18 ¿Por que nos has abandonado?
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
Nota personal: Peste no tiene sexo casual.
Los polvos rápidos claramente no son para él. Aunque, para ser justos, el sexo en cualquiera de sus formas no es algo suyo. Al menos no hasta que lo corrompí. No puedo decidir si eso me hace sentirme particularmente orgullosa de mí misma, o un poco despreciable. Creo que, para ser sincera, me siento un poco ambos.
Él no está tranquilo con esto tampoco, lo puedo decir desde ahora. Después de terminar la noche anterior, me llevó a la cama. No recuerdo mucho excepto la caliente presión de su cuerpo detrás de mí, sujetándome cerca.
Me levantó dos veces con sus labios errantes, y después de un poco más de exploración, se metió dentro de mí y me folló hasta que estaba gritando su nombre.
Eso no fue lo malo. No tengo quejas con el sexo. Es todo lo que pasó desde entonces.
Como traerme el desayuno a la cama, que definitivamente sacó de casa de otra persona porque este propietario no tenía tocino ni huevos. Además, no sabía que Peste sabía cocinar.
Puede haber forzado a alguien a que cocinara este desayuno para mí.
Dejo de pensarlo antes de que pueda imaginar qué tipo de escenario puede haber finalizado con este resultado.
También, me ha llevado aparte varias veces durante la mañana para robar besos rápidos, o para confesar todas esas cosas que ya me había confesado esa noche que estaba "dormida".
No me malinterpretes, son gestos agradables que hacen que mi corazón se eleve y llena mi estómago con esas mariposas idiotas, pero la noche anterior fue simplemente sexo rápido y sucio, nada más.
Absolutamente nada más.
Mucho después de dejar atrás el piso de estudiante convertido en nidito de amor, después de haber citado algo de Poe a Peste(¿Es todo lo que vemos o creemos ver tan solo un sueño dentro de un sueño?),creo que lo peor de su adoración ya ha pasado. Hasta que nos lleva a una iglesia.
Miro fijamente, sin comprender, el edificio, con su aguja afilada y la marquesina que dice: los elegidos de Dios nunca mueren realmente.
—¿Qué estás haciendo? —pregunto.
—Hinata, te has entregado a mí, completa y enteramente. Quiero mostrarte mi compromiso.
Aprieto mis rasgos, su significado no viene inmediatamente a mí. Se necesita varios segundos ridículamente largos para armar el rompecabezas. Pero luego…
Quiere… Quiere… ¿Quiere casarse conmigo? ¿Después de anoche? ¡Jesús, María y José! Quiero decir, sé que soy una persona decente, pero no tanto.
Le miro sobre el hombro.
—¿Esto es una propuesta por lástima?
Entrecierra los ojos.
—No te sigo.
Suspiro, mirando hacia la iglesia una vez más. Es seriamente dudoso que incluso haya incluso un ministro dentro para supervisar la ceremonia…
¿Por qué estoy incluso pensando en esto?
—No quiero casarme contigo —digo. Pasan varios segundos de silencio pesado. Finalmente:
—¿Por qué no? —Peste suena ofendido—. ¿Te avergüenzas de mí?
—¿Eh? —Estoy completamente confundida. Me vuelvo hacia él—. Sabes que las personas no solo… — Se casan.
Excepto que mucha gente solo se casa, personas que se conocen el uno al otro peor de lo que nosotros hacemos y por razones que son mucho menos sólidas que, te he follado, ahora eres mía.
Es solo que yo, Hinata Hyūga, necesito algo más de motivación antes de casarme con un maldito jinete del apocalipsis.
—¿Por qué te quieres casar conmigo? —pregunto.
Esta no es una conversación que alguna vez me imaginé tener.
—Te entregaste a mí, como hice yo contigo —dice Peste—. Eres mía, mente, espíritu, cuerpo.
Ugh. Definitivamente estoy trabajando aquí con un Dios del Antiguo Testamento. Peste probablemente espera dos vacas y cuatro cabras de mi padre también.
—Entonces, como soy la primera mujer en abrirse de piernas, ¿quieres ponerme un anillo en el dedo? —le digo, solo para asegurarme de entender la situación correctamente.
—No hables así.
—¿Quieres decir 'abrirse de piernas'? —Todavía estoy mirando hacia la iglesia no con poca aversión—. ¿Por qué no?
—Es indecente y lo que hicimos anoche no fue indecente.
—El término que buscas es hacer el amor —digo.
—Hacer el amor —se hace eco, sonando complacido.
—Y Peste —continúo—, siento explotar tu burbuja, pero lo que hicimos anoche no fue hacer el amor. Eso fue follar como alguna vez lo he sentido.
Mentirosa, mentirosa, pantalones ardiendo. Eso fue lo más íntimo que he llegado en cuanto a sexo se refiere, pero él no necesita saberlo. Cuando miro sobre mi hombro hacia el jinete, su expresión se ha oscurecido con descontento.
Inclina su cabeza cuando un pensamiento le viene.
—¿Has hecho esto antes? —pregunta, escrutándome.
—¿Hacer qué? —respondo, sabiendo bien de lo que está hablando.
—Hacer el amor. ¿Lo has hecho con otro?
—Emmm… no hacer el amor. — dijo.
— Follar —modifica Peste, curvando un poco sus labios mientras dice la palabra—. ¿Lo has hecho?
¿Por qué me siento como si estuviera jugando con una granada a punto de estallar? Oh, ya sé, porque estoy teniendo una conversación sobre Ex horas después de tomar la virginidad de Peste.
Que se joda mi vida. O no. Joder es claramente lo que me ha metido en un montón de problemas.
Y tengo que dejar de pensar en esa palabra. J
—Siii… —digo a regañadientes. Su humor oscuro empeora.
—Por supuesto que lo has hecho. Porque esperar algo mejor de ti es un testimonio de mi maldito idealismo.
—Sigue hablando de esa forma, Peste, y te empujaré fuera de este caballo.
Se ríe.
—No podrías desmontarme si lo intentaras, humana.
Así que volvemos a lo de humana.
—Estás siendo un idiota.
—¿ No es nada sagrado? —ruge—. Estuve dentro de ti. Dentro de ti. Te sentí moverte a mí alrededor. Te di mi esencia. Y tú lo estás tratando, todo ello, como si simplemente hubiéramos bailado juntos.
Realmente esta no es la forma en la que imaginé que se desarrollaría esta conversación. Siento cómo me sonrojo.
Se aclara la garganta.
—No estarás con otro —afirma.
En esta ocasión, hace referencia a tener sexo.
—¿Estás bromeando? —casi grito. Dios mío, no puedo creer lo que estoy escuchando.
—No te compartiré como si lo que hicimos no tuviera sentido, incluso si parece que eso es lo que piensas.
Quiero estrangulara este hombre.
—Con quien tenga sexo no es tu decisión para tomar.
—¡No te compartiré! —ruge—. Incluso aunque eso signifique encadenarte a mí, ¡No lo haré!
—¡Y yo no me casaré contigo! —le grito de vuelta—.¡Incluso si eso significa ser atada y arrastrada detrás de tu estúpido caballo por el resto de mi vida!
Su agarre se tensa.
—No me tientes, humana.
—¡Y para de llamarme humana! —le añado acaloradamente—.¡Tengo nombre!
—Uno que solo me gusta usar cuando estoy encariñado contigo, lo cual no estoy ahora mismo.
—Gran sorpresa, Capitán Obvio. Tampoco estoy muy encariñada contigo.
Hierve detrás de mí.
—Bien —dice después de varios segundos—. No me casaré contigo hoy. Pero esta conversación no ha acabado.
—¡El infierno que no! —Necesito golpear algo.
Cabalgamos en silencio después de eso.
Solo hemos viajado un kilómetro más allá de la iglesia cuando oigo el estallido de la pistola.
No tengo tiempo para pensaren el hecho de que el jinete debió haber parado de cabalgar por la noche. Me sobresalto justo cuando el aire se agita violentamente junto a mi sien izquierda.
En el instante siguiente, el cuerpo de Peste retrocede, su dominio sobre mí se afloja incluso cuando su sangre se empaña contra mi piel.
Alguien le disparó a mi jinete. Oh Dios, alguien le disparó.
Me giro en la silla de montar.
—¿Peste?
Su cuerpo se balancea, y tengo que atraparlo para evitar que el jinete se resbale de su corcel.
La cabeza de Peste se mueve hacia adelante, y veo la sangre, la sangre y...
Oh Dios, oh Dios, oh Dios. Donde debería estar el lado izquierdo de su cara, ahora solo hay un cráter destrozado.
Me voy a enfermar...
Su sangre está goteando por todas partes. Tanta sangre.
Personas con máscaras de gas comienzan a rodearnos. Kyūbi se levanta, pateando el aire. Grito cuando siento que el jinete se desliza de entre mis manos. Se cae de la silla detrás de mí, golpeando el suelo con un golpe sordo y húmedo. Con el sonido, casi pierdo el desayuno que Peste hizo para mí.
Bajo la mirada a su cuerpo boca abajo, sin vida, incapaz de apartar mis ojos.
—Está bien, se ha ido. Ya no puede hacerte daño.
Las palabras de la gente del pueblo son débiles y distorsionadas detrás de sus máscaras. Se están acercando, se ven extraños y siniestros. Lo lastimaron.
Al llegar al lado de Kyūbi, me sacan a la fuerza del caballo. Me lanzo hacia Peste, solo para que me lleven lejos.
Mis últimas palabras al jinete fueron maldiciones y palabras gritadas con ira. Estoy luchando por volver a su cuerpo en ruinas, pero esta gente me detiene.
Uno pensaría que estaría acostumbrado a verlo así, pero no importa cuánto me asegure que él estará bien, mis ojos me dicen lo contrario.
Desde el suelo él gime.
Jesús. Aunque la mitad de su cara se ha ido, todavía es consciente. Dejo escapar un grito. Es consciente. El dolor debe ser insoportable.
Alguien le dispara de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, tratando de matar algo imposible de matar.
Grito al sonido de cada bala, horrorizada por la forma en que su cuerpo baila bajo los disparos. Todavía estoy gritando mientras me obligan a alejarme de la carretera hacia un edificio cercano.
Solo después de que alguien me empuja a un banco, me doy cuenta de que me arrastraron a una iglesia.
¡Él quería casarse conmigo!
Estrujo mis ojos cerrados, tal vez la mañana hubiera sido diferente si hubiese respondido que sí a la propuesta de Peste. Había estado tan ansioso, y se lo había arrojado a la cara como lo que hicimos anoche no importaba cuando lo hizo. Dios, lo hizo.
Me importo más de lo quiero admitir.
Tomo una respiración temblorosa y miro alrededor. Una por una, las personas que me trajeron aquí desaparecen en otra habitación para quitarse las mascaras. Cuando vuelven, ya no parecen amenazantes.
Los hombres y mujeres que llenan la iglesia son civiles, civiles que decidieron sacrificar sus vidas para derribar al jinete.
Civiles que me están trayendo mantas y café—civiles que me están ayudando, a una ex- bombera, lo mejor que pueden.
No cambia el hecho de que lo lastiman. Que podrían estar lastimándolo todavía.
Me pongo de pie, la manta de lana se desliza sobre mis hombros, siento como si mis emociones hubieran sido empujadas a través de una picadora de carne.
¿Dónde está?
—Los otros están tratando con él —dice alguien, y esa es la primera vez que me doy cuenta de que he hablado en voz alta.
—Escuchamos sobre ti, sabes —dice una de las mujeres que se pasea—. Los informes seguían mencionando que tenía un prisionero.
—No parecía una prisionera —murmura alguien más.
—¡Shhh! —Otro sisea.
Me limpio los ojos y miro a mi alrededor. Hay tres mujeres y dos hombres, todos entre las edades de veinte y cuarenta. Todos ellos ahora están programados para morir. (Las máscaras de gas son un lindo accesorio, pero ni siquiera ellas pueden detener la plaga de Peste).
¿Cuándo se darán cuenta los medios de que el jinete no puede ser asesinado? ¿Cuándo dejarán las personas de sacrificar sus vidas para terminar con una cosa inmortal?
Una cosa inmortal que me importa cuidar. Tengo que llegar a él. Tengo que salvarlo.
Empiezo a caminar por el pasillo central, en dirección a la salida. Solo llevo varios metros cuando soy interceptada por uno de los hombres. Es un tipo corpulento, que tiene una cicatriz en forma de Glasgow y arma de fuego enfundada en la cadera.
—Vamos a sentarte de nuevo —dice, su tono tan malditamente condescendiente.
Tomando mi brazo, me lleva de vuelta a un banco.
—¿Estoy bajo arresto? —pregunto.
—Por supuesto que no —dice—, pero has tenido una mañana difícil. ¿Por qué no descansas un poco?
Lo miro, luego a los demás, no me van a dejar ir. Puedo verlo en sus caras.
No sé por qué les importa. Entonces me doy cuenta… Sobreviví a la plaga. Deben ser conscientes de eso.
¿Y a quién no le gustaría tener a alguien así? Podría conocer la cura; demonios, ellos podrían pensar que soy la cura.
Regreso al banco y me siento allí, dejando que todos crean que soy mansa. Cinco minutos transcurren agónicamente lentos. En la distancia, escucho un leve relincho.
Kyūbi.
Quiero esperar más, pero escuchar el caballo de Peste es lo que rompe mi paciencia. No puedo seguir sentada aquí cuando no tengo idea de lo que le está sucediendo a mi jinete.
Salgo del banco de nuevo.
Glasgow se tensa cuando me ve de nuevo en pie. Antes de que pueda ni siquiera salir de la banca, me aleja.
No mires su cinturón, me dijo.
—¿Hay algo que necesites? —pregunta, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Sí, lo hay.
Antes de que tenga la oportunidad de responder, agarro su arma. Mi mano sostiene el metal frío justo cuando deja escapar un grito de sorpresa.
Le nivelo el arma de fuego y le quito la seguridad.
—Fuera de mi camino.
A mí alrededor, escucho jadeos. El hombre levanta sus brazos.
—Ahora espera un segundo allí. No hagamos nada precipitado. Solo estamos tratando de ayudarte.
No debo parecer tan amenazante como me siento porque otras personas comienzan a infiltrarse.
Es mejor que te pongas de pie antes de que esto se deshaga levantando el arma al aire, disparo un tiro. El sonido, ya ensordecedor, se vuelve aún más ruidoso por la acústica de la iglesia. La gente grita, varios cubriendo sus cabezas. Sobre mí, el yeso llueve.
Apunto el arma una vez más al hombre de quien la robé.
—Me voy —digo—. Y puedes ayudarme saliendo de mi camino.
Glasgow debe ver que hay un poco de locura en mis ojos por su propio bienestar. Se hace a un lado.
Balanceo el arma hacia las otras personas que se interponen entre mí y la salida. Retroceden, sus brazos en el aire. La iglesia está incómodamente silenciosa, el único sonido es el de mis pasos sobre la alfombra gastada.
Estoy cerca de las puertas dobles cuando Glasgow me grita:
—¿Por qué has abandonado a tu propia gente por esa cosa?
Tiene la audacia de hacer la pregunta mientras está de pie en una iglesia. Me vuelvo para mirar al hombre, mi mirada recorriendo al resto de los hombres y mujeres con los ojos abiertos que me miran.
—No los he abandonado —le digo—. Dios sí.
La Historia tiene la Finalidad de Entretener.
Continuará...
