimo.

Y tal vez, eso era precisamente lo que hacían.

- Lo sé – respondió sin dejar de mirar sus ojos – Sakura no está aquí, hoy.

Ella, en un gesto inconsciente, atrajo su mano un poco más a la de ella, sujetándolo con un poco más de decisión; como si buscara fuerzas en ese contacto.

- ¿seguro?

- Seguro.

Ella asintió, y lo soltó. Liberando su tensión.

Avanzó y pasó por su lado con decisión; y Sasuke quedó ahí.

Jamás llegó a saber el efecto que ese inocente roce, que ella profundizó, produjo en el interior del vengador; revolviendo todo de maneras nuevas e incomprensibles; agradables.

Porque a pesar de lo que los demás pensaran o dijeran, Sasuke Uchiha jamás había anhelado tanto a alguien como ahora. Nunca.

- ¿Vienes? - preguntó girándose hacia él al ver que no avanzaba.

Y él, en silencio, la siguió.

Porque la noche solo quería ser notado por la luna.

Luego de que fuera atendida, y que le dieran una semana de reposo, salieron del lugar rumbo a las calles del centro de a ciudad. Hinata había indicado que tenía que hacer unas compras y él no desaprovecharía esta oportunidad.

Y como siempre ocurría en una aldea grande y concurrida, donde algunas personas eran más conocidas que otras, Sasuke notó que varias miradas los siguieron. Probablemente, preguntándose que hacía él con la ex esposa de su amigo.

A él no le importaba, pero se preocupó de como le afectaría a ella. Sin embargo, ver que Hinata estaba tan distraída con Lili que no se dio por aludida, fue una agradable sorpresa.

Tal vez, esa era una de las razones por las que Kiba había optado por ese regalo.

Probablemente, era una buena noticia que ella ya no sintiera la necesidad de escapar de los lugares concurridos, ni se preocupara de caminar con él; con él amigo de su exesposo.

Avanzaron.

Ingresaron a una tienda de mascotas, y Hinata caminó por los pasillos maravillada por todo lo que había e indecisa de que elegir: quería todo.

Eligió un listón rosado, porque quería que su Lili se viera femenina, un collar con su identificación, "Lili Hyuga", una chaqueta para el frío y comida.

Por ahora, eso era todo lo que podía comprar.

- Todavía no entiendo porqué venimos a este lugar – se escuchó la voz de Ino.

- Te dije que no era necesario que me acompañaras.

Hinata se volteó con una sonrisa al escuchar la voz de Shikamaru que ingresaba a la tienda mientras ella tomaba el recibo del mostrador.

Él la vio y se acercó inmediatamente, dejando a Ino y Chouji atrás; sorprendiéndolos. Y sin prestar atención a sus compañeros, ni al Uchiha, ambos se miraron con una sonrisa a modo de saludo y Shikamaru sacó de la chaqueta de Hinata a Lili, con total confianza.

- Hola pequeña.

Avanzó por la tienda, con Lili en sus brazos y seguido de Hinata, perdiéndose por los pasillos. Dejando los tres acompañantes, frente a frente, olvidados.

La siguió con la mirada, notando la soltura con la que hablaba con el Nara, la confianza que habían desarrollado y la complicidad que había en sus miradas; y Sasuke supo reconocer a un posible rival.

Un rival que había avanzado los kilómetros que él buscaba.

Joder, Hinata brillaba demasiado y ni siquiera lo notaba.

Dio un paso hacia ellos, buscando acercarse, pero la voz de Ino le obligó a quedarse.

- ¿Qué pretendes? – preguntó sin timidez – ¿qué estás haciendo con ella?

- No sabía que te importaba lo que le pase – contestó – eres amiga de Sakura.

Sí, era amiga de Sakura, pero Shikamaru le había hecho mirar más allá. Le había recordado que Hinata era víctima de un amor irresponsable, y le había hecho ponerse en su lugar.

Le había hecho pensar en que sentiría ella, como lo tomaría; y por ello, porque pensó y le dolió lo que descubrió, jamás decía algo cuando su amigo iba a juntarse con Hinata. Jamás se burlaba de él cuando Shikamaru compartía alguna anécdota con ella.

Porque ella, también había visto crecer a Hinata, habían compartido en casa de Kurenai y habían combatido codo a codo en la guerra.

Y ella, como todo el resto de su generación, había visto cuanto la chica había amado al Uzumaki y todo lo que había hecho por él.

Por eso, por muy amiga que fuera de Sakura, en esto, su lealtad y corazón estaban con Hinata.

Y si era honesta, si miraba todo desde ese ángulo, Sasuke no debería estar cerca. Nadie del equipo siete debería estar cerca.

Tal vez, esto era la único que ella podía hacer.

- Soy mujer Sasuke – respondió – entiendo por lo que Hinata ha pasado y el error de Sakura. Y no quiero ver que juegues con ella.

Sasuke sostuvo su mirada, molesto. Enfadado de que lo incluyeran en el mismo saco que Naruto y Sakura, solo por ser amigo de ellos; solo por ser parte de ese equipo.

Él no era parte de esas decisiones, ni estaba haciendo nada malo.

Él solo quería estar.

- Ino – respondió – yo no soy Naruto.

Shikamaru y Hinata se volvieron a acercar al grupo, enfrascados en una sencilla conversación y totalmente ajenos al intercambio que había ocurrido.

- … prepararé rollos de canela ¿te gustan?

- Está bien para mi, ¿llevo algo para acompañar?

Hinata miró el techo en un gesto pensativo y respondió con confianza.

- Té blanco, si encuentras – indicó – vendría bien.

Continuaron su caminata por las calles de Konoha, a veces en silencio, otras conversando y luego de que Hinata terminó de elegir su vestido, emprendieron el camino de retorno.

Nuevamente, con él avanzando un poco más cerca de lo normal, y con ella sin notarlo. Y en el silencio y la tranquilidad del ambiente que ambos formaban, el Nara volvió a su cabeza, como un dolor punzante y desagradable. Con aquellas imágenes que había visto durante estos meses, donde ambos conversaban, se reían y hablaban con confianza; las sonrisas que ella le dedicaba y las miradas que compartían.

"Eres hermosa"

"Estuviste toda tu vida tan enfocada en mirar a Naruto que jamás nos viste ni dejaste que alguien más se acercara"

"Gracias, por ser el primero"

"Shika, eres guapo"

Y esa maldita conversación volvía a él para martirizarlo, recordándole que él había llegado tarde.

Recordándole que el genio de Konoha había visto mucho más que él; que estuvo presente mucho antes que él. Que Hinata le había dicho cosas que él quería escuchar; que lo miraba con mucha más soltura, que se desenvolvía con mayor naturalidad a su lado.

Irremediablemente, los celos se encendían, y su inseguridad crecía más y más.

No sabía que hacer.

Y hoy, como muchos otros días, debería verla desde lejos, sentada con su rival y compartiendo otra tarde más.

La observó, mientras ella colocaba a Lili en el suelo y la miraba con ilusión para comenzar a caminar.

Y una tonta idea se cruzó por su cabeza, pero que podría intentar; que, si lo lograba, le daría una oportunidad. Se avergonzó, pero tenía que probar.

Aunque fuera estúpido e infantil.

Aunque tuviera que dejar de lado el orgullo Uchiha.

- Hinata – llamó y ella asintió distraída, sin dejar de mirar, insegura, como su pequeña perrita avanzaba a su lado, tambaleándose – me preguntaba si… si cocinarías para mi si yo te pago.

Listo, lo dijo. Soltó aquella excusa tonta para verla.

Ella volteo su mirada hacia él, interrogante y algo descolocada ante la propuesta; y esperó a que él desarrollara más su idea.

- Me es difícil cocinar – continuó – y me gusta tu comida, lo sabes. Y, además, te pagaré bien, no tendrías que ir a tantas misiones.

Y podría verte todos los días, sin necesidad de buscar excusas.

Sorpresivamente, Hinata se mostró bastante agradada por la idea, incluso emocionada.

- Lo haré.

Sasuke soltó la tensión y la miró intentando reprimir una sonrisa.

- Llevaré tu almuerzo un poco más tarde hoy, pero de mañana lo haré a la hora que corresponde.

Los ojos de él se abrieron más de lo normal ante sus palabras, porque esto no era lo que había propuesto; él quería que ella fuera a su departamento y pasara tiempo con él, que ella lo conociera más. No un simple delivery.

Hinata era demasiado densa.

Hinata estaba demasiado cegada por Naruto, todavía, como para notar que esto era una declaración de intensiones.

- No quiero que lo lleves, quiero que lo cocines en mi departamento.

Media hora después, Hinata se encontraba con él y Lili revoloteaba en su sala de estar. Se sentaron en la mesa y con cuaderno en mano, ella comenzó a armar un menú, una lista de supermercado y anotó los gustos de Sasuke.

Las fechas importantes que debía recordar, los horarios y las cosas que no le gustaban.

Él se sentó a su lado, cerca, mientras sus hombros rozaban con cada movimiento; y sus dedos se tocaban cada vez que él tomaba el lápiz para corregir o hacer alguna anotación. Completamente consciente de lo que estaba haciendo.

Y disfrutando cada instante de esa pequeña y simple normalidad que comenzaba a establecer entre ellos.

Agradado de como las distancias disminuían.

Como ella se acostumbraba a su presencia.

Como ella respondía a esta nueva versión de él.

Como la luna se dejaba llevar por la noche.

La tarde pasó agradable con la compañía de Shikamaru, mientras tomaban el té y comían rollos de canela entre las partidas.

Lili, ahora lucía un chaleco rojo, cortesía de su amigo, y dormía plácidamente al calor de una estufa.

Y la noche llegó, con la tan ansiada e intrigante visita a la casa Hyuga.

- Kiba – llamó ella cuando su amigo abrió su puerta – ¿podrías cuidar a Lili un par de horas?

El Inuzuka tomó a la bola de pelos con chaleco rojo y listón rosado; divertido por la apariencia del cachorro, pero no hizo comentarios al respecto. La expresión de Hinata era seria y aproblemada.

- ¿Sucede algo? – preguntó mientras recibía a Lili.

- Padre llamó – respondió – voy al clan.

Con su vestido de invierno, un abrigo y botas, una delicada bufanda, el accesorio para el cabello de Shikamaru, los aros de Shino y el prendedor de Sasuke; emprendió camino a los territorios del clan.

En ese momento, aquellas eran sus únicas posesiones y se alegró que fueran todas especiales.

Porque esta era una nueva etapa de su vida y lo que pasara hoy, sería parte de ello.

Las grandes puertas del complejo Hyuga la recibieron; claras, frías e imponentes.

Dos Hyugas le dieron la bienvenida y la guiaron a través de aquellos pulcros pasillos que tantas veces recorrió; y dejó atrás, cuando cruzó aquellas puertas por las que se marchó hace tres años, para no volver nunca más; exiliada.

Era imposible negar que se encontraba nerviosa y ansiosa por lo que le aguardaba. Y suponer, no era una opción con su padre, porque él siempre la sorprendería; así que estaba ahí con la mente abierta, dispuesta a escuchar lo que él quisiera decir.

Se detuvieron, frente a unas simples y elegantes puertas de madera que correspondían al despacho de su padre y anunciaron su llegada.

Hinata Hyuga estaba ahí.

Las puertas se abrieron y frente a ella, su padre, tal y como lo recordaba, y como si el tiempo no pasara por él.

Ingresó calmadamente, como una Hyuga lo haría, como Hinata Hyuga debería mostrarse, y avanzó hasta quedar frente a su escritorio, para mirarlo a los ojos y hacer una respetuosa reverencia al jefe del clan.

Luego de aquel silencioso saludo, se acomodaron frente a frente; porque el momento de revelar el motivo del llamado había llegado. Y su padre jamás se iba con rodeos.

- Vuelve al clan.

La expresión de Hinata se mantuvo firme, como había aprendido, ocultando la sorpresa que le producían aquellas palabras. Escondiendo la confusión de escuchar al hombre que la había exiliado, decirle aquello.

- Fui exiliada.

- Y aquello fue un error – continuó – mi error.

Y luego de escuchar aquello, el rostro de Hinata ya no pudo mantener la máscara, porque esta, era la primera vez que escuchaba hablar a Hiashi de esta manera.

Tan abierto.

Era la primera vez que escuchaba arrepentimiento en su voz.

Intentó hablar, decir algo, pero las palabras no llegaban de la impresión; y su padre, hizo un gesto indicando que aún tenía cosas que decir.

- Te hice elegir entre el clan y tu esposo, imponiendo toda clase de dificultades, porque no creí que lo elegirías. Porque nunca consideré que merecía todo lo que habías hecho por él.

Escuchó, atenta, aquellas palabras simples y que tenían más significado que del mostraban. Mucho más; y ella había aprendido a leer entre líneas.

El hombre frente a ella estaba abriendo su corazón. El padre exigente y duro, se mostraba débil.

Él hombre que le había enseñado a ocultar sus emociones, se permitía mostrar las suyas; y frente a la vergüenza de la familia, por primera vez.

Frente a la ex heredera que fue vencida por su hermana menor.

Frente a la hija que nunca miró con orgullo.

Y Hinata lo entendió, vio la verdad como si fuera un rayo de luz.

Este hombre había sido criado de forma estricta, esperando la perfección en todo momento; en un mundo en donde ser fuerte significaba poder, y el poder lo era todo.

Ese hombre, era su padre; y ella, su primogénita, no era lo que él hubiese esperado. Esa verdad lo desarmó durante mucho tiempo.

Ese hombre, aquel que ella esperaba complacer en su juventud, aquel del que ella buscaba aceptación, finalmente mostraba su lado paternal; y de una manera rebuscada, fría y difícil de entender.

Porque la edad, los años y las experiencias enseñan a ver lo que realmente es importante. Porque las guerras y la muerte, el dolor, nos enseñan a valorar los lazos, y descubren la verdad del corazón.

Hiashi estaba frente a su hija, hablando como padre y no como líder del clan.

- Todo lo que hice, fue por voluntad propia – aclaró – no para que alguien me mereciera. Fueron mis propias decisiones.

- Lo sé – respondió – pero eres mi hija.

Esas palabras, valieron más que cualquier cosa en el corazón de Hinata.

Porque en esa fría relación, ella supo ver, que significaban todo.

Guardaron silencio un par de segundos, recomponiéndose de aquella extraña plática de pocas palabras y mucho significado.

- No estoy pidiendo que vuelvas a vivir aquí – continuó – si no lo deseas, estoy indicando que tomes tu lugar, que vuelvas a ser una Hyuga.

Ella conectó su mirada, con intensidad, a la de su padre, intentando entender que era lo que le quería decir.

- ¿Qué propone?

- Se la asesora de Hanabi – habló – la representante política del clan.

- Es una responsabilidad alta.

- Y solamente tú puedes llenar ese cargo – continuó – tienes las habilidades de las que tu hermana carece. Hanabi es fuerte, hábil; pero tú tienes lo que se necesita para la política. Sabes como manejarte, que hacer.

Y si en esta visita, las sorpresas habían sido grandes, esta lo era aún más. Hiashi Hyuga estaba reconociendo las habilidades de su hija y le pedía que volviera.

De alguna forma, era la manera de pedir perdón por todos aquellos años de falta de reconocimiento, de descuidos y de miradas hirientes.

Era una manera de reconciliarse.

Hinata asintió; porque ella era una Hyuga; porque ese orgullo volvía a nacer, hoy.

Una suave voz anunció que la cena estaba lista, y ambos se levantaron, Hinata para retirarse y Hiashi para asistir. Y la última sorpresa, que le rompería el corazón ocurrió.

Su padre se acercó y la abrazó.

Por primera vez en su vida.

- Hinata – habló – perdóname por no haber estado contigo cuando ocurrió.

Y aquel nudo, que había estado dormido por tantos meses, revivió. Se atrapó en su garganta de la emoción, de la debilidad de sentirse por fin protegida, por entender que su familia estaba con ella.

Porque los ojos de su padre jamás la habían abandonado, y que rompió el orgullo por ella.

Porque ella significaba algo.

Elevó sus manos, y respondió el abrazo de su padre.

Apretó sus ojos, porque por primera vez desde que todo comenzó, las lágrimas comenzaron a acumularse y hoy… hoy no podía llorar.

Hoy era un día feliz.

Tragó fuerte y duro, guardó sus lágrimas de pena y felicidad, y sacó la voz, porque ese momento probablemente no se repetiría.

- Pero ahora estás – respondió – y eso es suficiente, padre.

Se separaron, incómodos, porque esto no era habitual, porque jamás se habían tratado así; y el momento quedó como un secreto de padre e hija.

- Vamos a cenar.

La comida fue tranquila, tal y como las recordaba; sabrosa, y con la voz de Hanabi y otros miembros de la familia llenando el lugar.

Contándole anécdotas y planes para el futuro; y un secreto del cual ella no tenía idea.

El día en que ella se encontró con Naruto y Kiba la consoló, sus amigos fueron a la mansión Hyuga mientras ella estaba con Shikamaru y pidieron una audiencia con Hanabi.

Hablaron de lo ocurrido con Naruto, de su situación, y de un plan: Kiba iría en un viaje político en representación de su clan, a las distintas aldeas ocultas para formar alianzas políticas. Algo común entre líderes de clanes poderosos.

Shino se uniría al viaje en representación de los Aburame, porque sus clanes eran aliados y el viaje era favorecedor. Y ambos venían a pedir permiso para llevar a Hinata como parte de su delegación, no en nombre del clan Hyuga; pero les parecía correcto hacerles saber sus planes para que no hubiera malas interpretaciones.

Esa era la misión de un año que Kiba había propuesto en ese entonces.

Hanabi, al enterarse de todo, habló con su padre y discutieron con los ancianos del concejo; todo para llegar a este día, donde Hinata aceptara ser la representante política del clan y Hanabi; y acompañara a sus compañeros como una Hyuga.

Caminó con su hermana hasta la salida, mientras ella revelaba toda esa información, todo aquello que estuvieron haciendo por ella a su espalda. Y Hinata no pudo más que abrazar a Hanabi, saliendo de todo protocolo y agradecer.

- Hinata – respondió Hanabi – esto es lo único que puedo hacer por ti; entregarte este año para que te alejes.

- No necesitabas hacer nada.

- Sí, lo necesitaba – indicó – porque yo sé, que, en aquel combate, tu no fuiste capaz de golpearme porque somos hermanas.

Porque en aquel encuentro, el primero que tuvieron a temprana edad, cuando su padre notó las habilidades de Hanabi y las hizo enfrentarse en un combate de nockout; la menor siempre supo, que Hinata no había sido capaz de hacerle daño porque la quería. Porque no podía soportar ser ella la causante de su sufrimiento. Y gracias a ello, se convirtió en la vergüenza del clan, en la débil, y ella en la sucesora.

Necesitaba hacerlo, porque su hermana, a temprana edad, mostró habilidades diferentes a las acostumbradas para un líder y nadie lo supo ver ni apreciar.

Por eso, porque eran hermanas, y porque Hanabi adoraba a Hinata, es que esto era lo mínimo que podía hacer, por una hermana que siempre había estado ahí para ella. Por la hermana que estuvo a punto de casarse en la luna, por ir a salvarla.

Hinata tenía mucho amor que dar, y era hora que aprendiera a recibir.

La luna, comenzó a brillar, y con luz propia, al saber que no estaba sola; que las estrellas, los luceros más queridos, nuevamente la acompañaban.

Todo lo que necesitaba era avanzar, seguir, moverse…

Corrió, con todas sus fuerzas por las oscuras calles de Konoha. Sin importarle el frio, ni su vestido, ni la nieve que caía.

Porque necesitaba avanzar

Dobló la esquina, sin detenerse, porque necesita seguir

Avanzó, se tropezó, y se volvió a levantar para continuar su carrera porque necesitaba moverse

Y llegó.

Ahí, frente a ella, en la entrada de su edificio estaba Kiba y Shino, conversando mientras Lili y Akamaru jugaban en la nieve.

Sin decir palabras, resumió su carrera en un último impulso desesperado y los alcanzó; estiró sus brazos, y atrajo a ambos chicos hacia ella.

Los abrazó con fuerza, con felicidad, con emoción.

Con amor.

Eternamente agradecida por los dos enormes luceros que el destino había puesto en su camino; por aquellos hermanos que siempre la acompañaban; por esos hombres que merecían lo mejor del mundo.

Porque ellos eran su tesoro más grande y jamás podría terminar de agradecer todo eso que hacían por ella.

- Me enteré de todo – dijo en un susurro sin soltarlos – Hanabi me contó.

Kiba sonrió.

- Soy una Hyuga de nuevo – continuó – e iré con ustedes.

Shino se soltó, tomó su mano con decisión y Kiba tomó la otra; como en aquellos momentos que vivían en algunas ocasiones, en esas misiones de vida o muerte que pasaron años atrás.

- Te vez contenta, princesa – le dijo el Aburame con cariño, como a veces lo hacía, cuando las emociones le ganaban.

- Lo estoy, no sabes cuanto.

- ¿Y ahora? – preguntó Kiba – ¿cual es el siguiente paso?

Kiba habló, sabiendo claramente la respuesta, pero esperando que ella lo dijera; porque eso significaría que Hinata estaba lista.

- Iré a terminar las cosas con Naruto.