Capítulo 11: Fantasía
Era solo una embarazosa pequeña fantasía. Alfons no estaba seguro por qué la idea le resultaba tan atractiva, pero no cambiaba el hecho de que a veces, cuando Edward no estaba alrededor, se encontraba a si mismo retrocediendo a aquella tan familiar.
Obviamente, esto era más evidencia de que era innatamente un extremadamente retorcido espécimen de ser humano. Después de todo, ¿cuántas personas podían decir que el pensamiento de alguien faltándole un brazo los excitaba? Pero eso no detenía a Alfons de imaginar culposamente a Edward sin su prótesis, desnudo e indefenso debajo de él… Edward tratando de acercarlo, arañando su espalda torpemente con un brazo, mientras Alfons lo acariciaba provocadoramente.
A pesar de lo complaciente que Edward era usualmente sobre las cosas que Alfons quería hacer, el alemán nunca se atrevió a vocalizar este pensamiento.
Edward era muy sensible sobre sus prótesis, y Alfons no quería presionar a su amigo (todavía se sentía nervioso pensando en Edward como su amante) a hacer algo que realmente no quería hacer.
Así que la idea permaneció como una culposa, incumplida fantasía... al menos, ese era el plan, hasta el accidente.
Era un típico día helado de invierno, y la nieve se apilaba por toda la ciudad. No hace falta decir, su galpón tendía a ser bastante frio y húmedo. Era imposible calentar un área tan grande, y con gente yendo y viniendo y dejando un rastro de nieve, el ambiente general no era el más animado.
Edward parecía sufrir el frio más que nadie; estaba adolorido y miserable, y sus prótesis se ponían rígidas con el hielo. Mas rígidas de lo usual, quería decir. En espacios abiertos, usaba el doble de ropa que Alfons consideraba necesario, y probablemente hubiera usado su abrigo de noche en la cama si el alemán no lo hubiera convencido de lo contrario.
Alfons estaba trabajando varios metros de distancia cuando sucedió, así que no estaba seguro de los detalles. Se las arreglo para comprender la situación después: aparentemente, Edward había estado trabajando demasiado cerca de uno de los prototipos de motor, y su manga estaba empapada. Sin poder sentir nada en la prótesis, había rozado su brazo contra una de las partes del motor, y se las arregló para darse un desagradable choque eléctrico.
En ese momento, todo lo que Alfons escucho fue un grito, y corrió para encontrar a Edward sentado en el suelo sujetando su brazo, con el rostro blanco.
—Estúpido pedazo de mierda— murmuro Edward furiosamente. Alfons era probablemente el único que sabía que estaba hablando de su brazo, no del motor.
Dorochett lo ayudo a levantarse, preguntando si Edward estaba bien. Mordiéndose el labio tan fuerte que parecía fuera a sangrar, Edward sacudió la cabeza rígidamente.
Sofocando el impulso de cernirse protectoramente, Alfons puso un brazo sobre los hombros de Edward para mantenerlo estable.
—Lo llevare a casa, — ofreció Alfons. —probablemente deba descansar un poco.
Dorochett rio tristemente —Hoy debe ser un mal día; ¿perderlos a ambos?
Diablos. Dorochett tenía razón, no podían permitirse tener a Edward y Alfons ausentes al mismo tiempo, nunca cumplirían con la fecha límite, especialmente con las veloces habilidades de cálculo de Edward fuera de servicio.
—Él volverá pronto, — dijo Edward hoscamente— no necesito una enfermera. Estaré bien.
Alfons asintió de mala gana. Le hubiera gustado usar esto como un pretexto para pasar el resto del día acurrucado con Edward, pero realmente no era una excusa lo suficientemente buena.
Era una señal de lo mucho que le dolía a Edward, el que no hiciera escándalo sobre la mano de Alfons en su brazo haciendo soporte, todo el camino de vuelta a lo de Gracia.
Gracia alzo la vista de sus flores con preocupación cuando entraron, y se apresuró hacia ellos. — ¿Todo está bien?
—Solo un pequeño accidente en el trabajo, Edward va a estar bien— dijo Alfons, y Edward asintió concordando.
Ella revoloteaba protectoramente alrededor de ellos todo el camino escaleras arriba, y prometió volver más tarde con sopa de pollo, por lo cual Edward lucia profundamente agradecido.
Ignorando las débiles protestas de Edward, Alfons saco el abrigo de los hombros de Edward y lo lanzo a un lado. Estremeciéndose un poco, Edward soltó un grito cuando zarandearon su brazo, haciendo que Alfons alejara sus manos reflexivamente.
— ¿Te lastime?
Mordiéndose el labio, Edward sacudió su cabeza, su mano derecha apretando fuertemente su hombro falso. —No. Duele de todos modos.
Probablemente deberían sacar la prótesis, pensó Alfons, y alcanzo los botones del chaleco de Edward.
—No...— Edward trato débilmente de ahuyentar sus manos. Se rehusó a rendirse, y firmemente empujo la mano humana de Edward a un lado.
— ¿Qué hay de malo con ella, exactamente? Pensé que no podías sentir nada con tu prótesis.
Edward se prestó a la distracción, y permitió a Alfons sentarlo y continuar desvistiéndolo —No siento, pero está conectado a mis nervios... creo que me queme o algo...
Un golpe al brazo corto la explicación de Edward, y Alfons miro preocupado a su amigo sisear y morder su labio.
Cuidadosamente sacándole la camisa a Edward, Alfons continúo murmurando sonidos confortables, y Edward parecía relajarse parcialmente contra la silla.
No había signos visibles de quemaduras alrededor del hombro, pero Edward aun dio un espringo cuando Alfons presiono gentilmente. Parecía que el daño no era terrible, y el nudo de tensión en el estómago de Alfons lentamente se relajó. Edward estaría bien.
—Tengo que sacarla— Edward lucho por sentarse y alcanzar las correas a través de su pecho, pero Alfons una vez más aparto sus manos, ganándose una mirada de preocupación.
—Déjame hacerlo por ti— dijo Alfons tranquilizadoramente, acariciando gentilmente el rostro de Edward. —Va a estar bien, confía en mí. Solo dime como desconectarla.
Edward estaba relajándose bajo sus caricias, las líneas de tensión filtrándose de su cuerpo. Hizo al corazón de Alfons latir con fuerza, ver a Edward así. Edward confiaba en él, lo suficiente como para sentarse tranquilamente mientras Alfons abría las correas que sostenían su brazo, confiaba en él lo suficiente para permitir a Alfons dejarlo indefenso.
Cuidadosamente removió la cubierta del brazo, revelando el artilugio de metal y plástico debajo.
Edward jadeo ligeramente otra vez, su cabeza inclinándose hacia abajo al punto que su barbilla estaba prácticamente en su pecho.
Alfons acaricio sus hombros, sudorosos a pesar del frio, y trato de deshacer la tensión de la tersa piel.
—Hay dos puntos cerca del hombro— dijo Edward, su voz ligeramente ronca—Presiónalos y gira el brazo… ¡uhmnn! — Arqueo su espalda cuando Alfons siguió sus instrucciones, y cuidadosamente saco el brazo de la cavidad.
Hubo varios momentos de movimiento alrededor, jadeos, y pequeños gemidos que le recordaron a Alfons incómodamente de su fantasía. Se sintió horriblemente culpable por si quiera pensarlo, pero después de todo, Edward estaba sentado ahí, sin brazo, y si Alfons usaba la situación para confortarlo un poco...
El brazo era más liviano de lo que esperaba, y Alfons lo coloco a un lado cuidadosamente; tal vez los circuitos no estaban totalmente arruinados.
Girando hacia Edward, pauso de repente, viendo por primera vez el porte al cual se conectaba la prótesis. Alfons trago convulsivamente. La fantasía no había incluido círculos concéntricos de metal incrustados en su cuerpo, con pedazos de piel visible entre ellos. Ni había incluido el oscuro agujero en el centro, aparentando sumirse profundo dentro de Edward o la piel levantada, bajo la cual cables coloreados podían verse claramente.
Antes de que supiera lo que estaba pasando, Alfons se encontró a si mismo dando arcadas por reflejo.
Edward lo miro, con los ojos como platos. — ¿Alfons...?
—Estoy...bien...— se las arregló para decir, y dio un par de pasos atrás, tratando de no mirar al horrible artilugio de metal incrustado en el hombro de su amigo.
— ¡Solo dame un momento! — Con eso Alfons huyo al baño, y paso los siguientes momentos encorvado sobre el lavabo, luchando con la náusea.
Dios, la imagen estaba grabada en sus retinas.
Respirando pesadamente, cayó en el piso, y apoyo su cabeza contra la pared, mirando inexpresivamente al techo. Debió haber dolido terriblemente, haber instalado esa cosa, pensó, y abruptamente tuvo que pelear contra otra ola de nausea al pensamiento de alguien perforando tornillos dentro de él.
Con un suspiro, Alfons se levantó. Mientras no pensara mucho en ello, él debería de estar bien. Regreso a la cocina, solo para encontrar que Edward se había ido.
— ¿Edward? — Giro, tratando de encontrar donde Edward podía haberse esfumado, y noto la puerta abierta de la ahora-normalmente-deshabitada habitación de Edward. Raro. ¿Por qué Edward había ido ahí?
La puerta crujió ligeramente cuando la empujo para abrirla, encontrando a Edward acurrucado en la pequeña cama, una manta alrededor de él.
— ¿Estas bien? — Alfons intento avanzar, pero se detuvo cuando Edward se estremeció.
—Jodete— Edward solo se acurrucó más, escondiendo su cara en sus rodillas dobladas.
— ¿Te duele? — ¿Podían los nervios estar más dañados de lo que había pensado? — ¿Quieres que te de algo de beber?
— ¡Deja de pretender, joder! — Edward lo miro furioso— ¡Tú eres el que piensa que soy tan horrible que te hago querer vomitar!
Consternado, Alfons dio un paso atrás— ¡No! — exploto— ¡Eso no es verdad! Solo no estoy acostumbrado a ver...— Con tres rápidos pasos estaba junto a Edward, y arrastro al hombre en sus brazos.
Firmemente desterrando cualquier pensamiento de cicatrices y metal de su mente, Alfons se forzó a enfocarse en la viviente, respirable realidad que estaba tratando de retorcerse de su alcance. —Solo dame una oportunidad— murmuro en el cabello de Edward, y haciendo un camino de besos a un lado de su rostro —Por favor, Edward.
—Ya... suelta...— Edward luchaba, empujando inútilmente el rostro de Alfons con su mano. Para entonces, Alfons había estado con Edward tiempo suficiente para darse cuenta de que cuando Edward quería distancia, podía echar a Alfons fácilmente.
Determinado a no darse por vencido, se arrastró en la cama junto a Edward. Antes de que este pudiera darse cuenta lo que estaba haciendo, lo alzo en sus rodillas, y envolvió ambos brazos a su alrededor.
Edward fue tomado completamente por sorpresa, y ni siquiera se molestó en forcejear, solo miraba alrededor con una expresión confundida al encontrarse en el regazo de otra persona, de todos los lugares.
Dios, Alfons sabía que incluso si Edward lo mataba por esto, valía la pena, porque Edward estaba sentado en su regazo, su cabeza arropada sobre el pecho de Alfons. En cualquier momento Edward se daría cuenta de la realidad de la situación y probablemente lo asesinaría, pero por ahora estaba flotando en dichosa euforia.
La euforia duro apenas un minuto. Fue suficiente para darse cuenta de que, apariencias aparte, Edward era el peor material para acurrucarse del universo. El tipo parecía ser puro codo, incluso con solo un brazo, y se las arregló para codear a Alfons por todos lados con sus huesudos apéndices. Como si eso no fuera suficiente, donde él no era hueso era todo musculo duro, el cual era muy lindo de lamer, pero no necesariamente la cosa más cómoda de sostener. Combinado con el hecho de que Edward era ridículamente pesado para su tamaño y estaba haciendo a las piernas de Alfons dormirse, este estaba listo para animar a Edward a salirse de encima suyo.
Fue en ese exacto momento que Edward, aparentemente salió de su estupefacción, le dio a Alfons una sonrisa casi tímida, y decidió que absolutamente adoraba los arrumacos.
Antes de que Alfons supiera lo que estaba pasando, Edward había enroscado su brazo alrededor del cuello de Alfons, se ubicó perfectamente en la curva de su cuerpo, y se acomodó para un largo abrazo, una expresión serena en su rostro.
El pobre Alfons solo se quedó sentado ahí en silencio, con un completamente incomodo manojo de Edward, y trato de consolarse con el hecho de que aparentemente estaba perdonado.
También se juró a si mismo de que nunca, jamás, iba a fantasear sobre Edward otra vez. Los resultados eran demasiado aterradores.
Aun así... Alfons se encontró viendo la parte superior de la cabeza de Edward, enterrada en su cuello, y la ternura se agolpó, haciendo a su corazón latir un poco más fuerte. Edward nunca lo había sostenido así, como si Alfons fuera su salvavidas.
Él nunca se hubiera atrevido a fantasear sobre algo así, pero la realidad estaba probando ser mucho más poderosa y significativa que cualquier fantasía.
Aunque mucho más incomoda, también.
Para compensar el tiempo que paso con Edward, Alfons se quedó tarde esa noche. Se habían reubicado en un campo a las afueras de Múnich para hacer unos ensayos en sus cohetes, los cuales habían volado un poco mejor ahora que usaban el combustible líquido que Edward estaba ayudado a desarrollar.
Pero a pesar de la eficacia en vuelo, había un severo problema de corrosión, y Alfons se ofreció a quedarse para asegurarse que se recogieran todas las partes esparcidas de los cohetes para análisis.
Ahora, mientras se estaba poniendo oscuro, Alfons se estaba arrepintiendo en no insistir en que alguien se quedara a hacerle compañía mientras pisoteaba alrededor en la frígida nieve.
En serio, ¿dónde estaba Edward? se preguntó a si mismo. Law había prometido decirle a Edward que viniera a buscarlo. Si uno de ellos lo olvido…
Alfons tembló taciturnamente, y trato de animarse. No había manera que Edward lo dejara ahí para helarse.
Afortunadamente, su lado optimista resulto estar en lo cierto. A la media hora escucho el ruido de un motor, y Edward condujo hasta él, luciendo casi cómico en sus varias capas de ropa.
— ¡Hey! — llamo Alfons, haciendo su mejor esfuerzo para saludar con sus brazos llenos de partes de cohetes. Edward sonrió y le devolvió el saludo con su brazo izquierdo; la prótesis. Aparentemente, ya había podido instalar un reemplazo, y Alfons estaba aliviado de ver que parecía no haber daño permanente.
Edward se bamboleo como pato en su dirección a través de la nieve. Su rostro era apenas visible tras la bufanda envuelta alrededor de este y el gorro estaba bajo hasta sus cejas, y Alfons no pudo evitar la sonrisa socarrona. Al principio Edward había sido bastante despectivo de los gorros que Gracia les había tejido, pero rápidamente decidió que, no obstante, el hilado naranja intenso era mejor que helarse y se había apropiado también del de Alfons.
— ¿Tienes todo? — pregunto Edward, su voz amortiguada. — ¿Como volaron hoy?
Señalando a una de las pilas, Alfons le hizo una seña a Edward para que la cargara al auto y él tomo el otro, más pesado. No tenía sentido forzar el brazo nuevo tan pronto. —Volaron bien, pero no más lejos o alto de lo usual— dijo Alfons, lanzando vaho al aire helado —Seguimos teniendo un gran problema de corrosión.
—Hm— Edward hizo un ruido evasivo, y tiro su carga en el asiento trasero. Alfons hizo lo mismo, bastante divertido por el hecho que Edward estaba bailando impacientemente junto a él.
— ¿Tan impaciente por irte?
Edward se movió tímidamente, incapaz de pasar sus manos por su cabello como solía hacer con todas las capas puestas. —No. Quiero mostrarte algo.
— ¿Oh? — Con curiosidad, y una ligera alarma, Alfons vio como Edward empezó a desenrollar la bufanda y metió el abrigo en el auto. Edward no podía estar pensando en tener sexo ahí, ¿verdad?
Finalmente, Edward se levantó, habiéndose deshecho de varias capas de ropa, pero conservando los guantes. —Finalmente tuve oportunidad de probar una de las nuevas prótesis que el bastardo me envió— dijo, sus ojos brillando y los labios teñidos de azul. — ¡Son mucho mejores que los anteriores!
Alfons se olvidó por completo reprimir a Edward por hablar de su padre de ese modo, porque lo siguiente que Edward hizo fue alzar ambos brazos y procedió a lanzarse de cara al asfalto.
— ¡Aaah! — No pudo suprimir el grito de sorpresa y dar un paso instintivo hacia adelante tratando de agarrar a Edward, evitar que cayera...
Edward, parado del revés sobre sus manos, torció la cabeza y le dio una mirada burlona.
— ¿Que...? — Alfons se las arregló para decir, mirándolo conmocionado. Estaba bastante seguro que no se suponía que la gente de parase sobre sus manos, y si lo estuvieran haciendo, ¡no debían lucir tan cómodas haciéndolo! Edward estaba caminando por ahí y sacudiendo las piernas, ¡por amor de Dios!
Finalmente, Edward se paro apropiadamente, arreglándose el cabello y sus ropas con una sonrisa emocionada en el rostro —¿Bien?
—Yo... uh, eso no me parece muy seguro— temporizo Alfons nerviosamente.
Debería haber previsto que Edward empezaría a reírse.
Y entonces Edward, aparentemente pensando que era gracioso tratar de darle infartos a Alfons, volteo todo su cuerpo hacia atrás, brinco sobre sus manos, y luego volvió a aterrizar en una posición erguida. Como si eso no fuera suficientemente malo, ejecuto un extraño salto el cual lo hizo girar en el aire, la cabeza apuntando hacia el suelo.
Incapaz de detenerse a si mismo, Alfons cubrió sus ojos, solo atreviéndose a mirar cuando no escucho el distintivo crujido de la cabeza de alguien golpeando el suelo.
Y ahí estaba Edward parado en una pieza, temblando ligeramente con sus dientes castañeando, y una sonrisa petulante temblando en sus casi azules labios.
—H-he es-estado ha-haciendo esto por a-años— dijo con aire de superioridad, aunque el efecto se arruinaba bastante por el frio.
Alfons sacudió su cabeza, y tomo el abrigo de Edward —Estoy muy impresionado, ¿pero que tal si nos vamos antes de que te resfríes? — dijo, envolviéndolo alrededor de los hombros de Edward.
—Pfft, no m-me enfermo-o mucho en estee mundoo— se mofo Edward, pero deslizo sus manos en las mangas del abrigo y arreglo su bufanda.
Alfons sintió una cálida sensación de consuelo ante su declaración. Estaba a salvo de...
Alfons hizo ademan de meterse al auto, pero lo detuvo la mano de Edward en su brazo, haciéndolo perder su hilo de pensamiento. Lo miro inquisitivamente.
—Alfons...— Edward dijo dubitativo, sus ojos dorados enfocados intensamente en él. — Sabes que estoy haciendo todo esto para encontrar una manera de volver a mi mundo, ¿verdad?
Ante eso, Alfons quiso alejarse de una sacudida en enojo. Por supuesto que sabía que Edward quería irse. Se confortaba a si mismo una y otra vez con el hecho de que realmente no importaba, porque de todas maneras estaba muriendo, pero no Edward no tenía que refregárselo.
Y era claramente obvio que Edward no se preocupaba por él ni por asomo a como él se preocupaba por Edward.
Aun así, Alfons pauso su hilo de pensamiento negativo, esa mañana Edward había reaccionado muy mal cuando pensó que Alfons pensaba que él era feo...
Edward no lo dejo considerar, y continúo hablando, arrastrando a Alfons de esos tentadores pensamientos.
— ¿Tu podrías... tú crees, tal vez...
Alfons casi sintió a su corazón detenerse. Edward no podía estar preguntándole...
— ¿Quieres ayudarme? — finalizo Edward tentativamente.
Su estómago se desplomo ante eso, porque ¿Edward honestamente esperaba que él lo ayudara a encontrar una manera de alejarse de Alfons? Pero Dios, a Edward le importaba lo suficiente como para querer su ayuda, Edward quería compartir su sueño con Alfons, de todas las personas.
Edward lo estaba mirando, sus expresivos ojos enormes y esperanzados, y Alfons no podía responder.
Esto era lo que él quería, un boleto a las esperanzas y fantasías de Edward, pero era una oferta limitada, bajo los términos de Edward. No podía hacerse eso a si mismo, atarse a Edward tan fuerte que nunca podría escapar.
Su rodeo había durado demasiado. La esperanza murió en los ojos de Edward y miro hacia otro lado rápidamente, murmurando un suave "no importa".
Alfons se rehusó a sucumbir al dolor en su estómago mientras la oportunidad de oro mermaba ante sus ojos. Se rehusaba a quedar atrapado en el sueño de Edward. Egoístamente, él quería a Edward en el suyo. No sería el instrumento para la partida de Edward.
—Sí— espeto, e inmediatamente deseo poder destruir a su patético, traicionero ser.
Edward pauso y alzo la vista, esperanzado una vez más, y la mirada perdida en su cara fue lo que mato lo que quedaba de la decisión de Alfons. Después de todo, ¿que importaba? Su muerte era inevitable; al menos debería enviar a Edward donde pertenecía —Quiero ayudarte— dijo, saboreando las palabras.
Edward trepo hacia el asiento del conductor y le dio a Alfons una sonrisa maravillosa, el tipo de sonrisa por la que cualquiera haría lo que fuera con tal de que se la dirigieran. Casi deshizo la permanente tristeza en sus ojos, y derrumbo la poca fuerza de voluntad que Alfons tenía.
Estaría feliz de ayudar a Edward, porque lo que realmente quería era que Edward sonriera así todo el tiempo, incluso si él mismo no estaba ahí para verlo.
Alfons se sentó en el asiento junto a Edward, y gentilmente presiono sus dedos en su mano humana donde reposaba en el embrague — ¿Vamos a casa?
—Sí— en la última preparación para el viaje a casa a través del frio, Edward volvió a envolverse la cabeza en las capas de lana. De alguna manera Alfons tenía el presentimiento de que no harían mucha conversación en el camino de vuelta.
