— Entiendo que te gusten los animales, Alde, pero te meterás en problemas si te descubren.
— Estaba solo, en la calle y bajo este sol, Mu ¿Qué querías? ¿Que lo dejara ahí a su suerte?
Mu sólo negó con la cabeza ante la contestación de su amigo, sin apartar la vista del pequeño y tembloroso pug entre las enormes manos del taurino.
Aldebarán había encontrado al diminuto animal hace 4 días mientras él, Mu, Aioros y Kanon regresaban de dar una vuelta por el pueblo, la pobre criaturita estaba sucia, con una patita lastimada y lleno de pulgas y el bondadoso Caballero de Tauro se vio incapaz de ignorarlo, lo recogió a escondidas de sus compañeros y se lo llevó a su casa para bañarlo, curarlo y alimentarlo.
Mu lo decía todo el tiempo, Alde tenía tan buen corazón... Que a veces desearía que cambiara eso.
Se meterían en muchos problemas como Athena se enterase de que había traído a un animal al Santuario. Y no era porque no le gustasen, al contrario, ella los adoraba. El problema radicaba es que ella, Aioros y Milo eran terriblemente alérgicos al pelaje de cualquier animal y si tenían uno a menos de dos metros de distancia, dentro de un parpadeo estaban estornudando como si no hubiera un mañana.
— ¿Crees que se den cuenta? — Preguntó el más alto.
— Creo que sospecharan algo cuando vean las mordidas en las patas de las sillas y difícilmente no lo sabrán considerando que ya el pelo del perro está en todas partes de tu casa y Aioros y Milo no han podido pasar por tu casa sin estornudar hasta el alma
Aldebarán suspiró, aunque no lo aceptase el lemuriano tenía razón. No podía quedarse con el cachorrito para siempre, tenía que buscar su hogar.
— De acuerdo — Dijo con resignación — Buscaré a su dueño.
— Me alegra que tomes la desición correcta — Contestó el tibetano mostrando una sonrisa de lado.
— ¡Pero eso sí! Si resulta que el dueño lo maltrata, no creas que lo entregaré ni aunque Athena me regañe o Aioros y Milo se vuelvan a morir por sus alergias.
Mu suspiró mientras asentía.
El brasileño se hallaba recorriendo Rodorio con el pequeño pug en brazos, esperando a que alguien lo reconociera o siquiera lo mirara.
Pero nadie parecía fijarse en él más que para mostrar una expresión de sorpresa ante su tremendo tamaño.
— ¡Disculpe! — Una voz femenina llamó — ¡Usted, el de pelo largo!
Al verse aludido, Aldebarán giró sobre sí mismo y vio a una hermosa mujer de ondulado cabello ceniza, piel oscura como el caramelo y grandes ojos negros que se le acercaba, parecía ser bastante alta, pero diminuta comparada con él.
— ¡Ese es mi cachorro! — Dijo la mujer una vez estuvo frente a él — ¡Muchas gracias por encontrarlo!
El latino parpadeó e instintivamente dirigió su vista a la criatura en sus brazos, que efectivamente, pareció reconocer a la muchacha porque comenzó a ladrar y a removerse.
— Aquí tiene — Dijo amablemente mientras le tendía al pug, la doncella chilló emocionada y cargó al animal con todo el cariño del mundo, a lo que este respondió lamiéndole el rostro.
Aldebarán contuvo un triste suspiro, ya se había encariñado con el cachorro.
— De verdad muchas gracias — Habló la chica — Gitana es muy importante para mí y sólo tiene unos meses.
Aldebarán arqueó una ceja.
— ¿Gitana? ¿Es hembra?
— Así es — Contestó la mujer.
— No se ofenda, pero es un nombre algo... — El brasileño se rascó la nuca — ¿Cómo decirlo? Un poco...
— ¿Raro? Lo sé — Río la morena — Pero me gusta pensar que es original y destaca.
— Iba a decir inusual, pero ese también es un término — Aldebarán sonrió débilmente.
Por su parte, la chica mostró una gran sonrisa.
— Mi nombre es Johari ¿Y tú eres...
— Aldebarán, un gusto — El más alto hizo una leve reverencia, sacándole una risita a Johari.
— Un placer conocerte, Aldebarán — La chica repentinamente se puso seria — Pero aún tienes que compensarme por no haberme entregado antes a mi mascota.
Aldebarán la miró sorprendido y algo apenado.
— ¿A-Ah sí?
Y en contra de lo que se hubiera esperado, la muchacha quitó su rostro serio y sonrió mientras lo señalaba infantilmente.
- Sí, como compensación tendrás que aceptar tomar un té conmigo.
Aldebarán volvió a sorprenderse pero luego sonrió. Halagado de que una dama tan bonita lo estuviera invitando a tomar el té.
— Será un placer.
— Conozco un lugar donde hacen el mejor té y unos pastelitos celestiales ¡Vamos!
La morena lo tomó del brazo y lo arrastró con ella, sin que ambos quitas su sonrisa.
Esa sería la primera de un montón de citas...
Y Johari adoraría mucho más a su mascota al ser quien le permitió conocer al amor de su vida...¡El día 9 está listo! Tuve que terminarlo a toda prisa.
